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PROGRAMA ANUAL
2002-2003
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA

 

 

  

 

Anamnesis y exploración cardíaca en Atención Primaria (1)

Exploración física en cardiología


"Quien no busca, no encuentra. Quien no sabe lo que busca, no sabe lo que encuentra". Aunque estas premisas puedan parecer un poco simples no están exentas de razón y, por tanto, son perfectamente válidas como fundamento de la exploración. Una correcta exploración física es un elemento imprescindible como complemento de la anamnesis en el contexto de todo razonamiento clínico. Los avances tecnológicos, como ya se señaló al principio, pueden estar influyendo negativamente en este sentido. El ejemplo más claro quizá lo tengamos en una de las habilidades que más han podido caracterizar un área competencial de la Medicina como es la que nos ocupa, la Cardiología, nos referimos al "arte de la auscultación". Hoy día, es más sencillo colocar una sonda de un ecógrafo al paciente, que formarse en el difícil arte de la auscultación. Ésto es lo que está ocurriendo en la mayoría de los hospitales y consultas de los cardiólogos: se está perdiendo la costumbre de auscultar concienzudamente por los propios especialistas en Cardiología. No obstante, y en parte quizá debido a ello, aunque sin duda, en otra a un menor acceso a ciertas pruebas complementarias (véase el ejemplo de la ecografía), los médicos de familia hemos de "coger ese maravilloso testigo" que nos han puesto a nuestro alcance, para así, rescatar y retomar la habilidad que durante tanto tiempo ha sido el símbolo y, porqué no decirlo, orgullo por excelencia de la cardiología, la auscultación. Tendremos pues, que esforzarnos en aprenderla y practicarla, en el contexto de una habilidad más en el conjunto de la exploración cardiaca, que en este capítulo vamos a intentar describir. Las pruebas complementarias que se pidan como consecuencia de una buena y completa historia clínica, incluyendo la propia ecografía, nos aportarán datos más validos y fiables si están correctamente indicadas. Por este motivo, que no es otro que el de la "buena práxis", estaremos consiguiendo una adecuada utilización de recursos, aspecto por otro lado, absolutamente imprescindible de un sistema como el Sistema Nacional de Salud que tiene unos recursos limitados.

Hechas estas necesarias reflexiones, pasemos a desarrollar en qué consiste una adecuada exploración cardiológica.

Aunque académicamente vamos a explicar la exploración cardiaca según el patrón característico de toda exploración, conviene señalar que parece adecuado tener una sistemática que integre todas y cada una de las fases de la misma en la practica clínica. La explicaremos como punto final de este trabajo.

Clásicamente la exploración física en Cardiología se divide en las siguientes etapas que habrán de realizarse de forma consecutiva:

1. Inspección
2. Examen del Pulso Arterial
3. Examen del Pulso Venoso
4. Palpación cardiaca
5. Auscultación

Para poderla realizar de forma adecuada es necesario, además de contar con el tiempo, espacio, camilla y silencio adecuados, comenzar con el enfermo en decúbito supino con flexión del tronco a unos 45º y, situándonos a su derecha.

INSPECCIÓN

La inspección de un paciente comienza en el momento de la anamnesis, con la observación del aspecto general del mismo, lo que nos permitirá obtener una primera impresión del grado mayor o menor de afectación. La inspección detallada permite a menudo orientar el diagnóstico, aún antes de emplear otras técnicas más específicas.

Habrá que fijarse tanto en aspectos generales, como pueden ser las malformaciones asociadas a cardiopatías congénitas, como en otros más específicos en busca de signos asociados a una cardiopatía.

Inspección general

Se puede comenzar mientras se realiza la anamnesis y habrá que prestar especial atención a una serie de puntos:

Presencia de malformaciones

La presencia de determinadas características físicas nos puede dar información que nos oriente a una u otra posible cardiopatía. Así, estigmas de un síndrome de Down, síndrome de Turner, síndrome de Marfan o de una hiperlaxitud ligamentosa del síndrome de Ehlers-Danlos, nos pueden orientar a una u otra cardiopatía (Tabla V).

Actitud postural

La simple valoración de la posición adoptada espontáneamente por el paciente nos puede dar información tanto de la gravedad del proceso como de la enfermedad de que se trate. Por ejemplo, un paciente en edema agudo de pulmón suele estar en posición semisentado, con los pies en declive.

Xantomas

Su presencia en tendones, piel y tejidos blandos, nos debe hacer sospechar de la existencia una hiperlipemia.

Coloración de la piel

La observación detenida de la misma nos puede proporcionar datos importantes tales como la presencia de:

Cianosis

Color azulado o púrpura de la piel y mucosas resultante de una excesiva cantidad de hemoglobina reducida en los vasos subyacentes, que puede deberse bien a una perfusión disminuida, cianosis periférica (en manos, mejillas, labios y orejas) o bien, a una disminución de la saturación de oxígeno, normalmente por debajo del 80-85 por ciento en la sangre arterial, cianosis central (tronco), que a su vez suele deberse a patología pulmonar o a patología cardiaca con edema pulmonar o, más raramente, a la existencia de cortocircuitos derecha-izquierda (p.ej.: tetralogía de Fallot).

Palidez de la piel

Consecuencia de la existencia de una posible anemia que puede ser la desencadenante de un cuadro de insuficiencia cardiaca o bien, ser consecuencia de una cardiopatía con bajo gasto, con lo que se acompañará además, de frialdad a la palpación.

Ictericia

Puede informarnos sobre la gravedad de algunos procesos (ej.: hígado de estasis en ICC).

Manos

Una cuidadosa inspección de las manos puede proporcionar datos importantes sobre la ocupación del paciente y la presencia de hábito tabáquico, así como signos característicos de ciertas patologías.

Acropaquias

Deformación característica con agrandamiento ampolloso del segmento distal de los dedos de la mano (también en dedos de los pies), "dedos en palillo de tambor". Junto a la existencia de cianosis central, sería muy característico de cardiopatías congénitas con shunt derecha-izquierda, aunque también podrían estar presentes en patologías pulmonares con hipoxia severa (Figura 2).

Otros signos

Signos característicos de endocarditis infecciosa, nódulos dolorosos en las yemas de los dedos, enrojecidos, nódulos de Osler, hemorragias pequeñas, ligeramente nodulares en las palmas de las manos (también en las plantas de los pies), lesiones de Janeway y, las hemorragias en astilla, como líneas subungueales de color rojo oscuro.

Cianosis periférica

A diferencia de la cianosis central, se debe a una pérdida de velocidad del flujo de la sangre en una zona determinada y a una extracción anormalmente elevada de oxígeno de la sangre arterial que tiene una saturación normal. Suele desaparecer con masaje o con un suave calentamiento que aumentará el flujo periférico (diagnóstico diferencial con la cianosis central).

Xantomas palmares

Generalmente rodeados de un halo eritematoso. Son característicos de una hiperlipemia tipo III.

Cara

Además de las alteraciones que se pueden apreciar en multitud de enfermedades cardiacas congénitas (síndrome de Marfán, estenosis pulmonar, estenosis aórtica supravalvular...), se pueden apreciar numerosos signos que nos pueden orientar al diagnóstico:

Chapetas malares

Eritrocianosis localizada en las mejillas, que se asocia con frecuencia a estenosis mitral, aunque puede aparecer en otras situaciones de bajo gasto, resistencias pulmonares elevadas o hipertensión venosa secundaria a insuficiencia cardiaca.

Xantelasma-arco corneal

Lesiones presentes en párpados y ojos sugerentes de la presencia de hipercolesterolemia.

Palidez de la mucosa subconjuntival

En relación a una anemia subyacente.

Inspección cardíaca

En ocasiones el latido cardiaco puede ser visible a simple vista. Cuando ésto ocurra, hay que observar cuidadosamente tanto la posición como el carácter del latido de la punta. Su localización normal es en el 5º espacio intercostal izquierdo (5-EICI), a nivel de la línea medioclavicular y se caracteriza por la expansión sistólica de la punta que simultáneamente se acompaña de una retracción sistólica en la línea paraesternal izquierda, originando un balanceo característico de la pared torácica con expansión lateral y retracción central. Si el corazón está hipertrofiado, el latido será más sostenido en el tiempo, si por el contrario se encuentra dilatado, será más rápido y difuso. Una mínima retracción paraesternal en la zona que cubre el ventrículo derecho, es completamente normal.

El latido ventricular derecho, sin embargo, se acompaña de una expansión sistólica paraesternal izquierda, hacia adelante, con retracción sistólica de la región correspondiente a la punta, en la línea medioclavicular, axilar anterior o más allá; produciendo un balanceo inverso de expansión central y retracción lateral. Durante la inspiración, al igual que con cualquier otra maniobra que aumente la semiología derecha, se hace más ostensible, produciendo un abombamiento sistólico paraesternal más marcado y visible, que puede extenderse incluso hasta el epigastrio.

Cuando existe hipertrofia combinada de ambas cavidades, se origina una expansión sistólica simultánea lateral y paraesternal, que a veces se acompaña con una pequeña zona de retracción en la línea medioclavicular, en el cuarto o quinto espacio intercostal, que corresponderá al ventrículo derecho, pero siempre, además, con abombamiento sistólico más allá de la línea medioclavicular.

El latido diastólico, que característicamente aumenta en inspiración, es un fenómeno inverso al normal: retracción sistólica y expansión diastólica, localizado preferentemente en la región paraesternal. Es típico de la pericarditis constrictiva o de la enfermedad de Ebstein (atrialización del ventrículo derecho).
Por último, conviene explorar siempre el segundo espacio intercostal izquierdo (2EICI), que se correponde con el tronco de la arteria pulmonar. Una pulsación visible se puede apreciar en la hipertensión pulmonar (HTP), en una comunicación interauricular (CIA), en el ductus arterioso persistente y en una comunicación interventricular (CIV).

EXAMEN DEL PULSO ARTERIAL

El pulso arterial es la consecuencia de la transmisión de la onda de presión generada en la eyección ventricular izquierda a lo largo del segmento arterial. Se trata de una expansión arterial sincrónica con el latido cardiaco, producida por la distensión súbita de la pared de la aorta que se transmite a los vasos periféricos, pudiendo ser visualizada mediante la inspección directa y percibida mediante la palpación. La onda del pulso nos informa por tanto de cómo se realiza la eyección a la aorta, así que nos orientará tanto de la función ventricular izquierda como de las características físicas del sistema arterial. Hemos de prestar atención a cinco propiedades: frecuencia, ritmo, tensión, amplitud y forma, aunque como las tres primeras se pueden explorar con la auscultación y la esfigmomanometría, prestaremos mayor atención a las dos últimas. En ocasiones puede aparecer una sexta característica, que es la presencia de un trhill arterial o retumbo palpable, en relación a un flujo turbulento inmediatamente cercano a la región explorada (p.ej.: debido a una estenosis en la arteria femoral, una fístula arterio-venosa...).

Aunque es en la carótida donde vamos a obtener la información más fiable respecto a lo que ocurra en el ventrículo izquierdo, se debe incluir de forma sistemática la palpación de las arterias radiales, humerales y siempre, las femorales.

Al palpar el pulso, se debe dividir mentalmente la onda en tres partes: ascenso, cúspide y descenso. La onda normal se caracteriza por un ascenso rápido, una cúspide redondeada relativamente mantenida, que en los registros podría aparecer desdoblada por una ligera depresión y un descenso más lento, que corresponderían a la incisura y onda dícrotas, secuencialmente. Estas cualidades reflejan periféricamente la secuencia de hechos que acontecen en la eyección ventricular: eyección rápida, eyección lenta, cierre de la válvula aórtica y efecto de la elasticidad arterial periférica.

Amplitud del pulso

Depende fundamentalmente de tres factores: el volumen de eyección, la capacidad arterial y las resistencias periféricas. Las resistencias periféricas no solo actúan modificando el volumen de eyección, sino que además varían las características físicas (capacitancia) del árbol arterial, por lo que su influencia sobre el volumen del pulso es fundamental.

Pulso de amplitud aumentada

Hipercinético, celer o saltón, sugiere:

- Volumen de eyección alto (llenado ventricular normal o aumentado y contractilidad normal o alta).
- Capacidad aórtica disminuida (aumento de rigidez de la pared arterial).
- Resistencias periféricas bajas.

Pulso de amplitud disminuida

El pulso arterial de amplitud disminuida (pequeño o hipocinético) sugiere:

- Volumen de eyección bajo (contractilidad baja y/o llenado ventricular disminuido por obstáculo valvular mitral).
- Disminución de distensibilidad o reducción del tiempo de llenado (p.ej.: taquicardias).
- Resistencias periféricas altas.

Velocidad de ascenso

La rapidez de ascenso traduce la velocidad con la que se realiza la primera parte de la eyección. Dependerá de la velocidad de acortamiento del músculo ventricular y del área valvular aórtica. Si existe un déficit en la contractilidad (fallo sistólico) o un obstáculo a la salida de la aorta (p.ej.: estenosis aórtica), la velocidad de eyección será menor y el ascenso del pulso más lento. Si el área valvular aórtica es normal, la velocidad de ascenso estará marcada tan sólo por la velocidad de contracción miocárdica, de forma que las situaciones que aumenten la contractilidad (inotrópicos positivos como el isoproterenol, el ejercicio que además disminuye las resistencias periféricas), o si ésta es normal, situaciones que aumenten el llenado ventricular (sobrecargas de volumen como la insuficiencia aórtica), o que disminuyan las resistencias periféricas (p.ej.: vasodilatadores), tendrán una velocidad de ascenso mayor.

Alteraciones de la forma y amplitud del pulso

Pulsus parvus

Pulso pequeño de forma normal que sugiere volumen de eyección bajo o resistencias periféricas elevadas. Es un signo inespecífico por su multicausalidad.

Pulso anácroto

Es de pequeña amplitud y ascenso muy lento, que presenta una onda llamada anacrótica. Es característico de la estenosis aórtica moderada o severa y cuando se detecta a nivel femoral, de la coartación de aorta. En muchas ocasiones su puede palpar un trhill acompañante en las carótidas.

Pulso celer

Es de amplitud aumentada (incremento de la presión diferencial), con ascenso y descenso rápidos. Estas características se acentúan cuanto más nos alejamos del corazón, pudiendo encontrarse un pulso francamente amplio a nivel de las arterias pedias. Aparece característicamente en la insuficiencia aórtica, aunque también puede estar presente en el ductus arterioso persistente, fístulas arteriovenosas (enfermedad de Paget), así como en diferentes situaciones circulatorias hiperdinámicas aún en ausencia de enfermedad cardiaca: ejercicio, ingesta de alcohol, embarazo, anemia, hipertiroidismo, etc. A veces, el latido se hace visible en las carótidas (signo de Corrigan).

Pulso saltón

Es de forma normal y amplitud aumentada (con mantenimiento de la onda de percusión y ascenso y descenso menos rápidos con respecto al celer). Aunque puede aparecer en los estados circulatorios hipercinéticos y en el bloqueo cardiaco completo, es más frecuente en los individuos de edad avanzada con HTA sistólica (simplemente por el aumento de rigidez de la pared arterial). También puede aparecer en la coartación de aorta.

Pulso bisferiens

Se caracteriza por presentar dos ondas en la cúspide de la onda de pulso. Suele deberse a una doble lesión valvular aórtica, con estenosis e insuficiencia, y predominio de esta última. También puede presentarse en la insuficiencia aórtica grave y en el ductus arterioso persistente, así como en la miocardiopatía hipertrófica obstructiva.

Pulso dícroto

Se llama así cuando el tamaño de la onda dícrota aumenta en relación al total de la onda del pulso (en condiciones normales suele ser inferior al 6 por ciento) y se considera un pulso sin trascendencia clínica, propio de individuos jóvenes o procesos febriles, aunque puede aparecer en casos de IC grave con bajo volumen y resistencias periféricas elevadas, como en la miocardiopatía hipertensiva e isquémica y en la pericarditis constrictiva. Se puede confundir fácilmente con el bigeminismo, del que lo podremos diferenciar mediante la auscultación, ya que en el pulso dícroto oiremos tan solo un latido por cada pulsación doble. A diferencia del bisferiens, en el que las dos ondas son gemelas y próximas, en el dícroto, la segunda onda es menor y está más retrasada.

Alteraciones de la regularidad del pulso

Pulso alternante

Consiste en la sucesión alternada de una onda grande y otra pequeña, en presencia de un ritmo eléctrico regular y sin influencia respiratoria. Es un signo de insuficiencia ventricular izquierda, más frecuente en miocardiopatías, estenosis aórtica, HTA y cardiopatía isquémica.

Pulso paradójico

Es el que disminuye perceptiblemente de amplitud o incluso desaparece por completo durante la inspiración en todas las arterias palpables. Con el esfigmomanómetro, en condiciones normales la tensión arterial sistólica disminuye con la inspiración, y cuando este descenso es mayor a 15 mm Hg., se habla de "pulso paradójico". Es característico del taponamiento cardiaco aunque puede aparecer en otros procesos como la pericarditis constrictiva o lo que es mucho más frecuente, en la obstrucción crónica al flujo aéreo (OCFA)

Existen determinadas situaciones, que merecen ser consideradas particularmente.

El pulso en la miocardiopatía hipertrófica obstructiva

Es de ascenso rápido, con cúspide precoz y afilada, que cae rápidamente en la mitad de la sístole (consecuencia de la obstrucción al tracto de salida del ventrículo izquierdo) para volver a elevarse a continuación en la sístole tardía. Por ello, si no existe obstrucción o ésta no es muy severa, el pulso será normal o celer. No obstante, en bastantes de estos casos el gradiente puede aumentar con diferentes maniobras (Valsalva, ejercicio o tras un extrasístole) o por estímulos farmacológicos (nitrito de amilo, isoproterenol, nitroglicerina), y adoptar entonces su patrón característico. Por el contrario, aquellos agentes que disminuyen o hacen desaparecer el gradiente (b-bloqueantes, metoxamina...) son capaces de eliminar su carácter bífido.

El pulso en la coartación de aorta

El pulso en esta situación suele ser normal o incluso saltón en las arterias proximales y, por el contrario, pequeño y de ascenso lento, con cúspide tardía (pulso anácroto), en las arterias distales a la obstrucción (arterias de los miembros inferiores). Para una correcta exploración, ante la sospecha de una coartación de aorta, deben palparse simultáneamente las dos arterias braquiales. La disminución de amplitud y el carácter anácroto del pulso en una de las arterias braquiales sugiere que el vaso nace por detrás de la coartación o que existe una obstrucción localizada a nivel de su origen.

El pulso en la obstrucción arterial periférica

La palpación en busca de los pulsos es la maniobra esencial para el diagnóstico clínico de la oclusión arterial aguda o crónica. Un cuadro de dolor brusco en una extremidad, con parestesias/disestesias, que en su exploración se aprecia palidez, frialdad de la extremidad y que en la palpación no se detecta el pulso, es diagnóstico de obstrucción arterial periférica con origen, casi con total seguridad, embólico.

Toma de la tensión arterial

Para completar el estudio del pulso arterial habrá que realizar de forma correcta la toma de la tensión arterial. Se deberá realizar en ambos brazos, valorando la toma en extremidades inferiores ante la sospecha de una coartación de aorta. Puede realizarse tanto en decúbito como en sedestación (poca variabilidad) y también ha de hacerse en bipedestación, sobre todo ante la presencia de ortostatismo. El paciente debe estar en reposo, no haber ingerido alimentos, café o té, ni haber fumado en los 30 minutos previos, siendo conveniente que haya orinado previamente. El aparato, ya sea un esfigmomanómetro de mercurio, un manómetro aneroide o un aparato electrónico, debe estar correctamente calibrado y disponer de un manguito de presión adecuado para el brazo del paciente.

Éste debe estar libre de ropas apretadas (no arremangar camisas). Según se insufla el manguito de presión, se debe ir palpando la arteria braquial, de forma que el momento en que desaparece la onda de pulso corresponde a la presión arterial sistólica (PAS). Posteriormente se seguirá insuflando unos 30 mmHg por encima de la PAS, para luego ir descendiendo lentamente, a una velocidad de unos 2-3 mmHg/seg. La aparición de los primeros ruidos perceptibles con el fonendoscopio, que se corresponde con la fase I de Korotkoff, corresponde a la PAS. La presión arterial diastólica (PAD) no se puede obtener por palpación, habrá que esperar a que los ruidos auscultatorios desaparezcan por completo, momento que corresponde con la fase V de Korotkoff. No obstante, puede haber situaciones en las que no se dejen de percibir los ruidos auscultatorios, incluso con presiones en el manguito al nivel de 0, situaciones que suelen corresponder a estados hipercinéticos, fiebre, embarazo o insuficiencia aórtica. En estas situaciones, para determinar la PAD se utilizará la fase IV de Korotkoff, que corresponde al momento en que los ruidos auscultatorios disminuyen de intensidad. Para una correcta toma de tensión arterial, se precisa por lo menos de dos lecturas (para cada brazo), que se deben promediar, esperando por lo menos un intervalo de unos 3 minutos entre cada toma si se ha realizado en decúbito o sedestación, o, de 1 minuto si se hizo en bipedestación. Si la diferencia observada entre las dos primeras tomas es superior a 5 mmHg, se deben realizar tomas adicionales. En determinadas situaciones, como en sujetos ancianos, pacientes con arterias endurecidas o pacientes con HTA sistólica, puede ocurrir que a pesar de seguir insuflando el manguito de presión por encima de la PAS obtenida por la auscultación del primer ruido de Korotkoff, se siga palpando la onda de pulso en la arteria braquial. Cundo esto ocurre se considera que tiene una maniobra de Osler positiva.

EXAMEN DEL PUSO VENOSO

A pesar de la poca costumbre que tienen la mayoría de los médicos de realizar una correcta inspección del pulso venoso yugular (PVY), si ésta se hace de forma minuciosa, la información que se puede obtener es de muchísima utilidad y, si se hiciera sistemáticamente se evitarían muchos diagnósticos erróneos de insuficiencia cardiaca (IC). El examen del pulso venoso nos permite apreciar la dinámica del retorno venoso al corazón derecho. Mediante la observación de las ondas del pulso venoso, que expresan los cambios de volumen de la aurícula derecha en cada momento del ciclo cardiaco, y la observación de la presión venosa, que indica la presión de la aurícula derecha, podemos obtener una información inapreciable de la dinámica del llenado ventricular derecho. De esta forma, la presión venosa yugular obtenida nos proporciona una estimación precisa de la presión venosa central (presión en la aurícula derecha). Para evaluarla lo habitual es inspeccionar la onda venosa visible de la vena yugular interna derecha (la vena yugular derecha es la más adecuada para el examen, probablemente porque el tronco braquiocefálico derecho es más corto que el izquierdo y está en continuidad directa con la vena cava superior) a 45º, pero puede ser necesario sentar al paciente (PVY muy elevada) o incluso tumbarlo en decúbito supino (PVY muy baja). Si a pesar de tumbar al paciente, no se aprecia, puede ser necesario comprimir la fosa supraclavicular o realizar una maniobra de Valsalva. Aunque la evaluación de la morfología del PVY puede exigir un mayor entrenamiento y experiencia, la simple medida de la presión venosa yugular puede ser de gran utilidad (Figura 3). Se medirá con una regla milimetrada que se apoya verticalmente sobre el ángulo de Louis (unión entre el manubrio y cuerpo esternal) y un lápiz en posición horizontal que apuntará al final de la onda de pulso, que nos marcará su altura en centímetros (cm). Lo normal es que sea inferior a 3 cm. Cuando se hace la lectura de la presión venosa, conviene reseñar la posición del paciente.



El aumento de la presión venosa yugular se debe a alguna de estas tres circunstancias:

1. Fallo de bomba del ventrículo derecho.
2. Dificultad del llenado ventricular derecho.
3. Patología tricúspide.
En la Tabla VI se exponen las causas del aumento de la PVY.

Características

El movimiento del pulso venoso es suave, difuso y ondulante. Se trata de una onda de volumen de escasa presión, por lo que se ve, pero normalmente no se palpa. Solo se palpará si la presión está muy elevada. El PVY está muy influenciado por los movimientos respiratorios, de manera que normalmente la presión venosa yugular aumenta con la espiración y disminuye con la inspiración, pero cuando ocurre lo contrario (signo de Kussmaul), indica constricción o taponamiento pericárdico, embolia pulmonar extensa o infarto agudo de miocardio (IAM) de ventrículo derecho. El aumento de la presión en el abdomen, al incrementar el retorno venoso y la presión venosa de llenado, aumenta la presión venosa yugular. Este fenómeno está aumentado en la ICC (reflujo hepatoyugular). Por último, señalar que el PVY desaparecerá al comprimir la vena yugular a nivel de la base del cuello, reapareciendo en cuanto se descomprima. Esta maniobra puede ser útil en caso de duda para identificarlo.

Morfología

La morfología normal en cada ciclo cardiaco consta de 2 ondas y 2 senos (se analiza mejor con un registro flebográfico) (Figura 4). Para interpretarlo correctamente, conviene tener siempre presente que vamos a observar un reflejo de lo que está ocurriendo en el corazón derecho:

Onda "a"

Se produce por la contracción de la aurícula derecha (onda "a" de auricular), responsable de la fase de llenado activo ventricular. Se debe al reflujo existente durante la contracción, de manera que cuanto mayor sea ésta, mayor será el reflujo. En los individuos normales la onda "a" es la cresta dominante del pulso venoso y la más alta. Comienza antes del primer tono y alcanza su cúspide coincidiendo con el mismo. Cuando existe galope por cuarto tono (contracción auricular), éste coincide con el vértice de la onda "a". Obviamente desaparecerá en caso de fibrilación auricular (FA).

Seno "x"

Es un seno profundo que sigue a la onda "a" (vertiente descendente de la onda "a") y que expresa el descenso de presión que ocurre durante la relajación auricular (diástole auricular). En su génesis también influye la fase de contracción isovolumétrica ventricular, durante la cual desciende el anillo tricúspide. A veces, este seno se ve interrumpido por una pequeña cresta, cresta "c", debida seguramente al abombamiento de las válvulas tricúspides hacia la aurícula durante dicha fase y al impacto del pulso carotídeo contiguo. El seno "x" es la onda dominante en el pulso venoso y es la responsable del característico colapso sistólico del pulso venoso. También suele desaparecer en la fibrilación auricular, aunque se conserva en algunos casos de pericarditis constrictiva en FA.

Onda "v"

A medida que la aurícula derecha se va llenando de sangre procedente del retorno venoso por las venas cavas, su presión aumenta, generando la segunda onda positiva, la onda "v" (de ventricular) al final de la sístole ventricular. Refleja por tanto el llenado auricular derecho, coincidiendo su cúspide con la apertura tricúspide o inmediatamente después. En la FA, la onda "v" se adelanta.

Seno "y"

Corresponde a la vertiente descendente de la onda "v" y refleja el vaciamiento auricular o llenado ventricular. La presión en la aurícula empieza a descender al abrirse la válvula tricúspide y producirse el llenado rápido ventricular, de forma que la vertiente descendente del seno "y" corresponde a esta última, y la vertiente ascendente, a la continuación del llenado ventricular hasta el período de diástasis. Por ello el seno "y" proporciona una información muy valiosa del llenado pasivo ventricular derecho.

Alteraciones de la morfología del pulso venoso

Ocurren por tanto, cuando hay un déficit del llenado ventricular derecho o insuficiencia tricúspide (Tabla VII).

Onda "a" gigante

Indica una contracción auricular poderosa como respuesta a un llenado ventricular derecho insuficiente. Las dos causas fundamentales son la obstrucción valvular tricúspide (estenosis tricúspide o atresia tricúspide) y la disminución de la distensibilidad (compliance) ventricular derecha. Esta última, generalmente, es secundaria a un aumento de la poscarga derecha (estenosis pulmonar o HTP, ya sea primaria o secundaria), aunque más raramente puede ser primaria, como ocurre en las miocardiopatías. También puede aparecer, aunque de forma mucho más excepcional, en el taponamiento cardiaco y en la enfermedad de Ebstein.

Onda "a" independientes

Se trata de ondas "a" pequeñas, frecuentes, independientes y, en ocasiones, difíciles de identificar, que aparecen en el bloqueo cardiaco completo y en el fluter auricular. Suelen alternar con otras ondas "a" cañón (cuando la contracción auricular coincide con la válvula tricúspide cerrada).

Onda "a" cañón

Es parecida a la onda "a" gigante, pero más brusca y celer; se produce cuando la contracción auricular se realiza ante una válvula tricúspide cerrada, es decir cuando coinciden la sístole auricular y la sístole ventricular de forma simultánea. Puede aparecer de forma regular, como ocurre en los ritmos de la unión, en el fluter auricular y en la taquicardia paroxística auricular con bloqueo 2:1; o de forma irregular, lo que es más frecuente y de gran importancia tanto diagnóstica como pronóstica, como ocurre en el bloqueo cardiaco completo, en los extrasístoles ventriculares, en la taquicardia ventricular, y en el bloqueo completo con marcapaso.

Ausencia de onda "a" y seno "y" descendente

Esta situación ocurre en la fibrilación auricular, donde tan solo hay una onda "v" única y sistólica.

Onda "v" gigante

Una onda "v" grande, redondeada, sistólica, precedida de una pequeña cresta "c", es típica de la insuficiencia tricúspide grave en FA. Se debe al chorro de regurgitación retrógrado hacia la aurícula derecha que ocurre durante la sístole ventricular derecha cuando la válvula tricúspide es incompetente. Se produce una onda "s" (de sistólica) auricular entre la onda "c" y la onda "v" de estasis. Cuando la insuficiencia es grave, el seno "x" queda totalmente obliterado, se funden las crestas "c", "s" y "v" y aparece una onda sistólica auricular prominente, similar a la del ventrículo (ventricularización del pulso venoso o auricular). La onda "v" gigante puede ser palpable y se transmite al hígado, produciendo una pulsación hepática sistólica.

Seno "y" descendente profundo

Produce una imagen visual distinta a la anterior, caracterizada por un súbito colapso del pulso venoso, como si las yugulares se quedaran exangües. Ocurre en todas aquellas situaciones que cursan con una presión venosa muy alta y distensibilidad disminuida: pericarditis constrictiva, miocardiopatías, IC de cualquier causa, cor pulmonale... Se produce como consecuencia de la alta presión existente en la aurícula derecha y grandes venas que, al abrirse la válvula tricúspide, impulsa súbitamente la sangre hacia el interior del ventrículo derecho que se llena rápidamente (distensibilidad disminuida) y hace que el pulso venoso recupere enseguida su nivel previo elevado. Implica, por tanto, un llenado precipitado y corto.

Seno "y" descendente lento

Cuando se asocia a una PVY elevada, es característico de la estenosis tricúspide. La pendiente lenta refleja la dificultad del llenado que se ve ralentizado por el obstáculo a nivel valvular.


 


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