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PROGRAMA ANUAL
2002-2003
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA

 

 

 

 

Anamnesis y exploración cardíaca en Atención Primaria (1)

Anamnesis

Existen una serie de síntomas que pueden alertar al médico de que el paciente que los está refiriendo puede padecer una cardiopatía. No obstante, la mayoría de los síntomas que desarrollaremos a continuación son síntomas inespecíficos que podrán ser explicados por la existencia de una cardiopatía o de otra patología de origen no cardiaco. La habilidad del médico para interpretar aquello que el paciente le está refiriendo sumado a un interrogatorio dirigido, más los hallazgos exploratorios buscados, conformaran un diagnóstico de presunción. La utilización de pruebas complementarias seleccionadas ayudaran a confirmar el origen de los síntomas.



Los principales motivos de consulta son: disnea, dolor torácico, palpitaciones, tos, hemoptisis, edema y síncope.

DISNEA

La respiración es un acto automático que en condiciones normales y fuera del ejercicio intenso se realiza sin esfuerzo. La disnea se define como una percepción subjetiva de dificultad en la respiración que se acompaña de la necesidad de aumentar la frecuencia respiratoria. Con frecuencia es el síntoma inicial de una cardiopatía. Puede ser referida por los pacientes con diferentes términos (fatiga, ahogo, falta de aire, asma, agitación) que pueden hacer pensar en otro tipo de patología que será descartada mediante un interrogatorio dirigido.

La disnea de origen cardiaco suele ser progresiva, de esfuerzo, de instauración lenta y de progresión mas o menos rápida. Es el síntoma por excelencia de la insuficiencia cardiaca izquierda (ICI) y nos permite clasificar a los pacientes en cuatro clases funcionales, según la New York Heart Association (NYHA) (Tabla I). Se produce por un aumento de la presión venosa pulmonar que origina incremento del agua extravascular con el consiguiente aumento de la rigidez pulmonar. Si el aumento de presión es muy severo aparece edema alveolar.

La ortopnea o disnea que aparece con el decúbito, traduce un aumento de la presión venosa capilar pulmonar. Disminuye al elevar el tronco a la posición de sentado por disminución del retorno venoso y la presión hidrostática a nivel de los lóbulos superiores pulmonares. Es necesario preguntar específicamente por ella, ya que con frecuencia no es referida por el paciente (p.ej.: ¿con cuantas almohadas duerme?).

La disnea paroxística nocturna (DPN) es un síntoma casi específico de insuficiencia cardiaca izquierda. Su presentación es brusca, a las dos tres horas de permanecer recostado. Puede acompañarse de tos y sibilancias, obliga a levantarse y entonces suele ceder en 15-30 minutos. Puede simularla el broncoespasmo y el embolismo pulmonar. El paciente suele hacer referencia a ella, señalando que tiene que levantarse de la cama por sentir sensación de ahogo y acercarse a la ventana para respirar algo de aire fresco.

En ocasiones la disnea se presenta de forma semejante a una crisis de broncoespasmo, al acumularse líquido en la pared bronquial, disminuyendo el calibre de su luz, provocando sibilancias de predominio nocturno o con el decúbito supino (asma cardial, equivalente disnéico).

La causa fundamental de disnea con la que hay que hacer diagnóstico diferencial, en el ámbito de la Atención Primaria, suele ser la debida a patología respiratoria que suele ir precedida de una historia de tos, expectoración o sibilancias con reagudizaciones esporádicas u ocasionales. Otras causas como la ansiedad que provoca una sensación disnéica como un tope respiratorio y que suele aliviarse con el esfuerzo, suspiros o al estar ocupado en alguna actividad, o la producida por la obesidad, las debemos tener siempre presentes para un correcto enfoque diagnóstico.

No es habitual que la disnea de origen cardiaco aparezca de forma súbita, pero puede ocurrir coincidiendo con cambios posturales en algunas situaciones como en el mixoma auricular o trombo auricular y puede acompañarse de un episodio sincopal.

DOLOR TORÁCICO

Es un motivo de consulta relativamente frecuente en Atención Primaria. Probablemente el aspecto más importante es diferenciar el dolor de origen isquémico del de otras causas más triviales, por las implicaciones pronósticas que puede conllevar.

La anamnesis es fundamental y de gran ayuda en la mayoría de los casos. Es necesario indagar sobre determinadas características del dolor: forma de comienzo, carácter, localización, irradiación, duración y presencia o ausencia de síntomas vegetativos. Es muy importante conocer su posible modificación con los cambios posturales, el esfuerzo físico, la respiración o con la presión sobre la zona.



Para la correcta valoración de un dolor torácico es fundamental considerar la edad, el contexto (ámbito de atención) y la presencia o no de factores de riesgo cardiovascular (perfil de riesgo del paciente). La exploración, el ECG y en ocasiones una analítica, así como la posible respuesta al tratamiento, complementarán su filiación definitiva en la mayoría de los casos.

Para discernir las situaciones graves de las menos graves, ha de hacerse una anamnesis y una exploración física dirigidas para realizar una primera valoración lo más rápida posible, buscando el posible compromiso de signos vitales.

El dolor torácico de origen isquémico, conocido como angina de pecho, fue descrito en 1972 por Heberden como: "sensación opresiva, constrictiva o urente, localizada en la región esternal ("área de la corbata"), de aparición y desaparición progresiva y que puede irradiarse a ambos hombros, brazo (más frecuentemente el izquierdo) e incluso mano, cuello y mandíbula". Ocasionalmente puede situarse en alguna de las localizaciones anteriores o en el epigastrio sin que afecte al tórax. El comienzo suele ser gradual, alcanzándose pronto la máxima intensidad y desapareciendo en pocos minutos, en general con el reposo o tras la administración de nitroglicerina sublingual. Suelen identificarse causas desencadenantes como el esfuerzo (ejercicio, coito...), el frío, postprandio o situaciones de estrés emocional. No obstante, existen dolores torácicos atípicos que no siguen los patrones anteriores y que pueden estar en relación con isquemia miocárdica.

En la Tabla II se describen las características del dolor coronario típico y atípico.

La presencia o ausencia de factores de riesgo (consumo de tabaco, HTA, hipercolesterolemia, DM, antecedentes familiares de cardiopatía isquémica), junto con las características del dolor, nos permitirá estratificar la probabilidad de la existencia o no de cardiopatía isquémica (Figura 1).

No obstante, aunque la causa más frecuente de angina es la enfermedad coronaria (disminución del flujo coronario debido a la combinación, en mayor o menor medida, de la existencia de una placa de ateroma complicada, trombosis y espasmo), en la miocardiopatía hipertrófica obstructiva (MHO) y en la estenosis aórtica, puede aparecer angina, incluso con coronarias normales, a causa del gran aumento de la tensión intramiocárdica.

En el infarto agudo de miocardio (IAM) el dolor es superponible al descrito anteriormente, pero de mayor intensidad y duración. La mayoría de las veces no se encontrará una relación clara con el esfuerzo, pero sin embargo sí que suele acompañarse de sintomatología vegetativa como sudoración, náuseas y vómitos (más aún si es de localización diafragmática o inferior).

El dolor de la disección aórtica es de aparición brusca, con sensación de desgarro u opresión retroesternal, y que puede irradiarse a la espalda o miembros inferiores, según sea el lugar de la misma. No obstante, en el aneurisma disecante puede producirse IAM si se afecta la salida de las coronarias. La exploración nos dará los elementos clave para su identificación.

En el prolapso de la válvula mitral (PVM), pueden aparecer dolores de carácter punzante en la región del ápex que se suelen acompañar de sintomatología vegetativa, siendo más frecuente en mujeres jóvenes.

Para poder filiar un dolor torácico como cardiaco, hay que descartar las causas "no cardiacas" del mismo (Tabla III). El hecho de que un dolor centrotorácico se modifique con la respiración y con los cambios posturales, no nos debe hacer descartar el origen cardiaco, ya que éste pudiera ser de etiología pericárdica. Puede irradiarse al cuello, a las fosas supraclaviculares y al borde libre del trapecio izquierdo. Aumenta su intensidad con el decúbito y disminuye con la incorporación hacia delante, por lo que es frecuente que encontremos al paciente sentado en una silla en vez de acostado y con una respiración superficial, puesto que la inspiración profunda también lo incrementa.

PALPITACIONES

Hablamos de palpitaciones en relación con la percepción molesta del latido cardiaco que el paciente suele notar a nivel precordial, cuello o epigastrio.
Pueden estar relacionadas con un aumento del volumen de latido como ocurre en pacientes con un estado de circulación hipercinético o en la insuficiencia aórtica, aunque en la mayoría de los casos las palpitaciones traducen alteraciones del ritmo y/o de la frecuencia cardiaca.

Con el fin de orientar el diagnóstico es preciso interrogar por las siguientes características: frecuencia del pulso durante las crisis, regularidad de los latidos, forma de inicio y terminación, síntomas que provoca (disnea, dolor torácico, mareo, poliuria), duración de la crisis y frecuencia de presentación y situación desencadenante (ejercicio).

Un golpe precordial aislado, como una sensación de "paro" o "vuelco cardiaco", que puede precederse o seguirse de una sensación de vacío o detención, es propia de los extrasístoles.



Las palpitaciones rápidas, ininterrumpidas durante segundos a horas, suelen traducir una taquicardia. En la taquicardia sinusal, la frecuencia cardiaca suele acelerarse progresivamente aunque puede iniciarse de forma súbita. Se presenta durante el ejercicio o en situaciones de estrés o emoción. Cede de forma progresiva a lo largo de varios minutos. La frecuencia raramente supera los 150 latidos por minuto. Las taquicardias paroxísticas supraventriculares o ventriculares, así como la fibrilación y el flutter auricular, suelen iniciarse y ceder súbitamente y su frecuencia supera habitualmente los 150 latidos por minuto.
Una historia de palpitaciones muy rápidas, regulares, de inicio súbito y que ceden al realizar ciertas maniobras vagales, es típica de la taquicardia paroxística supraventricular (TPSV). Las palpitaciones muy irregulares y de duración prolongada sugieren fibrilación auricular (FA).

Es interesante interrogar por otros síntomas que pueden acompañar a las palpitaciones. Su presencia depende de la frecuencia cardiaca, de la gravedad de la cardiopatía subyacente y del tipo de arritmia. La presencia de disnea, angina, síncope o mareo hace preciso descartar la existencia de una cardiopatía de base. La aparición de poliuria tras el episodio de palpitaciones es propia de la taquicardia auricular paroxística.

El interrogatorio de las palpitaciones concluirá con una revisión de las causas más frecuentes de arritmias. Debe investigarse sobre la ingesta de estimulantes (café, té, alcohol), de fármacos como los betadrenérgicos o la digital, el uso/abuso de sustancias psicotropas (anfetaminas, cocaína, éxtasis...), la presencia de síntomas de hipertiroidismo, historia de infarto previo o insuficiencia cardiaca, existencia de soplos o de un ECG patológico previo que sugiera un síndrome de Wolff-Parkinson-White (WPW).

TOS

Generalmente, la tos de origen cardiaco es una tos seca, irritativa (tos coqueluchoide), espasmódica y habitualmente nocturna. Se asocia a hipertensión venosa pulmonar, secundaria a fallo izquierdo o a estenosis mitral. También puede aparecer por compresión del nervio recurrente cuando existe una dilatación importante de la aurícula izquierda, acompañándose en este caso de disfonía. Sea como fuere, suele aparecer en pacientes con historia previa de disnea.

HEMOPTISIS

La expulsión de sangre con la tos puede deberse a diferentes causas:

- Aumento de la presión en el sistema venoso pulmonar, con rotura de vénulas bronquiales y pulmonares, como ocurre en la estenosis mitral, pudiendo ser el síntoma inicial en pacientes gestantes.
- En el edema agudo de pulmón (EAP), donde puede aparecer un esputo asalmonado uniformemente teñido.
- Lesión en parénquima pulmonar y/o en vasos bronquiales generalmente asociado a sintomatología propiamente pulmonar o a un síndrome constitucional.
- Origen en vías altas, varices en base de la lengua...
La anamnesis es la herramienta principal para orientar el origen del sangrado. En la hemoptisis de origen cardiaco probablemente exista una historia previa de disnea de esfuerzo progresiva, salvo en el caso referido de gestantes con estenosis mitral.

EDEMA

El aumento de líquido en el espacio intersticial es un síntoma/signo frecuente en la insuficiencia cardiaca pero muy inespecífico, ya que aparece también en enfermedades renales, hepáticas, endocrinológicas y metabólicas, entre otras. El interrogatorio sobre las circunstancias en las que aparece y su relación con otros síntomas es importante para establecer su origen.

El edema de origen cardiaco suele ser de inicio en partes declives, presentándose como hinchazón bilateral (bastante simétrico) en pies y tobillos, progresando a lo largo del día y mejorando parcialmente por la noche con el decúbito. A medida que progresa la enfermedad, la hinchazón asciende a la raíz de los miembros inferiores. La consistencia es blanda y no presenta signos inflamatorios en la piel, aunque sí puede haber trastornos tróficos en relación con su cronicidad. En pacientes encamados se acumula en zonas declive. Aunque no guarda una buena correlación con el nivel de presión venosa, ésta siempre suele estar elevada.

Es de gran ayuda para el diagnóstico interrogar sobre la relación temporal entre disnea y edema. En la mayoría de los casos la disnea precede durante años la aparición de edema, aunque en la pericarditis constrictiva, derrame pericárdico o en la estenosis tricuspídea, puede no observarse esta regla.
En el ámbito de la Atención Primaria es muy importante hacer correctamente el diagnóstico diferencial; principalmente con el edema consecuente de una insuficiencia venosa periférica.

SÍNCOPE

Es la pérdida transitoria de conciencia asociada a hipotonía muscular que impide mantener el tono postural normal. Se produce como consecuencia de un flujo cerebral inadecuado, cuyo origen suele deberse a un descenso del volumen minuto, un descenso de las resistencias periféricas (fenómeno de robo), o una combinación de ambos. Las causas que lo pueden producir son muy numerosas, algunas de ellas banales y otras importantes, por lo que es necesario orientar correctamente el diagnóstico mediante una anamnesis adecuada (Tabla IV).



Suele aparecer de forma súbita, su duración es breve y la recuperación en general es rápida. El síncope de origen cardiaco se debe en general a una reducción del gasto cardiaco por una arritmia o bien a la imposibilidad de aumentar el débito cardiaco en requerimientos aumentados como el esfuerzo físico, la fiebre o incluso un embarazo.

El interrogatorio debe ir dirigido a investigar sobre las circunstancias en que apareció (situación ambiental, postura, relación con el ejercicio...), presencia de síntomas previos como palpitaciones, coexistencia de fiebre, forma de comienzo, duración, estado de consciencia tras el síncope, síntomas acompañantes (convulsiones, relajación de esfínteres) y, frecuencia de las crisis de haberse repetido el mismo.

El síncope secundario a una arritmia (crisis de Stokes-Adams) generalmente se caracteriza por un comienzo más brusco sin síntomas premonitorios que no guardan relación con la postura y que puede asociarse a convulsiones. El número de episodios es muy variable. Cuando se debe a una taquiarritmia, el paciente suele percibir palpitaciones previas. Una taquicardia supraventricular reduce el flujo cerebral en un 14 por ciento, la fibrilación auricular en un 23 por ciento y, la taquicardia ventricular entre un 40 y 75 por ciento. La fibrilación ventricular, obviamente, lo reduce a 0.

A diferencia de los anteriores, el síncope de la estenosis aórtica, insuficiencia aórtica, miocardiopatía hipertrófica obstructiva, hipertensión pulmonar primaria (HTPP) y de la estenosis pulmonar ocurren típicamente tras el esfuerzo, ya que el corazón no es capaz de aumentar el volumen minuto de acuerdo con las necesidades.

Otro grupo lo forman las cardiopatías que determinan dificultad al llenado ventricular, como es el caso del mixoma de aurícula izquierda o del trombo libre auricular, donde el síncope puede estar en relación con los cambios de postura que movilizan la masa ocluyendo el orificio valvular. Por ello, en aquellos pacientes que refieren episodio sincopal relacionado con un cambio postural y que la auscultación nos recuerda a la de la estenosis mitral, es preciso descartar la existencia de un mixoma o de un trombo auricular.

Cuando existe una reducción marcada de la distensibilidad ventricular, como ocurre en el taponamiento cardiaco y en la MHO, cualquier alteración, por pequeña que sea, que altere la precarga, puede disminuir críticamente el volumen de eyección. Una historia familiar de síncope nos debe hacer descartar una miocardiopatía hipertrófica obstructiva.

El diagnóstico diferencial fundamental será con el síncope vasopresor o "lipotimia", que a diferencia del cardiológico, se suele caracterizar por síntomas presincopales como palidez, náuseas, sudoración, etc.; suele ocurrir en posición erecta, recuperándose al adoptar el decúbito supino y elevar las extremidades inferiores. En la hipotensión ortostática se pierde la consciencia con los cambios posturales (de decúbito a bipedestación); siendo ésta más frecuente en ancianos con medicación hipotensora. En la embarazada, en decúbito supino, el útero comprime la vena cava y produce una reducción brusca del retorno venoso. El síncope inducido por la tos o la defecación sería una exageración de la maniobra de Valsalva, con la consiguiente disminución del retorno venoso.

Los síncopes que ocurren post-esfuerzo (no en todos los casos), post-palpitaciones, post-angina, con historia familiar de síncope o muerte súbita, los que se asocian a QT largo en el ECG o los que tienen una cardiopatía sincopal basal, tienen un peor pronóstico y pueden ser considerados como malignos.


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