Síndromes vertiginosos
Tratamientos
de los síndromes vertiginosos
Con independencia
de la causa que origina el vértigo, éste siempre es un
síntoma muy desagradable para el paciente, que le produce gran
preocupación y que puede llegar a ser muy incapacitante. Es muy
importante tranquilizar al paciente y explicarle que lo más probable
es que el vértigo disminuya y desaparezca con el tiempo, ya que
en ocasiones persiste sensación de mareo debida a la ansiedad
que origina un tratamiento inadecuado.
El tratamiento del vértigo puede ser farmacológico, quirúrgico
o rehabilitador. Principalmente se va a hacer referencia al tratamiento
del vértigo periférico, puesto que en los vértigos
centrales el tratamiento es fundamentalmente etiológico.
Se pueden realizar recomendaciones del estilo de vida. La disminución
del consumo de sal actúa por un mecanismo inespecífico,
disminuyendo el contenido de agua en el oído. Sobre todo, se
recomienda en la enfermedad de Ménière. La disminución
del consumo de estimulantes es útil en pacientes con enfermedad
de Ménière, que a veces mejoran al disminuir el consumo
de cafeína, teofilina y nicotina.
TRATAMIENTO
DURANTE LA FASE AGUDA
Como se describió anteriormente, esta fase está caracterizada
por sensación de vértigo intenso e incapacitante que presenta
el paciente. Además del tratamiento farmacológico son
importantes el reposo y el apoyo psicológico.
Sedantes vestibulares
Se emplean sólo en la fase aguda y durante cortos periodos de
tiempo, no más de cinco o siete días, disminuyendo la
dosis paulatinamente al ir mejorando la sintomatología, debido
a que retrasan la compensación. Se utilizan con la dosis más
baja de un solo fármaco que alivie los síntomas. Su mecanismo
de acción consiste en disminuir los estímulos en los receptores
de neurotransmisores vestibulares. Como efectos secundarios generales
destacan: efectos extrapiramidales, visión borrosa, sequedad
de boca y disfunción sexual. Dentro de este grupo encontramos
los siguientes:
Antihistamínicos: la histamina actúa como un neurotransmisor
estimulante, por ello este grupo farmacológico provoca sedación
por un mecanismo competitivo sobre los receptores H1 de la histamina.
También actúan como antieméticos. Producen efectos
secundarios de tipo anticolonérgico. Entre ellos destacan los
siguientes fármacos que se utilizan a las dosis indicadas:
Ciclina: 50 mg vía oral o intramuscular cada cuatro o seis horas,
100 mg vía rectal cada ocho horas.
Dimenhidrato: 50 mg vía oral o intramuscular cada cuatro o seis
horas, 100 mg vía rectal cada ocho horas.
Hidroxicina: 25 mg vía oral cada seis u ocho horas.
Benzodiacepinas: muy útiles para disminuir la ansiedad que acompaña
al trastorno vertiginoso. Aunque se desconoce si tienen acción
sobre el sistema vestibular, está claro que producen mejoría
durante la fase aguda del vértigo. Como efecto secundario más
importante destaca la somnolencia. Presentan poco efecto antiemético.
Las más utilizadas son:
Diazepán: 5-10 mg vía oral cada 12 ó 24 horas.
Clorazepato dipotásico: 5-15 mg vía oral o intramuscular
cada 12 ó 24 horas.
Anticolinérgicos: el principal mecanismo de neurotransmisión
del sistema vestibular es colinérgico; actúan bloqueando
este sistema de trasmisión. El más utilizado es el dimenhidrato,
especialmente útil en las cinetosis. También se emplea
la escopolamina en forma de parche transdérmico para profilaxis
de la cinetosis, pero esta presentación no está comercializada
en nuestro país.
Antidopaminérgicos: los más utilizados son sulpiride y
tietilperazina. Potencian la acción de las fenotiacinas y tienen
efecto antiemético. Como efectos secundarios destacan: sequedad
de boca, visión borrosa y ocasionalmente distonía aguda
que mejora con antiparkinsonianos.
TRATAMIENTO
DE LA FASE SUBAGUDA
Y DE LA FASE DE COMPENSACIÓN
En esta fase, el paciente ya no presenta sensación de vértigo
incapacitante, pero sí de inestabilidad. Durante la fase de compensación,
el paciente permanece asintomático. Se desaconseja el uso de
sedantes vestibulares, porque retrasan la aparición de mecanismos
de compensación. Se utilizan fármacos vasodilatadores
y rehabilitación. Los vasodilatadores se usan por ser neuroprotectores.
Dentro del grupo de los vasodilatadores los más utilizados son
los antagonistas del calcio, que aunque pueden producir efectos extrapiramidales,
estos son menos frecuentes que con las fenotiacidas, también
tienen un efecto sedante suave. Los más empleados son: nimodipino,
flunarizina y cinaricina.
El reposo mantenido, después de pérdida unilateral de
función laberíntica, retrasa los mecanismos de compensación
vestibular; sin embargo, los ejercicios de rehabilitación vestibular
son una parte del tratamiento que suele descuidarse. Estos ejercicios
están basados en la modificación del entorno visual a
la vez que se estimulan los conductos semicirculares, favoreciendo así
la compensación vestibular. Son útiles los ejercicios
de rehabilitación vestibular y en ocasiones el tratamiento quirúrgico.
La rehabilitación vestibular está contraindicada en la
fase aguda. En ocasiones se enseñan los ejercicios al paciente
para que los realice en su domicilio. En estos ejercicios se realizan
ciertos movimientos de cabeza, primero se hacen con la mirada fija en
un punto, al principio con los ojos abiertos y después con ellos
cerrados pero imaginando que la vista sigue fija en el mismo punto.
Los pacientes que no mejoran con tratamiento médico correcto
pueden ser propuestos para cirugía. Puede realizarse cirugía
con preservación o con pérdida de la capacidad auditiva.
La mayoría de los pacientes que son propuestos para cirugía
padecen enfermedad de Ménière.
CRITERIOS
DE DERIVACIÓN
1.- Los vértigos centrales deben derivarse al neurólogo.
2.- Cuando se sospecha enfermedad cerebrovascular aguda hay que derivar
al paciente a urgencias para estudio inmediato.
3.- Los vértigos periféricos que cursan con hipoacusia
o acúfenos deben derivarse a otorrinolaringología para
estudio especializado y realización de pruebas complementarias
que no pueden realizarse en Atención Primaria. Ante la sospecha
de laberintitis, derivación especializada por el riesgo de extensión
y de afectación meníngea.
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