Síndromes vertiginosos
Diagnóstico
diferencial de los síndromes vertiginosos
El vértigo supone más del 50
por ciento de los mareos. Aproximadamente el 75 por ciento de los vértigos
son de tipo periférico y el 50 por ciento de ellos se incluyen
como vértigo posicional benigno. Entre el grupo de individuos
de edad superior a 60 años se puede afirmar que casi el 20 por
ciento han padecido, en alguna ocasión, un episodio vertiginoso
que les haya incapacitado temporalmente (Tabla II).
VÉRTIGOS
PERIFÉRICOS
Vértigo
posicional benigno
Es el vértigo más frecuente. Consiste en la aparición
de episodios de vértigo de pocos segundos de duración,
recurrentes y desencadenados con los movimientos de la cabeza; generalmente
se acompañan de náuseas y vómitos pero nunca aparecen
síntomas neurológicos ni síntomas cocleares (hipoacusia
y acúfenos), también se acompaña de nistagmo horizonto-rotatorio.
Es más frecuente en las mujeres que en los hombres. La edad de
mayor incidencia es la sexta década de la vida, siendo su etiología
más frecuente, en este grupo, la idiopática. Sobre los
40-50 años su causa más frecuente es postviral y en los
sujetos más jóvenes destaca el grupo postraumático.
Etiología
Puede ser postraumática, postviral e idiopática. Existen
dos teorías fundamentales sobre su etiología: teoría
de cupulolitiasis y teoría de canalitiasis.
- Teoría de la cupulolitiasis: se basa en la existencia de partículas
que se han desprendido de la mácula y que se desplazan hasta
depositarse en el canal semicircular posterior haciendo que este sea
más denso que la endolinfa que lo rodea.
- Teoría de la canalitiasis: considera que en el espacio endolinfático
de cualquiera de los tres canales semicirculares existen partículas
en suspensión; estas partículas están en movimiento
y es precisamente este movimiento el responsable de que se estimule
de forma inadecuada la cúpula del canal semicircular. Esta es
la teoría más aceptada.
Clínica
Episodios breves: desde segundos hasta varios minutos de duración,
que se desencadenan al adoptar una postura determinada, que siempre
es la misma; habitualmente al acostarse en la cama sobre un lado, o
al extender la cabeza con inclinación hacia el lado patológico.
El paciente refiere tener miedo a adoptar esa postura e incluso si la
adopta mientras duerme se despierta con una crisis vertiginosa. En algunas
ocasiones puede despertar al paciente. Una vez concluido el episodio
vertiginoso el paciente puede encontrarse inestable y esta sensación
puede durar horas. El curso clínico es variable, ocasionalmente
tiene larga duración y desaparece espontáneamente después
de semanas o meses. En algunas ocasiones se producen exacerbaciones
y periodos de remisión que pueden alternarse durante meses o
años. Casi siempre es unilateral y rara vez precisa cirugía.
Exploración
La prueba de Hallpike es positiva. Generalmente el nistagmo es rotatorio
y en una sola dirección, es decir, la fase rápida se dirige
hacia el lado opuesto de la lesión. Existe periodo de latencia,
y nistagmo y vértigo son concomitantes y fatigables. La exploración
neurológica y auditiva es normal.
Tratamiento
El principal tratamiento del vértigo posicional paroxístico
benigno es conservador. Es importante explicar al paciente que se trata
de un proceso benigno que se origina en el oído interno. Muchos
casos se resuelven de forma espontánea, sin tratamiento. Ante
un vértigo agudo es muy importante el reposo. Son bastante eficaces
los ejercicios de habituación que consisten en acercarse a la
postura que desencadena el vértigo, hasta un poco antes de la
aparición de éste, mientras se administran sedantes vestibulares.
También es útil asociar fármacos antivertiginosos
del tipo de tietilperacina, clorpromacina o dimenhidrato a sedantes
del tipo de las benzodiazepinas, que disminuyen la ansiedad que acompaña
al vértigo.
En el vértigo posicional benigno también se utilizan los
ejercicios posturales que consisten en lo siguiente: el paciente se
sienta en la cama con los ojos cerrados, a continuación se inclina
lentamente hacia un lado hasta conseguir que la cabeza contacte lateralmente
con la cama y debe permanecer en esta postura durante treinta segundos,
seguidamente, se vuelve a la posición inicial y se espera otros
treinta segundos; se repite el ejercicio hacia el lado contrario. Este
ejercicio se repite durante cinco o diez minutos en tres o cuatro veces
al día.
El tratamiento más eficaz utiliza la maniobra de Epley, basada
en la reposición de partículas flotantes en la endolinfa,
en el canal semicircular posterior, hacia el utrículo. Se coloca
al paciente en posición de Hallpike y se produce el nistagmo.
El paciente continúa en esta posición durante unos minutos
y, entonces, rota hacia el lado contrario con la cabeza girada cuarenta
y cinco grados hacia abajo. Así se consigue rotar el canal semicircular
posterior ciento ochenta grados y que las partículas que flotan
se dirijan hacia la crus comunis del utrículo. Es útil
que el paciente lleve collarín cervical durante unos días
y que se acueste semisentado. Cuando con esta maniobra no se consigue
mejoría se puede realizar tratamiento quirúrgico, como
la sección del nervio singular o la oclusión del canal
semicircular posterior.
Neuronitis vestibular
Es la segunda causa más frecuente de vértigo agudo y la
primera en jóvenes. Se trata de una pérdida brusca y unilateral
de la función vestibular.
Clínica
Se inicia de forma brusca con un vértigo intenso y rotatorio
que se acompaña de sintomatología vegetativa, pero sin
afectación coclear (acúfenos, pérdida de audición),
de poco tiempo de duración (de minutos a horas) y obliga al paciente
a encamarse y permanecer inmóvil. Habitualmente aparece en individuos
jóvenes y sanos, que durante los días anteriores han padecido
una infección viral de vías respiratorias altas Los días
siguientes al episodio vertiginoso persiste una situación de
inestabilidad de duración variable. Generalmente se trata de
una crisis única, aunque puede persistir como secuela un vértigo
postural de segundos de duración que se desencadena con los movimientos
bruscos de la cabeza. Cuando existen varias crisis son de intensidad
decreciente.

Es más frecuente en primavera y a principio del verano, y asociándose
con una infección viral de las vías respiratorias altas.
También puede producirse de forma epidémica, afectando
a varios individuos que han estado en contacto.
Exploración
Los pacientes presentan nistagmo hacia el lado sano, Romberg y desviación
corporal hacia el lado afectado. Al realizar una electronistagmografía
aparece hipo o arreflexia vestibular homolateral, siendo éste
el dato más característico de la exploración. Aunque
se trata de un proceso autolimitado, son frecuentes las recidivas. La
audiometría es normal.
Tratamiento
En la fase aguda se utilizan los sedantes vestibulares para disminuir
los impulsos del lado sano. Después de esta fase no hace falta
tratamiento, puesto que los mecanismos de compensación actúan
rápidamente en la fase de inestabilidad posterior.
Enfermedad de Ménière
Corresponde casi al 10 por ciento de los pacientes con vértigo.
El paciente sufre la tríada característica que consiste
en episodios bruscos de vértigo que es intenso y breve (de minutos
a horas de duración); hipoacusia neurosensorial fluctuante y
acúfenos. Con frecuencia pueden aparecer náuseas, vómitos
y sensación de plenitud en el oído; pero no hay dolor.
Cuando termina la crisis vertiginosa persiste una sensación de
inestabilidad residual, se recupera el nivel auditivo previo a la crisis
y desaparece el acúfeno y la sensación de presión
en el oído. No hay cuadro precipitante, aunque algunos enfermos
afirman haber comido alimentos salados antes del ataque.
Cuando el paciente tiene crisis de forma repetida la recuperación
no es total, sino que la inestabilidad empeora, se deteriora la audición
y el acúfeno se hace permanente. El vértigo suele ser
de carácter rotatorio. Inicialmente la hipoacusia presenta mayor
afectación de frecuencias graves y el acúfeno es de tonalidad
grave. Hasta en el treinta o cincuenta por ciento de los casos es frecuente
que se produzca afectación bilateral. Los periodos de remisión
pueden durar días o años. Inicialmente la enfermedad puede
debutar de diferentes maneras. Aproximadamente en un tercio de los casos
aparecen acúfenos, hipoacusia y presión ótica acompañando
a una crisis vertiginosa espontánea, de varias horas de duración,
que se sigue de inestabilidad; hasta que pasados unos días el
paciente vuelve a su situación inicial.
En los dos tercios restantes de los casos, nos encontramos episodios
aislados de hipoacusia o acúfenos (o de ambos) o acompañados
de sensación de presión ótica. Estos episodios
se pueden encontrar varios meses antes de la aparición de la
primera crisis vertiginosa. La gravedad de los síntomas residuales
dependerá de la frecuencia e intensidad de las crisis.
Etiología
La base patológica de la enfermedad es el hidrops endolinfático;
éste consiste en la dilatación del laberinto membranoso
ocasionado por el aumento de volumen de la endolinfa con respecto a
la perilinfa. Así, tiene lugar un aumento de la presión
de la endolinfa con edema endolinfático y rotura de las membranas
endolinfáticas. El término hidrops se utiliza para hacer
referencia al edema endolinfático. Existen varias teorías
capaces de explicar esta dilatación del espacio endolinfático,
alguna de las cuales postula que es debido a hipersecreción por
atrofia de la estría vascular. Otras teorías afirman que
se debe a disminución de la absorción de la endolinfa
a consecuencia de una alteración del saco endolinfático.
Esta última teoría es la que tiene más partidarios.
También se han considerado otros factores como responsables de
esta disminución de reabsorción; entre ellos destacan
las alteraciones inmunológicas, factores endocrino-metabólicos,
enfermedades infecciosas como por ejemplo la sífilis, o enfermedades
alérgicas.
Diagnóstico
Fundamentalmente se realiza basándose en la historia clínica.
La principal característica de la enfermedad de Ménière
es su evolución en crisis. En la audiometría se observa
hipoacusia neurosensorial con reclutamiento; la electronistagmografía
es útil para la valoración del grado de afectación
vestibular y frecuentemente aparece hiporreflexia vestibular. También
se utiliza para el diagnóstico la prueba del glicerol, ésta
se fundamenta en que el glicerol es un agente osmótico capaz
de ocasionar salida de los líquidos extracelulares de todos los
compartimentos corporales, incluyendo el oído interno. Se administra
al paciente por vía oral y en las dos o tres horas siguientes
tiene lugar una importante mejoría de la audición.
Exploración audiológica de la enfermedad de Ménière:
Para su exploración contamos con las siguientes pruebas: audiograma
de tono, audiograma vocal y prueba del reclutamiento. A continuación
se hace una breve referencia a cada una de ellas.
a) Audiograma de tono. Utilizado para establecer el umbral de audición
por vía aérea y por vía ósea. No es diagnóstica
de enfermedad de Ménière, sino de alteración en
la conducción por vía aérea.
b) Audiograma vocal. Consiste en la comprobación de sí
el paciente es capaz de diferenciar unas palabras de otras. Para su
realización se le dicen al paciente diferentes palabras con distinta
intensidad y se debe averiguar qué porcentaje de ellas son entendidas
correctamente. Cuando hay una alteración en la capacidad de conducción
no se altera la prueba, sin embargo, si puede alterarse en los trastornos
de percepción. El deterioro de la capacidad de discriminación
es mayor en los trastornos retrococleares.
c) Prueba del reclutamiento. Ante la sospecha de enfermedad de Ménière
hay que comprobar si el oído afectado recibe los sonidos con
mayor intensidad que el no afectado.
Tratamiento
Tratamiento farmacológico
El tratamiento farmacológico de la enfermedad de Ménière
solamente produce una mejoría pasajera. Aunque las crisis vertiginosas
se suelen controlar bien con los agentes antivertiginosos, su efecto
sobre la sordera es escaso. Es útil también el empleo
de acetazolamida (250 mg dos o tres veces al día). Se puede obtener
mejoría de la enfermedad con el uso de betahistina a dosis de
8-16 mg cada ocho horas. La betahistina tiene una acción agonista
parcial sobre los receptores H1 y H2 y antagonista sobre los H3. Actúa
produciendo vasodilatación en el oído interno inicialmente
en las arteriolas y después en los capilares y vénulas
de la estría vascular. La tolerancia a este fármaco es
buena y los efectos secundarios de tipo gastrointestinal son poco frecuentes.
Cuando no se consigue un control adecuado de las crisis o disminuir
el deterioro auditivo, está indicado el uso de corticoides. Habitualmente
se emplea prednisona a dosis de uno o dos mg diarios durante un mes.
Cuando los síntomas vegetativos son molestos se pueden utilizar
antieméticos de forma temporal. En cuanto a la dieta, es importante
disminuir el consumo de sal. El tratamiento farmacológico debe
ser complementado con un modo de vida adecuado que incluya las siguientes
medidas. Disminuir el estrés, reposo adecuado y disminuir el
consumo de alcohol y de tabaco. No existe contraindicación para
la práctica de deportes, exceptuando aquellos que sean violentos,
la aviación deportiva o de competición, o el buceo. La
natación no está contraindicada, excepto cuando se bucee,
y esto es debido a que en estos casos el aumento de presión en
el oído externo se trasmite al oído interno a través
del tímpano. El paciente debe saber que no es conveniente que
nade solo o que se aleje de la orilla, porque si aparece un vértigo
la desorientación que éste produce le dificultaría
alcanzar la orilla por sus propios medios.
La enfermedad de Ménière puede ser causa de incapacidad
laboral. Existen determinados trabajos que son incompatibles con el
vértigo o con la pérdida de agudeza auditiva; por ejemplo:
músicos profesionales, trabajadores que ejercen su función
en las alturas (pintores, limpiacristales) o profesionales del transporte
(pilotos, conductores de autobuses, taxis o camiones). En algunos países
europeos esta permitida la conducción en automóvil privado,
siempre que no se hayan experimentado crisis de vértigo en los
últimos tres meses.
Tratamiento quirúrgico
Existen varias intervenciones para el tratamiento de la enfermedad de
Ménière: drenaje del saco endolinfático, sección
del nervio vestibular y en casos de pérdida auditiva importante
se puede extirpar el laberinto del lado afectado. Es posible que el
oído sano se deteriore más rápidamente después
de la cirugía del oído afectado; también hay casos
en los cuales no desaparece la sintomatología después
de la cirugía. Aun así, en algunas ocasiones se utiliza
la cirugía, sobre todo en pacientes jóvenes con vértigo
incapacitante que no mejora con el tratamiento médico.
Variantes de
la enfermedad de Ménière
1.- Crisis ototóxica de Turmakin. Se trata de un episodio breve,
durante el cual, el paciente pierde el equilibrio y cae al suelo sin
pérdida de conocimiento o sensación de vértigo.
Sucede de forma brusca y sin pródromos.
2.- Síndrome de Lermoyez. Es una forma clínica de la enfermedad
de Ménière que aparece en el 3-4 por ciento de los casos.
Consiste en una mejoría brusca de la audición justo antes
o durante las crisis vertiginosas. Es el vértigo que permite
oír.
3.- Síndrome de Cogan. Se trata de un síndrome muy raro
de naturaleza autoinmune. Consiste en la asociación de queratitis
intersticial paroxística y recurrente (fotofobia, dolor y enrojecimiento
de los globos oculares y trastornos de la visión), afectación
cocleo-vestibular (especialmente hipoacusia neurosensorial) y aortitis.
La afectación cocleo-vestibular puede ser una autentica enfermedad
de Ménière con prueba del glicerol positiva.
Laberintitis
aguda
En la mayoría de las ocasiones se desencadena por una enfermedad
vírica. Puede originarse como complicación de una enfermedad
vírica sistémica o en ausencia de ella.
Clínica
Habitualmente, se presenta con las mismas características que
la neuronitis vestibular, pero añadiendo hipoacusia, que puede
ser grave en el lado afectado.
Se trata de un vértigo intenso que aumenta con los movimientos
de la cabeza. Cuando aparece asociado a una enfermedad vírica
sistémica se presenta hipoacusia neurosensorial, que suele ser
de carácter temporal. Los síntomas vestibulares suelen
desaparecer en las primeras 48 o 72 horas y después persiste
una sensación de inestabilidad.
Exploración
Destaca la presencia de nistagmo irritativo hacia el lado de la lesión.
Es importante diferenciar laberintitis serosa de laberintitis supurada.
La primera consiste en una inflamación del oído interno
ocasionada por irritación química del laberinto membranoso.
Se cree que está ocasionada por intoxicación del neuroepitelio
vestibular por productos de desecho de infección que están
originados en el oído medio. La laberintitis supurada se origina
por afectación del oído interno, por una infección
bacteriana durante el padecimiento de una otitis media aguda, crónica
u otras enfermedades infecciosas. En la exploración encontramos
hipertermia, vértigo e hipoacusia neurosensorial severa. Las
pruebas calóricas suelen estar disminuidas en el lado afectado.
Tratamiento
Se emplean los sedantes vestibulares y los ejercicios de rehabilitación
vestibular. En los pacientes con herpes zoster ótico (síndrome
de Ramsay-Hunt), que pueden presentar vértigo incapacitante,
acompañado de vesículas y parálisis facial, el
aciclovir ha sido útil para el tratamiento de la parálisis
facial, pero no del vértigo. En casos de infección purulenta
de oído medio o de mastoides, deben emplearse antibióticos
sistémicos. En los casos de destrucción laberíntica
secundaria a infección es imprescindible el tratamiento quirúrgico.
Fístula
perilinfática
Consiste en una conexión que no debería existir, entre
oído medio y oído interno, ocasionada por un defecto anatómico
en el laberinto óseo o en las ventanas oval y redonda. Esta alteración
puede ser congénita o adquirida.
Clínica
Consiste en hipoacusia, vértigo y acúfenos. Para el diagnóstico
se emplea la prueba de la fístula o de Lucae, ésta consiste
en introducir aire en el conducto auditivo externo, si el paciente experimenta
vértigo e incluso nistagmo se considera positiva. Con menor frecuencia,
pueden aparecer vértigos momentáneos ante los ruidos intensos,
ésto se denomina fenómeno de Tullio. Una prueba de la
fístula negativa no excluye la enfermedad, puesto que existen
casos de pacientes con fístula visualizada durante la cirugía
que tienen resultado negativo en la prueba de la fístula. Un
signo de la fístula positivo siempre indica la necesidad de exploración
quirúrgica del laberinto.
El tratamiento es quirúrgico.
Neurinoma del
acústico
Es un tumor benigno derivado de la rama vestibular del VIII par craneal
dentro del conducto auditivo interno.
Clínica
El paciente refiere más una sensación de inestabilidad
que una crisis vertiginosa. Se acompaña de hipoacusia y acúfenos.
Cuando, en la fases más avanzadas, hay afectación de estructuras
localizadas fuera del conducto auditivo interno, pueden aparecer síntomas
neurológicos como parálisis facial, paresia del motor
ocular externo, anestesia corneal debido a afectación del trigémino
y, por último, ataxia cuando se produce afectación del
ángulo pontocerebeloso.
Exploración
Destaca la presencia de hipoacusia neurosensorial sin reclutamiento.
La ausencia de reclutamiento sirve para el diagnóstico diferencial
de la enfermedad de Ménière.
El tratamiento es quirúrgico.
Vértigo
postraumático
Cuando se produce un traumatismo craneal que no origina fractura del
hueso temporal o ésta es tan pequeña que no produce afectación
laberíntica puede originarse vértigo posicional benigno
o el síndrome postraumático vestibular. Con frecuencia
nos encontramos un cuadro clínico caracterizado por vértigo,
hipoacusia y tinnitus que se denomina contusión laberíntica.
Aparece con más frecuencia después de traumatismos en
región occipital y mastoidea.
El vértigo posicional paroxístico benigno incluye el grupo
más numeroso de los vértigos postraumáticos. Cuando
se produce fractura del peñasco se origina pérdida completa
de la audición y síntomas neurológicos acompañantes
cuya intensidad depende del grado de la lesión.
Ototoxicidad
Consiste en la capacidad de ciertas sustancias químicas de producir
alteraciones celulares a nivel del oído interno, especialmente
en las neuronas del par VIII.
Entre las más destacadas se encuentran las siguientes:
- Antibióticos aminoglucósidos: se eliminan por vía
urinaria, por ello aumenta su capacidad ototóxica en personas
con insuficiencia renal. Clínicamente originan hipoacusia neurosensorial
bilateral, simétrica e irreversible debido a alteración
coclear; cuando se produce afectación vestibular existe sensación
de inestabilidad. Estas alteraciones aumentan de intensidad durante
la noche debido a que disminuye la fijación vestibular. Entre
los antibióticos aminoglucósidos, la gentamicina tiene
toxicidad selectiva sobre el vestíbulo, mientras que amikacina
y kanamicina afectan fundamentalmente a la cóclea.
- Diuréticos: fundamentalmente actúan a nivel coclear,
provocando hipoacusia. Los más ototóxicos son la furosemida
y el ácido etacrínico. Pueden incrementar la toxicidad
de los aminoglucósidos.
- Salicilatos: producen hipoacusia neurosensorial simétrica,
acúfenos e inestabilidad que ceden al suspender la medicación.
Es infrecuente la aparición de vértigo. El ácido
acetil salicílico es la sustancia ototóxica más
empleada.
- Antineoplásicos: el cisplatino es tóxico tanto para
la cóclea como para el vestíbulo.
- Fenantoína: dosis superiores a las terapéuticas son
capaces de producir alteración vestibular, caracterizada por
ataxia, visión nublada y nistagmo.
VÉRTIGOS
CENTRALES
Patología
vascular
Son la causa más frecuente de vértigo de origen central.
Generalmente afectan a personas mayores de cincuenta años. Cuando
aparece estenosis de los grandes troncos arteriales de cuello y cabeza
puede producirse disminución del aporte sanguíneo al tronco
encefálico, incluyendo el núcleo vestibular.
Entre ellas destacan las siguientes:
a) Insuficiencia vertebro-basilar: debida a arteriosclerosis que afecta
especialmente al tronco encefálico. Los síntomas se inician
de forma brusca, apareciendo vértigo o sensación de inestabilidad
con los movimientos de la cabeza.
b) Infartos:
- Síndrome de Wallemberg: debido a obstrucción de la arteria
cerebelosa postero-inferior. Clínicamente encontramos vértigo
y nistagmo en dirección opuesta a la lesión. Puesto que
existe afectación de los núcleos vestibulares pero no
de los cocleares no suele producirse hipoacusia.
- Infarto protuberancial bilateral: ocasionado por obstrucción
de la arteria cerebelosa antero-inferior. Existe afectación tanto
de núcleos vestibulares como de cocleares. Clínicamente
aparecen vértigo, náuseas, vómitos, inestabilidad
e hipoacusia.
- Infarto cerebeloso: clínica caracterizada por vértigo,
inestabilidad, ataxia, náuseas y vómitos.
- Migraña de fosa posterior: originada por isquemia transitoria
en el territorio de la arteria basilar. Clínicamente encontramos
cefalea que se acompaña de náuseas y vómitos.
Tumores
a) Tumores del ángulo ponto-cerebeloso: los más frecuentes
son los originados en la rama vestibular del VIII par o neurinoma del
acústico. Los pacientes presentan hipoacusia unilateral y progresiva
que se acompaña de acúfeno no pulsátil. Cuando
afecta estructuras externas al conducto auditivo interno, incluidas
en el ángulo ponto-cerebeloso; además de vértigo
e hipoacusia puede dar síntomas por afectación de pares
craneales: parálisis facial, diplopía, ataxia o disminución
del reflejo corneal. El tratamiento es quirúrgico.
b) Tumores del tronco encefálico: se produce mayor afectación
vestibular que coclear.
c) Tumores cerebelosos: también podemos encontrar lesiones metastásicas
o primarias cerebelosas capaces de provocar inestabilidad. Existe una
entidad denominada degeneración cerebelosa subaguda o paraneoplásica,
que no es muy frecuente (menos del 1 por ciento), y aparece en enfermedad
de Hodgkin, cáncer de pulmón de mama y de ovario.
d) Tumor glómico: se inician en el oído medio o en agujero
rasgado posterior y posteriormente crecen hasta llegar al ángulo
pontocerebeloso. Clínicamente aparece acúfeno pulsátil
e hipoacusia de conducción. Como su crecimiento es lento permiten
actuar a los mecanismos compensatorios y no suelen originar ni vértigo
ni inestabilidad.
e) Otros tumores: tumores primarios o metastásicos del hueso
temporal. Entre los metastásicos destacan los carcinomas pulmonares
de células de avena, tumores de mama, próstata y carcinoma
de células renales.
Esclerosis múltiple
En algún momento de la enfermedad es frecuente la aparición
de inestabilidad desequilibrio o vértigo (30-40 por ciento de
los casos se acompañan de vértigo). Clínicamente
evoluciona en brotes y en cada brote se pueden encontrar lesiones diferentes;
al principio, la recuperación es buena, pero después,
con cada nuevo brote pueden ir quedando secuelas definitivas. Las placas
desmielinizantes tienen cierta tendencia por situarse en el tronco cerebral,
por ello son frecuentes las lesiones vestibulares. Fundamentalmente,
se inicia en sujetos entre 18-30 años.
Exploración: una característica de la enfermedad es la
oftalmoplejía internuclear, que produce disminución de
las sacadas. Las pruebas calóricas están alteradas, por
lo general alargadas. En los pacientes que padecen la enfermedad desde
hace mucho tiempo, es frecuente la aparición de nistagmo espontáneo.
Las pruebas de seguimiento se alteran antes que las sacadas.
Hay que incluirla en el diagnóstico diferencial de cualquier
paciente que consulte por vértigo y déficit sensorial
o motor.
Vértigo psicógeno
Es más frecuente que el paciente presente sensación de
inestabilidad que de giro de objetos. Los pacientes refieren sensación
de tener la cabeza hueca, de ir flotando, como si se fueran a caer,
pero rara vez se caen. Puede aparecer en casos de depresión,
situaciones estresantes o ansiedad. En este último caso se debe
a hiperventilación.
Vértigo
cervical
Existen antecedentes de lesión cervical: traumatismo o esguince
cervical por latigazo. Las manifestaciones clínicas consisten
en dolor cervical, cefalea en región occipital, dolor en uno
o ambos brazos, vértigo, mareo o inestabilidad.
Otras alteraciones
sistémicas
a) Hipoglucemia: produce sensación de mareo pero no de vértigo
(ilusión de movimiento).
b) Hipotiroidismo: aparecen alteraciones del equilibrio que mejoran
con la utilización de hormonas tiroideas.
c) Osteosífilis.
d) Enfermedades autoinmunes: artritis reumatoide, lupus eritematoso
sistémico.
|Sumario
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