Síndromes vertiginosos
Diagnóstico
Para diagnosticar el vértigo son indispensables
una buena historia clínica y una exploración física
detallada. La mayor parte de las alteraciones vestibulares que llevan
al paciente a buscar consulta médica son de tipo episódico,
por ello, habitualmente, no encontramos síntomas ni signos cuando
se explora al paciente. De ahí, la importancia de una cuidadosa
anamnesis para identificar el problema.
Es importante saber a qué se refiere exactamente el paciente
cuando consulta por vértigo o mareo. Los pacientes pueden consultar
por desequilibrio como en el déficit sensorial múltiple;
por sensación de desfallecimiento o de pérdida inmediata
de la conciencia, como sucede en el presíncope; por sensación
de tener la cabeza hueca o de ir flotando, tal como sucede en el mareo
psicógeno; o por sensación de giro de objetos o de uno
mismo, esto es lo que aparece en el vértigo. Generalmente resulta
útil dejar que el paciente exprese con sus propias palabras como
fue el primer episodio de vértigo.
También hay que precisar la duración del episodio: el
vértigo periférico ocurre en forma de crisis breves que
pueden ser aisladas o recurrentes, el vértigo central suele ser
de mayor duración.
Es importante interrogar al paciente sobre la existencia de factores
desencadenantes: cuando aparece con los cambios de posición de
la cabeza se trata de un vértigo periférico, si se desencadena
al levantarse orienta hacia hipotensión ortostática.
Nos apoya en el diagnóstico la existencia o no de síntomas
acompañantes: el cortejo vegetativo es orientativo de vértigo
periférico, los síntomas neurológicos hacen pensar
en vértigo central y los síntomas cocleares, como acúfenos
e hipoacusia, son indicativos de vértigo periférico. Es
útil conocer que medicación toma el sujeto para otras
enfermedades concomitantes.
EXPLORACIÓN
FÍSICA
Exploración
general
Es conveniente explorar de forma completa la cabeza y el cuello; en
sujetos fumadores se explorará la laringe para excluir la presencia
de una neoplasia a ese nivel. La exploración de la laringe mediante
laringoscopia indirecta es complicada de realizar, por ello habrá
que derivar al paciente a atención especializada. Se auscultarán
el corazón y las estructuras vasculares cervicales, se comprobará
si el pulso es rítmico o arrítmico. Es importante observar
la marcha del paciente, saber si emplea algún bastón para
sujetarse. La aparición de marcha atáxica es sugestiva
de afectación del sistema nervioso central.
Exploración
otológica
- Otoscopia: permite
descartar la existencia de tapones de cera, colesteatoma, otitis, perforación
timpánica u otras alteraciones de oído medio y externo.
- Audiometría: sobre todo se realiza la audiometría tonal
que permite medir la audición objetiva por conducción
aérea y ósea, en el intervalo de frecuencias habituales
de la conversación. Se utiliza para determinar el umbral auditivo,
es decir, la menor intensidad percibida para el conjunto de las frecuencias.
- Impedanciometría: es muy útil en niños, sobre
todo en casos de otitis serosa y para diagnosticar sordera de percepción
o de transmisión. Permite dos tipos de medición que son
timpanometría y el reflejo estapediano; la primera mide el comportamiento
del sistema tímpano-osicular y el segundo mide la intensidad
del sonido necesaria para la contracción del músculo del
estribo.
- Potenciales auditivos evocados: consiste en registrar la actividad
eléctrica que se produce con la estimulación sonora, esta
información se recoge mediante electrodos situados en el cuero
cabelludo. Esta actividad eléctrica que se denomina evocada corresponde
a la actuación de todas las estructuras auditivas. Es útil
para el diagnóstico precoz de los neurinomas del acústico,
ofrece información interesante en la esclerosis múltiple
y en la afectación tumoral o vascular del tronco encefálico.
- Prueba de la fístula: también denominada prueba de presión.
Consiste en trasmitir al tímpano presiones positivas y luego
negativas. Se mide la desviación del ojo relacionada con el estímulo
y esto se considera como prueba positiva.
Exploración
neurológica
Consiste en la exploración de los pares craneales, del nivel
de conciencia, la fuerza y la sensibilidad, y pruebas de coordinación
cerebelosas. Entre estas últimas destacan:
1) Prueba palma-dorso, que consiste en la pronación y supinación
rápida de la mano, y explora la función hemisférica
cerebelosa. Si no es capaz de hacerlo, se denomina disadiadococinesia.
También se denomina prueba de la marioneta.
2) Prueba dedo-nariz: se trata de que el paciente toque con su dedo
índice, de forma alternativa, su nariz y el dedo índice
del explorador que irá cambiando de posición; cuando se
falla indica dismetría.
3) Prueba de talón-rodilla: consiste en tocar la rodilla de una
pierna con el talón del pie contrario.
Si es probable la existencia de lesión retrococlear, habrá
que explorar detalladamente los pares craneales V, VII y VIII. Para
la exploración del VIII par en atención primaria, se realiza
un examen auditivo empleando diapasones y realizando las pruebas de
Rinne y Weber. Para explorar el trigémino hay que observar el
reflejo corneal y la contracción de la mandíbula. La exploración
del nervio facial es sencilla buscando asimetrías entre los dos
lados de la cara.
Exploración
vestibular
Se diferencian las pruebas de función vestíbulo-ocular
de las pruebas de función vestíbulo-espinal. Las pruebas
de función vestíbulo-ocular exploran el nistagmo. Recordemos
que el reflejo vestíbulo-ocular es el encargado de la fijación
de la mirada durante los movimientos de la cabeza.
El nistagmo consiste en una oscilación rítmica e involuntaria
de los globos oculares que se produce en dos fases, una lenta y otra
rápida; la desviación lenta de la mirada se sigue de un
movimiento ocular rápido que devuelve el ojo a su posición
inicial. La dirección de la fase rápida es la que define
la dirección del nistagmo. Para la exploración del nistagmo
el paciente debe estar sentado, con la cabeza recta y los ojos bien
iluminados, a continuación se le hace mirar un objeto situado
a medio metro de su cara. Seguidamente tendrá que mirar al frente,
arriba, abajo, a la derecha y a la izquierda.
El nistagmo se puede clasificar como espontáneo o inducido; atendiendo
a su dirección (horizontal, vertical, horizontal-rotatorio),
según su fatigabilidad y según su grado atendiendo a su
presencia en una posición de la mirada. El nistagmo de primer
grado es aquel que aparece solamente cuando se dirige la mirada en sentido
contrario al afectado, el de segundo grado aparece en la mirada central;
y el de tercer grado se encuentra en todas las posiciones de la mirada.
El nistagmo espontáneo puede observarse fácilmente: el
explorador desplaza su dedo índice horizontalmente delante del
paciente, que deberá seguirlo con la mirada. El nistagmo inducido
se puede provocar mediante estimulación calórica (con
agua o con aire a distinta temperatura que se introducen en el conducto
auditivo externo); antes de la realización de esta prueba hay
que asegurarse que el tímpano está íntegro.
Podemos estudiar el nistagmo con los ojos al descubierto o con las gafas
de Frenzel, se trata de unas gafas con 20 dioptrias que dificultan la
fijación de la mirada.
Podemos diferenciar nistagmo fisiológico de nistagmo patológico.
El nistagmo fisiológico aparece en individuos sanos cuando se
desvía la mirada de forma considerable. La fase rápida
de la oscilación se produce en el sentido de la desviación.
Los nistagmos patológicos que aparecen en clínica pueden
ser espontáneos o posicional paroxísticos. El primero
no está producido por una estimulación externa ni por
la posición de la cabeza o de los ojos y se observa cuando se
mira la cara con las gafas de Frenzel. El nistagmo posicional paroxístico
se produce por el cambio de posición y habitualmente acompaña
al vértigo posicional benigno. Aparece cuando se realiza la maniobra
de Dix-Hallpike.
Generalmente el nistagmo periférico es unidireccional horizonto-rotatorio
y aumenta con las gafas de Frenzel. Según su intensidad podemos
clasificar al nistagmo en tres grados. El nistagmo de primer grado es
el que sólo aparece en una posición de la mirada; el de
segundo grado aparece en dos posiciones y el nistagmo de tercer grado
es el que aparece en todas las posiciones de la mirada. El nistagmo
central puede ser unidireccional; si es vertical es un nistagmo central
y no aumenta con las gafas de Frenzel.
Electronistagmografía
(ENG)
Es la prueba fundamental del sistema vestibular y consiste en el registro
de los movimientos oculares y se basa en la existencia de un dipolo
eléctrico entre la cornea y la retina; ante la existencia de
frío o calor en el laberinto los ojos reaccionan de forma característica
(respuesta oculo-vestibular o calórica). Ofrece información
sobre la localización anatómica de la lesión, sin
embargo una ENG negativa no excluye patología.
Además del nistagmo, existen otros movimientos oculares que aportan
información importante, son los movimientos de seguimiento y
las sacadas. El sistema sacádico es responsable del movimiento
rápido de los ojos, para desplazarlos de un objeto a otro. Se
trata de movimientos muy rápidos, que una vez iniciados no se
pueden detener hasta encontrar el objeto buscado. El sistema de seguimiento
es el encargado de mantener en la fóvea un objeto que se desplaza
muy despacio por el campo visual.
Posturografía
Tiene el mismo fundamento que la prueba de Romberg. El equilibrio está
basado en tres componentes: propiocepción, visión y laberinto.
Al eliminar uno de ellos la compensación debe hacerse con los
otros dos. Se emplea una plataforma que mueve al individuo hacia adelante
y hacia atrás, a continuación se registra la inclinación
del paciente que se ayuda con un mecanismo de sujeción para no
caer. Cuando el resultado de la posturografía es anormal indica
que existen alteraciones del equilibrio; pero no informa sobre su localización.
Es útil para seguir la recuperación del paciente con lesión
periférica aguda.
Aceleración
armónica
Se coloca al paciente en una silla rotatoria y entonces comienza el
giro sobre si mismo del paciente y de la silla y se eliminan los estímulos
visuales. El ojo se mueve en dirección opuesta a la cabeza. En
sujetos sanos, la dirección de la velocidad ocular de fase lenta
es opuesta a la velocidad cefálica; sin embargo, cuando existen
lesiones laberínticas o del nervio vestibular esta reacción
es anormal con retraso de la fase lenta. Esta prueba de aceleración
armónica complementa los resultados obtenidos mediante electronistagmografía
y posturografía. Al igual que la posturografía, es de
utilidad para seguir la evolución después de una alteración
de la función vestibular.
Test posicionales
o vestibulares
a) Test de Dix-Hallpike: es positivo cuando se produce vértigo
y nistagmo al colocar al paciente en decúbito supino con la cabeza
colgando 30 grados y a continuación se pasa de forma brusca a
la posición de sentado con la cabeza girada hacia un lado. Se
mantiene al paciente con los ojos abiertos durante un minuto. Se repite
la misma maniobra pero del lado contrario. En el individuo sano no ocurre
nada. Esta maniobra es diagnóstica de vértigo posicional
benigno.
b) Test de los índices de Bárany: el explorador tiene
que colocarse delante del paciente con los brazos extendidos y los dedos
índices en dirección al paciente. Este tiene que hacer
coincidir sus dedos índices con los del explorador y a continuación
debe cerrar los ojos. Si los índices se desvían, indica
afectación laberíntica del mismo lado. El paciente debe
permanecer de pie o sentado pero sin apoyo dorsal, con los ojos cerrados
y los brazos e índices extendidos hacia delante. Se espera un
mínimo de veinte segundos antes de considerar la prueba negativa.
Sólo aparece en caso de déficit unilateral recurrente;
desaparece cuando se produce compensación.
c) Reflejo vestíbulo-ocular: se la da al paciente un texto para
leer, simultáneamente se le hace girar la cabeza de forma rítmica
de un lado a otro. En caso de existir afectación vestibular no
podrá leer (osciloscopia).
d) Prueba de Romberg: explora el equilibrio. El paciente debe permanecer
en bipedestación, con los pies juntos, las manos apoyadas en
los laterales de los muslos y los ojos cerrados. No se permitirá
al paciente la utilización de las manos para sujetarse. Si hay
afectación del sistema propioceptivo, el sujeto caerá
en cuanto cierre los ojos. Si hay afectación vestibular, se producirá
lateropulsión hacia el lado afectado.
e) Prueba de Unterberger: explora el equilibrio. El paciente se coloca
de pie, con los ojos cerrados y se le invita a marcar el paso pero sin
moverse del sitio. El explorador debe mantenerse cerca del paciente,
porque algunos pueden caerse. Siempre se producirá una pequeña
desviación. Cuando el paciente se adelanta más de 50 centímetros
o gira más de 30 grados se considera positiva.
Estas dos pruebas: Romberg y Unterberger son sencillas y fáciles
de realizar en la consulta de Atención Primaria. Aunque no nos
informan sobre la localización de las lesiones.
f) Prueba de la marcha a ciegas o de Babinsky-Weill. Explora el equilibrio.
Se trata de observar al paciente cuando camina de forma alternativa
hacia delante y hacia atrás con los ojos cerrados. Durante la
marcha hacia delante tiene lugar una desviación del cuerpo hacia
el lado de la lesión y en sentido contrario durante la marcha
hacia atrás. Es la llamada marcha en estrella.
g) Prueba de Barré: el paciente deberá abrir y cerrar
los ojos. En el vértigo periférico, al cerrar los ojos,
el individuo se desviará hacia el lado afectado, esta desviación
se corrige en cuanto se abren los ojos.
Tomografía
axial computarizada (TAC)
Generalmente no se realiza una tomografía axial computarizada
hasta haber realizado la prueba de potenciales auditivos evocados y
ser ésta sospechosa de patología retrococlear. Muy utilizada
cuando se sospecha la existencia de tumores del ángulo ponto-cerebeloso
o de un tumor cerebral; los más frecuentes son el neurinoma,
seguido de meningiomas y de colesteatomas primitivos.
Otros exámenes
También es útil la información que se obtiene con
la resonancia magnética, aunque no proporciona información
sobre el hueso. Para obtener información sobre estructuras óseas
es más útil el TAC. Pueden usarse el Doppler, la arteriografía
o angiografía computarizada, cuando se sospecha insuficiencia
vertebro-basilar. Otras pruebas que se utilizan en algunas ocasiones
son el fondo de ojo, la radiografía cervical y también
la prueba del glicerol que se utiliza ante la sospecha de enfermedad
de Ménière. Cuando el TAC y la resonancia magnética
con contraste son ambiguos se realiza cisternografía neumática.
En pacientes con vértigo también se emplean estudios analíticos
como son: pruebas tiroideas, factor reumatoide, anticuerpos antinucleares,
serología de sífilis y analítica básica.
Existen diferencias con respecto a la indicación de estudios
analíticos, debido al aumento del coste que suponen.
En resumen, podemos diferenciar los vértigos de origen periférico
de los de origen central mediante los hallazgos clínicos y las
pruebas descritas anteriormente. Los vértigos de origen periférico
más frecuentes son el neurinoma del acústico y otros tumores,
seguidos por otros como la insuficiencia vertebro-basilar y la esclerosis
múltiple.
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