Enfermedad cerebrovascular en Atención
Primaria
Tratamiento
ecv
ECV ISQUÉMICA
ATEROTROMBÓTICA
Principios generales
- El tratamiento de la ECV aguda dependerá de la edad (si bien
actualmente se considera más el estado físico del paciente
que la edad de éste para decidir la utilización o no de
tratamientos agresivos), y de la etiología de la ECV.
- Es necesaria una rápida intervención en la fase aguda
de la ECV. En un infarto cerebral la finalidad inmediata es la de mejorar
al máximo la perfusión cerebral del área isquémica.
Por ello se debe derivar urgentemente al hospital a todo paciente con
sospecha de ECV.
- La fiebre es perjudicial y sea cual sea la causa debe tratarse para
no empeorar el funcionamiento neuronal.
- No se debe bajar una presión arterial elevada durante los primeros
días, salvo que ésta sea superior a 220 la PAS y/o 120
la PAD (al disminuir la presión arterial las áreas de
perfusión en "penumbra" se convierten en áreas
infartadas). Hay dos excepciones a este punto: si se ha realizado trombolisis
con activador del plasminogeno (rt-PA) se debe mantener la presión
arterial por debajo de PAS/PAD=180/110 y también debe tratarse
la hipertensión si el episodio de ECV coincide con isquemia cardiaca.
- La glucemia debe mantenerse por debajo de 150 mg/dl.
Tratamiento de
la fase aguda
- Un 5-10 por ciento de los pacientes desarrolla edema cerebral durante
las primeras 48-72 horas post-infarto, con obnubilación y riesgo
de herniación cerebral. El mayor efecto de masa del edema se
produce a los 10 días. Existe mayor riesgo de aparición
de edema en los infartos más extensos. Se puede restringir el
agua libre y utilizar manitol iv.

- La realización de trombolisis en las primeras horas post-infarto
se basa en la demostración mediante estudios angiográficos
de oclusiones arteriales en estas primeras horas. Hasta hace poco no
estaba claro el papel de dicho tratamiento, pero actualmente se ha demostrado
la utilidad de la trombolisis con rt-PA en ensayos clínicos;
así, el ensayo del NINDS (National Institute of Neurological
Disorders and Stroke) realizado con rt-PA en pacientes seleccionados,
demostró que al dar éste en las tres primeras horas tras
el infarto, si bien se producía un índice de hemorragias
cerebrales 6,4 por ciento veces superior que en los tratados con placebo,
también se reducía la mortalidad en un 4 por ciento más
que en el grupo placebo y existía un incremento de un 12 por
ciento en el número de pacientes con mínima incapacidad
residual. Otro ensayo similar realizado previamente con rt-PA por el
ECASS (European Cooperative Acute Stroke Study) se tuvo que interrumpir
ante la aparición de un exceso de hemorragias cerebrales en el
grupo tratado. La diferencia de resultados puede deberse a que el ensayo
NINDS utiliza menor dosis de rt-PA en perfusión durante intervalos
mayores y en las tres primeras horas post- infarto (el ECASS lo administra
en las 6 primeras horas post-infarto). Parece claro que la trombolisis
con activador del plasminógeno funciona, pero se deben seguir
de modo estricto los criterios de selección del ensayo NINDS
para minimizar las posibles complicaciones (Tabla XIV).
- El AAS y otros antiagregantes podrían ser beneficiosos si se
utilizan precozmente y a dosis de 160-300 mg/día, pero dicho
beneficio es escaso (disminuyen la mortalidad o discapacidad sólo
en el 1 por ciento).
- La utilización de heparina y heparinoides de bajo peso molecular
en la fase aguda no han demostrado su utilidad.
- El pronóstico de la ECV isquemica aterotrombotica es peor en
aquellos pacientes con:
- ECV isquémica y AIT previo carotídeo.
- Edad avanzada.
- Tabaquismo.
- ECV contralateral previa.
- Cardiopatía isquemica.
- Diabetes méllitus.
Por otra parte, en estos pacientes el porcentaje de recurrencias del
ECV es mayor.
ECV
ISQUÉMICA POR ÉMBOLOS CARDÍACOS
El tratamiento de la fase aguda es, en lo básico, el mismo que
en la ECV aterotrombótica. Los pacientes con ECV embólica
tienen un riesgo alto de sufrir un nuevo episodio (0,5-1 por ciento/día
durante las dos primeras semanas post-ECV) mientras persista la causa
y por ésto es aconsejable anticoagular cuanto antes ya desde
la fase aguda. Se utilizará de primera elección la heparina,
salvo en dos situaciones:
a) Infartos cerebrales extensos, en los que evitaremos el tratamiento
con heparina durante la primera semana debido al alto riesgo de hemorragia.
b) Sospecha de endocarditis bacteriana.
La duración de la anticoagulación dependerá del
riesgo de recidiva embolígena y de la lesión cardiaca
responsable.
En general se suspenderá el tratamiento anticoagulante en los
siguientes casos:
a) En el infarto agudo de miocardio (salvo disfunción ventricular
o discinesia de la pared), donde el riesgo de embolia suele remitir
a los 2-3 meses del episodio isquémico.
b) En miocardiopatías reversibles.
c) En fibrilación auricular no valvular que ha revertido a ritmo
sinusal; en este caso el mayor riesgo embolígeno se produce en
las primeras semanas posteriores a dicha reversión, por lo cual
se debe mantener el tratamiento anticoagulante hasta pasado este riesgo.
Situaciones que indican el mantenimiento del tratamiento anticoagulante
son:
a) En cualquier paciente con valvulopatía reumática, incluso
si se ha revertido la posible fibrilación auricular a ritmo sinusal
o se ha colocado prótesis.
b) Pacientes con antecedentes de una o más embolias sistémicas
y fibrilación auricular no valvular, prolapso grave de la válvula
mitral o miocardiopatía persistente con insuficiencia ventricular.
El mantenimiento del tratamiento anticoagulante se realiza con anticoagulantes
orales.
ECV
HEMORRÁGICO
Ya que la HTA es la causa más frecuente de hemorragia cerebral
debemos insistir en la importancia de realizar una adecuada prevención
de la misma mediante la captación y control de aquellos individuos
hipertensos. Otros elementos importantes en la prevención son
la evitación del alcohol y de otras substancias como anfetaminas
y cocaína.
Durante la fase aguda, un 75 por ciento de pacientes que sufren una
hemorragia intracraneal hipertensiva fallecen; el pronóstico
viene determinado por el tamaño del hematoma y su localización.
Son de peor pronóstico los hematomas supratentoriales de más
de 5 cm de diámetro y los infratentoriales protuberanciales de
más de 3 cm de diámetro.
No existe un tratamiento específico para la hemorragia cerebral,
salvo que ésta haya sido causada por una alteración en
la coagulación. Durante la fase aguda se tratará el incremento
de la presión intracraneal causada por el hematoma. El tratamiento
de la HTA debe ser cuidadoso para no empeorar el flujo cerebral con
un descenso brusco de ésta.
El tratamiento quirúrgico con evacuación del hematoma
sólo estará indicado en hemorragias cerebelosas y en determinados
casos de hemorragia intracraneal (por ejemplo, si el paciente empeora
tras ligera mejoría) que siempre serán valorados por el
neurocirujano.
Podemos resumir las actuaciones para el manejo inicial de una ECV en:
- Realizar un TAC craneal para determinar si la ECV es isquémica
o hemorrágica.
- Considerar la administración de activador del plasminogeno
(rt-PA) si el inicio del episodio ha sido hace menos de tres horas.
- Tratamiento de la HTA (evitando la hipotensión), mantener oxigenación
adecuada, administrar glucosa iv, tomar precauciones para evitar la
aspiración o la disfagia, considerar profilaxis para trombosis
venosa si el paciente no puede caminar y tratar la fiebre si existe.
- Determinar la etiología de la ECV (fibrilación auricular,
hipertensión, etc).
- Considerar el mantenimiento con AAS si no existen contraindicaciones
y han pasado más de 24 desde la administración de rt-PA
en el caso de que se hubiese dado.
|Sumario
|