Enfermedad cerebrovascular en Atención
Primaria
Prevención
ecv
La prevención
de la ECV debe implicar a todos los profesionales de la Sanidad y es una
labor fundamental en la práctica diaria de los profesionales de
Atención Primaria; constituye una de las principales actividades
en la práctica de todo el equipo de atención primaria. La
prevención es la estrategia óptima para reducir el impacto
socioeconómico y personal de la ECV.
Hablaremos de prevención primaria (prevención de la ECV
en sujetos que nunca han tenido síntomas previos de ECV) y prevención
secundaria (la realizada en aquéllos que ya han padecido un ECV).
PREVENCIÓN
ECV
Es la actuación sobre los distintos factores de riesgo de la
ECV en un intento de disminuir la incidencia de la misma. La NSA (National
Stroke Association) identifica seis factores de riesgo para ECV (HTA,
cardiopatía isquémica, fibrilación auricular, diabetes
mellitus, hipercolesterolemia y estenosis carotidea) junto con otros
cuatro factores de riesgo relacionados con el estilo de vida (sedentarismo,
dieta, tabaco y alcohol). Sobre todos ellos actuaremos en la prevención
primaria (Tabla IX).

Hipertensión arterial
Es el factor de riesgo más importante para ECV, tanto isquémica
como hemorrágica. Tanto la presión sistólica (PAS)
como diastólica (PAD) elevadas son factores de riesgo independientes
para ECV. Se ha demostrado una reducción del 42 por ciento del
riesgo de ECV con una disminución de 6 mmHg de la presión
diastólica elevada y también se ha demostrado una reducción
del riesgo de ECV con el tratamiento y disminución de la presión
arterial sistólica elevada en los ancianos (demostrado en ensayos
clínicos randomizados tanto para los bloqueantes de los canales
del calcio como para los IECA). Esta reducción del riesgo de
ECV parece deberse a la disminución de las cifras elevadas de
presión arterial, independientemente del fármaco utilizado.
El NNT (número de individuos necesario a tratar para prevenir
un evento cerebrovascular) en individuos con PAS mayor o igual a 160
fue de 120.
Se desconoce hasta que niveles debe bajarse la presión arterial
para disminuir al máximo el riesgo de ECV. Según recomendación
del Joint National Committee (JNC) se debe disminuir la presión
arterial a cifras inferiores a 140/90 mmHg sin que se haya determinado
bien cuál es el grado óptimo de reducción. Según
estudios recientes (HOT) parece existir disminución del riesgo
de ECV con descensos de presión arterial a niveles inferiores
a los recomendados por el JNC en individuos hipertensos, habiéndose
demostrado una disminución aun mayor del riesgo en pacientes
diabéticos que mantengan cifras de PAS/PAD inferiores a 130/80
(las cifras recomendadas por el JNC para estos pacientes son de PAS/PAD
menor de 130/85); según este estudio no parece sustentarse la
curva en J (indica ésta que ante determinados niveles de reducción
de la presión arterial aumentaría el riesgo de ECV), pareciendo
más importante para el riesgo de ECV una excesiva velocidad de
descenso de la presión arterial que el nivel alcanzado del mismo.
Cardiopatía
isquémica
En el primer año tras sufrir un infarto agudo de miocardio existe
un riesgo de padecer una ECV del 1-2 por ciento, que llega a ser del
30 por ciento en el primer mes tras el episodio isquémico. Se
recomienda anticoagulación oral para la prevención de
ECV, manteniendo un INR entre 2 y 3, siendo el INR óptimo de
2,5; la anticoagulación oral está indicada en los casos
de episodio isquémico con posterior trombo en ventrículo
izquierdo, disfunción ventricular o fibrilación auricular.
En el resto de los casos puede ser suficiente la administración
de antiagregantes plaquetarios, siendo de primera elección el
ácido acetil salicilico (AAS) si bien existen estudios que indican
una baja prevención del riesgo de ECV con este tipo de tratamiento.
Fibrilación
auricular no valvular
Parece clara la necesidad de utilizar los anticoagulantes orales para
prevención de ECV embólica en cualquier edad cuando existen
además otros factores de riesgo para ECV. Esta prevención
es discutida por algunos autores ante el aumento del riesgo de hemorragia
en el grupo de mayores de 75 años, por lo que recomiendan individualizar
dicha prevención.
Diabetes mellitus
El papel de la diabetes como factor de riesgo para la ECV isquémica
está claramente demostrado (riesgo relativo del doble para diabéticos
que para no diabéticos), pero no así para la hemorrágica.
Se recomienda control estricto de los niveles de glucemia aun cuando
no se ha demostrado una disminución de la incidencia de complicaciones
macrovasculares.
Hipercolesterolemia
Hay evidencias que apoyan un incremento del riesgo de ECV en individuos
con niveles altos de colesterol total o de LDL, o bajos de HDL. En algunos
estudios se demuestra una disminución del 30 por ciento de ictus
en pacientes tratados con hipolipemiantes. Varios ensayos clínicos
y un reciente meta-análisis han demostrado disminución
de los ECV tanto fatal como no fatal de un 23 por ciento en individuos
con hipercolesterolemia tratados con estatinas; aún no se conoce
a qué niveles se deben reducir las cifras de colesterol para
conseguir una mayor prevención de la ECV.
Estenosis carotídea
asintomática
El grado de estenosis puede ser el dato clave para decidir si se realiza
prevención primaria con cirugía (endarterectomía)
en individuos con estenosis carotídea asintomática aunque
distintos estudios aconsejan tratamiento médico conservador en
dicha prevención primaria.
Modificación
del estilo
de vida
Abandono del tabaco (el riesgo de ECV disminuye de forma rápida
en los que abandonan el hábito, sobre todo en los jóvenes),
abandono del alcohol, realizar ejercicio y modificar los malos hábitos
dietéticos.
Hiperhomocisteinemia
Parece existir relación entre los niveles altos y riesgo de ECV
en edades medias según apuntan los distintos estudios, riesgo
que se disminuiría con el uso de folatos a bajas dosis. Como
aún no está clara dicha relación, la deteminación
de homocisteína en sangre se reserva para aquellos casos con
evidencia de ateroesclerosis prematura y ausencia de otros factores
de riesgo.
La utilización
de anticoagulantes orales


Estará indicada además en aquellos casos de alteración
valvular cardíaca (más frecuente mitral) y en los pacientes
portadores de válvulas protésicas; en este último
caso debe mantenerse un INR algo mayor que en el resto de las indicaciones
(3,5). En la Tabla X se resumen los últimos avances en prevención
primaria de la ECV y en la Tabla XI las indicaciones de los anticoagulantes
orales.
PREVENCIÓN SECUNDARIA
Indicada en todos los pacientes que han sufrido un ECV. Además
de la actuación sobre los distintos factores de riesgo, los fármacos
utilizados para dicha prevención secundaria son los antiagregantes
plaquetarios y los anticoagulantes, quedanto el tratamiento quirúrgico
limitado a la endarterectomía corotídea.
Antiagregantes
plaquetarios
Actúan inhibiendo la formación de agregados plaquetarios
intraarteriales, agregados que se pueden formar en arterias enfermas,
induciendo la formación de trombos con estenosis de la luz o
la migración de émbolos a la circulación distal;
son de primera elección en enfermos que han sufrido un AIT o
un infarto aterotrombótico; reducen un 23 por ciento el riesgo
de presentar un nuevo episodio de ECV isquémico no fatal.
- El AAS es de primera elección, ya que se ha probado su eficacia
en múltiples estudios; es el antiagregante más extensamente
estudiado; actúa acetilando la ciclooxigenasa plaquetaria, por
lo que inhibe la formación de tromboxano A2, (con acción
agregante y vasoconstrictora); este efecto es permanente e irreversible
y dura los 8 días de vida media de la plaqueta; paradójicamente
también inhibe la formación de prostaciclina (antiagregante
y vasodilatador) por las células del endotelio vascular, pero
este efecto no aparece a dosis bajas de AAS, como son las utilizadas
para la prevención del ictus isquémico; la dosis adecuada
aún se discute y parece encontrarse entre los 300 mg/día
(por debajo de esta dosis no parece disminuir el riesgo de ECV) y los
1000 mg/día (por encima de esta dosis se incrementan los efectos
secundarios sin aumento de los beneficios). La mayoría de los
autores admiten como adecuadas, dosis entre 300-325 mg/día. El
NNT a tratar con AAS durante un año para prevenir un ECV en estos
pacientes sería de 50, siendo el gasto aproximado mensual de
1e según datos de 1999 (Tabla XII). Los principales efectos secundarios
del AAS son: malestar epigástrico, ulcus gástrico y hemorragia
gástrica, que puede ser asintomática y detectarse en analíticas
de control.

- La ticlopidina actúa bloqueando el receptor del ADP en la plaqueta,
inhibiendo la cascada que provoca la unión del fibrinógeno
a la misma y su agregación; ha demostrado ser más eficaz
que el AAS para la prevención secundaria (disminuye el riesgo
de ictus en el 25-40 por ciento) pero presenta un NNT versus AAS de
80 y, además, es preciso realizar controles analíticos
quincenales durante los tres primeros meses al presentar un 1-2 por
ciento de los tratados, neutropenia grave; otros efectos secundarios
serían aparición de rush (15 por ciento) y diarrea con
el uso continuado; el coste mensual a la dosis eficaz (250mg/12h) es
de 115 e. Se indicará de segunda elección en caso de intolerancia
al AAS o de aparecer síntomas a pesar del consumo de dosis eficaces
de AAS.
- El clopidogrel ha demostrado ser eficaz a dosis de 75mg/día,
con disminución del 30 por ciento del riesgo de ECV y NNT de
250 (siempre comparando con AAS). Sus ventajas son que siendo de la
familia de la ticlopidina no presenta sus efectos secundarios. El coste
mensual del tratamiento sería de 87 dolares.
- La combinación de AAS a dosis de 25 mg/12 horas con dipiridamol
(a dosis máximas de 200 mg/12 horas) ha demostrado ser eficaz,
pero presenta un porcentaje elevado de efectos secundarios, siendo actualmente
su uso controvertido.
Se recomendará de primera elección el AAS para la prevención,
indicándose la ticlopidina o el clopidogrel en casos de imposibilidad
de administrar el AAS (Figura 1).

Anticoagulantes
Ensayos clínicos han demostrado que se benefician del uso de
anticoagulantes orales aquellos pacientes con fibrilación auricular
y AIT o ECV previa, incluso si estos episodios sucedieron hace años
(en estos casos el riesgo de sufrir ECV recidivante es del 12 por ciento
anual). El NNT en caso de alto riesgo es de 25. No parece existir beneficio
en aquellos casos de AIT o ECV por enfermedad aterotrombótica
sin otras alteraciones, si bien en los últimos años se
ha extendido el uso de heparina iv en los AIT inestables (que progresan
o que son de comienzo reciente) y en el ictus en evolución durante
la fase aguda para evitar la progresión del mismo (que aparece
en un 20 por ciento de los ictus del territorio carotídeo y en
porcentaje más alto en ictus vertebrobasilares); también
se utilizan heparinas de bajo peso molecular para estos tratamientos;
aunque actualmente existen ensayos clínicos que estudian la eficacia
de la heparina, no disponemos aún de datos para poder recomendarla,
ya que su eficacia no está demostrada. Tampoco se ha demostrado
la eficacia del uso de los anticoagulantes orales para la prevención
del ictus isquémico, ni en su fase aguda ni en prevención
secundaria. Existe un grupo de pacientes con riesgo moderado (mayores
de 65 años con fibrilación auricular que tienen riesgo
de ECV del 2 por ciento anual y pacientes con fibrilación auricular
y HTA, cuyo riesgo es del 3 por ciento anual) en los que se debe individualizar
para determinar tratamiento antiagregante o anticoagulante oral (Figura
2).

Endarterectomía carotídea
La cirugía de la enfermedad arteriosclerótica queda limitada
a la endarterectomía de las placas localizadas en el origen de
la carótida interna cervical; es menos frecuente realizarla a
nivel de la subclavia, carótida común o en la circulación
cerebral posterior; los beneficios varían mucho dependiendo del
perfil clínico del paciente y de la tasa de complicaciones del
equipo quirúrgico, no estando indicada esta intervención
en hospitales donde las tasas de complicaciones perioperatorias (ictus
perioperatorio o muerte) sean mayores del 3 por ciento. En la estenosis
carotídea sintomática, dos ensayos clínicos, el
North American Symptomatic Carotid Endarterectomy Trial (NASCET) y el
European Carotid Surgery Trial (ECST) han demostrado importantes beneficios
en estenosis sintomáticas carotídeas mayores del 70 por
ciento, con NNT de 8 por lo que se recomienda en todos los casos (en
estos casos uno de cada cuatro pacientes sufrirán un ictus ipsilateral
en los dos años siguientes al primer episodio). Los beneficios
en estenosis sintomáticas del 50-69 por ciento son moderados,
con NNT de 20, por lo que se recomienda individualizar, sobre todo en
la mujer, en la que a igual grado de estenosis el riesgo de ECV es menor
que en el varón y la posibilidad de complicación quirúrgica
es mayor. El ECST ha demostrado que para estenosis del 0-29 por ciento
sintomáticas, el riesgo de sufrir un ictus ipsilateral es bajo
y no está indicado ningún procedimiento quirúrgico.
El ACAS (Asymptomatic Carotid Atheroesclerosis Study) demostró
que los pacientes asintomáticos con estenosis carotídea
mayor del 60 por ciento tenían riesgo bajo de sufrir ictus, por
lo que en estos pacientes se recomienda tratamiento médico.
EL
MANEJO DE
ANTICOAGULANTES ORALES EN
ATENCIÓN PRIMARIA
El tratamiento con anticoagulantes orales presenta una serie de características
entre las que destacan:
- Gran variabilidad en la dosis a dar dentro de cada paciente y del
mismo paciente, sin que sepamos a priori cual va a ser la dosis precisa
para un buen control, precisando por ello controles muy frecuentes del
nivel de anticoagulación mediante el INR (razón internacional
normalizada).
- Múltiples interacciones medicamentosas de los anticoagulantes
e influencia de otros factores variados en su control tales como dieta
más o menos rica en vitamina K, consumo excesivo de alcohol,
fiebre, etc.
- Margen terapéutico escaso.
- Complicaciones potencialmente graves (la más importante la
hemorragia que se produce por sobredosificación, apareciendo
en un 5 al 30 por ciento de los tratados).
Probablemente, estos factores han hecho que durante años (el
tratamiento con anticoagulantes orales se realiza desde hace 50 años)
el control de dicha terapéutica se haya realizado por unidades
de hematología, bien a nivel hospitalario, bien situadas en los
centros de especialidades de las áreas de salud. Ésto
provoca incremento del gasto, masificación de los servicios y
una menor satisfacción por parte del paciente, que debe desplazarse
para realizar dichos controles, con lo que ésto supone en gasto
de dinero y tiempo. Por esto en los últimos años la tendencia
es a que dicho tratamiento sea controlado en los centros de Atención
Primaria por el médico habitual del paciente y se ha comprobado
que la mayoría de los pacientes prefieren que el control sea
realizado por su médico de familia. En algunos países
europeos son los mismos pacientes quienes ya han comenzado a realizar
un autocontrol de su nivel de anticoagulación mediante el uso
de tiras reactivas, tras recibir la adecuada educación sanitaria
por parte de sus profesionales de Atención Primaria.
En general, en este nivel asistencial se podrán controlar aquellos
pacientes que continuaban acudiendo a las unidades de hematología
y presentaban niveles estables de control y aquéllos que acaban
de iniciar su tratamiento anticoagulante y mantienen unos niveles de
INR estables previo paso por las unidades de hematología.
Ventajas del seguimiento
en Atención Primaria
- Accesibilidad mayor (mayor proximidad y posibilidad de extracciones
en el mismo centro de salud o en el domicilio).
- Atención integral del paciente (es una atención global,
conociendo sus enfermedades, tratamientos, hábitos de vida, condiciones
sociales, etc.).
- Posibilidad de mejor educación sanitaria, con mayor facilidad
para influir en la autoresponsabilización y educación
del paciente.
Limitaciones
al seguimiento
en Atención Primaria
- Falta de experiencia por parte del médico de familia.
- Falta de formación específica.
- En general se tienen pocos pacientes con dicho tratamiento (se estima
que para una población de 2.000 usuarios asignados, sólo
entre 5 y 15 seguirán tratamiento con anticoagulantes) lo que
puede influir en la percepción de un esfuerzo formativo excesivo
para un porcentaje bajo de la población.
- Necesidad de actualizar conocimientos.
- Problemas de infraestructura para extracción, manejo, transporte
de muestras y recepción de resultados.
Estas limitaciones se solucionan fomentando la formación adecuada
en los médicos y facilitando el establecimiento de circuitos
para la obtención de resultados en las horas posteriores a la
extracción.
¿Cómo
determinar el INR?
- En sangre venosa: lo que precisa una adecuada estructura tanto para
el envío como para la recepción de resultados en el plazo
de unas horas.
- En sangre capilar: se precisa de coagulómetro (en número
variable dependiendo de las necesidades y posibilidades) y tiras reactivas.
Parece presentar ventajas sobre el método anterior (mayor satisfacción
del paciente, punción menos traumática, simplificación
en la obtención de resultados, mayor comodidad si la extracción
es a domicilio) y desventajas aparentes (mayor coste) si bien a largo
plazo parece ser que el coste se abarataría de modo considerable.
En diversos países el control se realiza por el mismo paciente,
quien consulta a su médico en caso de duda, mediante tiras reactivas
y coagulometro.
Pautas de manejo
Al inicio del tratamiento hay que considerar:
- El acenocumarol (Simtrom®) empieza a ser eficaz a las 48-72 horas
de la primera toma. Tras la supresión, su efecto tarda 24-48
horas en desaparecer.
- Estado nutricional del paciente (menor dosis en desnutridos).
- Sexo (en mujeres suele ser necesaria menor dosis).
- Posibles interacciones con otros medicamentos (Tabla XIII); si se
prevee añadir al tratamiento del paciente un fármaco nuevo,
intentar hacer que coincida con un control de anticoagulación.

La dosis inicial suele ser de 2 a 4 mg al día, sobre todo en
aquellos pacientes con especial riesgo de sangrado; dependiendo de la
rapidez requerida para conseguir un nivel adecuado de anticoagulación,
se puede combinar en la fase inicial con heparina iv o heparina de bajo
peso molecular hasta conseguir los niveles adecuados; en el caso de
que se decida el tratamiento anticoagulante por una patología
crónica (fibrilación auricular crónica, por ejemplo)
se puede iniciar el tratamiento en Atención Primaria con anticoagulante
oral solo, según la pauta siguiente:
- Primer día: 4 mg (un comprimido de simtrom®).
- Segundo día: 4 mg
- Tercer día: 2 mg (medio comprimido de simtrom®).
- Cuarto día: determinar INR y ajustar dosis.
Hay comprimidos de Simtrom® de 4 mg y 1 mg. Se aconseja utilizar
siempre comprimidos de la misma dosificación, fraccionando estos
si es preciso, pero sin mezclar comprimidos de diferente dosis para
evitar equívocos. En la Tabla XI se indican los valores de anticoagulación
ideales según la indicación.
Una vez iniciado el tratamiento, la pauta de manejo se va a basar en
los valores del INR:
- Para mantener el INR entre 2 y 3:
- INR menor de 2: dar una dosis adicional e incrementar la dosis semanal
en un 5-20 por ciento.
- INR entre 3-3,5: disminuir la dosis semanal en 5-15 por ciento.
- INR entre 3,6-4: no dar la dosis de ese día y bajar dosis semanal
en un 10-15 por ciento.
- INR mayor 4: no dar la dosis de ese día y disminuir dosis semanal
en 10-20 por ciento.
- Para mantener el INR entre 2,5-3,5:
- INR menor de 2: dar dosis adicional e incrementar dosis semanal en
un 10-20 por ciento.
- INR entre 2-2,4: incrementar dosis semanal en un 5-15 por ciento.
- INR entre 3,6-4,6: reducir dosis semanal en un 5-15 por ciento.
- INR entre 4,7-5,2: reducir dosis semanal en un 10-20 por ciento.
- INR mayor de 5: quitar la dosis de ese día y reducir la dosis
semanal en 10-20 por ciento.
Ante un nivel de anticoagulación no deseado siempre miraremos
primero si hay o no clínica (hemorragias sobre todo) y buscaremos
alguna causa que pueda explicar este mal control (las principales causas
de mal control son el olvido o duplicación de la dosis por el
paciente, presencia de procesos intercurrentes como fiebre, diarrea,
vómitos, ingesta de fármacos nuevos, cambios en la dieta
e ingesta de alcohol). Al modificar la dosis siempre debemos realizar
un control del INR en los 15 días siguientes (en pacientes ya
controlados y estables se suele realizar cada 30 días).
En determinadas ocasiones, por ejemplo, ante una extracción dental,
se debe retirar el tratamiento anticoagulante según la pauta
siguiente:
- Quitar el simtrom® 48 horas antes de la intervención.
- El día de la intervención dar heparina de bajo peso
molecular por la mañana; por la tarde dar la dosis habitual de
simtrom® del paciente; lo mismo el día posterior a la intervención.
- 48 horas después de la intervención retirar la heparina
de bajo peso y dar la dosis habitual de simtrom®.
Efectos secundarios
y complicaciones del tratamiento con anticoagulantes orales.
- Hemorragia: es la complicación más frecuente (aparece
entre el 6 y el 39 por ciento de los casos, con una mortalidad del 68
por ciento). Existen factores de riesgo que incrementan la posibilidad
de esta complicación y que debemos tener en cuenta a la hora
de instaurar un tratamiento con anticoagulantes (mayores de 65 años,
mayores de 75 años con fibrilación auricular no valvular,
historia de sangrado gastrointestinal e insuficiencia renal, alteración
cardiaca seria). En el caso de presentarse una hemorragia, siempre debemos
determinar si existe o no compromiso vital, para derivar a urgencias
hospitalarias; se puede administrar dosis de 10 mg de vitamina K.
- Hipersensibilidad.
- Intolerancia gastrointestinal.
- Osteoporosis.
- Alopecia.
- Prurito, urticaria.
- Uricosuria.
- Síndrome del dedo púrpura.
- Necrosis hemorrágica de la piel.
- Teratogenia, hemorragias fetales y placentarias.
Educación
sanitaria en el paciente en tratamiento con anticoagulantes orales
Dos de los errores más frecuentes en la toma adecuada del tratamiento
anticoagulante por parte del paciente son la falta de comprensión
de la pauta de tratamiento y la toma de fármacos nuevos sin consultar
con su medico. Para evitar ésto y optimizar el control de un
nivel adecuado de anticoagulacion, es necesario facilitar al paciente
una clara información previa al inicio del tratamiento y mantener
una adecuada accesibilidad para que pueda consultar las dudas acerca
de su tratamiento o de determinadas conductas a seguir (toma de nuevos
fármacos, intervenciones quirúrgicas menores, etc). Ha
demostrado su utilidad el refuerzo de la información facilitando
al paciente una hoja dónde constaran por escrito datos como la
posología diaria, fecha del próximo control y determinados
aspectos generales (no tome aspirina® ni fármacos que la
contengan, no olvide tomar su dosis, informe a su medico de cualquier
medicamento nuevo que tenga que tomar, consulte en caso de diarrea,
vómitos, palidez, cansancio, etc); también es importante
insistir en que el paciente debe llevar siempre algún documento
que facilite su identificación como consumidor de anticoagulantes
por parte de otras personas. Con una adecuada educación sanitaria
aseguraremos un mejor control de las posibles complicaciones de este
tratamiento así como una mejora en la calidad de vida del paciente.
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