Enfermedad cerebrovascular en Atención
Primaria
Métodos
diagnósticos en la ecv
Ante un paciente
en el que se sospecha una ECV aguda, bien isquémica o hemorrágica,
se debe realizar estudio y tratamiento precoz. En aquellos casos de
AIT o DNIR, existe consenso con los neurólogos sobre la necesidad
de un estudio urgente para realizar un diagnóstico precoz e instaurar
lo antes posible un tratamiento preventivo adecuado de nuevos eventos.
HISTORIA CLÍNICA
El diagnóstico preciso depende, en gran medida, de una adecuada
historia clínica, con particular interés en la detección
de factores de riesgo como hipertensión, diabetes mellitus y
arteriosclerosis.
EXPLORACIÓN
En la exploración se debe prestar especial atención a
la existencia de soplos, que debemos buscar en las carótidas,
ojos y calota craneal así como a la auscultación cardiaca
para descartar posibles arritmias o cardiopatías subsidiarias
de provocar ECV.
PRUEBAS
COMPLEMENTARIAS
Se realizará una analítica con hemograma, bioquímica
y determinación del perfil lipídico y ácido úrico
si fuera desconocido. También se deben realizar pruebas de función
tiroidea (TSH), y serología para sífilis y determinación
de tiempos de coagulación, en busca de factores que expliquen
posibles causas de trombosis o hemorragias.

Otras técnicas diagnósticas accesibles en Atención
Primaria son: la radiografía de torax (para descartar posibles
alteraciones cardiopulmonares causantes de ECV) y el ECG, que nos permite
determinar la existencia de arritmias, cardiopatía isquémica,
etc.
TÉCNICAS
DE IMAGEN
Las técnicas de imagen (TAC cerebral, RMN cerebral) y el Eco-
Doppler arterial y angiografía cerebral, nos ayudarán
a llegar a un diagnóstico definitivo.
En el caso concreto de los pacientes que han sufrido un AIT, se recomiendan
distintas pruebas, encaminadas a buscar causas del AIT y la asociación
con otros factores de riesgo modificables, y a determinar el pronóstico
(Tabla VIII).
Enfermedad aterotrombótica de la arteria carótida interna
y de sus ramas
- TAC: identifica o excluye una hemorragia como causa del ECV; también
identifica tumores, abscesos y otras alteraciones que pueden simular
una ECV. Mediante esta técnica se puede tardar en ver un infarto
cerebral entre 24-48 horas tras su inicio y en caso de infartos corticales
pequeños o en aquellos localizados en fosa posterior puede dar
falsos negativos, por lo que en ocasiones se realiza TAC con contraste,
más específica y sensible.
- RMN: informa de la extensión y localización del infarto,
de modo fiable, a la hora de haberse iniciado. También identifica
hemorragias intracerebrales, tumores, etc.
- Eco-Doppler: indicado en el estudio de posibles estenosis de la arteria
carótida y sus ramas. Es un procedimiento no invasivo, cada día
más utilizado en el estudio de pacientes asintomáticos
con soplos carotídeos detectados en una exploración rutinaria.
Puede llegar a no detectar alteraciones en un 30 por ciento de los casos
(falsos negativos) y además no diferencia entre una estenosis
completa e incompleta, lo que es muy importante en determinadas situaciones
clínicas, pero es capaz de detectar estenosis en el origen de
la arteria carótida interna y permite estudiar el flujo sanguíneo
de las arterias cerebrales media, anterior y posterior. Mediante la
determinación de este flujo puede detectar estenosis en estas
arterias y, de manera indirecta, sospechar estenosis en la arteria vertebral
o basilar, al observar un incremento del flujo sistólico.
- Angiografía por RMN: técnica no invasiva que permite
obtener imágenes del flujo arterial; es especialmente útil
para identificar lesiones de la región carotídea extracraneal,
aunque tiende a sobrevalorar el grado de estenosis y tampoco es capaz
de diferenciar entre estenosis completas o incompletas. Por datos indirectos
también puede valorar el flujo intracraneal y, en combinación
con otras técnicas como la ecografía transcraneal, puede,
en determinados casos, evitar la realización de una angiografía.
- Angiografía con contraste: continúa siendo el método
más preciso y fiable en el estudio vascular cerebral y puede
detectar prácticamente cualquier alteración arterial.
Entre el 0,5 por ciento al 3 por ciento de los casos aparecen complicaciones,
siendo las principales el ictus, la alergia al contraste y la insuficiencia
renal, por lo que la realización de esta prueba debe individualizarse,
valorando el riesgo-beneficio. Debido a los riesgos que presenta, en
muchos casos está siendo sustituida por otras técnicas
no invasivas.
Enfermedad aterotrombótica
del sistema vertebrobasilar
- RMN: es más sensible que la TAC para el diagnóstico
de infartos cerebelosos e incluso de infartos bulbares laterales, permitiendo
el diagnóstico también en fases más precoces.
- Angiografía por RMN: muy útil en el estudio de los infartos
en el territorio de la arteria vertebral y cerebelosa posteroinferior,
habiendo sustituido a la angiografía con contraste en muchos
casos.
- Doppler transcraneal: permite conocer la intensidad del flujo de la
arteria vertebral, pero es poco útil para detectar lesiones estenóticas.
La arteria cerebral posterior puede estudiarse con TAC, RMN o RMN combinada
con Doppler transcraneal, con buenos resultados.
- Angiografía con contraste: sigue siendo el método más
sensible y específico para el estudio de infartos en el territorio
de la arteria basilar, pero sólo se recomienda su realización
si la RMN es incapaz de detectar la lesión sospechada en la arteria
basilar, ya que puede provocar un ictus e incluso la muerte.
Enfermedad lacunar
- TAC: detecta la mayoría de los infartos lacunares supratentoriales.
- RMN: detecta infartos lacunares tanto supra como infratentoriales
siempre que estas lagunas midan 5 mm o más.
ECV por émbolos
cardiogénicos
- TAC: cuando se realiza precozmente puede ser negativa, pero ayuda
a descartar, en las primeras horas tras el ictus, la existencia de una
hemorragia cerebral y, posteriormente, nos permite ver la extensión
y localización del infarto.
- RMN: es la técnica más sensible para el diagnóstico
de infartos de origen embólico.
En los casos en que se sospecha como etiología del ictus un émbolo
cardíaco (pacientes jóvenes, antecedentes previos de cardiopatía,
crisis epiléptica al inicio del ictus, infartos multifocales
o hemorrágicos) realizaremos para confirmar o descartar esta
posibilidad:
- Holter ECG: puede demostrar la existencia de una arritmia intermitente
antes no detectada.
- Ecocardiograma: descarta valvulopatía mitral, trombos o tumores
intracardíacos, existencia de miocardio acinético, etc;
se discute si es necesario realizar ecocardiografía de rutina
ante cualquier episodio de AIT, infarto cerebral o sólo ante
la sospecha de ECV de origen embolígeno, existiendo estudios
y análisis coste-efectividad con resultados dispares al respecto;
la mayoría de los autores recomiendan no realizar dicha prueba
de rutina; existe también controversia respecto a la realización
de ecocardiografía transtorácica o transesofágica.
Según algunos autores debería realizarse, de entrada,
ecocardiografía transesofágica, ante los resultados no
siempre satisfactorios de la transtorácica. Otros opinan que
se realizará primero la transtorácica, reservando la ecocardiografía
transesofágica para aquellos casos de sospecha de cardiopatía
embolígena con ecocardiografía transtorácica negativa.
Hemorragia intracraneal
- TAC: detecta de forma fiable todas las hemorragias focales de 1 cm
o más de diámetro.
- RMN: no suele ser necesaria, salvo en el estudio de hemorragias de
fosa posterior, donde el TAC puede ser negativo al superponerse distintas
estructuras.
- Angiografía: está indicada si la causa de la hemorragia
no es claramente hipertensiva o bien no tiene la localización
típica de las hemorragias hipertensivas.
- Punción lumbar: debe evitarse ante el riesgo de provocar una
herniación cerebral.
Hemorragia subaracnoidea
La causa más frecuente es la rotura de un aneurisma sacular.
La rotura de una malformación arterio-venosa (MAV) o la extensión
al espacio subaracnoideo de una hemorragia intracerebral son causas
menos frecuentes. Para el diagnóstico realizaremos:
- TAC: el dato clave es la presencia de sangre en el líquido
cefalorraquídeo, que en el 80 por ciento de los casos aparece
en cantidades suficientes para poder ser detectada mediante ésta
técnica.
- Punción lumbar: sólo indicada previa a un TAC si no
disponemos de otros medios para descartar una hemorragia subaracnoidea.
En el caso contrario, se realizará primero la TAC y si ésta
es negativa y la sospecha de hemorragia subaracnoidea es clara, realizaremos
punción lumbar.
- Angiografía: indicada para el estudio de la causa de la hemorragia
una vez diagnósticada ésta.
|Sumario
|