Enfermedad cerebrovascular en
Atención Primaria
Enfermedad
cerebro/vascular isquémica
En los episodios
de isquemia cerebral, a los 10 segundos del cese del flujo, se produce
una inhibición del metabolismo cerebral. Si la obstrucción
cesa en este momento, la recuperación es brusca y completa, pero
si persiste se produce lesión neuronal. Esta lesión del
tejido neuronal si se recupera lo hace en minutos u horas y en general
es incompleta. En esta fase puede darse el fenómeno de "no
reflujo": edema del endotelio capilar ante el acumulo de metabolitos
tóxicos, que provoca una interrupción del flujo sanguíneo
incluso una vez resuelto el trombo.
Isquemias más prolongadas causan lesión neuronal con necrosis
e infarto. En los siguientes 2 a 4 días puede añadirse
la aparición de edema cerebral, con agravamiento de la clínica
y de las lesiones.
La ECV isquémica se divide en dos grandes categorías:
trombótica y embólica, si bien es frecuente que no llegue
a conocerse la causa exacta de la isquemia. Se utiliza el término
aterotrombótico o trombótico cuando el episodio se produce
por una probable trombosis en pacientes ancianos que tienen otras manifestaciones
de ateroesclerosis. Los ictus trombóticos suelen presentarse
con signos fluctuantes e intermitentes, que empeoran a lo largo de varios
minutos u horas; sus síntomas y signos dependen de la localización
de la oclusión y de la circulación colateral que queda
indemne, pudiendo darse cualquier síntoma de disfunción
cerebral, si bien la presentación típica sería
la aparición brusca de una hemiparesia en un individuo con ateroesclerosis;
puede verse afectada tanto la circulación anterior (carotídea)
como la posterior (vertebrobasilar); la arteria territorio del carotídeo
más frecuentemente afectada es la arteria cerebral media; en
los infartos lacunares se afectan las ramas lenticuloestriadas de esta
arteria.
Los episodios ECV embólicos suelen presentarse con un déficit
neurológico que es máximo desde el comienzo. El origen
más frecuente de los émbolos es el corazón.




Dentro de la ECV isquémica consideramos:
ACCIDENTE
ISQUÉMICO TRANSITORIO (AIT)
Episodios de déficit neurológico focal correspondientes
a uno o a varios territorios vasculares con una duración de esta
pérdida de función no mayor de 24 horas (acuerdo arbitrario).
No se consideran AIT episodios "relámpago" de pocos
segundos de duración. El episodio de AIT, en general, no suele
durar más de una hora, siendo lo más frecuente que dure
entre 15 y 30 minutos, con recuperación rápida, sin ninguna
secuela.
La incidencia de AIT es de 30-80 casos/100.000 habitantes/ año
y la prevalencia de 300/100.000. El 40 por ciento de los pacientes con
un episodio de AIT sufrirán una ECV establecida, apareciendo
ésta en el 50 por ciento de los casos en los tres meses siguientes
al episodio de AIT. Los AIT se producen por la existencia de ateroesclerosis
con formación de aterotrombosis, generalmente en el origen de
la carótida interna, aunque también se pueden originar
por las mismas alteraciones en el territorio vertebrobasilar. La disminución
de flujo cerebral se produce bien por estenosis bien por embolización
de un trombo a los vasos cerebrales. Cierto porcentaje de AIT se debe
a émbolos cardíacos o sistémicos.
Las manifestaciones clínicas del AIT dependerán del territorio
afectado.
Los AIT del territorio carotídeo representan el 60-80 por ciento
de todos, y uno de sus síntomas más comunes es la ceguera
monocular (amaurosis fugax), que simula una sombra que progresa desde
arriba hacia abajo; cuando se asocia a hemiparesia contralateral (síndrome
óptico-piramidal) indica alta posibilidad de patología
oclusiva importante del territorio carotídeo. La disfasia (cuando
se afecta el hemisferio dominante) es signo inequívoco de afectación
carotídea, pudiendo ser: receptiva (no comprende lo que se dice);
nominal (piensa las palabras y las escribe pero no las dice); de Broca
(entiende pero no puede hablar con fluidez); global y habla disártrica
(incoordinación de los músculos del habla). Las alteraciones
motoras o sensitivas afectan en general a la cara, miembro superior
o inferior contralateral y el paciente lo describe como sensación
de torpeza o pesadez.
En caso de un AIT del territorio vertebrobasilar hay que tener especial
cuidado, ya que suelen aparecer síntomas como el vértigo,
inestabilidad, diplopia y pérdida brusca del tono muscular (drop
attack) que pueden corresponder o no a un ictus isquémico vertebrobasilar.
En general, la presencia aislada de éstos síntomas no
es diagnóstica de un AIT. Síntomas característicos
de estos AIT son los defectos visuales binoculares (escotoma, diplópia,
pérdida total de visión).
DÉFICIT
NEUROLÓGICO ISQUÉMICO REVERSIBLE (DNIR)
Actualmente se engloba junto con los AIT y los ictus menores en un mismo
grupo de entidades, ya que su etiología, pronós-
tico y tratamiento son iguales. En el DNIR existe una pérdida
de función cerebral de más de 24 horas de duración
pero con recuperación en un plazo inferior a dos semanas sin
secuelas.
INFARTO
CEREBRAL
Es el conjunto de manifestaciones clínicas de instauración
aguda o subaguda provocadas por disminución del aporte circulatorio
cerebral, con déficit neurológico de duración superior
a 24 horas. Según su evolución pueden ser: ictus de evolución
y progresivo e ictus estable; y de acuerdo a su etiopatogenia, podrían
clasificarse en aterotrombótico, lacunar, embólico y hemorrágico.
Ictus en evolución
y progresivo
El cuadro clínico empeora durante el proceso de observación.
Puede estar causado por un trombo progresivo que se extiende obliterando
los vasos colaterales, por depósito de material trombótico
en la zona de ulceración de la placa con obliteración
de la luz del vaso o por la aparición de edema cerebral con aumento
de los síntomas.
Ictus estable
Existe un período de 24 horas para el territorio carotídeo
y de 72 para el vertebrobasilar, en el que no hay progresión
del déficit. Si evoluciona a una regresión completa de
los síntomas en menos de dos semanas, hablamos de un DNIR. Si
el déficit neurológico se mantiene más de 2-3 semanas
nos encontramos ante un ictus establecido.
Ictus aterotrombótico
Secundario a oclusión de los vasos por ateroesclerosis (hay que
demostrar ésta por EcoDoppler u otras técnicas para llegar
al diagnóstico). Son los ictus de origen isquémico más
frecuentes.
Ictus lacunar
El infarto lacunar se produce por oclusión aterotrombótica
o por lipohialinosis de las ramas perforantes profundas cerebrales del
polígono de Willis, del tronco principal de la arteria cerebral
media o del sistema vertebrobasilar. Se provocan pequeños infartos
"lacunares" o lagunas. Los infartos lacunares son responsables
del 20 por ciento de todas las ECV y su principal factor de riesgo es
la hipertensión arterial (HTA).

Los síntomas más frecuentes son la hemiparesia motora
pura (afecta en general a la cara, extremidad superior e inferior, incluyendo
el pie y los dedos del pie), ictus sensitivo puro, hemianopsia atáxica,
disartria con mano o brazo torpes y hemiparesia motora pura con afasia
motora.
Ictus embólico
Oclusión arterial por un émbolo proveniente en general
del corazón. La embolia de origen cardíaco es responsable
de un 15 por ciento de todos los ictus isquémicos. El émbolo
suele proceder de material trombótico formado en la pared de
una aurícula o ventrículos dilatados o en el sistema valvular
izquierdo del corazón. Las causa más frecuente de estos
ictus es la fibrilación auricular no reumática (el riesgo
medio de los pacientes que la tienen de padecer un ictus es del 5 por
ciento) (Tabla V).
Los émbolos suelen alojarse con más frecuencia en la arteria
cerebral media o alguna de sus ramas.
Los síntomas dependen del territorio afectado y son similares
a los provocados por un infarto aterotrombótico, con una diferencia
importante: en el episodio embólico el déficit es máximo
desde el inicio.
Existen algunos síndromes neurológicos que tienen típicamente
origen embólico, como son el síndrome opercular frontal
(debilidad facial con afasia o disartria grave), el síndrome
braquial o de la mano (parálisis del brazo o de la mano) y la
aparición aislada de afasia de Wernicke o de Brocca.
Ictus hemorrágico
Es aquel infarto isquémico en el que se produce rotura de la
barrera hemato-encefálica con extravasación de sangre.
Suele producirse en infartos embólicos o en pacientes anticoagulados.
Clínicamente, según el territorio afectado, podemos distinguir
distintos síndromes, alguno de los cuales son:
- Síndrome de la arteria cerebral media: si se produce la oclusión
del tronco de la arteria, aparece un síndrome completo, con hemiplejia
contralateral, hemianestesia y hemianopsia homónima. Cuando se
afecta el hemisferio dominante aparece afasia global y si es el no dominante
apractognosia y anosognosia. También puede aparecer disartria.
Los síndromes parciales, producidos por la oclusión de
una sola rama, se manifiestan por pérdida de fuerza aislada de
la mano o de la mano y extremidad superior (síndrome braquial)
o debilidad facial con afasia motora, con o sin pérdida de fuerza
de la extremidad superior (síndrome opercular frontal).
- Síndrome de la arteria cerebral anterior: parálisis
de la extremidad inferior y del pie contralaterales, con un grado menor
de paresia de la extremidad superior contralateral, déficit sensitivo
en los dedos del pie, pie y extremidad inferior, incontinencia urinaria
y reflejo de presión palmar contralateral. Otros signos y síntomas
que pueden aparecer son la abulia (mutismo acinético), apraxia
de la marcha (con alteración de la marcha y de la bipedestación),
etc.
- Síndrome de la arteria cerebral posterior: los síndromes
más frecuentes se producen por la aparición de signos
mesencefálicos, talámicos y subtalámicos, causados
por la afectación del segmento precomunicante (territorio periférico)
de la cerebral posterior y signos corticales de los lóbulos temporal
y occipital, debidos a oclusión del segmento postcomunicante
(territorio central). Los signos y síntomas más frecuentes
en la afectación periférica son la hemianopsia homónima
(que puede ser bilateral) con paresia leve o inexistente, pérdida
sensitiva importante y dislexia verbal sin agrafia; otros síntomas
pueden ser las alucinaciones visuales no estructuradas o alucinaciones
complejas, alteración de la memoria, desorientación topográfica.
En la afectación central aparece el síndrome talámico
(pérdida de sensibilidad, dolor y disestesias espontáneos,
temblor intencional, etc), síndrome talamoperforante (ataxia
cerebelosa con parálisis del III par), síndrome de Weber
(parálisis del III par y hemiplejia contralateral), etc.

- Afectación de las arterias vertebral y cerebelosa posteroinferior:
cuando se produce un infarto, afecta con más frecuencia a la
parte lateral del bulbo raquídeo con o sin afectación
de la región posteroinferior del cerebelo, causando el síndrome
de Wallemberg (adormecimiento facial homolateral con ataxia cerebelosa,
síndrome de Horner y hemiparesia contralateral). Pueden añadirse
a éstos síntomas vértigo, nauseas, hipo y disfagia.

- Afectación de la arteria basilar: el cuadro completo de isquemia
en el territorio basilar es fácil de reconocer, ya que provoca
una combinación de signos bilaterales de vías largas (sensitivas
y motoras) con signos de disfunción de los pares craneales y
cerebelosos. Con una afectación de la porción medial de
la protuberancia encontramos oftalmoplejia internuclear con parálisis
fija de la mirada y debilidad generalizada. Sospecharemos afectación
de la porción lateral protuberancial con la aparición
de pérdida sensitiva severa con acúfenos, sordera y afectación
cerebelosa.
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