Cefaleas en Atención Primaria
Cefaleas
secundarias
Bajo este nombre
se agrupan una serie de cefaleas secundarias a alteraciones estructurales
o metabólicas identificables. Engloban desde cuadros leves (sinusitis)
a otros potencialmente graves y mortales si no se diagnostican y se
tratan a tiempo, de ahí la importancia de saber reconocerlas
o al menos sospecharlas. En general, representan menos del 5 por ciento
del total de cefaleas.
Existe una serie de características que alertan de la posibilidad
de que nos encontremos antes una cefalea secundaria grave (Sánchez
Menoyo, J.L., 1998):
- Papiledema.
- Exploración neurológica anormal.
- Síntomas neurológicos atípicos para una migraña:
alteración de los pares craneales, amaurosis fugaz, síndrome
de Horner, movimientos anormales, ataxia, comienzo brusco, déficits
neurológicos muy prolongados (horas o días), comienzo
reciente de síntomas neurológicos diferentes al aura visual
típica.
- Síntomas sistémicos: fiebre, pérdida de peso,
tos persistente, etc.
- Cambios de carácter, personalidad o deterioro cognitivo.
- Confusión o somnolencia
- Convulsiones
- Cefaleas intensas desencadenadas por tos, ejercicio físico,
actividad sexual o determinadas posturas.
- Historia de coagulopatías, uso de anticoagulantes o neoplasia
maligna.
- Cefalea grave de inicio súbito.
- Cefalea subaguda de carácter progresivo durante días
o semanas.
- Cambio importante en las características de una cefalea de
curso crónico.
- Inicio de una cefalea de características migrañosas
en un paciente de mediana edad.
- Inicio reciente de una migraña atípica que no tenga,
al menos, una de las siguientes características de benignidad:
aparición con la menstruación, mejoría durante
el embarazo, mejoría con el sueño, desencadenantes tipo
alcohol, comidas, olores o cambios de tiempo.
Ante la sospecha de que una cefalea pueda deberse a una causa secundaria
deberemos realizar aquellas exploraciones complementarias necesarias,
por lo que en la mayoría de los casos, estos pacientes deberán
ser derivados, bien a una consulta de neurología o si sospechamos
una patología que requiera un tratamiento urgente a un servicio
de urgencias hospitalario.
A continuación describiremos aquellas patologías que por
su importancia o frecuencia son de mayor interés para el médico
de familia.
ARTERITIS
DE LA TEMPORAL
Es una panarteritis sistémica que afecta a arterias de mediano
y grueso calibre, afectando con mucha frecuencia a ramas extracraneales
de la arteria carótida.
Tiene una incidencia de aproximadamente 10 casos por 100.000 habitantes,
afecta fundamentalmente a mujeres (65 por ciento) y en el 95 por ciento
de los casos a mayores de 50 años.
Los síntomas suelen ser inespecíficos. En el 60 por ciento
de pacientes aparece una cefalea generalmente unilateral localizada
en la región frontotemporal, de carácter continuo e intenso
y que característicamente empeora por la noche y con el frío.
Otros síntomas acompañantes suelen ser fiebre, pérdida
de peso, artralgias o polimialgia reumática (50 por ciento) y
claudicación mandibular, que es muy característica y aparece
en un 40 por ciento de pacientes.
En la exploración física podemos encontrar engrosamiento
de la arteria temporal ipsilateral al dolor e hiperestesia a la palpación.
En la mitad de los casos no se aprecia pulso.
El diagnóstico se basa en la clínica, exploración
física y en los datos de laboratorio, puesto que prácticamente
en la totalidad de casos encontraremos una velocidad de sedimentación
globular elevada. La buena respuesta al tratamiento con corticoides
se considera un criterio diagnóstico, aunque la confirmación
diagnóstica precisa de una biopsia de la arteria temporal.
La complicación más grave es la pérdida de visión
generalmente secundaria a neuritis óptica isquémica y
que puede ocurrir hasta en el 50 por ciento de pacientes no tratados.
Es más frecuente en los tres primeros meses, de ahí la
importancia del diagnóstico y tratamiento precoz.
El tratamiento de elección son los corticoides orales, a dosis
de 1-1,5 mg por kg/día, que se debe iniciar lo antes posible
y que se mantiene hasta la desaparición del dolor y normalización
de la VSG reduciendo posteriormente la dosis de modo gradual hasta alcanzar
una dosis de mantenimiento de 5-10 mg/día durante un periodo
de 1-2 años. En caso de intolerancia a los corticoides, se puede
utilizar ciclofosfamida.
CEFALEA
POSTRAUMÁTICA
Es aquélla que aparece en los 14 días siguientes a un
traumatismo craneal, y se clasifica en aguda si desaparece en menos
de 8 semanas y en crónica su dura más de 8 semanas.
Tiene una incidencia que oscila entre el 33-83 por ciento tras un traumatismo
craneoencefálico y tiene una frecuencia inversamente proporcional
a la severidad de éste, de modo que es más frecuente en
traumatismos craneoencefálico (TCE) leves.
Tras un TCE habitualmente aparece una cefalea de carácter tensional
que es transitoria y que se puede acompañar de hipersensibilidad
en la zona del traumatismo; desaparece en días o semanas. Sin
embargo, hasta un 30 por ciento de pacientes presentan una cefalea asociada
a mareos, vértigos, disminución de memoria, ansiedad,
disminución del apetito, etc. y que se mantiene durante meses
o años.
Parece ser que los factores psicológicos jugarían un papel
importante en la persistencia de los síntomas.
El tratamiento de la cefalea postraumática aguda consiste en
analgésicos y/o relajantes musculares , mientras que en la crónica
el manejo es más complejo añadiendo al tratamiento farmacológico
antidepresivos tricíclicos y psicoterapia.
HEMATOMAS
INTRACRANEALES
Hematoma intracerebral
o intraparenquimatoso
Suponen el 3-10 por ciento de los accidentes cerebrovasculares. Cursan
con cefalea en alrededor del 30 al 60 por ciento, fundamentalmente los
hematomas cerebelosos y los lobares.
La cefalea es de comienzo súbito y se acompaña de obnubilación
y signos focales. Además, se ha descrito una cefalea centinela
que precede a la hemorragia en el 15 por ciento de los casos.
La causa más frecuente es la hipertensión arterial no
controlada (50 por ciento) y en estos casos suelen ocurrir durante la
actividad. La localización más frecuente de la hemorragia
es el putamen y los ganglios de la base. Otras causas de hemorragia
intraparenquimatosa son malformaciones vasculares, rotura de aneurismas,
tumores, trastornos de la coagulación, arteritis cerebral, etc.
Hematoma epidural
Generalmente secundario a la rotura de las arterias meníngeas
medias tras un traumatismo craneal grave asociado a fractura de cráneo.
Es más frecuente en los niños.
Tras una pérdida inicial de conciencia, se desarrolla una cefalea
progresiva asociada a vómitos, signos neurológicos focales
y crisis, produciéndose un rápido deterioro hasta llegar
al coma.
Constituye una emergencia quirúrgica, y se debe derivar urgentemente
al hospital. Se aconseja coger vía venosa y administrar, si se
dispone de ello, manitol iv a dosis de 0.5-1 mg/kg a pasar en 15-20
minutos.
Hematoma subdural
Secundario al sangrado dentro del espacio subdural, puede ser: agudo
tras un traumatismo o, más frecuentemente, subagudo o crónico,
que van produciendo síntomas en días o semanas. La cefalea
aparece en el 60 por ciento de los casos y suele ser severa y se exacerba
con mínimos golpes, se acompaña de gran variedad de síntomas
inespecíficos como cambios fluctuantes en el nivel de conciencia,
alteraciones de la marcha, debilidad focal, etc., lo que dificulta su
diagnóstico. Hasta en un tercio de los casos no se reconoce traumatismo
previo.
Debe sospecharse en pacientes alcohólicos con cefalea, epilépticos,
mayores de 60 años y aquéllos en tratamiento anticoagulante.
HEMORRAGIA
SUBARACNOIDEA
Generalmente se debe a la rotura de un aneurisma o una malformación
arteriovenosa. Aunque puede aparecer a cualquier edad, la media son
los 50 años y afecta algo más a las mujeres. La prevalencia
se estima en 16-28 por 100.000 habitantes.
La cefalea aparece prácticamente en la totalidad de los pacientes
y suele ser de intensidad muy severa (definida como "la peor que
he tenido en mi vida"), de aparición brusca y localización
difusa y se acompaña de náuseas, vómitos y ocasionalmente
de otros síntomas como convulsiones, letargia, debilidad, síncopes,
etc. Aunque a veces se desencadena por esfuerzos bruscos, generalmente
ocurren durante la actividad habitual.
En la exploración física podemos encontrar rigidez de
nuca (78 por ciento), paresia del III par craneal y hemorragia retiniana,
prerretiniana o edema de papila (aunque ésta suele aparecer varios
días después del sangrado). En ocasiones, la exploración
física será normal.
La sospecha debe confirmarse mediante TAC de forma urgente y posteriormente
estudio angiográfico.
El tratamiento definitivo será el del aneurisma o malformación
vascular.
CEFALEAS
E HIPERTENSIÓN INTRACRANEAL
Hipertensión
intracraneal benigna
Se caracteriza por aumento de la presión intracraneal, sin evidencia
de lesiones focales, hidrocefalia o edema cerebral.
Es más frecuente en mujeres, generalmente obesas entre los 20
y 40 años.
La fisiopatología es desconocida pero se cree que el aumento
de la presión intracraneal es secundario a un aumento de producción
de líquido cefalorraquídeo.
La cefalea se presenta en el 95 por ciento de los casos, es de carácter
sordo o pulsátil, generalizada y característicamente interrumpe
el sueño, empeora por la mañana y se agrava con la maniobra
de Valsalva y los esfuerzos. Junto a la cefalea aparecen alteraciones
visuales como eclipses visuales (pérdida brusca de visión
mono o binocular de unos segundos de duración), aumento de la
mancha ciega, diplopia e incluso ceguera total en el 5-10 por ciento
de los casos.
En la exploración física encontraremos papiledema bilateral
hasta en el 99 por ciento de los pacientes.
El diagnóstico se basa en demostrar un aumento de la presión
en el líquido cefalorraquídeo (más de 200 mm de
H2O), siendo el estudio bioquímico del LCR y las pruebas de neuroimagen
normales.
El síndrome se asocia a alteraciones endocrinológicas
(obesidad, enfermedad de Addison, hipoparatiroidismo), suspensión
del tratamiento con corticoides, hipervitaminosis A, y fármacos
(terapia sustitutiva con hormonas tiroideas y tetraciclinas)
El tratamiento consiste en pérdida de peso si existe obesidad,
punciones lumbares repetidas, diuréticos del tipo acetazolamida
y furosemida, y corticoides si fallan los diuréticos. En los
casos refractarios se debe plantear tratamiento quirúrgico mediante
derivación ventrículoperitoneal o lumboperitoneal.
Hipertensión
intracraneal secundaria
Son múltiples los procesos que pueden causar hipertensión
intracraneal: malformaciones, tumores, infecciones, traumatismos, accidentes
cerebrovasculares, etc.
En estos casos, la cefalea suele ser un síntoma precoz y es de
carácter difuso, frontoocipital, de intensidad severa, empeora
por la mañana y suele despertar del sueño, y aumenta con
las maniobras de Valsalva y los cambios de postura. Se acompaña
de síntomas como náuseas, vómitos, edema de papila,
parálisis oculomotoras o crisis convulsivas, entre otros.
CEFALEA
POSPUNCIÓN LUMBAR
Aparece en un tercio de las punciones lumbares, generalmente, en las
primeras 48 horas y dura unos 4 a 8 días, aunque se han descrito
casos de hasta meses de duración. Es más frecuente en
mujeres, jóvenes y cuando se utilizan agujas de mayor calibre.
La pérdida de LCR provoca dolor por el desplazamiento y estiramiento
de la membrana dural y los vasos intracraneales.
La cefalea suele ser bilateral y su característica distintiva
es que empeora en menos de 15 minutos al ponerse el paciente de pie
y desaparece o mejora en menos de 30 minutos al volver a la posición
supina.
En los casos leves el tratamiento consiste en reposo en decúbito
y analgésicos mientras que los casos graves precisan de parches
epidurales (inyección epidural de sangre autóloga en el
lugar de la punción).
|Sumario
|