Cefaleas en Atención Primaria
Cefalea
por abuso de analgésicos
Se trata de un grupo de cefaleas crónicas diarias en las que
la ingesta excesiva de sustancias analgésicas tiene un papel
etiológico importante, siendo imprescindible para su diagnóstico
que ésta desaparezca al suspender las sustancias supuestamente
implicadas.
No se conocen datos exactos de prevalencia, pero se estima que entre
el 40 y el 80 por ciento de los pacientes con CCD presentan abuso de
analgésicos; en la población general la prevalencia se
sitúa en torno a 1-2 por ciento y puede alcanzar hasta el 30
por ciento de los pacientes que se atienden en una consulta de neurología.
Es más frecuente en mujeres, y parece ser más frecuente
la migraña transformada que la cefalea de tensión crónica.
También se sabe que en estos pacientes hay una mayor prevalencia
de trastornos mentales (depresión, trastorno de pánico,
fobia social y ansiedad), bien porque el dolor crónico se asocia
a éstos o bien porque estas alteraciones podrían desempeñar
algún papel en la patogenia de la cefalea por abuso de analgésicos.
PATOGENIA
Aunque en un principio se asoció al abuso de ergotamínicos,
posteriormente se ha conocido que son muchos los tipos de analgésicos
implicados. El uso continuado de analgésicos para aliviar otro
tipo de dolores no se asocia al desarrollo de cefalea, por lo que se
supone que la CAA sólo se produce en individuos que tienen una
predisposición especial a sufrir dolores de cabeza. El mecanismo
que explica esta predisposición así como el mecanismo
por el que actuaría el abuso de analgésicos es desconocido.
Se ha propuesto que en estos pacientes existiría una disminución
del poder inhibidor del circuito modulador del dolor, situado en la
región rostral ventro-
medial, involucrando a la serotonina como neutransmisor clave. La ingesta
excesiva de analgésicos produciría una alteración
en los receptores postsinápticos de la serotonina, de manera
que la vía inhibitoria del dolor quedaría disminuida.
En principio, cualquier analgésico puede inducir una cefalea
por analgésicos, y en la mayoría de estudios se demuestra
que se abusa de diversos fármacos habitualmente combinados en
un mismo preparado. Los más frecuentemente utilizados son: cafeína,
pirazolonas, barbitúricos, ergotamina, AAS, derivados del paraaminofenol,
indometacina, codeína, fenotiacinas, opiáceos, espasmolíticos,
ansiolíticos y antihistamínicos.
DIAGNÓSTICO
El diagnóstico es clínico y se basa en la anamnesis. Debemos
sospecharlo ante toda cefalea diaria que mejora sólo parcialmente
con un determinado fármaco, pero que reaparece y persiste a pesar
de la ingesta de cantidades cada vez mayores del medicamento. Es típico
que aparezca la cefalea por la mañana, como manifestación
del "rebote" al no haber tomado analgésicos durante
la noche. Suelen ser pacientes que han consumido muchos tipos de medicación,
no siendo ninguna plenamente efectiva. Con frecuencia se descubren trastornos
mentales asociados, los cuales deberán abordarse para un correcto
tratamiento.

Los criterios diagnósticos del IHS de 1988 posteriormente fueron
ampliados por Silberstein et al., flexibilizándolos para acercarlos
más a la práctica diaria (Tabla XI).
Los puntos clave
a investigar en el estudio de una cefalea, que tienen implicaciones
en el posterior tratamiento de ésta son los siguientes:
- Tipo (s) de sustancia (s) implicada (s) y dosis habitual.
- Sintomatología tras el cese de la (s) sustancia (s).
- Tipo de cefalea episódica previa.
- Tiempo de evolución de la CAA.
- Existencia de problemas psicosociales.
Las exploraciones complementarias no suelen ser necesarias, aunque con
frecuencia se recurre a ellas para aliviar la angustia del paciente
y reforzar su confianza hacia el médico que le atiende. En cualquier
caso, el diagnóstico sólo se confirma cuando desaparece
o mejora significativamente la cefalea tras suspender la medicación
causante.
MANEJO
TERAPéUTICO
El tratamiento de la CAA es complejo y tiene una doble vertiente: por
un lado el tratamiento más efectivo es la prevención y
por otro, una vez establecida la CAA, el objetivo final sería,
no tanto su desaparición como su control. En ambos casos, el
médico de familia tiene un papel fundamental, ya que la accesibilidad
y el contacto longitudinal con el paciente nos coloca en una posición
de privilegio.
Prevención
La mejor estrategia para prevenir la CAA es realizar un correcto diagnóstico
y tratamiento de las cefaleas primarias. Es muy importante la educación
del paciente en su enfermedad, informándole de los riesgos de
ingerir cantidades elevadas de analgésicos, evitando fundamentalmente
aquellos que contengan cafeína, barbitúricos u opiáceos.
En el tratamiento del dolor, se deben elegir aquellos fármacos
que son adecuados y a las dosis correctas.
Se debe instaurar un tratamiento profiláctico en aquellas cefaleas
episódicas que lo precisen.
Otra medida de prevención consiste en la detección lo
más precoz posible de la CAA, puesto que cuanto menor tiempo
de evolución del cuadro, más fácil será
su manejo.
Tratamiento
La CAA es un cuadro crónico con gran tendencia a las recaídas,
por lo que la meta que debemos plantearnos es más la mejoría
y el control de la cefalea que la total desaparición de ésta.
El abordaje debe ser doble: psicosocial y farmacológico para
conseguir el objetivo primordial, el abandono de la o las sustancias
implicadas en la cefalea. En la actualidad se recomienda que la suspensión
de los analgésicos se haga de forma brusca, excepto en algún
caso de abuso de barbitúricos o tranquilizantes. Por otro lado,
en la mayoría de los casos se realiza de forma ambulatoria, aunque
en ocasiones se requiera la hospitalización (fracaso de la deshabituación
ambulatoria, abuso de dosis altas de opiáceos o ergóticos).
Tratamiento no farmacológico
En primer lugar se debe conseguir una buena relación médico-paciente,
puesto que le vamos a pedir al paciente que abandone aquellos medicamentos
que le alivian su cefalea. Para ello, es imprescindible que se le explique
de manera inteligible en qué consiste su problema y la necesidad
de abandonar la medicación que consumía. Se le debe alertar
de los síntomas de la posible cefalea de rebote; ésta
suele aparecer a las 24-48 horas del abandono de la medicación
y dura aproximadamente una semana. Es fundamental el apoyo tanto de
la familia como de los profesionales sanitarios, ofertándole
durante los primeros días accesibilidad y consejo.
También resultan útiles las técnicas de retroalimentación
que fomentan el autocuidado, por ejemplo la realización de un
calendario de cefaleas antes y después del tratamiento.
Por último, no debemos olvidar el manejo de aquellos problemas
psicológicos o sociales que pudieran influir, como depresión,
distimia, ansiedad, insomnio, etc.
Tratamiento farmacológico
a) Tratamiento de la cefalea de rebote: suele cursar con un cuadro de
cefalea intensa acompañada con frecuencia de náuseas,
vómitos, ansiedad y de otros síntomas menos habituales
como taquicardia, temblor, calambres, diarrea o dolor abdominal. La
intensidad del cuadro viene condicionada por la dosis, el tiempo de
utilización y el tipo de fármaco.
Los fármacos más utilizados son los AINES, bien por vía
oral o rectal, siendo el más utilizado el naproxeno (500-550
/ 8-12 horas) y el ketoprofeno (50 mg/8 horas). En caso de abuso de
sustancias que producen una clínica intensa (ergóticos,
opiáceos, cafeína) se utilizan corticoides orales (prednisona
60 mg/día; dexametasona 4 mg/día). El tratamiento se debe
mantener un mínimo de 1-2 semanas a una pauta fija, sin permitir
la toma "a demanda" del paciente. Pasado este intervalo se
intentará reducir la dosis.
En el caso de asociarse ansiedad, se han utilizado neurolépticos
como el tiapride o la levopromacina y con menos frecuencia benzodiacepinas.
La presencia de náuseas o vómitos determina la necesidad
de utilizar antieméticos como la clorpromacina o la domperidona.
En el caso de tratarse de una migraña transformada, se ha utilizado
sumatriptan a dosis de 6 mg por vía subcutánea, pudiendo
repetir la dosis sin sobrepasar 12 mg/24 horas o bien por vía
oral a dosis de 50 mg y si a las 2 horas no ha mejorado, una segunda
toma de 50-100 mg (máximo 300 mg/24 horas). Se debe tener en
cuenta que si el paciente consumía ergóticos se debe esperar
un mínimo de 24 horas para tomar sumatriptan.
A menudo es recomendable añadir antidepresivos desde el inicio
de la supresión, siendo el más utilizado la amitriptilina
a dosis de 10-75 mg/día.
Probablemente, los inhibidores de la recaptación de serotonina
también serían útiles, aunque se dispone de menos
experiencia.
b) Inicio de tratamiento preventivo: se debe plantear pasadas 2 semanas
del inicio de tratamiento. La elección del fármaco dependerá
de la cefalea de base.
En el caso de una migraña se utilizan betabloqueantes (propanolol,
nadolol) o antagonistas del calcio (flunarizina o nicardipino) durante
4-6 meses. En la cefalea de tensión se recomiendan los antidepresivos,
fundamentalmente amitriptilina.
PRONóSTICO
Los resultados de distintas series de pacientes con CAA muestran una
mejoría (reducción de más del 50-75 por ciento
en la frecuencia de cefaleas) entre el 48-91 por ciento de los pacientes.
Sin embargo, lo resultados a largo plazo son peores, puesto que la tendencia
a recidivar existe, aunque no se conoce con exactitud la proporción.
Parecer ser que los casos en que la cefalea primaria era la cefalea
de base, los resultados son mejores que cuando se trata de cefalea de
tensión o mixta.
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