Cefaleas en Atención Primaria
Cefalea
de tensión
El término
cefalea de tensión define una sensación dolorosa similar
a una banda compresiva que rodea la cabeza.
Es la cefalea más prevalente, ya que se considera que la prevalencia
a lo largo de toda la vida es cercana al 90 por ciento en las mujeres
y al 80 por ciento en los varones, disminuyendo en ambos casos con la
edad. La prevalencia máxima se alcanza entre los 40 y 49 años
sin diferencia entre sexos.
La IHS establece una clasificación en 2 grupos, episódica
o crónica en función de la duración y además
en otros 2 grupos en función de que se asocie o no a alteraciones
en la musculatura pericraneal.
CRITERIOS
DIAGNÓSTICOS DE LA CEFALEA DE TENSIÓN EPISÓDICA
1. Cefalea de tensión episódica.
A. Al menos 10 episodios que cumplan los criterios B-D.
Número de días con cefalea inferior a 180 al año
(menos de 15 al mes)
B. Duración de 30 minutos a 7 días.
C. El dolor ha de tener al menos dos de las siguientes características:
Cualidad opresiva.
Intensidad leve
Localización bilateral
No se agrava al subir las escaleras o con la actividad física
rutinaria.
D. Ha de cumplir las características siguientes:
Ausencia de náuseas o vómitos.
Ausencia de fono y/o fotofobia.
E. Debe cumplir al menos uno de los siguientes:
Historia clínica y exploración física no sugieren
alteración orgánica subyacente.
En caso de sugerirlo, ésta queda descartada por las exploraciones
complementarias.
En caso de estar presente dicha alteración, la cefalea no aparece
por primera vez en relación temporal con dicho trastorno.
2. Cefalea de tensión episódica asociada a alteraciones
de los músculos pericraneales
Cumple los criterios de la cefalea de tensión episódica.
Al menos una de las siguientes:
Sensibilidad incrementada en los músculos pericraneales demostrada
mediante palpación manual o algómetro de presión.
Aumento del nivel de actividad electromiográfica en los músculos
pericraneales en reposo o durante las pruebas fisiológicas.
3. Cefalea de tensión episódica no asociada a alteraciones
de los músculos pericraneales
Cumple los criterios de cefalea de tensión episódica.
No hay aumento de sensibilidad de los músculos pericraneales.
Al realizar un electromiograma se observa actividad normal.
Esta entidad tiene un perfil clínico peor definido que la migraña,
de modo que el diagnóstico se basa, más que en datos positivos,
en la ausencia de síntomas propios de la migraña. En algunos
estudios se ha establecido que la ausencia de náuseas, foto y
fonofobia y la falta de exacerbación por la actividad física
serían las características con mayor poder predictivo
en el diagnóstico. En cualquier caso no debemos olvidar que en
un mismo individuo pueden coexistir los 2 tipos de cefalea; de hecho,
un 63 por ciento de migrañosos presenta cefalea tipo tensión
episódica y hasta un 25 por ciento de personas con cefalea tensional
sufren migraña.
Esta proximidad epidemiológica y clínica explica que se
haya planteado la hipótesis de que ambas entidades sean un mismo
proceso diferenciados en aspectos cuantitativos; algunos estudios basados
en potenciales evocados así lo sugieren.
La fisiopatología es desconocida. Aunque se han postulado hipótesis
basadas en las anomalías de los músculos pericraneales,
hoy en día la teoría más aceptada es la miogénica-vascular-supraespinal,
según la cual el núcleo caudal del nervio trigémino
recibe estímulos nociceptivos tanto de las arterias craneales
como de la musculatura pericraneal, estando además sometido a
un control supraespinal doble y de expresión antagónica,
excitadora e inhibitoria. Las neuronas de este núcleo pueden
estar sensibilizadas por una activación neuronal intensa cuya
procedencia puede ser central o periférica. Esta hipersensibilización
provoca que estímulos no nociceptivos que recibe se conviertan
en estímulos dolorosos. En el caso de cefalea de tensión
con alteración de la musculatura pericraneal, el estímulo
nociceptor sería miofascial, y en el resto habría una
hipersensibilización de las neuronas del núcleo caudal
del trigémino.
El diagnóstico se basa por tanto en la clínica. No obstante,
dadas las características poco definidas de la cefalea de tensión,
y que algunas cefaleas secundarias pueden tener características
similares (ej. : arteritis de la temporal, procesos expansivos intracraneales),
no es de extrañar que precisemos de exámenes complementarios
más frecuentemente que en la migraña.
El diagnóstico diferencial se debe realizar con la migraña
en al caso de la cefalea de tensión episódica y con la
cefalea crónica continua (Tabla IX).

El tratamiento debe cumplir 3 objetivos fundamentales:
1. Identificar, y si es posible, eliminar los aspectos desencadenantes,
que suelen ser ansiedad, angustia, estrés.
2. Instaurar un tratamiento adecuado de las crisis de dolor.
3. Tratamiento preventivo en función de la intensidad, incapacidad
y frecuencia de los episodios dolorosos.
El tratamiento de la crisis se puede realizar con analgésicos
simples o con antiinflamatorios no esteroideos en función de
la intensidad del dolor asociados o no a un ansiolítico (Tabla
X).

El tratamiento profiláctico se debe considerar si aparecen crisis
recurrentes, aumento en la intensidad, la frecuencia o duración
de las crisis y cuando se precisan analgésicos más de
8 días al mes. Los fármacos más utilizados son
los antidepresivos tricíclicos: la amitriptilina a dosis de 25
a 150 mg diarios en toma nocturna. Se debe comenzar con dosis bajas
y aumentar progresivamente en función de la respuesta clínica
y la tolerancia. También se han mostrado útiles los inhibidores
de la recaptación de serotonina.
En cuanto al tratamiento no farmacológico, se han mostrado efectivas
las técnicas de relajación, biofeedback y las terapias
cognitiva-conductuales. También en ocasiones pueden ser útiles
masajes, estimulaciones nerviosas transcutáneas o las manipulaciones.
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