Cefaleas en Atención Primaria
Migraña
La migraña
es una entidad de prevalencia familiar que consiste en ataques recurrentes
de dolor de cabeza muy variables en cuanto a intensidad, frecuencia
y duración, comúnmente de localización unilateral,
usualmente asociados a náuseas y vómitos.
Junto a la cefalea de tensión, representa el 90 por ciento de
las cefaleas primarias, y hasta 70 por ciento de los pacientes que consultan
por cefalea.
Es una enfermedad de gran impacto no sólo médico, sino
también social y económico, dado que a su alta prevalencia
se añade, el deterioro en la calidad de vida de los pacientes
migrañosos y los gastos tanto sanitarios como por absentismo
laboral.
La prevalencia de la migraña no se conoce con exactitud. Los
estudios epidemiológicos que hasta el momento se han realizado
plantean dudas: por un lado la propia definición de la migraña
no se ha unificado hasta la aparición en 1988 de los criterios
de la IHS; por otro lado se mezclan estudios de prevalencia a lo largo
de la vida de los individuos con prevalencia el año anterior
a realizarse el estudio, y por otro lado, muchos de los estudios se
han realizado en consultas de neurología, lo cual puede suponer
un gran sesgo de selección. Con todas estas limitaciones, se
estima que la prevalencia en nuestro país se sitúa en
torno al 12 por ciento de la población general, referida a la
prevalencia de por vida.
Es más frecuente en las mujeres (2-3/1) sobre todo a partir de
la pubertad, porque hasta entonces, la prevalencia es ligeramente superior
en niños varones. La media de edad de inicio se sitúa
en la segunda década de la vida, debutando el 85 por ciento de
los migrañosos antes de los 30 años, alcanza un máximo
de prevalencia hacia los 40 años y tiende a remitir con la edad.
No se han podido demostrar diferencias en cuanto a raza, clase social
o hábitat, aunque se han descrito asociaciones con ciertas alteraciones
neuropsiquiátricas (epilepsia, ansiedad, trastornos depresivos)
así como antecedentes de migraña en familiares de primer
grado hasta en el 70 por ciento de los pacientes con migraña.
FISIOPATOLOGÍA
Los datos conocidos hasta ahora sugieren que la base de la migraña
es un trastorno molecular de ciertos canales iónicos de las membranas
neuronales.
El mecanismo patogénico de la crisis de migraña asienta
en el sistema trigéminovascular, estructura clave en la modulación
de la cefalea.
Este sistema se activaría por estímulos procedentes de
la corteza cerebral, del sistema límbico o del hipotálamo,
que llegan a estructuras del tronco cerebral (locus coeruleus, con actividad
noradrenérgica y núcleos del rafe con actividad serotoninérgica).
Estos núcleos desempañarían un papel importante
en la génesis de la migraña. Desde aquí se originaría
un estímulo de vasoconstricción de ciertas áreas
corticales iniciándose desde la región occipital y propagándose
hace delante ( depresión propagada) generando una reducción
en el flujo cerebral responsable del fenómeno del aura.
A través de estos estímulos procedentes de las estructuras
del tronco cerebral se produciría la activación del sistema
trigéminovascular, lo cual genera 2 tipos de respuesta: una respuesta
aferente responsable de la sensación de dolor (activación
del córtex) y de las manifestaciones vegetativas (activación
de núcleos troncoencefálicos) y una respuesta eferente
a través de los terminales presinápticos perivasculares
del nervio trigémino, que liberaría distintos péptidos
que originarían la inflamación estéril y de la
dilatación de las arterias craneales extracerebrales responsables
de la sensación dolorosa. Estos fenómenos estarían
controlados por el sistema de neurotransmisión serotoninérgica.
MANIFESTACIONES
CLÍNICAS
La migraña es una enfermedad crónica y episódica
de manera simultánea que se manifiesta en forma de ataques entre
los que el paciente está asintomático. Las crisis comienzan
en las dos primeras décadas de la vida, siendo la frecuencia
de éstas variable, aunque el promedio de un migrañoso
tipo varía entre una crisis cada 2 meses y una crisis por semana.
Podemos distinguir cinco fases dentro de la migraña, pero no
aparecen en todos los pacientes ni en todas las crisis:
a) Fase prodrómica: son un conjunto de síntomas vagos
e inespecíficos que pueden aparecer hasta 48 horas antes de la
crisis de dolor, y que a menudo pueden pasar inadvertidos. Aparece aproximadamente
en un tercio de pacientes. Tienen poco valor predictivo sobre la intensidad
o duración de la crisis. Entre los más frecuentes está
sensación de hambre, sobre todo por dulces, cambios en el estado
de ánimo como irritabilidad, depresión, somnolencia, bostezos,
retención hídrica, etc.
b) Fase de aura: son una serie de síntomas de disfunción
neurológica focal que aparecen inmediatamente antes del dolor
(93 por ciento) o coincidiendo con su aparición (5 por ciento).
La presentan un 10-20 por ciento de las migrañas. Los síntomas
más frecuentes del aura son visuales (95 por ciento): visión
borrosa, escotomas centelleantes, pérdida de visión en
parte del campo visual, seguidos de los sensitivos (30-40 por ciento):
parestesias periorales y menos frecuentes (< 20 por ciento) son los
motores o del territorio vertebrobasilar: debilidad hemicorporal, afasia,
ataxia, vértigo, etc. Por definición estos síntomas
deben ser reversibles en menos de 60 minutos (Tabla III).

c) Fase de cefalea y síntomas acompañantes: es la fase
más constante, de echo, muchos de los pacientes es la única
fase que presentan.
La duración del dolor oscila entre 4 y 72 horas (mediana de 12-24
horas), salvo en los niños, que puede durar menos de 4 horas.
Si sobrepasa las 72 horas se denomina estado migrañoso y se considera
una de las complicaciones de la migraña.
El dolor es de carácter pulsátil e intenso. Aunque es
estrictamente hemicraneal sólo en el 50 por ciento de casos,
en la mayoría de los casos en que es bilateral, se puede reconocer
un lado más doloroso que otro. Es muy característico que
la cefalea empeore con los esfuerzos y típicamente con las actividades
de la vida diaria, y que se agrave por la luz (fotofobia) y el sonido
(sonofobia).
Además del dolor, son muy típicos los síntomas
acompañantes, en general de corte digestivo, sobre todo náuseas
y vómitos (Tabla IV).

d) Fase de resolución y recuperación: la primera es una
fase en la que el dolor va cediendo de forma progresiva. Puede durar
unas 72 horas. Posteriormente el paciente puede experimentar una fase
similar a la de pródromos que suele durar unas 24 horas de media.
DIAGNÓSTICO
El diagnóstico de migraña es puramente clínico
y positivo, es decir en el 90 por ciento de los pacientes lo realizaremos
basándonos en una anamnesis cuidadosa y en una exploración
física y neurológica normal (Tabla V).

En distintos estudios se han evaluado estos criterios diagnósticos
y se ha concluido que para distinguir migraña de cefalea tensional
tienen una especificidad global del 94 por ciento y un valor predictivo
positivo del 99 por ciento. Los síntomas más predictivos
para migraña son las náuseas, foto y fonofobia y la exacerbación
con la actividad física.
Los estudios complementarios generalmente no son necesarios, pero en
algunas ocasiones están indicadas las técnicas de neuroimagen
(TAC o RMC):
- Aura siempre localizada en el mismo sitio del cuerpo.
- Aura de desarrollo extremadamente corto (< 5 minutos) o demasiado
prolongada (> 60 minutos).
- Aura sin cefalea.
- Cambios repentinos en las características de la migraña.
- Aumento brusco de la frecuencia de las crisis.
- Aparición en mayores de 50 años.
- Fiebre alta.
- Exploración neurológica anormal.
Como se comentó anteriormente, el electroencefalograma no tiene
ningún valor en el estudio de este tipo de cefalea.
COMPLICACIONES
DE LA MIGRAÑA
- Status migrañoso: episodio de migraña que cursa con
cefalea que dura más de 72 horas a pesar del tratamiento, pudiendo
coexistir intervalos sin cefalea pero de duración inferior a
4 horas. Habitualmente se asocia a abuso de analgésicos.
- Infarto migrañoso: migraña que cursa con uno o más
síntomas de aura que no revierten completamente al cabo de 7
días, o bien migraña asociada a infarto cerebral confirmado
mediante técnicas de neuroimagen.
TRATAMIENTO
A pesar de no disponer de un tratamiento curativo, hasta en el 90 por
ciento de casos se puede controlar la enfermedad. Hablamos de control
de la enfermedad si se consiguen los siguientes objetivos: alivio del
dolor lo antes posible (generalmente menos de 2 horas), alivio de los
síntomas acompañantes, disminución del número
y severidad de las crisis y mejoría de la calidad de vida del
paciente.
Los aspectos fundamentales en el tratamiento de la migraña son:
a) Identificación y evitación de los factores desencadenantes:
se han descrito múltiples factores, la mayoría particulares
para cada enfermo y difíciles de evitar. Por tanto, en el caso
de no poder identificar ningún factor evitable, se suelen hacer
una serie de recomendaciones generales como son evitar el ayuno y ciertas
medicaciones y mantener unos hábitos de vida saludables (Tabla
VI).

b) Tratamiento de las crisis: es obligatorio en todos los pacientes
migrañosos. Las medicaciones utilizadas incluyen medicación
no específica, como los analgésicos o los AINES y específica
como ergotamínicos y los agonistas de los receptores 5HT1B/D,
habitualmente conocidos como triptanes.
- Analgésicos: Generalmente menos del 19 por ciento de pacientes
responden adecuadamente a este tipo de medicaciones. Además su
utilización conlleva 2 importantes consecuencias: fracaso de
la relación de confianza médico-enfermo y la elevada capacidad
de estos fármacos para producir una cefalea crónica por
abuso de analgésicos, sobre todo cuando se utilizan analgésicos
compuestos y opiáceos. Por lo tanto estos fármacos no
se deberían de utilizar en el tratamiento de los pacientes migrañosos.
El paracetamol estaría indicado en los niños.
- AINES: están indicados en el tratamiento de las crisis de migraña
de carácter leve- moderado. Se aconseja utilizarlos precozmente
en el inicio de la crisis, porque después son menos eficaces,
y asociados a antieméticos-procinéticos. Otra ventaja
es que, si se han utilizado sin éxito, en la misma crisis se
pueden utilizar ergóticos o triptanes. Las dosis y los fármacos
efectivos se describen en la Tabla VIII.

- Ergóticos: son los medicamentos específicos más
utilizados en nuestro país, aunque hay que recordar que sólo
se dispone de presentaciones que utilizan combinaciones con otras sustancias.
Los efectos adversos son frecuentes, fundamentalmente náuseas
y vómitos, calambres, adormecimiento y dolores musculares. También
se han descrito aumento de presión arterial, angina/infarto de
miocardio e isquemia en miembros inferiores. La utilización crónica
puede provocar claudicación intermitente, acrocianosis, fibrosis
retroperitoneal, miocárdica y pleural, y se asocia a cefalea
de rebote y cefalea por abuso de analgésicos.
Por todo ello, actualmente se considera que no estarían indicados
en pacientes migrañosos "de novo", pero podrían
mantenerse en pacientes que los lleven utilizando bastante tiempo con
buena respuesta, no presenten contraindicaciones y que tengan una baja
frecuencia de crisis. Otra posible indicación serían las
crisis prolongadas con elevada recurrencia del dolor, ya que su efecto
es más prolongado que el de los triptanes.
- Triptanes: son agonistas selectivos de los receptores 5-HT1B/1D. Se
diferencian en cuanto a su farmacocinética. Aunque actualmente
no conocemos el perfil de paciente ideal para cada uno de ellos, es
frecuente que un paciente que no responde o no tolere uno lo haga perfectamente
con otro. Serían fármacos de primera elección en
las crisis moderadas-severas. Todos ellos están contraindicados
en pacientes con cardiopatía isquémica, hipertensión
arterial severa o mal controlada y enfermedad arterial periférica.
Debido a que comparten mecanismo de acción con los ergóticos,
se recomienda no utilizarlos en las 24 horas siguientes a la toma de
éstos, porque podrían inducir vasoconstricción
severa. También se recomienda no utilizar conjuntamente con los
triptanes, fármacos serotoninérgicos (IMAO, inhibidores
selectivos de la recaptación de serotonina, litio), por el riesgo
de producir un síndrome serotoninérgico.
En una reciente revisión sistemática, se concluye que
sumatriptan subcutáneo y rizatriptan entre las formulaciones
orales son los de mayor rapidez de acción. En cuanto a su efectividad,
el más eficaz es sumatriptan subcutáneo y entre los orales,
rizatriptan parece ser el más eficaz, aunque las diferencias
son pequeñas, a excepción de naratriptan que sería
el de menor eficacia. Rizatriptan sería el que alivia los síntomas
acompañantes (náuseas y vómitos) antes y mejor.
Alrededor de un 40 por ciento de pacientes con migraña presentan
recurrencias (empeoramiento del dolor una vez que éste había
mejorado o desaparecido), siendo naratriptan en que presenta menor tasa
de recurrencias.
¿Con cual triptan comenzar? Es una respuesta difícil de
responder, depende de las características de la crisis, la experiencia
previa y las preferencias del paciente. Si la crisis es severa de rápidamente
progresiva, sumatriptan subcutáneo sería la primera opción,
o entre los orales rizatriptan. Una crisis de comienzo y desarrollo
más lento se podría tratar con naratriptan que tiene una
mayor duración de acción. Los pacientes que presentan
vómitos deberían utilizar vía no oral (subcutánea
o nasal) mientras que los que presentan náuseas sin vómitos
se podrían beneficiar de las presentaciones en liotabs. Los pacientes
que han experimentado efectos adversos con los triptanes, deberían
intentar naratriptan, que es el que tiene mejor perfil de efectos adversos
(Tabla VII).

En el año 2000 la US Headache Consortium publicó una serie
de recomendaciones basadas en la evidencia para el tratamiento de las
crisis de migraña. Dentro de estas recomendaciones se daban una
serie de principios generales del tratamiento:
- Se debe educar a los pacientes en su propia enfermedad, y tratamiento,
alentándolos a que participen en su propio manejo.
- Se recomienda el uso de agentes específicos (triptanes, ergóticos)
en los pacientes con crisis más severas que no hayan respondido
a AINES o a combinaciones de analgésicos.
- Evitar la vía oral en pacientes que presentan náuseas
y vómitos, o administrar antieméticos en estos casos junto
al tratamiento del dolor.
- Considerar la autoadministración de medicación de rescate
en los pacientes con crisis severas que no han respondido bien a otros
tratamientos.
- Alertar y evitar la sobreutilización de fármacos que
puedan producir cefalea de rebote.
Las dosis de los distintos fármacos recomendados en el tratamiento
sintomático de la migraña se resumen en la Tabla VIII.
El esquema de tratamiento que actualmente se puede utilizar en el manejo
de las crisis en doble:
- Terapia escalonada: en estos casos se comenzaría utilizando
tratamientos menos intensos (analgésicos o AINES) y se iría
aumentando la intensidad en sucesivas crisis en el caso de que no hubieran
sido efectivos en la/ las crisis previas.
- Tratamiento estratificado: en este caso, los fármacos a utilizar
desde un primer momento se eligen en función de la severidad
de las crisis. En un reciente ensayo clínico publicado, este
esquema de tratamiento ha demostrado mejores resultados clínicos
que las terapias escalonadas. El esquema recomendado sería el
de la Figura 1.

c) Tratamiento preventivo:
Las indicaciones de tratamiento preventivo actualmente son:
- Migraña complicada.
- Frecuencia de crisis. 3 o más al mes.
- Crisis invalidantes por su duración o intensidad aunque sean
poco frecuentes.
- Consumo excesivo de fármacos abortivos de las crisis, especialmente
ergotamina, a dosis superiores a 12 mg a la semana.
El objetivo del tratamiento profiláctico es reducir el número
de crisis como mínimo a la mitad, utilizando la menor dosis posible
de medicación y minimizando los efectos secundarios de ésta.
Antes de comenzar el tratamiento, es importante investigar sobre causas
de comorbilidad asociada, como depresión, ansiedad, o aquellas
enfermedades que pudieran condicionar el tratamiento. Los puntos clave
en el tratamiento preventivo de la migraña son (tomado de Pascual
J, 2001):
1. El objetivo realista de este tratamiento es reducir la frecuencia
de las crisis de migraña a la mitad.
2. La dosis necesaria de tratamiento preventivo ha de alcanzarse de
forma progresiva.
3. El tratamiento puede tardar hasta mes y medio en demostrar su eficacia.
4. La causa principal de ineficacia del tratamiento es el incumplimiento.
5. Como norma general, se ha de mantener un mínimo de 3 y un
máximo de 9 meses. La retirada debe ser progresiva (especialmente
con betabloqueantes y antagonistas del calcio).
Las opciones de tratamiento actualmente recomendadas son:
- Betabloqueantes: son los fármacos de elección si no
hay contraindicaciones (asma, diabetes, arteriopatía periférica).
Los mejores son propanolol (20-40 mg/8 horas), nadolol (40-80 mg/24
horas) y atenolol (100 mg/24 horas). Están indicados como tratamiento
de elección en migrañosos hipertensos. Los efectos secundarios
más frecuentes son la intolerancia al ejercicio, hipotensión
y broncoespasmo. Se deben vigilar periódicamente la tensión
arterial y la frecuencia cardiaca. El uso de propanolol aumenta la biodisponibilidad
y los niveles plasmáticos de rizatriotan y zolmitritan, aunque
parece que sólo en el caso del rizatriptan es clínicamente
significativo. Por tanto en pacientes que toman propanolol, la dosis
de zolmitriptan es de 5 mg vía oral.
- Antagonistas del calcio: la flunaricina (2.5-5 mg/día en toma
única nocturna) es el más utilizado de este grupo. Sus
efectos adversos más habituales son aumento de peso, somnolencia
y síntomas extrapiramidales. También se ha utilizado con
éxito verapamilo (240-320 mg/día) y nicardipino (60 mg/día).
Está contraindicados en casos de depresión, insuficiencia
cardiaca, trastornos de la conducción e insuficiencia renal o
hepática.
- Antidepresivos: la amitriptilina ha demostrado especial utilidad en
pacientes que combinan cefalea tensional y migraña o abuso de
analgésicos. La dosis recomendada es de 20-50 mg/día en
toma única nocturna. Los efectos secundarios más habituales
son estreñimiento, aumento de peso, somnolencia, palpitaciones.
Está contraindicada en caso de glaucoma o adenoma de próstata.
Se han utilizado los inhibidores de la recaptación de serotonina,
no habiendo demostrado hasta este momento su utilidad.
- Acido Valproico: está indicado en pacientes resistentes a los
tratamiento previamente comentados, siendo de elección en los
casos de crisis frecuentes de migraña con aura. Las dosis utilizadas
son 400-1.000 mg/día. Se deben realizar controles de transaminasas.
Puede producir náuseas, sobrepeso, temblor postural en manos
y alopecia.
- AINE: aunque han demostrado su eficacia, la intolerancia gástrica
limita su utilización prolongada. Se utilizan en tandas cortas,
de varios días, en la profilaxis de la migraña (pre)menstrual.
- Metisergida: su utilidad indudable que limitada por los graves efectos
secundarios, como la fibrosis retroperitoneal. Está indicada
en pacientes con ataques severos que no responden a otros tratamientos.
- Medidas no farmacológicas: terapias como el biofeedback térmico,
el entrenamiento en relajación y las terapias cognitivas y de
modificación de conducta han demostrado en diversos ensayos clínicos
que son efectivas en la profilaxis de la migraña, bien solas
o asociadas a tratamientos farmacológicos como betabloqueantes,
aumentando la efectividad de éstos. En general precisan entrenamiento
por personal especializado, por lo que se requiere motivación
por parte del paciente y recursos económicos.
El esquema de tratamiento que se propone en general es el de la Figura
2.

d) Tratamiento en situaciones especiales:
Embarazo:
Durante el embarazo, el 60 por ciento de las migrañosas mejoran.
Sin embargo, un 30 por ciento siguen presentando crisis y hasta 10 por
ciento pueden debutar durante la gestación.
En el tratamiento de las crisis está indicado el paracetamol,
codeína y meperidina. El analgésico de elección
durante el parto es la meperidina porque es el que menos grado de depresión
respiratoria produce. Se deben evitar dosis superiores a 400 mg/día
para evitar dependencia.
No se debe instaurar tratamiento preventivo, excepto en casos excepcionales
de crisis frecuentes muy incapacitantes. En este caso, es de elección
el propanolol, que debe suspenderse dos semanas antes del parto, puesto
que puede provocar alteraciones en el recién nacido.
- Migraña infantil:
Una vez realizado el diagnóstico, es importante una correcta
educación al niño y a la familia. Es fundamental evitar
los factores desencadenantes. En el tratamiento sintomático son
de elección paracetamol y aspirina (en niños mayores de
12 años).
No están recomendados los ergóticos antes de los 10 años.
En cuanto al tratamiento profiláctico se aconseja el propanolol
y el pizotifeno, este último sobre todo en casos de migraña
con síntomas abdominales.
- Migraña menstrual:
Hasta un 50 por ciento de las paciente migrañosas relacionan
sus crisis con la menstruación. En estos casos es habitual que
respondan peor a los tratamientos abortivos.
Los fármacos más efectivos son los AINES (naproxeno, ibuprofeno,
ketoprofeno), que deben comenzar a tomarse entre 3 y 7 días antes
de la menstruación hasta el final de ésta. También
se han utilizado con éxito los triptanes, bien solos o en combinación
con AINES.
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