Cefaleas en Atención Primaria
Evaluación
del paciente con cefalea
En
las consultas de Atención Primaria, la mayoría de los
pacientes que consultan por cefalea, tendrán una cefalea primaria,
de modo que los métodos diagnósticos fundamentales serán
una buena anamnesis y una exploración física (incluyendo
la exploración neurológica) normal.
ANAMNESIS
El primer paso de una buena anamnesis es escuchar al paciente, permitiendo
que éste describa el episodio de cefalea y sus características.
Es importante determinar cuantos tipos de cefalea reconoce el paciente,
puesto que no es infrecuente con en un mismo paciente coexistan cefalea
de tensión y migraña. Aunque se dispone de algunos cuestionarios
para aplicar al paciente con cefalea, cualquiera que utilicemos debe
recoger una serie de cuestiones básicas:

- Edad de comienzo de la cefalea: la migraña suela comenzar en
la infancia tardía o en la juventud; la cefalea de tensión
en la edad adulta. La edad de comienzo superior a los 60 años
nos harán sospechar una cefalea secundaria (hasta 15 por ciento
de las cefaleas que comienzan a esa edad no son benignas).

- Antecedentes familiares: en los pacientes migrañosos es frecuente
la existencia de otros miembros de la familia afectados, aunque no se
ha demostrado que intervengan factores hereditarios.
-o Antecedentes personales: se debe investigar la presencia de enfermedades
(neumopatías, cardiopatías...), traumatismos previos que
pudieran ser la causa de la cefalea.
- Hábitos tóxicos: alcohol, tabaco, otras drogas...
- Consumo de fármacos: muchos fármacos pueden causar cefalea,
por ejemplo, nitritos, anticonceptivos orales, calcioan-
tagonistas...
- Frecuencia de la cefalea: la cefalea de tensión suele presentarse
de forma episódica o crónica, mientras que son típicamente
episódicas la migraña o la cefalea en racimos. Las cefaleas
secundarias (por procesos expansivos o hipertensión intracraneal)
suelen ser progresivas en intensidad. Cualquier aumento o modificación
en la frecuencia nos obliga a revisar el diagnóstico y las pautas
de tratamiento, y en el caso de la migraña o de la cefalea de
tensión, a analizar la posible evolución a cefalea crónica
diaria.
- Intensidad de la cefalea: este aspecto es difícil de cuantificar,
puesto que los pacientes tienen distinta tolerancia al dolor, pero es
importante preguntar si es incapacitante , puesto que la cefalea de
tensión suele ser bien tolerada y permite realizar las actividades
habituales y no interrumpe el sueño, mientras que las crisis
de migraña y de cefalea en racimos son más intensas e
incapacitantes, estando el paciente asintomático entre crisis.
La aparición brusca de una cefalea de gran intensidad en un paciente
sin antecedentes nos debe hacer pensar en una hemorragia subaracnoidea,
infección meníngea o hematoma cerebral. Asimismo, el aumento
progresivo de la intensidad de la cefalea, obliga a descartar una lesión
cerebral (tumor, hematoma, hipertensión intracraneal).
- Duración del episodio: se debe precisar si es de segundos (neuralgia),
minutos a horas (cefalea en racimos), varias horas a 1-2 días
(migraña) o varios días (cefalea de tensión. En
el caso de una cefalea que se prolonga semanas y de intensidad creciente,
hay que pensar en un proceso intracraneal.
- Instauración de la cefalea: el comienzo súbito es típico
de la hemorragia subaracnoidea, el agudo de la migraña y el paulatino
de la cefalea de tensión.
- Localización del dolor: la cefalea de tensión suele
tener una localización difusa y casi siempre bilateral. La migraña
suele ser unilateral (aunque en un 30 por ciento de casos es bilateral)
y la cefalea en racimos es siempre unilateral. Ante cefaleas muy localizadas
se deben excluir causas no neurológicas (glaucoma, sinusitis,
disfunción de la articulación témporomandibular...).
- Calidad del dolor: es de las características más difíciles
de definir, no obstante, la cefalea de tensión suele ser de carácter
opresivo, mientras que la migraña es pulsátil y en la
de racimos es profundo e intenso. En cualquier caso es importante investigar
si las características cambian en distintas crisis, para poder
identificar distintos tipos de cefalea.
- Factores modificadores del dolor: la cefalea de tensión suele
desencadenarse o agravarse con relación a ansiedad, depresión,
conflictos vitales. En el caso de la migraña, suelen desencadenarla
menstruación, anticonceptivos orales, cambios meteorológicos,
alimentos... El agravamiento con las maniobras de valsalva y al acostarse
nos obliga a descartar hipertensión intracraneal y malformaciones
de la unión cráneocervical. El alivio de la cefalea con
el sueño nos orienta a una cefalea primaria. Las cefaleas que
aparecen o se agravan con los esfuerzos, precisan una valoración
muy cuidadosa, y estudio de neuroimagen, ya que globalmente casi un
50 por ciento de estos pacientes serán portadores de una patología
intracraneal.
- Síntomas asociados: náuseas, vómitos, sono o
fotofobia son síntomas asociados a la migraña y excepcionalmente
a la cefalea de tensión. La presencia de otros síntomas
(fiebre, artralgias, lagrimeo, etc.) obliga a descartar causas secundarias
de cefalea. La presencia de síntomas neurológicos prolongados
obliga a descartar lesiones intracraneales.
- Consumo de analgésicos y otros fármacos: es importante
conocer cuantos y qué tratamiento ha seguido para tratar su cefalea,
para poder reconocer la cefalea por abuso de analgésicos, así
como si ha realizado algún tratamiento profiláctico.
EXPLORACIÓN
FÍSICA
A todos los pacientes con cefalea se les debe realizar una exploración
neurológica y una general, donde destacamos:
- Inspección: estado general del paciente, estado de piel y mucosas
(descartar anemia), descartando lesiones cutáneas como neurofibromas
o angiomas.
- Presión arterial, descartando la hipertensión arterial
como causa de cefalea.
- Auscultación cardiaca (descartar soplos) y craneal, ya que
la existencia de un soplo obliga a descartar malformación arteriovenosa.
- Otras exploraciones: si la anamnesis sugiere alguna causa especial,
se realizaran aquellas que creamos oportuno. En cualquier caso es conveniente
no olvidar:
- Exploración de la articulación temporomandibular.
- Percusión de senos paranasales.
- Palpación de arterias temporales en pacientes mayores de 60
años.
Exploración
neurológica
Debe realizarse de manera sistemática y ordenada, evaluando los
siguientes aspectos:
- Conciencia y estado mental: se realiza mientras realizamos la entrevista
y la anamnesis al paciente, evaluando orientación, lenguaje,
memoria, etc. El estado del nivel de conciencia tiene más interés
al valorar las cefaleas de instauración brusca y con indicios
de gravedad.
- Pares craneales: se deben explorar especialmente los relacionados
con la visión, realizando campimetría por confrontación,
ptosis, miosis (cefalea en racimos) o midriasis (signo indirecto de
aneurisma de la arteria comunicante posterior) y oftalmoplejias (lesiones
del III o IV par). Además se deben explorar el territorio de
la lengua y del velo del paladar para descartar alteración de
los pares bulbares (IX, X, XI).
- Fondo de ojo: es una exploración absolutamente obligada en
el estudio de una cefalea. La presencia de un fondo de ojo normal, prácticamente
descarta la existencia de una alteración endocraneal, mientras
que la existencia de papiledema sugiere hipertensión endocraneal
y por tanto estudio inmediato.
- Signos de irritación meníngea: deben realizarse en toda
cefalea de instauración brusca y si la cefalea se asocia a fiebre
o deterioro del estado de conciencia.
- Signos de déficit neurológico focal: en ocasiones son
ligeros o aislados, pero deben buscarse porque su presencia es signo
de alteración orgánica cerebral.
EXPLORACIONES COMPLEMENTARIAS
En la mayoría de las ocasiones, los datos de la anamnesis y una
exploración neurológica normal, incluyendo fondo de ojo
serán suficientes para poder catalogar la cefalea como primaria,
no precisando exploraciones complementarias.
Los estudios complementarios que se pueden realizar y sus indicaciones
son:
- Analítica de sangre: Generalmente no es de utilidad en el estudio
de una cefalea, pero hay ocasiones en que nos puede ayudar al diagnóstico
de procesos que cursan con cefalea (Tabla II).

- Electroencefalograma: actualmente no está indicado en el estudio
de rutina de una cefalea, excepto en ele estudio de pacientes con cefalea
asociada a síntomas que sugieran epilepsia (aura migrañosa
atípica o pérdida episódica de conciencia).
- Punción lumbar: En el caso de realizar una punción lumbar,
ésta debe precederse de alguna prueba de neuroimagen (CT o RMN),
excepto en casos de alta sospecha de meningitis aguda sin lesiones focales.
Las indicaciones de la punción lumbar serían: cefalea
con fiebre u otros síntomas o signos que sugieran causa infecciosa,
una cefalea subaguda o progresiva (ej. en pacientes VIH o con carcinoma)
y una cefalea crónica atípica.
- Pruebas de neuroimagen:
Aunque habitualmente no son pruebas accesibles a las médicos
de Atención Primaria, es conveniente conocer sus indicaciones:
- Cefalea de novo en paciente > 65 años.
- Una cefalea intensa de inicio agudo, o empeoramiento
- Cefaleas subagudas que aumentan en frecuencia o intensidad.
- Cefalea crónica diaria
- Unilateralidad estricta.
- Cefaleas que no responden al tratamiento
- Cefalea de reciente aparición en pacientes con cáncer
o VIH positivos.
- Cefaleas asociadas a fiebre, náuseas o vómitos.
- Cefalea distinta a la migraña con aura que se asocia a focalidad
neurológica.
- Cefaleas asociadas a papiledema, deterioro cognitivo o cambios en
la personalidad.
La prueba que elegiremos en primer lugar es la Tomografía Axial
Computerizada (CT), aunque hay situaciones en que la Resonancia Magnética
Nuclear (RMN) es más sensible: detección de lesiones en
la fosa posterior y cervicomedulares, isquemia, alteraciones de la sustancia
blanca, trombosis venosa cerebral, hematoma subdural y epidural, afecciones
meníngeas, cerebritis y absceso cerebral.
- Otras pruebas:
La radiología simple de cráneo, la radiología de
senos paranasales o de columna cervical, sólo estarían
indicadas si se sospechan alteraciones a dicho nivel. Los signos degenerativos
a nivel de columna cervical son muy frecuentes con la edad, y su hallazgo
no justifica detener el estudio.
|Sumario
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