Patología péptica del tubo digestivo (I)
Úlcera gastroduodenal
La úlcera
péptica es una lesión de la mucosa del estómago
o duodeno que cursa con pérdida de sustancia y penetra como mínimo
hasta la muscularis mucosae. Comúnmente dicha lesión es
única y aparece como resultado de la conjunción de múltiples
factores endógenos (hereditarios, hipersecreción ácida)
y exógenos (infección por Helicobacter pylori, tabaquismo,
tratamiento con antiinflamatorios no esteroideos...).
EPIDEMIOLOGÍA
Los últimos estudios señalan que entre una y dos de cada
diez personas se ven afectadas por esta enfermedad alguna vez en su
vida, y al menos una de cada cien tiene el proceso activo en un momento
determinado. Se trata de un problema de salud cuyas consecuencias se
dejan sentir cotidianamente tanto en el individuo (disminución
de la calidad de vida, riesgo de complicaciones graves) como en la comunidad
(disminución del rendimiento laboral, incapacidades temporales,
gasto farmacéutico, costes del tratamiento de complicaciones...).
La úlcera gástrica presenta una incidencia anual cercana
a 0,5 casos por 1.000 habitantes. Afecta preferentemente a personas
entre los 55 y 65 años de edad, es rara antes de los 40 y no
tiene predilección por ninguno de los sexos. Más de la
mitad de los casos se produce en la curvatura menor, aunque puede desarrollarse
en cualquier porción del estómago. Puede encontrarse úlcera
duodenal concomitante hasta en el 10 por ciento de los enfermos.
La úlcera duodenal alcanza una incidencia anual de 1 caso por
1.000 habitantes. La edad de los pacientes se sitúa preferentemente
alrededor de los 45 años, aunque no es raro encontrar enfermos
mucho más jóvenes. La antigua predilección por
los varones ha dado paso a una práctica similitud entre sexos
como consecuencia de la mayor incidencia en mujeres y de la reducción
de la que se daba en varones jóvenes, algo que concuerda con
las variaciones sufridas en la exposición a los diferentes factores
de riesgo. Aparece fundamentalmente en el bulbo duodenal; las posbulbares
suelen relacionarse con estados de hipersecreción ácida.
ETIOPATOGENIA
Aunque sabemos que se desarrolla como consecuencia de la falta de equilibrio
entre los factores agresivos y los defensivos de la mucosa gastroduodenal,
sigue siendo válido el aforismo clásico de que "sin
ácido no existe úlcera péptica". Su cicatrización
se correlaciona directamente con la eficacia del tratamiento antisecretor;
sin embargo, sólo se desarrolla si la integridad de la mucosa
ha sido alterada (infección por Helicobacter pylori o tratamiento
con antiinflamatorios no esteroideos) o si existe un estado de hipersecreción
ácida (síndrome de Zollinger-Ellison).
Secreción
ácida
En los pacientes con úlcera duodenal se encuentran elevadas tanto
la basal como la estimulada. Por otra parte, se halla más prolongada
que en los individuos sanos la secreción como respuesta a los
alimentos. Se cree que el origen de esta situación está
en la hiperplasia de células parietales, la hipersensibilidad
de las mismas a los secretagogos o la hiperactividad vagal. También
se ha observado que es menos marcada la inhibición de la secreción
ácida como respuesta a la disminución del pH duodenal.
En la úlcera gástrica prepilórica y en la asociada
a úlcera duodenal se ha comprobado una actividad péptica
similar a la de la duodenal aislada. En cambio, la mayor parte del resto
de úlceras gástricas cursa con normalidad de la secreción
ácida, lo que parece tener que ver con un peor funcionamiento
de los mecanismos defensivos de la mucosa.
Alteración
de los mecanismos de defensa de la mucosa gastroduodenal
Se concretan en la secreción de moco y bicarbonato, el flujo
sanguíneo de la mucosa gástrica y la actividad regeneradora
celular frente a la lesión mucosa:
o Algunos hallazgos ayudan a pensar que el moco segregado en los pacientes
con úlcera gástrica contiene una alta cantidad de glucoproteínas
de bajo peso molecular, lo que limita la resistencia del mismo a las
agresiones externas. La secreción de bicarbonato en los pacientes
con úlcera duodenal suele estar muy reducida en todas las situaciones
comparada con la de los controles sanos estudiados; es difícil
determinar si esto es causa o consecuencia del proceso ulceroso.
- La disminución del flujo sanguíneo de la mucosa gástrica
es determinante en el desarrollo de úlceras de estrés
o secundarias a determinados agentes lesivos. Su participación
en el caso de la úlcera péptica crónica es todavía
motivo de controversia.
- La regeneración celular es ineludible durante la reparación
de la mucosa. En ausencia de otros factores patogénicos locales
(hipersecreción ácida, flujo sanguíneo reducido),
el proceso puede ser completado en menos de 4 horas siempre que la lámina
basal esté intacta.
Factores agresivos exógenos
Infección
por Helicobacter
pylori
Diferentes estudios epidemiológicos cifran prácticamente
en el 95 por ciento de los casos la asociación entre úlcera
duodenal e infección por Helicobacter pylori (HP). En la localización
gástrica tales cifras sobrepasan el 70 por ciento (incluso alcanzan
el 100 por ciento en algún estudio reciente) si no se tienen
en cuenta los pacientes en que puede sospecharse la acción nociva
de algún antiinflamatorio no esteroideo.
En nuestro país la infección por HP presenta una prevalencia
cercana al 60 por ciento. Para los infectados, el riesgo estimado de
padecer una úlcera péptica se encuentra entre el 10 por
ciento y el 20 por ciento, lo que supone multiplicar por 5 o por 10,
respectivamente, el riesgo atribuible a los no infectados. Esta baja
patogenicidad de la infección no ha sido aún suficientemente
aclarada; no obstante, está contundentemente demostrado que la
erradicación del HP conlleva la cicatrización de la úlcera
en la mayoría de los casos y una baja tasa de recidivas comparada
con las pautas farmacológicas tradicionales.
A pesar de todas estas evidencias, la proporción de pacientes
ulcerosos sometidos a tratamiento erradicador no supera el 5 por ciento
anual. Ello es debido a que una parte importante del colectivo médico
(gastroenterólogos incluidos) conserva un escepticismo difícilmente
justificable y a que la mayoría de los pacientes ulcerosos confía
ciegamente en la tradicional terapia de mantenimiento. Se da la circunstancia
de que muchos de los pacientes sometidos con éxito a terapia
erradicadora ingieren esporádicamente medicación de rescate
(antiácidos y antagonistas H2), bien por prescripción
médica, bien por miedo a un hipotético rebrote. Es bueno
recordar en este punto las palabras de Marshall, el descubridor del
HP: "La úlcera péptica debe ser considerada como
una enfermedad infecciosa y, por tanto, tratada como tal".
Antiinflamatorios
no esteroideos
Su efecto lesivo
sobre la mucosa gástrica es estudiado en otro capítulo
y no haremos referencia a él en este momento.
Tabaquismo
La relación entre el hábito tabáquico y el desarrollo,
la cronificación y la tendencia a la recidiva de la úlcera
péptica es algo suficientemente reconocido desde hace años.
Tal influencia se atribuye a que el tabaco estimula la secreción
ácida, disminuye el flujo sanguíneo de la mucosa, altera
la motilidad gástrica y reduce la secreción luminal de
bicarbonato.
Alcohol
A pesar de su potencial capacidad lesiva sobre la mucosa digestiva,
el consumo de alcohol no ha podido ser implicado como factor de riesgo
para desarrollar úlcera péptica.
Motilidad gastroduodenal
Los conocimientos actuales no permiten afirmar que las alteraciones
de la motilidad gastroduodenal favorezcan la aparición de úlcera
péptica. No obstante, parece probable que en cierto tipo de pacientes
la evolución de la enfermedad se vea influida por su presencia.
MANIFESTACIONES
CLÍNICAS
La úlcera péptica presenta un curso clínico crónico,
con remisiones espontáneas y episodios de recidiva a menudo claramente
relacionados con los cambios estacionales. El cuadro clínico
reaparece antes de un año en más del 80 por ciento de
las duodenales y en el 50 por ciento de las gástricas. Esta situación
se ha modificado drásticamente a raíz del empleo de tratamientos
erradicadores del HP en los casos en que ha podido demostrarse su presencia.
Síntomas
El dolor epigástrico aparece en casi el 90 por ciento de los
pacientes ulcerosos; no obstante, su escasa sensibilidad y especificidad
le confieren mínima fiabilidad como elemento diagnóstico.
Suele describirse como ardor, sensación de hambre dolorosa o
dolor corrosivo. Aparece pocas horas después de comer, pero disminuye
con la ingesta de alimentos o con la toma de antiácidos. Alrededor
del 80 por ciento de los pacientes sufre dolor nocturno. Cualquier modificación
más o menos brusca de sus características debe hacer sospechar
perforación o penetración a estructuras vecinas.
Algunos pacientes presentan anorexia y pérdida de peso, aunque
el 20 por ciento de los ulcerosos duodenales refiere aumento del apetito.
Las náuseas y los vómitos pueden aparecer incluso sin
estenosis pilórica, pero son relativamente infrecuentes.
Los eructos, la distensión abdominal y la pirosis son también
habituales pero muy poco específicos de patología péptica.
Los pacientes mayores pueden no presentar síntomas y debutar
clínicamente como resultado de alguna complicación aguda.
Exploración
física
Habitualmente es anodina o sólo muestra dolor epigástrico
durante la palpación profunda.
La palidez generalizada induce a pensar en hemorragia; los signos de
irritación peritoneal sugieren perforación; el bazuqueo
gástrico en ayunas debe hacer sospechar estenosis pilórica.
ESTUDIOS
DIAGNÓSTICOS
Laboratorio
Puede hallarse anemia asintomática en el hemograma originada
por pérdida crónica de sangre o, más raramente,
por hemorragia digestiva aguda.
Radiología
El tránsito
digestivo debe demostrar la existencia de nicho ulceroso para confirmar
el diagnóstico. Su precisión es limitada a la hora de
establecer la malignidad de una úlcera gástrica, lo que
obliga a realizar exploración endoscópica posterior en
este caso.
Endoscopia
Constituye en la actualidad el método de elección dirigido
a la identificación y toma de muestras para biopsia gástrica;
igualmente es capaz de contribuir a verificar la presencia de infección
por HP. No obstante, su escasa accesibilidad inmediata para la mayoría
de la población hace necesario encontrar nuevas estrategias de
filiación y manejo de estos pacientes.
Las úlceras gástricas deben ser reevaluadas a las 12 semanas
de comenzado el tratamiento, pues la falta de reparación lesional
en respuesta al mismo induce a pensar en la malignidad del proceso.
Las úlceras duodenales rara vez se malignizan, por lo que no
es necesario su estudio histopatológico ni su seguimiento endoscópico
periódico.
Infección
por Helicobacter pylori
Puede ponerse en evidencia mediante diferentes métodos (Tabla
XXXI).

En las condiciones
actuales el test de urea marcada en el aliento (UBT) resulta de elección
en la consulta del médico general.
La urea que alcanza el estómago y primeras porciones del duodeno
es desdoblada por el HP, que utiliza el amoniaco generado a modo de
escudo protector que tampona con suma eficacia la acidez extrema del
medio en que sobrevive. Este sutil mecanismo de adaptación a
un ambiente tan hostil, le garantiza ser el único habitante de
la zona. Junto al amoniaco se libera CO2 que entra a formar parte del
ciclo de intercambio vital del carbono entre el organismo y el exterior.
El UBT aprovecha precisamente esta peculiaridad del HP para detectar
su presencia. El paciente ingiere una cantidad conocida de una solución
de urea marcada con 13C y al cabo de unos minutos se recoge una muestra
de aire exhalado en el que se determina la presencia de 13C como parte
del CO2 espirado.
Se trata de una prueba diagnóstica de coste relativamente reducido,
actualmente comercializada en farmacias en forma de kit (TAU-KIT) cuyo
precio incluye su procesamiento en uno de los laboratorios concertados
previamente con el fabricante.
Sus limitaciones están relacionadas sólo con defectos
técnicos durante la recogida de muestras del paciente.
DIAGNÓSTICO
DIFERENCIAL
La úlcera péptica puede ser confundida con síndromes
de dispepsia no ulcerosa o con cuadros clínicos originados en
el área gastroduodenal (Tabla XXXII). La adecuada recogida de
datos durante el interrogatorio, la exploración clínica
y la realización de una gastroscopia resultan determinantes para
confirmar la presencia de enfermedad péptica.

COMPLICACIONES
Cerca del 20 por ciento de los pacientes ulcerosos presentará
una complicación aguda en algún momento de su curso clínico.
Hemorragia digestiva
Es la más frecuente de todas. Por otra parte, la úlcera
péptica es la causa más habitual de hemorragia digestiva
alta (aproximadamente el 50 por ciento).
Perforación
Afecta a menos del 10 por ciento de los pacientes ulcerosos. Es más
frecuente entre los varones y en las úlceras duodenales.
Algunos pacientes refieren modificaciones en su clínica durante
los días anteriores. El diagnóstico del cuadro de abdomen
agudo que produce no suele ofrecer dudas:
- Dolor epigástrico brusco e intenso acompañado de signos
de irritación peritoneal, irradiación a hombro derecho
y generalización a todo el abdomen.
- No suele haber náuseas ni vómitos.
- Hay rigidez en tabla de la pared abdominal y peristaltismo disminuido
o ausente; lo habitual es una rápida evolución hacia la
peritonitis.
El diagnóstico se confirma mediante radiología simple
de abdomen que permite visualizar el neumoperitoneo; no obstante, su
ausencia no lo descarta. La mortalidad del cuadro alcanza el 40 por
ciento en algunas series y afecta en especial a las úlceras gástricas,
a los pacientes con patología concomitante o a los que desarrollaron
shock preoperatorio.
Penetración
Se trata de una perforación hacia una estructura visceral vecina
(páncreas, epiplón, vía biliar, hígado,
mesocolon y colon). Se debe sospechar cuando el paciente refiere modificación
del ritmo ulceroso, pérdida de respuesta del dolor a los alcalinos,
irradiación a espalda...
Es un cuadro que suele responder al tratamiento conservador, salvo cuando
genera hemorragia, anemia, síndrome malabsortivo, pancreatitis
o fístulas (colédoco o colon).
Estenosis pilórica
Su incidencia ha descendido de manera importante en los últimos
años y no sobrepasa el 2 por ciento de todas las úlceras
pépticas. Afecta a pacientes con enfermedad ulcerosa de larga
evolución. La mayoría de los casos tiene su origen en
una úlcera duodenal o del canal pilórico.
Se manifiesta por vómitos alimentarios de retención, modificaciones
en las características del dolor (más constante), anorexia
y pérdida de peso. El bazuqueo gástrico en ayunas puede
aparecer en casi la cuarta parte de los pacientes. Son habituales las
consecuencias de los vómitos frecuentes (deshidratación,
hipopotasemia, hipocloremia, alcalosis metabólica, hiperazoemia
prerrenal...). El estómago puede verse dilatado con contenido
líquido en la radiografía simple de abdomen.
TRATAMIENTO
Aliviar los síntomas, restituir la integridad de la mucosa digestiva,
prevenir las recidivas y las complicaciones, deben ser las metas de
toda terapia antiulcerosa. Ello conlleva evitar la presencia de factores
de riesgo (estrés, tabaco, AINE), neutralizar la hipersecreción
gástrica y erradicar la infección por HP.
Fármacos
empleados en patología ulcerosa
Inhibidores de
la acidez
gástrica
Su mecanismo de acción es la neutralización del ácido
clorhídrico mediante la formación de sal y agua. Tienen
un efecto de corta duración, por lo que requieren dosis repetidas
a lo largo de todo el día. Su principal aplicación es
el alivio rápido de los síntomas.
- El bicarbonato sódico es un neutralizador potente, pero su
efecto es de muy corta duración. Puede llegar a producir alcalosis
metabólica y retención hídrica.
- El carbonato cálcico tiene también un potente efecto,
pero puede generar hipercalcemia que estimula las células parietales
de la pared gástrica y desencadena un fenómeno paradójico
de rebote.
- El hidróxido de aluminio y el hidróxido de magnesio
reaccionan con el ácido clorhídrico y producen sales que
no son absorbibles, lo que impide efectos sistémicos indeseables.
La combinación de ambos es la más utilizada en la actualidad
(magaldrato y almagato).
Inhibidores de la secreción gástrica
Antagonistas
de los receptores H2
Se trata de sustancias obtenidas a partir de la modificación
estructural de la molécula de la histamina. Se ligan de forma
selectiva y reversible a los receptores H2 de la histamina e impiden
con ello que ésta lleve a cabo su potente acción secretora.
Los estudios disponibles en la actualidad han demostrado que todos estos
fármacos son eficaces en el tratamiento de la enfermedad ulcerosa.
Su mejor aplicación en el momento actual es el tratamiento de
mantenimiento a largo plazo en pacientes ulcerosos sin evidencia de
infección por HP, ya que reducen significativamente las recidivas
ulcerosas. La eficacia y seguridad de todos ellos resultan similares.
Los efectos secundarios son poco frecuentes y de escasa entidad. El
grupo está compuesto por la cimetidina, ranitidina, famotidina,
nizatidina y roxatidina; recientemente se ha suspendido la comercialización
de la ebrotidina.
Inhibidores de
la bomba
de protones
Mediante la inhibición de la enzima H+K+ATPasa se produce una
potente inhibición de la secreción ácida, independientemente
del estímulo que la produzca.
Todos estos fármacos han demostrado su eficacia en la cicatrización
de la úlcera péptica; su acción regeneradora es
mucho más rápida que la conseguida por los antagonistas
H2. Tras lograr la cicatrización, el porcentaje de recidivas
al retirar el tratamiento es similar en ambos grupos; sin embargo, empleados
como tratamiento de mantenimiento, los inhibidores de la bomba de protones
disminuyen sustancialmente la tasa de recidivas de los antagonistas
H2.
Antisecretores
y protectores de la mucosa gástrica
Prostaglandinas
Las de la serie E y distintos análogos metilados (misoprostol)
inhiben la secreción gástrica basal y la estimulada por
alimentos y secretagogos. Su acción protectora parece centrarse
exclusivamente en esta acción antisecretora.
Su capacidad cicatrizadora de la úlcera péptica es ligeramente
inferior a la de los antagonistas H2. El misoprostol es eficaz en la
prevención de úlceras pépticas producidas por AINE
en pacientes sin antecedentes ulcerosos. Su efecto adverso más
frecuente es la diarrea, que puede llegar a precisar el abandono del
fármaco.
Acexamato de
cinc
Su efecto parece estar relacionado con la inhibición de la degranulación
de los mastocitos, lo que evita la liberación de histamina. Estimula
la secreción de moco, la producción de prostaglandinas
y la regeneración celular del epitelio superficial.
Consigue tasas de
cicatrización similares a los antagonistas H2.
Protectores de
la mucosa gastroduodenal
Sucralfato
Ejerce su efecto protector al unirse a las proteínas del cráter
ulceroso. Estimula la síntesis de prostaglandinas y la secreción
de moco y bicarbonato.
No es eficaz en la prevención de las úlceras gástricas
asociadas a AINE, pero sí en el resto de las pépticas.
Consigue tasas de cicatrización similares a las de los antagonistas
H2.
No se absorbe en tubo digestivo, por lo que carece de efectos sistémicos.
Puede producir estreñimiento en una pequeña proporción
de pacientes.
Sales de bismuto
coloidal
A su acción estimuladora de la producción de moco, bicarbonato
y prostaglandinas, el bismuto une su acción bactericida sobre
el HP. Su eficacia cicatrizadora es similar a la de los antagonistas
H2. Su escasa absorción le hace poco tóxico por vía
sistémica.
Tratamiento erradicador
de la infección por
Helicobacter pylori
Constituye la única terapéutica que actúa globalmente
sobre los mecanismos etiopatogénicos admitidos.
Los tratamientos que emplean un único antibiótico han
fracasado de forma repetida. Por ello, las terapias habitualmente utilizadas
asocian un inhibidor de la bomba de protones y dos antibióticos.
Cualquiera de ellas presenta tasas de erradicación que rondan
el 90 por ciento de los casos.
La duración del tratamiento erradicador varía según
los múltiples trabajos publicados, pero en ningún caso
es inferior a una semana ni superior a dos. Las evidencias de las últimas
publicaciones hablan a favor de las que recomiendan que se prolongue
hasta 10 días.
Tanto omeprazol como lansoprazol o pantoprazol parecen tener una eficacia
similar. Inicialmente se emplearon a dosis diarias únicas (omeprazol,
20 mg; lansoprazol, 30 mg; pantoprazol, 40 mg), suficientes por sí
mismas para promover la cicatrización de las lesiones si no fuera
por el efecto patogénico del HP. Sin embargo, todo apunta a que
la acción erradicadora de los antibióticos empleados se
ve potenciada si dichas dosis se administran cada 12 horas.
La claritromicina es un antibiótico fijo en todas las combinaciones
preconizadas. Sus dosis oscilan entre los 250 (cada vez con menos adeptos)
y 500 mg cada 12 horas, según las series revisadas.
La duda se centra en la elección del segundo antibiótico.
Se sabe que múltiples cepas del HP son resistentes al metronidazol
y a ello se debía la alta tasa de fracasos de la primera triple
terapia empleada (bismuto, metronidazol, amoxicilina). Sin embargo,
la acción conjunta con la claritromicina parece obviar este inconveniente
y en este momento constituye una opción válida, aunque
con más problemas que la siguiente. Se administra a dosis de
500 mg cada 12 horas.
El otro antibiótico incluible es la amoxicilina, frente a la
que apenas hay cepas resistentes. Su único inconveniente se centra
en la imposibilidad de ser empleada en la gran cantidad de pacientes
con alergia a las penicilinas. Se administra a dosis de 1 g cada 12
horas.
La reciente comercialización de una combinación de ranitidina
y bismuto no mejora por el momento el perfil de eficacia de las pautas
expuestas anteriormente, incluso aunque se asocie a claritromicina.
Para algunos autores sería conveniente añadir también
amoxicilina, pero todavía no existen datos objetivos que justifiquen
esta opinión.
En resumen, se puede decir que en nuestro medio la terapia erradicadora
de elección está constituida por una toma cada 12 horas
de:
- Inhibidor de la bomba de protones (omeprazol, 20 mg; lansoprazol,
30 mg; pantoprazol, 40 mg).
- Claritromicina 500 mg.
- Amoxicilina 1 gramo (metronidazol, 500 mg en caso de hipersensibilidad).
Actitudes prácticas
para el manejo de la úlcera péptica
Los consensos nacionales e internacionales acerca de la patología
ulcerosa péptica abogan en este momento por instaurar terapia
erradicadora en todo proceso ulceroso conocido o en todo nuevo diagnóstico.
Algunos documentos recientes van más allá y prescinden
incluso de realizar cualquier test para la detección de la infección
por HP en los que tienen úlcera duodenal, lo que se justifica
por su amplia prevalencia en estos pacientes y en el marco de actuaciones
con mayor coste-efectividad.
A modo de síntesis de tales consensos, proponemos a continuación
actitudes prácticas. Todas ellas tienen varios puntos en común:
- Denominamos terapia erradicadora primaria a la descrita anteriormente
como de elección. En la secundaria el metronidazol sustituye
a la amoxicilina.
- En los casos en que esté indicado, el UBT debe llevarse a cabo
a las 4-6 semanas de finalizada la terapia erradicadora (primaria o
secundaria)
- Un UBT negativo con persistencia o reaparición de síntomas
es indicación de exploración endoscópica.
- El fracaso de la erradicación secundaria (persistencia o reaparición
de síntomas, UBT positivo) obliga a la realización de
endoscopia y, en su caso, a la toma de muestras para cultivo y antibiograma.
Úlcera
duodenal no
complicada
Se denomina así a toda aquélla que no ha presentado hemorragia
digestiva, perforación o penetración. En este apartado
se incluye a todos los pacientes con diagnóstico reciente o antiguo,
con clínica activa o asintomáticos.
Teniendo en cuenta la alta prevalencia del HP, se recomienda implantar
en todos ellos terapia erradicadora primaria incluso sin haber confirmado
su presencia (Figura 1). Dada la alta efectividad de la pauta, no es
preciso verificar la erradicación si la clínica desaparece
definitivamente.
Si los síntomas persisten o reaparecen, se efectuará UBT.
Un resultado positivo es indicación de erradicación secundaria
y tampoco en este caso es preciso verificar la erradicación si
el paciente queda asintomático.
Úlcera
duodenal complicada
Además de las medidas propias destinadas al tratamiento de cada
una de las complicaciones, es obligatorio asegurar el éxito en
el intento de erradicar el HP, ya que su presencia constituye un elemento
de alto riesgo para la recidiva de la enfermedad ulcerosa y la presentación
de nuevas complicaciones. Como medida de precaución, se mantendrá
tratamiento con anti-H2 hasta verificar el éxito de la erradicación
(los inhibidores de la bomba de protones pueden enmascarar el resultado
del UBT).
Se instaurará terapia primaria (con o sin confirmación
de presencia de HP), tras lo cual es necesario verificar la erradicación
(Figura 2).
Se prescribirá terapia secundaria si el UBT es positivo y deberá
volver a verificarse la erradicación.
Úlcera
gástrica
Dado que la prevalencia de la infección por HP es sensiblemente
menor, conviene asegurarse de su presencia antes de instaurar terapia
erradicadora. Es obligatorio verificar la erradicación, ya que
el HP constituye un elemento de riesgo para la malignización
de este tipo de úlceras. Por otra parte, se llevará a
cabo una nueva exploración endoscópica a las 12 semanas
de la erradicación para comprobar la cicatrización de
la úlcera, ya que la persistencia de la lesión es signo
de malignidad.
En primer lugar se instaurará terapia primaria si el resultado
del UBT ha sido positivo (Figura 3) y se verificará el éxito
de la erradicación.
Un UBT nuevamente positivo es indicación de terapia secundaria
y de nuevo UBT verificador.
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