Patología péptica del tubo digestivo (I)
Relujo gastroesofágico
INTRODUCCIÓN
Y EPIDEMIOLOGÍA
Se considera que existe reflujo gastroesofágico (RGE) cuando
hay un paso anómalo del contenido del estómago, y en ocasiones
del duodeno, al esófago, sin que le precedan náuseas o
vómitos. Este es un fenómeno fisiológico, pues
ocurre varias veces a lo largo del día en las personas sanas
durante períodos breves de tiempo, en general, menores de 5 minutos,
especialmente tras la ingesta. No ocurre durante la noche, suele ser
asintomático y pasa inadvertido. Es más, cualquier sujeto
con buen estado de salud tiene de uno a cuatro episodios de RGE a la
hora durante las tres primeras horas después de una comida.
La delimitación entre el RGE fisiológico o patológico
se basa en dos aspectos cuantitativos, la frecuencia y duración
del mismo, estableciéndose el límite de cinco minutos
para establecer como patológico un episodio de RGE.
La enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) es una de las
enfermedades gastroenterológicas más frecuentes y se caracteriza
por un conjunto de manifestaciones clínicas esofágicas
y/o extraesofágicas relacionadas con la presencia de reflujo
gastroesofágico patológico (Tabla I). En ella se incluye
la esofagitis por reflujo, término que se debe reservar para
las situaciones en que se objetiven las lesiones típicas de este
proceso mediante endoscopia.
En la actualidad para definir la existencia de la ERGE se requiere que
el paciente tenga dos o más episodios de pirosis a la semana,
o bien, siguiendo al grupo Genval (que estudió el reflujo basándose
en la evidencia), que existan complicaciones físicas derivadas
del reflujo o que los pacientes sientan disminuída su calidad
de vida (después de explicarles la naturaleza benigna de su proceso).

Todavía no está bien definido el espectro de la ERGE,
sin embargo una clasificación reciente, que asume en ella la
calidad de vida, puede sernos muy útil (Figura 1). Valiéndonos
de la endoscopia, una clasificación sencilla puede ser la que
diferencia los enfermos con esofagitis erosiva de aquellos pacientes
que tienen una endoscopia normal, las principales características
de ambos grupos las podemos ver en la Tabla II.

Un estudio reciente de Avidan B y cols. en el que estudiaba qué
factores de riesgo podían influir en la severidad de las lesiones
de la mucosa esofágica (presencia de una esofagitis erosiva)
demostró que uno de los más importantes era la existencia
de una HH, el cual influía notoriamente no solo en la aparición
de erosiones, sino también sobre las complicaciones (úlceras
y estenosis); otros factores que se correlacionaron positivamente con
el daño mucoso fueron el sexo (más en hombres) y la raza
(mayor en caucásicos). Los pacientes que tuvieron un ulcus gastroduodenal
tuvieron un menor riesgo de desarrollar una esofagitis erosiva, lo cual
puede obedecer a un hipotético efecto beneficioso del Helicobacter
pylori (Hp) sobre la ERGE.

El síntoma más frecuente de esta entidad es la pirosis
(sensación de quemazón retroesternal) y su registro es
el que ha permitido efectuar la mayor parte de los estudios epidemiológicos
que disponemos. La subjetividad de este método y la ausencia
de un "patrón oro" diagnóstico de la ERGE es
lo que debe hacernos tomar con cierta prevención los resultados
de esas investigaciones.
Una de los rasgos más notables de la ERGE (Tabla III) es su gran
frecuencia en la población: un 7 por ciento, aproximadamente
de la población adulta norteamericana refiere pirosis diaria,
el 20 por ciento lo manifiesta al menos una vez por semana y el 44 por
ciento en al menos una vez al mes. De los pacientes que acuden a su
médico un 45 por ciento tienen un diagnóstico endoscópico
de esofagitis; el 42 por ciento no tienen esofagitis; y entre el 10-20
por ciento de los enfermos presentan complicaciones de la ERGE, fundamentalmente
el esófago de Barrett. En Europa la prevalencia de la ERGE sintomática
se cifra en algo más del 5 por ciento de la población,
y de la esofagitis por reflujo en el 1-2 por ciento. Estos datos infravaloran
la realidad pues muchos pacientes con la ERGE jamás van a su
médico pues piensan que sus síntomas pueden ser normales,
de hecho la mayoría de los pacientes que atendemos nos indican
que llevan con sus síntomas desde hace largo tiempo (en algunos
estudios el 30 por ciento los tienen desde 10 años atrás
o más); por otra parte, un número elevado de pacientes
con enfermedades extraesofágicas (asma, etc. ) no están
diagnosticados de reflujo. Es por todo lo anterior que una de las formas
clásicas de representar gráficamente la ERGE es por el
denominado "iceberg" de Casttle, en el cual la punta es la
porción de pacientes diagnosticados, mientras que la mayor parte
de ellos, la porción sumergida, es la que desconocemos su existencia.
De esta forma se considera que la ERGE es probablemente la causa de
morbilidad digestiva más frecuente en la población y,
es más, por parte de algunos autores se vaticina que su incidencia
se irá incrementado en los próximos años, por cuyo
motivo se la denomina por ellos como la "enfermedad del milenio".

Aunque la ERGE tiene una frecuencia similar en el hombre que en la mujer,
las formas más severas de esofagitis, así como las complicaciones
(esófago de Barrett, adenocarcinoma esofágico, etc.) son
más prevalentes en el hombre. Es infrecuente en la raza negra
y su mayor incidencia se da a partir de los 40 años.
El costo social que representa esta enfermedad esofágica desde
el punto de vista económico es enorme. Así en Estados
Unidos se gastan en su tratamiento anualmente cerca de 6000 millones
de dólares sólo en fármacos antisecretores. Resulta
interesante conocer, así mismo, que el 47 por ciento de estos
pacientes se automedican y que sólo el 38 por ciento adquieren
los fármacos mediante prescripción facultativa.
Un aspecto al cual se le está dando especial relevancia en la
actualidad es a la determinación de la calidad de vida (CV) de
estos pacientes, la cual está notoriamente disminuida en el 30
por ciento de los casos, siendo equiparable a la de los pacientes con
enfermedades cardíacas y algo peor que los pacientes ulcerosos.
Ello se refleja fundamentalmente en los frecuentes trastornos del sueño
(bien por no dejar dormir o por despertar a los pacientes), en las alteraciones
emocionales, alimentarias, en su sentimiento de vitalidad y de una aceptable
función social y de la vida diaria. No existen grandes diferencias
en los "items" de CV entre los pacientes con ERGE erosiva
o no erosiva (ERGE con endoscopia normal). Las mujeres y los fumadores
suelen tener peores índices de CV que los hombres y los no fumadores;
también a medida que avanza la edad mejoran esos índices.
Otra circunstancia a valorar en la ERGE es su relación con el
desarrollo de un adenocarcinoma esofágico. Se estima que el riesgo
de esta neoplasia es de 1/10.000 en las personas que tienen pirosis
alguna vez al mes; 1/4.500 si es semanal; 1/2.000 caso de ser diario
este síntoma y se acentúa como veremos después
este riesgo en 1/200 caso de existir un esófago de Barrett. En
esta interrelación se postulan entre otros los efectos de la
aclorhidria causados por los fármacos antisecretores, así
como los de las radiaciones emitidas en los estudios radiológicos
gastroduodenales.
Otra característica de interés en esta enfermedad es su
frecuente evolución hacia la cronicidad. Aunque no se conoce
mucho de su historia natural, un estudio de seguimiento mediante teléfono
y correo, realizado en Irlanda sobre 101 pacientes diagnosticados de
esofagitis de grados I a III durante un período medio de 11 años
evidenció que el 72 por ciento de esos pacientes aún tenía
episodios de pirosis (el 32 por ciento de estos diariamente) o consumía
regularmente antiácidos. Dos de los 101 enfermos estudiados tuvieron
estenosis y uno evolucionó hacia un esófago de Barrett.
Además se constató en ellos una disminución de
dos de los índices de calidad de vida valorados (función
física y social).
Tomando en consideración los aspectos antes citados por parte
de algunos autores se aconseja que la ERGE sea valorada por los facultativos
de forma similar a como se hace con otras patologías crónicas
(como la hipertensión y la diabetes, p. ej. ).
ETIOPATOGENIA
Desde un punto de vista esquemático se considera que puede existir
ERGE cuando unos factores desencadenantes superan en intensidad a otros
defensivos mediante una iniciación motivada por circunstancias
predisponentes (Figura 2). Por consiguiente, la etiopatogenia del reflujo
es multifactorial y muy probablemente la mayoría de las causas
expuestas intervienen en todos los pacientes, aunque en un sujeto determinado
sea una de ellas la determinante.
Factores predisponentes
Una de las regiones
de mayor importancia anatomofisiológica en la ERGE es la denominada
unión gastroesofágica que está constituida por
el esfinter esofágico inferior (EEI), la parte crural del diafragma
y el ligamento frenoesofágico (que une el difragma crural al
esófago).

El EEI es en realidad un anillo de una longitud aproximada de 2,5-4
cm, está formado de unas fibras musculares transversas y unas
oblicuas de músculo liso y tiene dos porciones, una intraabdominal
y otra localizada en el canal hiatal. Permanece contraído en
reposo debido a su tono intrínseco, manteniendo una presión
de unos 12 mm superior a la presión intragástrica, por
lo que se genera una barrera antirreflujo gástrico; y permanece
la contracción a pesar de estar denervado. En la deglución
se relaja por la peristalsis esofágica, y el jugo gástrico
que puede refluir de esta forma se vacía rapidamente al estómago.
Su presión de reposo varía entre 10 y 40 mmHg. Se modifica
durante el día dependiendo del ciclo fisiológico. Así,
disminuye en el período postpandrial, aumenta por la noche y
varios factores pueden modificarla, entre ellos: el aumento de presión
intraabdominal incrementa el tono del EEI; a la inversa, la distensión
gástrica lo disminuye. Algunos medicamentos y hormonas (Tablas
IV y V) pueden así mismo condicionar la presión de este
esfínter.


Alteraciones
del EEI
Tres son las situaciones que pueden motivar una incompetencia del EEI
y causar ERGE (Tabla VI). De ellas la más frecuente es la presencia
de relajaciones transitorias del esfínter (RTE). Parece existir
cierta relación entre la severidad de los síntomas y el
mecanismo alterado,de manera que los pacientes con enfermedad más
leve serían aquellos en los que existiría como factor
patogénico fundamental las relajaciones transitorias,mientras
que los casos más severos se asociarían con una hernia
hiatal o un EEI hipotónico.
Las RTE se producen como una respuesta fisiológica, mediada por
el vago, a la distensión gástrica -pueden ser parte primordial
del acto del eructo- y no siempre se acompañan de reflujo ácido
(dependiendo de las series estudiadas hay RGE en 15-93 por ciento de
los casos). Su frecuencia aumenta así mismo por adoptar una postura
erecta y al tomar comidas con elevado contenido lipídico. Se
acompañan además de toda una respuesta motora integrada
que consiste en una inhibición del diafragma crural y una contracción
del la parte costal de este músculo.
A diferencia de las relajaciones que acaecen el el proceso deglutorio
fisiológico, en los pacientes con ERGE no se acompañan
de contracciones faríngeas ni de peristalsis esofágica,
y duran más (suelen tardar más de 10 segundos).

Últimamente se ha demostrado en estudios realizados en el hombre
y en animales que las RTE se inducen por estímulos sobre el receptor
del tipo B del ácido gamma aminobutírico y que pueden
inhibirse por bloqueo de dichos receptores.
Con arreglo a los estudios que disponíamos hasta la fecha, como
en los sujetos sanos sólo el 35 por ciento de las RTE se relacionan
con el RGE mientras que en los pacientes con ERGE esta frecuencia era
del 65 por ciento, de modo tradicional se ha considerado que éste
era un mecanismo destacado que nos podía explicar la génesis
de la ERGE en la mayoría de los pacientes. Sin embargo, estudios
recientes como el de Trudgill y cols. no avalan este mecanismo, o mejor,
no lo avalan de forma tan simple, puesto que usando una metodología
más reciente se ha llegado a la conclusión de que no existen
diferencias significativas en la frecuencia tanto pre como postpandrial
de las RTE entre los pacientes con ERGE y voluntarios asintomáticos
de una edad y sexo similares a los enfermos, sino que lo que ocurre
es que las RTE de los enfermos con esta enfermedad péptica tienen
al menos el doble de contenido ácido que las de los sanos.
Salvo en un subgrupo pequeño de pacientes, no es frecuente la
existencia de un EEI hipotenso (< de 10 mm de Hg) en condiciones
basales de ayuno. Sin embargo múltiples factores pueden actuar
sobre el EEI disminuyendo su presión (hormonas, alimentos, tabaco,
etc.). Este mecanismo actúa, no obstante, en ciertos enfermos
con esofagitis severa y parece que más que depender de una hipotensión
primaria del EEI es una consecuencia de la propia inflamación
esofágica sobre dicho esfínter, por lo que sería
una hipotonía secundaria a la esofagitis, la cual parece depender
del efecto que pudieran tener sobre la presión esfinteriana los
metabolitos del ácido araquidónico.
Hernia hiatal
Es un prolapso adquirido de una porción del estómago a
través del hiato diafragmático en el interior del tórax.
Es una alteración muy frecuente puesto que existe en cerca de
la mitad de la población adulta. Su prevalencia aumenta con la
edad y alcanza un punto máximo entre los 40 y 70 años.
Es más frecuente en pacientes obesos, en las mujeres, y en países
industrializados.
Con arreglo a su morfología se pueden distinguir tres tipos de
HH:
1) Axial, por deslizamiento o tipo I: en este caso la cavidad gástrica
asciende a través del canal hiatal, por lo que se produce un
desplazamiento axial de la unión esofagogástrica a través
del hiato esofágico hacia el tórax. Es la más frecuente
(90-95 por ciento).
2) Paraesofágica o tipo II, cuando una porción del estómago
se hernia a través del hiato esofágico de forma paralela
al esófago, por lo que la unión esofagogástrica
se encuentra en su posición normal, fijada por la membrana frenoesofágica
de uno de los lados del hiato diafragmático.
3) Mixta o tipo III: es una combinación de las dos anteriores.
Se desconoce la causa de la HH. Suelen ser de origen adquirido y en
el caso de las axiales se ha descrito secundariamente a traumatismos,
yatrogenia y, rara vez, a malformaciones congénitas. Una teoría
reciente sugiere la posibilidad de que sean una consecuencia de la esofagitis
causada por el RGE. Las paraesofágicas pueden depender en algunos
enfermos de intervenciones quirúrgicas sobre la unión
gastroesofágica (cirugía antirreflujo, miotomía,
gastrectomía parcial, etc.).
Un error común es el de asimilar la ERGE a la existencia de una
hernia hiatal (HH). Aunque esta asociación es frecuente (50-94
por ciento de los enfermos con ERGE tienen HH), no siempre coexisten
ambos procesos, y no es infrecuente ver a pacientes con ERGE sin HH
y a la inversa, pacientes con HH sin ERGE. Así se ha demostrado
en algunos estudios: sólo el 9 por ciento de los pacientes diagnosticados
de HH tienen clínica de reflujo, pero en el 75-90 por ciento
de los enfermos con ERGE se puede evidenciar una HH.
El tamaño de la HH se correlaciona con la presencia de ERGE a
partir de una herniación de 2 cm. En estos casos la presión
del EEI es menor, y los episodios de reflujo son más frecuentes
y prolongados. También existe una relación con el tipo
de HH: es más frecuente en la axial (asociación que corresponde
con lo que vemos usualmente en la clínica), mientras que existe
en el 45 por ciento del tipo III y en el 19 por ciento del tipo II.
Una HH puede originar RGE mediante diversos mecanismos que se exponen
en la Tabla VII.
Factores desencadenantes
Aunque la mucosa esofágica es relativamente resistente al ácido,
el daño ocurre indefectiblemente cuando el pH es menor de 2.
Además el contenido duodenal (ácidos biliares y tripsina,
entre otros) puede también lesionar al esófago.
Mediante estudios con pHmetría se ha podido verificar que la
exposición al ácido en el esófago distal se relaciona
directamente con el espectro lesional de la ERGE. Es decir, desde la
ERGE no erosiva, pasando por la esofagitis erosiva, al esófago
de Barrett y sus complicaciones. Por otro lado, ciertas situaciones
de hipersecreción ácida (enfermos con Zollinger-Ellison)
tienen la ERGE con mayor frecuencia que sujetos sanos.
A pesar de lo expuesto, la secreción ácido-péptica
es similar entre los pacientes con ERGE que los controles de una edad
y sexo semejante.
Por todo lo cual podemos concluir que el ácido es un factor necesario,
pero no suficiente, para explicar la fisiopatología de la ERGE.
Es factible, sin embargo, que en un subgrupo de enfermos pueda existir
un aumento de secreción ácida.
Factores defensivos
Aclaramiento
esofágico
Este depende de la contractilidad adecuada del esófago (peristalsis)
y de la saliva.
La eficiencia del mecanismo motor determina el tiempo durante el que
el esófago está expuesto a los agentes lesivos. En los
sujetos normales la peristalsis esofágica es capaz de aclarar
el ácido del esófago. Pero en el caso de los pacientes
con ERGE es frecuente que existan alteraciones de este mecanismo, en
el sentido de haber una ausencia de la peristalsis o una menor amplitud
de las ondas, las cuales se relacionan con la progresión de la
esofagitis (25 por ciento en el caso de esofagitis leve y 48 por ciento
en los enfermos con esofagitis severa).
Se desconoce aún si estas anomalías son causa o consecuencia
de la ERGE. Es probable que sean más bien causa de ella, pues
la curación de la esofagitis no suele mejorar estos trastornos.
La saliva tiene multitud de substancias (factor de crecimiento epidérmico,
etc.) que pueden influir de forma positiva en la curación de
las lesiones esofágicas. Una de las circunstancias que pudiera
justificar el por qué la ERGE se tiende a dar en supino en un
grupo de personas pudiera depender de que durante el sueño disminuye
la salivación. Por otro lado, la xerostomía crónica
se asocia con frecuencia con una más prolongada exposición
de ácido y con la ERGE.
Sin embargo, no se han hallado diferencias significativas en la secreción
salivar de los sujetos con ERGE respecto a controles.
Resistencia mucosa
En ella se distingue una barrera preepitelial, una epitelial, y otra
postepitelial. Se desconoce si una disminución de estas defensas
pueden generar una mayor susceptibilidad individual a la ERGE.
En la Figura 3 se expone un esquema de los mecanismos implicados en
la ERGE en el caso de que exista esofagitis.
ASOCIACIONES
CLÍNICAS
Ciertas situaciones favorecen el desarrollo de la ERGE (Tabla VIII).
En el gastrinoma la ERGE aparece en el 60 por ciento de los pacientes.
Su causa fundamental es el gran volumen de secreción ácida
que permite un mayor tiempo de contacto del ácido con la mucosa
esofágica, hecho que justifica en estos pacientes un peor curso
clínico con mayores posibilidades de esofagitis, úlcera
esofágica,estenosis e incluso perforación. En el embarazo
la aparición de la ERGE se debe al efecto relajante que tienen
las hormonas femeninas sobre el EEI; en la esclerodermia existe una
atrofia del músculo liso y en la diabetes se debe a la alteración
neuromuscular que conlleva una hipotonía del EEI y una alteración
motora del cuerpo gástrico. El uso prolongado de sondas nasogástricas
interfiere con la función mecánica del EEI.


CLÍNICA
La ERGE es una de las enfermedades digestivas en que las manifestaciones
clínicas son de un amplio espectro, el cual abarca desde el paciente
que manifiesta una pirosis hasta aquel que se nos presenta con un hipo
intratable o con un adenocarcinoma esofágico resultado de un
esófago de Barrett complicado.
Bajo consideraciones didácticas consideraremos dos tipos de síntomas:
unos los más frecuentes, denominados típicos o esofágicos
(pirosis, regurgitación, etc); otros, los llamados extraesofágicos
o atípicos.
Síntomas
esofágicos
La pirosis es el síntoma más frecuente, se describe como
una sensación de ardor o quemazón que se localiza desde
el apéndice xifoides hasta la faringe. Presenta una duración
variable desde menos de un minuto hasta más de media hora. Suele
tener una clara relación postural, de suerte que es más
frecuente en posición de decúbito, sobre todo en decúbito
lateral derecho (por cuyo motivo puede despertar a los pacientes), al
inclinarse a coger algún objeto (ponerse los zapatos, p. ej.
), y puede precipitarse con la maniobra de Valsalva. No obstante, de
modo paradógico, existe alrededor de un 8 por ciento de pacientes
con enfermedad por reflujo gastroesofágico que tienen reflujo
diurno y no presentan reflujo cuando están en decúbito.
También se manifiesta más a menudo tras comidas copiosas
o con alto contenido graso o si contienen cítricos. Es agravada
por las bebidas con cola o alcohólicas, el café y el té.
Una cena tardía o acompañada de alcohol antes de acostarse
predispone al paciente a tener síntomas nocturnos que pueden
ser muy molestos.
Mejora al tomar alcalinos, al adoptar una postura erecta y en algunos
casos al ingerir agua o leche. Si es muy intenso puede referirse como
dolor. Se debe a irritación de las terminales nerviosas del esófago
por la retrodifusión de hidrogeniones del material refluido.
Cuando este síntoma mejora o desaparece en un paciente que lo
tenía a pesar de un tratamiento correcto deberemos pensar en
la aparición de alguna complicación como el desarrollo
de una estenosis, la cual originaría un menor paso de material
refluído.
La existencia de este síntoma de forma recurrente es diagnóstico
de la ERGE. Sin embargo debemos saber que no existe una buena correlación
entre su presencia, el hallazgo de lesiones en la endoscopia y la presencia
de una pHmetría patológica, de forma que no es infrecuente
en pacientes con pirosis intensa y frecuente que tengan en la endoscopia
un esófago normal (enfermedad no erosiva) y algunos de ellos
una pHmetría que no difiere para nada de los sujetos sin ERGE.
Ejemplo de lo anterior puede ser el de una serie en en la que sólo
el 60 por ciento de los enfermos con esofagitis presentaron pirosis,
regurgitación o dolor retroesternal; por el contrario, existen
enfermos que tienen síntomas escasos y en la endoscopia se detecta
una estenosis péptica o un esófago de Barrett.
A menudo, aunque no siempre, la pirosis se acompaña de regurgitación
que consiste en la aparición sin esfuerzo del contenido gástrico
en la boca que el paciente percibe como quemazón en ella o como
un sabor amargo o agrio. Suele ser de escasa cuantía y no se
acompaña de náuseas. Ocurre más frecuentemente
con el decúbito y con cambios posturales, pudiendo despertar
al paciente por la noche. Debe diferenciarse de otras situaciones, como
la estenosis esofágica o la acalasia, en las que también
se regurgitan alimentos, aunque en estas situaciones el contenido regurgitado
no es ácido y contiene alimentos sin digerir. La presencia de
regurgitación puede indicar un EEI incompetente.
Otros síntomas esofágicos que se puden manifestar en la
ERGE son la disfagia, odinofagia, sialorrea, náuseas, globo faríngeo,
eructación y vómitos.
La disfagia es la dificultad para la deglución, con sensación
de obstáculo del bolo alimenticio. Este síntoma puede
aparecer en distintos momentos evolutivos de la ERGE. En las etapas
iniciales denota habitualmente una alteración motora del esófago
que puede ser primaria o secundaria a las lesiones inflamatorias de
la mucosa esofágica. Se manifiesta por episodios infrecuentes
de disfagia alta o baja para sólidos y/o líquidos, que
en ocasiones se desencadenan por la ingesta de líquidos muy fríos
o muy calientes. No es progresiva y no suele alterar la vida diaria
de los pacientes. Las alteraciones de la motilidad esofágica
en la mayor parte de los casos se trata de una reducción de la
amplitud de las ondas peristálticas o alteraciones inespecíficas
de su secuencia. Recientemente se ha señalado la implicación
del RGE en otros trastornos mejor caracterizados como el peristaltismo
sintomático o formas de espasmo esofágico difuso y que
no difieren significativamente en sus características de las
formas idiopáticas.
Por el contrario, en estadios avanzados de la enfermedad, la aparición
de una disfagia progresiva, que perturba significativamente la vida
del enfermo, a veces acompañada de una disminución de
la pirosis, debe hacernos sospechar el desarrollo de una estenosis,
ya sea péptica o maligna.
La odinofagia o dolor a la deglución es poco frecuente en la
ERGE.
Su presencia suele significar que existe un reflujo intenso y de larga
evolución y nos hace sospechar la existencia de lesiones en el
esófago como erosiones o ulceraciones. Cuando ocurre abruptamente
y se acompaña de disfagia se debe a la impactación alimentaria
sobre una estenosis previamente asintomática. Con todo, la rareza
de este síntoma en la ERGE debe alertarnos hacia la sospecha
de otra enfermedad esofágica en un paciente cuyo síntoma
de presentación sea la odinofagia, en concreto nuestra orientación
diagnóstica inicial debe sugerirnos una esofagitis infecciosa
(cándidas, herpes, etc.) o una lesión esofágica
causada por fármacos (tetraciclinas, alendronato, etc. ) o bien
una esofagitis por radiación.
La hipersalivación se produce por una respuesta vagal secundaria
al paso de contenido ácido en el esófago distal. Es un
mecanismo defensivo ante el RGE, pues induce a la deglución amén
del efecto beneficioso descrito previamente que tiene la saliva. Es
un síntoma poco frecuente y es excepcional que se presente como
único síntoma de la ERGE. No obstante se han descrito
pacientes en que la sialorrea ocupa un lugar destacado entre sus manifestaciones
clínicas, pudiendo secretar hasta 10 ml por minuto de saliva
como respuesta al reflujo.
Aunque las náuseas son un síntoma de esacasa relevancia
se han publicado casos de pacientes con náuseas incoercibles
como forma de presentación de la ERGE que cedieron con el tratamiento
de esta enfermedad.
El denominado globo faríngeo o histérico consiste en la
sensación de un obstáculo en la faringe o esófago
alto independientemente de la deglución. Aunque se ha relacionado
con la ERGE, el papel de ésta no está demostrado. En algunos
casos se piensa que obedece más que a la presencia de RGE a un
esfínter esofágico superior hipertensivo. Este es motivo
de consulta a los ORL de un 0,7-4 por ciento de sus pacientes. Además
de la posibilidad en estos casos del reflujo, se deben descartar causas
inflamatorias locales, neoplasias y muy a menudo alteraciones psicopatológicas.
Síntomas
extraesofágicos
Generalidades
El estudio de las manifestaciones extrraesofágicas de la ERGE
está en constante evolución pues son numerosas las presentaciones
clínicas que se van atribuyendo a la ERGE. En la mayoría
de ellas se confirma que, en efecto, se relacionan causalmente con esta
entidad péptica; en otros casos, no obstante, no se puede atribuir
con total certeza esta interrelación, caso por ejemplo de la
halitosis.
La mayor parte de los pacientes que presentan síntomas extraesofágicos
de la ERGE no tienen los síntomas característicos de la
misma (pirosis o regurgitación). Así sucede en el caso
del 40-60 por ciento de los pacientes con asma; en el 57-94 por ciento
de los pacientes con síntomas ORL y en el 43-75 por ciento de
los enfermos con tos crónica relacionados todos ellos con la
ERGE. Por ello, la ausencia de estos datos clínicos tradicionales
del RGE en estas enfermedades complica el diagnóstico de estas
entidades no esofágicas y en cada paciente que se nos presente
con cualesquiera de estos síntomas deberemos pensar siempre en
la posibilidad de que puedan ser motivados por la ERGE.
Por otro lado, en estos pacientes la prevalencia de esofagitis en la
endoscopia es baja. Así en la mayoría de las investigaciones
realizadas al efecto se ha objetivado esofagitis (habitualmente leve)
en sólo 10-30 por ciento de estos enfermos, mientras que su prevalencia
en los pacientes con los síntomas carcterísticos de la
ERGE es de un 47-79 por ciento. Esto justifica que en estos pacientes
tengamos que acudir no pocas veces a estudios complementarios para realizar
el diagnóstico (pHmetría, p. ej.). Pero este estudio puede
dar falsos negativos en 20-50 por ciento, lo cual representa que aunque
en un paciente determinado la pHmetría de 24 horas sea negativa
no podamos descartar con certeza la ERGE como causante de la enfermedad
extraesofágica. Además es muy importante que tengamos
en cuenta que un resultado positivo nos indica solamente que existe
un RGE con síntomas no esofágicos, sin aportarnos una
relación causal con la ERGE, lo cual sólo es demostrable
si la clínica extraesofágica mejora notoriamente o desaparece
al aportar al paciente determinado el tratamiento oportuno de la ERGE.
También debemos conocer que la especificidad y la predecibilidad
de la respuesta terapéutica difiere de más a menos según
consideremos a los pacientes con esofagitis erosiva o aquellos con enfermedades
extraesofágicas (Figura 4)

Un resumen de las principales características de la ERGE en estos
pacientes puede verse en la Tabla IX.

Dolor Torácico
Idiopático (DTI)
Este es un síntoma con el que frecuentemente se las tiene que
haber el médico de atención primaria. Se calcula que en
el 30 por ciento de los pacientes con DTI la angiografía coronaria
es negativa. Por otra parte el 75 por ciento de pacientes ingresados
en un hospital por este motivo son diagnosticados inicialmente de una
causa extracardíaca. No siempre el diagnóstico es fácil
en estos casos pues la ERGE puede desencadenarse por el ejercicio al
igual que el dolor coronario.
Ciertas manifestaciones clínicas pueden sugerirnos el origen
esofágico del dolor, como son la presencia de síntomas
relacionados con la ERGE (pirosis, regurgitación, etc.) así
como que se precipiten por la ingesta de algunos alimentos (chocolate,
grasa, etc. ). También la existencia de dolor durante más
de 2-3 horas de irradiación no lateral, el remitir con antiácidos
o el despertar al paciente. Sin embargo el objetivar datos clínicos
de ERGE no confirma que el DTI sea causado por esta enfermedad esofágica.
De hecho en el 50 por ciento de los enfermos diagnosticados de coronariopatía
se confirma que tienen síntomas de ERGE, lo que denota que no
es infrecuente la asociación entre la cardiopatía isquémica
y la ERGE, lo cual puede obedecer a que algunos fármacos utilizados
comúnmente en las cardiopatías (nitratos o antagonistas
del calcio, p. ej.) son capaces de precipitar episodios de RGE al reducir
la presión del EEI. Es frecuente también en los pacientes
con prolapso mitral la coexistencia con algún trastorno motor
esofágico, circunstancia que acaece hasta en el 80 por ciento
de estos pacientes.
No se conoce bien la etiopatogenia del DTI en estos pacientes, aunque
se postulan varios mecanismos que pudieran asociarse (Figura 5). En
unos casos, el reflujo gastroesofágico produce una estimulación
de los quimiorreceptores (esófago quimiosensible). En otros,
la causa pudiera ser una alteración motora secundaria al estímulo
de los mecanorreceptores (esófago mecanosensible). Otros receptores
no tan bien estudiados son los termorreceptores, los cuales justificarían
la frecuente asociación clínica de la aparición
del dolor motivada por la ingesta de alimentos o bebidas muy calientes
o muy fríos. Además se ha relacionado con el dolor un
no bien definido reflejo cardíaco o viscerocardíaco, que
explicaría la aparición de dolor coronario con descenso
del segmento ST en el electrocardiograma tras utilizar el test de Bernstein
en algunos pacientes. Pero debemos saber que existen otra serie de factores
implicados como la isquemia esofágica o las alteraciones en el
sistema nervioso, en forma de ansiedad o depresión, y con tendencia
a la somatización de las mismas. Y en algunos casos el umbral
de sensibilidad dolorosa está disminuido lo que puede justificar
que algunos estímulos fisiológicos puedan ser susceptibles
de manifestarse como dolor. En estos casos se ha acuñado el término
de esófago irritable que sería una consecuencia de la
denominada hipersensibilidad visceral, situación similar a la
que ocurre en el síndrome del intestino irritable o en la dispepsia
funcional, la cual puede estar motivada por diversos factores (genéticos,
procesos neonatales, activación del sistema nervioso simpático,
etc. ).

Enfermedades pulmonares
Se ha relacionado a la ERGE con frecuentes enfermedades neumológicas
(Tabla X). Expondremos a continuación las más características.

Asma
Es un hecho bien conocido que la ERGE es uno de los desencadenantes
del asma; su presencia afecta a un 80 por ciento de los pacientes asmáticos
y con frecuencia es asintomática. Su tratamiento puede mejorar
notoriamente a un 70 por ciento de estos enfermos.

La relación existente entre la ERGE y el asma es bidireccional
(Figura 6). En efecto, aunque a través mecanismos no bien conocidos,
el asma puede ser causante de reflujo mediante las pequeñas aspiraciones
de material refluido que pueden provocar episodios de broncoespasmo.
También se ha demostrado la existencia de un mecanismo reflejo
que mediante vías vagales puede producir una broncoconstricción
en respuesta a la presencia de ácido en el esófago. Este
mecanismo puede ser especialmente importante a sabiendas de que el esófago
y el árbol bronquial comparten la misma inervación. En
los pacientes sensibles parece que incluso una pequeña cantidad
de ácido puede ser suficiente para desencadenar un broncoespasmo.
Esta hipersensibilidad al ácido puede explicar el porqué
en algunos enfermos el tratamiento antirreflujo por sí solo no
puede controlar el asma. Recientemente se ha podido evidenciar, así
mismo, que los episodios de reflujo ácido incrementan la reactividad
bronquial a desencadenantes alérgicos (caspa de gato, p. ej.).
En estudios experimentales se ha objetivado la inflamación de
las vías respiratorias, comprobándose un aumento de la
liberación de sustancia P y de taquicininas. En algunos casos
pudiera depender el efecto adverso del RGE no de una broncoconstricción,
sino de un incremento de la ventilación-minuto y de la frecuencia
respiratoria.
También el asma puede favorecer el RGE. En este caso la influencia
del trabajo respiratorio, el aumento de los cambios de presión
transdiafragmática y el estiramiento de los receptores vagales
del árbol bronquial debido a la hiperinsuflación pulmonar
que produciría una relajación refleja del esfínter
esofágico inferior es probablemente escasa. El factor más
relevante en estos casos parece depender del efecto inhibidor sobre
el tono del esfínter esofágico inferior causado por los
fármacos comúnmente utilizados en su tratamiento y fundamentalmente
los agonistas beta-adrenérgicos y las teofilinas.
Algunas peculiaridades clínicas de un determinado paciente asmático
pueden hacernos pensar en la existencia de una ERGE asociada al asma
(Tabla XI)

Tos crónica
Se considera que existe una tos crónica cuando dura más
de 3 semanas. La ERGE es la tercera causa más frecuente de este
síntoma en todos los grupos de edad tras el síndrome de
goteo postnasal y el asma. Se manifiesta más durante el día
y en posición ortostática, auqnue algunos enfermos pueden
tenerla durante la noche. En su etiopatogenia los mecanismos más
importantes son la aspiración con irritación de la laringe
o de las vías respiratorias bajas y el reflejo vagal esófago-bronquial.
Al igual que ocurre con otros síntomas no esofágicos,
entre el 43-75 por ciento de los enfermos con tos causada por la ERGE
no manifiestan síntomas típicos de la patología
esofágica. Y el resto presenta síntomas de pirosis antes
o sólo después de la aparición de la tos. En algunos
pacientes pueden coexistir síntomas de la esfera ORL (disfonía,
dolor faríngeo, etc. ) o anomalías laringoscópicas.
De modo similar a lo que vimos en el asma, la tos puede ser también
un factor precipitante de la ERGE, circunstancia a tener en cuenta siempre
que veamos a un paciente con este frecuente síntoma, pues en
otro caso corremos el riesgo de que la tos se autoperpetúe.
Enfermedades
ORL
Desde el punto de vista de la prevalencia, se estima que de un 4-10
por ciento de los enfermos que acuden a un ORL tienen síntomas
debidos a la ERGE. De todos los expuestos en la Tabla XII la manifestación
clínica más frecuente es la conocida como "laringitis
por reflujo". Se asocia a síntomas como ronquera, afonía,
carraspeo crónico, exceso de mucosidad, tos crónica, disfagia
y sensación de globo faríngeo.

En su etiopatogenia actuarían como factores predisponentes aquellos
que son de riesgo para una laringitis (uso en exceso de la voz, tos,
vómitos, carraspeo crónico, etc. ) y como desencadenantes
la lesión directa ácido-péptica motivada por el
reflujo esófago-faríngeo y/o el estímulo mediado
por las fibras vagales. Además en algunos pacientes puede observarse
una respuesta anómala del esfínter esofágico superior
en el sentido que se precisan en estos pacientes volúmenes importantes
de material refluído para provocar una contracción defensiva
de este esfínter.
La ERGE es muy prevalente en los pacientes con cáncer faringolaríngeo
(36-58 por ciento) y en estudios recientes se ha podido determinar que
el riesgo de estas neoplasias está aumentado en los enfermos
con RGE, siendo este de 2,31 y es independiente de la edad, tabaquismo,
sexo e ingesta de alcohol.
Erosiones dentales
Se definen así a las pérdidas de estructura dental causadas
por mecanismos químicos en los que no hay implicados agentes
bacterianos. Su prevalencia entre los pacientes con ERGE oscila según
las series estudiadas entre un 17-68 por ciento. A la inversa entre
un 25-83 por ciento de pacientes con erosiones dentales tienen ERGE.
En su patogenia se barajan tanto la influencia lesiva ácido-péptica
como una baja capacidad tamponadora de la saliva en un subgrupo de estos
enfermos.
Hipo
De todas las causas de hipo persistente, la ERGE representa más
del 50 por ciento de los procesos causantes este síntoma y siempre
debenos sospechar su existencia en estos casos aunque el paciente no
tenga los síntomas y/o datos endoscópicos propios de la
enfermedad esofágica. Se desconoce la patogenia del hipo secundaria
al RGE si bien se postula que una factor puede deberse a irritación
diafragmática mediada por reflejos nerviosos. Este mecanismo
acontece, igualmente en otros procesos como la necrosis miocárdica
o la pericarditis.
Complicaciones
Las complicaciones más frecuentes de la ERGE son el esófago
de Barrett y la estenosis esofágica (Tabla XIII).

Esófago
de Barrett
Es la complicación más grave de la ERGE. Se caracteriza
por la sustitución de la mucosa estratificada del esófago
por epitelio columnar que exhibe características morfológicas
similares a las del estómago e intestino.La trascendencia que
supone su diagnóstico es la de que se considera como una entidad
preneoplásica,pudiendo surgir del mismo un adenocarcinoma esofágico
en cerca del 10 por ciento de los casos,circunstancia por la que reviste
un especial interés su conocimiento por parte del médico
general.
Desde el punto de
vista epidemiológico es interesante saber que su frecuencia en
los enfermos con reflujo lo bastante intenso como para solicitarles
endoscopia es de un 6-12 por ciento. Se estima que aproximadamente de
1-2 por ciento de todos los pacientes en que se efectúa una endoscopia
tienen un EB. No obstante, mediante estudios de necropsia se sabe que
una proporción importante de los pacientes con EB no tiene antecedentes
de síntomas de ERGE en su historia clínica, estimándose
que por cada caso diagnosticado hay 20 en la población general
que pasan inadvertidos. Su incidencia se ha incrementado desde la década
de los 70, pero esta parece que, además de otras causas como
el envejecimiento de la población, denota sobre todo el uso más
frecuente de la endoscopia en estos últimos años.
Predomina más en los hombres adultos de edad media. No obstante,
también se ha diagnosticado en niños, en ocasiones incluso
con un adenocarcinoma esofágico.
Aunque inicialmente se pensó que su causa era congénita,
mediante la presencia de un esófago corto, en la actualidad está
bien determinado que su origen es adquirido y que suele deberse a la
existencia de una ERGE en la mayoría de los casos.
Varios son los hechos que apoyan al reflujo gastroesofágico como
causante del EB:
1º) Estudios epidemiológicos, puesto que se evidencia el
EB con más frecuencia en los enfermos con síntomas de
reflujo gastroesofágico en que se hace una endoscopia que en
otros pacientes sin reflujo. Por otro lado, esta metaplasia es más
frecuente en los enfermos con esclerodermia, conectivopatía que
como bien sabemos se asocia a un RGE intenso.
2º) Se ha comprobado experimentalmente que el RGE inducido en animales
puede ser la causa del EB.
3º) En el hombre puede ser extrapolable lo observado en los animales
si tomamos en consideración que el EB es muy prevalente en los
pacientes intervenidos de achalasia esofágica mediante una miotomía
del esfínter esofágico inferior, y también es muy
frecuente en los enfermos operados mediante una esofagogastrectomía.
Pero no sólo es el RGE el único factor potencialmente
causal del EB (Tabla XIV). Así el uso de quimioterapia se ha
relacionado con su génesis, como la ingesta de algunos caústicos
(lejía). La existencia del EB en algunas familias ha sugerido,
asimismo, el que puedan operar en su etiopatogenia cierta predisposición
genética, aunque hasta el momento se desconoce el gen candidato.

El reflujo biliar
puede ser una causa relevante en algunos casos de EB. Así se
pone de manifiesto por las descripciones existentes en la literatura
de enfermos en que después de ser operados mediante una gastrectomía
(con el reflujo biliar consiguiente) desarrollaron un EB. Se ha sugerido
que las lesiones severas asociadas al EB pudieran relacionarse más
que con un reflujo gastroesofágico ácido con uno alcalino,
por haberse evidenciado en algunos estudios una mayor concentración
de ácidos biliares en el contenido gástrico de estos casos,
el cual se ha achacado a la existencia de un reflujo duodenogástrico
muy frecuente.
Un punto importante, en la actualidad muy debatido y que se relaciona
con su futura prevención, es el del porqué en unos enfermos
el RGE sólo origina una esofagitis y en ciertos casos se origina
un EB. Algunos autores mencionan que la diferencia puede depender de
factores genéticos; otros, que es debido a que los pacientes
con EB tienen un RGE más intenso y continuado que los que sólo
tienen esofagitis; que puede depender de la existencia y cuantía
de reflujo biliar; finalmente, otros investigadores relacionan esta
diferente evolución a factores ambientales. Lo evidente hasta
la fecha es que todavía no hay una respuesta unánime a
esta cuestión.
Se conoce, sin embargo, que el EB se relaciona de forma especial con
un RGE severo, siendo en estos enfermos notoriamente superior la exposición
distal al ácido (de día y de noche); también se
han descrito alteraciones motoras en estos pacientes, entre las que
se pueden citar: bajas presiones del EEI, tránsito esofágico
prolongado y disfunción peristáltica. Así mismo,
estos enfermos suelen tener HH de mayor tamaño que los controles
con esofagitis. Estas alteraciones se correlacionan con la longitud
del segmento afecto en el EB, de forma que los sujetos con EB corto
(menor de 3 cm de longitud) tienen alteraciones intermedias entre los
sujetos normales y los que tienen un EB largo.
En los últimos tiempos se le está dando una especial importancia
al papel que pueda desempeñar la expresión de la ciclooxigenasa
tipo 2 en la evolución de esta enfermedad, puesto que se ha determinado
que a medida que avanza evolutivamente la displasia a carcinoma aumenta
también la inmunoreactividad de este marcador.
Los síntomas con los que se manifiesta el EB suelen ser indistinguibles
de aquellos originados por una esofagitis por reflujo, es decir, pirosis,
regurgitación y disfagia. En algunos casos, como expusimos previamente,
incluso se puede presentar como formas asintomáticas en las que
la mucosa ectópica es un hallazgo casual en el curso de una exploración
endoscópica practicada por otro motivo o en una necropsia de
un paciente que nunca tuvo síntomas de una
ERGE.
Se ha tratado de objetivar diferencias clínicas que permitieran
distinguir a los enfermos que tienen una ERGE con/sin esofagitis y los
que pueden tener un EB. La realidad es que no hay grandes diferencias
significativas entre ambos grupos, y el caso tipo de un paciente con
EB es el del enfermo que acude a consulta debido a los síntomas
característicos de la ERGE. En otras ocasiones los pacientes
con EB pueden tener como síntoma de presentación una disfagia,
la cual puede ser debida a un adenocarcinoma esofágico que estenosa
la luz del mismo. Anecdóticamente, en algunos estudios se ha
referido que los enfermos con EB tienen una menor frecuencia de pirosis
y de regurgitaciones que los que sólo tienen una esofagitis no
complicada con EB, hecho que puede deberse a una menor sensibilidad
al ácido de este epitelio metaplásico. Los pacientes con
EB tienen mayor frecuencia de complicarse con una estenosis péptica,
una úlcera o con hemorragia esofágica, lo cual puede denotar
la mayor severidad de estas lesiones.
La mayor frecuencia de la disfagia en estos enfermos puede ser debida
a la presencia de estenosis esofágica, a la de la coexistencia
con un adenocarcinoma o bien a trastornos motores asociados.
No suele ser frecuente ver en la consulta a enfermos con EB que manifiestan
dolor torácico. Cuando ello ocurre deberemos pensar en la presencia
de una úlcera en el epitelio columnar metaplásico.
Una de las cuestiones más planteadas en la actualidad es el saber
si existe algún síntoma diferencial que sea predictivo
de EB en los pacientes con ERGE. En este sentido hay tres trabajos interesantes.
Uno, el publicado por Eloubeidi y cols. en el que evidencian que los
rasgos diferenciales más destacables en los pacientes con un
EB respecto a los que no tienen esta entidad son por un lado una edad
superior a los 40 años, por otro el tener pirosis más
de una vez a la semana, aconsejando estos autores la realización
de una endoscopia en estos pacientes. Otro estudio de interés
es el de Gerson y cols., autores que usando un cuestionario simple pudieron
identificar como predictores de EB el sexo masculino, la intensidad
de la pirosis, el dolor nocturno, y la odinofagia. Paradógicamente
a lo expuesto por nosotros previamente, la existencia de disfagia en
su estudio fue un predictor negativo. Finalmente resumen sus resultados
de una forma práctica mediante un normograma que nos permite
obtener unas determinadas puntuaciones en cada paciente en particular.
Si se realizara el cribado de los pacientes con ERGE con una puntuación
del test de 375 ó más la sensibilidad del test sería
del 77 por ciento y la especificidad del 63 por ciento. Finalmente,
Campos y cols. han determinado la existencia de 7 factores predictivos
de EB en un estudio realizado en 502 pacientes con ERGE. Estos fueron
un reflujo biliar anormal, una hernia hiatal mayor de 4 cm, un EEI hipotenso,
sexo varón, contracciones distales esofágicas defectuosas,
un número anormal de episodios de reflujo con mayor duración
de 5 minutos y síntomas de reflujo a lo largo de más de
5 años.
Hasta el momento de que se puedan generalizar otras recomendaciones,
sigue vigente en la clínica la opinión expuesta en la
Asociación Americana de Gastroenterología (AGA) por Cryer
en el sentido de que deberemos sospechar la posibilidad de una EB en
todo paciente que tenga una historia de síntomas de ERGE de larga
duración (superior a 5 años). Además es razonable
su despistaje en los pacientes que tengan alteraciones radiológicas
sugestivas, ante los pacientes con síntomas de alarma que posteriormente
veremos y en aquellos que tengan un riesgo elevado de ERGE (gastrinoma,
esclerodermia).
Estenosis esofágica
Además de los procesos neoplásicos, la ERGE es la causa
más frecuente de estenosis del esófago. La prevalencia
estimada varía mucho en los distintos estudios, entre un 1-10
por ciento de los pacientes con esofagitis, aunque debido al uso de
los potentes fármacos antisecretores que disponemos en la actualidad
su frecuencia está disminuyendo. El 25 por ciento de los enfermos
con estenosis no presentan síntomas previos de ERGE.
Suele debutar en el curso evolutivo de una enfermedad presente durante
mucho tiempo antes, aunque se han descrito casos de progresión
rápida en pocos días. Por consiguiente es una complicación
de pacientes de edad avanzada con clínica de ERGE severa de muchos
años de evolución.
Aparte del tiempo de evolución, se ha postulado que algunos factores,
como la existencia de una hernia de hiato o la metaplasia intestinal,
podrían predisponer a la estenosis. También las alteraciones
motoras del esófago como la aperistalsis, y un tono del EEI inferior
a 8 mmHg han demostrado ser factores potenciales de una evolución
estenótica. No obstante desconocemos todavía las circunstancias
que definirían los grupos de riesgo de desarrollar una estenosis
esofágica.
Las estenosis se suelen localizar en la parte más distal del
esófago y suelen ser cortas y anulares (característicamente,
de 1-4 cm de longitud, aunque pueden tener tan sólo 2-3 mm).
Raras veces pueden ser de mayor tamaño, excéntricas y
pueden detectarse en segmentos más proximales; en estos casos
sospecharemos su asociación con una metaplasia columnar. Representan
desde el punto de vista etiopatogénico el proceso de curación
de una esofagitis, siendo clave el depósito subepitelial de tejido
colágeno que posteriormente se contrae generándose de
esta manera la estenosis péptica. Además de esta fibrosis
suele ser evidente en el esófago fibrótico cierto grado
de edema y de inflamación.
Siempre que diagnostiquemos una estenosis esofágica es obligada
la realización de una endoscopia con toma de biopsias y citología
para descartar la posibilidad de una neoplasia esofágica.
El síntoma paradigmático en estos casos es la presencia
de disfagia a sólidos. En su aparición pueden influir
tres causas: la disminución del diámetro esofágico,
el tamaño del bolo ingerido y en algunos pacientes las alteraciones
motoras asociadas. Es un síntoma que en estos enfermos, salvo
que tengan una impactación esofágica, tiene una progresión
lenta. No le dan una gran importancia los pacientes al principio, pues
se ayudan con agua, y se adaptan a ingerir cada vez alimentos con menor
consistencia o incluso líquidos, lo cual motiva que vayan perdiendo
peso de forma progresiva. Junto a la disfagia, los pacientes suelen
manifestar una reducción de la frecuencia y/o intensidad de la
pirosis, lo cual puede ser debido a que las estenosis actúan
como una barrera para la pirosis. En algunos pacientes el inicio de
las estenosis coincide con la toma de fármacos antiinflamatorios
no esteroideos. De los mecanismos lesivos potenciales de estos medicamentos
(efecto tóxico local e inhibición de la síntesis
de prostaglandinas) el más relevante en estos pacientes parece
ser el primero. Además de la disfagia estos enfermos pueden presentarse
clínicamente también por odinofagia y por una impactación
alimentaria.
Hemorragia digestiva
Se puede presentar de forma aguda o crónica. Se produce hasta
en un 2 por ciento de los pacientes y ocasiona hematemesis o sangrado
oculto en heces, lo que puede conducir a estados anémicos. La
ERGE no es una causa frecuente de hemorragia digestiva alta, oscilando
según las series de un 0 a un 8 por ciento. La esofagitis suele
originar una anemia por pérdida de sangre en forma de hemorragias
ocultas por lesión de pequeños vasos, mientras que la
aparición de una hematemesis clara suele ser secundaria a una
úlcera esofágica.
Perforación
esofágica
Es una complicación rara de la ERGE. Al igual que se describió
en la hemorragia digestiva caso de existir es una consecuencia de una
úlcera esofágica. Es una complicación que si no
se trata con prontitud puede poner en peligro la vida del enfermo por
originar una mediastinitis.
CURSO
CLÍNICO E HISTORIA NATURAL
Comenzaremos con una obviedad clínica, como es que la mortalidad
asociada con la ERGE es mínima, así en el caso de la esofagitis
se estima de 0,1 por 100.000.
La mayoría de estos pacientes sepresentan en la consulta después
de períodos variables de tiempo, pero por término medio
es de 1-3 años antes de buscar ayuda médica, mientras
tanto se alivian mediante el uso de antiácidos o cambios en su
dieta.
El pronóstico de los pacientes con ERGE siempre que se traten
es excelente, así en un período de 10 años en el
80 por ciento de ellos mejoran o desparecen los síntomas.
En el caso de los pacientes con esofagitis la gran mayoría siguen
un curso crónico y recidivante, tanto es así que el 80
por ciento de ellos tienen una recurrencia a los 6 meses de suspender
el tratamiento. Esta suele corresponder al mismo grado de severidad
que tenían inicialmente según los estadios de Savary-Miller
y rara vez progresan a una complicación.
Aunque hasta hace poco se consideraba que los pacientes con una ERGE
endoscopia-negativa tenían un curso clínico mucho mejor
que los enfermos con una esofagitis, la realidad actual no es tan optimista
en cuanto a cronicidad de los síntomas y repercusión sobre
los índices de calidad de vida. En estos casos, no obstante,
existe un bajo riesgo de complicaciones. Por otro lado, la evolución
de formas no erosivas a erosivas es infrecuente, dándose sólo
en el 15 por ciento de los casos.
EVALUACIÓN
DIAGNÓSTICA
Introducción
A pesar de la proliferación existente en la actualidad de medios
diagnósticos tanto como de laboratorio como de imagen, la historia
clínica es de vital importancia en el diagnóstico de la
ERGE. En efecto, cuando la pirosis o la regurgitación ácida
son los síntomas dominantes, su especificidad para el diagnóstico
de esta enfermedad ácido-péptica es lo suficientemente
elevada (89 y 95 por ciento, respectivamente) para poder diagnosticar
con relativa confianza este proceso. Es bien conocido, sin embargo,
que la sensibilidad diagnóstica de estos síntomas es baja,
por lo que su ausencia no descarta en absoluto la existencia de ERGE.
Por parte del grupo Genval se aconseja que se utilizen cuestionarios
basados en síntomas para administrarlos a lo pacientes los cuales,
caso de validarse, nos serán muy útiles para perfeccionar
aun más el diagnostico de la ERGE. Uno de ellos recomendado por
Galmiche se expone en la Tabla XV.


La mayor parte de
los pacientes que atiende el médico de atención primaria
en su actividad habitual relacionados con la ERGE pueden ser diagnosticados
con arreglo a esos argumentos clínicos, reservándose los
estudios diagnósticos que expondremos a continuación en
las situaciones expuestas en la Tabla XVI.
Test del omeprazol
En los últimos años se ha propuesto un método terapéutico
para el diagnóstico de la ERGE. Este es el conocido como el "test
del omeprazol" o, usando la terminología anglosajona, el
"PPI test". En este se utiliza el omeprazol a dosis elevada
(40-60 mg/día) durante un período corto de una o dos semanas.
Se considera positivo, es decir indica un diagnóstico de ERGE,
cuando se observa una mejoría de los síntomas de un 50-75
por ciento. Aunque en algunos estudios la sensibilidad y especificidad
de este test es superponible a la obtenida con la pHmetría, no
en todos se han obtenido estos resultados tan satisfactorios. Ello puede
obedecer a la amplia heterogeneidad de las poblaciones estudiadas. Además,
en estos pacientes pueden darse resultados positivos utilizando placebo,
cabe la posibilidad de enmascarar otros diagnósticos (caso de
un ulcus duodenal), y a pesar de una mejoría sintomática
pueden existir una displasia o un esófago de Barrett. Se ha propuesto
para mejorar los resultados de este test el incremento de las dosis
del fármaco inhibidor de la bomba de protones (IBP) a 80 mg/día.
En definitiva, todavía no se puede recomendar el uso generalizado
de este método diagnóstico hasta que no dispongamos de
unos estudios completamente validados mediante los cuales tengamos a
nuestra disposición una dosis y un período de tiempo estándar.
Su mayor utilidad sería su uso en los pacientes que se nieguen,
o no puedan por sus circunstancias específicas, a hacerse los
test más específicos que veremos a continuación.
Otra circunstancia distinta es el uso de este test empírico o
una pauta terapéutica completa en los pacientes que se hayan
hecho una endoscopia (la cual, obviamente ha descartado otras posibilidades
diagnósticas distintas de la ERGE), en este caso, la utilización
del test o terapéutica inicial, siguiendo la opinión del
grupo Genval, sí que parece razonablemente específico
para el diagnóstico de la ERGE.
Teniendo en cuanta sus características expuestas en la Tabla
IX es en los pacientes con síntomas atípicos en los que
nos puede servir más el tratamiento empírico. Así
en el caso de los enfermos con síntomas ORL el uso de IBP durante
8-12 semanas a dosis altas ha demostrado una eficacia diagnóstica
igual o incluso superior a los estudios diagnósticos habituales.
Estudios radiológicos
En ocasiones una radiografía de tórax puede sernos útil
para sugerirnos una posible hernia hiatal al verse una burbuja de aire
(nivel hidroaéreo) situada a nivel mediastínico.
En el estudio esófagogastroduodenal (EGD) puede verse la HH (Figura
7) y en ocasiones una apariencia granular o nodular del esófago
distal con imágenes radiolucentes de 1-3 mm; engrosamiento de
pliegues, que pueden remedar unas varices esofágicas; úlceras
o erosiones; estenosis, generalmente concéntricas, en el tercio
distal del esófago. También puede ser evidenciable el
paso retrógrado de bario desde el estómago al esófago
(reflujo), que se puede provocar mediante cambios posturales o a través
de la maniobra de Valsalva. Este hecho se puede ver en un 25-71 por
ciento de pacientes con
ERGE y también en el 20 por ciento de controles normales. Por
otra parte la sensibilidad diagnóstica de esta técnica
difiere según exista una esofagitis severa (98,7 por ciento),
moderada (81,6 por ciento) o ligera (24,6 por ciento).

figura7
Los datos anteriores limitan la utilidad para el estudio rutinario de
la ERGE por parte del EGD.
Puede tener su utilidad clínica en el paciente que sospechemos
una estenosis o un trastorno de la motilidad esofágica causante
de disfagia.
Endoscopia
Las principales aportaciones de la endoscopia en la ERGE se esquematizan
en la Tabla XVII. Especial énfasis en cuanto a la indicación
de esta exploración deben merecer los denominados síntomas
de alarma (disfagia, odinofagia, anemia-hemorragia digestiva, pérdida
de peso). Estas manifestaciones sugieren la presencia de un daño
importante y potencialmente progresivo de la mucosa esofágica.
Mediante la endoscopia valoraremos con gran precisión el grado
de lesión (Figura 8) y excluiremos otros procesos más
graves (neoplasias).

figura8

Debemos saber que es una exploración con una relativamente baja
sensibilidad, pues más de la mitad de los pacientes con ERGE
tienen una endoscopia normal, pero con una elevada especificidad (de
aproximadamente el 95 por ciento). Debe ser utilizada como primer método
diagnóstico en la valoración inicial de pacientes seleccionados
con la ERGE. Sus principales indicaciones se exponen en la Tabla XVIII.

Como en todas las
técnicas, en la endoscopia existe una gran variabilidad interobservador,
según el endoscopista que la haga. Para obviar este sesgo inter-
observador se han establecido una serie de clasificaciones (hasta más
de 80), pero de ellas las más usadas en la clínica son
las de Savary-Miller (Tabla XIX) y la más reciente de Los Ángeles
(Tabla XX).


La realización
de biopsias sólo está indicada ante la sospecha de malignización,
de un esófago de Barrett, para el diagnóstico diferencial
de una esofagitis infecciosa, y en toda estenosis esofágica.
Aunque en algunos
pacientes con ERGE y endoscopia normal pueden objetivarse lesiones microscópicas
en la biopsia (hiperplasia del estrato basal, infiltración epitelial
por neutrófilos y eosinófilos, elongación de las
papilas, etc. ) estos hallazgos no son constantes en todos los pacientes
y, además, pueden verse estos mismos cambios en un porcentaje
de voluntarios sanos, por lo cual no se suelen hacer ni es obligado
el uso de biopsias en estos casos.
La citología es imprescindible en los pacientes con estenosis
que impidan el paso del endoscopio.
El diagnóstico del esófago de Barrett se efectúa
mediante endoscopia y biopsia. En la endoscopia es fácil distinguir
el epitelio columnar, que es de color rojizo, del escamoso, que tiene
un color rosa pálido (Figura 9). Caso, no obstante, de existir
dudas se pueden usar algunos colorantes vitales, como el lugol, el cual
es absorbido por el epitelio escamoso y no por el columnar. Para confirmar
el diagnóstico del EB se requiere observar la presencia de metaplasia
intestinal en la biopsia.

figura9
En el seguimiento
de esta entidad es primordial el uso de la endoscopia. Caso de no existir
displasia se deberán hacer endoscopias anuales hasta demostrar
en dos la ausencia de la displasia. Posteriormente se hará una
endoscopia cada 2-3 años.
pH-metría de 24 horas
La monitorización de 24 horas del pH intraesofágico es
el "patrón casi oro" de todos los estudios diagnósticos
de la ERGE. Efectivamente, su sensibilidad se cifra en un 76-95 por
ciento, la especificidad del 86-100 por ciento y la reproducibilidad
es superior al 85 por ciento.

Hemos usado el término
"casi oro" puesto que una pHmetría normal no descarta
la posibilidad de que un determinado paciente tenga una ERGE.
Puede diagnosticarse además de la existencia de un RGE ácido
la de un RGE alcalino, aunque se ha puesto en duda su fiabilidad en
este caso.
Se basa en situar un electrodo por encima del EEI, cuya localización
previa se determina por manometría, determinando las modificaciones
de pH a lo largo de 24 horas. En otras ocasiones se pueden usar más
de un electrodo, como es el caso para valorar si existen cambios de
pH en faringe o para interrelacionar el pH del esófago con el
del estómago, etc.
Existe un episodio de reflujo ácido cuando se registra un descenso
de pH esofágico a un valor igual o inferior a 4. Este punto de
corte se utiliza por ser el más discriminativo, aunque algunos
sujetos pueden tener síntomas con menores descensos de pH, lo
que denotaría una mayor sensibilidad esofágica.
De los diversos parámetros mensurables por esta técnica,
el tiempo total con pH menor de 4, expresado porcentualmente, es el
que consigue el mejor rendimiento diagnóstico, circunstancia
lógica pues la frecuencia de los síntomas del RGE se correlaciona
muy positivamente con el grado de exposición ácida (Figura
10), siendo sólo superado por un sistema de puntuación
compuesto de seis variables (el conocido como el "DeMeester").
También es muy útil la pHmetría en establecer si
los síntomas del paciente se correlacionan con un episodio de
RGE. A tal fin se han establecido diversos índices sintomáticos,
como el número de síntomas relacionados con el RGE/número
total de síntomas x 100, etc.
Esta técnica ha permitido definir ciertos subgrupos de pacientes
según que los episodios de RGE se presenten en bipedestación,
en supino o en ambos casos (RGE combinado). Su frecuencia relativa es
del 9-25 por ciento, 25-35 por ciento y cerca del 50 por ciento, respectivamente.
En general, el RGE en supino suele asociarse a una mayor severidad de
los síntomas y de la esofagitis. A la inversa, los pacientes
con esofagitis tienen episodios de RGE más prolongados y mayor
tiempo total y en supino con un pH menor de 4. Las principales diferencias
entre estos pacientes pueden verse en las Tablas XXI y XXII.
La pormenorización de los detalles de esta técnica debe
corresponder a los gastroenterólogos, por lo que no no extenderemos
más en sus detalles. Sí que es de interés, sin
embargo, saber cuáles son sus principales indicaciones (Tabla
XXIII)



Finalmente en la
Figura 11 se muestra el registro pHmétrico de un paciente con
ERGE.

Manometría
esofágica
Esta técnica permite determinar la presión del EEI y su
capacidad de relajarse tras la deglución, además de la
capacidad contráctil del cuerpo esofágico.
Las alteraciones más frecuentes de la motilidad del cuerpo esofágico
son un aumento de ondas terciarias (no prepulsivas), ondas de baja amplitud,
peristalsis interumpida, degluciones ineficaces, espasmo esofágico
secundario, etc. Todo ello motiva una disminución del aclaramiento
esofágico, lo cual influye como un factor predictivo de refractariedad
al tratamiento médico.
Hay que tener en cuenta que los valores de presión del EEI son
poco discriminativos entre sujetos con y sin reflujo patológico.
Muchos pacientes con reflujo tienen presiones basales del esfínter
dentro del rango normal. Solamente los valores inferiores a 6 mmHg son
indicativos de la existencia de reflujo. También una longitud
igual o inferior a 2 cm o una longitud intraabdominal menor de 1 cm
pueden revelar la existencia de RGE patológico en cerca del 80
por ciento de los enfermos. La manometría es útil también
para controlar el efecto de los fármacos procinéticos
sobre la motilidad esofágica y para determinar la técnica
quirúrgica a utilizar.
Un aspecto de especial interés en el pronóstico de los
enfermos con ERGE es el identificar una presión de reposo del
EEI muy baja en un paciente con esofagitis; en estos casos suele haber
una respuesta pobre al tratamiento médico y una gran frecuencia
de recurrencias, por lo que debemos esperar en estos pacientes que necesitarán
una dosis elevada de fármacos antisecretores y durante largo
tiempo o un tratamiento quirúrgico.
En la actualidad sus principales indicaciones son tres: 1) Guiar la
cirugía antirreflujo y valorar la respuesta postoperatoria; 2)
Determinar el lugar donde se coloca el electrodo de la pHmetría;
3) Estudio de la ERGE en pacientes con enfermedades sistémicas.
Test de Bernstein
Explora la sensibilidad de la mucosa esofágica al ácido
clorhídrico. Consiste en instilar este ácido en el esófago
distal, mediante una perfusión a ritmo de 7 ml/min durante 10-30
minutos. A la par se instila también suero fisiológico
para evitar obtener resultados falsos positivos. En la actualidad su
indicación fundamental es en el dolor torácico no cardíaco
sin evidencia de RGE en la pHmetría de 24 horas. Tiene una baja
sensibilidad (32 por ciento) y una elevada especificidad (83-94 por
ciento). Por consiguiente, un resultado negativo no excluye el reflujo
ácido como causante de los síntomas. Este test identifica
a los enfermos con una sensibilidad de la mucosa al ácido y no
necesariamente confirma o descarta la existencia de una ERGE.
Otros estudios diagnósticos
La gammagrafía isotópica es una técnica de escasa
utilidad en la práctica clínica habitual. Consiste en
la toma de un líquido marcado con un isótopo (suele ser
de tecnecio) con posterior valoración a través de una
gammacámara de la radiactividad en la región a estudiar.
Tiene tres posibles aplicaciones:
1) El diagnóstico del RGE.
2) La detección de aspiraciones pulmonares.
3) Valora el vaciamiento gástrico.
Su principal uso es en el estudio de niños con síntomas
pulmonares potencialmente relacionados con la ERGE; sin embargo, su
principal limitación es el tener una baja sensibilidad diagnóstica.
La ultrasonografía endoscópica es una técnica sensible
y certera, con utilidad clínica demostrada, pero que no se ha
comparado con otras técnicas alternativas ni se ha evaluadado
si es rentable económicamente.
Otros estudios como los de impedancia, electromiografía etc,
se usan más con fines de investigación por lo que aquí
no los detallamos.
DIAGNÓSTICO
DIFERENCIAL
Las principales entidades con las que debemos diferenciar la ERGE son:
1) Enfermedades gástricas, caso de las gastritis o el ulcus péptico
gastroduodenal.
2) Alteraciones de la motilidad digestiva como los tratornos motores
esofágicos (TME).
3) La dispepsia funcional.
4) Colelitiasis.
5) Otras esofagitis.
6) Otras causas de dolor torácico.
Las enfermedades gastroduodenales de identifican fácilmente mediante
endoscopia digestiva alta.
Algunos TME pueden en ciertos momentos sugerirnos la presencia de una
ERGE. Entre ellos en especial la achalasia y el espasmo esofágico
difuso. En el caso de la achalasia sus síntomas dominantes son
la disfagia y la regurgitación no siendo llamativa la pirosis;
es más frecuente en pacientes jóvenes y tanto los estudios
radiológicos como los endoscópicos pueden ayudarnos al
verse el típico "pico de pájaro" en el estudio
gastroduodenal y la ausencia de relajación de la región
cardial en la endoscopia. El diagnóstico definitivo de ambos
TME nos lo proporciona la manometría.
En la dispepsia
funcional la pirosis no forma parte de sus síntomas. Un término
que debe abandonarse como incluído entre las dispepsias es el
conocido como dispepsia tipo reflujo. En efecto, ese proceso se considera
hoy incluído dentro del espectro clínico de la ERGE.
En la litiasis biliar el síntoma característico es el
del cólico biliar, el cual es notoriamente diferente (por su
localización, relación temporal con la ingesta, duración,
etc.) al dolor que puede darse en la ERGE. El diagnóstico, es
obvio, se establece mediante una ecografía abdominal.
Otras esofagitis pueden hacernos pensar en la posiblidad del RGE como
su causa. La causada por fármacos suele obedecer a dos causas:
1) La ausencia de una ingesta de líquidos adecuada coincidiendo
con la toma del fármaco.
2) La ingesta del medicamento en decúbito supino inmediatamente
antes de dormirse. Ambas circunstancias hacen que el fármaco
permanezca durante mucho tiempo en contacto con el esófago. Durante
las horas de sueño la salivación y el número de
degluciones disminuyen, lo cual unido a la posición de estar
tumbado, incrementan de forma notoria el riesgo de estas reacciones
adversas. Los síntomas más comunes son el dolor retroesternal
y la odinofagia, que se suelen presentar de forma aguda relacionándose
directamente con la ingesta del fármaco causal, aunque se pueden
observar a las horas, días o semanas. El dolor torácico
suele ser continuo, aunque puede incrementarse con la ingesta de alimentos
o de otras medicaciones. Rara vez el dolor se localiza en epigastrio.
La pirosis y la disfagia no suelen ser frecuentes, dándose en
un 20 por ciento de los casos. La presencia de disfagia debe sugerirnos
la formación de una estenosis o de una gran masa inflamatoria.
El período de la toma de los medicamentos nocivos es variable
y oscila entre los 1-42 días, mientras que la duración
de los síntomas está comprendida en un rango entre los
1 y 17 días. La endoscopia nos confirmará el diagnóstico
pues se suele objetivar la existencia de una mucosa enrojecida y edematosa
o, más frecuentemente, úlceras, que suelen ser múltiples,
con tamaño que puede variar desde puntiformes a grandes lesiones
circunferenciales, que pueden tener los márgenes inflamados y
un exudado; a veces se pueden ver fragmentos de la cápsula o
tableta ingerida. Estas son las alteraciones que se suelen observar
con los antibióticos y antiinflamatorios. En ocasiones es la
presencia de estenosis (con o sin úlceras) lo que más
destaca de la exploración endoscópica, siendo habitualmente
causantes de este tipo de lesiones el cloruro potásico o la quinidina.
En cuanto a la localización anatómica, el sitio más
común donde se evidencian las lesiones es el esófago medio,
a la altura del arco aórtico. La compresión del arco aórtico,
la transición de músculo estriado a liso y la menor amplitud
de las ondas peristálticas esofágicas que existen en esta
región son los factores que pueden influir en la mayor frecuencia
de esta localización.
Las causas infecciosas de esofagitis suelen afectar al esófago
de modo circunferencial, se localizan más a menudo en el esófago
proximal y las erosiones o ulceraciones causadas son múltiples
y puntiformes, a diferencia de las que se pueden ver en la esofagitis
péptica (únicas, distales y de gran tamaño). La
odinofagia es el síntoma clave en estos procesos.
Algunas enfermedades sistémicas (enfermedad de Crohn, de Behcet,
sarcoidosis, etc.) pueden manifestarse por su afectación esofágica.
La esofagitis tras radioterapia en su forma precoz (a partir de las
dos semanas desde el inicio del tratamiento) cursa con odinofagia y/o
disfagia que son secundarias a la mucositis habitual de este tratamiento.
Igualmente ocurre en la esofagitis caústica, en la cual aparte
del antecedente de la ingesta voluntaria o accidental de estos tóxicos
se presenta en la clínica por odinofagia, disfagia y vómitos.
Ante cualquier paciente que se nos presente con dolor torácico
lo primero a descartar será una causa cardiológica. A
tal fin nos serán útiles la historia clínica, el
examen físico, un EKG, enzimas y otros estudios de la esfera
del cardiólogo. Investigaremos, así mismo otras causas
de dolor torácico (condritis, enfermedades pulmonares, etc.).
Entre los pacientes con dolor torácico de origen no coronario
la etiología más frecuente viene representada por las
enfermedades psiquiátricas (fundamentalmente las crisis de pánico),
la costocondritis y las causadas por enfermedades del esófago
que originan el 40-60 por ciento de los casos, siendo la ERGE la más
frecuente.
Ante la sospecha de que el paciente tenga una ERGE relacionada con el
dolor y no refiera sus síntomas típicos seguiremos los
pasos diagnósticos indicados en la Figura 12. En este caso el
test de omeprazol se puede realizar con 40 mg antes del desayuno y 20
mg antes de la cena durante 7 días si el DTI es diario, si es
menos frecuente lo podemos dar durante 2-3 semanas; en este caso la
sensibilidad del test es de un 78,3 por ciento y la especificidad del
85,7 por ciento siendo el valor predictivo positivo del 90 por ciento.
Se ha usado en un estudio reciente el lansoprazol a dosis de 60 mg por
la mañana y 30 mg por la noche durante 7 días alcanzándose
con él una sensibilidad de 78 por ciento, especificidad del 82
por ciento y valor predictivo positivo del 80 por ciento.

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