Semiología del aparato digestivo
La historia clínica
en patología digestiva
Frecuentemente el médico
general ha de enfrentarse en su práctica diaria a pacientes que,
previamente etiquetados o atendidos de primera consulta, acuden refiriendo
multiplicidad de síntomas comprendidos dentro de la esfera de
la patología digestiva. En muchas ocasiones éstos serán
exponentes de afecciones banales muy comunes en la clínica, pero
en otras podrán corresponder a situaciones de suma gravedad que
obligarán al médico a tomar decisiones inmediatas y correctamente
orientadas para preservar la integridad del paciente. Constituye, por
tanto, el pilar fundamental en el estudio de cualquier patología
y su utilidad no ha disminuido con el paso del tiempo, al margen de
que actualmente el clínico tenga la posibilidad de acceder a
más y mejores estudios complementarios, lo que hace más
viable un mayor acopio de información.
El registro de la información es un acto complejo y acumulativo
que orienta hacia un diagnóstico concreto, mientras que la exploración
física y las pruebas complementarias posteriores sirven para
confirmar esta impresión diagnóstica. La primera dificultad
surge al tener que determinar si la sintomatología relatada corresponde
a trastornos del tubo digestivo o son el exponente de enfermedades de
otros sistemas del organismo.
ENTREVISTA
Sin lugar a dudas constituye la esencia del "Arte de la Medicina".
La habilidad para establecer una relación de mutuo entendimiento
es algo que el clínico sólo podrá desarrollar a
lo largo de su vida apostado a la cabecera del enfermo y marcará
definitivamente el éxito profesional. A pesar del desembarco
de la informática en las consultas, nada podrá sustituir
ese momento principal donde la personalidad del facultativo y su experiencia
juegan un papel fundamental.
Son múltiples las ventajas que aporta la entrevista:
- Permite relacionarse con el paciente de forma directa.
- Es el primer paso para establecer una deseable relación de
empatía médico-paciente.
- Permite aproximarse a la situación de su estado general y percatarse
de lesiones externas.
- Facilita extraer datos de su personalidad, útil siempre, pero
más cuando lo que se sospecha son trastornos funcionales.
- A partir del relato inicial el médico realiza los primeros
diagnósticos diferenciales y se aproxima a cuáles serán
los estudios complementarios a solicitar.
- Debe conseguir el primer efecto terapéutico: una vez haya compartido
los motivos que son objeto de su preocupación, el paciente ha
de sentirse mejor que al inicio de la entrevista.
HISTORIA
ACTUAL
En la práctica es útil centrar la atención en el
síntoma clave (diarrea, ictericia, vómitos, ascitis...),
a partir del cual se puede desarrollar una hipótesis diagnóstica
que permita establecer un plan terapéutico.
En general, hay una serie de características que han de averiguarse
para cualquier síntoma:
Momento y forma
de comienzo
Es preciso conocer desde cuándo presenta el síntoma y
la forma en que debutó; si lo hizo de un modo progresivo o si
se desencadenó de forma abrupta.
Duración
Interesa saber si el síntoma es continuo o intermitente; si el
enfermo viene padeciéndolo de forma crónica es obligado
conocer cuál es el motivo por el que ha decidido consultar ahora.
Localización
e irradiación
En el caso del dolor se debe pedir al paciente que señale la
zona concreta del cuerpo e interrogarle sobre las posibles irradiaciones.
Carácter
Muy frecuentemente el paciente confunde el significado de los síntomas
y recurre a expresar sus molestias con una terminología genérica
como "mareo", "indigestión" y otras para
referirse a un abanico muy dispar de problemas. Es preciso, por tanto,
asegurarse de qué es lo que el paciente entiende por determinado
síntoma en concreto.
Intensidad
Característica extremadamente subjetiva. No obstante, cuando
el síntoma es capaz de interferir con el sueño, despertarle
o interrumpir sus actividades habituales, ha de ser considerado como
grave o muy grave.
Factores que
lo agravan o mejoran
En algunas de las ocasiones constituyen el elemento orientador definitivo
de la sospecha clínica.
Síntomas
asociados
Hay que investigar en primer lugar los que puedan tener relación
con el aparato digestivo, pero sin olvidar realizar un interrogatorio
metódico en busca de cualquier otro dato que complete la hipótesis
de diagnóstico. La suma de síntomas puede dar la solución.
Impacto de la
enfermedad y tratamientos actuales
Es muy importante saber si ésta es la primera vez que el paciente
consulta su enfermedad o si ya lo ha hecho anteriormente; si se ha sometido
a pruebas complementarias o ha seguido tratamientos previos y cuál
fue su respectiva eficacia.
HISTORIA PERSONAL
Edad
Muchas enfermedades intestinales mantienen una relación importante
con la edad del paciente. Así, la apendicitis es más predecible
en niños y jóvenes que en la edad adulta, el ulcus péptico
es más prevalente entre los 30 y 40 años, los procesos
malignos no son frecuentes antes de estas edades y la patología
biliar y la cirrosis afecta mayormente a individuos entre los 40 y 60
años.
Los trastornos funcionales no son frecuentes en edades avanzadas y en
ellas hay que pensar siempre en un problema orgánico.
Ocupación
Determinadas profesiones obligan a la persona a llevar hábitos
irregulares de sueño y alimentación y hacen que sea más
factible la de ulcus péptico, aerofagia y colon irritable.
Estado civil
La aparición de molestias digestivas poco después del
matrimonio, divorcio o fallecimiento del cónyuge, además
de todas aquellas situaciones en las que se perturba la esfera emocional,
debe hacer pensar en un carácter funcional de la sintomatología.
Los antecedentes de multiparidad o dificultades en el parto pueden justificar
un estreñimiento pertinaz por lesión de la musculatura
del suelo pélvico. Por otro lado, es bien conocida la relación
de los embarazos con la aparición de litiasis biliar.
Hábitos
alimenticios
Conviene anotar el tipo, ritmo y cantidad de comida y bebida, con lo
que fácilmente se pueden detectar abusos que someten a las funciones
digestivas a un esfuerzo exagerado.
Una clínica de calambres intestinales, meteorismo y diarrea,
en relación con el consumo de lácteos, deberá llevar
a pensar en un déficit de lactasa.
En los niños, el consumo excesivo del sorbitol contenido en las
golosinas y caramelos ocasiona diarrea y otros síntomas intestinales.
La ingesta rápida de alimentos o su masticación insuficiente
provoca desasosiego y clínica de indigestión al igual
que los trastornos emocionales con componente de ansiedad-depresión.
Habrá de tenerse en cuenta el consumo de estimulantes como cafeína,
cola o té, así como de bebidas carbónicas; también
el abuso de especias en la condimentación que agravan los síntomas
de colon irritable.
Sabido es el efecto del tabaco en la patogenia de la úlcera péptica,
las alteraciones provocadas por la modificación del tono del
esfínter esofágico y la responsabilidad que tiene el alcohol
en la gastritis, pancreatitis y cirrosis hepática.
Peso
Una pérdida progresiva de peso orientará hacia la existencia
de un proceso maligno de cualquier tipo, a las lesiones obstructivas
de esófago y estómago o a un problema de hipertiroidismo.
También los procesos que cursan con diarrea crónica, como
la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa, suelen conllevar pérdida
de peso. Por el contrario, un aumento de peso obligará a pensar
en una retención de líquidos con edema, o en un hipotiroidismo.
Viajes al extranjero
y vacunaciones
Pueden orientar hacia la posibilidad de ingestas de bebidas o alimentos
contaminados o a la infestación por parásitos.
EXPLORACIÓN
FÍSICA
Con tan sólo aproximarse al paciente comienza la recogida de
información, de tal forma que la actitud del enfermo puede ser
tan típica que por sí misma indique la calidad de la dolencia:
- Si está tranquilo, conversa, la molestia suele ser leve o de
causa general.
- Si está inquieto, cambia de posición constantemente,
se queja, podemos estar ante un dolor cólico.
- Si procura no moverse y tiene sensación de angustia, es posible
que estemos ante una irritación peritoneal.
Inspección
Piel y anejos
Hay que observar el estado de hidratación, nutrición y
la distribución de la grasa. La tonalidad de la piel y mucosas
da información sobre el estado circulatorio con posibilidad de
anemia o cianosis labial, donde, además, se buscará melanosis
que orienta hacia un síndrome de Peutz-Jeghers asociado a poliposis
intestinal. Conviene buscar placas de acantosis nigricans, que, cuando
aparecen en la edad adulta y no están asociadas a obesidad, son
sugerentes de tumores digestivos y muy en especial de estómago.
El eritema palmar reafirma la sospecha de cirrosis hepática,
que también puede acompañarse de uñas en vidrio
de reloj y menos frecuentemente, aunque muy típico, de las llamativas
uñas blancas.
Son interesantes también las manchas, los signos de trastornos
hemáticos y los de inestabilidad vasomotora, como crisis de sofocos,
sudoración y telangiectasias, que harán considerar la
posibilidad de un síndrome carcinoide; del mismo modo, el tipo
constitucional (sabido es que el asténico se correlaciona con
atonía gástrica, el pícnico con problemas de vesícula,
el atlético con ulcus) y la expresión facial de algunos
procesos (hipocrática, febril, ulcerosa...).
Cabeza y cuello
Dentro de este apartado los ojos constituyen quizás lo más
llamativo. En ellos se pueden intuir trastornos en la bilirrubina o
en el metabolismo del cobre, según veamos coloración ictérica
o el famoso anillo de Kayser-Fleischer de la enfermedad de Wilson. A
estos efectos conviene no confundir la ictericia conjuntival con la
esclerótica grasa, muy frecuente en ancianos, provocada por la
infiltración de lípidos y distinguible por su disposición
irregular.
En la cavidad oral, las anomalías en cuanto a úlceras,
inflamación (queilitis, gingivitis, glositis...) harán
pensar en trastornos nutricionales o en una enfermedad de Crohn.
La rinofima, forma especial de rosácea, indica abuso de alcohol
etílico.
El grado de reflejo o inflamación de la úvula y las glándulas
salivares, respectivamente, orientará hacia algún problema
relacionado con el alcohol o la cirrosis.
Una masa a la izquierda de la laringe, que aumenta de tamaño
con la ingesta, es sugerente de la existencia de un divertículo.
En la fosa supraclavicular izquierda puede existir una adenopatía
(ganglio de Virchow-Troisier), frecuente en los tumores malignos intestinales
y preferentemente en los de estómago.
Tórax
Es fundamental realizar una inspección somera y rápida,
ya que algunas situaciones de dolor abdominal se traducen a este nivel
por molestias o inmovilidad diafragmática derivadas del propio
dolor (existe una respiración superficial).
Otras provocan la aparición de una ginecomastia bilateral con
pérdida de vello axilar y torácico, causadas por un metabolismo
insuficiente de los estrógenos en el hígado.
Abdomen
A efectos de la exploración, se suele dividir en cuatro cuadrantes
o en nueve regiones (Tablas I y II). Cualquiera de las dos posibilidades
es buena y resulta conveniente que el médico se acostumbre a
visualizar mentalmente las estructuras subyacentes a medida que desarrolla
la exploración. Necesariamente se ha de realizar abordando al
paciente por el lado derecho.
Se verificará la coloración de la piel, bajo la cual se
puede apreciar frecuentemente, y sin que traduzca patología,
la existencia de una tenue red venosa. A estos efectos conviene saber
que por encima del ombligo la dirección de la corriente venosa
debe dirigirse hacia la cabeza y que por debajo va hacia los pies. Para
comprobar la dirección del flujo se elige una vena y se presiona
con los dos índices que se separan para intentar vaciarla; a
continuación se suelta uno de los dedos y se observa la rapidez
del llenado. El flujo lleva la dirección del rellenado más
rápido. En los casos de hipertensión portal el flujo va
en todas direcciones a partir del ombligo, mientras que en los casos
de obstrucción de la cava inferior la circulación busca
el tórax desde las regiones inferiores del abdomen.
La forma puede sugerir la presencia de determinada patología.
El llamado vientre en obús, distendido en el centro, es propio
de la oclusión de intestino delgado; si está distendido
en la periferia (vientre en batracio) puede sugerir una oclusión
de colon. Una distensión asimétrica puede hacer pensar
en vólvulos. El vientre aplanado es consecuencia de una contracción
muscular, propia de individuos musculosos, nerviosos o en situación
de perforación. El abdomen excavado aparece en individuos delgados
o hiponutridos.
Un aspecto brillante y a tensión sugiere ascitis. Las zonas enrojecidas
indican inflamación. La coloración azulada periumbilical
es indicativa de sangrado intraabdominal, posiblemente pancreatitis
hemorrágica. Las estrías se producen por distensión
abdominal y se observan tras el embarazo o el aumento de peso, pero
también por ascitis o tumoraciones abdominales. Las estrías
de la enfermedad de Cushing poseen un color púrpura.
La presencia de cicatrices puede alertar sobre la posibilidad de un
síndrome adherencial o de una obstrucción intestinal.
Además, se buscará con una visión tangencial el
juego de sombras que se producen en el abdomen y los cambios que se
generan con la respiración. Conviene verificar la existencia
de asimetrías en los contornos de la pared o la presencia de
nódulos, así como los movimientos anormales de las vísceras,
percibidos como ondas visibles que frecuentemente pueden estar en relación
con la presencia de obstrucción intestinal.
En condiciones normales el abdomen acompaña a los movimientos
respiratorios de manera suave y uniforme; si existe peritonitis lo hace
de forma rígida. No hay que olvidar que muchas veces una masa
se ve más que se palpa.
Es importante comprobar la posición del ombligo y su posible
desplazamiento de la línea media. Su abombamiento puede indicar
la existencia de una hernia umbilical o aumento de presión intraabdominal,
pero también es posible en la obesidad y en la mujer gestante.
Una tumoración de aspecto inflamatorio y muy vascularizado a
este nivel puede corresponder a una metástasis de un tumor interno.
La distensión simétrica del abdomen se observa en obesos
o cuando existe acumulación de líquidos o gases. La distensión
de la mitad superior indica dilatación de la cámara gástrica,
tumoraciones o quistes pancreáticos; la de la mitad inferior
alerta de la presencia de tumoraciones ováricas y uterinas, embarazo
o globo vesical. La distensión asimétrica puede sugerir
hernias, visceromegalia, obstrucción intestinal, quistes o tumores.
Se pedirá al paciente que realice una respiración profunda
(se comprimirá el abdomen por el descenso del diagrama) y que
flexione la cabeza (se podrá poner en evidencia la existencia
de masas o asimetrías que de otra manera pudieran pasar desapercibidas).
Si existen hernias se puede forzar su protrusión; las zonas habituales
son la región inguinal o umbilical o los lugares de cirugía
previa. Casi todas las hernias se pueden reducir; de no ser así,
hablamos de hernia incarcerada o estrangulada y requiere tratamiento
quirúrgico inmediato.
La protrusión que se observa en la línea media, cuando
algunos pacientes realizan maniobras que aumentan la presión
intraabdominal, es debida a la diástasis de rectos, habitual
en obesos, embarazo o individuos con laxitud muscular. Carece de significación
clínica.
Una pulsación vigorosa en la línea media se observa en
sujetos delgados, pero también en situaciones de hipertensión
arterial, aneurisma de aorta o en los casos en los que existe un latido
hipercinético, como sucede en la insuficiencia aórtica.
Auscultación
Valora los movimientos
intestinales y la presencia de soplos vasculares. Se realizará
durante unos minutos y previa a la palpación o percusión,
para que no exista actividad anómala que interfiera el estado
normal.
Tras calentar la campana del estetoscopio se colocará a media
distancia entre el ombligo y la xifoides, por ser éste el lugar
aproximado de la bifurcación de la aorta y arterias renales.
Se buscará así mismo la existencia de soplos a la altura
de las arterias ilíacas y femorales, y soplos venosos suaves
y continuos que son indicativos de circulación colateral portosistémica.
Se podrán escuchar 5-35 gorgoteos regulares por minuto, que ocasionalmente
tienen una sonoridad prolongada (borborigmos). Tan importante es su
elevada intensidad como su ausencia. En el íleo paralítico
y la peritonitis existe una disminución de los ruidos intestinales,
mientras que están aumentados en casos de gastroenteritis, síndrome
adherencial, primeras fases de la obstrucción intestinal y estado
de hambre.
Son perceptibles soplos vasculares en pacientes jóvenes, hipertensos,
delgados o con enfermedades aórticas, de forma que, según
la localización, se puede intuir qué territorio arterial
puede estar afectado (en el centro del abdomen, aneurisma de aorta;
en epigastrio e hipocondrio izquierdo, el tronco celíaco o la
arteria esplénica; en la región umbilical, estenosis de
arterias renales; en hipocondrio derecho, tumores hepáticos,
malformaciones arteriovenosas, cirrosis...).
Percusión
Valora la densidad y el tamaño de los órganos intraabdominales
y detecta la presencia de aire o líquido. Se suele realizar conjuntamente
con la palpación.
Debe hacerse con el mayor silencio ambiental posible. Los dedos índice
y medio de una mano golpean mediante movimientos repetidos de muñeca
los dedos índice y medio de la otra mano que está apoyada
sobre la pared abdominal.
Los sonidos van desde el claro pulmonar (sonido grave que se obtiene
al percutir la caja torácica), al mate (sonido seco propio de
un órgano macizo), pasando por el sonido timpánico (de
cavidades huecas llenas de gas, como el tubo digestivo).
Lo normal es encontrar sobre todo timpanismo, ocasionado por la presencia
de gas a todo lo largo del aparato digestivo. Para detectar el hígado
se asciende percutiendo por la línea medioclavicular desde una
zona timpánica y esperando encontrar matidez a 2 ó 3 cm
por debajo del reborde costal. Un borde hepático más amplio
puede sugerir hepatomegalia o desplazamiento del hígado en caso
de aplanamiento diafragmático, como sucede en los enfisematosos.
En inspiración forzada el hígado descenderá otros
3 cm.
Las alteraciones del bazo se buscan percutiendo en los últimos
espacios intercostales izquierdos a la altura de la línea medioaxilar,
donde frecuentemente encontraremos timpanismo tanto antes como después
de realizar una inspiración profunda, ocasionado por la acumulación
de gas en el ángulo esplénico del colon.
La matidez en hipogastrio suele estar relacionada con la presencia de
un globo vesical.
Palpación
Valora la existencia de tumores, zonas dolorosas, líquido o espasmos.
Es, sin duda, la maniobra de mayor importancia en la exploración
del abdomen.
Se utilizan ambas manos, paralelas o superpuestas, preferentemente con
las palmas, que aportan mayor sensibilidad y permiten descubrir las
características morfológicas y dinámicas del abdomen.
Se aborda al paciente por su derecha y con las manos templadas (para
evitar la contractura abdominal); se exploran los cuatro cuadrantes.
La pared abdominal en condiciones normales debe ser blanda y ceder a
la palpación suave; se iniciará lejos de la zona presumiblemente
dolorosa y deberá seguir un orden (aquél con el que esté
más familiarizado el explorador y, por tanto, sea más
preciso para él).
Se comienza con una palpación superficial buscando zonas de resistencia.
Se valora la sensibilidad, grado de elasticidad e hidratación
de la piel y edema (simplemente con un pinzamiento de piel y tejido
celular subcutáneo). La aparición de rigidez local o generalizada
es indicativa de irritación peritoneal y frecuentemente se acompaña
de hipersensibilidad cutánea.
Se pasa a una palpación más profunda, en busca de masas
o zonas dolorosas menos evidentes. Es importante tener en cuenta que
en los individuos normales resulta dolorosa la compresión de
la aorta, área del ciego y sigmoide y la región epigástrica
próxima a la apófisis xifoides. Hay que valorar el grado
de contracción de la musculatura, que lo hace de manera refleja
cuando el proceso inflamatorio alcanza la serosa del órgano afectado
(su expresión más destacada es el vientre en tabla).
Para determinar si una masa es superficial o intraabdominal se debe
pedir al paciente que flexione la cabeza; si es superficial se seguirá
palpando, mientras que si es interna desaparecerá por la contractura
de la pared muscular. La aorta, el promontorio vertebral, el útero
grávido, los rectos y el contenido fecal en ciego o sigma suelen
ser considerados falsamente como tumores.
El hígado no se suele palpar en condiciones normales. Para su
mejor exploración se realiza una palpación bimanual tratando
de elevarlo con una mano mediante presión desde las últimas
costillas derechas; con la otra mano se espera sobre el hipocondrio
derecho el contacto con el borde hepático tras invitar al paciente
a la realización de una inspiración profunda. La palpación
hepática es firme y no dolorosa. Su sensibilidad se explora golpeando
con el puño la otra mano colocada sobre el borde costal inferior.
Un hígado sano no resulta doloroso.
La vesícula sana tampoco es palpable ni dolorosa. En caso contrario,
indica colecistitis y se podrá evidenciar presionándola
mientras se hace inspiración profunda.
El bazo sano, al igual que las estructuras anteriores, tampoco se palpa
en condiciones normales. La técnica es similar a la utilizada
para la exploración de hígado. Cuando se consigue palpar
probablemente demuestra una esplenomegalia
La ascitis se detecta clínicamente cuando alcanza, al menos,
500 cc de líquido libre. Existen distintas maniobras para valorar
la presencia de líquido libre en la cavidad abdominal. La más
cómoda y útil es percutir el abdomen en decúbito
supino; la presencia de líquido hará que el sonido sea
timpánico en el centro y mate en los flancos, debido a que las
vísceras llenas de aire flotan en el líquido; a continuación
se coloca al paciente en decúbito lateral: la sonoridad se modifica
si hay ascitis (timpanismo en flanco y mate hacia la línea media).
Es obligada la investigación de los orificios herniarios, donde
no debe encontrarse ningún tipo de irregularidades. Una consistencia
blanda en la zona puede indicar hernia, que en todo caso se debe tratar
de evidenciar aumentando la presión intraabdominal. Cualquier
punto de debilidad en la pared abdominal facilita la protrusión
de vísceras abdominales. Las hernias pueden ser el resultado
de incisiones quirúrgicas o coincidir con zonas anatómicas
de debilidad, lo cual sucede en la línea media, el área
periumbilical y en la región inguinal. Se pueden distinguir tres
tipos de hernia:
- Hernia inguinal indirecta: Debilidad del anillo inguinal abdominal
con dilatación del conducto inguinal. Se palpa una masa por encima
del anillo inguinal, aunque se nota mejor cuando se desliza por el anillo
inguinal. Para ello, con el enfermo en bipedestación, se introduce
desde el escroto el dedo meñique en dirección al conducto
inguinal externo; junto con la tos deberá apreciarse una masa
blanda que golpea la punta del dedo. Si el conducto inguinal está
suficientemente dilatado, la hernia puede convertirse en escrotal.
- Hernia inguinal directa: El abultamiento se apreciará por encima
del ligamento inguinal externo y lateral al recto anterior
- Hernia crural: Provocada por la debilidad producida a la altura de
la salida de la arteria femoral de la cavidad abdominal. La tumoración
aparece por debajo del anillo inguinal.
Tacto rectal
Debe formar parte
de la exploración de todos los padecimientos del extremo distal
del tubo digestivo. Para su realización se utiliza un guante
que no presione, con el dedo índice bien lubricado y con el paciente
en posición de plegaria mahometana o de pie con el tronco flexionado
y apoyándose en la camilla con los codos.
Esta maniobra permite:
- Realizar inspección anal para ver si hay hemorroides prolapsadas,
fisuras, tumoraciones pediculadas...
- Describir la mucosa rectal, lisa en condiciones normales.
- Localizar masas o inflamaciones procedentes de la cavidad abdominal.
- Valorar la próstata, las vesículas seminales y el cuello
uterino.
- Provocar dolor y orientar hacia patología apendicular, prostática,
anexial...
- Conocer el grado de repleción de la ampolla rectal, características
de las heces y tono del esfínter anal.
| Sumario
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