ENFERMEDAD DE PARKINSON
TRATAMIENTO
Como ha sido expuesto precedentemente,
la mayoría de los síntomas incapacitantes de la enfermedad de Parkinson son debidos a la
profunda reducción del contenido de dopamina en el estriado, causado por la disminución
o pérdida de neuronas dopaminérgicas en la "pars compacta" de la sustancia
negra. En el momento actual no existen medios eficaces que modifiquen significativamente
la historia natural de enfermedad. El arsenal terapéutico disponible sólo ofrece algunas
formulaciones que permiten aliviar los síntomas, conllevando su uso crónico una pérdida
paulatina de eficacia y la aparición defectos secundarios indeseables como fluctuaciones
motoras, discinesias o alucinaciones. Algunos pacientes no responden desde el inicio
suficientemente a estos tratamientos farmacológicos y para un significativo número de
enfermos de larga evolución, tras una aceptable o buena
respuesta inicial, la
medicación disponible resulta inútil para mejorar su calidad de vida, siendo potenciales
candidatos para tratamiento quirúrgico.
Los escasos conocimientos existentes,
sobre la etiología y los mecanismos patogénicas que conducen a la destrucción de las
neuronas dopaminérgicas, son el mayor factor limitante para el potencial desarrollo de
medidas eficaces para prevenir o detener la enfermedad.
Los medios terapéuticos paliativos
actualmente disponibles, para el control de los síntomas parkinsonianos se recogen en la
Tabla IX:
TABLA IX: Tratamientos Paliativos |
|
Agentes farmacológicos Métodos quirúrgicos:
Lesión o ablación
Neuroestimulación profunda
Transplantes de tejidos
Factores neurotróficos de origen glial
|
En el curso de la
enfermedad de Parkinson no sólo es preciso ocuparse del control de los síntomas
cardinales que definen la enfermedad, sino que hay que afrontar otra serie de
manifestaciones psiquiátricas, autonómicas y motoras asociadas, propias de la evolución
de la enfermedad o secundarias a la terapia sustitutiva empleada (ver Tabla X).
Tabla X Manifestaciones asociadas a la
enfermedad de parkinson |
Demencia
Depresión
Alucinaciones y psicosis
Disturbios del sueño
Síntomas disautonómicos
Disfunciones motoras |
Un tercer punto a
considerar en el tratamiento de estos procesos es la selección y tiempo de aplicación de
los distintos medios disponibles, en función de la edad, tipo y severidad de los
síntomas, resistencia o intolerancia a determinadas drogas y a las patologías asociadas.
Finalmente es preciso destacar la
importancia de la rehabilitación en estos pacientes y el papel de los servicios de
atención psicosocial, en las etapas más evolucionadas de la enfermedad, en las que su
grado de dependencia puede ser significativo.
Tratamiento farmacológico
Aunque la levodopa es el tratamiento
sintomático más efectivo, la mayoría de los pacientes sometidos a tratamiento crónico,
después de unos cinco años por término medio, experimentan fluctuaciones motoras,
discinesias y otras complicaciones. Por esta razón existe cierta unanimidad en favor de
retrasar el uso de la levodopa hasta que los síntomas parkinsonianos originen suficientes
molestias al paciente como para interferir en el desarrollo de su vida diaria, dificultar
su funcionamiento en el trabajo o alterar sus interacciones sociales.
A pesar de las controversias, también
parece existir consenso general sobre que uno de los primeros objetivos en el tratamiento
de la enfermedad de Parkinson es retrasar y enlentecer su progresión. En este sentido
aunque no se dispone actualmente de drogas verdaderamente neuroprotectoras, si existen
estrategias terapéuticas que pueden ser recomendadas en las fases iniciales del
tratamiento de la enfermedad de Parkinson, destinadas a minimizar los riesgos de las
complicaciones del tratamiento crónico con levodopa. Basados en las actuales hipótesis
sobre los mecanismos de muerte celular y neurodegeneración, ha sido postulado que algunos
antioxidantes, drogas antiexcitatorias neuronales y agonistas de dopamina, pueden ejercer
efectos de neuroprotección.
Agentes neuroprotectores
Inhibidores de la MAO
El Deprenyl (L-isomero de
N-propynyl-methamphetamina), actúa como un "substrato suicida" para la
monoaminooxidasa (MAO) tipo B, inhibiendo este enzima de forma irreversible. El estudio
DATATOP realizado con 800 pacientes, en los primeros estadios de enfermedad de Parkinson,
ha mostrado que la administración continuada de esta sustancia retrasa la necesidad del
uso terapéutico de la levodopa alrededor de nueve meses. Hay un creciente cuerpo de
evidencia que apoya la noción de que el deprenyl puede ejercer efectos de
neuroprotección por mecanismos distintos que los de la inhibición de la MAO-B. No
obstante no hay actualmente unanimidad sobre si la reducción de la tasa de incapacidad
observado con el uso de esta droga se debe a su posible actividad protectora sobre la
degeneración neuronal o a su efecto sobre los síntomas. Estudios morfofuncionales, con
PET y SPECT, que midan longitudinalmente la progresión de la degeneración nigroestriada
en pacientes con enfermedad de Parkinson tratados con y sin neuroprotección, pueden
aportar luz definitivamente a esta cuestión.
Aparte del Deprenyl, hay actualmente
otros inhibidores de la MAO-B, que están siendo investigados como potenciales agentes
neuroprotectores; tales como la Tranylcypromina, un inhibidor irreversible de MAO A y B y
la Rasagilina, un selectivo inhibidor irreversible de MAO-B, cinco veces más potente que
el Deprenyl.
Drogas antiglutaminérgicas
y ligandos de inmunofilinas
En el ámbito experimental algunas
drogas antiglutaminérgicas, tales como el riluzole, prometían efectos neuroprotectores;
no obstante ensayado en pacientes con enfermedad de Parkinson, su tolerancia es excelente
pero no parece proporcionar ningún beneficio sintomático significativo.
Las inmunofilinas son receptores
intracelulares proteicos que se unen a drogas inmunosupresoras como la ciclosporina A,
FK506 y rapamycina. Los ligandos de inmunofilinas se combinan con las inmunofilinas y
causan supresión del sistema inmune por inhibición de la calcineurin fosfatasa activada
por calcio. Ha sido observado que estos agentes promueven el crecimiento de las neuronas
dopaminérgicas nigroestriadas que sobreviven después de lesiones experimentales
inducidas en la sustancia negra. En contraste con los factores tróficos, estas sustancias
ejercen su efecto después de ser administradas por vía oral. Ciertos ligandos
sintéticos de inmunofilinas, tales como GPI-1046 y AMG-474-00, han demostrado una
capacidad de estimulación de crecimiento neuronal más potente que los factores
tróficos, sin manifestar ninguna actividad inmunosupresora .
Agonistas de dopamina
Los agonistas de dopamina ejercen sus
efectos farmacológicos activando directamente los receptores dopaminérgicos, obviando la
síntesis presináptica de dopamina. Se conocen dos familias de receptores de dopamina D1
y D2, y cinco subtipos en total. La familia D1 incluye los subtipos D1 y D5; y la familia D2 incluye los subtipos D2, D3 y
D4. Los estudios experimentales han
demostrado que la activación de los receptores D2 es importante para mediar los efectos
antiparkinsonianos de los agonistas de dopamina; pero para producir efectos fisiológicos
y conductales óptimos, se requiere la activación concurrente tanto de receptores D1 como
D2. La rápida expansión del conocimiento sobre la distribución anatómica y diferencias
funcionales específicas de los distintos receptores ha ampliado el campo para nuevos
compuestos más potentes y con una acción farmacológica y clínica más selectiva.
TABLA XI TIPOS Y AFINIDAD DE LOS DISTINTOS
AGONISTAS DE DOPAMINA |
| Ergolínicos |
D1 |
D2 |
5-HT |
Alfa-1 |
Alfa-2 |
| Bromocriptina |
- |
++ |
+ |
+ |
+ |
| Lisuride |
- |
+++ |
+ |
+/- |
+/- |
| Pergolide |
+ |
+++ |
+ |
+ |
++ |
| Cabergolina |
+ |
+++ |
+ |
+ |
+ |
| No Ergolínicos |
|
|
|
|
|
| Ropinirol |
- |
+++ |
- |
- |
- |
| Pramipexol |
- |
+++ |
- |
- |
+ |
| Apomorfina |
+ |
+++ |
+ |
? |
? |
El límite de dosis de todos estos compuestos viene determinado preferentemente por
los efectos adversos generales derivados de la estimulación dopaminérgica periférica y
central, incluyendo náuseas, mareos, somnolencia, hipotensión ortostática,
alucinaciones o discinesias; a las que pueden sumarse las secundarias a las
características farmacológicas específicas de cada compuesto.
Derivados ergolínicos
La Bromocriptina ha servido como
prototipo de otros derivados de la ergotamina, incluyendo el lisuride, pergolide y la
carbegolina (este último introducido inicialmente para el tratamiento de la
hiperprolactinemia). Por su estructura química ergótica puede originar efectos
secundarios indeseables, como edema refractario en extremidades inferiores,
vasoconstricción incluido fenómeno de Raynaud, eritromegalgia, ulcus péptico y fibrosis
pleuropulmonar o retroperitoneal.
Derivados no ergolínicos
En contraste con los tradicionales
agonistas dopaminérgicos el Ropinirol y Pramipexol no presentan los efectos secundarios
derivados de la molécula ergótica.
El Ropinirol es un agonista casi puro D2
con sólo ligera actividad D3. El pico de acción se obtiene 1-2 horas después de la
ingesta oral, con una vida media de eliminación de unas 6 horas. Se metaboliza
preferentemente a través del hígado. Se inicia en dosis subterapeúticas, que se
incrementa después progresivamente hasta un máximo de 24 mg/día. Sus efectos
indeseables más comunes son nauseas, mareos, somnolencia y discinesias, siendo menos
frecuentes la aparición de síncopes, fatiga, edema, artralgias, alucinaciones y ataques
de sueño en el curso de actividades. En monoterapia, ha demostrado ser efectivo en las
primeras fases de la enfermedad de Parkinson. En un ensayo con 268 pacientes Rascol y cols
(1999) al cabo de 5 años el 34 por ciento de los pacientes permanecen en el ensayo y
sólo el 5 por ciento desarrollan discinesias en comparación con el 36 por ciento de los
tratados con levodopa.
El Pramipexol difiere de la
bromocriptina y del pergolide por su alta afinidad por los subtipos de receptores de
dopamina D3. Como puso de manifiesto el Grupo de estudio para el Parkinson (1997), es una
droga segura y efectiva en monoterapia en las fases precoces de la enfermedad y
beneficiosa en los casos con clínica media/moderada . Su vida media es de alrededor de 8
horas, excretándose por el riñón. El rango de dosis asociado con mayor beneficio oscila
entre 4.5-6 mg/día. Debe ser iniciado en dosis subterapeúticas e incrementar los niveles
lentamente para minimizar los efectos secundarios, tales como nauseas, estreñimiento,
hipersexualidad y alucinaciones; sin embargo no ha sido observada hipotensión
ortostática, típica de los agonistas dopaminérgicos. Recientemente se han comunicado
ataques bruscos de sueño, que pueden ser de riesgo para la conducción de vehículos.
La apomorfina es el más antiguo de
todos los agonistas dopaminérgicos, es potente, pero de acción muy corta. Su uso se
reserva para pequeños grupos de pacientes con problemas muy específicos. Su principal
ventaja es que es altamente hidrofílico y puede administrarse por vía subcutánea, lo
que permite rescatar a algunos pacientes con acinesia
severa el tiempo necesario para que puedan utilizar medicación oral.
En resumen, los agonistas de dopamina
juegan un papel importante en el tratamiento inicial de la enfermedad de Parkinson,
mejorando los síntomas y retrasando la necesidad de introducir levodopa. Por otra parte
hay un creciente cuerpo de evidencia a favor de que ejercen un papel neuroprotector, lo
que constituiría un segundo motivo para usarlos en los estadios precoces de la
enfermedad. Zou y cols, (1999) han demostrado que pre-tratamientos con Pramipexol atenúan
significativamente la citotoxicidad y apoptosis (muerte celular programada) inducidas por
levodopa y dopamina. Este efecto parece ser independiente de su acción agonista sobre los
receptores, ya que no se bloquea por antagonistas D2 o D3. El Pramipexol también protege
experimentalmente a las líneas celulares dopaminérgicas de la citotoxicidad inducida por
el peróxido de hidrógeno y reduce los radicales libres producidos por tóxicos como el
MPTP.
Inhibidores de la
Catecol-O-metil transferasa (COMT)
Otra estrategia para prolongar la
respuesta de la dopamina, consiste en utilizar inhibidores de los enzimas que la
metabolizan. Una de estas drogas es el Entacapone, que inhibe la COMT periférica, con una
vida media de aproximadamente 1 hora, siendo necesaria su administración conjuntamente
con la levodopa, consiguiendo un incremento de la concentración de levodopa en plasma de
alrededor del 50 por ciento. Esta acción farmacológica puede incrementar el tiempo
activo de la levodopa (periodo "on") sin que se produzca aumento significativo
de las discinesias (ver más adelante). Su uso está especialmente enfocado al tratamiento
en los periodos avanzados de enfermedad, cuando aparecen las complicaciones motoras por el
uso crónico de la levodopa, particularmente los denominados fenómenos "on-off"
y "wearing off", de los que nos ocuparemos más adelante, al analizar los
principios terapéuticos de la enfermedad de Parkinson avanzada.
Drogas anticolinérgicas
Incluyen esencialmente trihexyphenidyl,
benzotropina y ethopropazina. Farmacológicamente son bloqueantes de receptores
muscarínicos, que penetran en el sistema nervioso central y presumiblemente antagonizan
la transmisión de la acetilcolina en las interneuronas del estriado. Entre los síntomas
parkinsonianos, su mayor efecto lo ejercen sobre el temblor, utilizándose preferentemente
con este fin, en personas jóvenes, generalmente asociadas a otras drogas. No es
aconsejable en personas con problemas prostáticos, glaucoma, síndrome seco, alteraciones
de memoria o trastornos psiquiátricos.
Levodopa en el tratamiento de
la enfermedad de Parkinson
La levodopa es la droga más efectiva
disponible para el tratamiento del Parkinson, mejorando la mayoría de sus síntomas y
asociándose aparentemente con una disminución de su tasa de mortalidad. Es normalmente
utilizada como "patrón oro" para comparar la actividad de otras terapias. Sin
embargo su uso se acompaña también de efectos indeseables tanto agudos como crónicos,
que pueden comprometer su uso terapéutico (náuseas, vómitos, hipotensión postural,
discinesias, fluctuaciones motoras y cambios en el estado mental).
La levodopa es metabolizada
principalmente mediante dos enzimas, la decaboxilasa y la catechol-O-metyl-transferasa
(COMT).
Bases farmacológicas
La levodopa se absorbe en el tracto
gastrointestinal a nivel del intestino delgado, utilizando a los sistemas transportadores
de los aminoácidos neutros. Se distribuye posteriormente por todos los tejidos,
preferentemente el músculo, con una vida media de cinco a 10 minutos. Para cruzar la
barrera hematoencefálica compite con otros aminoácidos plasmáticos. Periféricamente la
levodopa es catabolilizada rápidamente por la decarboxilasa de aminoácidos aromáticos
(DAA) y la COMT y eliminada con una vida media aproximada de 60 minutos. La cantidad de
levodopa que alcanza el cerebro, tras la ingestión de una dosis oral, depende de un
número de variables que influyen sobre su absorción y transporte (tiempo de vaciado
gástrico, alimentos ricos en proteínas, competición para el transporte a nivel
intestinal y de la barrera hematoencefálica) la mucosa del estómago, el intestino y el
hígado son ricos en enzimas DAA y COMT, que convierten la levodopa en dopamina reduciendo
la biodisponibilidad de la primera para alcanzar el cerebro. Comúnmente se emplean
preparados del levodopa que contienen inhibidores de la DAA periférica (benserazida o
carbidopa), reduciendo la conversión periférica de levodopa a dopamina, mejorando su
biodisponibilidad cerebral, sin afectar a su vida media de eliminación. Consecuentemente
las dosis terapéuticas efectivas de levodopa pueden ser mucho más bajas cuando se
administran en combinación con estos agentes, reduciéndose la incidencia de efectos
secundarios periféricos (náuseas, vómitos e hipotensión). Estudios recientes sugieren
que la combinación de levodopa con un inhibidor del encima COMT, prolonga la duración
del efecto de la droga sobre los síntomas motores, reduciendo sus fluctuaciones.
Preparaciones de levodopa comercialmente
disponibles:
Preparados de vida media corta:
Benserazida 50mg-Levodopa 200mg
(Madopar).
Carbidopa 25mg-Levodopa 250mg
(Sinemet).
Carbidopa 25mg-Levodopa 100mg
(Sinemet Plus).
Preparados de liberación lenta:
Carbidopa 50mg-Levodopa 200mg (Sinemet
retard).
Carbidopa 25mg-Levodopa 100mg (Sinemet
Plus retard).
La absorción oral de las formulaciones
de liberación sostenida es más pobre que la de los preparados regulares de levodopa,
necesitándose dosis 20-30 por ciento más altas para obtener el mismo beneficio clínico.
Pueden inicialmente ser administradas dos veces al día, en contraste con los preparados
de liberación inmediata que precisan ser pautados tres veces por día. La sustitución de
levodopa de larga duración por la de tipo regular es a menudo beneficiosa en pacientes
con fenómeno de fin de dosis "wearing off"; sin embargo las discinesias, sobre
todo las que ocurren al final del día, pueden empeorar.
Por otra parte, los preparados de larga
duración proporcionan niveles sostenidos de levodopa en plasma, lo que teóricamente
evitaría la estimulación intermitente o pulsatil de los receptores de dopamina del
estriado y podrían reducir la incidencia a largo plazo de complicaciones motoras. No
obstante en un ensayo realizado en este sentido, después de 5 años, no se han observado diferencias en la frecuencia
de complicaciones motoras entre los grupos tratados con preparados de vida media corta o
larga, aunque por las condiciones del ensayo estas conclusiones no son definitivas.
Indicaciones de la levodopa
La eficacia de esta droga es
clínicamente convincente, considerándose la respuesta positiva a la misma como uno de
los hechos característicos de la enfermedad de Parkinson, a diferencia de los síndromes
parkinsonianos. Las preparaciones de levodopa de efecto prolongado, muestran una
efectividad igual o superior al de las preparaciones simples. La experiencia clínica
demuestra que la levodopa puede ser combinada con otras medicaciones antiparkinsonianas,
con evidente beneficio. Actualmente es un tema sometido a debate si la levodopa debe ser
la droga inicialmente empleada en el Parkinson o debe de reservarse como suplemento de los
antagonistas de dopamina. Ya hemos comentado precedentemente los fundamentos que apoyan el
uso de los agonistas de dopamina como monoterapia inicial en la enfermedad de Parkinson,
tanto por su efecto neuroprotector como por la reducida incidencia de complicaciones
comparadas con el tratamiento crónico inicial de levodopa. En el terreno práctico
algunos pacientes pueden mantenerse asintomáticos o poco sintomáticos, durante los
primeros años, con el uso exclusivo de agonistas dopaminérgicos, sin embargo la mayoría
de los pacientes requieren la introducción inmediata de levodopa para un adecuado control
y aceptable calidad de vida. Los criterios que determinan una u otra conducta los
señalaremos más adelante.
Mecanismos de acción
El mecanismo exacto mediante el que
actúa la levodopa es desconocido. Se asume que es utilizada por las neuronas
dopaminérgicas residuales, decarboxilada por la DAA de estas neuronas supervivientes y
finalmente liberada en las terminales sinápticas del estriado, estimulando los receptores
de dopamina de las neuronas postsinápticas. De acuerdo con esta hipótesis, la eficacia
de la levodopa disminuiría paralelamente con la pérdida de neuronas dopaminérgicas; sin
embargo muchos pacientes siguen respondiendo a la droga a lo largo de toda su enfermedad.
Esto sugiere que hay mecanismos alternativos de manejo presináptico de levodopa y que el
lugar exacto de la decarboxilación de la levodopa exógena a dopamina permanece
desconocido. En el estriado la dopamina es preferentemente deaminada por la
monoaminooxidasa (MAO) y metilada por la COMT central, dando lugar a la formación de
ácido homovanílico (AHV). Sin embargo la vía primaria que determina el fin del efecto
de la dopamina es su recaptación dentro de la terminal sináptica. Hay evidencia clínica
y experimental que sugiere que la disminución de células nígricas causa
sobreregulación de los receptores postsinápticos D2 (supersensibilidad), facilitando la
llamativa respuesta inicial a la levodopa como terapia sustitutiva en los pacientes con
enfermedad de Parkinson no tratados.
Estudios experimentales han hallado que
la levodopa a altas concentraciones puede inducir la muerte neuronal, pero en presencia de
células gliales las neuronas aparecen relativamente protegidas contra éste defecto
deletéreo. Sin embargo, no hay evidencia de que la levodopa promueva muerte celular en
animales o individuos tanto con lesiones del sistema nigroestriado, como sanos, aunque
esta posibilidad no puede ser totalmente excluida.
Tabla XII COMPLICACIONES SECUNDARIAS
AL TRATAMIENTO CON LEVODOPA |
| Náuseas |
Administrar la levodopa con
alimentos |
|
Aumentar la cantidad de
inhibidor de decarboxilasa |
|
Domperidona (10-20 mg) 30
minutos antes de cada comida |
| Hipotensión ortostática |
Aumentar la ingesta de sal
Medias elásticas compresivas Mineralcorticosteroides (fluorocortisona) Midodrina |
| Fluctuaciones
motoras |
Fin de dosis
wearing off
(insuficiente
beneficio terap.
en el intervalo
de dosis) |
Repartir la dosis acortando
los intervalos entre tomas de levodopa Incrementar dosis Preparados de levodopa de liberación
controlada retard Agonistas de
receptores de dopamina |
Fenómeno
on-off
(transiciones bruscas y erráticas en el estadio clín. del Parkinson) |
Preparados de
liberación controlada de levodopa Agonistas de receptores de dopamina. Inhibidores de la
COMT |
| Discinesias |
| Pico de dosis (movim. involunt. coincid.
con los niveles de levodopa más altos) |
Disminuir
dosis de levodopa Amantadine (200-400 mg/día) Mirtazapina (15-45 mg/día) |
| Comienzo-fin de dosis (movim. involunt.
durante las transiciones +/- de los niv. de dopa) |
Aumentar dosis
Acortar intervalos
Amantadine |
| Distonía matutina o de fase
off |
Utilizar
preparados de dopa de liberación lenta por la noche Adelantar la dosis del desayuno
Probar respuesta con Amantadine, Baclofen o Litio |
| Mioclonias
nocturnas |
Disminuir
dosis nocturna de dopamina Clonazepan (0.5-2 mg) al acostarse Antidepresivos tricíclicos
(Amitriptilina 25-50 mg) al acostarse |
| Alteraciones psiquiátricas |
| Ansiedad,
acatisia |
Beta-bloqueante
Naltrexona |
| Depresión |
Con
inhibición: Imipramina o Inhibidores de la recaptación de serotonina (IRS) fluoxetina,
paroxetina, citalopram. Con
signos obsesivo-compulsivos: Clorimipramina o IRS fluvoxamina o sertralina Con ansiedad:
Amitriptilina o nortriptilina Si hay temblor: Mirtazapina |
| Alucinaciones,
delirio |
Descartar
causas sistémicas (infecciones, alteraciones metabólicas) Reducir o retirar
anticolinérgicos, seligilina, amantadine o agonistas de dopamina Introducir
neurolépticos atípicos (Quetiapina 25-250 mg/día; Olanzapina 2,5-5 mg/día; Clozapina
12.5-75 mg/día) Antagonistas 5HT3: Odansetrón 8-32 mg/día |
|
Ocasionalmente los
pacientes experimentan náuseas y vómitos intolerables con pequeñas dosis de levodopa.
Esta respuesta es debida a la presencia de dopamina periférica, que estimula los
quimioreceptores situados en las inmediaciones del cuarto ventrículo, que no están
protegidos por la barrera hematoencefálica. Esto puede ser usualmente evitado por la
adicción de pequeñas cantidades de carbidopa o benserazida, que bloquean la conversión
periférica de la levodopa a dopamina. Si la cantidad de inhibidor que habitualmente se
asocia a la levodopa no fuera suficiente, las náuseas y vómitos pueden ser tratadas
satisfactoriamente añadiendo una cantidad separada adicional de inhibidor (25 mg de
carbidopa), en combinación con la levodopa/carbidopa. La administración de antagonistas
de receptores de dopamina periféricos (Domperidona 10-20 mg), 30 minutos antes de cada
dosis de levodopa, es también eficiente para prevenir las náuseas y los vómitos.
La hipotensión postural u ortostática
en la enfermedad de Parkinson puede ser causada por anormalidades en las neuronas
autonómicas centrales y periféricas. El mantenimiento de la presión arterial en
bipedestación requiere un incremento sostenido en la resistencia vascular periférica y
un adecuado volumen intravascular. La hipotensión postural en estos pacientes puede
resultar de la afectación de ambos mecanismos. La levodopa y los agonistas de dopamina
pueden acentuar esta hipotensión, especialmente durante las primeras semanas de
tratamiento. El incremento gradual de dosis cuando se inicia la terapia o la reducción de
la misma puede minimizar estos efectos adversos. El consumo de sal debe ser incrementado
en estos pacientes e instruirles para que realicen la transición desde el decúbito o la
sedestación a la bipedestación de forma gradual. En aquellos pacientes en que fracasen
estas medidas pueden utilizarse agentes que incrementen el volumen intravascular
(fluorocortisona) o aumente en la resistencia vascular periférica (midodrina).
Las fluctuaciones motoras
("on-off", "wearing off") aparecen al cabo de tres a cinco años del
inicio del tratamiento con levodopa, por témino medio. En el curso del tratamiento con
levodopa muchos pacientes alternan periodos de respuesta a la droga "on" con
otros en que esta es ineficaz "off"; a medida que la enfermedad avanza en
severidad se van acortando los periodos "on". El mecanismo responsable del
desarrollo de estas fluctuaciones es desconocido, habiendo sido implicados factores tanto
pre como postsinápticos13. La hipótesis del depósito sugiere que la disminución de
terminales de dopamina en el estriado, que se produce con la progresión de la enfermedad,
reduce la capacidad normal de ajuste de dopamina en dicha región, trasladándose
directamente las variaciones de dopa del plasma a los receptores de dopamina del estriado,
que quedarían expuestos sucesivamente a altos o bajos niveles en relación con las tomas
de dosis de levodopa, dando lugar a las fluctuaciones motoras. En condiciones
fisiológicas se produce una estimulación tónica de los receptores de dopamina, la
estimulación pulsátil de los mismos derivada de la administración fraccionada
sustitutiva de dopa, se piensa que puede inducir cambios postsinápticos, que dan lugar al
desarrollo de discinesias. La administración pulsátil de levodopa rápidamente induce
sobreregulación de la expresión de
preproencefalina y otros genes que se correlacionan con el desarrollo de las discinesias.
De estos datos cabe deducir que la liberación continua de agentes dopaminérgicos puede
prevenir o aminorar la aparición de discinesias.
La duración de la respuesta motora
después de la infusión de levodopa, se correlaciona estrechamente con la severidad de la
enfermedad, esto sugiere que estos pacientes tienen disminuida su capacidad para almacenar
levodopa e implica un mecanismo presináptico en la patogénesis de las complicaciones
motoras en el curso del uso crónico de levodopa. Sin embargo se han observado resultados
similares con agonistas directos de dopamina, como la apomorfina, que no se almacena en
las terminales sinápticas.
El conjunto de estos datos sugiere que
las fluctuaciones motoras son debidas a la estimulación intermitente de los receptores de
dopamina, en contraste con la estimulación tónica que ocurre en condiciones
fisiológicas, pudiendo contribuir a esta secuencia de acontecimientos dos factores
importantes, la falta de amortiguación del estriado en estadios avanzados de la
enfermedad frente a las fluctuaciones de niveles de levodopa en plasma y la utilización
de agentes dopaminérgicos de vida media corta que someten a los receptores a cambios
llamativos de concentración tras la ingesta oral. En este sentido, los compuestos de
levodopa de liberación inmediata con vida media entre 60-90 minutos, serían
especialmente proclives a causar complicaciones motoras.
Otra de las complicaciones motoras del
uso de levodopa es el acortamiento progresivo del tiempo de eficacia después de la toma
de cada dosis "wearing off". Para su control pueden utilizarse varias
estrategias, que incluyen el reparto de dosis de levodopa con intervalos de toma más
cortos (pasar de 100 mg/8 horas; a 100 mg/6 horas); si no se obtiene el resultado esperado
pueden incrementarse la dosis (150 mg/6 horas). Otras estrategias son el uso de preparados
de liberación lenta, empleo de agonistas orales de dopamina, o introducción de
inhibidores de COMT.
Discinesias
Las discinesias inducidas por levodopa
ocurren a medida que se incrementa la duración de la terapia. Su prevalencia varía mucho
de unos centros a otros, estimándose entre el 15 y 80 por ciento de los pacientes
después de 5 años de tratamiento. La intensidad de las discinesias es variable, siendo
incapacitantes para sólo un pequeño número de pacientes. Las discinesias pueden
clasificarse con arreglo a su fenomenología predominante y a su relación con el ciclo de
respuesta a levodopa.
Subtipos de discinesias más
habitualmente reconocidos:
Corea de extremidades "pico
de dosis"
Distonía craneo-cervical
"pico de dosis"
Distonía y corea bifásica de
las extremidades
Distonía de extremidades y pie
en periodo "off"
Mioclonias
Parkinsonismo y discinesias
simultáneas
La corea (movimientos irregulares,
involuntarios, abruptos, rápidos, no sostenidos que pueden aparecer en cualquier segmento
del cuerpo) y los movimientos coreoatetósicos son las formas más comunes y ocurren tanto
en pico de dosis, como en inicio y fin de dosis "discinesias bifásicas"; a
veces no están presentes en reposo y aparecen solo durante los movimientos activos.
La distonía (contracción muscular
sostenida, con tendencia a movimientos de rotación o giro, que afecta al cuello, tronco o
extremidades), es en frecuencia el segundo tipo de las discinesias inducidas por levodopa,
pudiendo aparecer en "pico de dosis", comienzo o final de dosis o en periodos
"off". Interfieren la actividad del paciente más que la corea. La distonía
"pico de dosis" ocurre en segmentos restringidos del cuerpo (contracción
sostenida del trapecio, músculos aislados de los brazos o piernas, facial o platisma
colli) pudiendo interferir con el habla o la deglución cuando afecta a la musculatura del
paladar o de la lengua. La distonía en fase "off" suele ser pura, sin
componente coreico, y dolorosa por la contracción sostenida; ocurre preferentemente por
las mañanas al despertar y afecta a los pies, aunque puede reaparecer en cualquier
periodo "off" a lo largo del día.
Las mioclonias (sacudidas involuntarias
brevas y bruscas) secundarias a levodopa, son típicamente un fenómeno de sobredosis o
indicativas de síndrome parkinsoniano (atrofia de múltiples sistemas, enfermedad con
cuerpos de Lewy difusos), afectan a las extremidades de forma unilateral o simétrica y
ocurren preferentemente por las noches, siendo por lo general poco incapacitantes. En los
casos en que se presentan con bajas dosis de levodopa a veces preceden o son heraldo de
alteraciones cognitivas.
Los mecanismos que dan lugar a las
discinesias son poco conocidos, siendo probablemente el resultado de la combinación de
lesiones dopaminérgicas graves (no aparecen en individuos normales que reciben levodopa)
y de la administración crónica intermitente de levodopa (no aparecen en pacientes
inveterados no tratados con levodopa).
Los tratamientos disponibles para el
control de las discinesias inducidas por levodopa, son insatisfactorios. Una reducción de
la dosis de levodopa mejora las discinesias, pero empeora los síntomas del Parkinson. Una
estrategia común es incrementar la dosis de agonistas que son menos proclives a causar
discinesias. El Amantadine a dosis de 200-400mg/día, tiene un pronunciado efecto
antidiscinético, aunque su eficacia es transitoria y no está exento de efectos
secundarios (psicosis, crisis, livedo reticularis, etc.). En los casos especialmente
incapacitantes puede recurrirse a los procedimientos quirúrgicos dirigidos sobre el
globus pallidus o el núcleo subtalámico, que pueden reducir llamativamente estos
movimientos involuntarios anormales14.
Manifestaciones psiquiátricas
Los pacientes sometidos a tratamiento
con levodopa pueden experimentar una variedad de reacciones psiquiátricas,
particularmente ansiedad-acatisia, depresión, agitación, alucinaciones, psicosis,
paranoia e hipersexualidad.
Los beta-bloqueantes y la naltrexona
pueden proporcionar alivio a algunos pacientes con ansiedad y acatisia.
Las alucinaciones ocurren en el 20 por
ciento de los pacientes con enfermedad de Parkinson tratados con drogas dopaminérgicas,
incrementándose la incidencia con la edad y con el grado de deterioro cognitivo.
Inicialmente las alucinaciones tienden a ser benignas y no amenazantes, preocupando más a
la familia que al propio paciente. Sin embargo las alucinaciones pueden ser un preludio de
delirio. Pueden aparecer en cualquier etapa de la enfermedad, siendo típicamente visuales
y sólo ocasionalmente auditivas. El tratamiento de las alucinaciones y en su caso del
delirio en los pacientes con Parkinson debe de abordarse de forma escalonada. En primer
lugar deben eliminarse otras causas potenciales de delirio, tales como infecciones,
desequilibrios hidroelectrolítico o lesiones cerebrales estructurales; en segundo lugar
se debe intentar reducir o prescindir de aquellas drogas antiparkinsonianas que tienen
mayor potencialidad para originar estos trastornos psiquiátricos (de mayor a menor:
anticolinérgicos, amantadine, deprenyl, agonistas de dopamina y finalmente
levodopa/carbidopa). Si es posible, los medicamentos antiparkinsonianos deben ser
reducidos hasta el punto en que las alucinaciones mejoren sin que empeoren llamativamente
los síntomas del Parkinson. Cuando fracasan estas medidas, es necesario recurrir a
medidas farmacológicas activas. Para la agitación y el delirio pueden ensayarse, en
principio, medicaciones no neurolépticas, como la Trazadona (50-300 mg). Sí hay que
recurrir a neurolépticos es preferible usar los de nueva generación, sin apenas efectos
extrapiramidales (conocidos como atípicos), como la Clozapina, Olanzapina o Quetiapina.
La Clozapina se inicia a dosis de 12.5mg/noche, pudiendo incrementarse la dosis según
respuesta hasta 75mg/día; no solo no bloquea los receptores dopaminérgicos, sino que
también se le reconoce un cierto efecto beneficioso sobre los síntomas parkinsonianos.
Su uso está limitado a casos muy específicos, sin otras alternativas, por su efecto
deletéreo significativo sobre la médula ósea, requirendo controles hematológicos
sucesivos y su miotoxicidad. La Olanzapina a dosis de 2.5-5 mg/día puede resultar
beneficiosa para el control de los síntomas conductuales, sin empeorar significativamente
los síntomas extrapiramidales. El que quizás presente mejor perfil teórico es la
Quetiapina (25-250 mg) por su mayor afinidad por los receptores dopaminérgicos D4, que
sobre D1 o D2, actuando más sobre las vías mesolímbica y mesocortical que sobre la
nigro-estriada, aunque la experiencia en los pacientes con Parkinson es todavía limitada.
En pacientes con trastorno cognitivo, los neurolépticos atípicos deben introducirse con
precaución, ya que algunos pacientes pueden ser formas de demencia con cuerpos difusos de
Lewy, en cuyo caso los neurolépticos pueden agravar las manifestaciones psiquiátricas e
incluso poner en riesgo la vida del paciente si no se suspende oportunamente la
medicación. El Odansetrón, un antiemético muy utilizado en oncología para aliviar los
efectos eméticos de la quimioterapia, con acción antagonista 5HT3, y sin efectos
adversos extrapiramidales, corrige las alucinaciones y los delirios paranoides en algunos
de estos enfermos, probablemente al controlar un exceso relativo de actividad
serotoninérgica secundaria al defecto colinérgico. Su mayor inconveniente es quizás el
precio.
Posibles causas de pobre
respuesta o resistencia a la levodopa
La levodopa es la droga disponible más
efectiva para mejorar los síntomas de la enfermedad de Parkinson, el fracaso en obtener
respuesta a menudo se utiliza como una evidencia en contra del diagnóstico de la
enfermedad.
Una pobre respuesta a levodopa puede
sugerir las siguientes posibilidades:
Diagnóstico incorrecto (por ej.:
síndromes parkinsonianos postsinápticos)
Interacción de drogas (por ej.:
algunos antieméticos o neurolépticos)
Causas farmacocinéticas (dosis
insuficiente, vaciado gástrico lento, tipo de dieta)
Progreso de la neurodegeneración
más allá de las células nigroestriadas
Desarrollo de complicaciones
secundarias al uso crónico de levodopa
Tratamiento Quirúrgico
Cirugía funcional
Como hemos analizado en párrafos
precedentes, la levodopa consigue restaurar parcialmente el defecto dopaminérgico,
normalizando en gran medida la función motora de los pacientes; sin embargo tras varios
años de tratamiento desarrollan efectos indeseables como fluctuaciones motoras,
discinesias y complicaciones psiquiátricas, que reducen significativamente la eficacia
del tratamiento, empeorando la calidad de vida en el 50-70 por ciento de los pacientes.
Varios grupos de trabajo, empleando
técnicas neurofisiológicas e inmunohistoquímicas han puesto de manifiesto la relevancia
del núcleo subtalámico (NST) en la fisiopatología de las enfermedad de Parkinson,
observando un aumento de la actividad neuronal del NST y de sus principales núcleos de
proyección, como el globo pálido interno (Gpi) y la pars reticulata de la sustancia
negra (SNr). La reducción de la hiperactividad del NST mediante técnicas farmacológicas
(infusión local de agonistas gabaérgicos o de antagonistas glutamatérgicos) o mediante
técnicas quirúrgicas (lesión con ácido kaínico o iboténico, termolesión o
estimulación a alta frecuencia) se acompaña de una marcada reducción de los síntomas
parkinsonianos sin provocar efectos indeseables graves. Estas observaciones permitieron
desarrollar un nuevo modelo funcional de los ganglios basales, que junto con el desarrollo de la neuroimagen y el
incremento de la precisión de los métodos de localización electrofisiológica, han
determinado el resurgimiento de la cirugía estereotaxica, como una opción terapéutica
para pacientes seleccionados con enfermedad de Parkinson.
El mejor conocimiento y la mayor exactitud de los procedimientos, han
reducido su morbilidad a tasas del 1-2 por ciento, similares a los de cualquier otro
procedimiento que requiera cirugía estereotaxica15.
Los principales programas de cirugía
estereotaxica (ver Tabla XIII), actualmente en uso, para el tratamiento del Parkinson,
incluyen intervenciones destructivas o de estimulación a alta frecuencia con electrodos
profundos, sobre distintas localizaciones cerebrales a fin de modificar su actividad
neuronal:
Tabla XIII VENTAJAS E INCONVENIENTES
GENERALES ENTRE LESIÓN O ESTIMULACIÓN |
| Procedimiento |
Ventajas |
Desventajas |
| Lesión/ablación |
Barata,
rápida, no cuerpos extraños dentro del cerebro |
Mayor
morbilidad, las complicaciones son
permanentes |
| Estimulación |
Menos
morbilidad, mayor efecto, flexibilidad de ajuste para eficacia |
Cara,
desajustes de parámetros, material extraño en el
organismo |
|
Globus pallidus
interno (Gpi)
Núcleo ventralis intermedium del
tálamo (Vim)
Núcleo subtalámico (NST)
En 1992 Laitinen y cols., publicaron
excelentes resultados con palidotomía por radiofrecuencia en un número amplio de
pacientes seguidos durante varios años; documentándose no sólo beneficio clínico, sino
también la restauración funcional de los mecanismos corticales implicados en la
preparación e inicio del movimiento16. La palidotomía conlleva un marcado efecto
antidiscinesia en el hemicuerpo contralateral a la lesión17. El seguimiento a largo plazo
de los enfermos sometidos a esta técnica quirúrgica ha revelado algunas limitaciones
prácticas; así, el análisis de la literatura indica que el beneficio obtenido sobre los
signos motores al año de tratamiento en el lado de la lesión no supera el 30 por ciento
en las escalas motoras y la mejoría de la destreza manual y los síntomas axiales
(postura, marcha, etc.) es mínima o ausente, no reduciendo la necesidad del consumo de
sustancias dopaminérgicas18. Independientemente la palidotomía bilateral se asocia con
alteraciones cognitivas graves en cerca del 25-30 por ciento de los pacientes.
Por todo lo anteriormente expuesto, la
palidotomía como técnica terapéutica en los pacientes con enfermedad de Parkinson, es
actualmente una opción válida, pero limitada a un pequeño número de pacientes
seleccionados14.
La estimulación cerebral a alta
frecuencia en el tálamo (Vim), se desarrolló inicialmente para el tratamiento del
temblor con resultados similares a los de la talamotomía, pero sin los efectos
secundarios inducidos y asociados con las lesiones19. En años posteriores, el tratamiento
quirúrgico de la enfermedad de Parkinson ha derivado netamente hacia el uso de la
estimulación cerebral profunda en el Gpi y en el NST. Estudios multicéntricos con
elevado número de pacientes han mostrado una eficacia neta de la neuroestimulación
cerebral profunda en el tratamiento de la enfermedad de Parkinson avanzada, obteniéndose
una reducción de los períodos "off" alrededor del 70 por ciento y una
mortalidad-morbilidad semejante a la de otros procedimientos estereotaxicos. La
estimulación del NST permite además reducir llamativamente la medicación
antiparkinsoniana, sumando a la mejoría de la calidad de vida una significativa
reducción de costos a largo plazo. Otra de las ventajas de la estimulación cerebral
profunda, es que su cirugía bilateral no aumenta el riesgo de efectos secundarios graves,
como ocurre con la palidotomía bilateral. Este tipo de técnica puede teóricamente
beneficiar alrededor del 15 por ciento de los enfermos con Parkinson en estadio avanzado
con complicaciones motoras.
El mayor inconveniente de la técnica de
neuroestimulación cerebral profunda reside en el costo del estimulador implantado y de
los recursos humanos y técnicos necesarios para optimizar los resultados; otros problemas
asociados con esta técnica son la contaminación bacteriana de la prótesis tras su
implante subcutáneo, la erosión a largo plazo de la piel que recubre el estimulador, el
desajuste e incluso apagado de los estimuladores de forma espontánea y la necesidad de
recambio de las baterías cada 3 años.
Gill y Heywood (2000), han comunicado
recientemente la posible sustitución de la estimulación a nivel del NST por
subtalamotomía, lo que evitaría la necesidad del neuroestimulador con la consiguiente
reducción de costes y efectos secundarios20. Aunque los resultados son todavía
preliminares (23 pacientes con lesión unilateral y 10 de bilateral), en ningún caso se
produjeron complicaciones graves incluidas hemicorea-hemibalismo, ni defectos cognitivos
de importancia21, con buena tasa de mejoría en la movilidad (alargamiento de periodos
"on") y los signos axiales, permitiendo una reducción del consumo de levodopa
sin pérdida del beneficio obtenido.
Transplante de tejidos
El implante de médula suprarrenal
autóloga en el núcleo caudado, mediante cirugía estereotaxica, ha sido durante algún
tiempo el procedimiento más popular. No obstante a pesar del entusiasmo inicial, la
elevada morbilidad sin suficiente beneficio, ha reducido significativamente las esperanzas
depositadas en este procedimiento; por otra parte en los exámenes postmorten quedaba
claro que el tejido implantado no sobrevivía.
Actualmente la investigación está
centrada preferentemente en el trasplante de células dopaminérgicas mesencefálicas
heterólogas de embriones humanos22. Estas células son capaces de sobrevivir, al menos
dieciocho meses después de ser implantadas, invadiendo el tejido estriado del huésped23.
En el único ensayo quirúrgico controlado, el beneficio quedó limitado a la bradicinesia
y a la rigidez, no obteniéndose beneficio sobre el temblor, las alteraciones en la
deambulación o la postura ni las discinesias; incluso, respecto a estas últimas, en los
pacientes más jóvenes se apreció el desarrollo de discinesias previamente inexistentes,
en ausencia de medicación dopaminérgicas24,25. Todos estos datos indican que la vía del
trasplante es un medio terapéutico potencialmente útil, pero todavía en fase de
desarrollo, al que no puede recurrirse actualmente como procedimiento de rutina en la
práctica clínica.
Selección de pacientes para
cirugía
Aunque no existe unanimidad completa, si
se aceptan una serie de criterios generales de inclusión/exclusión que permiten una
selección previa de pacientes candidatos al tratamiento quirúrgico:
Criterios de inclusión:
Pacientes con enfermedad de
Parkinson no controlada con los recursos habituales
Buena respuesta motora inicial a
levodopa
Existencia de complicaciones
terapéuticas tales como fluctuaciones motoras complejas o discinesias
Presencia de signos motores
(temblor, bloqueo de la marcha, hipofonía, etc.), con escaso beneficio farmacológico
Complicaciones psiquiátricas que
limiten o impidan la utilización fármacos dopaminérgicos.
Criterios de exclusión:
Pacientes con edades menores de
30 años o mayores de 75
Deterioro cognitivo o problemas
psiquiátricos mayores
Asociación de otros desórdenes
médicos que contraindiquen la intervención
quirúrgica
La selección de la técnica a aplicar
en cada paciente depende de varios factores, siendo el tipo de síntoma el más
sobresaliente (ver Tabla XIV). En general los pacientes más jóvenes obtienen mayor
beneficio con menores efectos secundarios.
Tabla XIV RESPUESTA DE LOS DISTINTOS
SÍNTOMAS A LOS PROCEDIMIENTOS QUIRÚRGICOS |
| Síntomas |
Vim
(estimul. o lesión) |
GPi
(estimul. o lesión) |
STN
(estimul. o lesión*) |
Implantes
cerebrales |
| Hipocinesia |
- |
+ |
+++ |
+++ |
| Rigidez |
+ |
++ |
+++ |
+++ |
| Temblor |
+++ |
++ |
+ |
- |
| Postura/marcha |
- |
+ |
++ |
- |
| Congelaciones |
- |
- |
+ |
- |
| Discinesias |
+ |
+++ |
++ |
Empeoran |
Vim= núcleo intermedio ventral del tálamo; Gpi =
globus pallidus interno; STN = núcleo subtalámico; *en ensayo. |
|
Síntomas parkinsonianos
que no responden a tratamiento con levodopa (ver Tabla XV)
Tabla
XV
TRATAMIENTO DE LOS SÍNTOMAS QUE
NO RESPONDEN A LEVODOPA |
| Sialorrea |
Antidepresivos tricíclicos
Toxina botulínica |
Hipofonía
Trastornos para
deglución |
Colágeno percutáneo
Sonda nasogástrica
Gastrotomía
Traqueostomía |
Alteraciones
sensoriales: Pares-tesias, dolor genital, dolor oro-lingual |
Antidepresivos tricíclicos
Carbamazepina
Gabapentina
Hierro en caso de glosodinia con ferropenia |
| Polaquiuria |
Drogas antimuscarínicas Bloqueantes de
receptores alfa |
| Crisis de sudación |
Bloqueantes de receptores beta (propranolol) |
| Desórdenes de conducta
asociados a sueño REM |
Clonazepan |
| Insomnio |
Tardío:
Antidepresivos sedantes (aminotriptilina, nortriptilina)
Mala regulación del sueño: a-hidroxicina, difenhidramina b-lorazepan,
lormetazepan |
| Excesivo sueño |
Revisar medicación antiparkinsoniana y
sintomática diurno Incrementar la actividad diurna Cafeína |
| Congelaciones/ freezing
|
Readaptación de conducta
Estrategias individualizadas |
|
Tanto
en la enfermedad de Parkinson como una algunos síndromes parkinsonianos, tales como la
Parálisis Supranuclear Progresiva, la Atrofia de Múltiples Sistemas y otros, pueden
manifestarse síntomas que no están mediados por mecanismos dopaminérgico y que
requieran tratamiento sintomático específico.
La sialorrea es uno de los síntomas
más embarazosos de la enfermedad de Parkinson, causado por la dificultad para la
deglución. Los antidepresivos tricíclicos, pueden mejorar la sialorrea por su efecto
anticolinérgico, aunque deben ser utilizados cautelosamente en pacientes con compromiso
cognitivo o riesgo de fibrilación auricular. Las inyecciones de toxina botulínica ha tenido también éxito en el
control de este síntoma específico.
La hipofonía ha sido tratada con éxito
y seguridad mediante el incremento de los pliegues vocales por colágeno percutáneo.
Las complicaciones sensoriales
positivas, tales como parestesias, acatisia y dolor orolingual o genital, pueden responder
a antidepresivos tricíclicos, carbamazepina o gabapentina. En los casos de glosodínia o
"síndrome de la boca urente", debe de investigarse la posibilidad de otras
causas concomitantes con tratamiento específico, como infecciones por cándida, defectos
vitamínicos, vasculitis y especialmente ferropenia.
La polaquiuria o incremento de la
frecuencia urinaria debido a la hiperactividad vesical, a menudo mejora con drogas
anti-muscarínicas, como oxybutynin (5 mg/6-8 horas) o tolterodine (2 mg/8 horas); esta
última es mejor tolerada, ya que tiene menor afinidad por las glándulas salivares y
produce menor sequedad de boca. El tamsulosin, un bloqueante de receptores alfa (0.4 mg/12
horas), puede ser efectivo en reducir la frecuencia urinaria asociada a la hipertrofia
prostática benigna.
Enrojecimiento facial y crisis de
sudoración aparecen en algunos enfermos, generalmente en periodos avanzados de la
enfermedad, respondiendo en alguna medida a bloqueantes de receptores beta.
Los desórdenes de conducta asociados a
las fases REM del sueño, pueden ser una manifestación inicial de parkinsonismo. Se
caracterizan por episodios paroxísticos de actividad verbal o motora intensa, que
aparecen al perder la atonía muscular que acompaña al sueño. Ocurren alrededor de una
hora después de iniciado el sueño, coincidiendo con la fase REM, y se manifiestan de
manera intermitente durante la noche, especialmente en las primeras horas de la mañana
acompañándose a menudo de pesadillas terribles y de contenido violento. Las
manifestaciones clínicas suelen estar constituidas por actividades motoras y verbales
complejas en relación con el contenido de los sueños "sueños vividos", que
pueden culminar en destrucción de objetos cercanos o lesiones para la pareja o el propio
enfermo. Cuando el paciente despierta recuerda la pesadilla. La sospecha clínica se
confirma mediante polisomnografía, observándose la pérdida de la atonía en fase REM.
Estos trastornos pueden ser idiopáticos o secundarios a etilismo, lesiones del
troncocerebral, especialmente protuberanciales. Su importancia en este caso, es que pueden
ser el anuncio de enfermedades
neurodegenerativas de tipo extrapiramidal, como la enfermedad de Parkinson o la demencia
con cuerpos de Lewy difusos o Atrofia de múltiples sistemas. Responden con facilidad a
una dosis nocturna de Clonazepán (0.5-2mg). La retirada del tratamiento se sigue
invariablemente de la reaparición de los ataques.
En insomnio por fragmentación del
sueño con despertares frecuentes, puede ser causado por distonía nocturna en cuyo caso
la administración de preparados de levodopa de liberación lenta al acostarse o agonistas
de receptores de dopamina pueden mejorar el trastorno. Cuando no se identifica ninguna
causa específica y puede ser atribuido a una mala regulación del ritmo sueño-vigilia,
pueden ensayarse antihistamínicos del tipo de la hidroxicina o difenhidramina); si
fracasaran y no existe cuadro cofusional concomitante, las Benzodiazepinas de vida media,
como lorazepan o lormetazepan, pueden resultar útiles. Si el insomnio consiste en
despertar precoz (insomnio tardío), probablemente sea secundario a un estado depresivo,
en cuyo caso el uso de antidepresivos sedantes como la aminotriptilina o nortriptilina
serían apropiados.
En casos de excesivo sueño diurno, es
necesario revisar las distintas medicaciones usadas y reducir dosis o sustituir aquellas
que puedan estar influyendo preferentemente. En los casos de hipersomnolencia idiopática
o que no se puedan modificar otras medicaciones potencialmente responsables, puede
aliviarse este síntoma programando mayor actividad diurna y administrando cafeina.
La Mirtazapina (15-45 mg/día),
utilizada como antidepresivo, ha demostrado eficacia sobre el temblor de reposo y para el
control de las discinesias inducidas por levodopa.
Las bloqueos, congelaciones o
"freezing", es el nombre que se da a la incapacidad temporal e involuntaria para
moverse, siendo común en personas con Parkinson avanzado. Pueden manifestarse como si los
pies estuvieran pegados al suelo en el inicio de la marcha, llegando a "patear"
sobre el propio terreno, sin poder avanzar durante unos segundos o caerse al suelo si el
bloqueo se produce durante la deambulación; también puede manifestarse como incapacidad
para levantarse de una silla a pesar de múltiples y vanos intentos impulsados por la
voluntad. El problema puede ocurrir en cualquier momento, existiendo enfermos más
proclives a desarrollarlas que otros. La causa de este frustrante fenómeno no se conoce y
por el momento tampoco responde a ninguna medicación. Encierran peligro por el riesgo de
generar caídas, siendo su comienzo y final impredecibles; aunque las circunstancias que
favorecen su aparición pueden ser anticipadas, para cada persona en particular, en
función de sus experiencias previas. Algunas de las situaciones que más comúnmente dan
lugar a congelaciones son: caminar en público, por pasillos estrechos, entre filas de
asientos de centros de espectáculos o bancos de iglesias, tras estar confinados en
lugares restringidos como ascensores o cabinas de retretes, obstrucciones bruscas o se les
incita a deambular deprisa. Las únicas estrategias disponibles para combatir este
perturbador e incapacitante fenómeno son la readaptación de la conducta y
"trucos" individualizados para la reiniciación del movimiento. Algunos de estos
"trucos" incluyen: Cambiar de dirección o dar un paso atrás, usar un sonido o
ritmo para estimular el movimiento o marcar mentalmente el movimiento contando 1-2-3
1-2-3, imaginar un objeto y levantar el pie para dar el paso como si tuviera que salvarse
dicho objeto, utilizar un puntero láser de bolsillo como guía; si se tiende a congelar
en un lugar específico dirigir la mirada mucho más allá. Se han descrito algunos
éxitos con técnicas de sugestión.
Disfagia: Los problemas para la
deglución con el consiguiente deterioro del estado nutricional, son otra seria
complicación, que a veces desemboca en la necesidad de alimentación por sonda
nasogástrica o mediante gastrotomía. Reflejan la desintegración de los movimientos
volicionales y automáticos, de la musculatura glosofaríngea, causada por la acinesia y
rigidez. Esta dificultad se desarrolla en etapas sucesivas, cuyo reconocimiento tiene
especial interés, ya que puede desembocar en neumoaspiración y fallecimiento por
asfixia. En las fases iniciales, mientras beben o comen, se producen tos y
atragantamientos con desusada frecuencia; posteriormente el sonido o tono de la voz se
vuelve acuoso o húmedo tras comer o beber, requiriendo clarificar o limpiar repetidamente
la garganta tras la ingesta alimenticia; en periodos sucesivos tiene que realizar
esfuerzos voluntarios para poder deglutir los alimentos, dilatándose significativamente
el tiempo requerido para comer y dando lugar por lo general a pérdida de peso y
deshidratación; finalmente el alimento puede invadir la vía respiratoria originando
neumonía por aspiración, broncoespasmo, insuficiencia respiratoria, fiebre y sépsis.
Hay que instruir al paciente sobre la
necesidad de realizar la ingesta en posición sentada y ligeramente reclinado hacia
delante, incorporar bolus de poco volumen y seleccionar preferentemente alimentos de
consistencia gelatinosa. También es necesario educar a los cuidadores en la detección
precoz de los síntomas y signos de riesgo y entrenarlos en las maniobras a realizar en
caso de atragantamiento (colocarse a la espalda del enfermo, rodearle con ambos brazos por
debajo de la cintura y apretar y traccionar bruscamente).
Principios generales para optimizar el
tratamiento del Parkinson
El principio más importante consiste en
diseñar un tratamiento individualizado, destinado a controlar los síntomas, lentificar
la progresión de la enfermedad y evitar el desarrollo de las complicaciones derivadas del
uso crónico de la levodopa.
Estos objetivos han sido analizados
previamente "in extenso" en los apartados precedentes, limitándonos ahora a
recapitular lo antedicho, para su mejor uso práctico.
Tratamiento inicial:
Cuando terminado el examen consiguiente,
el clínico concluye que se trata de una enfermedad de Parkinson y que sus síntomas le
generan un grado suficiente de incapacidad, se plantea la elección de la terapia de
inicio. Se comienza con monoterapia y ésta se limita principalmente a dos opciones,
levodopa o agonistas de receptores de dopamina.
En pacientes mayores de 70 años o con
riesgo de presentar alteraciones psiquiátricas, puede iniciase el tratamiento con
formulaciones de levodopa de liberación lenta (carbidopa 50mg/levodopa200mg=Sinemet
retard ) administrado en dos tomas al día.
Aunque la levodopa es el tratamiento
disponible más efectivo en monoterapia, para pacientes menores de 70 años, sin
antecedentes que sugieran especial riesgo de complicaciones psiquiátricas, es preferible
comenzar el tratamiento con agonistas de dopamina (bromocriptina, pergolide, ropinirol,
pramipexol o cabergolina), con el fin de diferir la aparición potencial de fluctuaciones
motoras y discinesias. Dentro de los agonistas son preferibles los de última generación,
como el ropinirol (4.5-24mg/día, media 16mg) o pramipexol (1.5-6mg/día, media 3.8mg),
que sin ser tan potentes como la levodopa pueden dar lugar a sustancial reducción de los
síntomas parkinsonianos. Hay estudios recientes, que también ponen de manifiesto la
utilidad del pergolide en monoterapia. La elección entre los distintos agonistas
disponibles, vendrá determinada por el predominio de síntomas del paciente (pramipexol
es más eficaz en el control del temblor), tolerancia (nauseas, somnolencia,
alucinaciones, hipotensión ortostática), efectos secundarios y costo.
Segundo período:
Tras el periodo inicial con la
monoterapia seleccionada, en el seguimiento del paciente pueden presentarse tres
situaciones evolutivas. a) una buena respuesta con marcada mejoría de los síntomas, que
permiten al enfermo desarrollar con normalidad su actividad diaria; b) una pobre
respuesta, incompatible con una aceptable calidad de vida; o c) una buena respuesta
inicial con posterior empeoramiento. En el primer supuesto seguiremos con la monoterapia
inicial a la menor dosis posible, que permita el adecuado control. En el caso de respuesta
insuficiente o deterioro posterior, si se inició el tratamiento con levodopa puede
incrementase la dosis. Si se están empleando agonistas de dopamina a dosis suficiente y
la mejoría de los síntomas ha sido pobre, o aparecen manifestaciones secundarias
indeseables, pueden introducirse cantidades moderadas de levodopa asociada a los
agonistas.
Tercer período:
Transcurrido un tiempo variable, entre
1-7 años (media 5 años), un significativo número de pacientes comienzan a presentar
complicaciones derivadas de la progresión natural de la enfermedad y secundarias al uso
crónico de las medicaciones sustitutivas, incluyendo esencialmente fluctuaciones motoras,
discinesias y alteraciones psiquiátricas. Cada una de ellas ha de ser abordada de forma
individualizada, diseñando la estrategia más apropiada en cada paciente en función de
sus síntomas más destacados, situación general, edad y enfermedades asociadas. Una
guía para afrontar estos problemas ha sido expuesta en el apartado correspondiente.
Principios de asistencia psico-social
Este tipo de ayuda debe proporcionarse
preferentemente a través de programas especializados para pacientes con enfermedad de
Parkinson, que no sólo incluyan medios destinados a subsanar de la forma más completa
posible, las necesidades generadas por su enfermedad en el aspecto físico, social y
emocional; sino que también brinden la oportunidad del descanso necesario para los que
les cuidan en casa.
Normalmente estas ayudas se canalizan a
través de Centros de Cuidados Diurnos, que incluyen en sus programas:
Actividades terapéuticas
Ejercicios de rehabilitación y
mantenimiento
Artes manuales y recreativas
Educación sanitaria y debates
sobre temas puntuales de actualidad
Ayuda de consejeros y grupos de
apoyo
Procurando en todo momento que los
participantes mantengan la mayor autonomía posible.
| Sumario
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