ENFERMEDAD DE PARKINSON
Diagnóstico y diagnóstico
diferencial de la enfermedad de Parkinson
Como hemos comentado precedentemente, el cuadro clínico no
siempre permite el reconocimiento y diagnóstico de la enfermedad de Parkinson, ya que no
es enteramente específico. Algunos pacientes presentan desórdenes rígido/acinéticos de
carácter simétrico, que están relacionados con enfermedades neurodegenerativas que
afectan al estriado, tales como la parálisis supranuclear progresiva, atrofia de
múltiples sistemas, degeneración corticobasal, etc.; en las que emergen otras
manifestaciones (movimientos oculares anormales, cerebelosas, corticoespinales, etc.), que
ayudan a caracterizar estos desordenes. Estos procesos neurodegenerativos se conocen como
síndromes parkinsonianos atípicos o parkinsonismos-plus.
Un síndrome parkinsoniano también puede ser secundario a
lesiones del sistema nervioso de carácter adquirido, tales como infecciones,
traumatismos, tóxicos, desórdenes metabólicos, procesos vasculares, hidrocefalia o
tumores; denominándose parkinsonismos secundarios.
En la Tabla VI se recogen las principales entidades con las
que debe establecerse el diagnóstico diferencial de la enfermedad de Parkinson:
Tabla VI
Diagnóstico diferencial de la enfermedad de parkinson |
Parkinson-plus o parkinsonismos
Parálisis Supranuclear Progresiva (PSP)
Degeneración corticobasal (DCB)
Demencia fronto-temporal con parkinsonismo
Atrofia de Múltiples Sistemas (AMS)
Síndrome de Shy-Drager
Degeneración estrio-nígrica
Atrofia olivo-ponto-cerebelosa (OPCA)
Parkinson-ELA-Demencia de Guam
Enfermedad con cuerpos de Lewy difusos
Síndrome Alzheimer/Parkinson
Variante rígida de la enfermedad de Huntington
Enfermedad de Hallevorden-Spatz
Parkinsonismos secundarios
Tóxicos
Metil-4-fenil-tetrahidropiridina (MPTP)
Manganeso
Monóxido de carbono
Inducido por drogas:
| Neurolépticos |
Ciclosporina |
| Metaclopramida |
Cimetidina |
| Proclorperazina |
Disulfiran |
| Reserpina |
5-fluoracilo |
| Amiodarona |
Meperidina |
| Antagonistas de calcio |
Perhexilina |
| Litio |
Inhibidores de la recaptación de serotonina |
| Interferon-alfa |
Ácido valproico |
Vasculares
Infartos lacunares de los ganglios basales
Encefalopatía de Binswanger
Infartos estratégicos en ganglios basales o sustancia negra
Hidrocefalia
Tumores o quistes
Endocrino/Metabólicos
Disfunción paratiroidea
Degeneración hepatocelular crónica
Enfermedad de Wilson
Infecciosos
Postencefalítico y postvacunal
Síndrome de inmunodeficiencia adquirida
Panencefalítis multifocal progresiva
Enfermedad de Creutzfeldt-Jakob y Gerstmann-Sträussler-Scheinker
Enfermedad de Whipple |
El temblor es un signo clínico relativamente común en neurología, de
presentación característica y significado muy heterogéneo; pero que puede utilizarse
como un buen hilo conductor para realizar el diagnóstico diferencial de numerosos
procesos.
Clínicamente se clasifican en función de sus principales
circunstancias de presentación y reforzamiento, distinguiéndose entre temblor de reposo,
postural, cinético simple y de acción.
Las características del temblor de reposo ya han sido
previamente descritas. El temblor de acción es el que se produce por la contracción
voluntaria de los músculos, incluyendo al temblor postural, al isométrico y al
cinético. El temblor postural se presenta mientras se mantiene una posición voluntaria
contra la gravedad (extensión de las extremidades). El temblor cinético ocurre durante
cualquier movimiento voluntario, tanto guiados por la visión (dedo-nariz) como no
(movimientos repetitivos de flexoextensión de las manos). El temblor cinético simple
aparece durante movimientos voluntarios que no están destinados a alcanzar una meta
determinada (movimientos de prono-supinación); mientras que el temblor de intención
acaece en el curso de movimientos voluntarios, visualmente guiados, dirigidos hacia una
diana concreta, incrementándose su amplitud durante el trayecto hasta alcanzar la meta
propuesta, este término es a menudo criticado en función de que no es la intención
mental la que agrava el temblor, sino la ejecución dirigida a una meta. El temblor
cinético específico de tarea ocurre o se exacerba durante la realización de actividades
específicas, como el "temblor de escribiente" o los temblores ocupacionales.
Finalmente el temblor isométrico sucede como resultado de la contracción muscular contra
un objeto rígido estacionario (apretar fuerte y sostenidamente el puño).
Para completar la caracterización fenomenológica del temor,
además de sus condiciones de activación debemos intentar estimar su frecuencia,
reduciéndola a términos de baja (<4Hz), media(4-7Hz) y alta(>7Hz) frecuencia y
especificar la parte del cuerpo afectada: cabeza (mandíbula, cara, lengua, paladar),
extremidad superior (hombro, codo, muñeca, dedos), tronco, extremidad inferior (cadera,
rodilla, tobillo, dedos).
Combinando estos datos fenomenológicos simples con el resto
de la información recogida en la historia clínica y la exploración neurológica del
paciente, podremos integrar el temblor dentro de distintos síndromes, según se recoge en
la Tabla VII:
TABLA
VII.
TIPOS DE TEMBLOR |
Acentuación del temblor fisiológico
Temblor esencial
Temblor ortostático primario
Temblor específico de tarea o postura
Temblor en la enfermedad de Parkinson
Temblor distónico
Temblor de Holmes
Temblor del velo del paladar
Temblor inducido por drogas, tóxicos y disturbios metabólicos
Temblor en las neuropatías periféricas
Temblor psicógeno |
La acentuación del temblor fisiológico, es
un temblor fácilmente visible, de poca amplitud, preferentemente postural y de alta
frecuencia. Su causa es generalmente transitoria y reversible (exógena o endógena), no
evidenciándose patología neurológica subyacente.
El temblor esencial es un síndrome generalmente hereditario,
caracterizado por temblor postural de frecuencia media-alta, que afecta preferentemente a
la cabeza y las manos. Se distinguen varios subtipos, el temblor esencial clásico, el
indeterminado y el ortostático.
El temblor esencial clásico es bilateral, simétrico y
persistente; afecta manos y brazos y/o cabeza. No se asocia con otros signos neurológicos
(rigidez, hipocinesia, distonía, etc.), quedando específicamente excluidos del
diagnóstico el temblor de inicio brusco, el temblor aislado de la voz, lengua o
mandíbula, el temblor ortostático y el temblor aislado de las piernas. Se acentúa con
el estrés y la cafeína, mejorando con la ingesta de alcohol y los beta-bloqueantes.
El temblor esencial indeterminado satisface los criterios
nucleares del clásico, pero exhibe otros signos neurológicos de significado incierto
(hipomimia, disminución de movimientos asociados, bradicinesia), cuya evolución futura
no es predecible, pudiendo permanecer relativamente estacionario o desembocar en una
enfermedad con cuerpos de Lewy difusos o de Parkinson idiopático.
El temblor ortostático primario sucede en personas mayores
durante la bipedestación estática tras una breve latencia, percibiéndose contracciones
de fina amplitud en cuádriceps y gastrocnemius, que ceden durante la deambulación. El
sujeto lo experimenta como sensación de inestabilidad, aunque no llega a precipitar su
caída. No se presenta en sedestación o decúbito. El diagnóstico se confirma por
registro electromiográfico en musculatura paravertebral, con un patrón típico entre
13-18Hz.
Han sido identificadas varias formas de temblor específico
de postura o de tarea, todas comparten como cuadro común participar de situaciones
específicas de activación o en campos especializados de ejecución motora. El más
frecuente es el temblor del escribiente, pero existen otros muchos ejemplos en músicos,
atletas, relojeros, etc. Su fisiopatología es desconocida y se clasifican con arreglo a
su sintomatología clínica.
El temblor aislado de la voz se presenta durante la
vocalización, haciéndola entrecortada, no afectando a ninguna otra parte del cuerpo.
Ocurre en dos variantes una considerada como una distonía de cuerdas vocales (cesa
durante el lenguaje emocional) y otra como una variante de temblor esencial.
El temblor cerebeloso es de intención y a veces postural,
nunca de reposo. Puede ser uni o bilateral de baja frecuencia. A menudo se asocia con
dismetría, hipotonía o disinérgia. Su mayor diagnóstico diferencial se presenta con el
temblor esencial y con de la enfermedad de Wilson.
El temblor tipo Holmes se aplica al temblor de reposo e
intención de presentación irregular y frecuencia inferior a 4.5 Hz. A veces se asocia
con algún componente distónico. Se produce como consecuencia de lesiones en cualquier
punto de los circuitos dentado-rubro-talámicos, por lo que según el lugar específico de
la lesión hallada en cada caso, ha sido denominado sucesivamente temblor rúbrico,
mesencefálico, miorritmia o síndrome de Benedikt. Su etiología más común es la
vascular y post-traumática, habiéndose descrito en relación con la esclerosis
múltiple, tumores y otros procesos.
En resumen, aunque el temblor es un signo relativamente
común de diagnóstico diferencial con la enfermedad de Parkinson, atendiendo
pormenorizadamente sus características, circunstancias de activación o
desencadenamiento, reforzamiento o acentuación y otros posibles signos asociados, no
suele crear problemas de asignación en la mayoría de las ocasiones.
La dificultad es mucho mayor a la hora de diferenciar la
enfermedad de Parkinson con el resto de los síndromes parkinsonianos degenerativos.
Afortunadamente en los últimos tiempos se han incrementado significativamente los
conocimientos sobre estas entidades, disponiéndose de unos criterios clínicos
discriminativos más precisos y unas bases moleculares inmuno-histoquímicas y genéticas
más exactas.
Por razones prácticas vamos a analizar brevemente los cuatro
síndromes más afines: Enfermedad con cuerpos de Lewy difusos, la Parálisis Supranuclear
Progresiva, Degeneración Corticobasal y la Atrofia de Múltiples Sistemas.
El pronóstico funcional de los supervivientes es mejor que
el de las trombosis arteriales. Un 15 a un 25 por ciento experimentan secuelas
incapacitantes.
Enfermedad
con cuerpos de Lewy difusos
Esta entidad fue
individualizada hace aproximadamente dos
décadas. Está siendo cada vez más diagnosticada, estimándose, por datos de autopsia,
una prevalencia entre el 15 y 20 por ciento de las demencias degenerativas, lo que la
sitúa en la segunda causa de demencia. Primariamente estos pacientes pueden presentar
síntomas parkinsonianos o deterioro cognitivo aislado, con o sin manifestaciones
psicóticas, o combinación de ambos. La alteración estructural más sobresaliente de
este desorden es la presencia de cuerpos de Lewy más allá de la sustancia negra
mesencefálica, pudiendo alcanzar el diencéfalo, estructuras límbicas y corteza
cerebral, aislados o asociados a lesiones típicas de enfermedad de Alzheimer. En función
de su amplio espectro clínico y patológico, ha sido descrita bajo diversos términos,
tales como enfermedad de cuerpos de Lewy cortical, demencia senil del tipo de cuerpos de
Lewy, variante de cuerpos de Lewy de la enfermedad de Alzheimer, etc. Actualmente el
nombre preferido en la literatura es el de Demencia con cuerpos de Lewy (DLB, como
acrónimo de los términos en inglés). Muchos casos de DLB tienen patología sustancial
de Enfermedad de Alzheimer, siendo difícil situarlos dentro de uno u otro ámbito.
Semejante dificultad puede plantearse a la hora de diferenciarla del Parkinson con
demencia, cuyo límite clínico de diferenciación es arbitrario, al considerar esta
última posibilidad cuando los síntomas de Parkinson aparecen, como mínimo, un año
antes que el deterioro cognitivo. Para muchos investigadores la enfermedad de Parkinson,
el Parkinson con demencia y la demencia con cuerpos de Lewy difusos, pueden representar
distintas fases de un espectro continuo, que sobre la base de las características
bioquímicas de la inclusión intracelular común a todas ellas, una proteína denominada
a-synucleina codificada en el cromosoma 4, quedarían englobadas bajo el término de
"synucleinopatías". La presencia, en muchos casos, de placas seniles y
degeneración neurofibrilar, compatibles con enfermedad de Alzheimer, podría explicarse
sobre la base de dos hipótesis: una coincidencia de factores de riesgo, sobre todo la
edad, o más probablemente que todos ellos son síndromes clínicos con patologías
comunes, pero con etiologías múltiples, con una vía final común de neurodegeneración.
La etiología es
desconocida; no habiéndose concretado aún que factores de riesgo existen. Su
solapamiento con la enfermedad de Parkinson y
la enfermedad de Alzheimer han sugerido patogenias semejantes que aún están
controvertidas. La observación de cuerpos de Lewy corticales en formas de Alzheimer
familiar causadas por mutación en el codon de la proteína precursora de amiloide
(cromosoma 21), ha sugerido relación con el metabolismo del amiloide. Por otra parte,
familias con clínica típica de enfermedad de Parkinson y defectos cognitivos variables estaban asociadas con
mutaciones en el gen de la a-synucleina en el cromosoma 4, aunque existen otras familias
que no se asocian con estas mutaciones.
Respecto a la
neuropatología, hay diferencias entre los cuerpos de Lewy clásicos de la sustancia negra
y los corticales; mientras los primeros se tiñen brillantemente con la eosina, mostrando
un núcleo hialino rodeado de un halo pálido, los corticales no presentan núcleo y su
tinción eosinófila es pálida. Inmunohistoquimicamente la parte más central se tiñe
con anticuerpos contra ubiquitina, mientras que la periférica fija los de a-synucleina. Estas inclusiones se detectan en los cuerpos
neuronales y en sus prolongaciones. La a-synucleina es una proteína fibrilar, que se
acumula también en algunas variantes de Alzheimer y en la Atrofia de Sistemas Múltiples.
También pueden apreciarse cambios espongiformes en el hipocampo, degeneración
neurofibrilar y placas seniles.
El diagnóstico
clínico de estos desórdenes ha sido consensuado aprovechando la experiencia de los
centros de Estados Unidos, Europa y Japón (ver Apéndice). Estos criterios establecen que
los síntomas cognitivos deben ser iniciales o desarrollarse simultáneamente con los
parkinsonianos. Las manifestaciones clínicas se reúnen alrededor de tres ejes
fundamentales, la fluctuación de los síntomas neuropsiquiátricos, los signos
extrapiramidales y las alucinaciones
visuales. Los pacientes muestran una marcada variación de los síntomas cognitivos y de
las habilidades funcionales, o períodos de confusión y disminución de respuesta a
estímulos, alternando con otros de lucidez y de adecuada atención. La duración de estas
fluctuaciones puede variar de minutos a días. Es imprescindible descartar otros factores
tales como infección, reacción a medicamentos o trastornos hidroelectrolíticos. En
ocasiones se observan episodios de desatención y suspensión del lenguaje de algunos
minutos de duración, en los que las investigaciones para isquemia cerebral transitoria o
crisis son negativas.
Las alucinaciones
visuales se presentan entre el 40-75 por ciento, comparados con el 5-20 por ciento de las
formas puras de enfermedad de Alzheimer. Las alucinaciones ocurren sin factores
desencadenantes y típicamente están constituidas por imágenes bien configuradas de
personas o animales. Son usualmente vividas por el paciente, aunque puede reconocerlas
como irreales y generalmente no le originan temor ni sufrimiento. A menudo no son
comunicadas por lo embarazoso que resulta para el enfermo, requeriendo un interrogatorio
diplomático y discreto. Deben investigarse en estas circunstancias otras entidades como
el delirio, toxicidad medicamentosa, ictus cerebral o de privación sensorial; pero en
todas estas circunstancias raramente las alucinaciones son vividas, formadas y
recurrentes.
El cuadro
parkinsoniano, recuerda a las formas idiopáticas de enfermedad de Parkinson con
bradicinesia, rigidez y alteraciones de la marcha. Contrariamente al Parkinson clásico,
los síntomas suelen ser desde el comienzo bilaterales y simétricos. No suele observarse
temblor de reposo, pero no es incomún el postural o de acción. Pueden presentarse
también inexpresividad facial y alteraciones de la postura y del equilibrio.
Junto a estos
elementos diagnósticos nucleares, se suman otros signos y síntomas acompañantes que
ayudan a completar el cuadro clínico, incluyendo caídas frecuentes, disminución
transitoria de conciencia, síncopes, alucinaciones auditivas, delirio sistematizado o
anormal sensibilidad a neurolépticos. Esta última fue primeramente descrita tras
exposición de estos pacientes a agentes antipsicóticos potentes, como el haloperidol,
desarrollando cuadros clínicos que recordaban al síndrome neuroléptico maligno. Breves
períodos de tratamiento con neurolépticos pueden originar marcada alteración de la
cognición y del movimiento, precipitar el declive clínico e incluso la muerte. Estas
reacciones, aunque posibles, son menos frecuentes con los neurolépticos atípicos. En
estos pacientes, durante las fases de sueño REM, pueden aparecer "sueños
vividos" con manifestaciones verbales o físicas, incluyendo gritos, puñetazos,
patadas, gateo o giros en la cama. Su identificación es de interés, ya que responden
bien a Clonazepan.
El diagnóstico
definitivo sólo puede establecerse tras el examen cerebral postmorten, ya que se han
descrito casos con clínica indistinguible de la PSP, mioclonus, distonía, acinesia pura,
hemianopsia, disautonomía semejante al síndrome de Shy-Drager o síndrome de Meige11.
Los síntomas motores
mejoran con tratamiento antiparkinsoniano, aunque en los pacientes con defectos cognitivos
el grado de respuesta es más pobre que la media de los pacientes con enfermedad de
Parkinson clásica idiopática. Estos pacientes tienen también mayor riesgo para
desarrollar psicosis inducidas por drogas.
Degeneración
Corticobasal (DCB)
Las
"taupatías" constituyen un grupo heterogéneo de desórdenes neurodegenerativos
caracterizados por la presencia de inclusiones en las neuronas y en la glía de agregados
insolubles de proteína tau asociada a microtúbulos. De acuerdo con la topografía de las
inclusiones de tau y el correspondiente cuadro clínico, se distinguen tres entidades
mayores, Demencia frontotemporal (prevalece la patología cortical), Parálisis
Supranuclear Progresiva (patología preferentemente en ganglios basales y tronco) y
Degeneración Corticobasal (corteza y ganglios basales). Todas ellas pueden presentar un
síndrome parkinsoniano atípico y un cuadro clínico-patológico solapado. La
Degeneración Corticobasal es una forma esporádica de "taupatía" que afecta
preferentemente a la corteza cerebral y al sistema motor extrapiramidal. Los signos
corticales incluyen apraxia ideomotriz, síndrome sensorial parietal (extinción,
astereognosis, agrafestesia, levitación) y en una minoría de casos demencia. El cuadro
extrapiramidal suele ser unilateral y caracterizado por la presencia de bradicinesia,
rigidez y menos comúnmente temblor, resistentes a tratamiento con levodopa; junto con
posturas distónicas de las extremidades con unos dedos flexionados y otros extendidos,
precedidas o acompañadas por sacudidas mioclónicas reflejas desencadenadas por
estímulos sensitivos locales (un ligero toque o pinchazo en los dedos de la mano
inicialmente y después en cualquier parte del brazo desencadena múltiples sacudidas en
flexión). La edad media de inicio es de 63 años (rango 45-75) con una supervivencia
media de 8 años (2.5-12.5). La presencia inicial de un cuadro parkinsoniano amplio o de
un síndrome del lóbulo frontal (demencia, desinhibición, afasia progresiva), se asocian
con una supervivencia más corta.
Parálisis
Supranuclear Progresiva (PSP)
Representa un 4 por
ciento de los síndromes extrapiramidales. Los signos y síntomas de presentación
difieren de los de la enfermedad de Parkinson. El comienzo es insidioso y la evolución de
los síntomas variable. La edad media de comienzo se sitúa entre 55-70 años. El síntoma
inicial más común (62-70 por ciento) suele ser la inestabilidad postural, con caídas
frecuentes. En el cuadro clínico suele ser precoces y predominantes los cambios mentales,
dificultades para el lenguaje, bradicinesia, distonía de espalda y nuca, y la rigidez. La
disartria es el segundo síntoma más común, ocurriendo en un 30 por ciento de los
pacientes. También ocurren en las primeras fases de la enfermedad alteraciones visuales
(borrosidad visual, quemazón, fotofobia) y de los movimientos de búsqueda ocular
(sacades). No suele presentarse temblor de reposo y en 15 por ciento puede observarse leve
temblor postural. Un signo cardinal, no siempre presente, es la paresia de la mirada
vertical particularmente hacia abajo, que sí puede ser obtenida por maniobras
oculocefálicas, indicando su origen supranuclear; este signo puede manifestarse también
en la enfermedad con cuerpos de Lewy, en la Degeneración Corticobasal y demencias
fronto-temporales. El curso es progresivo, con una esperanza de vida desde el comienzo
clínico de la enfermedad de 5-7 años. Neurofisiológicamente se pone de manifiesto la
ausencia del reflejo del sobresalto. Neuropatológica-
mente incluye
degeneración neurofibrilar y hebras en el neuropilo en los ganglios basales y tronco
cerebral con una distribución característica. La sustancia depositada intracelular, como
en la Degeneración Corticobasal, son isoformas insolubles de tau, una proteína
filamentosa codificada por un gen situado en el cromosoma 17, cuya función normal es
promover la polimerización de la tubulina dentro de los microtúbulos y proporcionar
soporte a los mismos. La PSP se asocia con el alelo A0 de un polimorfismo dinucleótido en
el intrón 9 del gen de la proteína tau, probablemente relacionado con que origina una
regulación aberrante del procesamiento de empalme del exon 10 para formar el mRNA.
Atrofia de
Múltiples Sistemas (AMS)
Es una enfermedad
neurodegenerativa de etiología desconocida y carácter esporádico, que cursa con signos
y síntomas parkinsonianos, cerebelosos, piramidales y autonómicos en diversas
combinaciones. Se inicia clínicamente sobre la edad media de la vida y tiene una media de
esperanza de vida, desde el primer síntoma, de unos 10 años (rango 1-18 años). Los
rasgos parkinsonianos incluyen bradicinesia, rigidez, inestabilidad postural y a veces
temblor, con escasa o nula respuesta a levodopa.
La disfunción
cerebelosa incluye ataxia de la marcha con incremento de la base de sustentación con
pasos de longitud y dirección variables; dismetría en las extremidades; disartria
atáxica; nistagmus evocado por la mirada y alteraciones en los movimientos oculares finos
de seguimiento.
Las alteraciones
autonómicas incluyen hipotensión ortostática (descenso >20 mmHg en la presión
arterial sistólica o de 10 mmHg en la
diastólica), disfunción eréctil, alteraciones en la sudación y sobre todo síntomas
urinarios (urgencias, nicturia, vaciado vesical incompleta, incontinencia). El 50 por
ciento de los pacientes presentan afectación de la vía piramidal con respuesta plantar
extensora e hiperreflexia.
Desde el punto de
vista neuropatológico, lo más sobresaliente, es la presencia de pérdidas neuronales y
gliosis en los ganglios basales, sustancia negra, locus ceruleus, oliva inferior, núcleos
pontinos, células de Purkinje del cerebelo y núcleos autonómicos del tronco cerebral y
médula espinal. Una característica asociada es la presencia de inclusiones
citoplasmáticas en las células gliales, que se tiñen inmuno-histoquímicamente con
anticuerpos antiubiquitina, tau y a-sinucleina.
Pruebas de laboratorio
No hay ninguna prueba
de laboratorio patognomómica de la enfermedad de Parkinson, por lo que para su
diagnóstico en la gran mayoría de los casos es suficiente con el cuadro clínico, no
siendo necesario hacer otras exploraciones complementarias. En casos iniciales en los que
el diagnóstico es dudoso y puede confundirse la enfermedad con otros cuadros o en caso de
existencia de síntomas atípicos o necesidad de excluir causas de Parkinson secundario o
parkinsonismos pueden solicitarse diferentes pruebas complementarias.
En los análisis de
sangre y orina el interés especial se centra en los datos relativos a la función
tiroidea y paratiroidea y a la función hepática. En personas jóvenes es necesario
investigar la presencia de cobre en orina y ceruloplasmina en sangre para descartar la
enfermedad de Wilson. En función de los antecedentes epidemiológicos pueden investigarse
niveles de manganeso o solicitarse serologías a mycoplasma, virus, lúes y VIH. En casos
de sospecha de encefalopatía de Hashimoto hay que incluir anticuerpos anti-tiroglobulina.
En la enfermedad de
Parkinson las pruebas electrofisiológicas pueden contribuir en alguna medida al
diagnostico. Los potenciales evocados auditivos y somatosensoriales son normales, mientras
que los visuales presentan anomalías,
probablemente en relación con la dopamina normalmente presente en la retina. Los
registros neurofisiológicos pueden revelar la presencia de temblor, su frecuencia,
relaciones posturales y respuesta terapéutica. También permiten cuantificar la
intensidad del primer impulso muscular y las respuestas sincronizadas del paciente frente
a estímulos de frecuencia variable controlada, a fin de determinar el tiempo y velocidad
de reacción y la presencia de "freezing". En los pacientes con enfermedad de
Parkinson idiopática las velocidades de conducción nerviosa y el examen
electromiográfico son rutinariamente normales, no obstante su realización puede
permitirnos detectar signos de neuropatía periférica o afectación de neurona motora
inferior que nos indiquen la presencia de otro proceso subyacente asociado o encaucen el
diagnóstico hacia un síndrome parkinsoniano degenerativo o secundario.
La investigación del
reflejo del sobresalto y el registro de los parámetros autonómicos, pueden facilitar la
identificación y diferenciación de algunos síndromes parkinsonianos.
Neuroimagen
Las técnicas
morfológicas cerebrales (TC y RM) son poco informativas en la enfermedad de Parkinson
idiopática, resultando útiles en la medida que permiten descartar otros procesos. Los
estudios de neuroimagen funcional con tomografía
de emisión de positrones (PET) y tomografía computarizada de emisión de fotón único
(SPECT) de los sistemas dopaminérgicos cerebrales, pueden contribuir al diagnóstico y
progresión de la enfermedad de Parkinson. Las imágenes generadas por los receptores D2,
ayudan a diferenciar la AMS y PSP de la enfermedad de Parkinson. En los pacientes tratados
con neurolépticos es posible determinar la tasa de receptores D2 del estriado bloqueados,
estableciéndose una correlación paralela entre la proporción de receptores ocupados y
los efectos parkinsonizantes de la droga, permitiendo seleccionar, a "priori",
los neurolépticos más apropiados para tratar las psicosis inducidas por las drogas
antiparkinsonianas. Las imágenes con beta-CIT SPECT o PET con dopa marcada con Fluor18,
permite localizar y cuantificar la lesión dopaminérgica nigroestriada en la enfermedad
de Parkinson, incluso en fases preclínicas. Estudios longitudinales con estas técnicas
permiten también cuantificar la tasa de progresión de la enfermedad. Trabajos de este
tipo realizados en las etapas precoces de la enfermedad han permitido vislumbrar el
posible efecto neuroprotector de los agonistas de dopamina, lentificando la progresión de
la enfermedad11.
Los estudios con PET
en la DCB, muestran fundamentalmente, una marcada reducción asimétrica del metabolismo
talámico y de la corteza motora, contralateral a los miembros afectos.
En los pacientes con
enfermedad de Parkinson idiopática la RM cerebral puede mostrar una disminución de la
anchura de la pars compacta de la sustancia negra, respecto a controles de edad semejante,
que refleja la disminución selectiva de neuronas y el depósito de hierro o de otras
sustancias paramagnéticas, junto con hiperseñal en secuencias T2, posiblemente por
gliosis). No es patognomónica, ya que puede observarse la Encefalitis de San Louis, la
Encefalitis Japonesa, Demencia con cuerpos de Lewy, en la Degeneración estrionígrica y
en casos de PSP (Figura 2). La señal del putamen suele ser normal en la enfermedad de
Parkinson, mientras que en los síndromes parkinsonianos la señal suele ser más
hipointensa de lo esperado para la edad correspondiente.

Figura 2: RM craneal, corte axial,
secuencia T2. Izquierda: sustancia nigra mesencefálica en un sujeto normal (flecha).
Derecha: Síndrome de Parkinson, atrofia del mesencéfalo, incremento virtual del tamaño
de la sustancia nigra por gliosis (flecha), aumento del diámetro del acueducto del
Silvio.
En la PSP la
RM-craneal puede mostrar atrofias focales en las estructuras del tronco cerebral,
especialmente a nivel de los collículos superiores con atrofia e hiposeñal. El acueducto
del Silvio aparece ensanchado con incremento de la señal periacueductal en T2 por
gliosis. Los cambios en la RM se correlacionan bien con la severidad y duración de la
enfermedad.
La RM cerebral es
normal hasta en el 20 por ciento de los pacientes con AMS, las anormalidades más comunes
en casos evolucionados pueden detectarse en el estriado, cerebelo o tronco cerebral.
Cuando la atrofia del putamen es significativa, se produce un cambio de señal lineal
(descrito como signo del corte o hendidura) en el margen postero-lateral del putamen e
hipointensidad del putamen respecto al globus pallidus. Las anomalías infratentoriales
incluyen atrofia cerebelosa y pontina y cambios de señal en la protuberancia y pedúnculo
cerebeloso medio.
En la Degeneración
Corticobasal, los estudios de imagen pueden revelar atrofia asimétrica de la corteza
cerebral, que afectan sobre todo a la cara medial del lóbulo frontal y áreas parietales,
junto con dilatación asimétrica de los ventrículos laterales.
Hay un grupo de
parkinsonismos secundarios, que invariablemente se asocian con lesiones visibles en la TAC
o RM cerebral. En el parkinsonismo arterioesclerótico o parkinsonismo de "la mitad
inferior del cuerpo" (por perturbar preferentemente la deambulación), pueden
identificarse cuatro patrones radiológicos distintos: múltiples infartos lacunares en
ganglios basales, infartos aislados únicos (tálamo, estriado o sustancia negra),
encefalopatía subcortical de Binswanger o espacios perivasculares dilatados "état
criblé". Hay parkinsonismos asociados con calcificaciones de los ganglios basales,
núcleos dentados cerebelosos e incluso cuerpo calloso o sustancia negra; tanto con
carácter familiar como esporádico, a veces asociados a desórdenes paratiroideos (Figura
3). También pueden concurrir síndromes parkinsonianos con hidrocefalia, tanto
comunicante como obstructiva. De forma anecdótica han sido descritas otras causas de
parkinsonismo diagnosticables por imagen, entre los que se incluyen quistes de fosa
posterior, aneurismas, neoplasias y hematomas.

Figura 3: TAC craneal, corte sagital.
Cambios de señal secundarios a calcificaciones en ambos globus pallidus.
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