ENFERMEDAD DE PARKINSON
Cuadro clínico de la enfermedad de
Parkinson y síndromes parkinsonianos-plus
El diagnóstico de la enfermedad de Parkinson se establece
esencialmente sobre datos clínicos, no siendo preciso recurrir, de forma rutinaria, a
pruebas complementarias de laboratorio o neuroimagen, salvo en ciertos casos que plantean
diagnóstico diferencial. Sin embargo, los signos clínicos cardinales que identifican la
enfermedad, temblor, rigidez, bradicinesia y las alteraciones en la deambulación y la
postura, son a veces muy sutiles y difíciles de percibir en las primeras etapas. Por otra
parte, existen otros procesos con desordenes del movimiento de características similares
(temblor esencial, enfermedad con cuerpos de Lewy difusos, atrofia de múltiples sistemas,
etc.), con los que se puede generar confusión. Todo esto ha determinado, que en ausencia
de marcadores biológicos específicos, se hayan ido desarrollando criterios consensuados,
extraídos de datos estadísticos y correlaciones clinico-patológicas, que permiten
diagnósticos de presunción más precisos de las distintas entidades.
La acinesia o bradicinesia se caracteriza por la lentitud en
el desarrollo de los movimientos voluntarios y reducción progresiva de la velocidad y
amplitud de los movimientos repetitivos. Es el aspecto más incapacitantes de la
enfermedad de Parkinson; los pacientes la describen como retraso en la iniciativa motora
(que quizás refleje un tiempo de reacción prolongado), debilidad y fatigabilidad al
reiterar los movimientos, enlentecimiento en la realización de las tareas, etc., que
afecta a muchos aspectos motores de su vida diaria, tales como vestirse, asearse, comer,
realización de actividades manuales, etc.; exigiéndoles su ejecución, mucho más tiempo
del que para ellos era habitual.
También experimentan pobreza de movimientos y reducción de
su amplitud, hipocinesia; perdiendo destreza para abrocharse la ropa, anudarse la
corbata, escribir, realizar labores finas con los dedos, en general todo lo que exige
ejecutar acciones simultáneas o acciones secuenciales. Muchos describen dificultades para
levantarse de las sillas o introducirse o salir del automóvil, etc.; es decir para todos
aquellos movimientos que exigen movilidad del tronco y ajuste de posturas complejas, tales
como realizar el saque en el tenis, el swing en el golf o lanzamientos de precisión en
otros entretenimientos.
Clínicamente, la rigidez tiene un aspecto
subjetivo, que el paciente experimenta como sensación de "estar envarado" o de
"algo que le comprime los músculos" y le frena su movimiento; y otro aspecto
objetivo como la resistencia que el examinador percibe al realizar movimientos pasivos
sobre una articulación (usualmente las muñecas) o el cuello del paciente. La resistencia
es uniforme a través de todo el recorrido del movimiento, tanto para músculos flexores
como para extensores y no se influencia por la rapidez de ejecución, salvo en algún
paciente en que la resistencia al estiramiento es inversamente proporcional a la
velocidad; prácticamente lo opuesto a la espasticidad. La intensidad de la rigidez se
acentúa cuando el paciente realiza movimientos voluntarios, en espejo, con la extremidad
contralateral a la explorada (maniobra de Froment) y en menor grado con los
movimientos pasivos, el estrés o la ansiedad. Las maniobras de refuerzo de la rigidez son
más efectivas si se exploran con el paciente en bipedestación, que en sedestación o
decúbito. A menudo se asocia con el denominado fenómeno de "rueda dentada" (al
intentar estirar pasivamente el músculo la resistencia aparece de forma intermitente),
que no debe confundirse con la sensación de pequeñas sacudidas que se perciben al
ejecutar la misma maniobra en un paciente con temblor.
El temblor es un movimiento oscilatorio, rítmico e
involuntario de una parte del cuerpo. El que se manifiesta en la enfermedad de Parkinson
tiene la cualidad de aparecer preferentemente en reposo siendo menos activo durante el
movimiento. Tiene una frecuencia ente 3.5-7 Hz, manifestándose típicamente como un
movimiento rítmico alternante de prono-supinación del antebrazo, con flexión de muñeca
y dedos. Habitual-mente queda suprimido por la actividad, durante el sueño y con la
relajación completa de los músculos posturales axiales; incrementándose su amplitud con
el estrés, ansiedad o las drogas beta-estimulantes (isoproterenol). El propranolol
intravenoso, suprime estas exacerbaciones. El temblor puede afectar también a las
extremidades inferiores o la mandíbula, siendo atípico el temblor cefálico o vocal.
Hay una gran variabilidad en la presentación clínica de
enfermedad de Parkinson, exigiéndose por general, para establecer el diagnóstico, la
presencia de al menos dos de los tres signos cardinales motores: temblor, rigidez y
bradicinesia; o la presencia de tres de los cuatro signos: temblor, rigidez, bradicinesia
o alteración postural.
En los casos más típicos, los signos aparecen de forma
asimétrica en las etapas iniciales. La postura flexionada y la marcha pequeños pasos
evocan el diagnóstico de enfermedad de Parkinson, pero no son específicos. La postura
inclinada puede aparecer en otros desórdenes de los ganglios basales y el caminar
arrastrando los pies, reflejando una lesión de los circuitos frontales/subcorticales de
cualquier causa.
Más allá de este núcleo central de signos, la enfermedad
de Parkinson, asocia otros aspectos clínicos, como pobreza de la expresión facial,
hipomimia, asociada con mirada de consternación y reducción de la frecuencia de
parpadeo; o una curiosa transformación de la escritura, con tendencia progresiva a
reducir el tamaño de sus rasgos, hasta volverse minúscula, micrografía. En
bipedestación, el paciente inclina el cuello y la espalda, resultando una postura que
recuerda a la de los simios. Las extremidades no se balancean de forma natural y
acompasada (movimientos asociados) durante la de deambulación, tendiendo a desplazarse y
a girarse en bloque, como si las articulaciones estuvieran soldadas. En otras ocasiones se
produce una aceleración progresiva e involuntaria de la marcha, conocida como
festinación.
El fenómeno de congelación o "freezing",
se caracteriza por la dificultad en el inicio y continuación de movimientos repetitivos
rítmicos (hablar, escribir, caminar). Se considera un signo clínico independiente de la
acinesia. Puede ser valorado cuantitativamente usando la prueba del "golpeteo
digital", en la que se instruye al paciente para que responda sincrónicamente
golpeando con un dedo a un sonido que se genera con un rango de frecuencias entre 1 y 7
Hz. El paciente parkinsoniano golpea sincrónicamente mientras la señal sonora se emite a
frecuencias inferiores a 1.5 Hz; por encima de 2 Hz la respuesta se alarga, aunque intenta
acoplarla y entre 5-6 Hz, golpea más rápidamente, pero sin considerar el estímulo. Este
fenómeno no se correlaciona con el temblor ni la rigidez. Se han propuesto como
estructuras responsables de este suceso, los circuitos frontoestriados. Otros aspectos
prácticos de este fenómeno se abordan a propósito del tratamiento.
La disartria en estos pacientes es peculiar, el
lenguaje es hipofónico y rápido, sin las variaciones normales de tonos, pausas y
expresiones emocionales (disprosodia). Se producen a veces cierto grado de tartamudeo o
repetición perseverativa de sílabas o palabras (palilalia).
En algunos pacientes en los que la deglución está reducida,
se produce acumulación de saliva, que se les escapa por la comisura bucal.
La seborrea, secundaria al incremento de la producción grasa
de las glándulas sebáceas, es también común en estos pacientes.
Se han descrito otra serie de signos y síntomas, que no son
característicos, pero que pueden asociarse a la enfermedad, tales como dolores
migratorios musculares, disminución en la olfación, disnea episódica en ausencia de
enfermedades cardíacas o pulmonares, enrojecimiento facial con crisis de sudación y
edemas leves en extremidades inferiores.
La disfunción cognitiva, no es un cuadro típico de
presentación en enfermedad de Parkinson; aunque puede presentarse en un 15-63 por ciento
de los pacientes (media 19 por ciento), en función de la amplitud de medios usados para
su detección y el tiempo de seguimiento de los pacientes. Incluye disfunción cognitiva
leve, síntomas de ansiedad y depresión. La Demencia aparece entre el 20-40 por ciento de
los enfermos, generalmente en etapas tardías. Afecta antes a las funciones ejecutivas
(abstracción, conceptualización, planificación, toma de decisiones e interacciones
sociales), que a las funciones instrumentales (memoria, orientación, reconocimiento
visuoespacial o lenguaje, excepto fluencia semántica). La base neuropatológica de la
demencia es heterogénea, siendo los patrones más frecuentes la presencia de cuerpos de
Lewy difusos, variante de Alzheimer con cuerpos de Lewy y lesiones de Parkinson
idiopático con placas seniles y degeneración neurofibrilar tipo Alzheimer.
La demencia no suele estar presente en etapas iniciales, de
tal manera que cuando precede a los síntomas motores ha de generarse otra sospecha
clínica (Depresión, Alzheimer, Demencia con cuerpos de Lewy difusos,
parkinsonismos-plus).
Los trastornos cognitivos asociados con los síndromes
parkinsonianos o parkinsonismos-plus (Parálisis Supranuclear Progresiva-PSP-, Atrofia de
múltiples sistemas-AMS- y Degeneración corticobasal-DCB), presentan algunos perfiles
característicos. La prevalencia de la demencia en la PSP es del 50-80 por ciento, el
perfil es preferentemente subcortical caracterizado por lentitud en el procesamiento de la
información (bradipsiquia), disfunción ejecutiva y olvidos. En relación con la
enfermedad de Parkinson, la disfunción ejecutiva y la lentitud mental, son más precoces
y severas.
Los estudios neuropsicológicos en la AMS indican que la
incidencia de disfunción cognitiva es escasa. Siendo la disfunción ejecutiva y los
trastornos de memoria similares a los de la enfermedad de Parkinson, excepto para las
alteraciones de la atención que son más pronunciadas en la AMS.
La prevalencia de la demencia en la DCB es desconocida;
mientras Rinne y cols. (1994) sugieren que la cognición está relativamente conservada en
esta condición, Grimes y cols. (1999), opinan que la demencia es un cuadro común de
presentación en esta entidad. Con arreglo a los datos aportados, el perfil de la demencia
en la DCB difiere del de la enfermedad de Alzheimer y del de la PSP. La disfunción
ejecutiva es de semejante grado a la descrita para la PSP, presenta apraxia asimétrica y
mano "anárquica", que no ha sido descrita en PSP ni Alzheimer. El defecto de
memoria es preferentemente de evocación, comparable con el de la PSP, pero cualitativa y
cuantitativamente diferente al de la enfermedad de Alzheimer. La pobreza en la
programación y rapidez motora son semejantes a las de la PSP y el defecto de atención y
fluencia verbal equivalentes a los observados en el Alzheimer.
En resumen la evaluación neuropsicológica de los pacientes
con sintomatología extrapiramidal, no sólo proporciona información para la
identificación de ansiedad, depresión y otros procesos tratables, sino que también
puede ser útil para establecer el diagnostico diferencial entre las distintas entidades.
Arbitrariamente, la enfermedad de Parkinson puede ser
dividida, con fines prácticos, en varias fases diagnósticas. La primera fase
presintomática, en la que ya existe una pérdida de neuronas en la sustancia negra y, sin
embargo, el paciente no muestra evidencia clínica de enfermedad de Parkinson. La segunda
fase se inicia con la aparición de los signos cardinales de la enfermedad, fase clínica
o período sintomático precoz de la enfermedad, en la cual suele iniciarse el tratamiento
médico. La tercera fase se refiere al período tardío evolutivo de la enfermedad, en el
que la respuesta a los tratamientos farmacológicos se ha reducido y aparecen
complicaciones derivadas tanto de evolución natural de enfermedad como secundarias a las
drogas utilizadas. La diferenciación de cada una de estas etapas tiene fines distintos,
aunque todos ellos de importancia para el paciente. La fase preclínica pretende
establecer el diagnóstico lo más precozmente posible a fin, de sí hubiera posibilidad,
aplicar medidas preventivas. La segunda etapa concentra la atención en determinar el
momento de inicio y la elección de la terapia más apropiada y finalmente la tercera fase
se enfoca a paliar en lo posible las complicaciones que acompañan a la última etapa de
la enfermedad.
Fase presintomática
Varias enfermedades neurológicas asociadas con cuadro de
parkinsonismo, tienen períodos de latencia prolongados, tales como el Parkinson
postencefalítico, que se presenta como una secuela tardía (alrededor de 10 años) de la
encefalitis letárgica; el síndrome pugilístico en el que el parkinsonismo y la
disfunción cognitiva aparece tiempo después de haberse producido los traumatismos
craneales repetidos; el síndrome, similar al Parkinson, secundario a la intoxicación por
manganeso, cuyo comienzo y progresión puede ocurrir después que la exposición ha
terminado. Se piensa que enfermedad de Parkinson es otro ejemplo de síndromes
parkinsonianos de latencia larga, en la que se produce una reducción del 60-70 por ciento
de las neuronas de la sustancia negra, antes que aparezcan los primeros síntomas
clínicos, existiendo una correlación directa entre la pérdida neuronal y la severidad
de los síntomas. Clínicamente, el inicio de los signos y síntomas parkinsonianos se
produce de una manera insidiosa y lentamente progresiva. Al comienzo sólo pueden
manifestarse durante períodos de estrés, o en concurrencia con la administración de
drogas que inducen al parkinsonismo (neurolépticos, antagonistas de los canales de
calcio, metoclopramida, alfa-metildopa y otras sustancias que bloqueen los receptores de
dopamina). Otros síntomas no motores, tales como la depresión, dermatítis seborreica,
estreñimiento, disfunción olfatoria y el desarrollo de una personalidad premórbida,
pueden existir durante largo tiempo antes de que se haga evidente la sintomatología
motora.
La depresión es un síntoma común en enfermedad de
Parkinson, que a menudo antecede al resto de los síntomas. No suelen identificarse
factores desencadenantes y suele ser rebelde al tratamiento sintomático con los
antidepresivos usuales.
Análisis retrospectivos realizados sobre películas de
vídeo o análisis de las firmas, han mostrado cambios identificables alrededor de diez
años antes de haberse establecido el diagnóstico clínico. Basados en estos indicios
algunos investigadores han propuesto métodos para identificar precozmente anormalidades
fisiológicas en los pacientes con enfermedad de Parkinson, incluyendo pruebas tan
variadas como la escritura, análisis del temblor, función olfatoria, tests de
personalidad, medida de los tiempos de reacción y de la velocidad de ejecución de los
movimientos. Mediante estos ensayos se han demostrado diferencias estadísticamente
significativas entre los grupos pacientes con esta enfermedad y los controles normales;
sin embargo, son de valor limitado como ayuda diagnóstica para pacientes aislados
concretos. Baterías para el diagnóstico precoz de la enfermedad de Parkinson, que
incluyen múltiples tests de función motora, humor, personalidad, etc., están siendo
actualmente evaluadas en estudios prospectivos, a fin de averiguar si son capaces de
discriminar a pacientes con enfermedad de Parkinson presintomáticos.
Fase sintomática
El diagnóstico clínico de la enfermedad de Parkinson es
más difícil en las primeras etapas, cuando los signos y síntomas son todavía sutiles.
Los errores diagnósticos aparecen más comúnmente si la valoración se lleva a cabo por
personas no especializadas; siendo las causas más comunes de confusión el temblor
esencial, el parkinsonismo secundario inducidos por drogas y las enfermedades vasculares
El resto de los casos incluye una amplia variedad de procesos neurológicos y
psiquiátricos menos comunes, tales como infecciones, procesos metabólicos o enfermedades
degenerativas con signos parkinsonianos, que comentaremos a propósito del diagnóstico
diferencial.
Para subsanar, en lo posible, estos errores se han elaborado
unas guías de diagnóstico para cada uno de los procesos, constituidas esencialmente por
una serie de criterios consensuados tanto de inclusión como de exclusión de las
distintas entidades.
Junto a los signos cardinales que definen a la enfermedad de
Parkinson, en esta etapa pueden registrarse otros datos objetivos de importancia para su
diagnóstico. Los reflejos miotáticos suelen ser normales o ligeramente disminuidos si la
rigidez es significativa. La presencia de piramidalismo debe indicarnos la asociación de
otro proceso (comúnmente mielopatía cervical) o de un síndrome parkinsoniano. El
reflejo glabelar (parpadeo al golpear inmediatamente por encima de la raíz nasal)
normalmente se va reduciendo con estímulos sucesivos hasta agotarse sobre el tercer
golpe, en los pacientes con enfermedad de Parkinson este reflejo es inagotable. Igual que
el piramidalismo, la presencia de un síndrome cerebeloso, alteraciones en la mirada
conjugada en el plano vertical, neuropatía periférica, signos de neurona motora
inferior, alteración cognitiva, incontinencia esfinteriana o trastornos para deglución,
en las etapas tempranas de enfermedad, deben hacernos dudar del diagnóstico de enfermedad
de Parkinson primaria.
Hoehn y Yahr (1967), han diferenciado cinco etapas clínicas
dentro de la evolución natural de enfermedad. En la etapa 1, la enfermedad se manifiesta
generalmente de forma unilateral. La etapa 2 se aplica a los pacientes con síntomas y
signos bilaterales, pero que conservan bien el equilibrio. En la etapa 3, la enfermedad
permanece en grado moderado o medio, conservando el paciente completamente su
independencia, aunque se observan alteraciones posturales. En la etapa 4 la incapacidad
del paciente es más severa, pero aún es capaz de caminar sin ayuda. En la etapa 5 no es
capaz de levantarse y caminar sin ayuda. Esfuerzos subsecuentes para medir la afectación
causada por la enfermedad de Parkinson, se han materializado en escalas unificadas que
incluyen secciones para la valoración del estado mental, las actividades de la vida
diaria, ejecución motora y los efectos adversos del tratamiento. Las principales escalas
unificadas, para la cuantificación clínica de la enfermedad de Parkinson y su
evolución, se incluyen en el apéndice correspondiente.
La National Parkinson Fundación
(http://www.parkinson.org/tests.htm), ofrece unas pruebas individualizadas de fácil
ejecución, para casi cada uno de los signos y síntomas que constituyen el cuadro
clínico de la enfermedad de Parkinson y sus complicaciones, tales como tests
diagnósticos sobre calidad de vida, congelaciones, ansiedad, insomnio, temblor,
depresión, memoria, discinesias, fenómeno "on-off"; e incluso tests de
valoración de la conducta incluyendo agitación, ilusiones, alucinaciones, cambios de
humor o desinhibición.
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