ENFERMEDAD DE PARKINSON
Concepto, epidemiología y
clasificación de los parkinsonismos
Las enfermedades
degenerativas han constituido durante décadas un misterio para la neurología. En los
últimos años el descubrimiento de marcadores moleculares como la proteína
beta-amiloide, proteína prion, proteína tau, a-synucleina, la neuroserpina y otros, han
permitido la caracterización y clasificación de algunas de estas enfermedades tales como
la enfermedad de Alzheimer, enfermedad de Creuztfeldt-Jakob y otros procesos priónicos,
las demencias frontotemporales, la enfermedad de Parkinson o la enfermedad con cuerpos de
Lewy difusos. Estos marcadores son componentes básicos de depósitos o inclusiones
cerebrales específicas como las placas de amiloide, las placas priónicas, los ovillos
neurofibrilares o los cuerpos de Lewy.
La fisiopatología subyacente a la mayoría de estos
desórdenes está determinada por una compleja interacción proteína-proteína.
Esquemáticamente, proteínas estructurales del tejido cerebral sufren modificaciones en
su configuración, determinadas por una mutación genética (enfermedades
neurodegenerativas primarias) o a una noxa adquirida (enfermedades neurodegenerativas
secundarias o sintomáticas), que dificulta su catabolismo o eliminación, depositándose
dentro de las células o en el neuropilo. Estas proteínas aberrantes ejercen una
"atracción fatal" sobre otras proteínas semejantes y desencadenan una cascada
de acontecimientos inmunoquímicos deletéreos, que concluyen en la destrucción celular.
En función del tipo y distribución de las proteínas modificadas existe una
vulnerabilidad selectiva entre los distintos componentes celulares cerebrales, lo que
determina los distintos patrones clínicos.
La enfermedad de Parkinson es el trastorno neurodegenerativo
más común después de la enfermedad de Alzheimer; sus síntomas cardinales incluyen
temblor, lentitud en el desarrollo de la actividad motora, rigidez y dificultad para el
mantenimiento del equilibrio de carácter progresivo. Estos síntomas incapacitantes
aparecen usualmente en la sexta o séptima década de la vida y son debidos, en gran
medida, a la reducción del contenido de dopamina en el estriado, causada por la pérdida
de neuronas dopaminérgicas en la "pars compacta" de la sustancia negra. Se
piensa que mientras los factores etiológicos pueden ser únicos (mutaciones en los genes
de la a-synucleina o parkina; mutaciones en el genoma mitocondrial, etc.), su patogénesis
es el resultado de un conjunto de acontecimientos deletéreos encadenados (estrés
oxidativo, depósito de hierro, oxido nítrico, acumulación de neurotóxicos, etc.). En
ausencia de unas bases genéticas y neuroquímicas suficientes, la clasificación de estos
procesos se establece preferentemente atendiendo a criterios clínico-patológicos.
Hay un grupo de pacientes, que desde el inicio presentan los
signos cardinales, que caracterizan a la enfermedad, de forma aislada, habitualmente
asimétrica y prácticamente exclusiva, denominándose Enfermedad de Parkinson primaria o
idiopática. Hay pacientes con enfermedades neurodegenerativas que afectan a diversas
áreas del sistema nervioso, incluido el estriado, que se manifiestan por signos
piramidales, cerebelosos, deterioro cognitivo y /u otros, en los que emergen en algún
momento desórdenes rigido-acinéticos, generalmente simétricos; calificándose estas
entidades de Síndromes parkinsonianos o Parkinson-plus. Finalmente, los signos
parkinsonianos pueden aparecer en el curso de lesiones producidas en el cerebro por
intoxicaciones, traumatismos, infecciones, tumores, etc., que se identifican como
Parkinsonismos secundarios.
Se dispone de varias de drogas capaces de aliviar los
síntomas de enfermedad de Parkinson, pero su uso crónico a menudo se asocia con el
debilitamiento progresivo de su eficacia y la aparición de efectos secundarios
indeseables no controlables farmacológicamente. Este hecho y el mejor conocimiento
fisiopatológico han propiciado la revitalización de los tratamientos quirúrgicos. No se
dispone de ningún medio eficaz que detenga la progresión de la enfermedad, y el
desarrollo de tratamientos preventivos está dificultado por el limitado conocimiento que
existe sobre su etiología y patogénesis.
Tabla I
Síndrome rígido acinético |
Enfermedad de Parkinson primaria:
Idiopático: predominio temblor rígido acinética
Hereditario
Juvenil
Parkinsonismo secundario (ver Tabla II)
Parkinsonismo-plus
Esporádico: Parálisis supranuclear progresiva
Atrofia de múltiples sistemas
Atrofia olivopontocerebelosa
Degeneración estrionígrica
Parkinson-demencia-ELA
Alzheimer-Parkinsonismo
Hemiparkinson con hemiatrofia corporal
Hereditario: Enfermedad de Huntington
Enfermedad de Wilson
Enfermedad de Hallevorden-Spatz
Enfermedad de Fhar
Heredoataxias
Neuroacantocitosis
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La enfermedad de Parkinson fue descrita por J.
Parkinson en su "An Essay on the Shaking Palsy" (1817)1, donde describió de
forma meticulosa la "shaking palsy" o parálisis agitante como:
"....movimiento tembloroso con fuerza muscular disminuida, en miembros en reposo,
incluso apoyados, con una propensión a inclinar el tronco hacia adelante y a acelerar la
marcha; la sensibilidad y el intelecto permanecen intactos...". En este libro,
describió además la marcha festinante, el comienzo insidioso y curso progresivo
terminando en la invalidez y la caquexia, a partir de 6 casos clínicos. Todos los
pacientes eran varones, con edades entre 50 y 72 años. La descripción de la enfermedad
se debe sobre todo a los casos 1 y 6, pues los casos 2 y 3 provienen de la observación de
dos personas en la calle, el caso 5 refiere que fue visto a distancia, no pudiendo
obtenerse detalles y el caso 4 fue perdido en el seguimiento posterior. Se han hecho
varias reimpresiones recientes del libro de J. Parkinson, por lo que puede consultarse
fácilmente la obra original del autor, en la que se incluyen incluso figuras gráficas de
las manifestaciones clínicas de la enfermedad. Charcot y Gowers ampliaron la observación
de J. Parkinson añadiendo la existencia también de rigidez muscular, bradicinesia y
seborrea e incluso la aparición de deterioro de funciones superiores.
Dentro de la enfermedad de Parkinson o Parkinson primario
existen varios tipos de cuadros clínicos y diferentes pronósticos por lo que algunos
autores han acuñado el término "Parkinson's disease complex"2, para expresar
mejor esta heterogeneidad en clínica, pronóstico y posiblemente etiología. Es preciso
entonces como dicen Capildeo et al., especialmente en los estudios clínicos y
epidemiológicos, definir grupos clínicamente homogéneos. Estos dos grupos principales
son: una forma con temblor como signo predominante que suele aparecer en pacientes más
jóvenes y otra forma que comienza en edades más avanzadas, con predominio de la rigidez
y la acinesia, y con aparición más frecuente y precoz de deterioro intelectual.
Por regla general la enfermedad comienza entre los 40 y 70
años, con un pico de incidencia en la sexta década. Es muy infrecuente por debajo de los
treinta años. Cuando aparece en edades inferiores a los 30 años se la denomina
parkinsonismo juvenil, presentando usualmente un patrón diferente de degeneración de las
sustancia negra y siendo en estas edades con frecuencia de causa secundaria o hereditaria.
La enfermedad de Parkinson es más frecuente en el varón,
con una relación hombre mujer de 3 a 2. Su prevalencia varia, desde 31 a 340 por 100.000
habitantes, según las diferentes series. Por término medio se considera que tiene una
prevalencia de 160 casos por 100.000 habitantes y una incidencia de 20 casos por 100.000
habitantes y año. La prevalencia y la incidencia van a variar con la edad: alrededor del
1 por ciento de los mayores de 65 años van a estar afectados por ella. Salvo variaciones
menores la incidencia es similar en los países industrializados.
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