ENFERMEDAD VASCULAR CEREBRAL
Prevención primaria
La enfermedad vascular cerebral es una enfermedad con una
alta prevalencia en la población mayor de 60 años, ocasiona secuelas incapacitantes en
muchas ocasiones y tiene unos elevados costes socio-económicos. Una vez instaurado el
ictus y producida la muerte del tejido cerebral, las opciones terapéuticas son muy
limitadas, por lo que la prevención de la aparición del ictus es de la máxima
importancia e incumbe, muy especialmente, a los médicos de Atención Primaria.
Modificación de los factores de riesgo
Como hemos comentado con anterioridad, los factores de riesgo
para el ictus son múltiples. Algunos, no son modificables (edad, sexo, raza,
localización geográfica, factores hereditarios
), pero muchos otros sí lo son, por
lo que su detección, modificación y tratamiento es fundamental para la prevención de la
enfermedad vascular cerebral
Dentro de los factores de riesgo modificables tenemos:
Hipertensión arterial: Es el principal factor de
riesgo modificable del ictus. La hipertensión arterial aumenta el riesgo relativo del
ictus en unas 3 veces en hombres y en mujeres, y es tan importante la presión arterial
sistólica como la diastólica; incluso cifras de tensión arterial frontera entre la
normalidad y la hipertensión tienen un riesgo aumentado de sufrir un ictus.
Aproximadamente el 65 por ciento de la población entre 65-89 años tiene una
hipertensión sistólica aislada y dado que la mayoría de los ictus ocurren en esta edad,
hay que intentar hacer detección precoz de la hipertensión arterial y recomendar los
hábitos dietéticos adecuados. Se recomienda mantener cifras de presión arterial no
superiores a 140/85.
Tabaquismo: La asociación entre tabaquismo y riesgo
aumentado de ictus isquémico y hemorragia subaracnoidea es clara. El tabaquismo es un
significante e independiente contribuidor a la incidencia del ictus, aumentando el riesgo
en un 50 por ciento. El riesgo de ictus, en general, y específicamente el ictus
isquémico aumenta al incrementarse el número de cigarrillos fumados por día, tanto en
hombres como en mujeres incluso en 4 veces. Acelera la aterogénesis, aumenta el
fibrinógeno y la agregación plaquetaria. Estudios observacionales han demostrado que a
los 5 años de dejar de fumar el riesgo de ictus disminuía considerablemente alcanzando
el nivel del que no había fumado previamente.
Enfermedades cardiacas: La coronariopatía, la
hipertrofia ventricular izquierda en el ECG, la cardiomegalia en la radiografía de
tórax, la insuficiencia cardiaca congestiva y la fibrilación auricular se asocian con un
riesgo aumentado de ictus isquémico, así como la estenosis mitral y el infarto agudo de
miocardio por lo que el diagnóstico precoz de estas enfermedades es fundamental para la
prevención del ictus.
Estenosis carotídea asintomática: El hallazgo de
una estenosis carotídea asintomatica (soplo carotídeo, demostración de estenosis por
Doppler o técnicas de imagen), debe ser seguido de una evaluación neurológica completa.
Si se confirma la existencia de una estenosis severa, existe un equipo quirúrgico con una
morbilidad aceptable y no existen contraindicaciones, debe considerarse la realización de
una endarterectomía. En el resto de casos, aparte del tratamiento de los factores de
riesgo, está indicado un tratamiento con un fármaco antiagregante.
Existen otros factores de riesgo menos documentados, pero que
parecen también importantes en la profilaxis primaria de una enfermedad vascular
cerebral.
Alcoholismo: La ingesta elevada de forma continuada
de alcohol y la intoxicación etílica son factores de riesgo para el ictus, especialmente
para la hemorragia parenquimatosa. El impacto está relacionado con la cantidad de alcohol
consumido. Parece que el consumo de alcohol a grandes dosis aumenta el hematocrito y que
en cantidades diarias menores de 60 mg se eleva el colesterol-HDL, con lo que decrecería
el riesgo de ictus.
Diabetes mellitus: Incrementa el riesgo de padecer
enfermedad cerebro vascular entre 1.5 y 4 veces, pero no está claro si su control
disminuye el riesgo de ictus.
Inactividad física: La actividad física moderada
realizada de forma regular disminuye en riesgo de ictus. El ejercicio reduce la presión
arterial elevada, favorece la pérdida de peso, y eleva el HDL- colesterol.
Otras: Hay que considerar consumo de drogas, uso de
anticonceptivos orales, hipercolesterolemia e hiperlipidemia.
Intervenciones farmacológicas
Control de la hipertensión arterial con fármacos
hipotensores adecuados:
Tratamiento de cardiopatías predisponentes. La
fibrilación auricular tiene una prevalencia en la población general del 1 por ciento y
en la población mayor de 75 años del 10 por ciento. Es un marcador de riesgo del ictus
con un incremento de 5 veces. Diversos estudios han demostrado que la anticoagulación
oral conlleva una significativa disminución del riesgo relativo del ictus del 42-86 por
ciento con un riesgo anual de hemorragia grave del 0.4 al 1.7 por ciento, por lo cual la
anticoagulación oral a largo plazo debe ser utilizada en pacientes elegibles para
anticoagulación, excepto en pacientes menores de 60 años que no tienen enfermedad
cardiovascular asociada. La anticoagulación también es útil en la reducción del riesgo
de la enfermedad cerebro vascular después del infarto de miocardio, en la enfermedad
valvular reumática, prótesis valvulares mecánicas, aneurisma ventricular y
miocardiopatía dilatada.
Reducción del LDL-colesterol con estatinas: Las
estatinas son fármacos inhibidores de la HMGCoA, en consecuencia disminuyen el
LDL-colesterol, estabilizan la placa de ateroma, mejoran la función endotelial y tienen
un efecto beneficioso en la anticoagulación. Fármacos eficaces son: pravastatina,
simvastatina, lovastatina
Técnicas invasivas
Endarterectomía carotídea: La prevalencia de la
estenosis carotídea aumenta con la edad y está presente en casi el 50 por ciento de los
pacientes mayores de 65 años.
La estenosis de la arteria carótida es un claro factor de
riesgo de infarto de miocardio y de muerte cardiaca. Los pacientes tienen un riesgo mayor
de ictus isquémico en relación con aquellos pacientes sin enfermedad carotídea, pero el
riesgo de ictus es mucho más bajo que en pacientes con estenosis carotídea sintomática.
Se recomienda tratamiento antiagregante, pero en ocasiones es la endarterectomía el
tratamiento adecuado.
La endarterectomía carotídea disminuye el riesgo de ictus
isquémico ipsilateral en los pacientes con estenosis moderada-severa de la arteria
carótida interna extracraneal, según el Stroke Council of the American Heart
Association, la endarterectomía está indicada en:
Pacientes con riesgo quirúrgico menor de 3 por ciento y
expectativa de vida superior a 5 años, se considera indicación probada para lesiones
estenóticas mayores de 60 por ciento, con o sin ulceración, independientemente del
estado de la arteria contralateral.
Pacientes con riesgo quirúrgico del 3-5 por ciento: No
existen indicaciones probadas, y se considera aceptable la endarterectomía en estenosis
mayores del 75 por ciento.
Angioplastia transluminal percutánea: En la
actualidad, es una técnica experimental, que debe practicarse dentro de estudios
correctamente diseñados, a pacientes con contraindicaciones para la endarterectomía
carotídea aunque existen datos positivos sobre su utilización en fibrodisplasia,
lesiones post-radioterapia, y re-estenosis post-endarterectomía.
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