ENFERMEDAD VASCULAR CEREBRAL
Diagnóstico
diferencial
Desde el punto de vista clínico la expresión más común
del ictus es como un déficit neurológico focal de comienzo súbito. Esto es
especialmente aplicable a los infartos isquémicos cerebrales y a las hemorragias
intracerebrales, que constituyen casi el 85 por ciento de las enfermedades
cerebrovasculares. La hemorragia subaracnoidea debuta habitualmente como una cefalea muy
brusca y de gran intensidad, siendo la focalidad neurológica menos característica.
El diagnóstico diferencial de la enfermedad vascular
cerebral se basa fundamentalmente en una anamnesis y una exploración física detallada.
Hay tres criterios que ayudan a diagnosticar una enfermedad
cerebral vascular de otras enfermedades y que siempre deben tenerse en cuenta en la
evaluación de los pacientes:
Perfil temporal: Una historia detallada de los
fenómenos premonitorios, forma de comienzo, posibles factores desencadenantes y
evolución del trastorno neurológico en relación con la situación previa del paciente
son fundamentales para el diagnóstico.
La enfermedad cerebral vascular tiene una instauración
brusca (en segundos, minutos y muy ocasionalmente horas), los síntomas premonitorios,
cuando están presentes, suelen ser neurológicos (parestesias
) y frecuentemente no
hay desencadenantes.
Evidencia de enfermedad focal cerebral: La presencia
de síntomas o signos compatibles con una localización topográfica cerebral es
imprescindible para el diagnóstico de enfermedad vascular cerebral.
Situación clínica del paciente: Es fundamental
preguntar sobre antecedentes personales médicos, especialmente sobre los factores de
riesgo cardiovascular (hipertensión arterial, diabetes, tabaquismo
.).
No obstante, el diagnóstico de una enfermedad vascular
cerebral si la focalidad neurológica no es muy evidente puede plantear problemas de
diagnóstico con otras entidades tanto neurológicas como de otra etiología:
Síncope: El síncope se define como una pérdida
brusca de conocimiento, de breve duración que se recupera espontáneamente. El
presíncope es una sensación de pérdida inminente de conciencia sin llegar a perderla.
La etiología del síncope es múltiple, pero los más frecuentes son el síncope
vasovagal y el ortostático. El síncope vasovagal suele presentarse en personas sanas y
en relación con algún factor desencadenante (dolor, estrés, bipedestación prolongada,
micción, hambre
). Suele haber síntomas premonitorios como sofocos, calor, náuseas
o molestias abdominales. El síncope ortostático ocurre con cambios bruscos de posición
de la cabeza (sobre todo al incorporarse, levantarse o agacharse
) suelen aparecer en
gente sana, pero en ocasión puede ser expresión de procesos subyacentes: depleción de
volumen, insuficiencia autonómica
El síncope habitualmente se acompaña de síntomas
vegetativos (náuseas, vómitos
). Algunas veces, el síncope se acompaña de
relajación del esfínter urinario e incluso de movimientos anormales en miembros
superiores e inferiores, pero estos datos no son reflejo de enfermedad vascular cerebral.
Es, sobre todo, la presencia de focalidad neurológica lo que debe hacer pensar que existe
una enfermedad vascular cerebral.
Vértigo periférico: En general, el vértigo se
define como una ilusión o alucinación de movimiento.
La distinción entre vértigo periférico y central se basa
sobre todo en la historia clínica y en la exploración física. En el vértigo
periférico, el enfermo tiene una sensación ficticia de giro o rotación de los objetos,
habitualmente muy intensa. Se suele acompañar de sensación de inestabilidad y debido al
cuadro vegetativo acompañante (náuseas, vómitos, sudoración
) el paciente tiene
aspecto de presentar una enfermedad grave. El vértigo periférico suele ser episódico,
con síntomas auditivos y empeora con los movimientos cefálicos. El nistagmo es bilateral
y horizontal u horizonto-rotatorio con el componente rápido en dirección contraria al
oído afectado y pulsiones del cuerpo y tendencia a caer hacia el lado del oído afecto.
El vértigo también puede tener un origen vascular central,
pero el vértigo y la inestabilidad casi nunca aparecen solos sino con otros síntomas
neurológicos, siendo los más frecuentes: diplopia, disartria, parestesias faciales,
hemianopsia o ataxia..Es decir, que los déficits neurológicos focales están casi
siempre presentes en el cuadro vertiginoso central.
Hipoglucemia: La sintomatología de la hipoglucemia
depende de la intensidad y duración de la hipoglucemia, su período de instauración y la
concentración previa de glucosa. El paciente suele tener sudoración, temblor, ansiedad,
taquicardia, debilidad y hambre, si persiste la hipoglucemia puede haber cefalea, visión
borrosa, agresividad, alteración de la concentración, un lenguaje incoherente, déficits
neurológicos focales e incluso convulsiones y coma. La hiperglucemia también puede, en
ocasiones, manifestarse como cuadro de disminución del nivel de conciencia.
Por este motivo, es fundamental, en todos los pacientes con
deterioro del nivel de conciencia, o convulsiones, hacer una determinación de la glucemia
capilar de forma inmediata que evitará diagnósticos erróneos y que el inicio de
tratamiento adecuado sea de forma tardía.
Estado confusional y delirio: Es un cuadro, habitualmente de
inicio agudo, caracterizado por la aparición fluctuante y concurrente del nivel de
conciencia y de la atención, así como del pensamiento, memoria, percepción, ciclo
sueño-vigilia. Como en otras ocasiones, la anamnesis y la exploración física son
imprescindibles para un correcto diagnóstico, no obstante, habitualmente se requiere
completar el estudio con pruebas complementarias (hemograma, bioquímica,
.).
Estos cuadros son especialmente importantes en ancianos, pues
los cuadros infecciosos pueden pasar desapercibidos inicialmente, pueden estar afebriles y
habitualmente recibiendo politerapia, por lo que frecuentemente las únicas
manifestaciones de un cuadro infeccioso pueden ser disminución del nivel de conciencia,
desconexión del medio, sin ser ello reflejo de enfermedad vascular cerebral.
Migraña: Es la forma más frecuente de cefalea
vascular tanto en su forma común (sin aura) como en la clásica (con aura). La migraña
con aura es la que puede plantear problemas de diagnóstico diferencial con la enfermedad
vascular cerebral ya que lo típico de esta forma de migraña es la asociación de un
déficit neurológico focal transitorio, único o múltiple, que precede a la cefalea (lo
más frecuente) o la acompaña.
Es fundamental para el diagnóstico una anamnesis completa y
detallada. En la migraña con aura, existen ataques recurrentes de cefalea, habitualmente
unilateral, pulsátil, de intensidad, frecuencia y duración variables (6-48 horas), se
acompaña de náuseas, vómitos, foto y fonofobia y afecta más frecuentemente a mujeres.
El aura suele ser transitoria y preceder a la cefalea, pero también puede coincidir con
el dolor de cabeza. Las auras más frecuentes son visuales (escotomas, fotopsias
)
seguidas de las alteraciones somatosensoriales (parestesias) y motoras. Es frecuente la
migraña entre los familiares.
Esclerosis múltiple: La aparición del déficit
neurológico no suele ser tan aguda en la EM como en la enfermedad cerebral vascular, no
obstante, en todo paciente joven con cuadro de focalidad neurológica de inicio brusco hay
que considerar la EM. La historia clínica previa del paciente puede ser muy útil para el
diagnóstico.
Tumores cerebrales: Desde el punto de vista clínico
pueden ser casi indiferenciables de la enfermedad vascular cerebral, aunque la clínica
suele ser de instauración más lenta y la cefalea es un signo más constante, es preciso
la realización de técnicas de neuroimagen para confirmar el diagnóstico. Los tumores
pueden ser tanto primarios como metastáticos.
Abscesos cerebrales: Es fundamental interrogar sobre
fiebre, viajes al extranjero, y forma de instauración de la focalidad neurológica, que
habitualmente no es de forma aguda.
Parálisis de Bell: La parálisis facial periférica
es una neuropatía del séptimo par craneal que se caracteriza por debilidad facial
unilateral (dificultad para el cierre palpebral completo, desviación de la comisura
bucal, alteración del músculo frontal con disminución de los pliegues
) también
afecta al lenguaje y a la masticación y a otras actividades que afectan a la musculatura
facial. Suele ocurrir en pacientes sanos y en el 85 por ciento de los casos la
recuperación es muy satisfactoria de forma espontánea en varias semanas.
Neuropatías: La paresia o la afectación de la sensibilidad
en miembros, si es aguda, puede llegar a confundirse con una enfermedad vascular cerebral.
En estos casos, la exploración de la sensibilidad, fuerza y reflejos miotáticos
correspondientes a una determinada localización nerviosa o radicular son orientativos
para el diagnóstico
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