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PROGRAMA ANUAL 2001-2002
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA

  

ENFERMEDADES DEL TEJIDO CONECTIVO Y VASCULITIS SISTÉMICAS

Enfermedad del tejido conectivo

Las enfermedades del tejido conectivo son un grupo heterogéneo de entidades que se caracterizan por tener una base etiopatogénica de naturaleza autoinmune. Son el prototipo de enfermedad sistémica, puesto que casi todos los órganos del cuerpo humano pueden verse involucrados a lo largo de su evolución, ya sea de forma simultánea o sucesiva. Aunque el control clínico de los pacientes con enfermedades del colágeno suele ser responsabilidad del médico internista, su carácter generalizado requiere en ocasiones la participación de otros especialistas, entre ellos reumatólogos, con un papel protagonista en algunas entidades como la artritis reumatoide. La visión integral del enfermo es importante desde la aparición de sus primeros síntomas y signos, y debe realizarse desde la Atención Primaria. El enfoque correcto de las pruebas diagnósticas iniciales, el reconocimiento precoz de las complicaciones con potencial de gravedad, y el inicio de una terapéutica adecuada en los casos que no requieren atención especializada inmediata, son labores que el médico general debe conocer y manejar.

En este tema se tratarán los aspectos más importantes de la artritis reumatoide, lupus eritematoso sistémico, esclerodermia sistémica, dermatopolimiosistis, síndrome de Sjögren, y enfermedad mixta del tejido conectivo.

 

Artritis reumatoide

Es una enfermedad inflamatoria crónica y multisistémica, de etiología desconocida, que afecta fundamentalmente a las articulaciones, pero que también puede causar numerosas alteraciones en otros órganos. Se caracteriza por poliartritis inflamatoria persistente que afecta a las articulaciones periféricas de las manos y de los pies, con una distribución bilateral y simétrica, y que produce destrucción del cartílago con erosiones óseas y deformidades articulares en fases tardías. La evolución es variable, desde procesos oligoarticulares breves con lesiones articulares mínimas, hasta poliartritis progresiva con importantes deformidades.

La artritis reumatoide (AR) afecta alrededor del 1 por ciento de la población caucasiana, y la prevalencia aumenta con la edad (5 por ciento en mujeres mayores de 65 años). La incidencia aproximada es de 30 casos por 100.000 habitantes. Es tres veces más frecuente en mujeres que en hombres, aunque la diferencia entre sexos disminuye en la población de edad avanzada. El 80 por ciento de los pacientes debuta entre los 30 y 55 años.

Etiopatogenia

La etiología es desconocida y es probable que tenga un origen multifactorial. Se han implicado diversos mecanismos etiopatogénicos:

• Factores genéticos: existe tendencia a la agregación familiar y se ha demostrado una asociación significativa con el HLA-DR4, concretamente con los subtipos DRB1*0401 (DW4) y DRB1*0404 (DW14), y con el DRB1*0101 (DR1) en enfermos caucasianos. De cualquier forma, sólo el 15-20 por ciento de los gemelos monocigotos son concordantes para la AR, lo que pone de manifiesto la intervención de otros factores además de los genéticos, probablemente ambientales.

• Agentes infecciosos: se ha sugerido que la AR es una enfermedad causada por un germen que afecta a individuos genéticamente predispuestos. Múltiples estudios han mostrado asociación con agentes infecciosos como mycoplasma, virus de Ebstein-Barr, parvovirus B-19, citomegalovirus y rubeola, pero hasta el momento no hay ninguna prueba definitiva que confirme esta posibilidad. Las observaciones más recientes sugieren que el agente desencadenante podría ser un retrovirus del grupo de los lentivirus. También se discute el papel de los "superantígenos" (proteínas con capacidad de unirse a las moléculas HLA-DR y estimular células T), producidos por estafilococos, estreptococos o mycoplasma arthritidis.

• Factores hormonales: existe mayor incidencia en el sexo femenino, atenuación e incluso remisión de la enfermedad durante el embarazo, mayor posibilidad de rebrotes en el período postparto, y déficit relativo de andrógenos en mujeres que padecen AR.

• Alteración del sistema inmune del huesped: la AR es un proceso mediado inmunológicamente. Sea cual sea el antígeno desencadenante, éste origina una respuesta inmune que da lugar a la reacción inflamatoria responsable de las manifestaciones anatomopatológicas y clínicas de la enfermedad. Se sabe que los macrófagos y otras células sinoviales activan a los linfocitos T mediante la interleucina 1 (IL1). Los linfocitos T activados fomentan la proliferación y diferenciación de células B hacia células formadoras de anticuerpos. Entre los anticuerpos formados destaca el factor reumatoide (FR). Al mismo tiempo, la activación de los linfocitos T motiva la producción de otras citokinas como la interleucina 2 (IL2), el interferón gamma, el factor de necrosis tumoral (TNF), el factor inhibidor de la migración de los macrófagos, el factor quimiotáctico de los monocitos y el factor inhibidor de la migración de los leucocitos. Como consecuencia de esta cadena inmunológica, el interferón gamma estimula el sistema mononuclear-fagocítico, y las linfokinas resultantes son las principales responsables del daño articular.

El mecanismo por el que se produce la destrucción ósea-cartilaginosa no está claro, aunque parece deberse principalmente al pannus o tejido de granulación vascular que se extiende hasta cubrir el cartílago articular. Las citokinas IL-1 y FNT estimulan las células del pannus (fibroblastos, vasos y mononucleares) con activación de condrocitos y liberación de enzimas proteolíticas.

Manifestaciones clínicas

En la mayoría de los pacientes la enfermedad comienza con astenia, anorexia y artromialgias vagas. La fase inicial se caracteriza por sinovitis poliarticular en pequeñas articulaciones de manos y pies, de manera simultánea o aditiva, casi siempre simétrica y con una evolución lentamente progresiva. En otros casos, la enfer-

medad puede ser oligoarticular o monoarticular durante semanas o meses antes de que se generalice, y en un 10 por ciento el inicio es agudo con sintomatología general como fiebre, linfadenopatía y esplenomegalia.

Afectación articular

Las articulaciones más afectadas son las muñecas, las articulaciones interfalángicas proximales y las metacarpofalángicas. Hay que destacar la escasa frecuencia de afectación de las interfalángicas distales de las manos y de las interfalángicas de los dedos de los pies, excepto la del primer dedo. La sinovitis se manifiesta por dolor articular, tumefacción sinovial y rigidez.

El síntoma más característico de la AR es la rigidez dolorosa matutina, presente al despertarse el paciente y que va desapareciendo a lo largo del día con la actividad. Para que tenga significación clínica en el diagnóstico de la AR, su duración ha de ser superior a 1 hora.

Al cabo de algunos meses de evolución se aprecia atrofia en los músculos próximos a las articulaciones afectas, y en la fase de secuelas aparecen deformaciones articulares.

Las deformaciones más características en la mano son: a) deformidad en "Z" con desviación radial de la muñeca, desviación cubital de los dedos y a menudo subluxación palmar de las falanges proximales; b) deformidad en "cuello de cisne" con hiperextensión de la interfalángicas proximales y flexión compensadora de las distales; c) deformidad "en ojal" con flexión de las interfalángicas proximales y extensión de las distales); y d) flexión de la primera metacarpofalángica e hiperextensión de la interfalángica con pérdida de movilidad del pulgar y de su capacidad de prensión.

En la rodilla, la deformación más frecuente es la actitud en flexión. La inflamación sinovial puede extenderse hacia la zona poplítea formando el quiste de Baker. En ocasiones, el derrame sinovial en el hueco poplíteo aparece tenso y duro, dificultando la flexión y provocando molestias difusas en la pantorrilla por compresión venosa y nerviosa. La rotura de estos quistes puede ocasionar un cuadro inflamatorio doloroso en la pantorrilla con edema, enrojecimiento y signo de Homan positivo, conocido como "síndrome pseudo-tromboflebítico", que se diferencia de la trombosis venosa profunda mediante ecografía doppler.

La afectación axial se limita a la columna cervical; nunca se afectan otros segmentos vertebrales. En los casos de larga duración y enfermedad periférica grave no es rara la subluxación atlantoaxoidea anterior, provocada por la rotura o laxitud del ligamento transverso del atlas y debida a la inflamación de la bolsa serosa situada entre el ligamento y la apófisis odontoides. La inflamación de la articulación cricoaritenoide se manifiesta por odinofagia con disfonía episódica de predominio matutino.

Manifestaciones extraarticulares

Pueden ser el signo principal de la enfermedad. Son más frecuentes en pacientes con títulos altos de factor reumatoide (FR).

  • Nódulos reumatoideos

Son característicos de la AR y se observan en torno al 20 por ciento de los pacientes en algún momento de la evolución, casi exclusivamente en los seropositivos. Aparecen en el tejido subcutáneo sobre estructuras periarticulares, superficies extensoras o zonas sujetas a presión mecánica, siendo el olécranon la localización más habitual. Son más frecuentes cuanto más grave es la enfermedad y cuanto más altos son los títulos de FR. Casi siempre son asintomáticos, aunque a veces se rompen o se infectan, y en ocasiones es necesaria la exéresis si son dolorosos. Con el paso del tiempo desaparecen o involucionan. También se han descrito nódulos en zonas de fricción como la pleura, pericardio, miocardio, anillo aórtico o columna vertebral. Las alteraciones histológicas son características (granuloma reumatoide).

  • Vasculitis reumatoide

Más frecuente en la AR grave y en pacientes con HLA-DR4. Es una complicación rara que suele aparecer tras más de 10 años de evolución de la enfermedad. Se asocia a títulos altos de factor reumatoide y disminución del complemento sérico. También es común la presencia de crioglobulinas, inmunocomplejos circulantes, aumento de la velocidad de sedimentación globular, anemia y trombocitopenia. Pueden aparecer diversos tipos de vasculitis: vasculitis leucocitoclástica que se expresa por púrpura palpable; proliferación obliterante en arterias digitales con infartos hemorrágicos en el pulpejo de los dedos; e incluso arteritis necrotizante difusa de vasos de tamaño medio y grande similar a la panarteritis nodosa. Cualquier vaso del organismo puede verse afectado, ocasionando diversas manifestaciones isquémicas como fenómeno de Raynaud, úlceras isquémicas en miembros inferiores, erosiones de la mucosa gastrointestinal, arteritis de vasos mesentéricos y coronarios. La afectación neurovascular puede presentarse con neuropatía sensitiva distal leve o mononeuritis múltiple. La vasculitis renal es rara.

  • Manifestaciones pleuropulmonares

Son más frecuentes en varones. Consisten en pleuritis, nódulos, fibrosis pulmonar, neumonitis y arteritis.

La pleuritis suele ser asintomática. Es la forma más frecuente de afectación pulmonar en la AR, estando presente hasta en el 80 por ciento de los pacientes. Puede coincidir con el inicio de la artritis, con alguna de sus agudizaciones o aparecer en fases avanzadas. El líquido pleural se caracteriza por niveles bajos de glucosa y de complemento. Su duración es variable, pero en general se resuelve en menos de 3 meses.

Los nódulos pulmonares pueden aparecer aislados o en grupo. Tienen un tamaño variable, localización periférica, pueden cavitarse y causar derrames pleurales, neumotórax o fístulas broncopleurales. Las características histológicas son idénticas a las de los nódulos subcutáneos. En los mineros de carbón con artritis reumatoide se ha descrito una silicosis nodular con opacidades redondeadas que se denomina síndrome de Caplan; se trata de un proceso fibrosante nodular y difuso en el que existen partículas de carbón en el centro de los nódulos reumatoides.

La neumonitis intersticial está causada por aumento de reactividad de las células mesenquimales en el pulmón, de forma similar a lo que ocurre en la esclerodermia, y suele ser asintomática. Los pacientes con AR que fuman tienen mayor riesgo de desarrollar fibrosis pulmonar. La radiografía muestra un patrón difuso reticular o retículo-nodular de predominio en campos basales. Las pruebas funcionales respiratorias revelan una alteración de tipo restrictivo y constituyen un indicador más sensible que las radiografías. Con el estudio del lavado broncoalveolar o con pruebas funcionales respiratorias se pueden demostrar alteraciones pulmonares subclínicas hasta en el 80 por ciento de los pacientes con AR, pero sólo el 5 por ciento presentarán manifestaciones clínicas. Actualmente se dispone de la tomografía axial de alta resolución, con una especificidad y sensibilidad elevada en el diagnóstico de la afectación intersticial pulmonar. Sin embargo, el grado y tipo de actividad inflamatoria sólo puede establecerse con el estudio del lavado broncoalveolar o con la biopsia pulmonar.

Otras manifestaciones pulmonares raras son la bronquiolitis obliterante con o sin neumonía organizada (más frecuente en mujeres, se manifiesta en forma de obstrucción de pequeños bronquios y bronquiolos, a menudo mortal en el curso de pocos meses), y la hipertensión pulmonar (asociada a hiperviscosidad sérica, fibrosis intersticial y vasculitis pulmonar).

  • Manifestaciones cardíacas

La cardiopatía es rara, y aparece en dos formas principalmente: pericarditis y miocarditis. La vasculitis de los vasos coronarios es excepcional. Se detecta una pericarditis asintomática en el 30 por ciento de los ecocardiogramas y en el 50 por ciento de las autopsias realizadas a pacientes con AR. El miocardio puede afectarse en forma de nódulos granulomatosos o por lesiones fibrosas difusas, y también suele ser asintomático, aunque en ocasiones da lugar a bloqueos auriculoventriculares.

  • Manifestaciones neurológicas

Pueden tener tres orígenes: a) polineuropatía o mononeuritis múltiple relacionada con la vasculitis de los vasa vasorum; b) compresión de nervios periféricos que están situados cerca de una sinovial engrosada (en la muñeca es frecuente el síndrome del tunel carpiano); y c) manifestaciones derivadas de las alteraciones cervicales (subluxación atloaxoidea).

  • Afectación ocular

Entre el 10 y el 35 por ciento de los pacientes con AR presentan queratoconjuntivitis seca, aislada o formando parte del síndrome de Sjögren completo. Otras manifestaciones oculares menos frecuentes (menos del 5 por ciento de los casos) son la epiescleritis y la escleritis. La lesión que produce la escleritis es similar al nódulo reumatoide. Suele aparecer en enfermos de larga evolución, sin relación con la actividad de la AR, y puede causar adelgazamiento y perforación del globo ocular (escleromalacia perforante).

  • Otras manifestaciones clínicas

Síndrome de Felty. Consiste en la asociación de AR crónica, esplenomegalia y neutropenia. En la mayoría de los enfermos esta tríada sintomática se acompaña de otras manifestaciones como anemia, trombocitopenia, úlceras cutáneas en miembros inferiores y fiebre. El problema principal es la alta incidencia de infecciones oportunistas debido a la neutropenia. Es más frecuente en la AR evolucionada con niveles altos de FR, a menudo con anticuerpos antinucleares, crioglobulinas, disminución del complemento sérico, nódulos subcutáneos y afectación sistémica. La VSG suele estar muy elevada. En ocasiones se detecta afectación hepática por hiperplasia nodular regenerativa que conduce a hipertensión portal y varices esofágicas.

Dentro de este cuadro se incluye el síndrome de los linfocitos grandes granulares o pseudo-Felty. Se caracteriza por la presencia de linfocitos grandes granulares circulantes, neutropenia, esplenomegalia e infecciones. Se diferencia del síndrome de Felty en que empeora tras la esplenectomía y en la tendencia a evolucionar a leucemia que se observa en el 3 al 14 por ciento de los pacientes.

Nefropatía. La AR per se raramente afecta al riñón, y cuando lo hace es en forma de glomerulonefritis focal, glomerulonefritis membranosa y vasculitis reumatoide. Mucho más frecuente es la afectación renal de origen farmacológico o en relación con las posibles complicaciones de la enfermedad. Las causas más frecuentes son amiloidosis, glomerulonefritis membranosa asociada a d-penicilamina y sales de oro, ciclosporina, intoxicación por fenacetina y otros analgésicos, acción de los antiinflamatorios no esteroides (AINE) o disfunción tubular propia del síndrome de Sjögren.

Síndrome de Sjögren. El diagnóstico de síndrome de Sjögren secundario a AR se realiza en presencia de: a) evidencia objetiva de una queratoconjuntivitis seca; b) evidencia objetiva de disminución de secreción por las glándulas salivares; y c) factor reumatoide positivo y un diagnóstico establecido de AR. La mayoría de los autores están de acuerdo en la necesidad de biopsiar una glándula salivar menor para confirmar la presencia de infiltrados focales de linfocitos, y descartar otros trastornos como linfoma o sarcoidosis.

Amiloidosis. Es una complicación común de la artritis reumatoide avanzada. Se detecta hasta en el 60 por ciento de las autopsias, aunque la expresión clínica es mucho menos frecuente. Se manifiesta en forma de insuficiencia renal con proteinuria. La biopsia renal es la técnica más fiable para el diagnóstico, pero es más accesible la biopsia rectal con una fiabilidad casi idéntica.

Infecciones. Son frecuentes en casos de varios años de evolución, con tratamiento esteroideo prolongado y en personas de edad avanzada. La articulación más afectada es la rodilla y el germen más frecuente el Staphylococcus aureus. Es una complicación grave y potencialmente mortal.

Datos del laboratorio

No existe ninguna prueba específica. En 2/3 de los pacientes adultos se detectan anticuerpos dirigidos contra la porción Fc de las moléculas IgG; son los denominados factores reumatoides (FR). Hay FR de tipo IgM, IgG e IgA, pero el se ha medido tradicionalmente por las pruebas clásicas de Waaler-Rose y del látex es el IgM. El 5 por ciento de la población sana y hasta el 20 por ciento de los mayores de 60 años tienen FR positivo. Otras enfermedades con FR positivo son el lupus eritematoso sistémico, el síndrome de Sjögren, hepatopatías crónicas, sarcoidosis, fibrosis pulmonar, mononucleosis infecciosa, hepatitis por VHB, tuberculosis, lepra, sífilis, endocarditis bacteriana subaguda, leishmaniasis visceral, esquistosomiasis, paludismo, enfermedad de Waldenström, mieloma, leucemias, crioglobulinemia mixta, púrpura hipergammaglobulinémica y tumores malignos. La presencia de FR no establece el diagnóstico de AR, pero tiene importancia pronóstica. Los pacientes sin FR (AR seronegativa) tienen mejor pronóstico. Por el contrario, los pacientes con títulos elevados tienen una enfermedad más grave y mayor afectación extraarticular, con nódulos y vasculitis.

Otros datos analíticos relacionados con la actividad de la enfermedad incluyen: anemia de enfermedad crónica, trombocitosis, cifras de leucocitos variables y aumento de reactantes de fase aguda (VSG y la proteína C reactiva). En el 15-40 por ciento se hallan anticuerpos antinucleares, generalmente a títulos bajos, con patrón homogéneo. El complemento sérico total sólo se encuentra disminuido en casos graves, seropositivos, con serositis o vasculitis.

El líquido sinovial es inflamatorio, opaco, con disminución de la viscosidad, aumento de proteínas y glucosa normal o ligeramente disminuida. El recuento de células suele estar entre 5.000 y 50.000/mcl, con predominio de polimorfonucleares. El complemento está disminuido respecto al plasma.

Radiología

En fases iniciales sólo muestra tumefacción de partes blandas y no es útil para el diagnóstico. En la mayoría de los casos hay alteraciones radiológicas entre los primeros 3 y 6 meses, pero los signos inequívocos aparecen más tarde. Entre los signos radiológicos que podemos encontrar destacan: a) aumento de partes blandas; b) osteoporosis yuxtaarticular; c) pinzamiento de la interlínea articular; d) erosiones; y e) deformidades y anquilosis, en los casos evolucionados. Cuando se sospecha la enfermedad es obligado realizar, como mínimo, una radiografía de manos y pies.

Criterios diagnósticos

El diagnóstico de la AR es fundamentalmente clínico. No hay ninguna prueba complementaria, ni alteración que sea patognomónica. Con el fin de dar uniformidad a los estudios que se realizan en esta enfermedad, se han establecido varios criterios diagnósticos. Los más difundidos e internacionalmente aceptados son los del American College of Rheumatology (ver Tabla I), revisados en 1987, con una sensibilidad del 91-94 por ciento y una especificidad del 89 por ciento. Se necesitan 4 de los 7 criterios para el diagnóstico.

Tabla I
Criterios para la clasificación de la artritis reumatoide
(American College of Rheumatology, 1997)

  1. Rigidez matutina durante al menos de 1 hora, presente durante un mínimo de 6 semanas.
  2. Artritis de 3 o más articulaciones durante un mínimo de 6 semanas observadas simultáneamente por un Médico.
  3. Artritis de las articulaciones de las manos durante un mínimo de 6 semanas en al menos una de las siguientes áreas articulares: muñeca, metacarpofalángicas o interfalángicas proximales.
  4. Artritis simétrica.
  5. Nódulos reumatoides subcutáneos.
  6. Factor reumatoide sérico, por un método que sea positivo en menos del 5% de los controles normales.
  7. Alteraciones radiológicas típicas de la AR que debe incluir erosiones o descalcificaciones óseas inequívocas junto a las articulaciones afectas.
(Arnett FC, Edworrthy SM, Bloch DA, et al. The American Rheumatism Association 1987. Revised criteria for the classification of Rheumatoid Arthritis.Arthritis Rheum 1988, vol 31:315-323).

Además del diagnóstico, y con el fin de plantear el tratamiento más adecuado, es importante establecer el gra-

do de actividad de la enfermedad. De forma resumida, la AR se divide en leve, moderada y severa:

- Enfermedad leve: caracterizada por la presencia de artralgias, al menos 3 articulaciones inflamadas, ausencia de enfermedad extraarticular, FR negativo, VSG o PCR elevada y sin evidencia de lesiones radiográficas.

- Enfermedad moderada: entre 6 y 20 articulaciones inflamadas, ausencia de enfermedad extraarticular, VSG o PCR elevada, FR positivo, y evidencia radiológica de osteopenia y/o inflamación periarticular, sin erosiones.

- Enfermedad severa: se encuentran uno o más de los siguientes datos: más de 20 articulaciones persistentemente inflamadas, rápido deterioro de la capacidad funcional global, VSG o PCR elevada, anemia de enfermedad crónica, hipoalbuminemia, títulos altos de factor reumatoide, erosiones óseas demostradas en radiografía y enfermedad extraarticular.

Evolución y pronóstico

La mayoría del daño articular se produce en las primeras fases de la enfermedad. El 70 por ciento de las erosiones articulares detectadas en las radiografías de manos y pies ocurren en los dos primeros años de la enfermedad. A los 10-12 años, el 20 por ciento de los pacientes tienen signos de incapacidad o deformidad articular, y a los 20 años, el 60 por ciento se encuentran en clase funcional III ó IV, con requerimiento de ayuda diaria para las principales actividades.

La actividad inflamatoria puede evolucionar con exacerbaciones y remisiones, generalmente parciales, y con el paso de los años tiende a estabilizarse. Las remisiones son más probables en el curso del primer año y la progresión más rápida ocurre en los 6 primeros años. Para considerar que un paciente ha entrado en remisión deben cumplirse al menos cinco de los siguientes criterios, durante dos meses consecutivos: a) rigidez matutina no mayor de 15 minutos; b) ausencia de fatiga; c) ausencia de dolor articular; d) ausencia de dolor a la presión y al movimiento; e) ausencia de tumefacción articular y de las vainas tendinosas; y f) VSG menor de 30 mm/hora en la mujer y de 20 mm/hora en el hombre.

La esperanza de vida se acorta en 3 a 7 años, siendo las causas principales de mortalidad las infecciones, hemorragias digestivas y efectos secundarios del tratamiento. La enfermedad tiene peor pronóstico cuando existen uno o más de los siguientes factores: a) edad avanzada al inicio de la enfermedad; b) títulos elevados de FR, VSG, PCR o haptoglobina; c) presencia de nódulos reumatoides; d) erosiones óseas en la radiología en el momento de la valoración inicial; e) actividad mantenida durante más de 1 año; f) más de 20 articulaciones inflamadas; g) afectación sistémica y otros procesos patológicos asociados; h) nivel socio-económico bajo; e i) presencia de HLA-DRß1*0401 o -DRß*0404.

Tratamiento

No existe ningún tratamiento definitivo. El objetivo no es la curación de la enfermedad, sino el alivio de signos y síntomas: la disminución del dolor, la mejoría funcional y la prevención de secuelas. La tendencia actual es el tratamiento precoz y agresivo. Se sabe que la mayoría del daño articular ocurre en fases tempranas de la enfermedad, incluso en las primeras semanas, por lo que todo paciente con enfermedad activa debe ser tratado desde el momento del diagnóstico con fármacos capaces de inducir la remisión de la enfermedad, y evitar con ello el daño estructural de las articulaciones. Además del tratamiento analgésico con fármacos del tipo del paracetamol, la terapia se basa en 3 medidas generales.

Antiinflamatorios no esteroideos (AINEs)

Son rápidos para controlar los signos y síntomas inflamatorios, pero no modifican la evolución de la enfermedad a largo plazo. Son necesarios en prácticamente todos los casos de enfermedad activa para conseguir un alivio rápido del dolor, disminuir la inflamación y mejorar la calidad de vida. La administración de un supositorio de 100 o 50 mg de indometacina cada noche es útil para disminuir la rigidez matutina, pudiendo añadirse una o dos cápsulas de 25 mg durante el día, según las necesidades del enfermo. En caso de ineficacia o intolerancia a la indometacina, puede utilizarse cualquiera de los demás AINEs. En todos los casos se debe proporcionar protección gástrica para evitar efectos indeseables. Los nuevos inhibidores selectivos de los COX-2 se recomiendan si existen antecedentes de ulcus péptico, hemorragia gastrointestinal o intolerancia digestiva a los AINEs.

Glucocorticoides

Si no se obtiene respuesta adecuada tras un mínimo de 2 semanas de tratamiento con AINEs, o si éstos están contraindicados, se pueden utilizar dosis bajas de glucocorticoides (sin sobrepasar la dosis de 7,5 mg/día de prednisona o equivalentes). También se utilizan para el control agudo de la enfermedad al inicio del tratamiento con fármacos de segunda línea, en espera de que éstos inicien sus efectos terapéuticos.

Fármacos antirreumáticos de acción lena o inductores de remisión

En este grupo se incluyen: metotrexato, sales de oro, ß-penicilamina, antipalúdicos, sulfasalazina, leflunomida, ciclosporina y azatioprina. Los fármacos de segunda línea deben emplearse en cuanto se haya establecido el diagnóstico de AR, excepto en los casos leves que remiten satisfactoriamente con AINEs. Más de la mitad de los enfermos experimenta una remisión con el uso de estos fármacos, aunque raras veces es total, y con recaídas al suprimir el tratamiento, por lo que se recomienda su uso indefinido. Su principal inconveniente es la toxicidad. Los efectos beneficiosos no suelen apreciarse hasta pasados 2-3 meses, a excepción del metotrexato, que tiene una acción más rápida.

El arte en el manejo de los pacientes con AR se basa en el orden en que se usan los fármacos, en la dosis empleada y en las distintas combinaciones posibles entre ellos. En pacientes con enfermedad inicial y poco activa se aconseja iniciar el tratamiento con un AINE. En caso de ineficacia se puede sustituir por un segundo fármaco de este grupo, o comenzar con los fármacos de segunda línea menos tóxicos (aunque también menos eficaces) como son la sulfasalazina o los antipalúdicos. El sulfato de cloroquina es el antipalúdico de síntesis disponible en el mercado español. Se administra por vía oral a dosis de 250 mg al día. Como efecto secundario destacan las alteraciones oculares como la queratopatía o la afectación retiniana. La sulfasalazina se administra por vía oral con una pauta de administración progresiva hasta alcanzar una dosis de 2-3 g/día. Los efectos secundarios más frecuentes son los gastrointestinales, seguidos de los mucocutáneos. Los beneficios terapéuticos de estos agentes se observan a los dos meses de iniciar el tratamiento, y en el caso de la cloroquina puede requerir hasta 6 meses.

Los pacientes con actividad moderada o en aquéllos con enfermedad menos activa pero con persistencia de signos inflamatorios tras 3 a 6 meses con el tratamiento descrito, son subsidiarios de un tratamiento más agresivo. En la actualidad el metotrexato se ha convertido en el tratamiento de elección. Se usa a dosis baja e intermitente (7,5 a 20 mg una vez/semana). Como efectos secundarios se pueden observar alteraciones hematológicas y de las pruebas de función hepática, pero se ha comprobado que los suplementos de ácido fólico disminuyen la toxicidad sin afectar su eficacia. A largo plazo está descrita la fibrosis hepática y una complicación rara es la neumonitis aguda por hipersensibilidad.

Si el metotrexato está contraindicado o es inefectivo después de 6 meses de tratamiento, hay que considerar otros fármacos de segunda línea, bien solos o bien en combinación. El uso de sales de oro o d-penicilamina ha pasado a un segundo escalón por sus efectos secundarios. Recientemente, se ha introducido la terapia anticitokinas en el manejo de los pacientes con AR. Los fármacos disponibles en la actualidad son dos antagonistas del factor de necrosis tumonal alfa (TNFa): etanercept (receptor soluble del TNFa) e infliximab (anticurpo monoclonal anti-TNFa), ambos con resultados prometedores.

Tratamiento de las manifestaciones sistémicas

Enfermedad intersticial pulmonar. Está indicado el uso de esteroides a dosis de 1,0 a 1,5 mg/kg al día. La respuesta al tratamiento se monitoriza con los test de función respiratoria, especialmente con la difusión de monóxido de carbono (DLCO) y la radiología torácica. En los no respondedores se puede ensayar el tratamiento con ciclofosfamida o azatioprina, aunque no hay evidencia clara de que ninguno de estos agentes retrase la progresión a fibrosis. El metotrexate no se debe usar en estos paciente por la posibilidad de causar neumonitis intersticial aguda de origen idiosincrásico.

Osteoporosis. El tratamiento es similar al que se realiza en otras formas de osteoporosis. Las mujeres en edad menopaúsica o postmenopaúsicas deben recibir terapia hormonal sustitutiva si no existen contraindicaciones. Los pacientes que reciben tratamiento con esteroides se suplementan con 1.000 a 1.500 mg de calcio al día más 400 a 800 UI de vitamina D3. En casos de osteopenias marcadas o si se usan dosis altas de esteroides de forma mantenida se debe iniciar tratamiento con bisfosfonatos.

Síndrome de Felty. La esplenectomía está indicada si existen infecciones graves y recurrentes, dolor persistente en hipocondrio izquierdo causado por el crecimiento esplénico, varices esofágicas, úlceras en miembros inferiores y cuando las cifras de leucocitos son inferiores a 0,5 x 10 9 /L. Sin embargo, el efecto beneficioso de la esplenectomía es sólo temporal y la neutropenia suele recurrir. Se han utilizado la testosterona, los glucocorticoides y las sales de litio con el fin de estimular la granulopoyesis. El efecto de los esteroides es también transitorio y puede aumentar el riesgo de infección. Actualmente, se considera que las drogas de elección son las sales de oro y el metotrexate.

Otras: Cuando existe vasculitis necrosante se trata con bolos intermitentes de ciclofosfamida junto con prednisona a dosis de 1 mg/kg/día. La pleuritis y la pericarditis remiten habitualmente con dosis moderadas de glucocorticoides. La episcleritis puede remitir espontáneamente o tras tratamiento local con glucocorticoides. La escleritis requiere la administración de glucocorticoides sistémicos (prednisona a dosis iniciales de 30-60 mg/día, que luego se reducen).

 

Lupus eritematoso sistémico

El lupus eritematoso sistémico (LES) es el prototipo de las enfermedades autoinmunes. Se define como una enfermedad crónica multisistémica de etiología desconocida, caracterizada por una respuesta inmunológica alterada con producción de autoanticuerpos e inmunocomplejos que inducen lesión tisular y citológica. Es un trastorno frecuente, con una prevalencia de 15 a 50 casos por 100.000 habitantes, y una incidencia de 3 a 8 casos/100.000 habitantes. Predomina claramente en la mujer, con un ratio 10:1 respecto al sexo masculino. La mayoría de los casos aparecen en la segunda y tercera décadas de la vida.

Etiopatogenia

En la etiología están implicados múltiples factores:

Predisposición genética. Se ha demostrado la asociación del LES con HLA-DR2 y HLA-DR3. Además, existe mayor frecuencia de HLA-A1, B8, DR3, alelos nulos de C4 y déficits homocigotos de componentes iniciales del complemento. Existe una concordancia en el 25-60 por ciento de gemelos monocigóticos, lo que demuestra la naturaleza poligénica de esta predisposición genética, así como la contribución de factores ambientales.

Factores hormonales (hiperactividad estrogénica). Se demuestra por la preponderancia en mujeres en edad fértil, la alta incidencia de la enfermedad en el síndrome de Klinefelter, y la agudización en puerperio o tras la toma de anticonceptivos hormonales. Se sabe que los estrógenos inhiben la actividad de los linfocitos T supresores con aumento de la síntesis de autoanticuerpos por las células B.

Factores ambientales. Se ha relacionado al LES con la recepción de radiaciones ultravioleta (desnaturalizan el DNA modificando su antigenicidad), con determinados fármacos (hidralazina, procainamida, isoniazida, interferón alfa y estrógenos) y con algunos agentes infecciosos como retrovirus, aunque no se ha demostrado una asociación definitiva.

Trastornos de la inmunorregulación. La asociación entre una susceptibilidad genética y determinados factores ambientales desencadena una respuesta inmunológica anormal, con hiperactividad de los linfocitos T y B, y producción excesiva de autoanticuerpos. Existe además una regulación anómala de dicha hiperactividad por hipofunción de la población supresora CD8 y de las células citotóxicas natural killer, menor eficiencia del sistema mononuclear fagocítico y deficiencia en los receptores del complemento. La producción de autoanticuerpos no es indiscriminada, sino que existe selectividad ante las moléculas de proteínas y ácidos nucleicos. Estos autoanticuerpos son los responsables de la respuesta inflamatoria local y la lesión tisular en los órganos afectos, bien directamente o bien uniéndose a su antígeno específico y formando inmunocomplejos.

Manifestaciones clínicas

Son extraordinariamente variables, desde una enfermedad aguda y fulminante, hasta formas insidiosas, casi asintomáticas. La enfermedad tiene un curso fluctuante, con fases de exacerbación y remisión. En el momento del diagnóstico, el 80 por ciento de los pacientes tienen afectación cutánea o articular en forma de rash malar, fotosensibilidad, alopecia, artralgias o artritis. Algunos pacientes pueden debutar con fiebre y afectación de un órgano aislado como pleuritis, glomerulonefritis, trastorno neuropsiquiátrico o alteraciones hematológicas (anemia hemolítica autoinmune o trombocitopenia, por ejemplo). En raras ocasiones la enfermedad debuta de forma fulminante con afectación multiorgánica grave que compromete seriamente la vida del paciente.

Manifestaciones generales

Malestar general, astenia, fiebre y adelgazamiento son síntomas habituales. La astenia se describe en el 90 por ciento de los casos, generalmente acompañada de artralgias y mialgias. Su presencia no siempre está relacionada con la actividad de la enfemedad, y hay que descartar otros trastornos asociados como depresión, fibromialgia, trastornos del sueño, hipotiroidismo o efectos secundarios del tratamiento, sobre todo esteroides. Puede aparecer fiebre en más de la mitad de los pacientes con LES. Es importante diferenciar entre fiebre por brote de actividad lúpica e infección, ya que ésta es la complicación más frecuente y la primera causa de muerte en estos pacientes. Para ello es crucial la historia clínica y pueden resultar de ayuda algunos datos complementarios. La presencia de hipoalbuminemia, hipocomplementamia, elevación de ANA y anti-DNAn sugieren actividad lúpica, mientras que la leucocitosis y la proteina C reactiva elevada sugieren infección. La fiebre debida a enfermedad activa suele responder bien a paracetamol y antiinflamatorios.

Manifestaciones musculoesqueléticas

Ocurren en más del 90 por ciento de los casos. Las manifestaciones más típicas son mialgias y artralgias. Cuando aparece artritis suele ser migratoria y asimétrica, afectando a pequeñas articulaciones de las manos, muñecas y rodillas, con rigidez matutina. Pueden existir signos inflamatorios similares a la artritis reumatoide, pero las erosiones radiológicas son raras. El 10 por ciento pueden presentar deformidades en las manos por hiperlaxitud ligamentaria, lo que se conoce por artritis de Jaccoud. Otras manifestaciones incluyen: miopatía inflamatoria o secundaria al tratamiento con esteroides o hidroxicloroquina, y necrosis avascular de las grandes articulaciones de carga asociado a corticoterapia o a síndrome antifosfolípido.

Manifestaciones mucocutáneas

Están presentes en el 80 por ciento de los pacientes. Las más características son el eritema facial o "en alas de mariposa" y el exantema máculopapuloso difuso en áreas de exposición solar, ambas con gran fotosensibilidad y con frecuencia asociadas a brotes de actividad lúpica. El eritema facial del lupus típicamente respeta el surco nasolabial, a diferencia del que aparece en la dermatomiositis. Otras entidades que pueden presentar un eritema facial similar son la fotosensibilidad por drogas, la dermatitis seborreica o el acné rosácea. Son frecuentes la alopecia (50 por ciento), las aftas orales (30 por ciento) y el fenómeno de Raynaud (30 por ciento). Otras manifestaciones incluyen: paniculitis o lupus profundo, lesiones vasculíticas, urticaria y angioedema.

El lupus discoide (LED) aparece en el 25 por ciento de los casos, y en un 10 por ciento pueden ser la primera manifestación del LES. Sin embargo, sólo el 5 por ciento de los pacientes con LED aislado acaban presentando LES. Consiste en placas cutáneas, hiperqueratósicas con borde eritematoso elevado, de predominio en cuero cabelludo, cara y zonas fotoexpuestas, que con el tiempo producen atrofia y cicatrización central.

El lupus cutáneo subagudo aparece en el 10 por ciento de los pacientes y se caracteriza por pápulas superficiales que se distribuyen de forma simétrica en hombros, cuello y tórax, y que pueden evolucionar hacia una forma pápuloescamosa (lupus psoriasiforme) o anular. Puede asociarse con LES clásico o con lupus con ANA negativo y antiRo positivo. No suele producir afectación renal ni del sistema nervioso central.

En el estudio histológico de las lesiones cutáneas del lupus se puede ver degeneración de la capa basal de la epidermis, alteración de unión dermoepidérmica e infiltración mononuclear en la dermis superior. En el LED hay taponamiento folicular e hiperqueratosis. Mediante inmunofluorescencia se pueden detectar depósitos de inmunoglobulinas y complemento en los vasos de la unión dermoepidérmica, lo que se conoce como banda lúpica, pero esta prueba carece de especificidad.

Manifestaciones renales

La afectación renal se manifiesta clínicamente en el 50 por ciento de los casos, pero puede demostrarse afectación subclínica por biopsia renal en un porcentaje mucho mayor. Es la segunda causa de muerte después de las infecciones. Para evaluar la posible nefropatía lúpica es imprescindible realizar análisis periódicos de creatinina sérica, sedimento urinario y proteinuria. Tienen riesgo de afectación renal los pacientes con anomalías persistentes en el sedimento, títulos elevados de antiDNA-n e hipocomplementemia. La presencia de factor reumatoide parece tener un efecto protector sobre la incidencia de nefropatía lúpica.

La glomerulonefritis lúpica se caracteriza por el depósito de inmunocomplejos. La localización de los depósitos inmunes y el patrón histológico permiten identificar 5 grupos (clasificación de la OMS), que determinan el pronóstico:

Tipo I. Riñón morfológicamente normal o con cambios mínimos (25 por ciento).

Tipo II. Glomerulonefritis mesangial (25 por ciento). El sedimento de orina puede mostrar proteinuria transitoria y/o microhematuria. Es excepcional la evolución a insuficiencia renal. La microscopía óptica muestra un riñón normal o con discreta proliferación mesangial. La inmunofluorescencia y microscopía electrónica revelan depósitos de IgG y complemento en mesangio.

Tipo III. Glomerulonefritis proliferativa focal (15 por ciento). Además de las alteraciones mesangiales descritas en la tipo II, presentan áreas de proliferación endocapilar y/o extracapilar en menos del 50 por ciento de los glomérulos renales. La inmunofluorescencia y la microscopía electrónica muestran depósitos subendoteliales y mesangiales. La proteinuria y la microhematuria son frecuentes y, ocasionalmente, desarrollan un síndrome nefrótico. Si existe insuficiencia renal, suele ser moderada.

Tipo IV. Glomerulonefritis proliferativa difusa. Es el tipo más frecuente (40 por ciento), y en él se encuentran afectados más del 50 por ciento de los glomérulos. La esclerosis supone un pronóstico grave. El cuadro clínico se caracteriza por proteinuria, generalmente en rango nefrótico, hematuria e insuficiencia renal. Puede aparecer hipertensión arterial deteriorando aún más la función renal.

Tipo V. Glomerulonefritis membranosa (15 por ciento). Engrosamiento homogéneo, difuso y generalizado de la membrana basal glomerular, con escasa proliferación celular. Por inmunofluorescencia y microscopía electrónica se detectan depósitos subepiteliales. Los enfermos presentan proteinuria importante, en la mayoría de los casos de rango nefrótico, sin otras alteraciones en el sedimento. El pronóstico suele ser bueno.

El exámen histológico incluye también la valoración de los signos de actividad y/o cronicidad, ya que de ello depende la terapéutica y en último caso el pronóstico. No existe paralelismo estricto entre el síndrome clínico y los cambios histológicos, por lo que es imprescindible la biopsia renal en el menor plazo posible desde que se detecta el deterioro de la función renal, proteinuria significativa o alteraciones en el sedimento urinario. No son candidatos a biopsia los pacientes con mínimas alteraciones en el sedimento o proteinuria leve estables a lo largo del tiempo.

Otras formas de afectación renal son la nefritis tubulointersticial, la vasculitis necrotizante o la trombosis de la vena renal en relación con síndrome nefrótico o síndrome antifosfolípido.

Manifestaciones cardiovasculares

La pericarditis aparece en el 40 por ciento de los pacientes, pero se puede encontrar afectación silente en el 80 por ciento de las necropsias. Puede haber miocarditis con lesión del sistema de conduccción, muerte súbita e insuficiencia cardíaca. La endocarditis de Libman-Sacks es una endocarditis verrucosa no bacteriana, que asienta sobre todo en la válvula mitral y aórtica, y se asociada con el síndrome antifosfolípido. Suele ser asintomática y también se descubre con frecuencia en estudios necrópsicos. En ocasiones produce embolización coronaria o cerebral. En el lupus eritematoso neonatal es característico el bloqueo cardíaco congénito. Se considera que la causa del síndrome es el paso de la madre al feto, por vía placentaria, de anticuerpos anti-SSA/Ro. Estos autoanticuerpos sólo serían lesivos para el sistema de conducción en una fase de la embriogénesis, concretamente, en la semana 18.

La prevalencia de arterioesclerosis es mayor que en la población general, debido a degeneración vascular derivada del propio trastorno inmunológico, por el tratatamiento esteroideo, y por la hiperlipemia que acompaña a los casos con síndrome nefrótico. Actualmente se están reconociendo las implicaciones que tiene la autoinmunidad en la génesis de la arterioesclerosis. Puede existir infarto agudo de miocardio por enfermedad degenerativa o, menos frecuente, por vasculitis. Las trombosis arteriales y venosas se asocian al síndrome antifosfolípido.

Manifestaciones pleuropulmonares

La más relevante es la pleuritis. Ocurre en el 50 por ciento de los casos y puede cursar con o sin derrame. Si hay derrame suele ser pequeño o moderado, bilateral, linfocitario, con glucosa normal, disminución de complemento, ANA positivo y LDH elevada. La neumonitis lúpica es una complicación poco frecuente que causa fiebre, disnea, tos e infiltrados radiológicos difusos migratorios, sobre todo en campos inferiores. Existen formas agudas y graves, en ocasiones con hemorragia pulmonar concomitante, con mortalidad cercana al 50 por ciento. En general responde al tratamiento con esteroides. La causa más frecuente de infiltrados pulmonares es la infección pulmonar. Ocasionalmente se produce neumonitis intersticial con fibrosis. Otras manifestaciones menos frecuentes son la hipertensión pulmonar, la hemorragia alveolar o en síndrome de "pulmón encogido", que consiste en debilidad muscular del diafragma con defecto restrictivo y atelectasias basales.

Manifestaciones neuropsiquiátricas

Son muy frecuentes (50-60 por ciento de los pacientes), desde cambios sutiles de personalidad hasta importantes perturbaciones de las funciones cerebrales superiores, que pueden confundirse con una psicosis esteroidea. La cefalea es, con diferencia, el problema neurológico más común en el lupus, a menudo con hallazgos típicos de migraña. Los esteroides pueden ser útiles en las cefaleas refractarias, aunque su aparición no se relaciona con la actividad de la enfermedad. Las crisis comiciales aparecen en el 15-35 por ciento de los pacientes, y pueden estar presentes antes del desarrollo de otros síntomas o durante cualquier momento de la enfermedad. Hay que tener en cuenta que pacientes sin lupus con epilepsia pueden desarrollar un lupus inducido por fármacos. En estos pacientes se pueden detectar anticuerpos anti-histona y la supresión del fármaco se sigue de la desaparición de los síntomas en unos pocos meses.

Otras complicaciones neurológicas son: cuadros trombóticos, mielitis trasversa, síndromes orgánicos cerebrales, demencia, meningitis aséptica, cuadros esclerosis múltiple-like, o neuropatías periféricas.

En el líquido cefalorraquídeo existe elevación de las inmunoglobulinas y descenso del complemento, pero con escaso valor diagnóstico. Se ha demostrado la relación de determinados anticuerpos y la afectación lúpica del SNC. Los anticuerpos antineuronales se encuentran en el 75 por ciento de los lupus neuropsiquiátricos, y los antiproteína P ribosomal en el 45-90 por ciento, sobre todo en manifestaciones difusas. Pero estos anticuerpos también se presentan en el 25 por ciento de pacientes con LES no seleccionados, por lo que hay que interpretarlos con cautela. Otros mecanismos patogénicos implicados son la vasculitis y la hipercoagulabilidad por la existencia de un síndrome antifosfolípido asociado.

Manifestaciones hematológicas

Se pueden encontrar alteraciones en las tres series. Es común la leucopenia, menor de 4.000 células/ml, con linfopenia absoluta. La mayoría tienen anemia de enfermedad crónica. La anemia hemolítica aguda coombs positiva es característica del LES, pero afortunadamente poco frecuente. En la serie plaquetaria es frecuente la trombopenia leve, que puede ser grave en el 5 por ciento de los casos con hemorragia y púrpura. Es obligado en estos casos descartar la presencia de anticuerpos anticardiolipina o anticoagulante lúpico. La púrpura tombocitopénica autoinmune puede ser la forma de debut de la enfermedad o bien puede aparecer en el curso evolutivo.

Manifestaciones oculares

Aparecen en el 15 por ciento de los pacientes e incluyen: queratoconjuntivitis seca por síndrome de Sjögren secundario, uveítis, iridociclitis, epiescleritis, exudados blanquecinos en la retina y enfermedad vascular retiniana por vasculitis oftálmica que puede provocar ceguera. Los pacientes tratados con antipalúdicos pueden presentar una retinopatía tóxica o depósitos corneales reversibles, en relación con la dosis total acumulada.

Manifestaciones gastrointestinales

Las más frecuentes son nauseas, diarrea y molestias inespecíficas. Se han descrito pancreatitis agudas e infartos con perforación intestinal consecutivos a la vasculitis de los vasos mesentéricos. Es frecuente el aumento de transaminasas, pero en general no se asocia a lesión hepática.

Pruebas de laboratorio

Analítica general

Ante la sospecha clínica de LES debe solicitarse hemograma, VSG, análisis de orina, bioquímica general, coagulación y anticuerpos. Las alteraciones que cabe esperar incluyen anemia de enfermedad crónica, anemia hemolítica, leucopenia, linfopenia o trombocitopenia. La presencia de anticoagulante lúpico se ponen en evidencia mediante la demostración de un tiempo parcial de tromboplastina prolongado. En los brotes de actividad se detectan reactantes de fase aguda como la VSG. La proteína C reactiva raramente presenta títulos altos durante las fases de actividad, pero sí aumenta en casos de infección intercurrente. La hipoalbuminemia, hiperlipidemia, alteración de la función renal y del sedimento urinario sugieren glomerulonefritis.

Pruebas inmunológicas

Células LE. Consiste en la demostración en el suero de leucocitos polimorfonucleares que han fagocitado núcleos de linfocitos. Actualmente está en desuso.

Estudio de autoanticuerpos (ver Tabla II):

Tabla II
Anticuerpos en el lupus eritematoso sistémico
Asociaciones clínicas y prevalencia

Especificidad antigénica Asociación clínica Prevalencia
dsDNA Marcador de actividad. Asociación con nefropatía. 40-60%
ssDNA No específico, sin utilidad clínica. 70%
Ro/SSA Lupus cutáneo subaguo (75%), fotosensibilidad, lupus neonatal, deficiencia de complemento. 40%
LA/SSB Baja prevalencia de enfermedad renal, lupus neonatal (75%). 10-15%
RNP Generalmente asociado con Sm. Imprescindible para diagnóstico de EMTC. 30-40%
Sm Marcador de enfermedad, asocia afectación del SNC. 20%
Fosfolípidos Hipercoagulabilidad, trombopenia, abortos. 20-30%
Histonas LES secundario drogas (95%).  
P Ribosomal Psicosis, depresión. 10-40%
PCNA    3%


• Anticuerpos órgano-específicos: Dirigidos contra elementos celulares del sistema hematopoyético o contra determinados tejidos como el tiroides, la pared gástrica, el músculo o las glándulas adrenales.

• Anticuerpos antinucleares (ANA). Positivos en el 95 por ciento. Se distinguen 3 grandes grupos en función del antígeno diana:

1) anti-DNA. Los anticuerpos anti-DNA nativo o bicatenario son muy específicos de LES. Se detectan en el 40-60 por ciento y su título varía con el grado de actividad.

2) anti-histonas (proteínas básicas presentes en el núcleo). Son característicos del lupus inducido por fármacos.

3) anti-ENAs (proteínas no histonas presentes en el núcleo y citoplasma). Se han catalogado más de 20 tipos específicos, pero los que tienen más interés práctico son los anti-SSA/Ro, anti-SSB/La, anti-RNP y anti-Sm (este último es el más específico de LES).

Con inmunofluorescencia se identifican 5 patrones: homogéneo (no es específico, aparece en pacientes con anticuerpos anti-desoxirribonucleoproteínas e histonas), periférico (muy específico de LES, detecta anticuerpos contra DNA-n), centromérico (anticuerpos anti-centrómero), moteado (anticuerpos anti-ENA) y nucleolar (anticuerpos anti-ARN nucleolar, muy poco frecuente en el LES). Son poco específicos y pueden aparecer en individuos normales (hasta un 25-40 por ciento), en particular, de edades avanzadas, en procesos virales agudos, procesos inflamatorios, hepatopatía crónica, trastornos linfoproliferativos y por fármacos.

• Anticuerpos antifosfolipídicos. Se detectan por ELISA.

La serología luética falsamente positiva es un marcador indirecto de estos anticuerpos. Se asocian con fenómenos trombóticos, especialmente los del isotipo IgG y con títulos altos o moderados.

Otras determinaciones inmunológicas. La concentración baja de C3 y C4 se utiliza como marcador de actividad lúpica. La disminución de CH50 (complemento hemolítico total) con valores normales de C3 sugiere la presencia de defectos hereditarios, y es frecuente en casos de LES con ANA negativo. La presencia de factor reumatoide indica menor probabilidad de afectación renal.

Diagnóstico

El diagnóstico se basa en criterios clínicos y serológicos (ver Tabla III). La multiplicidad de síntomas, así como de alteraciones bioquímicas y serológicas es tan grande que, para homogenizar las series y con propósitos de investigación, la American Rheumatism Association formuló los criterios diagnósticos de LES. La presencia de cuatro de estos criterios, siempre que no existan otras causas a las cuales atribuirlos, permite hacer el diagnóstico de la enfermedad.

Los principales problemas a la hora de utilizar estos criterios como diagnóstico son: a) existen formas de inicio monosintomáticas, que por tanto no reunirán los 4 criterios exigidos; b) interpretación difícil de ciertas manifestaciones clínicas como las cutáneas o las neuropsiquiátricas, y c) los subgrupos clínicos con presentación clínica inhabitual. Por tanto, los criterios no deben reemplazar el proceso diagnóstico ni un tratamiento adecuado en casos con alta sospecha clínica, aun cuando no se cumplan los 4 criterios.

Tabla III
Diagnóstico del lupus eritematoso sistémico.
Criterios de la ARA (modificados en 1997)

  1. Eritema malar.
  2. Lupus discoide.
  3. Fotosensibilidad.
  4. Ulceras orales.
  5. Artritis no erosiva.
  6. Serositis (pleuritis o pericarditis).
  7. Enfermedad renal:
    Proteinuria >0'5 gr/día o
    Presencia de cilindros celulares o hemáticos.
  8. Trastornos neurológicos (crisis convulsivas o psicosis)
  9. Trastornos hematológicos:
    Anemia hemolítica o
    Anemia hemolítica o
    Leucopenia (< 4.000/ml en 2 o más ocasiones) o
    Linfopenia (< 1.500/ml en 2 o más ocasiones) o
    Trombopenia (< 100.000/ml)
  10. Trastornos inmunitarios:
    Anticuerpos anti-DNAn o
    Anticuerpos anti-Sm o
    VDRL falsamente positivo-ac antifosfolípido positivos.
  11. Anticuerpos antinucleares.

(Tan EM, Cohen AS, Fries JF, Masi AT, McShane DJ, Rothfield NF, et al. The 1982 revised criteria for the classification of systemic lupus erythematosus. Arthritis Rheum 1982; 25: 1271-7) (Hochberg MC. Updating the The American College of Rheumatology revised criteria for the classification of systemic lupus erythematosus. Arthitis Rheum 1997; 40: 1725).

Formas especiales de LES

  • LES de inicio tardío

El 10 por ciento de los pacientes con LES debuta después de los 50 años de edad. La edad avanzada modifica la expresión de la enfermedad en cuanto a su presentación clínica y gravedad. Existe menor preponderancia femenina (ratio mujer:hombre de 5:1), menor incidencia de manifestaciones típicas como eritema malar, fotosensibilidad, artritis o nefropatía, y mayor incidencia de síndrome seco y miositis.

  • Síndrome antifosfolípido secundario

La incidencia de síndrome antifosfolípídico está elevada en el LES (aparece en el 10-20 por ciento de los pacientes). El síndrome consiste en la asociación de trombosis arteriales y/o venosas, abortos recurrentes y trombocitopenia, en presencia de anticuerpos antifosfolípido (anticoagulante lúpico o anticuerpos anticardiolipina). Otras manifestaciones descritas incluyen lesiones valvulares cardíacas, lívedo reticularis, corea o anemia hemolítica. Estos anticuerpos se detectaron hasta en el 25 por ciento de una serie de 1.000 pacientes con LES. La presencia de anticuerpos sin clínica trombótica no justifican el diagnóstico o tratamiento profiláctico, pero sí obliga a mayor vigilancia.

  • Asociación de lupus y embarazo

El embarazo es un riesgo potencial de exacerbación de la enfermedad, especialmente en el puerperio. La tasa de fertilidad en mujeres lúpicas es normal, pero existe una frecuencia alta de abortos (30 por ciento), muertes fetales (50 por ciento) y prematuridad en asociación con el síndrome antifosfolípido. Los datos analíticos que predicen complicaciones obstétricas son la presencia de anticuerpos antifosfolípidos, anti-Ro, anti-La y la hipocomplementemia persistente. Se recomienda una inactividad clínica y analítica como mínimo de 6 meses antes de aconsejar el embarazo. Si hay positividad de anticuerpos antifosfolípido e historia previa de abortos, es necesario establecer un tratamiento profiláctico con ácido acetil-salicílico (AAS) y/o anticoagulación. Deben suspenderse los fármacos potencialmente teratógenos como la ciclofosfamida y los anticoagulantes orales, pero pueden emplearse los corticosteroides, azatioprina, hidroxicloroquina y la heparina por vía subcutánea.

El lupus neonatal es producido por la trasmisión de anticuerpos anti-Ro maternos a través de la placenta, y se manifiesta por una erupción cutánea transitoria y, raramente, bloqueo cardíaco permanente. También se ha descrito trombocitopenia transitoria por anticuerpos antiplaquetarios maternos.

  • Lupus inducido por fármacos

Los más frecuentes son la procainamida y la hidralazina. Otros fármacos implicados son: isoniazida, clorpromacina, d-penicilamina, hidantoínas y anticonceptivos orales. Los síntomas consisten en afectación general, artralgias, y en ocasiones artritis y pleuropericarditis. La afectación renal y del SNC es rara. Todos los enfermos tienen ANA y la mayoría anticuerpos antihistonas. Son raros los anticuerpos anti DNAn y la hipocomplementemia. Los síntomas no suelen durar más de 6 meses, aunque los ANA se mantienen durante años. El tratamiento consiste en la retirada del fármaco y glucocorticoides en casos severos.

  • LES en el varón

Existe mayor incidencia de serositis como manifestación inicial, y es menos frecuente que durante el curso de la enfermedad se desarrolle artritis o lesiones cutáneas. El resto de las manifestaciones clínicas y parámetros serológicos son similares a las del sexo femenino.

  • LES con anticuerpos antinucleares negativos

En aproximadamente un 5 por ciento de los pacientes lúpicos no se detectan ANA en ningún momento de la evolución. Estos pacientes presentan con mayor frecuencia lesiones cutáneas discoides o de lupus eritematoso subagudo, y fenómenos trombóticos.

Pronóstico

El 25 por ciento tienen una enfermedad leve. La supervivencia a los 10 años alcanza el 90 por ciento. Tienen peor pronóstico los enfermos de raza negra, bajo nivel socioeconómico, afectación grave renal, cerebral, pulmonar o cardíaca, HTA, hipocomplementemia, anemia, trombocitopenia, síndrome antifosfolípido e hipoalbuminemia. Las principales causas de muerte son las infecciosas, la insuficiencia renal y la enfermedad tromboembólica.

Tratamiento

El tratamiento debe guiarse por la actividad de la enfermedad. La estrategia terapéutica se basa en el tipo y la gravedad de la afectación. No existen dos pacientes iguales, por lo que el tratamiento es difícil de protocolizar.

Medidas generales

Es importante advertir al paciente acerca de la naturaleza crónica de su enfermedad y adiestrarle para que aprenda a identificar los signos y síntomas de activación. Se deben evitar acciones nocivas como la exposición a la luz solar (recomendar la aplicación de cremas fotoprotectoras con factor de protección máximo o pantalla total) o la toma de fármacos inductores como anovulatorios o terapia hormonal sustitutiva. En general se desaconseja el uso de vacunas. El efecto perjudicial de los tintes para el cabello está discutido.

Tratamiento farmacológico

En las formas leves con afectación cutánea y/o articular se usan los antipalúdicos (en España la cloroquina, a dosis habituales de 250 mg/día). Es preciso realizar revisiones por Oftalmología cada 6 meses por el riesgo de retinopatía.

Los esteroides tópicos están indicados en el lupus cutáneo. En la cara se aconsejan preparados de baja potencia; mientras que en las lesiones del cuerpo, palmas y plantas, pueden usarse preparados de mediana o alta potencia. En las lesiones mucosas funciona bien el acetónido de triamcinolona al 0’1 por ciento.

La artritis, la serositis y la fiebre suelen ceder con AINEs, aunque hay que vigilar la aparición de efectos secundarios como la elevación de transaminasas y la nefritis intersticial. Si con AINEs no se controlaran los síntomas se aconseja asociar AINE-cloroquina, o administrar pequeñas dosis de corticoides (menos de 10 mg de prednisona al día). Cuando exista afectación de órganos vitales es inexcusable la atención especializada para tratamiento con altas dosis de corticoides y/o inmunosupresores.

Los inmunosupresores más empleados son la azatioprina, ciclofosfamida, ciclosporina y metrotexato. La ciclofosfamida se usa en forma de bolos endovenosos en las nefropatías proliferativas o en manifestaciones graves de la enfermedad que comprometan la vida del paciente, siempre asociados a esteroides en dosis altas al inicio del tratamiento. Recientemente, se han introducido nuevos tratamientos con resultados alentadores en las manifestaciones severas del lupus, como el micofenolato mofetil. La azatioprina tiene un efecto inmunosupresor menor que la ciclofosfamida y sus efectos son más tardíos. Se usa como ahorrador de esteroides en pacientes que necesitan dosis mayores de las aconsejadas, y en el tratamiento de mantenimiento después de los pulsos de ciclofosfamida. En caso de síndrome antifosfolipídico se usan antiagregantes o anticoagulantes.

 

Esclerodermia sistémica

La esclerodermia (ES) es un proceso sistémico de etiología desconocida caracterizado por fibrosis de la piel, vasos sanguíneos y ciertos órganos internos como aparato gastrointestinal, pulmones, corazón y riñones. La incidencia anual es de 14 casos por millón de personas. Es rara en la infancia y la incidencia aumenta con la edad, siendo máxima entre la 3ª y 5ª décadas de la vida. Afecta a las mujeres 3 veces más que a los hombres, y esta proporción se incrementa durante los años fértiles (hasta 15:1).

Etiopatogenia

Los factores familiares o géneticos pueden jugar un papel en la tendencia a la producción de anticuerpos. Se han descrito casos familiares y existe asociación con HLA DR1, DR3 y DR5. Sin embargo, es necesario un elemento primario o exposición ambiental para el desarrollo de la enfermedad. Se han implicado la exposición a disolventes orgánicos, agentes inorgánicos como el polvo de sílice, agentes físicos como la vibración, y diversos agentes terapeúticos como bleomicina, pentazocina, metisergida, anorexígenos anfetamínicos o silicona. En los últimos años se han descrito dos episodios de enfermedades similares a la esclerodermia asociadas con agentes ambientales. En 1981, el síndrome del aceite tóxico afectó en España a 20.000 personas (neumonitis intersticial con eosinofilia, artralgias, artritis, miositis, contracturas articulares, engrosamiento cutáneo, Raynaud, hipertensión pulmonar, síndrome seco y reabsorción de las puntas de los dedos). En Estados Unidos se describió otro proceso similar por la ingestión de determinados lotes de L-triptófano (síndrome eosinofilia-mialgia).

La patogenia no está clara. Existe hiperproducción y acumulación de colágeno y otras proteínas de la matriz extracelular en la piel y otros órganos. Las alteraciones fundamentales se producen a 3 niveles:

1. Endotelio vascular. El episodio inicial es la lesión de las células endoteliales de vasos pequeños con proliferación de la íntima, fibrosis y obliteración vascular. Se origina un aumento del factor VIII (Von Willebrand), con activación plaquetaria y estímulo de la síntesis de colágeno.

2. Sistema inmune (celular y humoral). Existe un aumento de células T-CD4 activadas y de mastocitos, que estimulan la síntesis de colágeno por los fibroblastos. El 95 por ciento de los casos tienen ANA y se encuentran anticuerpos contra el colágeno tipo IV y la laminina.

3. Tejido conectivo. Los fibroblastos se encuentran en un estado de activación permanente por el estímulo que ejercen las citokinas.

En más del 90 por ciento de los pacientes con esclerodermia se han detectado alteraciones cromosómicas, cuyo significado se desconoce por el momento.

Clasificación

Según el grado de extensión del proceso se divide en:

1. Esclerodermia sistémica.

Esclerodermia con engrosamiento cutáneo difuso. Se caracteriza por fibrosis cutánea simétrica que afecta a la piel de las porciones proximal y distal de los miembros, la cara y el tronco, riesgo de afectación visceral, ausencia de anticuerpos anticentrómero y presencia de anticuerpos anti-SCL-70 en el 30 por ciento de los casos.

Esclerodermia con engrosamiento cutáneo limitado. Es una fibrosis cutánea restringida a las porciones distales de los miembros y a la cara. La progresión de los cambios cutáneos es más lenta que en la forma difusa. Dentro de este grupo se incluyen las manifestaciones del síndrome CREST (Calcinosis, Raynaud, dismotilidad Esofágica, eSclerodactilia y Telangiectasias). El pronóstico es favorable, con aparición tardía de afectación visceral como hipertensión pulmonar y cirrosis biliar primaria. Hay anticuerpos anticentrómero en el 70-80 por ciento.

Esclerosis sistémica sin esclerodermia: afectación de órganos internos sin afectación cutánea.

2. Esclerodermia localizada (afecta exclusivamente a la piel)

Morfea: una o múltiples placas de induración cutánea.

Esclerodermia lineal: bandas de fibrosis en una extremidad o en la cara. Incluye la forma en coup de sabre (golpe de sable): esclerodermia lineal de un lado de la frente y el cuero cabelludo que puede asociarse a hemiatrofia facial.

Manifestaciones clínicas

En la mayoría de los pacientes los primeros síntomas son el fenómeno de Raynaud y la tumefacción de los dedos. En el 20 por ciento puede haber un síndrome de Sjögren asociado.

Fenómeno de Raynaud

Aparece en el 90 por ciento de los pacientes, y se estima que el 5 por ciento de las personas con fenómeno de Raynaud desarrollarán ES al cabo de 2 años. La evolución a ES puede predecirse por capilaroscopia en el lecho ungueal: mientras que en el Raynaud primario los capilares se disponen en empalizada perpendiculares a la lúnula con escasa o nula disminución numérica, en la esclerodermia cutánea difusa existe franca disminución del número total de capilares. La presencia de anticuerpos como ANA, anticuerpos anticentrómero o anti-SCL-70, son frecuentes en el Raynaud que evoluciona a ES, y no aparecen en el primario.

Alteraciones cutáneas

Están presentes en el 98 por ciento de los pacientes con ES. Se distinguen 3 fases evolutivas.

Fase inicial o edematosa. Tumefacción difusa de las manos, pies y cara, bilateral y simétrica, que se inicia distalmente y avanza en dirección proximal.

Fase indurativa. Engrosamiento y de la rigidez de la piel. Cuando la evolución es rápida (2-3 años) se asocia a riesgo de afectación visceral.

Fase de atrofia cutánea. Desaparece el engrosamiento dérmico y la epidermis y los anexos cutáneos se atrofian. Como consecuencia, se producen contracturas de los dedos en flexión, úlceras en el pulpejo de los dedos y las prominencias óseas. En la cara existe pérdida de la expresión normal, desaparición de los pliegues, microstomía, y en la forma limitada, numerosas telangiectasias.

Manifestaciones osteomusculares

El 50 por ciento tienen dolor, tumefacción y rigidez en dedos de manos y rodillas. La forma de afectación más frecuente es la contractura articular secundaria al engrosamiento dérmico. Puede haber poliartritis simétrica similar a la AR, reabsorción ósea de falanges distales (acroosteólisis) y síndrome del tunel carpiano por engrosamiento fibrótico de las vainas tendinosas. La afectación muscular más frecuente es la atrofia por desuso. Puede existir una miopatía sin elevación de enzimas musculares y con histología característica, o bien de tipo inflamatorio indistinguible de la polimiositis.

Manifestaciones gastrointestinales

Es la manifestación visceral más frecuente. Puede existir alteración a diferentes niveles. La afectación esofágica más frecuente es la disfunción motora del tercio distal con disminución del tono del esfinter gastroesofágico. La traducción clínica de esta afectación es la disfagia, especialmente a sólidos, reflujo y esofagitis. Se diagnostica mediante manometría esofágica, estudios de tránsito esofágico y esofagoscopia.

La hipomotilidad puede afectar también al estómago e intestino produciendo dilatación gástrica con dispepsia, dolor abdominal, diarrea, seudoobstrucción y malabsorción por sobrecrecimiento bacteriano. La afectación de colon puede causar estreñimiento e impactación fecal con episodios obstructivos.

La forma limitada de esclerosis sistémica puede complicarse a largo plazo con cirrosis biliar primaria y puede haber hemorragia digestiva por telangiectasias en tubo digestivo.

Manifestaciones pulmonares

Aparece en dos tercios de los casos y supone la primera causa de muerte. Puede adoptar varias formas, siendo las más importantes la afectación intersticial y la hipertensión pulmonar no asociada a alteración parenquimatosa. Existe ma-

yor incidencia de carcinomas broncogénicos y de células alveolares. El síntoma más frecuente es la disnea de esfuerzo seguida por la tos no productiva. La radiografía de tórax muestra un patrón reticulonodular de predominio basal. Las fases precoces pueden detectarse mediante TAC de alta resolución, lavado broncoalveolar (macrófagos alveolares asociados a neutrófilos y eosinófilos) y pruebas de función pulmonar (disminución de la capacidad vital, de la distensibilidad pulmonar y de la difusión de CO). La hipertensión pulmonar grave en ausencia de fibrosis significativa es más frecuente en la forma cutánea limitada (>10 por ciento), por estenosis de arterias pulmonares y con supervivencia media de 2 años.

Manifestaciones cardíacas

La afectación histológica es frecuente, pero sólo el 10 por ciento de los pacientes tienen alguna manifestación clínica: miocarditis, pericarditis, insuficiencia cardíaca y arritmias. Puede haber lesión coronaria por vasoespasmo intermitente desencadenado por frío. El cor pulmonale crónico aparece tardíamente como consecuencia de la afectación pulmonar.

Manifestaciones renales

La crisis renal esclerodermiforme era la causa de muerte más frecuente hasta la introducción de los fármacos inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECAs). Se caracteriza por HTA maligna que puede evolucionar hacia insuficiencia renal rápidamente progresiva. El cuadro aparece generalmente al inicio de la enfermedad. El diagnóstico se realiza por la asociación de una TA diastólica de 110 mmHG o mayor, y 2 o más de los siguientes: retinopatía hipertensiva grado III o IV, proteinuria, hematuria, convulsiones, anemia hemolítica microangiopática, insuficiencia renal o hiperesplenismo. El mecanismo es vasoespástico sobre una lesión vascular previa, lo que genera hipoperfusión renal y la activación del sistema renina-angiotensina.

Datos de laboratorio

En la analítica general se encuentra VSG elevada y anemia. La anemia puede ser de enfermedad crónica, ferropénica (por hemorragia digestiva), megaloblástica (por sobrecrecimiento bacteriano intestinal) o microangiopática (asociada a insuficiencia renal por depósito de fibrina en las arteriolas renales).

Entre las pruebas inmunológicas se detecta FR positivo en el 25 por ciento y ANA positivos en el 95 por ciento, a menudo con patrón moteado. Los más específicos son los anticuerpos antitopoisomerasa 1 o Scl-70 (20-40 por ciento) y el anticentrómero (60-80 por ciento de las formas limitadas-CREST y 10 por ciento de la difusa), anti RNA polimerasa I y III, y anti U3-RNP.

Diagnóstico

Se basa en la existencia de un cuadro clínico compatible con Raynaud, lesiones cutáneas típicas y afectación visceral. Es importante descartar otras causas de Raynaud como: síndrome del estrecho torácico-superior, enfermedad arterial oclusiva (Buerger, arteriosclerosis, trombosis), distrofia simpático-refleja, farmacos (ß-bloqueantes, ergotamina, anticonceptivos, bleomicina), crioglobulinemia, síndrome de hiperviscosidad y otras enfermedades de tejido conectivo.

También hay que realizar el diagnóstico diferencial con otras enfermedades esclerodermiformes distintas de la ES como el escleredema, el escleromixedema o la amiloidosis primaria.

En 1980 la ACR publicó los criterios para la clasificación de la ES. Para establecer el diagnóstico se exige el criterio mayor o dos menores (ver Tabla IV), con una sensibilidad del 91 por ciento y especificidad superior al 90 por ciento.

Tabla IV
Criterios de clasificación de la esclerodermia sistémica
American College of Rheumatology (1980)

Criterio mayor:
     Cambios esclerodermiformes (engrosamiento o induración no puntiforme) en

     cualquier localización proximal a las articulaciones metacarpofalángicas y
     metatarsofalángicas, excluyendo las formas locales de esclerodermia.

Criterios menores:
     Esclerodactilia.
     Cicatrices puntiformes en los pulpejos de los dedos.
     Fibrosis pulmonar bibasal.

(Subcommittee for scleroderma of the American Rheumatism Association Diagnostic and Therapeutic Criteria Committee. Preliminary criteria for the classification of systemic sclerosis (scleroderma). Arthritis Rheum 1980; 23: 581-590)

Evolución y pronóstico

La mortalidad y la incapacidad son mayores en los pacientes con esclerodermia difusa. En los pacientes con forma limitada, la aparición de hipertensión pulmonar, malabsorción intestinal o cirrosis biliar primaria se asocia con mal pronóstico.

Tratamiento

No hay ningún tratamiento específico ni curativo. Existen numerosas terapias para cada una de las manifestaciones de la enfermedad:

Fenómeno de Raynaud.
Medidas generales como protegerse del frío y del estrés, abstenerse del tabaco y del café, y evitar fármacos que producen vasoespasmo como beta-bloqueantes, anfetamínicos o ergotamínicos. Los fármacos recomendados son los antagonistas de los canales del calcio (principalmente nifedipino, pero también diltiazem o amlopinino) y antiagregación. En caso de que éstos sean insuficientes se aconseja añadir bloqueantes de la vasoconstricción simpática como prazosín. En los casos de isquemia severa se usan infusiones de PGE1 y del análogo de prostaciclina iloprost, perfusión intraarterial de fentolamina, bloqueo simpático cervical intermitente y simpatectomía digital.

Tratamientos modificadores de la enfermedad.
Ninguno con eficacia definitiva. Se ha usado la d-penicilamina por su efecto inhibidor en la síntesis de colágeno y sus propiedades inmunomoduladoras. Disminuye el engrosamiento cutáneo e impide la afectación visceral, pero el problema principal es la elevada incidencia de efectos secundarios (glomerulonefritis, anemia aplásica, leucopenia, trombopenia y miastenia gravis). No hay acuerdo general sobre la eficacia de los inmunosupresores. Los corticoides están indicados en la fase inicial edematosa, para el control de la artritis refractaria a AINEs y en pacientes con miositis inflamatoria o pericarditis. Se aconseja el uso de antiagregantes plaquetarios que disminuyen la adherencia de las plaquetas a los vasos lesionados. No está claro el papel de la colchicina, pero se puede usar para reblandecer la piel rígida.

El tratamiento de las afeciones viscerales incluye IECAs si existe hipertensión arterial, antiH2 u omeprazol si esofagitis, anibióticos en caso de disbacteriosis intestinal con malbsorción, laxantes y AINEs si artritis. En la afectación pulmonar severa se puede ensayar el tratamiento con ciclofosfamida en bolos intravenosos, con resultados dispares. Cuando aparece fibrosis es irreversible.

 

Dermatomiositis/polimiositis

La dermatomiositis (DM) es un proceso autoinmune de etiología desconocida, que se caracteriza clínicamente por debilidad muscular de predominio proximal y simétrico con lesiones cutáneas características. Junto con la polimiositis (PM) y la miopatía por cuerpos de inclusión, forma parte del grupo de miopatías inflamatorias idiopáticas. La tercera parte de los casos se asocia a enfermedades del tejido conectivo, y un 10 por ciento a neoplasias malignas. La incidencia es de 2-3 casos por 100.000 habitantes, y son más frecuentes en el sexo femenino. La DM se puede manifestar a cualquier edad, pero existen dos picos de máxima incidencia, uno en la infancia (generalemente en menores de 10 años), y otro entre los 45 y 60 años. La PM rara vez comienza antes de la tercera década.

Etiopatogenia

La etiología es desconocida y todavía se desconoce cuál es el mecanismo patogénico exacto, pero se han implicado múltiples agentes causales, incluyendo factores genéticos, agentes infecciosos, drogas, productos químicos y mecanismos autoinmunes. Los pacientes con DM tienen una incidencia elevada de HLA-B8 y HLA-DR3. Entre los agentes infecciosos se han sugerido las infecciones por Coxsackie, el virus de la parotiditis, adenovirus, virus linfotropos T, toxoplasmosis y el VIH, pero no se ha demostrado la presencia de genoma vírico en el músculo inflamado. En relación con otros factores exógenos, se ha descrito asociación con la exposición a radiaciones ultravioletas o la ingesta de algunas drogas como la d-penicilamina, etanol, cimetidina o clofibrato.

Existen diversas razones que avalan la patogenia autoinmune. Entre ellas cabe destacar la asociación de DM con otras enfermedades que cursan con una respuesta inmune alterada, la producción de autoanticuerpos, la respuesta inflamatoria en los órganos diana o el efecto beneficioso de la terapéutica inmunosupresora. En la PM se ha demostrado que la necrosis de las fibras musculares se debe a activación de linfos T CD8+, acompañados de células T CD4+ y macrófagos. Por otro lado, en la DM existe estimulación de la células B por las células T, con depósito en los vasos intramusculares de inmunoglobulinas y del complejo de ataque del complemento C5b-9. Lo más probable, al igual que ocurre en otros procesos autoinmunes, es que la enfermedad sea el resultado de una respuesta inmune aberrante, desencadenada por un agente externo, en un individuo genéticamente predispuesto.

Clasificación

La clasificación más ampliamente utilizada es la de Bohan y Peter de 1975. Esta clasificación está basada en aspectos fundamentalmente clínicos, y divide las miopatías inflamatorias en las siguientes categorías:

Grupo I: Polimiositis idiopática primaria (30 por ciento).

Grupo II: Dermatomiositis primaria idiopática (30 por ciento).

Grupo III: DM o PM asociada a neoplasia (8 por ciento).

Grupo IV: DM o PM infantil asociada a vasculitis (8.20 por ciento).

Grupo V: PM o DM asociada a enfermedades del tejido conectivo (síndromes de solapamiento) (20 por ciento).

La clasificación no incluye un subgrupo reconocido de pacientes con manifestaciones cutáneas de DM en ausencia de afectación muscular, que se conoce como dermatomiositis amiopática. Muchos autores consideran que las diferencias entre DM y PM son más académicas que prácticas, y que ambas entidades constituirían formas de expresión diferentes de un mismo proceso patológico, en uno de cuyos extremos se encuentran los enfermos con afectación exclusivamente muscular (PM), en el polo opuesto los pacientes con lesiones cutáneas sin miopatía (DM amiopática), y en el centro aquéllos con una combinación de ambos problemas (DM). Por el contrario, hay otros autores que defienden que las diferencias clínicas, morfológicas e inmunopatogénicas de la DM y PM indican que se trata de dos procesos diferentes.

Manifestaciones clínicas

Grupo I. Polimiositis idiopática primaria.
El dato fundamental es la debilidad muscular de predominio proximal y simétrico, que se desarrolla de forma subaguda en el curso de semanas a meses. Primero suele afectarse la musculatura de la cintura pelviana, con dificultad para incorporarse desde una posición en cuclillas o un asiento bajo, o para subir escaleras. Posteriormente, se afecta la cintura escapular, y los pacientes refieren dificultad para peinarse o colocar objetos en un altillo. A veces el cuadro está restringido a músculos del cuello, hombro y cuádriceps. La atrofia muscular, las contracturas y la disminución de ROT son poco frecuentes en fases iniciales. Nunca se afecta la musculatura ocular y rara vez la facial. El compromiso de la musculatura estriada faríngea se manifiesta por disfagia. Pueden existir arritmias cardíacas e insuficiencia cardíaca por miocarditis, y en algunos casos se detecta afectación respiratoria con neumonía linfocitaria, bronquiolitis obliterante, edema pulmonar o fibrosis.

Grupo II. Dermatomiositis idiopática primaria.
Las alteraciones cutáneas pueden aparecer antes o después de la afectación muscular. Existen 4 tipos de erupción: 1) eritema localizado o difuso; 2) erupción maculopapular; 3) dermatitis eccematoide descamativa; y 4) dermatitis exfoliativa. Las lesiones más específicas son el exantema heliotrópo y las pápulas de Gottron. El primero consiste en una erupción violácea, a veces con edema, en párpados, nariz, mejillas, frente y tórax. Típicamente ocupa el surco nasogeniano, a diferencia del eritema malar del lupus en el que no suele estar afectado. Las pápulas de Gottron son placas eritematosas o violáceas sobre los nudillos o en la superficie de extensión de los codos y las rodillas. Las lesiones pueden ulcerarse y en niños puede haber calcificaciones subcutáneas. El prurito puede ser intenso. La piel de las palmas de las manos y de los dedos puede presentar una textura áspera y agrietada, con líneas de aspecto sucio («manos de mecánico»), frecuentes en los enfermos con síndrome antisintetasas. El síndrome antisintetasas se caracteriza por miositis, mayor frecuencia de neumonitis intersticial, artritis, fiebre, «manos de mecánico», anticuerpos anti-Jo1 y escasa respuesta al tratamiento.

Grupo III. Polimiositis o dermatomiositis asociada a neoplasia.
Predomina en mayores de 60 años y es poco frecuente en casos infantiles y asociados a otras conectivopatías. Los tumores más comunes son pulmón, ovario, mama, tracto gastrointestinal y trastornos mieloproliferativos. La neoplasia puede preceder o seguir al comienzo de la miositis hasta en 2 años. El screening de neoplasia en pacientes con DM debe incluir una historia clínica y exploración física completa (incluyendo mamas, tacto rectal y exámen ginecológico), hemograma, perfil bioquímico, sedimento de orina, electroforesis e inmunofijación de proteínas plasmáticas, sangre oculta en heces, radiografía de tórax, citología de esputo, mamografía, ecografía abdomino-pélvica y Ca-125 en mujeres (marcador tumoral de la neoplasia ovárica).

Grupo IV. Polimiositis o dermatomiositis infantil asociada con vasculitis.
Los primeros síntomas suelen ser el rash heliotropo con erupción en la región nasomalar que aparece tras exposición al sol y se confunde con quemadura solar. Posteriormente aparece debilidad y febrícula. Los signos y síntomas que tiene como sustrato patológico una vasculitis son más frecuentes que en adultos, como úlceras o perforación intestinal. La calcinosis subcutánea también es más frecuente que en el adulto.

Grupo V. Polimiositis o dermatomiositis asociada con enfermedad del tejido conectivo.
Las más frecuentes son artritis reumatoide, lupus sistémico, síndrome de Sjögren, esclerodermia y enfermedad mixta del tejido conectivo. Para incluir a un paciente en este grupo es necesario CPK elevada, además de EMG y biopsia muscular compatible.

Diagnóstico

Se establece por la existencia de un cuadro clínico típico, elevación sérica de enzimas musculares, alteraciones miopáticas en el electromiograma (EMG) y biopsia muscular.

Enzimas musculares. La más sensible es la elevación de la creatinfosfocinasa (CPK); también aumentan aldolasa, GOT, LDH y GPT. En la miositis asociada con enfermedades del tejido conectivo pueden ser normales.

Autoanticuerpos. Se detectan ANA en el 25-30 por ciento, especialmente en los casos asociados a otras enfermedades del tejido conectivo. Podemos encontrar anti-Mi-2 (DM-PM clásica), anti-PmScl (asociado a esclerodermia), anti-RNP (asociado a enfermedad mixta del tejido conectivo y LES), anti-SM (LES), anti-Ro y anti-La (LES y síndrome de Sjögren). El 30-40 por ciento tienen anticuerpos contra unas enzimas citoplasmáticas denominadas RNA-sintetasas. Son característicos de la DM y PM, pero no exclusivos, ya que también aparecen en pacientes con fibrosis pulmonar idiopática. El más frecuente es el anti-Jo-1, que se asocia con enfermedad pulmonar intersticial y con el síndrome antisintetasas.

Electromiograma. El estudio electrofisiológico es útil para confirmar la existencia de una miopatía. En las miopatías inflamatorias idiopáticas demuestra un patrón miopático inespecífico, con aumento de la actividad de inserción, descargas repetitivas de alta frecuencia y, durante la actividad voluntaria, presencia de potenciales de unidad motora con escasa amplitud, polifásicos y con reclutamiento anormalmente precoz.

Biopsia muscular. Es la prueba definitiva para establecer el diagnóstico. Hay que elegir los músculos más afectados clínicamente para obtener mayor rendimiento, y evitar los analizados en la EMG por la posibilidad de falsos positivos. Recientemente se ha demostrado la utilidad de la resonancia magnética nuclear para identificar los grupos musculares afectados. Hasta un 10 por ciento de los casos presentan biopsias normales. Los hallazgos histológicos consisten en un infiltrado inflamatorio endomesial mixto que se distribuye por áreas perivasculares y septos interfasciculares, destrucción de fibras musculares y reacción fagocitaria.

La erupción cutánea de la DM es tan típica que se puede realizar el diagnóstico incluso si la biopsia no demuestra miositis. Además, si un paciente presenta el cuadro típico de DM, con erupción cutánea, debilidad proximal y CPK francamente elevada, puede diagnosticarse la enfermedad sin necesidad de biopsia.

Los mismos autores que elaboraron la clasificación de la DM-PM en 1975, son los que establecieron los criterios diagnósticos que permanecer en vigor (ver Tabla V).

Tabla V
Criterios diagnósticos de la dermatopolimiositis/polimiositis

  1. Debilidad simétrica de grupos musculares proximales, con evolución progresiva en el curso de semana o meses.
  2. Biopsia muscular compatible.
  3. Elevación plasmática de enzimas musculares.
  4. Hallazgos característicos en el EMG.
  5. Manifestaciones cutáneas de dernatomiositis.

Diagnóstico definitivo:
DM: 3 o 4 criterios (debe incluir manifestaciones cutáneas)
PM: 4 criterios (excluyendo las manifestaciones cutánesas).

Diagnóstico probable:
DM: 2 criterios (debe incluir manifestaciones cutáneas)
PM: 3 criterios (excluyendo las manifestaciones cutánesas).

Diagnóstico posible:
DM: 1 criterio (manifestaciones cutáneas)
PM: 2 criterios (excluyendo las manifestaciones cutánesas).

(Bohan A, Peter JB. Polymiositis and dermatomyositis. N Eng J Med 1975; 292: 344-348)

Diagnóstico diferencial

Miositis por cuerpos de inclusión

La miositis por cuerpos de inclusión (MCI) forma parte del grupo de miopatías inflamatorias idiopáticas junto a la DM y la PM. El diagnóstico se realiza por microscopia electrónica, donde se observa la presencia típica de tubulofilamentos. Las manifestaciones clínicas son similares a la PM idiopática, excepto en que suele iniciarse a una edad más avanzada, en la mayoría de los casos existe una debilidad de la musculatura distal además de la proximal, puede ser asimétrica hasta en el 30 por ciento, y la evolución es más crónica. Es 3 veces más frecuente en el varón. El EMG muestra un patrón miopático y la CPK suele estar elevada, aunque a títulos más bajos que en la PM-DM. Responde mal al tratamiento con esteroides, con imposibilidad para deambular a los 5-10 años del debut.

Otras enfermedades que cursan con miopatía: sarcoidosis, infecciones (toxoplasma, virus, enfermedad de Lyme, triquinosis, VIH), síndrome eosinofilia-mialgia, fascitis eosinofílica, síndrome de fatiga crónica, polimialgia reumática, distrofias musculares, hipotiroidismo, miopatías metabólicas, amiotrofia diabética, y secundaria a múltiples fármacos (anfotericina B, heroína, diuréticos, fibratos, cloroquina, colchicina, estatinas, AZT, etc)

Pronóstico

La tasa de mortalidad es 4 veces mayor que la población general por complicaciones pulmonares y cardíacas, con una supervivencia a los 5 años del 75 por ciento. La mayoría de los pacientes mejoran con el tratamiento. El 50 por ciento se recupera y puede suspender la medicación a los 5 años, y el 30 por ciento queda con debilidad residual estando la enfermedad inactiva.

Tratamiento

Los corticoides son el tratamiento de elección. En la DM se inician a dosis de 1 mg/kg/día durante 2-3 meses y cuando mejora la debilidad disminuir 5 mg/mes. El tratamiento es prolongado, en ocasiones hasta años. El control evolutivo se hace con los niveles séricos de CPK. Hay que tener en cuenta que los corticoides en dosis altas producen una miopatía con debilidad muscular similar a la de las miopatías inflamatorias idiopáticas, pero sin elevación de las enzimas ni debilidad de los músculos flexores del cuello. En la PM el tratamiento es menos enérgico, con dosis de 20-30 mg/día de prednisona. La erupción cutánea de la DM es fotosensible, por lo que se deberá evitar la exposición al sol, usar filtros solares y tratamiento con antipalúdicos. En los casos asociados a neoplasia, el tratamiento de ésta mejora la DM-PM, pero también suelen responder a los esteroides.

 

Síndrome de Sjögren

Enfermedad autoinmune crónica y progresiva, caracterizada por infiltración linfocitaria de las glándulas exocrinas, especialmente las glándulas salivares y lacrimales. El síndrome fue descrito por Henrik Sjögren en 1933. Es más frecuente en mujeres de edad media, con una prevalencia del 0'5-1 por ciento. Puede ser un trastorno primario, o asociado a otra enfermedad. De hecho, el 30 por ciento de los pacientes con enfermedad reumática autoinmune, sobre todo aquellos con artritis reumatoide, asocian un síndrome de Sjögren (SS) secundario.

Etiopatogenia

Se produce infiltración linfocitaria en los órganos afectados, fundamentalmente en las glándulas exocrinas, con predominio de linfocitos T-CD4 (colaboradores/inductores). Además, existe hiperactividad de linfocitos B y numerosas células plasmáticas que secretan inmunoglobulinas, muchas de ellas oligoclonales. Como consecuencia de la activación policlonal de linfocitos B, se detecta hipergammaglobulinemia y varios anticuerpos séricos contra antígenos no específicos, como el factor reumatoide y los ENAs Ro/SS-A y La/SS-B. Estudios recientes indican que el factor iniciador del proceso inmunitario puede ser un virus (en especial Ebstein-Barr y retrovirus), y que las células epiteliales de las glándulas exocrinas son las que actúan como células presentadoras de antígeno. Determinadas citokinas como en IFN gamma y la IL2 tienen un papel mediador importante en la cadena inflamatoria. También se ha descrito ha descrito asociación genética con el haplotipo HLA B8, DR3 y DRw52.

Manifestaciones clínicas

Los síntomas mayores que definen la enfermedad son la sequedad bucal y ocular. Un tercio de los pacientes presentan además afectación de otros órganos extraglandulares, y en ocasiones este transtorno benigno puede transformarse en un síndrome linfoproliferativo monoclonal de células B (linfoma no Hodgkin).

Afectación glandular

- Glándulas salivales: Se produce sequedad bucal o xerostomía con atrofia de papilas filiformes en el dorso de la lengua. Las parótidas y otras glándulas salivales están agrandadas en 2/3 de los pacientes en la forma primaria, pero es raro en la secundaria. El 65 por ciento desarrollan caries dentales, y en un 30-70 por ciento se complica con candidiasis oral. Las pruebas complementarias incluyen la sialometría, sialografía y gammagrafía. La biopsia de glándulas salivares menores confirma el diagnóstico.

- Glándulas lacrimales. Sequedad ocular con sensación de arenilla por queratoconjuntivitis seca. Sjögren describió el término "queratoconjuntivitis seca" para diferenciarlo de la sequedad ocular secundaria a otras causas, en especial el déficit de vitamina A, que se conoce como xeroftalmía. El diagnóstico se realiza midiendo el flujo lagrimal (prueba de Schirmer), determinando la composición de la lágrima (tiempo de disolución y contenido en lisozima), y con lámpara de hendidura tras tinción con rosa de Bengala para descubrir erosiones puntiformes y filamentos corneales.

- Afectación de otras glándulas exocrinas como el arbol superior respiratorio (xerotraquea), tubo digestivo (atrofia esofágica o gástrica, aclorhidria, disfagia y pancreatitis subclínica), piel y genitales externos.

Manifestaciones extraglandulares

Son raras en el SS asociado a artritis reumatoide. La tercera parte de los pacientes con SS presentan manifestaciones extraglandulares sistémicas, en especial astenia, febrícula, mialgias, artralgias con o sin artritis no erosiva y neumopatía intersticial difusa subclínica. El fenónemo de Raynaud se detecta en el 30 por ciento.

- Afectación pulmonar. La forma más frecuente es la enfermedad intersticial pulmonar, con deterioro de la capacidad de difusión, que suele ser asintomática. El signo más precoz es la aparición de crepitantes secos en las bases pulmonares, y los primeros síntomas pueden ser la tos y la disnea de esfuerzo. La fibrosis aparece hasta en el 8 por ciento de los pacientes. El análisis del lavado broncoalveolar revela un alto porcentaje de linfocitos, compatible con alveolitis linfocitaria. La afectación pulmonar es poco importante.

- Vasculitis. Es común la vasculitis leucocitoclástica que se manifiesta como púrpura palpable en las extremidades inferiores, siendo más frecuente en pacientes con anticuerpo anti-Ro/SSA y anti-La/SSB, crioglobulinas o factor reumatoide positivo.

- Afectación gastrointestinal y hepática. Es frecuente la disfagia por disminución de la producción de saliva y también por dismotilidad esofágica, similar a la que ocurre en la esclerodermia sistémica. También son frecientes la gastritis atrófica con aclorhidria y la presencia de anticuerpos anticélula parietal gástrica, aunque la anemia perniciosa sólo se detecta en un 3 por ciento. Existe asociación demostrada con enfermedades hepáticas como cirrosis biliar primaria, fibrosis portal o hepatitis crónica activa. Sin embargo, en todo paciente con síndrome de Sjögren y alteración de la analítica hepática debe descartarse antes la infección por el virus de la hepatitis C. El VHC produce un síndrome de Sjögren-like con sialoadenitis e infiltrado linfocitario, y en ocasiones se detecta factor reumatoide. Sin embargo, los anticuerpos antiRo/SS-A y La/SS-B están ausentes.

- Afectación neurológica. El 10 por ciento de los pacientes padecen una neuropatía periférica "en guante y calcetín", simétrica y mixta, con predominio de síntomas sensitivos. Puede encontrarse neuropatía de pares craneales (la más común es la del V par), y afectación medular con mielitis transversa o mielopatía crónica progresiva, y ocasionalmente afectación del sistema nervioso central con lesiones focales o difusas, que se manifiestan como meningitis aséptica, encefalopatía y alteraciones cognitivas que pueden evolucionar a demencia.

- Afectación renal. La afectación renal típica es una nefritis intersticial con trastornos en la función tubular (acidosis tubular renal tipo I), que se observa en el 25 por ciento de los casos. La glomerulonefritis es rara en ausencia de vasculitis, crioglobulinemia o lupus asociado.

- Linfomas y pseudolinfomas. Existe un riesgo aumentado de desarrollar una enfermedad linfoproliferativa maligna (linfomas no Hodgkin), con una prevalencia aproximada del 2’5 por ciento. Se dice que el risgo de LNH está incrementado 44 veces respecto a la población normal, con un riesgo individual del 6 al 10 por ciento. Debe sospecharse la transformación a linfoma en pacientes con hipertrofia parotídea persistentes, linfadenopatía regional o generalizada, hepatoesplenomegalia, infiltrados pulmonares, vasculitis, hipergammaglobulinemia, anemia, VSG elevada y/o presencia de crioglobulinas monoclonales.

Diagnóstico

Existen varias propuestas de criterios diagnósticos para el SS (criterios europeos, criterios de Copenague, criterios de California, criterios japoneses), pero ninguna de ellas está globalmente aceptada. En la práctica clínica parece razonable establecer el diagnóstico en un individuo con queratoconjuntivits seca y xerostomía, sin otras causas que lo justifiquen, en quien se demuestra la presencia de autoanticuerpos o signos histológicos compatibles en una biopsia glandular. Se debe objetivar la xerostomía midiendo el flujo lagrimal con la prueba de Schirmer o con lámpara de hendidura tras tinción con rosa de Bengala. La biopsia de glándulas salivares se realiza en el labio inferior, y está indicada para confirmar la sospecha diagnóstica, especialmente en pacientes jóvenes con afectación sistémica o extraglandular, y para excluir otras causas de xerostomía o hipertrofia glandular (ver diagnóstico diferencial). En la actualidad se está introduciendo la ecografía como una técnica diagnóstica útil para detectar áreas de inflamación glandular. La correlación con los resultados de la biopsia parece ser excelente, y se trata de una técnica menos cara y no invasiva.

Entre los diferentes criterios que existen en la actualidad hemos seleccionado los Criterios Europeos (ver Tabla VI). Para el diagnóstico de SS se requieren 4 criterios y con 3 criterios el diagnóstico es probable.

Tabla VI
Diagnóstico del Síndrome de Sjögren Criterios Europeos

  1. Síntomas oculares (1 de ellos)
    Sensación de boca seca durante más de 3 meses.
    Tumefacción recurrente de las glándulas salivares.
    Necesidad de beber líquidos para deglutir alimentos secos.

  2. Síntomas oculares (1 de ellos)
    Sequedad ocular diaria durante más de 3 meses.
    Sensación de arenilla ocular recurrente.
    Necesidad de usar lágrimas artificiales más de 3 veces al día.

  3. Signos oculares (1 de ellos)
    Prueba de Schirmer < 5 mm en 5 minutos.
    Puntuación de 4 o más en la tinción de rosa de Bengala.

  4. Alteración de glándulas salivares (1 de ellos)
    Gammagrafía parotídea con déficit difuso de captación.
    Sialografía con alteraciones difusas ductales y acinares.
    Flujo salival sin estimular de 1'5 ml o menos en 15 minutos.

  5. Histopatología
    Biopsia de glándula salival menor con proliferación focal de linfocitos (se requiere más de un foco/4 mm2).

  6. Inmunología (1 de ellos): ANA o FR o Anti-Ro/SS-A o Anti-La/SS-B.

Fox RI, Saito I. Criteria for diagnosis of Sjögren’s syndrome. Rheum Dis Clin North Am 1994; 20: 391-407

Diagnóstico diferencial

El síndrome seco es una queja frecuente en las consultas del médico generalista. Cerca del 40 por ciento de la población anciana refieren sensación de sequedad bucal u ocular, en parte por atrofia glandular fisiológica asociada la edad. Sin embargo, sólo el 10 por ciento de estos pacientes tienen evidencia objetiva de una producción salivar o lacrimal disminuida. En términos extrictos y objetivos, se calcula que el 3’5 por ciento de la población presenta xeroftalmía o xerostomía. El diagnóstico diferencial en este grupo de pacientes incluye todas las causas de síndrome seco, fundamentalmente la hipovitaminosis A, fármacos (antidepresivos, antihistamínicos, anticolinérgicos, diuréticos y neurépticos), diabetes mellitus mal controlada, y otras enfermedades sistémicas como sarcoidosis, amiloidosis y la sialoadenitis linfocitaria de la infección VIH. Entre las causas de hipertrofia parotídea bilateral hay que destacar las infecciones virales (virus Ebstein Bar, citomegalovirus, parotiditis y coxackie A), amiloidosis, enfermedades granulomatosas (sarcoidosis, tuberculosis o lepra), infección VHC, liperlipidemia, cirrosis y alcoholismo, acromegalia o anorexia.

Tratamiento

El objetivo del tratamiento es aliviar los síntomas y evitar complicaciones. Se aconseja el uso de lágrimas artificiales e ingesta de líquidos frecuentes. Los chicles sin azúcar con sabores cítricos y las bebidas de zumo de limón estimulan la secreción de saliva. Se deben evitar los fármacos que empeoren la función salival y lagrimal como los diuréticos y antidepresivos. Es aconsejable realizar visitas frecuentes al dentista (cada 6 meses) para controlar la caries. Los agentes mucolóticos como la bromexina o la acetilcisteína pueden aliviar los síntomas aumentando la producción de moco. La pilocarpina oral puede usarse en casos severos de xerostomía a dosis de 5 mg 3 veces al día, pero los efectos secundarios muscarínicos limitan su uso. La hidroxicloroquina es eficaz en las artralgias y disminuye las gammaglobulinas, los anticuerpos anti-La/SSB y la VSG. Las manifstaciones extraglandulares graves se tratan con esteroides e inmunosupresores.

 

Enfermedad mixta del tejido conectivo

La enfermedad mixta del tejido conectivo (EMTC) fue descrita hace 25 años. Se caracteriza por la presencia de títulos elevados de anticuerpos contra una ribonucleoproteína nuclear (U1-RNP), en asociación con rasgos de lupus eritematoso, esclerodermia y polimiositis.

La presencia de anticuerpos anti-U1-RNP a títulos altos es el dato principal que diferencia esta enfermedad de los síndromes de solapamiento y la enfermedad indeferenciada del tejido conectivo. El síndrome de solapamiento (overlap) consiste en la asociación en un mismo paciente de dos o más enfermedades del tejido conectivo: LES, esclerodermia, polimiositis, dermatomiositis y artritis reumatoide (cada una de las cuales con criterios suficientes para establecer el diagnóstico). Hablamos de enfermedad indiferenciada del tejido conectivo en pacientes con manifestaciones clínicas que sugieren diferentes conectivopatías, y que, sin embargo, no se ajustan a un patrón de enfermedad determinado. Se ha visto que en el seguimiento evolutivo de estos pacientes pueden aparecer criterios suficientes para clasificarlos en una enfermedad determinada, permanecer en una indefinición persistente o incluso remitir.

El hecho de que los anticuerpos anti-U1-RNP puedan encontrarse en otros pacientes (sobre todo con LES) ha llevado a algunos autores a dudar de la existencia de la EMTC como una enfermedad con entidad propia. Sin embargo, los pacientes con EMTC parecen tener características clínicas y pronósticas diferenciales.

La enfermedad es más común en mujeres, en la segunda o tercera década de la vida. El único agente ambiental que se ha asociado a su presencia es el sílice y el cloruro de vinilo; no se conoce asociación con fármacos ni con la exposición solar.

Manifestaciones clínicas

Los síntomas iniciales son inespecíficos. Puede presentarse en forma de fiebre de origen desconocido. En la evolución pueden afectarse la mayoría de los órganos. Los datos clínicos característicos de la EMTC incluyen alteraciones cutáneas (fenómeno de Raynaud, que suele ser un síntoma precoz, y manos edematosas con esclerodactilia), músculo-esqueléticas (miositis, sinovitis y artritis más severa que en el LES, con deformidades características de la artritis reumatoide), digestivas (alteración de la motilidad esofágica en el 70 por ciento), y cardio-pulmonares (alteración de la capacidad de difusión pulmonar, serositis o hipertensión pulmonar). La incidencia de nefritis y afectación severa del SNC es escasa o nula, aunque puede aparecer en casos de evolución prolongada. También, en el curso de la enfermedad, pueden presentarse síndrome de Sjögren o datos definidos de esclerosis sistémica.

El único dato de laboratorio específico es la presencia de anticuerpos anti-U1RNP, especialmente los dirigidos contra la proteina 68kD. Los títulos de anticuerpos antinucleares son muy elevados, con patrón moteado en la inmunoflourescencia, y los anti-DNA están ausentes o en niveles bajos. Se detecta factor reumatoide en el 50-70 por ciento y la mayoría tienen hipergammaglobulinemia.

Diagnóstico

Entre los criterios diagnósticos existentes, los más aceptados son los de Alarcón-Segovia (ver Tabla VII), con una sensibilidad del 63 por ciento y una especificidad del 86 por ciento. El criterio serológico es imprescindible. Si existen además 3 ó más criterios clínicos se puede establecer el diagnóstico.

Tabla VII
Criteros diagnósticos de la EMTC
(Alarcón-Segovia, 1987)

Criterio serológico
      Anticuerpos anti-U1RNP > 1:1600
      (hemaglutinación).

Criterios clínicos
      Manos edematosas.
      Miositis.
      Sinovitis.
      Acroesclerosis.
      Fenómeno de Raynaud.

(Alarcón-Segovia D, Villareal M. Classification and diagnostic criteria for mixed connective tissue disease. In: Mixed Connective Tissue Disease and Antinuclear Antibodies. Kasukawa R, Sharp GC (Eds). Elsevier, Amsterdam 1987:33).

Pronóstico y tratamiento

La enfermedad puede evolucionar hacia el mantenimiento de los síntomas mixtos, hacia la resolución, o hacia la expresión clínica dominante de una alteración específica, como la miositis, la artritis, la esclerodermia o el compromiso pulmonar.

El tratamiento depende del problema predominante. Los AINEs pueden ser suficientes para el tratamiento de la artritis, los vasodilatadores para el fenómeno de Raynaud, los antipalúdicos para las alteraciones cutáneas, los corticoides para la serositis o las alteraciones musculares, y los inmunosupresores, como ahorradores de corticoides (azatioprina) o para manifestaciones mayores (ciclofosfamida).

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