ENFERMEDAD
INFLAMATORIA INTESTINAL
E
nfermedad de Crohn
Inmunopatogénesis
El intestino es capaz de suprimir o, mejor, mantener bajo
control, la respuesta inmune al paso continuo de gérmenes de la flora bacteriana,
antígenos de la dieta y otros, conocido en su conjunto como la tolerancia oral. Se ha
sugerido que la enfermedad inflamatoria no es más que una ruptura en ese equilibrio. El
epitelio intestinal normal contiene antígenos de histocompatibilidad endógenos de clase
II, HLA-DR y HLA-DP, que son de suma importancia para el procesamiento de antígenos
exógenos. La distribución de estos antígenos guarda una relación sorprendente con la
distribución de las lesiones en la EC; nula presencia en el estómago con un pico en el
íleon y otra vez disminuyendo, aunque se mantiene por encima de la normalidad en el
intestino grueso.
La atención se ha centrado, también, en el papel que las
citocinas juegan, en este caso IL-1, IL-2, IL-8 y TNFa, todas ellas del grupo de la respuesta inflamatoria Th1, como perpetuadores
de la respuesta inflamatoria16. De la misma
manera, la falta de una citocina contrarreguladora de la respuesta Th1 como IL-10 produce
la aparición de una respuesta inflamatoria intestinal en ratones deficientes en esta
citocina17. Asimismo, un hallazgo consistente
es la disminución del ratio IL-1 y el antagonista del receptor de esta citocina18. Resulta curioso comprobar que algunos
estudios sugieren que los pacientes con EC tienen una permeabilidad de la mucosa
intestinal aumentada19 20. Basados en estos hallazgos, se baraja la
hipótesis que la EC se inicia con la llegada de gérmenes de la flora bacteriana en zonas
más profundas de la pared intestinal, como la lámina propia, gracias a una permeabilidad
de la pared intestinal aumentada en estos pacientes, y allí se ponen en contacto con las
células inmunológicas de esa zona (que, normalmente, tienen características diferentes
que los linfocitos intraepiteliales) y, en un paciente predispuesto (genética, influencia
ambiental
), propiciaría el inicio de una reacción inflamatoria descontrolada que
rompería el equilibrio que permite el mantenimiento de la tolerancia oral en el
intestino. En este sentido, es interesante señalar que los ratones deficientes para IL-10
no tienen inflamación intestinal hasta que hay una colonización de su intestino con
flora bacteriana. Si se mantienen en condiciones estériles, el proceso inflamatorio no
llega a aparecer nunca poniendo de relieve su importancia en la patogénesis.
Anatomía patológica
Distribución anatómica
La EC puede afectar cualquier tramo del tubo digestivo desde
la boca al ano. Los pacientes pueden ser clasificados en tres grupos anatómicos en base a
los hallazgos radiológicos y endoscópicos: 1) con afectación sólo del intestino
delgado (30 a 40 por 100); 2) con afectación del intestino delgado y grueso (40 a 55 por
100); y 3) sólo afectación colónica (15 al 25 por 100). Entre el 75 por ciento o más
de pacientes con afectación del intestino delgado, un 90 por ciento tienen afectación
del íleon terminal21.
Aspecto macroscópico22
El aspecto de la EC es muy similar cualquiera que sea el
área del tracto gastrointestinal afectado con diferencias dependiendo de la anatomía
local y del grado de actividad en el momento de la resección. El íleon terminal es el
área más comúnmente afectada, seguido de la enfermedad anorrectal y colónica. Tres
patrones macroscópicos son característicos. En primer lugar el patrón de las úlceras
es serpiginoso y discontinuo. En una fase inicial estas úlceras se presentan a modo de
lesiones aftosas, también muy características. El segundo patrón es el de estenosis
"en tubo", con pérdida absoluta de haustración o relieve. Podemos encontrar
este patrón en cualquier área del intestino. Por último, el patrón en
"empedrado", en el cual islotes de mucosa ingurgitada por el proceso
inflamatorio están circunscritas por ulceraciones que interconectan. La ulceración con
fisura también puede sumarse al conjunto de rasgos macroscópicos de esta enfermedad.
Estas fisuras son las bases de los procesos fistulosos.
Es interesante resaltar que la afectación del intestino es
segmentaria con áreas sanas intercaladas. La afectación de todo el grueso de la pared
puede llevar a la afectación de la serosa y tejido adiposo que recubre el colon. Este
signo es un indicador muy útil para el cirujano en el momento de la laparotomía.
Aspecto microscópico22
El granuloma es el principal hallazgo histológico que
permite la diferenciación entre EC y CU. El granuloma puede encontrarse a cualquier nivel
en el intestino, incluso en áreas sanas distanciadas de las zonas afectas. El número de
los granulomas decrece con la duración de la enfermedad.
La fisura es el segundo hallazgo microscópico
característico. Consiste en identaciones estrechas que se extienden desde una superficie
ulcerada hacia el interior de la pared hasta llegar a la submucosa o a la capa muscular.
El diagnóstico de EC puede hacerse sin la presencia de
granulomas ni fisuras con la objetivación del patrón de inflamación transmural. La
submucosa se torna más ancha
y fibrótica, constituyendo la base para las estenosis.
Esparcidos en la submucosa, en el músculo y, algunas veces, en la submucosa, se
encuentran agregados de linfocitos.
Otros hallazgos no son tan característicos de la EC y forman
parte del propio proceso inflamatorio como linfangiectasias, hiperplasia neural y
metaplasia de las glándulas del píloro.
Presentación clínica
Signos y síntomas
Los signos y síntomas de la EC son consecuencia de la
inflamación transmural crónica de los intestinos. Al ser el íleon terminal el lugar
más común de afectación, el perfil habitual de la clínica de la enfermedad es una
historia crónica de episodios recurrentes de dolor en el cuadrante inferior derecho del
abdomen y diarrea21.
La descripción del dolor en la EC es clásica. El dolor,
cólico pero de intensidad media, se localiza en el cuadrante derecho inferior o en la
región suprapúbica. Suele producirse por el paso de alimento por una zona estrecha,
edematosa e inflamada, por lo que el dolor, a menudo, precede, y se resuelve con la
defecación.
La diarrea es uno de los síntomas más característicos de
la EC. Su mecanismo no es del todo conocido, y se postula desde influencia de
sobrecrecimiento bacteriano hasta malabsorción de sales biliares o disminución de la
absorción de agua secundaria a la inflamación.
La fiebre es otra manifestación del proceso inflamatorio. No
obstante, no debería superar los 38o. Cualquier persistencia de picos febriles
acompañados o no de escalofríos significa, generalmente, una complicación de tipo
supurativo. La pérdida de peso es también común por una combinación de diarrea y
anorexia, pero es poco frecuente la malabsorción grave como causa etiológica.
La hematoquecia es una manifestación mucho menos frecuente
que en la CU y sólo suele afectar a los pacientes con afectación exclusivamente
colónica.
Otras veces la presentación más prominente es la perianal
con fisuras, fístulas y abscesos. En algún momento de la evolución de la enfermedad, un
tercio de los pacientes llegan a presentar complicaciones perianales, particularmente
aquéllos con afectación colónica.
Otros patrones de la enfermedad
Obstructivo
La obstrucción es una característica importante en la
historia natural de la EC. Puede tomar varias formas. En los períodos iniciales de la
enfermedad, la combinación de edema en la pared intestinal y espasmo produce
manifestaciones obstructivas intermitentes con incremento del dolor postpandrial. Esta
combinación de espasmo y edema es el fenómeno responsable del hallazgo radiológico
conocido como "signo de la cuerda". A lo largo de los años, esta inflamación
evoluciona hacia una estrechez fibroestenótica. Los pacientes refieren, en este caso, una
desaparición de las diarreas que acaba derivando en un estreñimiento. Superpuesto a este
cuadro crónico, se intercalan períodos de obstrucción intestinal aguda asociados,
habitualmente, a una recidiva inflamatoria que provoca un bloqueo completo del tránsito
intestinal.
Fistulizante
La inflamación transmural acaba afectando a la serosa
formando tractos fistulosos. Si estos tractos desembocan en una cavidad cerrada provocan
un absceso intraabdominal que deriva en un incremento en el dolor abdominal, fiebre en
picos, y una masa palpable. Un tracto fistuloso puede dirigirse hacia la pared posterior
desde el íleon hasta el retroperitoneo, englobando el uréter y causando hidrouréter e
hidronefrosis acalculosos.
Cuando estos tractos penetran en otras asas intestinales,
forman fístulas enteroentéricas, siendo la más común las ileoileales, íleocecales o
íleosigmoideas. Estas fístulas tienen, normalmente, poca relevancia clínica. Otras
fistulas, en cambio, pueden producirse entre el intestino grueso y estómago o duodeno
pudiendo derivar desde aliento pútrido hasta vómitos fecaloideos. Otras fístulas pueden
penetrar en los órganos pélvicos adyacentes como la vejiga urinaria, conocidas como
fistulas enterovesicales. Típicamente, se presentan con disuria o infecciones urinarias
de repetición o, con menos frecuencia, con pneumaturia o fecaluria, ambos signos
prácticamente patognomónicos de este tipo de fístulas. Aproximadamente, la mitad de los
pacientes con fístula enterovesical tienen un absceso intraabdominal acompañante que
suele requerir cirugía. Las fístulas enterovaginales son también una complicación
posible y se suele presentar con dispareunia. Mucho más frecuentes que estas fístulas
íleovaginales serían las rectovaginales fruto de una úlcera rectal penetrante.
Finalmente, las fístulas más avanzadas pueden desembocar en la piel constituyendo las
fístulas enterocutáneas. Normalmente, supuran a través de áreas cutáneas con menos
resistencia, como las cicatrices abdominales de intervenciones quirúrgicas previas. El
hecho que la EC es un proceso transmural crónico, provoca que la serosa se vuelva
adhesiva, disminuyendo sobremanera la posibilidad de una perforación libre. No obstante,
esta complicación grave y, potencialmente, fatal si se produce en el colon, puede ocurrir
en un 1-2 por ciento de los pacientes, normalmente en el íleon.
Manifestaciones extraintestinales
Las manifestaciones extraintestinales en la EC y CU abarcan
desde manifestaciones de simple curiosidad clínica a procesos de alta morbilidad e,
incluso, mortalidad. Estos síntomas pueden preceder, acompañar o comportarse de forma
independiente de la enfermedad intestinal subyacente. Tradicionalmente, se dividen en tres
categorías: 1) relacionadas con la actividad de la enfermedad intestinal; 2) normalmente
relacionadas con la actividad de la enfermedad intestinal; y 3) no relacionadas con la
enfermedad intestinal (ver Tabla I).
| Relacionadas con la
actividad de la enfermedad intestinal |
Normalmente relacionadas con la
actividad de la enfermedad intestinal |
No relacionado con la
enfermedad intestinal |
Artropatía periférica
Eritema nodoso
Episcleritis
Aftas bucales
Hígado graso |
Pioderma gangrenoso
Uveítis anterior |
Sacroileítis
Espondilitis anquilopoyética
Colangitis esclerosante primaria |
Piel23
Los más comunes son los rash cutáneos relacionados
con la terapia con sulfalazina o ácido 5-aminoacilsalicílico.
El eritema nodoso se produce en un 2-4 por ciento de
pacientes con CU activa. Se caracteriza por lesiones nodosas múltiples con tendencia a la
zona pretibial. Evoluciona con la enfermedad intestinal y suele tener poca relevancia
clínica.
El pioderma gangrenoso es raro y ocurre en 1-2 por ciento de
los pacientes. Está relacionado con la actividad de la colitis, aunque en raras ocasiones
puede continuar a pesar de que la enfermedad esté inactiva. Las lesiones suelen ser
múltiples y pueden aparecer tanto en el tronco como en las piernas. Se inicia como
pústulas que acaban ulcerándose. Histológicamente, el pioderma tiene las
características de un absceso estéril con marcado infiltrado neutrofílico. La
persistencia de un pioderma gangrenoso extenso y severo que afecta la grasa subcutánea es
una indicación para colectomía.
No es infrecuente la aparición de úlceras cutáneas con
presencia de granulomas24.
Boca
El 10 por ciento de los pacientes tienen lesiones aftosas
bucales.
Ojos
La epiescleritis y conjuntivitis son las
complicaciones oculares más comunes de la EII. El uso de corticoides tópicos es
suficiente para su control.
La uveitis anterior es la complicación más
importante de la EII por sus importantes secuelas. Hay que descartar esta entidad en
cualquier paciente con EII y síntomas oculares. El tratamiento precoz puede prevenir
importantes secuelas. La colectomía puede llegar a ser necesaria25
Manifestaciones articulares
Artritis periférica
Es la complicación más frecuente asociada a EII con una mayor prevalencia
en la EC colónica y CU. Típicamente, esta artritis se correlaciona con los ataques de la
EII. Son de aparición repentina, poliarticulares, seronegativas, asimétricas y
migratorias. Predomina en las grandes articulaciones como rodillas y tobillos. Su
tratamiento se basa en el control de la enfermedad intestinal23.
Artropatía axial
Sacroileítis. Suele ser asintomática por lo que se trata más de
un hallazgo radiológico que de un problema clínico real. En muchos pacientes su
diagnóstico precede al de la EII. Cuando el dolor está presente no se correlaciona con
la actividad de la EII.
Espondilitis anquilopoyética. Es más frecuente en
la EC que en la CU. En general, tiene un predominio ligero en el sexo masculino que tiende
a desaparecer cuando se asocia a EII. Más del 80 por ciento de los pacientes son
positivos para HLA-B27. Su historia natural es absolutamente independiente de la
enfermedad intestinal y la puede preceder en un largo período de tiempo. La
proctocolectomía no marca una diferencia en su evolución que es crónica, progresiva y
deformante. Se asocia, a menudo, con uveítis. Debería tratarse con fisioterapia y
antiinflamatorios no esteroideos pero con precaución porque podrían exacerbar la
enfermedad intestinal24.
Complicaciones hepatobiliares26
Hígado graso. Esta entidad se observa en hasta un
35 por ciento de los pacientes. Se asocia con más frecuencia a pacientes con enfermedad
de larga duración y malnutrición energético-proteica. Normalmente, es asintomático
aunque puede presentar cierta hepatomegalia y/o alteración de los enzimas hepáticos.
Puede regresar a la normalidad con la mejora de la inflamación intestinal y el estado
nutricional.
Hepatitis crónica. Esta complicación es
controvertida, ya que son pacientes con múltiples transfusiones y, por tanto, marcadores
virales positivos y existe la asociación con la colangitis esclerosante. No obstante,
cabe reseñar que, sobre todo en la CU, hay un pequeño grupo de pacientes con hepatitis
activa crónica que evoluciona a cirrosis con marcadores virales negativos y cualquier
signo clínico, biológico o colangiográfico de colestasis están ausentes. Su patogenia
es desconocida.
Cirrosis. La incidencia de cirrosis en pacientes con
EII es más alta que en la población general. La mayoría son casos de cirrosis biliar
secundaria a colangitis esclerosante.
Colangitis esclerosante primaria. Es la
complicación hepatobiliar relacionada con EII más frecuente (aparte del hígado graso).
Ha sido tradicionalmente asociada a la CU (3 por ciento pacientes), aunque también
aparece en EC. Prácticamente, el cien por cien de los pacientes con colangitis
esclerosante primaria tienen asociada EII27.
Es una inflamación crónica del árbol biliar y se diagnostica por colangiografía
retrógrada. Pueden verse involucrados tanto los conductos intra como extrahepáticos
dando la imagen característica en rosario. La etiología se desconoce aunque la mayoría
de pacientes tienen el haplotipo HLA-DR3 B8 y es frecuente la presencia de niveles bajos
de autoanticuerpos dirigidos al músculo liso, células parietales y antígenos nucleares.
Su patrón es perinuclear, diferente del nuclear de las vasculitis. La mayoría de
pacientes con colangitis tienen una colitis total de grado moderado. De hecho la colitis
puede pasar desapercibida en algunos casos si no se realiza una colonoscopia. La
evolución de la patología es progresiva e independiente de la enfermedad intestinal y
deriva en una cirrosis biliar secundaria como fase terminal del proceso. No tiene
tratamiento efectivo, aunque el ácido ursodesoxicólico parece retrasar la progresión de
la enfermedad.
Colangiocarcinoma. Pacientes con EII y colangitis
tienen 30 veces más posibilidades de desarrollar un colangiocarcinoma que la población
general. Se considera a la colangitis como una entidad premaligna, independientemente del
estadio de la enfermedad hepatica28. La presencia de colangiocarcinoma debe descartarse
ante cualquier paciente con colangitis que presenta un aumento repentino en la bilirrubina
sérica y/o un deterioro de la condición clínica inexplicadas. Las terapias alternativas
son resección quirúrgica o trasplante hepático sin una clara ventaja por ninguna de las
dos opciones terapéuticas.
Miscelánea
Amiloidosis. Más frecuente en la EC colónica que
en CU. Los depósitos de amiloide pueden comprobarse en varios tejidos (riñón, corazón,
hígado
), aunque el riñón es el más frecuentemente afectado. Su desarrollo no
parece relacionarse con la extensión de la enfermedad intestinal ni se ve influido por el
tratamiento de ésta29.
Pericarditis ha sido descrita en algunos pacientes
con CU pero no se ha probado si es una asociación real.
Clubbing o dedos en palillo de tambor. Son más
frecuentes en EC de larga evolución con afectación del intestino delgado.
Complicaciones tromboembólicas. El estado de
hipercoagubilidad de estos paciente favorece un aumento en la incidencia de fenómenos
tromboembólicos30.
Nefrolitiasis. La incidencia de nefrolitiasis está
también aumentada por combinación de factores como hipermetabolismo, deshidratación y
presencia de ileostomía, afectación grave del íleon o resección ileal. Las litiasis
más comunes son las de urato y oxalato24.
EC en la infancia, gestación y edad senil
Presentación en la infancia y adolescencia
Aproximadamente, un cuarto de los pacientes con EC se
presentan antes de los 20 años. A pesar de que los síntomas gastrointestinales son
similares a los del adulto, las manifestaciones gastrointestinales suelen ser más
prominentes. Artritis y artralgias son las manifestaciones más comunes con hasta el 15
por ciento de los niños y, a menudo, preceden en meses, o incluso años, los síntomas
intestinales. Los síntomas iniciales dominantes pueden ser retraso en el crecimiento,
fiebre de origen desconocido, anemia inexplicada o pérdida de peso31. Por tanto, el tratamiento en esta franja de
edad debe hacer hincapié en asegurar un soporte nutricional adecuado.
Fertilidad y gestación
Los datos en la literatura sugieren una disminución ligera
en la fertilidad. Algunas causas implicadas incluyen dispareunia secundaria a la
enfermedad perineal, líbido disminuida, ovulación irregular secundaria a enfermedad
crónica, obstrucción tubárica por el proceso inflamatorio e, incluso, consejo médico
(sin base real) de evitar la gestación.
En ausencia de enfermedad activa, la mujer gestante con EC
tiene un 80 por ciento de probabilidades de tener un parto normal; el 12 por ciento
tendrán abortos espontáneos; y el 5 por ciento requerirán aborto terapéutico. La
presencia de anormalidades congénitas ocurre en menos del 1 por ciento de los casos,
porcentaje que no difiere del que se observa en el grupo de mujeres sin enfermedad del
mismo grupo de edad32. No obstante, una
enfermedad activa en el momento en la gestación incrementa el riesgo de aborto
espontáneo o parto prematuro. Por otro lado, la gestación no supone ningún efecto
adverso en el desarrollo de la enfermedad.
Presentación en edad senil
El 15 por por ciento de los pacientes con EC tienen un debut
a edades superiores a los 50 años. Las manifestaciones clínicas suelen ser las mismas
que en poblaciones más jóvenes, pero la relativa baja frecuencia de aparición en estas
edades retrasa a menudo el diagnóstico. Los pacientes más ancianos pueden requerir con
más frecuencia intervenciones quirúrgicas, sobre todo para drenajes de abscesos y
fístulas y es más frecuente la afectación colónica con preponderancia en el lado
izquierdo22. Un importante punto en estas
edades es el diagnóstico diferencial con la diverticulitis. Tendría que sospecharse EC
preoperatoriamente si la supuesta diverticulitis se ha presentado de forma larvada o
recurrente y enfermedad anal o perineal en cualquier momento de su evolución. En algunos
casos, la EC coexiste con la diverticulitis. Se ha acuñado un término llamado
diverticulitis maligna que describe una forma especialmente agresiva con afectación
perianal extensa y una incidencia muy alta de recidiva postoperatoria.
Proceso diagnóstico
Estudios de contraste con bario
La confirmación diagnóstica suele depender de la
demostración radiológica del proceso patológico en el intestino delgado. La radiología
define la distribución basal y su naturaleza22.
A pesar de que la enfermedad puede variar en el grado de severidad dentro de los confines
de su localización, inicial, la extensión inicial en el intestino delgado no operado
raramente cambia, por tanto una re-exploración sólo estaría indicada cuando los
síntomas de los pacientes han cambiado claramente o bien se contempla la posibilidad de
una modificación importante del tratamiento. En el intestino grueso, el análisis
radiológico con contraste baritado se utiliza como complemento a la colonoscopia y tiene
la ventaja que permite la valoración de características como rigidez, edema submucoso,
pseudodiverticulitis y fistulización.
Endoscopia
La endoscopia es complementaria a la radiología y es
absolutamente importante para biopsias en las estenosis, masas o defectos de relleno que
se observaron en el contraste baritado. La intubación de la válvula ileocecal durante la
colonoscopia permite el examen y biopsia del íleon terminal33.
No obtante, una afta aislada en el íleon, en ausencia de cualquier otra evidencia de EC,
no es específica. Además, la endoscopia no tiene papel en el segumiento de la enfermedad
pues no hay correlación entre los hallazgos endoscópicos y la remisión clínica. La
endoscopia sí es útil para descartar afectación gastroduodenal34.
Tomografía computarizada (TC)
La TC puede tener su papel en la EC, ya que a pesar de no
detectar inflamación de la mucosa, puede demostrar un engrosamiento transmural y es
también la exploración de elección para el diagnóstico de complicaciones extramurales35. La TC continúa siendo superior que la
resonancia magnética (RM) en la evaluación de la EC intra-abdominal pero la RM parece
ser superior para la evaluación de lesiones en el área pélvica como son abscesos
isquiorrectales o fístulas perirrectales36.
Ultrasonografía
Esta exploración tiene un papel limitado en los pacientes
con EC establecida pero es útil en el diagnóstico diferencial de dolor en el cuadrante
inferior derecho, ya que permite detectar apendicitis, patología tubo-ovárica,
gestación ectópica y enfermedad inflamatoria pélvica. También para la valoración de
litiasis biliar en los pacientes con resección ileal35.
Índices de actividad de la EC24
Muchos han sido los esfuerzos para definir un índice de
actividad adecuado para la EC. Ello es debido a las propias características de la
enfermedad. La EC es una condición patológica crónica e insidiosa que puede presentar
remisiones espontáneas. En estos casos puede ser difícil dilucidar la existencia de
inflamación o no. Los índices de actividad más utilizados son aquéllos que combinan
datos clínicos, biológicos y morfológicos. Los dos principales son:
Crohn's disease Activity Index (CDAI).
Incluye ocho variables independientes: frecuencia de las deposiciones, dolor abdominal,
sensación de bienestar, presencia de fiebre o complicaciones perianales o
extraintestinales, necesidad de fármacos antidiarreicos, presencia de masa abdominal,
hematocrito y peso corporal. No obstante, este índice ha sido criticado al depender en un
40 por ciento de datos subjetivos y supone un cálculo difícil aparte de no
correlacionarse con otros métodos de evaluación de actividad.
Índice de Van Hees. Su principal
ventaja es que no utiliza ningún dato subjetivo del enfermo e incorpora datos objetivos
indicativos de inflamación. Su principal problema es que se obtuvo de un número reducido
de pacientes con EC, lo que puede limitar su uso en algunos subgrupos de pacientes.
Además, dos de sus pricipales variables (seroalbúmina y temperatura corporal) pueden
alterarse por causas diferentes al grado de inflamación de la enfermedad.
Diagnóstico diferencial
El diagnóstico de la EC en el intestino delgado suele ser
claro. Tres pasos llevan al diagnóstico: una historia típica, empastamiento o masa en el
cuadrante inferior derecho abdominal y hallazgos radiológicos característicos en el
íleon terminal. No obstante, y como resulta obvio, no todas las enfermedades
inflamatorias del cuadrante inferior derecho, ni tan sólo lesiones en el íleon y ciego
son EC. Dos son los desórdenes en el área que se pueden confundir con EC de intestino
delgado: a) enfermedad inflamatoria en órganos o nódulos linfáticos adyacentes que
producen dolor agudo en el cuadrante inferior derecho sugestivo de ileítis; y b)
cualquier enfermedad de carácter neoplásico, vascular, infeccioso, infiltrativo que
involucre el intestino delgado22.
Entre los procesos inflamatorios cabe destacar, ante todo, la
apendicitis aguda. A pesar de que la apendicitis subaguda puede ser recurrente, la
principal característica diferencial es que aparece sin una historia previa de síntomas
crónicos intestinales y el dolor suele inciarse como un disconfort epigástrico que suele
derivar al cuadrante derecho. También, estreñimiento y no diarrea suele estar presente
en este caso. El diagnóstico diferencial más difícil es con el abceso apendicular, ya
que los síntomas tienen una evolución de semanas e, incluso, meses y puede presentar
alteraciones radiológicas en el íleon. En casos de alta sospecha, la práctica de
laparotomía es obligada para evitar posibles complicaciones mayores. En el caso que el
diagnóstico por exploración sea de EC, también es recomendable la extracción del
apéndice para evitar futuros dilemas.
Otro orden de entidades hacen referencia a la zona
tubo-ovárica, especialmente la enfermedad inflamatoria pélvica y el embarazo ectópico.
En estos casos, normalmente los síntomas ginecológicos serán más prominentes que los
gastrointestinales.
En cuanto a neoplasias, el carcinoma de ciego puede
originarse en la válvula ileocecal y extenderse al ciego. Debería sospecharse en un
paciente anciano con síntomas de ileítis y sin ningún otro síntoma acompañante. Otras
neoplasias serían los linfosarcomas o metástasis.
Enfermedades vasculares. También pueden imitar la
EC, sobre todo, la forma de ileítis isquémica que se asocia a mujeres tomando
contraceptivos orales. Entre las vasculitis sistémicas la enfermedad de Behçet puede
confundirse con EC, ya que se asocia a úlceras orales, iridociclitis, artritis, eritema
nodoso y tromboflebitis. No obstante, en esta enfermedad, los síntomas oculares, las
ulceraciones dolorosas en la boca y genitales suelen dominar el cuadro clínico.
Otra entidad que puede mimetizar EC es la enteritis por
radiación pero el antecedente es claro, en este caso.
Los cuadros infecciosos pueden dar lugar a problemas
diagnósticos. En este sentido, destaca la tuberculosis íleocecal. La presencia
de un test de tuberculina con o sin afectación pulmonar debería hacer pensar en esta
posibilidad37. La presencia de granulomas
confluentes y con caseificación central en las lesiones es altamente sugestivo. Estos
granulomas pueden aparecer en ganglios mesentéricos sin que estén presentes en la pared
intestinal, probablemente, como manifestación de extensión por la ruta peritoneal. En EC
no se observan granulomas en los ganglios sin que existan también en la pared intestinal.
La imagen endoscópica de la imagen en "empedrado" típica de EC debe ayudar
también al diagnóstico, ya que éstas no se observan en la tuberculosis.
Otras infecciones podrían incluir las amebiasis, y la Yersinia
enterocolítica38, procesos infecciosos
relacionados con el síndrome de inmunodeficiencia adquirida. Hay que recordar que no
todos los germenes enterotóxicos afectan al íleon como el Campilobacter jejuni
que suele afectar al colon. El cultivo de las heces debería apuntar al diagnóstico.
Finalmente, algunos cuadros intestinales más raros pueden
causar algún problema diagnóstico. En esta categoría destaca una entidad rara, la yeyunoileítis
ulcerosa no granulomatosa crónica. Esta entidad reúne característica de la EC y la
enfermedad celíaca. El predominio de la malabsorción, pérdida de proteínas, atrofia
vellosa y falta de granulomas, fistulización o manifestaciones extraintestinales apunta
al diagnóstico.
Tratamientos médicos
Sulfasalazina
Este fármaco está formado por ácido 5 amioacilsalicílico
(5-ASA) unido a una sulfamida, sulfapiridina. Al llegar al colon se disocia por acción de
las bacterias de la flora intestinal. Ha demostrado su efectividad en varios estudios en
la remisión de la EC. No obstante, la efectividad para mantener remisión que tiene en la
CU no se ha demostrado en la EC, ni la capacidad para prevenir la recurrencia después de
la cirugía. Aparte de las reacciones de hipersensibilidad como rash cutáneo, existen
efectos secundarios dosis dependientes que se consideran consecuencia directa del
componente sulfamídico. Entre éstos se encuentran cuadros digestivos, esterilidad
masculina, fotosensibilidad, y anemia hemolítica con cuerpos de Heinz39. En vista de ello, se han desarrollado
recientemente otras formas galénicas de 5-ASA que no contienen este componente y que
tienen en cuenta que si se administra 5-ASA sola es absorbida en en el yeyuno y no llega a
íleon y colon. Así se puede administrar con un recubrimiento de resina sensible a los
cambios de pH conocido como mesalazina. Otra posibilidad es la olsalazina, un profármaco
fruto de la unión de dos moléculas de 5-ASA por un grupo azo, lo que impide su
absorción yeyunal. Varios estudios han demostrado que estos preparados son tan efectivos
como la sulfasalazina original40.
Corticoesteroides
Los corticoides sistémicos son efectivos tanto para la
afectación del intestino delgado como el grueso para el tratamiento de la enfermedad en
actividad. Su administración conjunta con sulfasalazina no parece conferir ninguna
ventaja en la respuesta terapéutica41. Los
esteroides tienen importantes efectos secundarios que previenen la posibilidad de
utilizarlos a largo plazo. La aparición de una nueva generación de corticoides con
acción tópica y una baja absorción que disminuye la posibilidad de efectos secundarios
sistémicos, constituye una nueva y prometedora arma terapéutica. La budesonida es el
principal ejemplo. Se mostró más efectivo que el placebo para conseguir la remisión en
pacientes con enfermedad activa. También parece tener un efecto en el mantenimiento de la
remisión, al menos durante el primer año, una vez que ésta se ha conseguido42.
Inmunosupresores
Azatioprina
Este fármaco interfiere con el metabolismo de los ácidos
nucleicos en la secuencia que sigue la estimulación antigénica. Su uso en la remisión
de la enfermedad activa con dosis de 2.0-2.5 mg/kg/día ha quedado demostrada en varios
estudios, con beneficios claros de hasta el 78 por ciento de los pacientes en un
meta-analisis de 8 trabajos43. También se ha
mostrado eficaz en el mantenimiento de la remisión. Pacientes que alcanzaron la remisión
con azatioprina tuvieron una recidiva de menos del 5 por ciento cuando este tratamiento se
mantuvo mientras que fue del 40 por ciento de pacientes en el que este fármaco se
utilizó de forma discontinua45. De hecho, la
controversia actual no está en su efectividad sino en su seguridad. Con el tiempo, su
perfil tóxico resulta más familiar y bajo control. Reacciones alérgicas clásicas (rash
cutáneos,
) acontecen en el 5 por ciento de los pacientes en las primeras semanas;
no obstante, en algunos casos pueden asociarse dolores articulares y en un 3 por ciento,
pancreatitis aguda. Esta pancreatitis es rápidamente reversible con la retirada del
fármaco. La leucopenia puede aparecer pero es dosis dependiente45. Una complicación más rara es la hepatitis.
La propia inmunosupresión puede provocar la aparición de infecciones hasta en un 7 por
ciento en diversas series pero sólo una pequeña parte llega a ser importante. Una de las
principales preocupaciones en el tratamiento a largo plazo es la aparición de neoplasias.
Es difícil implicar este fármaco, cuando la propia EC tiene un porcentaje aumentado de
aparición de neoplasias en su historia natural. Hay estudios prospectivos en marcha para
definir este punto pero hasta el momento no hay ningún resultado inequívoco para
corroborar una opción u otra. No hay ningún riesgo aumentado de malformaciones fetales
si está siendo administrado en el momento de la concepción o durante la gestación.
Metotrexate
Este fármaco también se ha revelado como una opción
prometedora en los pacientes corticorrefractarios. Está contraindicado en la gestación
por su potente efecto teratogénico y hay que controlar la función hepática por sus
potenciales efectos tóxicos en este órgano46.
Ciclosporina
Este fármaco, un potente supresor de los linfocitos T, tiene
un papel en el tratamiento a corto plazo de los pacientes con una enfermedad grave y
refractorios al uso de corticoides47.
Anticuerpos monoclonales antiTNF
La citocina proinflamatoria TNF tiene un importante papel
inmunogénico en el proceso inflamatorio de la EC. En la actualidad se cuenta entre la
batería de tratamientos con anticuerpos monoclonales dirigidos a esta citocina. El
anticuerpo con el que se cuenta más información es el infliximab. El infliximab consiste
en una molécula quimérica humana/ratón que se constituye como anticuerpo monoclonal
anti-TNF compuesta de la región constante de la inmunoglobulina humana G1 unido a la
región F variable del ratón con gran afinidad neutralizante del TNF humano48.
El tratamiento con anticuerpos monoclonales se ha mostrado
efectivo en conseguir remisión en un tercio de los pacientes con enfermedad de moderada a
grave y en un tercio de los pacientes con fístulas enterocutáneas, lo que subraya su
potencialidad como tratamiento alternativo en casos refractarios y, sobre todo, en la
enfermedad perianal48.
Antibióticos
El metronidazol es el antibiótico que ha demostrado más
eficacia en el tratamiento de EC como coadyuvante para conseguir remisión, así como en
procesos fistulosos. Su efecto parece ser una combinación de su actividad antimicrobiana
e inmunosupresora49. Algunos efectos
secundarios como gusto metálico, nauseas o vómitos, y, sobre todo, neuropatía
periférica pueden limitar su uso en ocasiones. Además, puede presentar una reacción del
tipo disulfiram cuando se ingiere alcohol concomitantemente con enrojecimiento facial,
palpitaciones, sudoración, y cefaleas.
A pesar de su acción sobre la flora bacteriana, no
interfiere en la escisión de la unión diazo de la sulfasalazina por lo que no afecta el
mecanismo de acción de este fármaco. El uso de corticoides puede acelerar el
aclaramiento de este antibiótico en pacientes con EC.
Hay estudios descritos con otros antibióticos con especial
atención recientemente al ciprofloxacino y la claritromicina que parecen también ser
efectivos22.
Terapia nutricional
La terapia nutricional se puede dividir en cuatro
subapartados: 1) coadyuvante para mantener el adecuado estado nutricional; 2) terapia
primaria; 3) terapia de mantenimiento para manejar un síndrome del intestino corto; y 4)
inductor del crecimiento en niños y adolescentes.
Como terapia primaria, las dietas elementales y poliméricas
parecen reducir la actividad de la enfermedad y su efecto es comparable al efecto de
muchos fármacos que se usan para tratar esta condición. No obstante, la simplicidad del
tratamiento con fármacos los convierte en la opción preferida.
Los diversos estudios realizados hasta el momento recogen las
siguientes conclusiones generales50
1) El tratamiento nutricional no es una buena alternativa
para conseguir la remisión en pacientes que tengan colitis.
2) La nutrición enteral puede inducir remisión de la
enfermedad en adultos y niños; en estos últimos, además, contribuye al proceso de
crecimiento51.
3) La eficacia de las dietas enterales parece depender de la
aceptación del paciente de este modelo de tratamiento y de su capacidad de consumir esta
dieta durante períodos prolongados.
La falta de palatilidad de la nutrición enteral, la
monotonía de una dieta líquida continua, y la necesidad frecuente de alimentación por
intubación oral lo hacen poco atractivo para gran número de gastroenterólogos. Pero, en
el lado positivo, las dietas enterales no tienen ninguno de los efectos secundarios que
comporta el uso prolongado de corticoides. Por otro lado, el precio de la nutrición
enteral se ha igualado con los nuevos preparados de 5-ASA que son mucho más caros que la
sulfasalazina original. Así, si una dieta demuestra un efecto similar a los corticoides,
debe considerársela como una alternativa de primer orden y esta dieta puede utilizarse en
los períodos de brote sin preocuparnos por los efectos secundarios. En la actualidad hay
estudios en marcha para demostrar con precisión la efectividad de estas dietas en
relación a los esteroides, mientras aparecen los resultados, su uso más claro es para el
tratamiento nutricional, para prevenir o tratar la malnutrición que suele acompañar a
muchos de estos pacientes.
El reposo intestinal como parte del tratamiento, practicado
durante mucho tiempo, no ofrece ninguna ventaja adicional al tratamiento general de esta
enfermedad e, incluso, parece que va en detrimento de la recuperación pues supone una
atrofia del epitelio intestinal que puede afectar a su capacidad regenerativa. De la misma
manera, la nutrición parenteral no ofrece ninguna ventaja sobre la nutrición enteral en
conseguir remisión, y además acarrea un número mayor de complicaciones.
Tratamiento quirúrgico
La operación preferible, siempre que sea posible, es la
resección del intestino afectado con restitución posterior de su continuidad. En casos
de colectomía, el pouch anal está contraindicado. Con afectación del recto, se
realizará una ileostomía, y si éste no está afectado se puede practicar una
anastomosis íleorectal. Este apartado con sus problemas, alternativas y complicaciones
será comentado de forma más extensa al final del temario.
Estrategias terapéuticas
Presentación inflamatoria
Cuando la enfermedad es leve o moderada, cualquiera que sea
su localización, los salicilatos son la primera opción terapéutica y en caso de
remisión, la mesalamina ha demostrado efectividad en el mantenimiento. Si estos agentes
son insuficientes o la enfermedad es más grave acompañada de síntomas constitucionales,
se recomienda el inicio con corticoides (40-60 mg prednisona al día con reducción
gradual de 5-10 mg cada 1-2 semanas). La nutrición enteral puede ser una alternativa en
algunos casos. La presencia de corticorrefractariedad aconseja el inicio con fármacos
inmunosupresores. Las estrategias son varias pero un tratamiento inicial con ciclosporina
para remitir el proceso de forma aguda y el mantenimiento posterior con azatioprina es una
buena alternativa. Los pacientes corticodependientes, es decir, aquéllos en que la
reducción de la dosis conlleva una recidiva de la enfermedad deberían iniciar
tratamiento con azatioprina. Una vez conseguida la remisión, la azatioprina debería
mantenerse, ya que se ha mostrado efectiva en prevenir la recidiva. La falta de respuesta
a estos tratamientos puede llevar al uso de otros fármacos como metotrexate o anticuerpos
monoclonales. Finalmente, la cirugía es la última opción en algunos casos, a pesar de
los altos índices de recidiva.
Enfermedad fistulosa
El metronidazol tienen un papel destacado como tratamiento
primario en enfermedad eminentemente fistulosa sin otras complicaciones. Si resulta
inefectivo puede añadirse ciprofloxacino. El fracaso de los antibióticos puede aconsejar
el uso de azatioprina. Finalmente, y como ya se ha citado, los anticuerpos monoclonales
antiTNF pueden tener un papel relevante como tratamiento de rescate. Las fistulas
complicadas con abscesos o con enfermedad intestinal grave subyacente asociada son de más
difícil manejo y suelen requerir la intervención del cirujano.
Enfermedad fibroestenótica
Esta presentación de la enfermedad provoca obstrucción
intestinal. Ya que problemas mecánicos requieren soluciones mecánicas, la obstrucción
fibroestenótica es sólo manejable a través de cirugía. La intervención quirúrgica
debería limitarse al fragmento estenótico, no debería extenderse a lesiones
inflamatorias en otras zonas intestinales.
Pronóstico
Probabilidad de remisión
No se puede entender el papel de la terapia farmacológica
sin conocer la historia natural de la enfermedad sin tratamiento. Así, un 30 por ciento
de los pacientes con enfermedad moderada y en tratamiento con placebo tienen una remisión
en unos cuatro meses con un 20 por ciento que se mantienen bien después de un año52. Hay que tener en cuenta estos datos al
evaluar cualquier estudio, sobre todo si no está controlado.
Probabilidades de cirugía y recurrencia
postoperatoria
Al menos un 70 por ciento de pacientes con EC deberán ser
intervenidos alguna vez en su vida. El principal problema de esta enfermedad es su
incurabilidad, la inmensa mayoría de los pacientes operados padecerán una recidiva con
un 50 por ciento a los cuatro años53. De
hecho, la EC es la causa más frecuente de síndrome de intestino corto en el adulto,
aparte de las complicaciones derivadas de la resección como litiasis biliar al disminuir
la absorción de sales biliares por resección ileal o pérdida de líquidos en la
colectomía54. Por eso, la opción
quirúrgica debe reservarse como la última alternativa.
Probabilidad de cáncer o muerte
La EC de larga evolución predispone a cáncer de intestino
delgado y grueso. A pesar de que el riesgo de cáncer en el intestino delgado está
aumentado respecto a la población normal, su incidencia es aún mínima entre los
enfermos con EC55. Mientras que, en el
intestino grueso, a pesar de que durante mucho tiempo se pensó lo contrario, la
predisposición es la misma que en CU para un mismo período de tiempo de enfermedad.
Debido a las complicaciones neoplásicas, pero también tromboembólicas o infecciosas, la
mortalidad general está incrementada cuando el inicio de ésta fue previo a los 20 años
de edad56.
Calidad de vida
A pesar que la mayoría de pacientes con EC continúan
funcionando de forma optimista y se adaptan con éxito, casi la mitad refieren un estrés
significativo en su vida, tanto personal como profesional, en el momento de actividad de
la enfermedad. Se aconseja una especial atención psicológica por parte del médico ante
estos pacientes57.
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