ENFERMEDAD
INFLAMATORIA INTESTINAL
Introducción
La enfermedad de Crohn (EC) y la colitis ulcerosa (CU)
son desórdenes de particular importancia en Gastroenterología tanto pediátrica como de
adultos.
Definición
La CU es una inflamación colónica que incluye la mucosa del
recto (aunque éste puede estar excepcionalmente libre de enfermedad) y abarca una
extensión variable del colon. Histológicamente, la lámina propia de la mucosa colónica
aparece infiltrada por neutrófilos, eosinófilos y células plasmáticas. Típicamente,
los neutrófilos penetran entre las células epiteliales, provocando la formación de
abscesos crípticos. Los cambios patológicos crónicos consisten en la alteración de la
arquitectura glandular y el infiltrado linfocitario.
La EC, en contraste, puede afectar a cualquier área del
tracto digestivo. La zona de la válvula íleocecal es el segmento más comúnmente
afectado. Áreas afectadas de forma parcheada, es decir, con áreas normales intercaladas
son una característica habitual. La aparición de estenosis y fístulas es frecuente. Los
cambios inflamatorios abarcan todo el grueso de la pared. Aunque la presencia de
granulomas es su característica anatomopatológica más distintiva, sólo se la encuentra
en un porcentaje menor de casos.
Historia
Como hemos dicho, la enfermedad inflamatoria intestinal
abarca la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa. Aunque las dos se asocian al siglo
XX, no son entidades enteramente "nuevas". Durante el siglo XIX ya se realizaron
descripciones de casos de pacientes con colitis ulcerosa1
y se celebró el primer simposio sobre esta enfermedad en 1909, en Londres. El Dr. Burrill
B. Crohn introdujo el término de "ileítis regional" en 1932 del que,
posteriormente, se derivaría la enfermedad que lleva su nombre2. A partir de esos momentos, se incrementó la
descripción de casos y series que culminó con la primera medida de incidencia de forma
retrospectiva en Rochester, Minnesota (EE.UU.), con un 6,0 por 100.000 para la colitis
ulcerosa para el período de 1934-44 y del 1,9 por 100.000 para la enfermedad de Crohn en
el período de 1935-43.
Epidemiología de la enfermedad inflamatoria intestinal
Existen similitudes importantes en las tendencias que, a lo
largo del tiempo, han presentado tanto la CU como la EC en diferentes poblaciones. Resulta
evidente que se ha producido un incremento en la incidencia en ambas enfermedades desde la
Segunda Guerra Mundial en Europa Occidental y Norteamérica. Persiste también una
correlación entre las áreas con alta incidencia de EC con la de CU y viceversa4. Aunque la clasificación errónea de una de
las enfermedades en el otro grupo puede justificar parcialmente esta correlación, es
altamente improbable que ésa fuera la principal razón. Hay una asociación genética muy
potente. Parientes de pacientes con CU tienen un mayor riesgo de adquirir CU y, en menor
grado, EC, mientras el caso contrario con pacientes con EC también es cierto5. Otro aspecto curioso en esta tendencia en el
tiempo que se observa en ambas enfermedades es el lapso de tiempo característico que se
objetiva en todas las áreas estudiadas, en las que un aumento en la incidencia en CU
precede siempre un incremento en la EC.
El hallazgo más consistente desde los años 40 es el aumento
constante en la incidencia en el mundo occidental con unas cifras actuales entre 6 y 20
por 100.000 para EC y CU, respectivamente6.
Diferencias étnicas y geográficas
Los primeros pacientes descritos con EC fueron judíos2. Desde ese momento siempre se ha percibido una
asociación entre la enfermedad inflamatoria intestinal, especialmente EC, con esta etnia.
Estudios epidemiológicos posteriores realizados con poblaciones judías desde
Norteamérica hasta países del Norte de Europa parecían apoyar esa idea. No obstante,
datos de incidencia en Israel no son mayores que en zonas de alta incidencia como
Escandinavia, mientras israelíes nacidos en Europa Occidental o Norteamérica parecen
estar sometidos a un mayor riesgo7. En cambio,
otras minorías étnicas, normalmente asociadas a un estrato económico bajo parecen estar
asociadas a un riesgo menor de adquirir la enfermedad pero esto no es así en la segunda
generación con, incluso, una mayor incidencia que en la población general. Estos datos
sugieren que quizás la incidencia que se observa en los judíos no sea más que un
reflejo de un aumento en la incidencia detectado con más precocidad que en el resto de la
población pero no una mayor susceptibilidad en esta población per se.
Estudios correspondientes a los años 60 y 70 sugirieron la
presencia de un gradiente norte-sur en la enfermedad inflamatoria intestinal. En este
sentido, 20 centros europeos realizaron un estudio prospectivo conjunto de ambas
enfermedades durante un período de dos años8.
En relación a la CU, se pudo objetivar una gran variación de la incidencia según la
zona geográfica pero sin un patrón claro. La incidencia anual más elevada se registró
en Islandia y la más baja en el sur de Portugal, aunque una de las máximas incidencias
se observó en Heraklion, Grecia. En la EC pasó algo similar, sin poderse aportar datos
concluyentes en esta gradación norte-sur. Estudios posteriores, entre ellos alguno
español, han confirmado estos resultados y ponen de manifiesto un aumento de la
incidencia en el Sur de Europa similar al que presentó el Norte en la década de los 60.
Edad y género
La mayor incidencia en ambas enfermedades se encuentra en el
rango de edad entre los 20-40 años con un segundo pico de menor importancia hacia los 60
años. La CU tiene una incidencia predominante, con respecto a la EC, en la edad
pediátrica.
Existe un predominio en la población femenina para la EC y
en la masculina para la CU. El predominio masculino en la CU es más pronunciado en los
grupos de edad más avanzados y con proctitis o colitis distal4.
Factores de riesgo
Tabaco
Sin que sirva de precedente, el tabaquismo se asocia con una
menor incidencia con la CU. Ex - o no fumadores tienen un riesgo aumentado de CU. No se
conoce el componente responsable de este efecto, ya que se han llegado a utilizar parches
de nicotina en pacientes con CU en estudios controlados pero sin que se haya demostrado
ninguna efectividad. En contrapartida, el tabaquismo es un factor de riesgo para la EC y
se ha descrito que estos pacientes, una vez adquirida la enfermedad, tienen mayor número
de recidivas y complicaciones9.
Contraceptivos orales
Algunos estudios han sugerido un mayor riesgo de adquirir
enfermedad inflamatoria intestinal, especialmente EC, con el uso de contraceptivos orales.
No obstante, los resultados no son tan consistentes como en el caso del hábito tabáquico9.
Dieta
A pesar de que nos encontramos ante enfermedades del tracto
digestivo y eso puede hacer pensar en alguna exposición alimenticia como posible riesgo,
no existe hasta el momento ninguna asociación consistente con ningún ingrediente
dietético10.
Actividad física
Todos los estudios que han analizado este factor han
observado que trabajos que requieren actividades físicas parecen tener un efecto
protector en la adquisición de estas enfermedades11.
Estrato socio-económico
Un hallazgo consistente en CU y EC es un aumento en el riesgo
de adquirir estas enfermedades en sectores de población con un mayor nivel
socio-económico. Parece lógico asumir que este factor hace referencia a las diferencias
en la exposición y que se reducen cuando la población se hace más homogénea como se ha
puesto de manifiesto en estudios recientes12
Estrés
Existe la creencia de que los episodios de recidiva en estas
enfermedades se asocian a situaciones estresantes del paciente. Ningún estudio ha sido
capaz de relacionar consistentemente estos factores, hasta el momento, como un factor de
riesgo inicial, aunque algunos trabajos recientes apuntan sobre alguna influencia como
factor agravante13.
Exposiciones en edades tempranas
Los estudios iniciales, que asociaban un riesgo aumentado de
padecer enfermedad inflamatoria intestinal con infecciones gastrointestinales en la
infancia, no han mostrado consistencia a medida que han ido apareciendo nuevos estudios
que contradecían los resultados iniciales12.
No obstante, sí se ha asociado la presencia de infecciones
en madres gestantes, sobre todo víricas (influenza, varicela-herpes zóster, sarampión),
con un mayor riesgo en la adquisición de la enfermedad en personas nacidas bajo estas
circunstancias.
La higiene en la infancia temprana, con acceso a agua
corriente caliente, se ha relacionado con un riesgo aumentado en la adquisición de EC,
así como hijos únicos o primogénitos. Ha habido una disminución muy importante en la
mortalidad perinatal en el mundo occidental. La buena higiene, mejor nutrición y mejora
en el cuidado maternal y pediátrico pueden influir en la tendencia temporal en EC y CU.
Así, en países en vías de desarrollo con alta mortalidad perinatal, pacientes
destinados a presentar enfermedad inflamatoria intestinal mueren inicialmente por
exposición precoz a infecciones, lo que conllevaría una incidencia menor 20-40 años
después. Estas observaciones podrían servir de argumento ante las diferencias que se
observan en los diferentes estratos socio-culturales y darían una explicación en la
cadencia del aumento de incidencia de CU inicialmente con respecto a la EC, ya que se
asumiría que esta última se ve influenciada en un mayor grado por la mejor higiene y
cuidado materno.
Otros agentes infecciosos
Las micobacteriosis, sobre todo, por Mycobacterium
paratuberculosis, se han asociado a un incremento en EC. Este hecho se apoya en una
enfermedad bovina intestinal similar, llamada enfermedad de Johne, que es causada por una
infección precoz por este germen14. No
obstante, la imposibilidad de cultivar esta bacteria en tejidos con EC ha impedido
confirmar una relación patogénica.
Algunos estudios familiares parecen sugerir un agente
transmisible en la etiología. Este hecho, además de una cierta agrupación estacional,
hace pensar en infecciones de tipo vírico, pero hasta el momento, la búsqueda de un
agente infeccioso único como etiología ha sido infructuosa.
Genética de la enfermedad inflamatoria intestinal
Los resultados del examen génico de familias con enfermedad
inflamatoria intestinal han puesto de relieve claramente los rasgos genéticos de esta
enfermedad. Entre un 10-20 por ciento de familiares de pacientes afectados de EC y CU
también padecerán estas enfermedades. No obstante, la predisposición a EC y CU es
compleja e incluye varios genes así como factores ambientales, como ya hemos comentado5. Estudios con gemelos sugieren que la EC tiene
una mayor influencia genética que la CU.
Los genes involucrados en la susceptibilidad de la enfermedad
inflamatoria intestinal no son conocidos aún. Los máximos candidatos parecen encontrarse
en los cromosomas 12 y 16. Varios son los genes que se han sugerido. Entre los antígenos
de histocompatibilidad, hay una asociación débil con HLA-A2, HLA-DR4 y HLA-DR1-DQ5 para
la EC y DRB1 y DR12 para la CU. Otros genes implicados hacen referencia al complemento,
factor de necrosis tumoral o genes para el receptor de los linfocitos T, pero se necesitan
más estudios para una identificación final15.
La identificación de estos genes será un factor clave para
entender estas enfermedades. Su descubrimiento permitirá un mayor conocimiento de la
causa subyacente, así como una intervención terapéutica más adecuada.
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