CÁNCER DE PULMÓN
Introducción
El cáncer de pulmón era una enfermedad rara en los albores
del siglo XX. Sir William Osler, en su libro "Principles and Practice of
Medicine" publicado en 1892, dedica 72 páginas a la tuberculosis y apenas un
párrafo al cáncer de pulmón. Adler, en su monografía de tumores malignos de pulmón
(1912), recoge sólo 374 casos de cáncer de pulmón en una revisión de la literatura
mundial.
Los cambios en los hábitos de vida, la mayor longevidad y
bienestar de la población, así como los avances en el conocimiento y el diagnóstico
médico, han hecho cambiar radicalmente el panorama de esta enfermedad. A comienzos del
tercer milenio, el cáncer de pulmón es una de las enfermedades mortales más frecuentes,
constituyendo por ello uno de los principales problemas de salud para nuestra población.
Su elevada mortalidad es debida, en gran parte, a un diagnóstico a menudo tardío, en
estadios avanzados, con escaso éxito del tratamiento en esta fase de la enfermedad.
Es imprescindible aportar cifras para situar la auténtica
magnitud del problema: los factores de riesgo son conocidos, atribuyéndose al consumo de
tabaco el 85-90 por ciento de los casos. En la Unión Europea, el cáncer de pulmón
afecta cada año a 146.000 varones y a 36.000 mujeres, siendo el tumor de mayor incidencia
en varones y el tercero en mujeres, representando la primera causa de muerte por cáncer
en varones y la tercera en mujeres, con supervivencias relativas a 5 años del 8 por
ciento y 10 por ciento respectivamente. En Estados Unidos constituye, también en el sexo
femenino, la primera causa de muerte por cáncer; el incremento reciente del consumo de
tabaco en la mujer hará que en los próximos años veamos cifras de mortalidad elevadas
en el sexo femenino dentro de la Unión Europea.
Estos datos evidencian que cualquier avance en el manejo de
la enfermedad puede tener un gran impacto en la supervivencia de la población. Los logros
en el tratamiento del cáncer de pulmón han sido muchos e importantes a lo largo de los
años, pero pueden considerarse pequeños frente a los que podría conseguir la evitación
del carcinógeno más prevalente: el tabaco. La prevención juega, por tanto, un papel
fundamental en la lucha contra esta enfermedad y conlleva, además, un importante ahorro
en el consumo de recursos sanitarios.
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