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PROGRAMA ANUAL 2001-2002
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA

  

Alopecia

Anatomía y fisiología
del folículo pilosebáceo

Embriología del folículo pilosebáceo

Los primeros rudimentos del folículo pilosebáceo aparecen en los seres humanos aproximadamente a la novena semana de vida intrauterina, y se localizan en cejas, labio superior y mentón; que son las regiones ocupadas por vibrisas en otros mamíferos.

El desarrollo general del pelo corporal no se inicia hasta el cuarto mes. Los pelos aparecen en una posición cefálica y se extienden caudalmente.

El folículo piloso aparece en el feto como una proyección de la epidermis, aunque cada folículo está formado por la interacción entre los componentes dérmicos y epidérmicos. El signo inicial de la aparición del folículo pilosebáceo en la piel humana es la condensación de núcleos en la capa basal de la epidermis, lo que se denomina germen piloso primario o "pregermen". El germen piloso primario es dirigido en su desarrollo por la papila dérmica, una acumulación de células mesenquimales.

El germen folicular primario desciende junto con la papila en la profundidad de la piel fetal y se diferencia en los diversos componentes del pelo fetal anágeno.

A medida que crece el feto se forman nuevos gérmenes primarios entre los ya existentes, mientras se desarrollan gérmenes secundarios en relación con los primeros, de tal manera que los folículos se disponen en grupos de tres.

A medida que se desarrolla, el germen piloso se hace asimétrico y crece oblicuamente en profundidad. La columna de células epiteliales se denomina en este período maza pilosa y posteriormente cono piloso, adoptando su extremo inferior una forma ligeramente cóncava, que engloba células mesenquimales y fibroblastos y da lugar a la papila.

A la vez que el folículo se alarga, su extremo más inferior se transforma en bulboso, mientras su concavidad distal se hace más pronunciada para abarcar la papila dérmica. En el borde posterior del folículo se forman dos abultamientos; el superior es el germen de la glándula sebácea. La capa de células que rodea inmediatamente la papila constituye la matriz. Entre las células epiteliales pueden verse melanocitos, que al principio se hallan esparcidos en la parte inferior del bulbo y en la vaina más externa de la raíz. Las células mesodérmicas que rodean el bulbo comienzan a formar la vaina de tejido conjuntivo.

Por encima del bulbo comienza a diferenciarse, desde la matriz, un cono de células que dará lugar al pelo; un segundo cono concéntrico de células que rodea al primero constituirá la vaina folicular interna.

La parte más externa de los tres componentes de la vaina folicular interna se diferencia primero para formar la capa de Henle, que se va a queratinizar inmediatamente por encima del bulbo piloso.

Por dentro, se halla la capa de Huxley, más gruesa, que se queratiniza un poco más arriba y, todavía más hacia el centro, se halla la cutícula de la vaina folicular interna, cuyas células superpuestas a modo de tejas se proyectan hacia la base del folículo.

Antes de que puedan ponerse de manifiesto las células cuticulares o córneas, las capas de Henle y de Huxley alcanzan un avanzado grado de diferenciación. El cono más interno origina la corteza y la cutícula del pelo (el pelo fetal carece de médula).

El cono de la vaina folicular interna empuja hacia arriba y protege el extremo distal del pelo a medida que progresa por el canal del pelo. En posteriores ciclos pilosos la vaina interna se desintegra por debajo del nivel de desembocadura de la glándula sebácea.

El primer pelaje, constituido por lanugo fino y largo, se desprende en el interior del útero, un mes antes del parto. El segundo pelaje, de lanugo más corto, recubre todas las áreas, excepto el cuero cabelludo, donde el pelo puede ser más largo y grueso, desprendiéndose durante los tres o cuatro primeros meses de vida, de modo casi imperceptible, o como una onda que provoca una alopecia casi completa. Se trata de una alopecia postnatal que, como luego veremos, es una forma de efluvio telogénico.

Anatomía del folículo pilosebáceo

Didácticamente, para describir la anatomía del folículo pilosebáceo se recurre siempre a un determinado ciclo del pelo que es el anágeno, en el que éste se presenta con todas sus estructuras.

Para comprender la organización interna del folículo, se divide en una serie de compartimentos celulares concéntricos:

El folículo está bordeado por una membrana basal acelular (membrana vítrea). La vaina folicular externa es la más periférica de los compartimentos celulares.

Por dentro se encuentra la vaina folicular interna que se compone de tres compartimentos: capa de Henle, capa de Huxley y cutícula.

En su interior se encuentra el tallo piloso, a su vez dividido en tres espacios: cutícula, córtex y médula.

La organización longitudinal del folículo puede dividirse en siete regiones con límites anatómicos.

La porción permanente del folículo comienza en la región del canal del pelo, que se extiende desde la superficie de la piel hasta la unión dermoepidérmica. Por debajo se extiende la parte intraepidérmica, "unidad infundibular".

El infundíbulo se extiende hasta por debajo de la desembocadura de la glándula sebácea. Continúa con el itsmo, que comienza por debajo de la desembocadura de la glándula sebácea y termina en la zona del promontorio, zona donde se inserta el músculo erector del pelo.

La porción transitoria de folículo comienza a esta altura y se extiende hasta la profundidad del folículo.

El folículo inferior incluye la zona queratinizada y se extiende desde la zona del promontorio hasta el ápice del bulbo piloso.

El bulbo piloso es la porción más profunda de la estructura folicular y rodea la papila folicular. El bulbo tiene forma de cebolla; si a la altura de su diámetro mayor trazamos una línea que divida al bulbo en dos regiones, superior e inferior, a esta línea se la conoce como "nivel crítico de Auber" y separaría una región inferior "activa" de una superior queratinizada.

La matriz está formada por la parte del bulbo situada por debajo del nivel crítico de Auber, constitutida por células indiferenciadas que se dividen con rapidez.

Otro importante rasgo anatómico del folículo es que está inclinado, en relación con la superficie de la piel. El lugar donde forma un ángulo agudo con la superficie cutánea es la zona anterior del folículo; la porción que forma un ángulo oblicuo es la posterior.

Cuando el músculo erector del pelo se contrae, como respuesta a una temperatura externa fría, estira del folículo por la cara posterior.

La inervación del folículo piloso es similar a la que existe en toda el área cutánea. Los nervios que rodean a los folículos son fibras sensitivas, que rodean a cada folículo, independientemente de su tamaño, desde la base de bulbo hasta su unión con la epidermis.

Algunos nervios mielinizados discurren en sentido paralelo a la región permanente del folículo y otros más finos forman una red que rodea el folículo. La disposición de los nervios en el folículo permite que éste sea considerado como un "órgano táctil folicular".

De los plexos dérmicos o de las arterias musculocutáneas, se originan densos plexos en arteriolas y capilares que rodean el folículo en anágeno, los vasos sanguíneos se extienden de forma paralela a la dirección del folículo, y a su vez existen comunicaciones entre ellos, que dan lugar a una malla que rodea el tercio inferior del folículo; en el tercio medio existen pocas interconexiones, sin embargo, éstas aumentan alrededor de la glándula sebácea. Algunas arteriolas penetran en la papila dérmica, formando ovillos en su interior.

Existe una relación directa entre el tamaño del folículo y vascularización, de tal forma que los más pequeños están rodeados por pocos vasos.

Durante el período de catágeno el sistema vascular permanece prácticamente intacto. Sólo cuando el tercio inferior del folículo se reduce a una fina hilera de células, algunos de los capilares de la red degeneran.

En la fase de telógeno, los vasos que antes rodeaban su parte inferior forman un asa colapsada que adopta forma de ramillete. Cuando el folículo entra de nuevo en actividad, el nuevo bulbo avanza a través de los vasos colapsados por debajo de la papila dérmica y se constituye una nueva red vascular.

Fisiología del folículo pilosebáceo

Ciclo folicular

El crecimiento del folículo piloso es un proceso cíclico en el que se alternan períodos de crecimiento (anágeno) que duran aproximadamente 2-3 años, con otros de reposo (telógeno) de duración aproximada de 3 meses.

El paso de anágeno a telógeno es un fenómeno regresivo que se denomina catágeno, y que precisa tan sólo de pocas semanas (2-3), produciéndose en esta fase la reabsorción de la mayor parte del folículo localizado por debajo de la protuberancia.

Las fases del ciclo folicular comprometen toda la porción del folículo piloso que está por debajo de la zona que corresponde a la desembocadura de la glándula sebácea e inserción del músculo erector del pelo (Figura 2).

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Fase de anágeno o anagen

Aproximadamente, 50-100 cabellos caen cada día y son reemplazados por nuevos cabellos en anágeno. Los folículos en anágeno son muy activos metabólicamente (los más activos después del tejido hematopoyético), lo que explica su sensibilidad a la deprivación nutricional y las noxas químicas.

La mayoría de los pelos de un cuero cabelludo normal están en fase de anágeno (aproximadamente el 85 por ciento) distribuidos de forma más o menos homogénea, de forma que de cada 100 folículos pilosos vecinos, el 85 por ciento, aproximadamente, se hallan en fase de anagen. Este porcentaje es algo variable según los individuos y diferente según la región anatómica del organismo.

El tamaño de los pelos en anagen es muy variable, desde los grandes pelos terminales de cuello y barba hasta los diminutos vellos de la piel lampiña.

El tamaño de algunos folículos cambia durante la vida de una persona. El suave pelo facial del niño se transforma en la barba de un hombre, el vello de axilas y pubis se alarga y engruesa durante la pubertad, y muchos pelos de la cabeza se miniaturizan durante el proceso de alopecia androgenética.

Tanto el vello como el pelo terminal pasan por todo el ciclo de vida folicular, pero el anagen es más corto en el vello.

El pelo en anagen está situado en profundidad en dermis reticular y grasa subcutánea, por lo que al estar firmemente adherido sólo puede ser observado mediante biopsia o al arrancarlo con fuerza. Dicho arrancamiento resulta doloroso y distorsiona las estructuras anatómicas.

La raíz (o parte inferior del pelo una vez desprendido) en anagen presenta un aspecto abierto, desflecado (en escoba aplanada), está pigmentada y conserva parte de la vaina interna adherida a la misma; por todo lo cual puede ser fácilmente distinguible al microscopio óptico o a la lupa.

Fase de catágeno

Corresponde a la fase de transición entre en el período anabólico y el período catabólico del ciclo folicular. En este momento se detiene el ritmo mitósico celular, liberándose el tallo piloso de la papila dérmica.

La parte proximal del bulbo se queratiniza retrayéndose hacia el área de inserción del músculo erector del pelo y dejando un pequeño grupo de células matriciales (germen epitelial secundario) que serán las que generarán las células germinativas de la nueva fase de anagen.

Este patrón de regresión se repite una y otra vez al final de cada ciclo, constituyendo un misterio de la biología folicular por qué los queratinocitos de la matriz, cuyo índice proliferativo es uno de los más elevados del organismo, de una forma abrupta dejan de proliferar y entran en el período de regresión catágeno.

En la fase de catágeno se encuentran un 1-2 por ciento de los cabellos, presentando su raíz aspectos intermedios entre las raíces anagénicas y telogénicas.

Fase de telógeno

Es la fase de reposo del folículo piloso, a partir de ésta se iniciará la nueva fase anagéna.

El pelo se halla suelto dentro del folículo y se desprenderá en cualquier momento espontáneamente. El cabello, lógicamente, puede arrancarse sin producir dolor. La raíz telogénica es una raíz retraída, en forma de barra o maza y sin vaina interna adherida.

Aproximadamente, del 10 a 15 por ciento de los pelos se hallan en fase de telógeno, siendo el porcentaje muy variable para cada persona. Entre un 4 y un 25 por ciento de pelos en fase de telógeno es normal, más del 25 por ciento es patológico.

Hay ciertas épocas del año, sobre todo en el otoño, en las que se presenta un cierto grado de muda del cabello, incrementándose el porcentaje de cabellos en fase telogénica.

En circunstancias fisiológicas (postnatal, postparto) o patológicas (estrés, fiebre prolongada…) se produce también un aumento del recambio capilar (efluvio telogénico).

Teniendo en cuenta los porcentajes normales del cabello en la fase de anágeno (85 por ciento), catágeno (1-2 por ciento) y telógeno (13-14 por ciento), y que este recambio de cabello fisiológico se produce cada 3-4 años, y sabiendo que la cantidad normal de cabello en el cuero cabelludo es, por término medio, entre 100.000-130.000 cabellos, se deduce que la pérdida diaria de cabello es entre 60 y 120.

Las cifras cuantitativas referentes al cabello por término medio se conocen como la regla de los múltiplos de 10:

Crecimiento lineal del pelo: 10 mm al mes

Fase de anágeno: 1.000 días

Fase de catágeno: 10 días

Fase de telógeno: 100 días

Número de cabellos: 100.000

Pérdida diaria de cabellos: 100

Tipos de pelo

Existen diversos tipos de pelo, hay pelos terminales, intermedios y vellos.

La mayoría de los pelos terminales e intermedios son gruesos y generalmente medulados y pigmentados.

Los vellos son finos, habitualmente apigmentados y amedulados.

Los pelos terminales están localizados en cuero cabelludo, barba del varón, cejas, pestañas, axilas y pubis.

Los vellos son los pelos de las zonas "lampiñas" y de antebrazo, mejillas y areola mamaria en la mujer.

Los pelos intermedios, de aproximadamente 1 cm de longitud, medulados y con moderada cantidad de pigmento, se encuentran en el abdomen, tórax y extremidades.

En el hombre un pelo fino, amedulado y apigmentado, conocido como lanugo, cae en el útero entre el octavo y el noveno mes de gestación.

En la mujer el cabello es más grueso y la línea de implantación es más anterior. El ritmo y forma de crecimiento es también diferente según sexo y zona. El pelo de la barba, que sólo crece en varones, llega a alcanzar los 30 cm de longitud.

El vello pubiano, que es corto y retorcido, y mide unos 6 cm, en los ancianos es más delgado, hipopigmentado y largo.

Factores que influyen en el crecimiento
del pelo

Locales

El masaje y el calor aumentan la actividad metabólica y, en consecuencia, favorecen el rápido crecimiento del pelo. El pelo crece más rápidamente en verano, aunque no esté expuesto al sol.

Aunque el saber popular dice que el afeitado del pelo hace que crezca con más vigor, este hecho no ha podido ser comprobado, y desde los años 20 se sabe que el afeitado no hace que el pelo crezca más grueso ni con más intensidad. Lo que sí está comprobado es que la depilación por tracción del pelo en ciertas zonas (mentón en mujeres…) estimula el crecimiento del pelo.

Factores genéticos

La genética tiene una gran importancia no sólo en la caída del cabello, sino también en cuanto a la textura, coloración e incluso densidad pilosa.

Factores endocrinos

Diversas hormonas tienen influencia en el crecimiento del pelo como la ACTH, prolactina, hormonas tiroideas así como los glucocorticoides y andrógenos.

Indice de crecimiento del pelo

Para medir el crecimiento del pelo en el ser humano se han empleado diversas técnicas.

El tiempo medio de cabellos depilados por tracción es de 129 días en vértex, 117 días en sienes, y 92 días en mentón. La depilación mecánica daña los folículos, por tanto, el tiempo de repoblación obtenido de esta manera no puede ser aplicado a la repoblación capilar espontánea.

Midiendo directamente los pelos regenerados se ha comprobado que el índice de crecimiento es de 0.35 mm/día en el vértex y las sienes, y a su vez algo mayor en mujeres que en varones, analizando las mismas áreas.

La longitud del pelo está determinada genéticamente, y depende de la duración de la fase de anágeno y del índice de crecimiento.

Diversas hormonas influyen sobre el índice de crecimiento. Por ejemplo, los andrógenos aumentan el índice de crecimiento y el calibre del tallo en las áreas dependientes de los andrógenos, como la barba; así mismo los antiandrógenos reducen el índice de crecimiento en dichas áreas.

En los que existe predisposición a sufrir de alopecia androgenética, los andrógenos disminuyen el diámetro, el índice de crecimiento del tallo piloso y la fase de anágeno.

Los estrógenos prolongan la duración de la fase de anágeno.

La tiroxina adelanta el comienzo de la fase de anágeno, y la cortisona la atrasa.

Cualquier situación que favorezca la hiperplasia epitelial favorece el desarrollo del paso de folículos en reposo a fase de anágeno; así, es normal observar la aparición de pelo en las proximidades de una herida.

 

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