Alopecia
Anatomía y
fisiología
del folículo pilosebáceo
Embriología del folículo pilosebáceo
Los primeros rudimentos del folículo pilosebáceo aparecen
en los seres humanos aproximadamente a la novena semana de vida intrauterina, y se
localizan en cejas, labio superior y mentón; que son las regiones ocupadas por vibrisas
en otros mamíferos.
El desarrollo general del pelo corporal no se inicia hasta el
cuarto mes. Los pelos aparecen en una posición cefálica y se extienden caudalmente.
El folículo piloso aparece en el feto como una proyección
de la epidermis, aunque cada folículo está formado por la interacción entre los
componentes dérmicos y epidérmicos. El signo inicial de la aparición del folículo
pilosebáceo en la piel humana es la condensación de núcleos en la capa basal de la
epidermis, lo que se denomina germen piloso primario o "pregermen". El germen
piloso primario es dirigido en su desarrollo por la papila dérmica, una acumulación de
células mesenquimales.
El germen folicular primario desciende junto con la papila en
la profundidad de la piel fetal y se diferencia en los diversos componentes del pelo fetal
anágeno.
A medida que crece el feto se forman nuevos gérmenes
primarios entre los ya existentes, mientras se desarrollan gérmenes secundarios en
relación con los primeros, de tal manera que los folículos se disponen en grupos de
tres.
A medida que se desarrolla, el germen piloso se hace
asimétrico y crece oblicuamente en profundidad. La columna de células epiteliales se
denomina en este período maza pilosa y posteriormente cono piloso, adoptando su extremo
inferior una forma ligeramente cóncava, que engloba células mesenquimales y fibroblastos
y da lugar a la papila.
A la vez que el folículo se alarga, su extremo más inferior
se transforma en bulboso, mientras su concavidad distal se hace más pronunciada para
abarcar la papila dérmica. En el borde posterior del folículo se forman dos
abultamientos; el superior es el germen de la glándula sebácea. La capa de células que
rodea inmediatamente la papila constituye la matriz. Entre las células epiteliales pueden
verse melanocitos, que al principio se hallan esparcidos en la parte inferior del bulbo y
en la vaina más externa de la raíz. Las células mesodérmicas que rodean el bulbo
comienzan a formar la vaina de tejido conjuntivo.
Por encima del bulbo comienza a diferenciarse, desde la
matriz, un cono de células que dará lugar al pelo; un segundo cono concéntrico de
células que rodea al primero constituirá la vaina folicular interna.
La parte más externa de los tres componentes de la vaina
folicular interna se diferencia primero para formar la capa de Henle, que se va a
queratinizar inmediatamente por encima del bulbo piloso.
Por dentro, se halla la capa de Huxley, más gruesa, que se
queratiniza un poco más arriba y, todavía más hacia el centro, se halla la cutícula de
la vaina folicular interna, cuyas células superpuestas a modo de tejas se proyectan hacia
la base del folículo.
Antes de que puedan ponerse de manifiesto las células
cuticulares o córneas, las capas de Henle y de Huxley alcanzan un avanzado grado de
diferenciación. El cono más interno origina la corteza y la cutícula del pelo (el pelo
fetal carece de médula).
El cono de la vaina folicular interna empuja hacia arriba y
protege el extremo distal del pelo a medida que progresa por el canal del pelo. En
posteriores ciclos pilosos la vaina interna se desintegra por debajo del nivel de
desembocadura de la glándula sebácea.
El primer pelaje, constituido por lanugo fino y largo, se
desprende en el interior del útero, un mes antes del parto. El segundo pelaje, de lanugo
más corto, recubre todas las áreas, excepto el cuero cabelludo, donde el pelo puede ser
más largo y grueso, desprendiéndose durante los tres o cuatro primeros meses de vida, de
modo casi imperceptible, o como una onda que provoca una alopecia casi completa. Se trata
de una alopecia postnatal que, como luego veremos, es una forma de efluvio telogénico.
Anatomía del folículo pilosebáceo
Didácticamente, para describir la anatomía del folículo
pilosebáceo se recurre siempre a un determinado ciclo del pelo que es el anágeno, en el
que éste se presenta con todas sus estructuras.
Para comprender la organización interna del folículo, se
divide en una serie de compartimentos celulares concéntricos:
El folículo está bordeado por una membrana basal acelular
(membrana vítrea). La vaina folicular externa es la más periférica de los
compartimentos celulares.
Por dentro se encuentra la vaina folicular interna que se
compone de tres compartimentos: capa de Henle, capa de Huxley y cutícula.
En su interior se encuentra el tallo piloso, a su vez
dividido en tres espacios: cutícula, córtex y médula.
La organización longitudinal del folículo puede dividirse
en siete regiones con límites anatómicos.
La porción permanente del folículo comienza en la región
del canal del pelo, que se extiende desde la superficie de la piel hasta la unión
dermoepidérmica. Por debajo se extiende la parte intraepidérmica, "unidad
infundibular".
El infundíbulo se extiende hasta por debajo de la
desembocadura de la glándula sebácea. Continúa con el itsmo, que comienza por debajo de
la desembocadura de la glándula sebácea y termina en la zona del promontorio, zona donde
se inserta el músculo erector del pelo.
La porción transitoria de folículo comienza a esta altura y
se extiende hasta la profundidad del folículo.
El folículo inferior incluye la zona queratinizada y se
extiende desde la zona del promontorio hasta el ápice del bulbo piloso.
El bulbo piloso es la porción más profunda de la estructura
folicular y rodea la papila folicular. El bulbo tiene forma de cebolla; si a la altura de
su diámetro mayor trazamos una línea que divida al bulbo en dos regiones, superior e
inferior, a esta línea se la conoce como "nivel crítico de Auber" y separaría
una región inferior "activa" de una superior queratinizada.
La matriz está formada por la parte del bulbo situada por
debajo del nivel crítico de Auber, constitutida por células indiferenciadas que se
dividen con rapidez.
Otro importante rasgo anatómico del folículo es que está
inclinado, en relación con la superficie de la piel. El lugar donde forma un ángulo
agudo con la superficie cutánea es la zona anterior del folículo; la porción que forma
un ángulo oblicuo es la posterior.
Cuando el músculo erector del pelo se contrae, como
respuesta a una temperatura externa fría, estira del folículo por la cara posterior.
La inervación del folículo piloso es similar a la que
existe en toda el área cutánea. Los nervios que rodean a los folículos son fibras
sensitivas, que rodean a cada folículo, independientemente de su tamaño, desde la base
de bulbo hasta su unión con la epidermis.
Algunos nervios mielinizados discurren en sentido paralelo a
la región permanente del folículo y otros más finos forman una red que rodea el
folículo. La disposición de los nervios en el folículo permite que éste sea
considerado como un "órgano táctil folicular".
De los plexos dérmicos o de las arterias musculocutáneas,
se originan densos plexos en arteriolas y capilares que rodean el folículo en anágeno,
los vasos sanguíneos se extienden de forma paralela a la dirección del folículo, y a su
vez existen comunicaciones entre ellos, que dan lugar a una malla que rodea el tercio
inferior del folículo; en el tercio medio existen pocas interconexiones, sin embargo,
éstas aumentan alrededor de la glándula sebácea. Algunas arteriolas penetran en la
papila dérmica, formando ovillos en su interior.
Existe una relación directa entre el tamaño del folículo y
vascularización, de tal forma que los más pequeños están rodeados por pocos vasos.
Durante el período de catágeno el sistema vascular
permanece prácticamente intacto. Sólo cuando el tercio inferior del folículo se reduce
a una fina hilera de células, algunos de los capilares de la red degeneran.
En la fase de telógeno, los vasos que antes rodeaban su
parte inferior forman un asa colapsada que adopta forma de ramillete. Cuando el folículo
entra de nuevo en actividad, el nuevo bulbo avanza a través de los vasos colapsados por
debajo de la papila dérmica y se constituye una nueva red vascular.
Fisiología del folículo pilosebáceo
Ciclo folicular
El crecimiento del folículo piloso es un proceso cíclico en
el que se alternan períodos de crecimiento (anágeno) que duran aproximadamente 2-3
años, con otros de reposo (telógeno) de duración aproximada de 3 meses.
El paso de anágeno a telógeno es un fenómeno regresivo que
se denomina catágeno, y que precisa tan sólo de pocas semanas (2-3), produciéndose en
esta fase la reabsorción de la mayor parte del folículo localizado por debajo de la
protuberancia.
Las fases del ciclo folicular comprometen toda la porción
del folículo piloso que está por debajo de la zona que corresponde a la desembocadura de
la glándula sebácea e inserción del músculo erector del pelo (Figura 2).

figura2 |
Fase de anágeno o anagen
Aproximadamente, 50-100 cabellos caen cada día y son
reemplazados por nuevos cabellos en anágeno. Los folículos en anágeno son muy activos
metabólicamente (los más activos después del tejido hematopoyético), lo que explica su
sensibilidad a la deprivación nutricional y las noxas químicas.
La mayoría de los pelos de un cuero cabelludo normal están
en fase de anágeno (aproximadamente el 85 por ciento) distribuidos de forma más o menos
homogénea, de forma que de cada 100 folículos pilosos vecinos, el 85 por ciento,
aproximadamente, se hallan en fase de anagen. Este porcentaje es algo variable según los
individuos y diferente según la región anatómica del organismo.
El tamaño de los pelos en anagen es muy variable, desde los
grandes pelos terminales de cuello y barba hasta los diminutos vellos de la piel lampiña.
El tamaño de algunos folículos cambia durante la vida de
una persona. El suave pelo facial del niño se transforma en la barba de un hombre, el
vello de axilas y pubis se alarga y engruesa durante la pubertad, y muchos pelos de la
cabeza se miniaturizan durante el proceso de alopecia androgenética.
Tanto el vello como el pelo terminal pasan por todo el ciclo
de vida folicular, pero el anagen es más corto en el vello.
El pelo en anagen está situado en profundidad en dermis
reticular y grasa subcutánea, por lo que al estar firmemente adherido sólo puede ser
observado mediante biopsia o al arrancarlo con fuerza. Dicho arrancamiento resulta
doloroso y distorsiona las estructuras anatómicas.
La raíz (o parte inferior del pelo una vez desprendido) en
anagen presenta un aspecto abierto, desflecado (en escoba aplanada), está pigmentada y
conserva parte de la vaina interna adherida a la misma; por todo lo cual puede ser
fácilmente distinguible al microscopio óptico o a la lupa.
Fase de catágeno
Corresponde a la fase de transición entre en el período
anabólico y el período catabólico del ciclo folicular. En este momento se detiene el
ritmo mitósico celular, liberándose el tallo piloso de la papila dérmica.
La parte proximal del bulbo se queratiniza retrayéndose
hacia el área de inserción del músculo erector del pelo y dejando un pequeño grupo de
células matriciales (germen epitelial secundario) que serán las que generarán las
células germinativas de la nueva fase de anagen.
Este patrón de regresión se repite una y otra vez al final
de cada ciclo, constituyendo un misterio de la biología folicular por qué los
queratinocitos de la matriz, cuyo índice proliferativo es uno de los más elevados del
organismo, de una forma abrupta dejan de proliferar y entran en el período de regresión
catágeno.
En la fase de catágeno se encuentran un 1-2 por ciento de
los cabellos, presentando su raíz aspectos intermedios entre las raíces anagénicas y
telogénicas.
Fase de telógeno
Es la fase de reposo del folículo piloso, a partir de ésta
se iniciará la nueva fase anagéna.
El pelo se halla suelto dentro del folículo y se
desprenderá en cualquier momento espontáneamente. El cabello, lógicamente, puede
arrancarse sin producir dolor. La raíz telogénica es una raíz retraída, en forma de
barra o maza y sin vaina interna adherida.
Aproximadamente, del 10 a 15 por ciento de los pelos se
hallan en fase de telógeno, siendo el porcentaje muy variable para cada persona. Entre un
4 y un 25 por ciento de pelos en fase de telógeno es normal, más del 25 por ciento es
patológico.
Hay ciertas épocas del año, sobre todo en el otoño, en las
que se presenta un cierto grado de muda del cabello, incrementándose el porcentaje de
cabellos en fase telogénica.
En circunstancias fisiológicas (postnatal, postparto) o
patológicas (estrés, fiebre prolongada
) se produce también un aumento del
recambio capilar (efluvio telogénico).
Teniendo en cuenta los porcentajes normales del cabello en la
fase de anágeno (85 por ciento), catágeno (1-2 por ciento) y telógeno (13-14 por
ciento), y que este recambio de cabello fisiológico se produce cada 3-4 años, y sabiendo
que la cantidad normal de cabello en el cuero cabelludo es, por término medio, entre
100.000-130.000 cabellos, se deduce que la pérdida diaria de cabello es entre 60 y 120.
Las cifras cuantitativas referentes al cabello por término
medio se conocen como la regla de los múltiplos de 10:
Crecimiento lineal del pelo: 10 mm al mes
Fase de anágeno: 1.000 días
Fase de catágeno: 10 días
Fase de telógeno: 100 días
Número de cabellos: 100.000
Pérdida diaria de cabellos: 100
Tipos de pelo
Existen diversos tipos de pelo, hay pelos terminales,
intermedios y vellos.
La mayoría de los pelos terminales e intermedios son gruesos
y generalmente medulados y pigmentados.
Los vellos son finos, habitualmente apigmentados y
amedulados.
Los pelos terminales están localizados en cuero cabelludo,
barba del varón, cejas, pestañas, axilas y pubis.
Los vellos son los pelos de las zonas "lampiñas" y
de antebrazo, mejillas y areola mamaria en la mujer.
Los pelos intermedios, de aproximadamente 1 cm de longitud,
medulados y con moderada cantidad de pigmento, se encuentran en el abdomen, tórax y
extremidades.
En el hombre un pelo fino, amedulado y apigmentado, conocido
como lanugo, cae en el útero entre el octavo y el noveno mes de gestación.
En la mujer el cabello es más grueso y la línea de
implantación es más anterior. El ritmo y forma de crecimiento es también diferente
según sexo y zona. El pelo de la barba, que sólo crece en varones, llega a alcanzar los
30 cm de longitud.
El vello pubiano, que es corto y retorcido, y mide unos 6 cm,
en los ancianos es más delgado, hipopigmentado y largo.
Factores que influyen en el crecimiento
del pelo
Locales
El masaje y el calor aumentan la actividad metabólica y, en
consecuencia, favorecen el rápido crecimiento del pelo. El pelo crece más rápidamente
en verano, aunque no esté expuesto al sol.
Aunque el saber popular dice que el afeitado del pelo hace
que crezca con más vigor, este hecho no ha podido ser comprobado, y desde los años 20 se
sabe que el afeitado no hace que el pelo crezca más grueso ni con más intensidad. Lo que
sí está comprobado es que la depilación por tracción del pelo en ciertas zonas
(mentón en mujeres
) estimula el crecimiento del pelo.
Factores genéticos
La genética tiene una gran importancia no sólo en la caída
del cabello, sino también en cuanto a la textura, coloración e incluso densidad pilosa.
Factores endocrinos
Diversas hormonas tienen influencia en el crecimiento del
pelo como la ACTH, prolactina, hormonas tiroideas así como los glucocorticoides y
andrógenos.
Indice de crecimiento del pelo
Para medir el crecimiento del pelo en el ser humano se han
empleado diversas técnicas.
El tiempo medio de cabellos depilados por tracción es de 129
días en vértex, 117 días en sienes, y 92 días en mentón. La depilación mecánica
daña los folículos, por tanto, el tiempo de repoblación obtenido de esta manera no
puede ser aplicado a la repoblación capilar espontánea.
Midiendo directamente los pelos regenerados se ha comprobado
que el índice de crecimiento es de 0.35 mm/día en el vértex y las sienes, y a su vez
algo mayor en mujeres que en varones, analizando las mismas áreas.
La longitud del pelo está determinada genéticamente, y
depende de la duración de la fase de anágeno y del índice de crecimiento.
Diversas hormonas influyen sobre el índice de crecimiento.
Por ejemplo, los andrógenos aumentan el índice de crecimiento y el calibre del tallo en
las áreas dependientes de los andrógenos, como la barba; así mismo los antiandrógenos
reducen el índice de crecimiento en dichas áreas.
En los que existe predisposición a sufrir de alopecia
androgenética, los andrógenos disminuyen el diámetro, el índice de crecimiento del
tallo piloso y la fase de anágeno.
Los estrógenos prolongan la duración de la fase de
anágeno.
La tiroxina adelanta el comienzo de la fase de anágeno, y la
cortisona la atrasa.
Cualquier situación que favorezca la hiperplasia epitelial
favorece el desarrollo del paso de folículos en reposo a fase de anágeno; así, es
normal observar la aparición de pelo en las proximidades de una herida.
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