Aula Acreditada:

Información General | Temario | Boletín de inscripción 


 
numero.gif (1368 bytes)


 




PROGRAMA ANUAL 2001-2002
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA

  

ENFERMEDADES TIROIDEAS

Tiroiditis

Se llama tiroiditis a aquellos procesos inflamatorios que asientan en la glándula tiroidea.

Se clasifican habitualmente desde el punto de vista clínico-evolutivo en tiroiditis aguda, subaguda y crónica (ver Tabla VI).

Tiroiditis aguda

Etiopatogenia

Los agentes etiológicos responsables son infecciones generalmente bacterianas (sobre todo estreptocócicas y estafilocócicas), fúngicas y rara vez parasitarias, cuyo origen suele ser el tracto respiratorio superior, aunque también pueden originarse por diseminación hematógena desde un foco primario, por traumatismo penetrante directo o a partir de remanentes del conducto tirogloso.

Cuadro clínico

La tiroiditis aguda es un cuadro clínico poco frecuente, caracterizado por la aparición brusca de dolor y otros signos inflamatorios en región tiroidea (calor local y enrojecimiento de la piel), existiendo con frecuencia disfagia y disfonia acompañantes. Puede existir fiebre moderada o alta. La palpación tiroidea es muy dolorosa y la velocidad de sedimentación está generalmente elevada con leucocitosis importante. La función tiroidea suele ser normal, pero se han descrito casos de hipotiroidismo e hipertiroidismo.

Son factores predisponentes para su desarrollo, la existencia de bocio previo, la persistencia del conducto tirogloso y la inmunosupresión.

Diagnóstico

El diagnóstico de sospecha es clínico, siendo el diagnóstico de confirmación por PAAF, que mostrará generalmente un infiltrado polimorfonuclear y permitirá realizar en la mayoría de los casos el diagnóstico etiológico por cultivo y tinción. El diagnóstico etiológico se obtiene también en algunos casos por hemocultivo.

La ecografia tiroidea mostrará una zona focal desestructurada con o sin formación de abceso y el estudio gammagrafíco una zona hipocaptante a ese nivel.

Tratamiento

El tratamiento de la tiroiditis aguda consiste en hospitalización con tratamiento antibiótico parenteral (según antibiograma, generalmente cloxacilina, ya que suelen ser estafilocócicas) y drenaje del abceso, en caso de que se forme, curándose con estas medidas en la mayoría de los casos sin secuelas. En caso de no realizarse el tratamiento oportuno el proceso puede ser mortal.

tabla VI.
Clasificación de las tiroiditis

• Tiroiditis aguda
• Tiroiditis subaguda
Granulomatosa o de De Quervain
Silente o postparto
• Tiroiditis crónica
Autoinmune
  Tiroiditis de Hashimoto
  Tiroiditis crónica autoinmune atrófica
Fibrosa invasiva o de Riedel
• Otras

Tiroiditis subagudas

Tiroiditis subaguda granulomatosa
o tiroiditis de De Quervain

Etiopatogenia

La etiología de la tiroiditis subaguda es probablemente vírica, habiéndose relacionado con diversos agentes como virus coxsakie, virus de la parotiditis, adenovirus, virus influenza, virus de Epstein-Barr, tras vacunación con virus de hepatitis B,...; existiendo al parecer cierta predisposición genética para su desarrollo, habiéndose asociado con mayor frecuencia a determinados HLA.

Cuadro clínico

La tiroiditis subaguda de De Quervain es un proceso frecuente, sobre todo en mujeres jóvenes o de mediana edad.

Se caracteriza desde el punto de vista clínico por la aparición brusca, generalmente tras un proceso infeccioso de vías aéreas superiores, de fiebre moderada, malestar general, y dolor en región tiroidea, el cual puede irradiarse a faringe, mandíbula u oídos, estando generalmente la glándula tiroidea aumentada de tamaño y de consistencia, siendo la palpación muy dolorosa, pero no existiendo habitualmente el calor local o enrojecimiento de las tiroiditis agudas.

Suele resolverse espontáneamente en 1-3 meses, pudiendo sufrir exacerbaciones que enlentecen la evolución en el 20 por ciento aproximadamente de los casos.

Desde el punto de vista analítico, puede existir discreta leucocitosis y discreta anemia normocítica normocrómica, siendo muy característico el aumento de la velocidad de sedimentación, excluyendo prácticamente el diagnóstico de esta entidad la existencia una velocidad de sedimentación normal.

En fases iniciales puede existir en 50-55 por ciento de los casos síntomas y signos de hipertiroidismo como consecuencia de la liberación, por la disrrupción de los folículos tiroideos por la inflamación tiroidea, de hormonas tiroideas preformadas, no existiendo nunca oftalmopatía. Esta fase tiene habitualmente una duración de 4-8 semanas y va seguida en ocasiones por una fase de hipotirodismo transitorio, de 8-12 semanas de duración, como consecuencia de la deplección de hormonas tiroideas almacenadas en el tiroides, para obtenerse después la completa recuperación en la mayoría de los casos, aunque en un 5-10 por ciento de los casos el hipotiroidismo es definitivo.

Los anticuerpos antitiroideos son habitualmente negativos, aunque en algunos casos son positivos en fases finales del proceso, no correlacionándose, sin embargo, con la actividad del mismo, estando al parecer más en relación con la sensibilización a antigenos tiroideos liberados durante el proceso inflamatorio.

Las recurrencias del cuadro son raras, ocurriendo en menos del 2 por ciento de los casos.

Diagnóstico

El diagnostico se basa generalmente en la clínica, siendo muy característico la ausencia de captación tiroidea o hipocaptación en la gammagrafia (carte blanche) coincidiendo con la fase de hipertiroidismo. La ecografía tiroidea mostrará generalmente desestructuración glandular.

La PAAF, que no es necesaria habitualmente para el diagnóstico, mostrará un infiltrado inflamatorio, siendo la lesión característica la presencia de granulomas constituidos por un núcleo central de coloide rodeado de células gigantes multinucleadas

Tratamiento

El tratamiento de estos procesos es sintomático en la mayoría de los casos, usándose salicilatos u otros antiinflamatorios no esteroideos (AAS 500 mg/ 4-6 horas), siendo, sin embargo, necesario recurrir en algunos casos en los que la sintomatología es muy incapacitante al uso de corticoides (prednisona 30- 40 mg/dia durante 7-10 días con posterior reducción progresiva de la dosis en las siguientes 6-8 semanas), los cuales no obstante no parecen afectar el curso evolutivo de la enfermedad.

El hipertiroidismo se tratará, en los casos muy sintomáticos, con beta-bloqueantes (propanolol 20-40 mg/ 8 horas); no siendo útiles los antitiroideos.

En cuanto al hipotiroidismo, es transitorio en la mayoría de los casos, no precisando generalmente tratamiento salvo en los casos en los que es muy severo o se hace definitivo.

Tiroiditis subaguda linfocitaria o tiroiditis silente esporádica o tiroiditis postparto

Etiopatogenia

Tanto la tiroiditis silente esporádica como la tiroiditis postparto tienen un origen autoinmune, contribuyendo al parecer tanto la inmunidad celular y humoral, aunque permanece sin esclarecer la participación relativa de cada uno de ellas.

La presencia de anticuerpos antitiroideos positivos (antitiroglobulina y antiperoxidasa) durante la gestación tiene un valor predictivo positivo para el desarrollo de tiroiditis postparto, excepto para las mujeres con diabetes mellitus tipo 1, donde únicamente la positividad de anticuerpos en el postparto y no durante la gestación ha mostrado un valor predictivo positivo para el desarrollo de la misma. Es, por tanto, obligado el control de la función tiroidea durante el primer año postparto de toda mujer con diabetes mellitus tipo 1 con anticuerpos antitiroideos positivos en el postparto, dada la mayor incidencia de tiroiditis postparto en este grupo (de tres a cinco veces más frecuente que en la población general).

Cuadro clínico

Estos procesos ocurren especialmente en mujeres jóvenes. La tiroiditis postparto ocurre en el 5 por ciento aproximadamente de los casos siendo, como se ha señalado, especialmente frecuente en presencia de otras enfermedades autoinmunes, en especial diabetes mellitus tipo 1, con una incidencia de hasta el 25 por ciento. Su frecuencia también es mayor en presencia de depresión postparto, y si existe el antecedente de tiroiditis postparto previa, con hasta un 70 por ciento de posibilidades de recurrencia tras siguientes embarazos.

Las únicas diferencias clínicas entre la tiroiditis silente esporádica y la tiroiditis posptarto estriban en el momento de presentación: existencia o no del antecedente de parto en el año anterior; y en los títulos de anticuerpos antitiroideos: muy elevados en la tiroiditis postparto y negativos o discretamente elevados en la tiroditis silente.

Por lo demás, ambas formas presentan en la mayoría de los casos un tiroides de tamaño normal o un discreto bocio indoloro, siendo más variables el tipo y momento de presentación de las alteraciones en la función tiroidea en comparación con la tiroiditis de De Quervain, la cual presenta habitualmente el clásico patrón trifásico de alteración de la función tiroidea ya señalado (hipertiroidismo-hipotiroidismo-recuperación funcional). El hemograma es generalmente normal y la velocidad de sedimentación normal o discretamente elevada.

La importancia clínica de las tiroiditis silente esporádica o de la tiroiditis postparto es que las recurrencias no son infrecuentes y que existe hipotiroidismo definitivo en un 20-30 por ciento los casos, de ahí la necesidad del seguimiento a largo plazo.

Diagnóstico

El diagnóstico se basa en la clínica, siendo los datos ecográficos y gammagráficos similares a los descritos en la tiroiditis de De Quervain. La PAAF, que no es necesaria habitualmente para el diagnóstico, mostraría un infiltrado inflamatorio linfoide y plasmocitário.

Tratamiento

Consiste en el tratamiento de las alteraciones funcionales tiroideas, que eventualmente pudieran producirse, siguiendo las mismas normas de actuación señaladas en la tiroiditis de De Quervain.

Tiroiditis crónicas

Tiroiditis crónica autoinmune

Etiopatogenía

Se trata de una lesión progresiva tiroidea de origen inmunológico, mediada por el sistema celular y humoral. Existe al igual que en otras enfermedades autoinmunes una predisposición genética sobre la que actúan una serie de potenciales factores ambientales desencadenantes.

Cuadro clínico

La tiroidits crónica autoinmune es un cuadro clínico muy frecuente, sobre todo en mujeres y a partir de la cuarta década de la vida.

Puede cursar clínicamente con bocio de grado variable (Enfermedad de Hashimoto) o sin bocio (Tiroiditis crónica autoinmune atrófica) y con una función tiroidea normal, hipertiroidismo (sólo excepcional y fugazmente), o bien, con hipotiroidismo primario subclínico o clínico, que generalmente tiene un carácter permanente, debiéndose recordar en este sentido, que es la causa más frecuente de hipotiroidismo en áreas con aporte adecuado de yodo. En caso de cursar con hipotiroidismo subclínico la tasa de progresión a hipotiroidismo clínico es del 5-20 por ciento al año.

Puede asociarse en el mismo paciente a otras tiroidopatías autoinmunes, se denomina hashitoxicosis a la asociación de tiroiditis de hashimoto con enfermedad de Graves-Basedow. Está también descrita su asociación a enfermedades linfoproliferativas como el linfoma tiroideo, a algunas cromosomopatías como el síndrome de Down y a otras enfermedades autoinmunes, formando parte del síndrome poliglandular autoinmune tipo I y sobre todo tipo II o síndrome de Schmidt. Cabe recordar aquí, que las principales enfermedades componentes del síndrome poliglandular autoinmune tipo I son el hipoparatiroidismo (89 por ciento de los casos), la candidiasis mucocútanea (75 por ciento de los casos) y la enfermedad de Addison (60 por ciento de los casos), apareciendo enfermedad tirodea autoinmune en el 12 por ciento de los casos; mientras que en el tipo II, las principales enfermedades componentes son la enfermedad de Addison (100 por cien de los casos), la enfermedad tiroidea autoinmune (70 por ciento de los casos), la diabetes tipo I (50 por ciento de los casos) y el fallo gonadal (5-50 por ciento de los casos).

Diagnóstico

El diagnóstico se basa en la clínica junto con la existencia de positividad de anticuerpos antimicrosomales (en 95 por ciento de los casos) y/o antitiroglobulina (en el 80 por ciento de los casos). La ecografía y la gammagrafía, que no son necesarias habitualmente para el diagnóstico, mostrarán una desestructuración de la glándula, con una captación tiroidea normal en fases iniciales e hipocap-

tación o distribución heterogénea del radiotrazador en fases avanzadas.

La PAAF, que no es habitualmente necesaria para el diagnóstico, mostrará un infiltrado linfoide difuso, con grados variables de fibrosis y de presencia de células de Hürthle.

Tratamiento

Se basa en el tratamiento del hipotirodismo clínico con levotiroxina, siendo controvertido el tratamiento del hipotiroidismo subclínico y más aún de los pacientes con presencia de positividad de anticuerpos antitiroideos pero con función tiroidea normal (véase capítulo de hipotirodismo).

Tiroiditis fibrosa invasiva o tiroiditis
de Riedel

Etiopatogenia

La etiopatogenia de este cuadro clínico es desconocida. Puede constituir una manifestación de una enfermedad generalizada del tejido conectivo, habiéndose descrito asociada a colangitis esclerosante primaria, pseudo-

tumor de órbita, fibrosis mediastínica, fibrosis retroperitoneal o fibrosis de glándulas lacrimales, sin que esté claro si así ocurre, si representan manifestaciones anatómicas distintas de una misma enfermedad o una misma respuesta patológica a diferentes agentes etiológicos.

Los anticuerpos antitiroideos pueden ser positivos hasta en un 50 por ciento de los casos, pero se duda de su papel patogénico, pareciendo más bien una consecuencia del proceso destructivo glandular.

Cuadro clínico

La tiroiditis fibrosa invasiva es un cuadro clínico muy raro, que afecta a 1 por 100.000 habitantes aproximadamente, sobre todo en mujeres de 40-70 años.

Se caracteriza por la aparición de fibrosis extensa que se extiende incluso fuera de la glándula, cursando clínicamente en la mayoría de los casos como una masa indolora de consistencia pétrea y crecimiento lentamente progresivo que aparece generalmente sobre un bocio preexistente y que produce sintomatología compresiva sobre estructuras vecinas. No existe afectación ganglionar.

La función tiroidea es generalmente normal, aunque puede existir hipotiroidismo en un 30 por ciento de los casos. Puede a largo plazo producir hipoparatiroidismo por la extensión del proceso a las paratiroides.

Diagnóstico

El diagnóstico de sospecha de este cuadro clínico se basa en la clínica, siendo el único diagnóstico de confirmación posible el diagnostico histológico con muestra obtenida mediante resección en cuña o lobectomía, la cual mostrará fibrosis, que borra la estructura tiroidea normal. La ecografía mostrará una masa sólida que se extiende y engloba las estructuras vecinas, siendo gammagráficamente hipocaptante.

Tratamiento

El único tratamiento útil de la tiroiditis de Riedel es la cirugia, cuyo fin es paliar la clínica compresiva, debiendose realizar únicamente la exéresis mínimamente necesaria para descomprimir las estructuras vecinas, no debiéndose intentar una exéresis amplia por la existencia de adherencias importantes por el proceso fibroso lo cual supone un alto riesgo quirúrgico. Los glucocorticoides se han usado con desiguales resultados, habiéndose comunicado algunos éxitos con el tratamiento con tamoxifeno. Se han descrito regresiones espontáneas del cuadro.

Otras tiroiditis

Existen otros cuadros de tiroiditis de curso subagudo asociadas a determinados fármacos y generalmente reversibles tras la suspensión de los mismos (litio, interferón alfa, interleucina 2 o amiodarona); tras la administración de radioyodo; o tras lesión del tejido tiroideo por cirugía, biopsia o incluso palpación.

Por último, hay que reseñar la existencia de tiroiditis crónicas en el contexto de enfermedades infecciosas crónicas, sobre todo en sujetos con sida, como sífilis, tuberculosis, actinomicosis o infecciones por Pneumocystis carinii; o bien de procesos sistémicos como sarcoidosis, hemocromatosis o amiloidosis, que se sospecharán por la aparición en ocasiones de una masa de crecimiento lento en un sujeto con otra manifestación anatómica de estos procesos, siendo el diagnóstico de confirmación por PAAF y el tratamiento el de la enfermedad de base y el tratamiento sustitutivo con levotiroxina cuando exista hipotiroidismo.

| Sumario |