Úlcera péptica
Diagnóstico
Como en cualquiera otra enfermedad el diagnóstico
deberá estar basado en una buena historia clínica y en una exploración física completa
que permitan orientarnos hacia esta entidad clínica.
El diagnóstico deberá enfocarse no sólo a la confirmación del
nicho ulceroso, para lo cual disponemos fundamentalmente de métodos radiológicos y
endoscópicos, sino también al diagnóstico de la causa etiológica (H. H. pylori,
AINEs, síndrome de Zollinger-Ellison, etc.); y en el caso concreto de la úlcera
gástrica a su diferenciación con una lesión ulcerada maligna.
Diagnóstico de las lesiones ulcerosas
pépticas
La elección del método diagnóstico a
utilizar va a depender en gran medida de la accesibilidad y disponibilidad al mismo y de
la experiencia en la técnica del explorador.
Métodos radiológicos
Han sido relegados de forma progresiva como
primera opción diagnóstica por la endoscopia. La sensibilidad y especificidad de la
técnica están estrechamente ligadas a la metodología empleada, siendo muy superior
cuando se emplea la técnica del doble contraste que consiste en la ingesta de una
pequeña solución de contraste baritado que permita recubrir la superficie de la mucosa
gástrica y duodenal contrastándola con el resto de la cavidad llena de aire. Otros
factores que influyen en la sensibilidad y especificidad de la técnica son la experiencia
del radiólogo y el tamaño y profundidad de las lesiones; siendo difíciles de detectar
las lesiones con un tamaño inferior a 0,5 cm. Se ha calculado que cuando se utiliza la
técnica de contraste único se detectan únicamente un 50 por ciento de las úlceras
duodenales, mientras que cuando se utiliza la técnica del doble contraste llega a
detectarse el 80-90 por ciento de este tipo de úlceras.
Radiológicamente la úlcera se manifiesta como una mancha
"suspendida" de forma oval o redondeada, habitualmente rodeada por una zona
edematosa. Es importante realizar de modo sistemático una serie de proyecciones entre las
que deben incluirse las proyecciones en decúbito prono y supino, en bipedestación, así
como planos específicos de la zona cardial, antro y bulbo duodenal.
Los signos radiológicos secundarios a cambios producidos por la
úlcera son la radiación de los pliegues desde el nicho ulceroso, una línea que bordea
el cráter ulceroso secundario al edema periulceroso (denominada línea de Hampton),
también es posible observar un halo radiotransparente periulceroso como consecuencia del
edema y imágenes de espasmos regionales producidos por la contracción de la pared
contralateral a la localización de la úlcera. Asimismo, se pueden ver deformidades
secundarias a la cicatrización de la úlcera, como los pseudodivertículos, la
retracción del píloro hacia la curvatura menos o la imagen en "trébol" del
bulbo duodenal.
Se han establecido una serie de signos radiológicos que permiten
aproximar un diagnóstico entre benignidad y malignidad de la lesión ulcerosa (Tabla VI).
Entre los primeros destacan la presencia de la línea de Hampton o un rodete edematoso, la
simetría de los pliegues (sobretodo cuando alcanzan el borde de la úlcera) o la
presencia de espasmos en la pared opuesta. Entre los signos de malignidad destacan la
irregularidad de los pliegues o del fondo ulceroso, la localización de la úlcera en la
curvadura mayor gástrica (especialmente si ésta es de gran tamaño), la existencia del
menisco de Carman, formado por un doble o triple rodete periulceroso irregular formado por
el edema y las nodulaciones y la ausencia de replección con el contraste.
TABLA
VI.
SIGNOS DE BENIGNIDAD Y MALIGNIDAD RADIOLÓGICOS |
Signos sugestivos de benignidad:
Localización en curvatura menor gástrica
Radiación simétrica de los pliegues
Regularidad de los pliegues
Pliegues alcanzando el cráter ulceroso
Existencia de una banda o collar radiolucente alrededor de la úlcera
producida por el edema
Línea de Hampton: Línea radiolucente de 1 mm de grosor que rodea el
borde ulceroso
Existencia de espasmo en la pared opuesta a la lesión ulcerada
Extensión del cráter ulceroso por fuera de la luz gástrica
Coexistencia de una ulcera duodenal con una úlcera gástricaSignos sugestivos de malignidad:
Localización de la úlcera en la curvadura mayor gástrica
Ulceras de gran tamaño
Existencia de una imagen de masa alrededor de la úlcera
Pliegues irregulares y nodulares, borrados o interrumpidos
Defectos o irregularidades en el centro del cráter ulceroso
Localización por dentro de la línea teórica de la curvatura
Existencia del menisco de Carman
Ausencia de replección con el contraste |
En el caso de sospecha de perforación u
obstrucción, se debe realizar una radiografía simple de tórax y abdomen.
Visualizándose en el primer caso la presencia de un neumotórax (línea radiolucente por
debajo del diafragma) y en el segundo podrá verse una distensión en la zona teórica de
la cavidad gástrica (además de un nivel hidroaéreo en la proyección en
bipedestación).
Métodos endoscópicos
La endoscopia es más sensible y específica
que la radiología, pues en manos expertas permite detectar la presencia del nicho
ulceroso en más del 95 por ciento de los casos. Pero, además, tiene la ventaja de que
permite la realización de biopsias y tomas citológicas y en caso necesario, como en las
úlceras sangrantes, la actuación terapéutica sobre las mismas.
El informe endoscópico debe contener una relación pormenorizada
que indique la localización de la úlcera, su tamaño y morfología, su profundidad, las
características de los bordes y del fondo del cráter, así como la existencia o no de
lesiones asociadas.
La úlcera benigna se caracteriza por tener un contorno liso con un
fondo regular con pliegues blandos y con convergencia de pliegues. Mientras que
constituyen signos radiológicos de malignidad la existencia de pliegues rodeando un
cráter de aspecto irregular, interrumpidos, nodulares, fusionados, estando los márgenes
ulcerosos sobreelevados con aspecto friable e irregular, pudiendo en ocasiones
visualizarse una tumoración que protuye hacia la luz. No obstante se debe tener en cuenta
que un 5 por ciento de las lesiones malignas tienen una apariencia endoscópica benigna;
por ello, en toda úlcera gástrica (aunque los signos endoscópicos sean de benignidad)
se debe descartar malignidad, para lo cual se deben realizar múltiples biopsias
endoscópicas de los márgenes de la úlcera y del fondo de la misma, habiéndose
calculado que son necesarias 6-8 biopsias con pinza convencional o 4 biopsias con pinza
tipo "jumbo".
Aunque la técnica endoscópica es la exploración indicada, hoy en
día, en primer lugar, hay que recordar que en algunos ámbitos sanitarios ésta es aún
poco accesible por el insuficiente desarrollo de la estructura sanitaria o bien no es
posible realizarla porque el paciente rechaza la exploración. En estos casos es aceptable
la realización de un estudio radiológico. No obstante, es preciso recalcar que será
imprescindible la realización posterior de una endoscopia para descartar malignidad
mediante biopsias en aquellos casos en los que con el estudio radiológico se haya
detectado una úlcera gástrica. En cualquier caso, la endoscopia es también
imprescindible cuando existe una hemorragia digestiva alta, síntomas persistentes con
radiología negativa en personas mayores de 45 años, si existe el antecedente de una
intervención quirúrgica gástrica previa o si existe resistencia al tratamiento médico
adecuado.
Diagnóstico etiológico de la
enfermedad ulcerosa péptica
Diagnóstico
de la infección por Helicobacter H. pylori
Actualmente se dispone de una amplia variedad
de técnicas de diagnóstico con alta fiabilidad y en la mayoría de los casos no se
requieren grandes medios técnicos.
Los métodos diagnósticos de la infección por Helicobacter H.
pylori se dividen tradicionalmente en métodos directos y métodos indirectos (Tablas
VII y VIII). Los métodos directos se basan en la demostración directa del microorganismo
por el estudio de muestras obtenidas mediante biopsia gástrica. Son, por lo tanto,
técnicas que precisan de una endoscopia y agresivas para el enfermo. Los métodos
indirectos se basan en el estudio y detección de ciertas características de la bacteria
(por ejemplo, la capacidad de hidrolizar la urea a través de la producción de ureasa) o
la respuesta del sistema inmune del hospedador frente a su infección (detección de
anticuerpos específicos). Este tipo de técnicas no necesitan la realización de una
endoscopia y, por lo tanto, pueden considerarse como poco agresivas para el paciente.
TABLA
VII.
MÉTODOS DIAGNÓSTICOS PARA
LA INFECCIÓN POR H. H. pylori |
Métodos directos:
Prueba de la ureasa rápida
Histología
Tinción de gram
Cultivo
Test del hilo
Determinación de amonio y urea en jugo gástricoMétodos indirectos:
Serología: ELISA e Inmunoblot
Prueba de la urea con marcada con C13
o C14 |
TABLA
VIII.
SENSIBILIDAD Y ESPECIFICIDAD DE LAS PRINCIPALES TÉCNICAS DIAGNÓSTICAS
DE LA INFECCIÓN POR H. H. pylori |
Prueba
diagnóstica |
Sensibilidad
(%) |
Especificidad
(%) |
| Prueba de la ureasa rápida |
85-95 |
95-100 |
| Histología |
85-90 |
95-100 |
| Tinción de gram |
90 |
90-100 |
| Cultivo |
75-90 |
100 |
| Serología |
85-95 |
80-95 |
| Prueba del aliento con C13 |
90-100 |
>95 |
Métodos
directos
Todos ellos precisan de la obtención de una
muestra del epitelio gástrico obtenida mediante un endoscopio flexible para demostrar la
infección por Helicobacter H. pylori, por lo que también se les denomina
métodos invasivos.
Aunque la bacteria tiene predilección para colonizar el antro
gástrico está uniformemente distribuida por toda la cavidad gástrica. Por ello, se
recomienda la toma de la biopsia en la región prepilórica, a 2-5 cm del píloro, por ser
éste el lugar preferente de colonización del Helicobacter H. pylori; aunque es
frecuente que cuando esté infectado el antro también lo esté el cuerpo gástrico. Sin
embargo, un pequeño número de pacientes pueden tener la bacteria en una sóla de estas
localizaciones. Reciéntemente un Grupo de Trabajo creado bajo los auspicios del Grupo
Europeo para el Estudio del Helicobacter H. pylori ha realizado una serie de
recomendaciones en relación al lugar y al número de biopsias que deben tomarse para
diagnosticar la infección por Helicobacter H. pylori antes y después de un
tratamiento erradicador. Es importante la obtención de biopsias en cuerpo gástrico
cuando se trate de investigar la infección en pacientes que han sido previamente tratados
con inhibidores de la bomba de protones a altas dosis. En estas circunstancias, es más
fácil detectar el microorganismo en la mucosa del cuerpo gástrico que en el antro, dado
que el microorganismo se protege emigrando a porciones más proximales de la cavidad
gástrica.
Histología
La observación de microorganismos de morfología espirilar en los
cortes histológicos de las biopsias es un método de diagnóstico sencillo de la
infección por Helicobacter H. pylori. Es característica su localización en
íntimo contacto con el epitelio de superficie, en plena barrera mucosa. Tiene, además,
la gran ventaja frente a los demás métodos, de proporcionar simultáneamente
información precisa sobre los cambios morfológicos de la mucosa gástrica, por otra
parte característicos: gastritis crónica activa con presencia de nódulos linfoides.
Mediante el examen histológico es posible distinguir las gastritis producidas por
Helicobacter H. pylori de las causadas por Helicobacter bizzozeroni, (antes
denominado Helicobacter helmanii), que es una bacteria también de morfología espirilar
aún no cultivable y que ocasionalmente se encuentra en el estómago humano.
Las muestras obtenidas para estudio histológico pueden ser
conservadas hasta el momento de su procesamiento en formaldehido y no precisan ningún
medio de transporte especial. No existe ninguna tinción específica para el Helicobacter H.
pylori. Entre los métodos de tinción utilizados, unos son simples y, por lo tanto,
fáciles de manejo, y otros son más complejos de realizar. La elección del método
depende más de la experiencia, preferencia y posibilidades de cada laboratorio que de una
clara ventaja de una técnica de tinción en particular. Entre estas tinciones destacan la
tinción de plata de Warthin-Starry y la tinción con hematoxilina y eosina.
La tinción de Warthin-Starry, descrita en 1922, es la utilizada
habitualmente para la identificación de espiroquetas. Esta técnica es muy buena para
visualizar el microorganismo, pero es relativamente complicada de realizar, es laboriosa y
tiene un elevado coste por el tipo de reactivos utilizados. Además, en ocasiones pueden
producirse falsos positivos al ser difícil distinguir al microorganismo de los
precipitados de plata en la capa mucosa. Ello hace que habitualmente no se utilice como
técnica de rutina, reservándose para aquellos casos en que existan dudas diagnósticas.
La técnica de tinción con Hematoxilina-Eosina es la técnica más
utilizada para el diagnóstico de las muestras incluidas en parafina. Su principal ventaja
consiste en que permite el diagnóstico y graduación de la lesión histológica asociada,
además de ser una técnica fácil de realizar, utilizada de forma rutinaria en los
laboratorios de Anatomía Patológica, por lo que no añade costes ni tiempo al
procesamiento habitual de las biopsias. Tiene como inconveniente el que requiere una
experiencia superior a otras técnicas para establecer un correcto diagnóstico de la
presencia o no del Helicobacter H. pylori, por lo que se la considera una
tinción para histopatólogos experimentados.
Otra técnica ampliamente utilizada es la tinción de Giemsa, que a
diferencia de la anterior, permite una fácil identificación del Helicobacter H.
pylori que aparece teñido de azul intenso sobre el fondo azul luminoso. Por su
simplicidad, rapidez y bajo costo, se considera al Giemsa como la tinción de elección.
Existen otras técnicas de tinción cuyo comentario se sale de los fines de este texto.
Cultivo
El aislamiento del Helicobacter H. pylori de una muestra de
biopsia gástrica constituye, en teoría, el "patrón oro" como técnica de
diagnóstico. Habitualmente se le considera una técnica difícil y tediosa; sin embargo,
adoptando una serie de mínimas precauciones, la mayoría de los laboratorios consiguen el
crecimiento del microorganismo. El cultivo, además de método diagnóstico, tiene la
ventaja de tipificar el organismo y determinar su sensibilidad frente a los agentes
antibacterianos, lo cual tiene importancia desde el punto de vista epidemiólogico y para
conocer posibles resistencias frente a regímenes terapéuticos previamente ensayados.
Además, permite la detección del Helicobacter H. pylori tras tratamientos
antibióticos cuando el número de bacterias es pequeño. En trabajos de investigación
permite investigar las propiedades de virulencia del germen y nuevos antígenos para
técnicas serológicas.
Dado que el Helicobacter H. pylori es muy sensible a la
desecación y a las condiciones atmosféricas habituales, es de suma importancia
transportar las muestras de modo adecuado y en el espacio de tiempo más breve posible.
Las muestras destinadas a cultivo permanecen viables durante aproximadamente 5 horas
cuando son conservadas en suero salino a 4ºC, o durante más de 24 horas si se conservan
a 4ºC en un medio de transporte específico para Helicobacter H. pylori. Si las
muestras se almacenan a -70ºC o en nitrógeno líquido pueden ser conservadas
practicamente durante tiempo indefinido. El medio de transporte más utilizado y con
buenos resultados es el suero salino fisiológico al 0,9 por ciento; sin embargo, el
Helicobacter H. pylori pierde en él la viabilidad a temperatura ambiente en
menos de 2 horas. Por ello se han propuesto otros medios de transporte, como la solución
de glucosa al 20 por ciento entre otras.
La muestra puede sembrarse directamente en el medio de cultivo,
aunque es mejor homogenizarla y triturarla en un mortero estéril antes de su
procesamiento.
Se han descrito una gran cantidad de medios de
cultivo para el Helicobacter H. pylori, de los cuales el medio de Skirrow es el
más utilizado. Para obtener un buen crecimiento debe añadirse al medio sangre total o
suero (1 por ciento-5 por ciento). La mayoría de los suplementos que se añaden a los
medios de cultivo (heminas, catalasas, albúmina y carbón activado entre otros) no tienen
valor nutritivo per se, pero probablemente ejercen un efecto beneficioso sobre la bacteria
al neutralizar o fijar factores tóxicos (tales como aniones superóxido, radicales
hidroxilo, y otros) que se producen en el medio. De todos modos, también puede cultivarse
el Helicobacter H. pylori en un medio simple con agar y 6 por ciento de sangre de
carnero.
Para evitar el sobrecrecimiento bacteriano, relativamente frecuente
tanto por contaminantes exógenos como por endógenos presentes en la muestra de biopsia,
se recomienda la utilización de medios de cultivo selectivos (como el de Skirrow) que
añaden al medio nutritivo un suplemento antibiótico. Se han propuesto diversos
antibióticos para incluir en el medio de cultivo, siendo los más utilizados cefsulodina,
trimetropim, vancomicina y amfotericina.El pH básico favorece el sobrecrecimiento
bacteriano.
Dadas las características microaerófilas del germen, las placas se
deben incubar en una "jarra de anaerobios" a una presión de 200 mm de Hg, que
se llena con una mezcla gaseosa compuesta por 5-10 por ciento de O2, 5-10 por ciento de
CO2, 5-8 por ciento de H2 y 80-90 por ciento de N2 a 37ºC. Existen en la actualidad
prepeparados comerciales en forma de sobres que proporcionan esta mezcla gaseosa. Con
estos sistemas se obtienen buenos crecimientos, pero deben reemplazarse siempre que se
abra la jarra y se obtienen mejores resultados si esta mezcla gaseosa es reemplazada a las
24 horas de realizada la siembra inicial.
La temperatura óptima a la que deben colocarse las placas de
cultivo es de 35ºC a 37ºC, debiéndose examinar las muestras diariamente a fin de
identificar las colonias de Helicobacter H. pylori, que tienen un diámetro de
1-2 mm, son traslúcidas, producen poca hemólisis y adoptan un color grisáceo. Se
recomienda que el periodo de incubación sea de al menos 7 días. La confirmación del
diagnóstico se establecerá por las características del microorganismo: gramnegativo,
catalasa+, oxidasa+ y ureasa+. En pacientes que hayan estado recibiendo tratamiento
antibiótico debe prolongarse la incubación durante 10, días con el fin de poder
detectar la existencia de un bajo número de colonias.
La especificidad del cultivo es del 100 por cien y la sensibilidad
es menor.
Tinción de Gram
La tinción de Gram y visualización en el microscopio de un frotis
de la muestra en fresco es una técnica rápida y certera en manos expertas. Se han
descrito sensibilidades del 90 por ciento y especificidades cercanas al 100 por cien. Si
se obtienen muestras simultáneamente de antro y fundus la sensibilidad del Gram es
prácticamente del 100 por ciento.
Prueba rápida de la ureasa
La capacidad del Helicobacter H. pylori para producir
grandes cantidades de ureasa ha servido para desarrollar un método rápido y sencillo de
diagnóstico. Para su realización se coloca una muestra de biopsia gástrica en un tubo
con urea y un indicador que cambia la coloración del medio al variar el pH. Si la muestra
contiene ureasa (y por tanto Helicobacter H. pylori), se hidroliza la urea
formándose iones amonio, los cuales aumentan el pH de la solución, produciéndose un
cambio de color. Puede realizarse a temperatura ambiente, aunque está descrita una mayor
sensibilidad si se incuba la muestra a 37ºC ó más. La rápidez del resultado depende
del número de bacterias presentes en la muestra, siendo suficiente una mínima cantidad
de microorganismos para que la prueba sea positiva (> 104 UFC/ml).
Pueden producirse resultados falsos negativos si la cantidad de
bacterias en el estómago es pequeña. La especificidad de esta prueba es alta por varias
razones: el número de bacterias contaminantes en la cavidad gástrica suele ser bajo,
ningún otro microorganismo produce tanta cantidad de ureasa y las muestras se incuban a
temperatura ambiente que previene del rápido crecimiento de otras bacterias. Sin embargo,
pueden producirse resultados falsos positivos por la presencia de otros gérmenes
productores de ureasa en la muestra, como Proteus o Yersinia.
Actualmente disponemos de varias pruebas de la ureasa. Las más
utilizadas son el CLO-test, la urea de Christensen y soluciones de urea a concentraciones
variables. La sensibilidad y especificidad de todos ellas es en general mayor del 90 por
ciento y 100 por cien respectivamente, variando fundamentalmente en la rápidez de
obtención del resultado.
Se recomienda realizar la prueba de la ureasa siempre junto con, al
menos, otro método diagnóstico (cultivo ó histología). Además se ha visto que la
sensibilidad de la prueba disminuye en pacientes que hayan recibido tratamiento
antibiótico o inhibidores de la bomba de protones.
Técnicas moleculares
Inicialmente se desarrollaron técnicas de hibridación con sondas
marcadas radiactiva o antigénicamente, hibridación con oligonucleótidos basados en
secuencias del rRNA y métodos de hibridación in situ con sondas de DNA específicas para
el Helicobacter H. pylori. Estos métodos permiten la detección del Helicobacter
H. pylori, aunque éste no sea visible mediante tinción histológica y no
muestre reacciones cruzadas con otros microorganismos. Actualmente, con la aplicación de
la PCR capaz de detectar pequeñas cantidades de DNA se han mejorado estas técnicas.
La técnica de la PCR además de ser muy sensible y específica,
rápida (24-48 horas) y aplicable a muestras obtenidas por métodos invasivos y no
invasivos; permite detectar y diferenciar recidivas o reinfecciones tras el tratamiento
por medio de un estudio del DNA de las cepas del Helicobacter H. pylori mediante
la realización de técnicas como es el RFLP (Restriction Fragment Length Polymorphism).
Tiene como inconvenientes: la necesidad de disponer de equipamiento sofisticado y personal
experimentado y el aún elevado precio de la técnica. Actualmente se reserva la
utilización de esta técnica para estudios de investigación, pero es probable que en un
futuro inmediato cuando se disponga de equipos comerciales con precios más asequibles
comienze a extenderse su empleo.
Métodos indirectos
Prueba del aliento con urea marcada con
carbono C13 o C14 (Urea Breath Test)
La prueba del aliento se basa en la capacidad de la ureasa producida
por el Helicobacter H. pylori para hidrolizar con rapidez una solución de urea
previamente marcada, bien con C13 o C14. El anhídrido carbónico marcado se absorbe,
difunde a la sangre, es transportado a los pulmones y de allí excretado a través del
aliento espirado. La cantidad de CO2 marcado excretado está en relación directa con la
intensidad de la hidrólisis de la urea y, por lo tanto, con la presencia del Helicobacter
H. pylori. La prueba es fácil de realizar, ya que, tras un ayuno nocturno, se
recoge una muestra basal de aire espirado, después se administra una comida rica en
calorías y triglicéridos de cadena larga con el fin de retrasar el vaciamiento
gástrico, seguida de la ingesta de una solución acuosa con la urea marcada.
Posteriormente se recogen muestras de aire espirado tras determinados períodos de tiempo.
En el caso de que exista infección por Helicobacter H. pylori, se eliminará
13CO2 , mientras que éste no será detectado si no hay infección gástrica. Los
resultados de cada muestra del aliento son emitidos en unidades delta, definida como la
expresión en tantos por mil de la relación de C13 o C14/C12 del ejemplo con respecto al
standard. Las concentraciones más altas se obtienen entre los 20 y 60 minutos después de
la administración de la urea marcada.
Las mayores ventajas que presenta la utilización de C13 es que se
trata de un isótopo natural estable y no radiactivo, por lo que se puede repetir la
prueba tantas veces como sea necesaria, incluso en niños y en mujeres embarazadas. El
principal inconveniente es que precisa para la lectura del aire espirado de un
espectrómetro de masas, lo que supone una elevada inversión inicial.
El C14 tiene la ventaja frente al C13 que los centros tienen
normalmente el escentillógrafo necesario para realizar la lectura en el aire espirado.
Además, la urea marcada con C14 es más barata. Sin embargo, aunque la dosis de
radiación administrada al paciente es baja (equivalente a 1/1.000 de la recibida en un
estudio radiológico gastroduodenal), es necesaria la licencia para su manejo, precisa un
almacenamiento adecuado y no puede realizarse en niños ni en mujeres embarazadas.
A diferencia de los métodos diagnósticos basados en el análisis
de la muestra obtenida por biopsia gástrica y, así, sujetos a la distribución
heterogénea del Helicobacter H. pylori en la cavidad gástrica, la prueba del
aliento estudia la gran superficie del estómago en su totalidad con lo que se aumenta su
sensibilidad. Es un método cualitativo, y aunque podría ser de utilidad la
cuantificación de las bacterias existentes, es difícil, dado que las diferentes cepas de
Helicobacter H. pylori varían en su concentración de ureasa hasta en ocho
veces.
La prueba del aliento posee una alta sensibilidad (90-100 por cien)
y especificidad (78-100 por cien) al compararla con las pruebas histológicas. La causa
más frecuente de falsos negativos es cuando se realiza la prueba antes de que haya
transcurrido un mes desde la utilización de tratamientos con antibióticos, bismuto u
omeprazol. El efecto de los inhibidores de la bomba de protones parece ser dosis
dependiente y se recomienda que pasen al menos 7 días desde la finalización del
tratamiento hasta la realización de la prueba. Cuando se han empleado concomitantemente
un inhibidor de la bomba de protones junto con un antibiótico o bismuto el tiempo que ha
de transcurrir hasta poder realizar la prueba se recomienda que sea mayor (> 28 días).
Pueden obtenerse también falsos negativos en: pacientes sometidos a cirugía gástrica,
probablemente como consecuencia de la rápida salida de la urea de la cavidad gástrica en
estos pacientes por un vaciamiento gástrico acelerado y en pacientes a los que se les ha
realizado una endoscopia en las 4 horas anteriores, por el cambio de la presión parcial
de oxígeno en la luz gástrica que puede disminuir la actividad ureásica del
Helicobacter H. pylori. Pueden obtenerse resultados falsos positivos por la
existencia en el estómago de otras bacterias productoras de ureasa, lo cual puede ocurrir
en pacientes con aclorhidria, como consecuencia de la gastritis atrófica o por toma de
inhibidores de la secreción gástrica.
La prueba del aliento es capaz de detectar infecciones en las que la
cantidad de Helicobacter H. pylori sea pequeña. Identifica bien y de modo
rápido la erradicación del Helicobacter H. pylori tras el tratamiento, por lo
que es la técnica de elección para hacer el seguimiento de pacientes sometidos a
tratamiento erradicador.
Serología
Los pruebas serológicas para el diagnóstico de la infección por
Helicobacter H. pylori se basan en estudiar la presencia o no de anticuerpos
específicos frente a antígenos de este microorganismo que aparecen como consecuencia de
la respuesta inmune, tanto local como sistémica, que se produce tras la infección por el
Helicobacter H. pylori. Se han estudiado estos anticuerpos específicos utilizado
diferentes antígenos del Helicobacter H. pylori y diferentes técnicas
serológicas.
Preparaciones antigénicas
La elección de los antígenos es esencial
para obtener buenos resultados mediante las pruebas serológicas. La sensibilidad y
especificidad de las pruebas empleadas, así como su valor predictivo positivo (VPP) o
valor predictivo negativo (VPN), se hallan en íntima relación con la composición
antigénica empleada. Los requisitos que debe cumplir una preparación antigénica son: 1)
Tener una alta proporción de componentes microbianos con buena antigenicidad; 2) Ser
comunes a todas las cepas; 3) Tener pocas reacciones cruzadas con otros microorganismos;
4) Ser fácil de aislar y purificar; y 5) Unirse bien al soporte sólido.
Las composiciones antigénicas del Helicobacter H. pylori
pueden se clasifican en tres categorías:
1) Suspensiones celulares completas y sonicados de células
bacterianas: Fueron las primeras utilizadas. Las supensiones celulares completas contienen
múltiples epitopos que no están bien definidos. La sensibilidad de estas pruebas es muy
buena (96-97 por ciento), pero sin embargo tienen una baja especificidad (74-91 por
ciento). Las células se unen de forma inespecífica a la inmunoglobulina (Ig) y presentan
reacciones cruzadas con otras especies del género Campylobacter. Ello fue el motivo de
que no se generalizase su empleo y de que comenzaran a utilizarse sonicados celulares
modificados o tras calentamiento a 60ºC, que si bien aumentaban la especificidad,
reducían la sensibilidad con respecto a las preparaciones de células completas. Los
sobrenadantes de sonicados centrifugados o ultracentrifugados poseen una buena
especificidad (97 por ciento) y una sensibilidad algo menor (80 por ciento).
2) Extractos celulares con glicina-ácida: El método de extracción
ácida se realiza suspendiendo bacteria intacta (4 g/100 ml) en solución tampón
clorhídrico de glicina 0,2 mol, a pH ácido de 2,2 durante 15 minutos a 20ºC. El perfil
protéico de estas preparaciones de extracto ácido difiere considerablemente del de las
suspensiones celulares completas
Con la intención de mejorar las mezclas antigénicas, se realizaron
esfuerzos para identificar y purificar los componentes antigénicos más idóneos que
permitieran disminuir la reactividad cruzada con otras bacterias y mejorar así la
especificidad de las pruebas.
3) Antígenos purificados: Se han propuesto varios antígenos
purificados, como la hemaglutinina con afinidad por la N-acetil-neuraminil-lactosa, las
preparaciones con ureasa, y las proteínas de alto peso molecular. Estas pruebas con
antígenos de una sola proteína purificada parecieron prometedoras. Han demostrado una
excelente especificidad (hasta del 98-100 por cien), pero a expensas de perder
sensibilidad. Los antígenos específicos purificados podrían ser la alternativa más
razonable, pero es difícil que un componente antigénico único proporcione una
sensibilidad adecuada, dada la gran variabilidad de la respuesta inmunológica humana. No
todos los pacientes infectados por Helicobacter H. pylori producen anticuerpos
frente a estos antígenos, lo cual se ha tratado de explicar por el hecho de que no todas
las cepas de Helicobacter H. pylori presentan estas proteínas.
Para tratar de mejorar la sensibilidad de estos antígenos
purificados se ha propuesto combinarlos con otro, o incorporarlos junto con un componente
antigénico múltiple.
La inclusión de más cepas en la preparación antigénica aumenta
sólo ligeramente la sensibilidad de la prueba. Es más, se han obtenido resultados
excelentes con antígenos derivados de una única cepa cuando se utilizan para estudiar
sueros procedentes de un país lejano al de su origen. Por el contrario, la variabilidad
antigénica entre cepas sí podrían tener una repercusión negativa sobre la sensibilidad
de las pruebas serológicas basadas en antígenos constituidos por una sóla proteína.
Técnicas serológicas
La gran variedad de técnicas y preparaciones
antigénicas utilizadas, la diversidad en la evaluación de los resultados y en la
definición de un paciente como Helicobacter H. pylori positivo o negativo, y la
gran variabilidad en los grupos poblacionales estudiados hacen muy compleja la revisión
de este apartado. De entre las técnicas serológicas ensayadas para detectar Helicobacter
H. pylori destacan dos: el inmunoblot y la técnica de ELISA.
Inmunoblot
Esta técnica posee una alta sensibilidad que
le viene dada fundamentalmente por el hecho de que cualquier proteína inmunogénica se
concentra en una línea muy fina de la membrana de nitrocelulosa. Puede diferenciarse la
respuesta inmune con respecto a las diferentes clases de Ig, mediante el empleo de
anticuerpos secundarios específicos de clase.
La técnica de inmunoblot es la mejor para identificar y
caracterizar bioquímicamente las preparaciones antigénicas y sus variaciones. Por
ejemplo, los análisis comparativos de los perfiles proteicos de las diferentes cepas de
Helicobacter H. pylori ayudan a decidir si se debe utilizar una o varias cepas
como antígenos. Esta técnica nos permite conocer también si existen o no proteínas con
reacción cruzada en las diferentes preparaciones antigénicas. Es decir, el inmunoblot es
una técnica excelente para el control de una preparación antigénica.
La técnica de inmunoblot tiene el inconveniente de que es muy
laboriosa, requiere personal experimentado y tiene problemas técnicos para su
automatización. Por lo tanto, no es aplicable a un gran número de sueros. Además, sólo
permite una interpretación semicuantitativa de los resultados. En definitiva, el
inmunoblot en la mayoría de los estudios sirve como método de referencia o para
identificar la composición antigénica más adecuada para el ELISA.
Enzimoinmunoensayo (ELISA)
Las ventajas del ELISA son que permite obtener
resultados cuantitativos, la técnica no es compleja y, por tanto, puede ser realizada por
personal relativamente inexperto, se puede automatizar, y puede utilizarse como método de
"screening" con un número limitado de diluciones séricas. Además, permite
conocer la respuesta inmunológica de las diferentes clases de Ig. Los resultados pueden
expresarse en unidades de ELISA (U/ml) según una serie de diluciones de un suero control.
La comercialización de diferentes equipos de ELISA permite que la técnica sea asequible
tanto a investigadores como a los diferentes centros sanitarios.
Tiene como problemas-inconvenientes: la difícil selección del
antígeno más adecuado para la prueba; la definición del "punto de corte"; la
verificación diaria de la fiabilidad de la prueba; y también la reducción de los
costos, relativamente elevados, del equipo necesario.
El grado de sensibilidad y especificidad del ELISA va a depender de
la preparación antigénica empleada; del "punto de corte" utilizado; de las
diferentes diluciones del suero empleadas; y también del método utilizado como
"patrón oro" o referencia para decidir que un paciente está realmente
infectado por Helicobacter H. pylori.
En función del preparado antigénico empleado, la sensibilidad y
especificidad del ELISA varían sustancialmente. La sensibilidad utilizando un extracto
ácido de glicina varía del 81-99 por ciento y la especificidad del 78-97 por ciento.
La sensibilidad y especificidad del ELISA frente a Helicobacter H.
pylori están muy influenciadas por el "punto de corte" elegido. Un
"punto de corte" elevado aumenta la especificidad pero reduce la sensibilidad; y
a la inversa, un "punto de corte" bajo aumenta la sensibilidad a expensas de
disminuir la especificidad.
Tipos de anticuerpos
Si bien la gran mayoría de los estudios
serológicos detectan anticuerpos del tipo IgG, dado que ésta es la principal respuesta
sistémica inmunológica frente al Helicobacter H. pylori, en ocasiones se
observan enfermos con infección demostrada por Helicobacter H. pylori que
presentan títulos no diagnósticos de IgG y sí en cambio de IgA, aunque los niveles de
IgA suelen ser inferiores a los de IgG en las diferentes entidades clínicas estudiadas.
Además, se ha demostrado en algún estudio que la determinación de IgA es más
específica que la IgG.
Los anticuerpos de tipo IgM se detectan en menos del 10 por ciento
de los pacientes infectados por Helicobacter H. pylori. A diferencia de lo que
ocurre con la IgG y la IgA, la IgM no permite discernir entre pacientes infectados por
Helicobacter H. pylori y no infectados. Son numerosos los trabajos que muestran
la poca utilidad del análisis de esta Ig, que ofrece títulos bajos y similares en grupos
de pacientes Helicobacter H. pylori positivos y negativos. Se ha tratado de
explicar este hecho por el carácter crónico de esta infección. Existirían únicamente
títulos de IgM elevados en la fase inicial de la infección dada la vida media corta de
esta Ig, pero mientras persiste la colonización, la respuesta de IgM desciende e incluso
en una posterior recolonización o recrudescencia de la infección, no aumentaría la
respuesta de esta Ig. También se ha aducido como explicación que los diferentes
estímulos antigénicos repetidos causados por las diferentes cepas que llegan a la
cavidad gástrica inducirían una respuesta de tipo IgM que desaparecería en un corto
período de tiempo, y si éstas no llegan a colonizar el estómago no causarían una
respuesta secundaria de IgG e IgA.
Se ha demostrado útil la monitorización de los títulos de
anticuerpos frente al Helicobacter H. pylori para evaluar la respuesta al
tratamiento de esta infección. En diversos estudios se ha observado un descenso de la IgG
y de la IgA séricas a las pocas semanas en pacientes sometidos a tratamiento y en los que
se ha erradicado la bacteria, la mayoría de los trabajos refieren un descenso más
rápido para la IgA y una caída más gradual de la IgG.
No obstante, el descenso de IgG e IgA no ocurre en todos los
pacientes en los que se ha conseguido erradicar el Helicobacter H. pylori. En la
mayoría de los estudios realizados a largo plazo se observa durante las primeras semanas
de seguimiento (a veces hasta la 7-10 semana) un descenso en los títulos de anticuerpos
en un gran número de pacientes independientemente de cual fuera el resultado
bacteriológico final. A partir de entonces, los títulos se estabilizan o aumentan de
nuevo en el grupo de pacientes no erradicados y disminuyen en los erradicados. Los
títulos de anticuerpos disminuyen hasta un 50 por ciento o menos de su valor inicial, en
los pacientes en los que se logra erradicar el microorganmismo, generalmente a partir del
sexto mes de seguimiento. Una reducción en el 20 por ciento del valor inicial de
anticuerpos séricos de tipo IgG al año de administrar el tratamiento tiene una
sensibilidad del 93 por ciento para determinar la erradicación del Helicobacter H.
pylori.
La recurrencia de la infección por Helicobacter H. pylori
en los pacientes en los que previamente se había logrado erradicar el microorganismo se
acompaña de aumentos rápidos de los títulos de IgG y de IgA específicas.
Las pruebas serológicas que disponemos en la actualidad indican
unicamente una exposición previa al Helicobacter H. pylori. Sin embargo, estas
pruebas no discriminan entre personas con infección activa y enfermedad, personas
infectadas pero asintomáticas y personas sanas previamente expuestas a la infección. Es
probable que en un futuro no muy lejano dispongamos de pruebas serológicas que nos
permitan distinguir entre infección activa asociada a enfermedad e infección
asintomática. Hoy por hoy, las técnicas serológicas son muy útiles para estudios
epidemiológicos a gran escala y son de utilidad menor para el control de la erradicación
de la infección.
Otras técnicas y empleos de la
serología
Además del inmunoblot y ELISA se han
utilizado con mayor o menor éxito otras técnicas serológicas: técnica de
inmunofluorescencia indirecta; fluoroinmunoensayo; prueba de fijación del complemento,
hemaglutinación pasiva y análisis por inmunofluorescencia de citometría de flujo.
Actualmente se dispone de equipos comerciales de ELISA rápido, con
una buena sensibilidad y especificidad (92-98 por ciento y 92-95 por ciento,
respectivamente), que se pueden realizar en la consulta o cuarto de endoscopias (Helisal,
QuickVue One-Step H.H. pylori Test). De todos modos su positividad debe ser
confirmada con un ELISA de laboratorio, ya que ofrece hasta un 10 por ciento de falsos
positivos.
Recientemente se ha descrito la determinación de anticuerpos (IgG)
frente a Helicobacter H. pylori en orina mediante técnica de ELISA con una
sensibilidad y especificidad del 95,9 y 90 por ciento, respectivamente y con una
correlación del 95 por ciento con las determinaciones de anticuerpos en suero.
Así mismo, se han realizado determinaciones de anticuerpos en
saliva mediante técnicas de ELISA también con buenos resultados (sensibilidad hasta del
90 por ciento y especificidad hasta del 100 por cien).
Otros métodos diagnósticos
Un nuevo método diagnóstico con capacidad de
demostrar directamente la presencia o no del Helicobacter H. pylori y sin
necesidad de realizar una endoscopia ha sido propuesto por un grupo de autores
españoles.Utilizan un hilo de nylon con gran capacidad de absorción unido a una
cápsula, que son deglutidos por el paciente y mantenidos en la cavidad gástrica durante
una hora. Al hilo quedan adheridas secreciones gástricas que posteriormente son
cultivadas. Los resultados, comparados con los obtenidos mediante el cultivo de muestras
obtenidas mediante biopsia endoscópica, son buenos. Tiene como ventajas el ser menos
agresivo que aquellos métodos basados en la realización de una endoscopia, su bajo
coste, su sencillez y que permite la realización de antibiogramas en las muestras
obtenidas. Como contrapartidas, que obtiene sólo secreciones gástricas en las que en
determinadas condiciones puede existir una baja concentración de microorganismos y por
tanto dar falsos negativos, y el que precisa mucho tiempo para su realización, además de
no permitir el diagnóstico de la lesión histológica producida por el Helicobacter H.
pylori.
Estudios comparativos entre los
diferentes, métodos diagnósticos
Son pocos los estudios comparativos sobre los
distintos métodos diagnósticos entre sí. En la Tabla VIII, tomada de Glupczinski se
comparan la sensibilidad, especificidad, tiempo requerido y coste de realización de las
técnicas más empleadas en la clínica.
No existe una prueba "patrón oro" o de referencia
absoluta para el diagnóstico del Helicobacter H. pylori, a pesar de que la
histología y el cultivo siguen siendo las mayoritariamente consideradas por los
diferentes autores. Para otras muchas enfermedades infecciosas, el cultivo es el
"patrón oro", dada su altísima sensibilidad así como su total especificidad..
Sin embargo, en el caso del Helicobacter H. pylori, el cultivo es una técnica
problemática, dadas las características peculiares del microorganismo y dado que
cualquier simple error u otros factores de tipo técnico pueden reducir su eficacia en
pacientes infectados. Por ello, y dependiendo en gran medida de la experiencia individual
de los diferentes grupos, hay estudios que utilizan la histología como "patrón
oro", que posee menos dificultades técnicas que el cultivo, aunque necesita también
de una buena preparación para su correcto aprovechamiento.
Para el diagnóstico de la infección, hoy por hoy, se deben
utilizar aquellos métodos que se realicen sobre muestras obtenidas por biopsia,
debiéndose incluir en estos casos el estudio histológico de la muestra, dado que el
diagnóstico no debe ir dirigido tan sólo a conocer la presencia o no de la infección
por Helicobacter H. pylori, sino que debe también permitir el estudio de la
lesión histológica acompañante. La prueba rápida de la ureasa debe realizarse siempre
que se tomen biopsias, puesto que nos va a permitir conocer rápidamente el estado o no de
infección y así aplicar correctamente un tratamiento. En los ensayos epidemiológicos,
por el contrario, dado que no es concebible realizar de una forma rutinaria estudios
endoscópicos a individuos sanos, son preferibles los métodos indirectos, es decir las
técnicas serológicas y la prueba del aliento con urea marcada con C13 o C14. Por
último, en los trabajos prospectivos en los que se estudien pautas terapéuticas para
erradicar el Helicobacter H. pylori, y con el fin de evitar múltiples
exploraciones endoscópicas, se pueden utilizar para el seguimiento técnicas serológicas
(siempre que haya transcurrido el tiempo necesario que permita una caida significativa en
título de anticuerpos) y la prueba del aliento con urea marcada con C13 o C14.
Otras exploraciones
En los pacientes con una úlcera péptica no
relacionada con la infección por H. H. pylori ni con los AINEs, en pacientes con
úlceras refractarias al tratamiento ó en pacientes con úlceras recurrentes, se debe
investigar la existencia de otras causas etiológicas más raras. En la Tabla IX se
especifican algunas de las pruebas diagnósticas a realizar.
TABLA
IX.
DETERMINACIONES EN ÚLCERAS
REFRACTARIAS |
Determinaciones
bioquímicas
Calcemia
Creatinina
Transaminasas Determinaciones
serológicas
Serología herpes
Serología CMV
Determinaciones hormonales
Gastrina
Pepsinógeno I y II
Otras determinaciones
Detección de amiloide
Matabolitos de la cocaína
Porfirinas en orina
Niveles de histamina
Niveles solicitados |
El primer paso será la realización de una
bioquímica básica, que debe incluir determinaciones de calcio (para descartar una
hipercalcemia secundaria a un hiperparatiroidismo), creatinina y transaminasas (para
descartar una enfermedad asociada). En la mayoría de los casos estas pruebas bioquímicas
de rutina serán normales.
El siguiente paso será la determinación de niveles de salicilatos
a fin de descartar la ingesta de AINEs y una determinación de gastrina, a fin de
descartar la existencia de un gastrinoma. Esta determinación estará indicada en una
serie de circunstancias que se exponen en la Tabla X
Investigación de un gastrinoma
Deberá basarse en una sospecha clínica ante
una serie de situaciones que se exponen en la Tabla X, iniciándose el estudio por una
determinación basal de gastrina. Una vez confirmada la existencia de una
hipergastrinemia, se deberá realizar un estudio de secreción acida BAO/MAO a fin de
determinar si la hipergastrinemia se asocia a una hipersecreción gástrica ó no; en la
Tabla XI se exponen las causas de hipergastrinemia. Existen una serie de criterios
diagnósticos en el BAO/MAO que nos permiten sospechar que estamos ante un posible
gastrinoma, estos son:
TABLA
X.
INDICACIONES PARA LA DETERMINACIÓN
DE GASTRINA |
Ulcera persistente tras la erradicación
de H. H. pylori
Ulceras múltiples
Ulceras de localización atípica
Ulceras de evolución virulenta o agresiva
Asociación a una hipercalcemia
Ulcera asociada a diarrea
Asociación a MEN tipo I
Ulcera recurrente postcirugía
Ulcera refractaria al tratamiento médico |
TABLA
XI.
CAUSAS DE HIPERGASTRINEMIA |
a) Hipergastrinemias asociadas a
hipersecreción gástrica
Gastrinoma
Hiperplasia de células G antrales
Muñón antral retenido
Estenosis pilórica con importante retención
Síndrome de intestino corto
Alteraciones del metabolismo de la gastrina:
- Insuficiencia renal
- Shunt porto-cava
Ulcera duodenal
Hiperparatiroidismo
b) Hipergastrinemias sin hipersecreción gástrica
Anemia perniciosa
Gastritis atrófica
Ulcera gástrica
Carcinoma gástrico
Vagotomía
Tratamiento con antisecretores anti-H2
Tratamientos con anticolinérgicos
Tratamientos con inhibidores de la bomba de protones |
Secreción basal de 12 h. mayor de 100
mEq/h.
Producción basal de ácido mayor ó igual a 15 mEq/h.
Concentración basal de ácido mayor ó igual a 100
mEq/litro.
Concentración de ácido mayor ó igual a 100 mEq/litro
en dos determinaciones de 15 min. del MAO.
Relación BAO/MAO mayor del 60 por ciento
BAO mayor o igual a 5 mEq/h en pacientes intervenidos.
En estos casos si la hipergastrinemia es superior a 1.000 pg/ml se
puede pasar a localizar el tumor, por el contrario si la hipergastrinemia es superior a
150 pg/ml, se deben iniciar las pruebas de confirmación de la sospecha diagnóstica.
Test de secretina: Consiste en la determinación de las
cifras de gastrina sérica cada 5 minutos durante un periodo de media hora, tras la
administración de 2 unidades de secretina por Kg de peso vía intravenosa. En los
pacientes sin un gastrinoma se produce tras el estímulo un descenso de las cifras basales
de gastrina o estas no se modifican. Por el contrario, en los pacientes con un tumor, se
produce un ascenso superior a 200 pg/ml sobre las cifras basales de gastrina, siendo
también positiva una elevación de 2 veces sobre el valor basal. Esta respuesta es
rápida
Test del Calcio: Se basa en la propiedad del calcio de actuar
como estimulante en ciertas secreciones hormonales. Consiste en la determinación de las
cifras de gastrina y calcio sérico cada 30 minutos, durante un periodo de 3 horas, tras
la estimulación con 5 mg de gluconato cálcico administrado iv. En los sujetos normales
sin tumor, no existe respuesta o ésta es muy pobre; por el contrario en los gastrinomas
se produce un incremento de las cifras de gastrina mayor de 400 pg/ml sobre los niveles
basales. La respuesta a este test es lenta, desciendo rápidamente cuando se deja de
infundir el calcio. Su principal inconveniente es la posibilidad de desencadenar
arritmias.
Test de estimulación de secretina-calcio: Combina las
acciones de ambos estímulos, permitiendo reducir la dosis de gluconato cálcico y por lo
tanto reducir el peligro de arritmias.
Test de la comida estándar o test de aminoacidos: Ambos test
permiten diferenciar el gastrinoma de una rara entidad denominada hiperplasia de las
células G antrales. En esta entidad se produce un ascenso de los niveles séricos de
gastrina tras la estimulación con los aminoácidos o con una comida básica estándar.
Una vez confirmada la existencia de un tumor secretor, el siguiente
paso es localizar su situación anatómica, para lo que disponemos de una serie de pruebas
de imagen:
Ecografía abdominal: Es útil en menos del 30 por ciento de
los casos para localizar el tumor, dependiendo fundamentalmente del tamaño del mismo.
Habitualmente nos permite la localización de metastasis y la realización de una punción
aspiración con aguja fina (PAAF), que confirma la naturaleza tumoral del proceso.
TAC abdominal: Útil para el diagnóstico en un 50 por ciento
de los casos, especialmente si se administra contraste iv. La localización depende del
tamaño del tumor (es rara cuando estos tienen menos de 1 cm.) y de la localización,
siendo mucho más frecuente en los de localización pancreática (> 80 por ciento) que
en los de localización extrapancreática (35 por ciento).
Arteriografía abdominal selectiva: Se basa en la enorme
vascularización de estos tumores, permitiendo su localización en un 35-68 por ciento de
los casos. Además permite la confirmación de metástasis.
Cateterización selectiva del sistema porta: Es de escasa
utilidad, utilizando como vía de acceso la vena umbilical o la vía transhepática,
permite obtener además de las imágenes radiológicas de posibles compresiones sobre la
vena esplénica, la determinación secuencial de la gastrina.
Endoscopia intraoperatoria: Permite visualizar por
transiluminación pequeños tumores. Es útil para el diagnóstico de los tumores de
localización duodenal.
Ecografía intraoperatoria: Sólo varía el manejo
quirúrgico en un 10 por ciento de los pacientes.
En estos pacientes la radiología convencional y la endoscopia nos
proporcionan una serie de datos que orientan hacia la extensión de la afectación por la
hipersecreción ácida gástrica. Entre éstos cabe destacar: la existencia de úlceras
múltiples ó de localización atípica, la hipertrófia de pliegues tanto a nivel
gástrico como duodenal, el aumento de la motilidad por acción estimulante de la
gastrina, la hipersecreción que se muestra por una dilución del contraste baritado ó la
existencia de un patrón radiológico de malabsorción, constituido por dilatación de
asas intestinales, edema de pliegues, fragmentación del contraste baritado y presencia de
líquido de hipersecreción a nivel de las asas intestinales. La endoscopia, además de
confirmar estos hallazgos, permite detectar la presencia de una esofagitis en grado
variable, así como una duodenitis erosiva
| Sumario |