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PROGRAMA ANUAL
2000-2001
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA

  

Úlcera pética

Clínica

El síntoma clínico fundamental en la enfermedad ulcerosa péptica es el dolor, que en las dos terceras partes de los pacientes se localiza en epigástrio, aunque también puede localizarse en hipogastrio, en hipocondrio derecho o izquierdo, pudiéndose irradiar a espalda. El dolor suele desencadenarse con la ingesta de ácido, grasas, especias, AINEs, distensión gástrica y otros estímulos químicos. Habitualmente tiene un carácter urente, apareciendo a la hora o tres horas tras la ingesta y por la noche. El dolor suele aliviarse de modo característico con la ingesta de alimentos y los alcalinos, aunque en ocasiones no es así. Cursa por temporadas, habitualmente con periodicidad estacional con periodos intercríticos de alivio. No obstante, este cuadro clínico sólo se presenta en el 70 por ciento de las úlceras duodenales y en menos del 50 por ciento de las úlceras gástricas. Es importante conocer que en una parte de los pacientes curados puede persistir el dolor.

Este cuadro clínico también puede presentarse en asociación con enfermedad por reflujo gastroesofágico, en cuyo caso el paciente presentará además pirosis y regurgitaciones; y en la dispepsia no ulcerosa, entidad clínicamente semejante pero en la que no puede demostrarse la presencia de una úlcera.

Además del dolor, pueden presentarse otros síntomas como las náuseas y los vómitos, más frecuentes en las úlceras de localización gástrica distal o en úlceras del canal pilórico; aumento del apetito y del peso (lo que ocurre en el 20 por ciento de los casos) o por el contrario la aparición de anorexia y pérdida de peso (síntomas acompañantes generalmente a úlceras gástricas). En el 20-60 por ciento de las úlceras duodenales existe también pirosis.

Finalmente existen una serie de síntomas que hacen sugerir la aparición de complicaciones, como son la presencia de vómitos de retención (es decir, con alimentos ingeridos más de 8 horas antes) sugerentes de estenosis pilórica; la presencia de hematemesis, melenas o hematoquecia diagnósticos de un episodio de hemorragia digestiva; y un dolor abdominal que de modo repentino se incrementa haciéndose difuso por todo el abdomen, sugerente de una perforación.

No hay que olvidar, no obstante que entre un 15-40 por ciento de los pacientes ulcerosos están libres de síntomas, como ha podido comprobarse en protocolos de seguimiento endoscópico tras tratamientos antisecretores, por lo que la desaparición de los síntomas no garantiza la cicatrización de la úlcera. Por otra parte, la clínica puede debutar en forma de una complicación (por ejemplo una hemorragia digestiva alta) en un paciente previamente asintomático. Este último hecho descrito es relativamente frecuente en las úlceras por ingesta de fármacos AINEs.

En la exploración física no suele existir ningún dato sugestivo de la presencia de una úlcera péptica excepto si existen complicaciones, como será comentado posteriormente.

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