Desde el punto de vista macroscópico, la úlcera péptica es una
pérdida de sustancia a nivel de la superficie mucosa de tamaño variable, si bien la
mayoría tienen un diámetro inferior a los 2 cm. Pueden ser únicas o menos
frecuentemente múltiples, en este último caso suelen relacionarse con la toma de
fármacos (AINEs). Su localización se sitúa allí en donde existe secreción de ácido
péptica y/o mucosa gástrica ectópica. Situándose en el caso de la úlcera gástrica en
el límite entre la gastritis antral y la porción secretora del cuerpo.
En el 90 por ciento de los casos se localizan bien en estómago o en
duodeno, aunque en un 9 por ciento pueden localizarse en ambas. Además, pueden existir
úlceras a otros niveles como en el esófago, en el caso de que exista mucosa gástrica
(esófago de Barrett), en el intestino delgado (especialmente en situaciones de
hipersecreción gástrica) o cuando existe in divertículo de Meckel y a nivel de la boca
anastomótica en estómagos operados.
Microscópicamente, la úlcera péptica se caracteriza porque la
erosión de la mucosa alcanza la muscularis mucosa. Se pueden distinguir cuatro capas
anatómicas: la primera o más superficial, constituida por el exudado inflamatorio con
predominio de polimorfonucleares; la segunda, formada por restos tisulares necróticos; la
tercera constituida por tejido de granulación; y finalmente la cuarta o más profunda,
formada por tejido necrótico.
Cuando existe una infección asociada por H. pylori suele
asociarse una gastritis crónica, que en el caso de la úlcera duodenal tiene predominio
antral y no cursa con atrofia de la mucosa; y en el caso de la úlcera gástrica,
acostumbra a tratarse de una pangastritis con focos de atrofia. Además, en los pacientes
con úlcera duodenal suele existir a nivel del duodeno metaplasia gástrica, lo que
favorece su sobreinfección por H. pylori. Por el contrario, en
las úlceras secundarias a la ingesta de AINEs no suele existir un cuadro inflamatorio de
la pared gástrica, a no ser que se asocie también una infección por H. pylori.