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PROGRAMA ANUAL 2000-2001
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA

  

Úlcera péptica

Defensa mucosa C

La barrera mucosa gástrica es la propiedad que posee la mucosa gástrica para contener una solución ácida, evitando la retrodifusión de los hidrogeniones a su través. La barrera mucosa asi definida no es sólo una entidad anatómica, delimitada por la propia estructura del epitelio mucoso superficial de la mucosa gástrica, sino que también es una entidad funcional en la que se integran una serie de mecanismos, que tienden a proteger a la mucosa frente a noxas externas y al ácido secretado por el estómago. La ruptura de esta barrera permite el paso de hidrogeniones, lo que unido a la acción de la pepsina producida por activación del pepsinógeno, induce una serie de alteraciones de los mecanismos defensivos, que conduce a la aparición de la necrosis del epitelio, dando lugar a erosiones o úlceras.

La integridad de la mucosa gástrica dependerá por tanto de que se establezca un equilibrio entre los factores agresivos de la mucosa y los factores defensivos de la misma. Entre los primeros destacan el ácido, la pepsina, los AINEs, el alcohol, la bilis y H. pylori. Mientras que entre los segundos se encuentran el moco, el flujo sanguíneo, el estado secretor del individuo, la secreción alcalina, así como la restitución epitelial y la impermeabilidad de la mucosa. Aunque todos estos factores actúan de forma simultánea y combinada, con fines didácticos se pueden estructurar de la siguiente forma:

Factores agresivos

– Ácido: La presencia de ácido es un requisito imprescindible para poder desarrollar una úlcera péptica, siendo bien conocida la frase atribuida a Schwartz a principios de siglo "Sin ácido no hay úlcera", como se demuestra por el hecho de que puede cicatrizarse la lesión ulcerosa suprimiendo la secreción de ácido con inhibidores de la bomba de protones (IBPs) o que puede prevenirse la aparición de úlceras de estrés administrando IBPs. El ácido es producido a nivel de las células parietales del estómago a una concentración constante de 160 mMol por acción de una ATPasa. Esta secreción de ácido clorhídrico da lugar a altas concentraciones de hidrogeniones a nivel intraluminal, alcanzándose hasta pH 1. Estos hidrogeniones atraviesan el moco produciéndose un gradiente en la concentración de los mismos entre la luz gástrica y la superficie celular. Esta capacidad de retrodifusión de los hidrogeniones está aumentada en determinadas situaciones, como cuando la concentración luminal de hidrogeniones es muy alta o cuando existen alteraciones a nivel de flujo sanguíneo mucoso. Experimentalmente se ha comprobado que cuando el pH a nivel de la lámina propia es inferior a 6,5 se produce ulceración de la mucosa.

– Pepsina: Se secreta a nivel de las células principales del estómago en forma inactiva, estando formada por siete enzimas que se agrupan en los denominados pepsinógenos I y II precisandose para su activación la presencia de un pH ácido, siendo el pH óptimo para su actuación 1,8 y no existe actividad cuando el pH es superior a 3,5. La pepsina da lugar a la proteolísis de las células y tejidos dañados por otras noxas, no siendo responsable de la lesión inicial. Cada vez se está otorgando un papel más importante a la pepsina en la génesis de la enfermedad ulcerosa péptica.

– Acidos biliares y lisolecitinas: Estas sustancias son tóxicas por sí mismas ya que en presencia de ácido incrementan la permeabilidad de la mucosa favoreciendo la retrodifusión de los hidrogeniones. Esto tiene importancia cuando existe reflujo biliar duodeno-gástrico.

– Microorganismos: Ya se ha comentado previamente el papel patogénico de H. pylori como factor agresivo. No obstante, y fundamentalmente en pacientes inmunodeprimidos, otros microorganismos pueden estar implicados en la génesis ulcerosa. Este es el caso del herpes virus tipo I o el citomegalovirus.

– Fármacos: Aunque los fármacos más estudiados son los AINE, como ya se ha comentado previamente, también otros medicamentos y sustancias químicas (como los detergentes) pueden producir alteraciones de la barrera mucosa por varios mecanismos. Así, pueden inhibir la producción de moco, la alteración de la estructura del moco, inhibición de la secreción alcalina, alteración del flujo de la microcirculación gástrica o alteración de la permeabilidad de la mucosa a los hidrogeniones, además de un posible efecto tóxico directo (este es el caso de los detergentes).

Mecanismos defensivos

Frente a los factores agresivos señalados existen una serie mecanismos defensivos que desde un punto de vista didáctico han sido estructurados en niveles pero, sin embargo, en realidad actúan de un modo conjunto.

– Acido: El ácido, que constituye uno de los principales factores agresivos en la mucosa gástrica, posee también un factor defensivo ligado a su papel bactericida, ya que el bajo pH existente a nivel de la cavidad gástrica impide el crecimiento y desarrollo de la mayoría de los microorganismos bacterianos. De hecho, durante años se ha considerado a la cavidad gástrica como un lugar estéril, aunque hoy en día se conoce que algunas especies bacterianas pueden sobrevivir en dicho nicho ecológico.

– Moco: Constituido por un gel que recubre la superficie de las células epiteliales de la mucosa, está compuesto por agua, electrolitos y glicoproteínas. Siendo secretado por las células mucosas glandulares y las células epiteliales superficiales de la mucosa gástrica. Su estructura tridimensional le permite almacenar gran cantidad de agua y es la base de su mecanismo de actuación. Sus principales funciones son: actuar como lubrificante impidiendo la abrasión por los alimentos de la superficie mucosa, proteger a dicha superficie de la acción del ácido y la pepsina, atrapar en su interior a los microorganismos presentes en la comida permitiendo su liberación con las heces, dificultar la difusión de los hidrogeniones hacia la mucosa del estómago dando lugar a un gradiente y facilitar, al mismo tiempo, la difusión del bicarbonato desde la superficie epitelial de la mucosa hacia la luz gástrica.

Para que estas acciones puedan desarrollarse de forma correcta es imprescindible que se conserve la estructura de gel del mismo, la cual puede ser alterada no sólo por H. pylori sino por fármacos y sustancias químicas.

– Capa fosfolipídica del moco: Está constituida por la zona más superficial del moco al que confiere impermeabilidad, comportándose como una sustancia surfactante que puede ser destruida por detergentes y AINEs. Está constituida por fosfolípidos y su lesión se asocia a lesiones gastroduodenales agudas.

– Epitelio superficial: Estudios in vitro han permitido comprobar que la superficie apical de las células epiteliales de la mucosa es más resistente a la acción del ácido que la superficie basal en contacto con la microcirculación. Este hecho, junto con la rápida renovación de dichas células, cuyo ciclo de renovación es de 2 a 4 días, permite la reparación de la superficie epitelial cuando existe una necrosis o lesión de la misma, ya que las células lesionadas son reemplazadas de forma inmediata por un mecanismo denominado de "restitución", consistente en la migración de las células de los bordes lesionales sanos hasta cubrir la superficie erosionada siendo seguido de la multiplicación en varias capas celulares. Estas células poseen además capacidad fagocítica para sus homónimas degenaradas.

– Red capilar: La microcirculación existente por debajo de la superficie mucosa no sólo tiene la función de aportar el oxígeno y los nutrientes necesarios, sino que permite la eliminación del exceso de hidrogeniones a nivel local producido por la destrucción de la mucosa y la eliminación de las sustancias que han logrado atravesar la barrera epitelial, permitiendo además la liberación de bicarbonato que inhibe la acción de los hidrogeniones y el intercambio de éste por acido clorhídrico. Es conocido el hecho de que tras una lesión de la mucosa gástrica siempre se produce una hiperemia secundaria como traducción de las alteraciones producidas a nivel de la microcirculación vascular del estómago.

– Lámina propria: Está constituida por múltiples células a nivel de la mucosa. Entre dichas células destacan los leucocitos polimorfonucleares y los macrófagos. Estos últimos liberan factores quimiotácticos que atraen a su vez a otros polimorfonucleares liberando proteasas y radicales libres con efectos bactericidas. También existen células plasmáticas que son capaces de activar gran cantidad de mediadores biológicos de la inflamación (liberación de inmunoglobulinas, sistema del complemento, etc), además de liberar proteasas capaces de degradar los neurotransmisores. Por último, existen linfocitos intraepiteliales responsables de la producción de antígenos y de la IgA secretora y mastocitos. Estos últimos liberan histamina que aumenta la permeabilidad vascular.

– Sistema nervioso entérico: Situado en los plexos de Meissner y Auerbach, vehiculiza reflejos defensivos que tienden a limitar la extensión de la lesión.

– Músculo liso: Situado fundamentalmente a nivel de la muscularis mucosa. Su hipercontractibilidad produce una isquemia intestinal limitando las lesiones, predisponiendo a la lesión por agentes intraluminales; en cambio, su relajación tiene un efecto citoprotector, actuando por tanto el músculo liso como un modulador de la integridad de la mucosa.

La integridad de la mucosa dependerá, por tanto, del perfecto equilibrio entre los factores agresivos y defensivos. De tal modo que su desequilibrio dará lugar a alteraciones de la barrera mucosa y así lesiones de la mucosa gástrica.

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