Cuando se estudia la evolución de la enfermedad
ulcerosa péptica a lo largo de la historia es posible identificar importantes
variaciones. Así, el diagnóstico de úlcera péptica, aunque conocido desde la
antigüedad, era muy infrecuente hasta inicios del siglo XX. Desde comienzos del siglo XX,
hasta los años 1960, y fundamentalmente en los países desarrollados, se pudo constatar
un aumento progresivo de la enfermedad ulcerosa péptica, especialmente de la úlcera
duodenal. Este hecho probablemente está en relación con la mayor eficacia de los
métodos diagnósticos disponibles, fundamentalmente la radiología con contraste baritado
y la endoscopia. A partir de 1970, se ha venido observando en los países occidentales,
mediante el análisis de una serie de indicadores indirectos como son las tasas de
hospitalización, el número de intervenciones quirúrgicas y la mortalidad, un descenso
progresivo e importante de la prevalencia de la úlcera péptica no complicada tanto
gástrica como duodenal.
Este descenso observado en la prevalencia ulcerosa se produce
coincidiendo con la introducción en los años 1970 de los antagonistas de los receptores
H2 de la histamina (anti-H2) con una alta eficacia para la cicatrización del nicho
ulceroso. Aunque a ello también ha contribuido de modo importante la posterior
introducción en el mercado de los inhibidores de la bomba de protones (IBP), fármacos
con una acción antisecretora gástrica aún más potente, y más recientemente la
introducción de las nuevas terapias erradicadoras para la infección por H.
pylori.
En este descenso de la úlcera péptica no complicada también ha
intervenido la mejoría del nivel socioeconómico y, por lo tanto, de las condiciones de
la Sanidad Pública, especialmente en los países occidentales. Este hecho, como se
mencionará posteriormente, guarda relación con la disminución en la prevalencia de la
infección por H. pylori en estos países.
Simultáneamente a este descenso de la úlcera péptica no
complicada, se ha producido un aumento proporcional de la prevalencia de la úlcera
complicada, especialmente en los últimos 20 años y mucho más acusada para la úlcera
gástrica que para la úlcera duodenal. Entre las complicaciones, el incremento se ha
producido especialmente a expensas de la hemorragia digestiva, no habiéndose observado
importantes variaciones en relación a la perforación e incluso se ha observado una
tendencia a la disminución de las estenosis post-ulcerosas. Este incremento en la úlcera
péptica complicada, más acusado como hemos mencionado en el caso de la úlcera
gástrica, probablemente sea debido a la amplia utilización a nivel mundial de los
antiinflamatorios no esteroideos (AINE) y al aumento de la edad media de la población
general.
Simultáneamente a estas variaciones en la prevalencia, también se
ha modificado la proporción entre úlcera gástrica y úlcera duodenal. Así, mientras
que hasta el siglo XIX la forma de presentación más frecuente de la enfermedad ulcerosa
péptica era la úlcera gástrica, con una proporción que llegó a alcanzar la relación
20:1 (según datos provenientes fundamentalmente de series de necropsias y cirugía),
posteriormente durante el siglo XX el aumento producido en la úlcera péptica se debió
fundamentalmente a la úlcera de localización duodenal, que pasaba a ser más frecuente
que la úlcera gástrica. Aunque durante los últimos años se ha producido, como ya se ha
comentado, un descenso tanto de la úlcera gástrica como de la duodenal, en la ultima
década ha ido disminuyendo más rápidamente la prevalencia de la úlcera duodenal,
probablemente como consecuencia de la introducción de las terapias erradicadoras de la
infección por H. pylori.
Según datos estadísticos correspondientes a los años 1980, la
prevalencia de la enfermedad ulcerosa péptica se sitúa en torno al 10-15 por ciento de
la población, es decir que el 10-15 por ciento de la población tendrá a lo largo de su
vida una úlcera péptica. Esta prevalencia se incrementa en un 5 por ciento si se
consideran únicamente los pacientes infectados por H. pylori. Además, la
incidencia de esta enfermedad, es decir el número de casos nuevos anuales, es del 1 por
ciento para la úlcera duodenal y entre el 0,3-0,4 por ciento para la úlcera gástrica.
Se ha calculado la mortalidad por esta enfermedad en el 2-3/100.000 habitantes/año.
Cuando se ajusta la mortalidad a la edad, la cifra es baja, excepto en los enfermos
mayores de 65 años.
Por otro lado, hay que resaltar que existe una gran variabilidad
geográfica en los datos anteriormente referidos que hace que no se puedan aplicar de
igual modo a todas las áreas geográficas, incluso aunque gocen de un nivel de desarrollo
socioeconómico similar. Así, es un hecho bien conocido la alta incidencia de úlcera
gástrica frente a la úlcera duodenal en Japón (5-10:1). Pudiéndose también constatar
importantes variaciones entre distintas áreas geográficas de un mismo país. Así, por
ejemplo, en la India es mucho más frecuente la úlcera duodenal en las regiones del sur
que en las del norte; mientras que por el contrario, en el Reino Unido es mucho más
frecuente la úlcera duodenal en Escocia que en el sur de Inglaterra.