Tuberculosis
Exploraciones
complementarias
Hemograma
En la enfermedad de larga evolución se observa con
frecuencia una anemia con las características de los trastornos crónicos.
La cifra de leucocitos suele ser normal o ligeramente
elevada.
La monocitosis, que clásicamente se ha descrito como
asociada a la tuberculosis, sólo se observa en menos de un 10 por ciento de los casos.
Alteraciones hematológicas graves se pueden observar en el
seno de una tuberculosis miliar como se ha explicado: leucopenia, trombopenia, anemia
refractaria, reacciones leucemoides etc., pero no es lo esperable.
Analítica
En los casos evolucionados puede existir hipoalbuminemia.
Puede existir hiponatremia en el seno de un síndrome de
secreción inadecuada de ADH, más frecuente cuando existe afectación meníngea, aunque
puede aparecer por la sola afectación pulmonar. En casos excepcionales, pero importantes
por su gravedad, esta hiponatremia se puede deber a una enfermedad de Addison.
Radiología
Radiografía de tórax
En la primoinfección tuberculosa, es típica la aparición
de un infiltrado en las regiones medias del pulmón, por ser éstas las mejor ventiladas.
Es posible ver un ensanchamiento hiliar y mediastínico por agrandamiento de los ganglios.
Las lesiones primarias curadas pueden dejar un nódulo periférico calcificado, que, junto
con un ganglio hiliar calcificado es lo que se conoce clásicamente como Complejo de Ghon.
En la tuberculosis de reactivación, la imagen radiológica
más frecuente es la aparición de un infiltrado en los segmentos apicales de los lóbulos
superiores, y en los segmentos superiores de los lóbulos inferiores. Además del
infiltrado, puede aparecer cavitación. A veces, la imagen es más clara en una
proyección lordótica, que facilita la visión de imágenes que pueden estar ocultas por
la confluencia de las primeras costillas y la clavícula. Cuando existe diseminación
broncógena, se puede observar un imagen más extensa, con patrón destructivo.
En la diseminación hematógena es característica la
afectación pulmonar, cuya imagen en la radiografía de tórax se denomina patrón miliar
(por la similitud con las semillas de mijo). Este patrón se caracteriza por la imagen de
pequeños nódulos de unos 2 mm, repartidos de forma difusa y homogénea por ambos campos
pulmonares. Es mejor observada en la radiografía lateral.
Términos como "lesiones fibróticas",
"cicatriciales", "inactivas", se deberían evitar en la evaluación de
una sola radiografía de tórax, pues la inactividad de una tuberculosis pulmonar no se
puede afirmar por una imagen aislada. Sin embargo, aquellas imágenes que no cambian en
radiografías seriadas durante 3 ó 4 meses si son más sugestivas de una tuberculosis
antigua (o de otro proceso). Es frecuente ver en estas lesiones antiguas retracciones del
hilio pulmonar o desviación de la tráquea.
Dicho esto, hay que saber que la tuberculosis se puede
manifestar radiológicamente con cualquier tipo de imagen, incluso con radiografía
normal. En un estudio publicado en la revista Chest en el año 1999, los enfermos con
radiografía normal y cultivo positivo suponían el 4,8 por ciento del total de los 518
pacientes con cultivo de esputo positivo de su serie (todos tenían clínica: tos de más
de un mes de evolución, fiebre de más de una semana, o habían tenido una conversión
del PPD en los dos últimos años).
La presentación radiológica en el VIH difiere de la del
inmunocompetente, de forma que cuanto más inmunodeprimido esté el enfermo, más probable
es que la imagen difiera de la típica ya comentada. Esta presentación radiológica es
muy variable, desde la radiografía normal (más frecuente que en el inmunocompetente, del
5 al 10 por ciento de los casos con cultivo positivo según las series), hasta extensos
infiltrados pulmonares bilaterales que confundan el cuadro con una neumonía por P.
carinii. Suelen estar ausentes los signos clásicos de cavitación, que sólo aparecen en
un 10 por ciento de los casos, siendo menos frecuente cuanto mayor sea el grado de
inmunosupresión. Es de destacar la alta frecuencia de adenopatías intratorácicas, que
se presentan en el 50 por ciento de los paciente con tuberculosis pulmonar. No es raro el
derrame pleural, de presentación clínica similar a los inmunocompetentes. Como en
éstos, la tuberculosis sigue siendo la principal causa de derrame pleural en los
pacientes VIH positivos, aunque otras infecciones (criptococosis, neumonías bacterianas,
endocarditis derecha en pacientes usuarios de drogas intravenosas) y tumores (sarcoma de
Kaposi, linfoma no Hodgkin), pueden causarlo con frecuencia. Debe recordarse, además, que
en nuestro medio la tuberculosis pulmonar es una de las complicaciones que con mayor
frecuencia se asocia al desarrollo de neumotórax espontáneo, y que debe considerarse en
le diagnóstico diferencial, junto con la neumonía por P. carinii (especialmente recibe
pentamidina en aerosol como profilaxis) y las neumonías bacterianas.
La afectación parenquimatosa por tuberculosis puede originar
cualquier tipo de infiltrado radiológico. No existe predilección por ninguna
localización ni patrón específicos, o por la extensión de la afectación. La
tuberculosis no debe ser excluida ni confirmada por el aspecto del infiltrado
radiológico, y en este sentido es una de las grandes simuladoras. Sólo el patrón miliar
tiene una alta especificidad en el diagnóstico de tuberculosis.
Un fenómeno digno de ser mencionado en los enfermos
VIH-positivos con tuberculosis es el empeoramiento transitorio que se puede producir en la
imagen radiológica tras el inicio del tratamiento antirretroviral. Este empeoramiento se
puede manifestar como aumento de infiltrados previos, aparición de adenopatías o derrame
pleural. También pueden aparecer lesiones en zonas radiológicamente normales en placas
previas. Puede acompañarse de fiebre. Suele ocurrir entre 1 y 5 semanas tras el inicio
del tratamiento antirretroviral. Estos episodios son similares en su presentación a las
ya descritas desde hace mucho tiempo, pero mucho menos frecuentes, respuestas paradógicas
que pueden aparecer tras el inicio del tratamiento tuberculostático. El fenómeno puede
ser el resultado de la recuperación del sistema inmunológico, como sugiere el hecho de
que se recupera la reacción de hipersensibilidad a la tuberculina en pacientes que
previamente eran anérgicos. Tras excluir otras infecciones concomitantes, el tratamiento
antirretroviral se debe mantener, y considerar la utilización de corticoides para el
control de los síntomas.
La ecografía abdominal
Puede ayudar al diagnóstico cuando pone de manifiesto
hepatoesplenomegalia, la existencia de adenopatías, o la presencia de abscesos hepáticos
o esplénicos, más frecuentes como se ha comentado en el VIH.
TAC y RMN
Son más sensibles para hallar lesiones cavitadas en el
parénquima pulmonar, que no son visibles aún en la radiología simple.
La tomografía axial computadorizada de alta resolución del
tórax es más sensible para tuberculosis miliar que la radiografía simple. Se pueden
observar numerosos nódulos de 2 a 3 mm distribuidos por todo el pulmón. Sin embargo,
aunque sensibles, estos hallazgos no tienen porque ser específicos. Pueden aparecer
también en otras enfermedades infecciosas (Haemophilus influenzae, Mycoplasma pneumoniae,
Candida albicans), y no infecciosas (sarcoidosis, adenocarcinoma matastásico, linfoma,
amiloidosis, neumoconiosis).
Como hemos comentado, el hallazgo de adenopatías
retroperitoneales o mediastínicas con centro hipodenso y realce del contraste, son muy
sugestivas de tuberculosis.
La RMN del sistema nerviosos central puede ayudar al
diagnóstico de meningitis tuberculosa, donde se observa con frecuencia una captación de
contraste en la base del cráneo. También puede poner de manifiesto la existencia de
infartos cerebrales, así como la existencia de tuberculomas (más frecuentes en VIH).
Igualmente la RMN tiene una mayor resolución para hallar y
determinar el alcance de las lesiones en la columna vertebral, así como de los abscesos
paravertebrales.
Microbiología
Es el único método que permite la confirmación de
tuberculosis activa. El diagnóstico de certeza de enfermedad tuberculosa sólo se
establece mediante el crecimiento e identificación de M. tuberculosis a partir de
muestras clínicas.
El estudio bacteriológico debe realizarse en todos las
personas con sospecha de tuberculosis activa. Para ello deben recogerse tres muestras de
esputo, especialmente por la mañana (aunque en su defecto pueden utilizarse las del día
anterior, conservadas en frigorífico, y protegidas de la luz) y, si es posible, antes de
iniciar el tratamiento anti-tuberculoso.
Es importante instruir al paciente sobre como recoger la
muestra, e informarle de que las secreciones nasofaringeas y la saliva no son lo que
pretendemos conseguir, sino un esputo de vías respiratorias bajas, resultado de la tos.
Ésta se puede provocar con varias respiraciones profundas. Si es posible, la primera
muestra debería obtenerse bajo la supervisión de personal sanitario (convenientemente
protegidos). Se recogen en un recipiente estéril de plástico con la boca ancha y cierre
hermético. Como todas las muestras, en fundamental la identificación para evitar
confusiones.
En caso de que el paciente no presente esputo espontáneo
(que en condiciones normales es el de elección), se puede recurrir al esputo inducido con
la inhalación profunda de un aerosol de suero fisiológico, en un lugar acondicionado
para ello. El esputo suele ser bastante acuoso, a pesar de la cual no debe ser desechado.
El aspirado gástrico puede ser una solución en aquellos
casos en los que no se consigue muestra a pesar de inducirla. En los niños es
especialmente frecuente tener que recurrir a ello. Se realiza por la mañana, cuando el
paciente está todavía en posición supina, y en ayunas. Por su complejidad, suele
reservarse a los ingresados.
La fibrobroncoscopia puede tener su indicación en los casos
con sospecha fundada e imposibilidad de obtener una buena muestra. Se puede tomar muestra
del lavado broncoalveolar, del brocoaspirado, cepillado y biopsia transbronquial. Es
importante recoger también muestras del esputo inducido por la prueba, que puede ser
positivo aun cuando las anteriores hayan sido negativas. Al igual que durante la
realización del esputo inducido, las medidas de control se deben extremar durante la
realización de la fibrobroncoscopia.
Aparte del esputo, numerosas muestras orgánicas pueden ser
procesadas: orina (igualmente tres muestras de días distintos, la primera de la mañana),
LCR, Líquido pleural, aspirado ganglionar, pus, biopsias, sangre. Deben ser recogidas en
envases estériles y enviadas al laboratorio de microbiología lo antes posible, o
refrigeradas a 4º C hasta el envío.
El diagnóstico rápido se realiza mediante el examen directo
o baciloscopia. Habitualmente, se realiza con la técnica fluorocrómica de Auramina, cuya
lectura es más rápida, completa y sensible que la de Ziehl-Neelsen, que debe ser
reservada para comprobar los cultivos crecidos. Estas técnicas de tinción se basan en
que las micobacterias son bacilos ácido-alcohol resistentes (BAAR), debido a su envoltura
lipídica que impide la acción del decolorante alcohol-acido. La sensibilidad de esta
prueba va a depender en gran medida de la experiencia de quien la realiza, y varía ente
el 60 y el 75 por ciento para muestras respiratorias, siendo su VPP para el diagnóstico
de tuberculosis mayor del 90 por ciento. Para otras muestras la sensibilidad no llega al
50 por ciento. Los informes de las baciloscopias de muestras respiratorias deben incluir
una cuantificación para orientar al clínico sobre la respuesta al tratamiento: en cruces
(+, ++ o +++), o en BAAR/100 campos de inmersión.
En inmunocompetentes una tinción de auramina de esputo
positiva es muy sugestiva de M. tuberculosis. También las orinas con cord factor lo son.
En una punción ganglionar en mayores de 14 años, una auramina positiva también es
sugestiva de tuberculosis, salvo en niños, en cuyo caso en el 40 por ciento de las
ocasiones será por micobacterias no tuberculosas.
En piel puede expresar tanto una infección por M.
tuberculosis como por micobacterias no tuberculosas.
En los pacientes VIH en cualquier tipo de muestra una
auramina positiva suele corresponder también a tuberculosis, aunque la posibilidad de
micobacterias no tuberculosas es mayor que en los inmunocompetentes.
Todas las muestras remitidas, aunque la auramina sea
negativa, son cultivadas en medios especiales (Lowenstein-Jenssen, Coletsos o similares).
En estos medios habituales el aislamiento del microorganismo puede tardar de 2 a 8 semanas
(más rápido en los medios a base de huevo como el Coletsos, que en los que no lo
llevan).
Con los medios líquidos, el crecimiento se puede observar en
10-14 días.
El aislamiento de M. tuberculosis en cultivo es siempre
significativo (salvo posibles errores de laboratorio: contaminación del cultivo o
confusión de las muestras).
En toda muestra se lleva a cabo la identificación de la cepa
aislada.
- Identificación fenotípica tradicional.
- Sondas de ácidos nucleicos: permiten identificar si
pertenece al complejo tuberculosis.
El diagnóstico de tuberculosis mediante pruebas serológicas
constituye un objetivo atractivo, aunque la investigación llevada a cabo hasta el momento
no ha conseguido resultados incorporables a la práctica clínica. La utilización del
antígeno 60 para detectar anticuerpos (IgG, IgA; IgM) en el adultos tiene problemas de
reacciones cruzadas, siendo frecuentes los falsos positivos. Más útil puede ser su
utilización en niños.
Técnicas de detección rápida para M. tuberculosis
Desde hace algunos años se viene investigando la utilidad
para el diagnóstico de la tuberculosis de la reacción en cadena de la polimerasa (PCR),
y otras técnicas relacionadas, como la reacción en cadena de la ligasa (LCR). En los
estudios publicados, la técnica ha demostrado excelente especificidad con una
sensibilidad variable que ha oscilado del 50 por ciento al 100 por cien. No parece que la
PCR aporte mayor sensibilidad a la que tiene el cultivo en muestras respiratorias, aunque
aportaría como ventaja la mayor rapidez en el diagnóstico. Algunos de los inconvenientes
asociados a la técnica, incluido el coste, argumentan en contra de su incorporación a la
rutina de trabajo e imposibilitan la sustitución de los métodos convencionales.
La FDA ha aprobado dos técnicas de amplificación de ácidos
nucleicos para el uso en la identificación rápida de M. tuberculosis en muestras
respiratorias con una baciloscopia positiva. Estas pruebas proporcionan un resultado entre
5 y 7 horas tras el procesamiento del esputo. Son: Gen-Probe MTD; y Amplicor Mycobacterium
tuberculosis test.
La sensibilidad de estas pruebas para tuberculosis, comparada
con el cultivo, es aproximadamente del 95 por ciento en pacientes con baciloscopia
positiva, pero sólo del 50 por ciento si la baciloscopia es negativa. La especificidad es
mayor del 95 por ciento tanto en baciloscopias positivas como negativas.
Aunque actualmente su utilización está sólo aprobada para
muestras respiratorias con baciloscopia positiva, podría ser útil en otras situaciones.
La utilización conjunta de baciloscopia y estas técnicas pueden proporcionar una
conclusión clara en las distintas situaciones. Por ejemplo, en los casos en que la
sospecha clínica es alta, y la baciloscopia es negativa (no olvidemos que la baciloscopia
tiene una sensibilidad entre el 50 y el 70 por ciento). En este caso, si es positiva,
apoya el inicio del tratamiento y el aislamiento del enfermo. Un resultado negativo en
esta situación en cambio no excluye tuberculosis, y sería necesario seguir investigando:
fibrobroncoscopia etc.
En cualquier caso, estas técnicas de detección rápida,
aunque prometedoras, no son el estándar asistencial en el momento actual.
Otros métodos
Al diagnóstico de tuberculosis pueden contribuir otras
técnicas como la anatomía patológica, fundamentalmente en las tuberculosis
extrapulmonares. El estudio histológico revela la presencia de granulomas, generalmente
caseificados, que son altamente sugestivos de la enfermedad.
En la tuberculosis miliar, la biopsia hepática tiene el
mayor rendimiento, superior a la biopsia de médula ósea y a la biopsia transbronquial.
No obstante, las manifestaciones clínicas y de laboratorio específicas de cada órgano
aumentan el rendimiento de la biopsia, y son las que deben guiar en que órgano será
realizada.
La biopsia de ganglios linfáticos y de serosas tiene
también un alto rendimiento.
Los hallazgos histológicos, inespecíficos, deben
confirmarse en cualquier caso con la tinción y el cultivo para alcanzar el diagnóstico
de certeza.
Como hemos comentado, la determinación de la actividad de la
enzima adenosina deaminasa (ADA) en líquido pleural, líquido peritoneal y líquido
cefalorraquídeo, puede ayudar al diagnóstico de la tuberculosis que afecta a pleura,
peritoneo y meninges respectivamente.
El ADA en líquido pleural con cifras mayores de 40 UI
presenta una sensibilidad y especificidad muy altas, mejoradas aún más cuando el
cociente ADA1/ADA total es menor de 0,42, ya que es el ADA2 el que aumenta en el derrame
tuberculoso.
La determinación de la actividad de la adenosina desaminasa
en el líquido ascítico presenta una sensibilidad del 86 por ciento y una especificidad
del 100 por cien.
Los niveles de ADA en LCR se encuentran elevados en la
meningitis tuberculosa, hecho que no se observa en la meningitis viral y bacteriana aguda.
Sin embargo, la especificidad no es perfecta, ya que en patologías como la
neurosarcoidosis y la afectación meníngea del linfoma pueden estar también elevados.
Detección y
diagnóstico de casos de enfermedad tuberculosa: importancia de la búsqueda activa
Aparte del diagnóstico de los casos en las
personas que acuden a la consulta con la sintomatología expuesta, es muy importante la
búsqueda activa de casos de infección entre los grupos con mayor riesgo de desarrollar
enfermedad y que se podrían beneficiar de una terapia preventiva, al igual que los casos
de enfermedad establecida para iniciar su tratamiento, cortando así la cadena
epidemiológica de transmisión.
En general, los grupos en los que se debería realizar esta
búsqueda activa son:
- Personas infectadas por el virus del VIH.
- Contactos estrechos de una persona con tuberculosis.
- Adictos a drogas por vía parenteral.
- Indigentes y otras personas con déficit socioeconómicos.
- Inmigrantes de zonas con alta prevalencia de enfermedad.
- Residentes en instituciones cerradas: prisiones, asilos,
psiqiátricos, cuarteles, etc.
- Personas con determinadas condiciones médicas, ya expuestas en la
patogenia, que favorecen el desarrollo de la enfermedad.
Los trabajadores sanitarios deberían ser incluidos en un programa
de búsqueda activa y prevención. Se les debería realiza una prueba del Mantoux al
principio de la actividad laboral, y en caso de ser negativa, repetirla anualmente. Esta
búsqueda debe hacerse por dos razones:
1. Supondría un riesgo importante para un número significativo de
personas susceptibles si desarrollasen la enfermedad.
2. En los últimos años se han descrito numerosas microepidemias en
centros sanitarios, tanto por cepas sensibles como resistentes, que afectaron tanto a
personas inmunocompetentes como a enfermos y personal sanitario con inmunodeficiencias.
Igualmente al personal de centros de enseñanza se le debería
realizar un PPD en el inicio de su actividad laboral, descartar tuberculosis en los
positivos, y en los negativos repetirlo bianualmente si se expone a contagio.
Esta búsqueda activa de casos de infección y enfermedad debe
realizarse con el PPD. Si éste es positivo, se debe descartar la existencia de enfermedad
mediante la clínica y la realización de una radiografía de tórax. En los pacientes
infectados en los que se descarte enfermedad se debe plantear profilaxis como veremos más
adelante.
Prueba de tuberculina
La prueba de tuberculina se realiza mediante
la técnica de Mantoux. Aunque en la práctica el término Mantoux se utiliza
indistintamente con el de prueba de la tuberculina o PPD, en sentido estricto Mantoux es
una técnica de administración.
Esta prueba se lleva a cabo con la inyección intradérmica de 0,1
ml del derivado purificado del antígeno proteico tuberculínico (PPD) que contiene dos
unidades internacionales (UI) de PPD RT 23 con Tween-80 (o un bioequivalente contrastado).
Se debe realizar con una jeringa desechable tipo insulina, con aguja de acero de calibre
27 con el bisel corto. Se hará en la cara ventral del antebrazo, en la unión del tercio
superior y medio en una zona de piel sin lesiones y lejos de venas superficiales. Con el
bisel hacia arriba, inyectando de abajo arriba, se debe producir un pequeño habón.
La lectura del resultado se realizará a las 72 horas de la
inoculación, aunque también puede ser aceptable entre las 24 y las 96 horas. Se mide el
diámetro de la induración (no del eritema) transversal al eje mayor del brazo. Para ello
se puede utilizar una regla transparente. Es muy importante registrar siempre el resultado
en milímetros, no como positivo o negativo. Así, si no se encuentra induración, el
resultado será "0 mm".
La realización y lectura por personal experto son muy importantes,
pues ésta es la causa más frecuente de falsos negativos.
Interpretación de la
prueba
La reactividad al PPD es similar entre
pacientes infectados y con enfermedad, es decir, no distingue entre infección y
enfermedad. Los mm de induración hay que considerarlos como una medida de la probabilidad
de tener infección tuberculosa, más que como un dato absoluto del todo o nada
(positivo-negativo).
La elección de cuantos mm de induración se consideran
significativos de infección tuberculosa se hará en cada lugar en función de la
prevalencia de tuberculosis, a quién y para qué se realiza la prueba, y la posibilidad
de reacciones cruzadas (micobacterias no tuberculosas).
La prueba de la tuberculina es un buen arma diagnóstica, pero tiene
sus defectos. Existen tanto falsos positivos como falsos negativos.
Las causas de falsos negativos pueden estar en relación con:
alteración en el PPD por caducidad o mal almacenamiento; con problemas en la técnica por
inexperiencia de quien la realiza, su administración subcutánea etc.; o por problemas de
anergia en el paciente.
Test de anergia
En determinadas circunstancias la respuesta de
hipersensibilidad retardada puede estar disminuida o incluso desaparecer. En términos
generales, del 10 al 25 por ciento de los enfermos con tuberculosis tienen un Mantoux
negativo.
Algunas de estas circunstancias son:
- Infección por el VIH. Aproximadamente un tercio de estos
pacientes tienen un PPD negativo a pesar de estar infectados, cifra que puede llegar la 60
por ciento en la fase de SIDA.
- Tuberculosis miliar o pulmonar grave y masiva.
- Sarcoidosis
- Administración de corticoides y otras drogas inmunosupresoras
- Vacunación con virus vivos.
- Infecciones virales.
- Enfermedad de Hodgkin.
- Edades extremas de la vida: ancianos y recién nacidos.
El test de anergia se ha de realizar con al menos otros dos
antígenos de hipersensibilidad retardada, como son el toxoide tetánico o la cándida,
mediante la técnica de Mantoux.
Las personas que tienen una reacción mayor de 3 mm a cualquiera de
los antígenos no son anérgicas.
Existe la posibilidad de que la hipersensibilidad a la tuberculina
se atenúe con el tiempo, es decir, que personas a las que se les realiza el test muchos
años después de haber estado en contacto con el bacilo, tengan un falso negativo. En
estas circunstancias la tuberculina puede producir un "recuerdo" en el sistema
inmune, y una segunda prueba realizada será positiva. Es lo que se conoce con el nombre
de efecto "booster".
Así, la realización de un segundo Mantoux, entre 1 y 3 semanas
después del primero, puede tener su indicación. Un ejemplo de ello es la evaluación de
personal sanitario en el inicio de su actividad laboral para evitar posteriormente la
confusión con una conversión reciente en futuras reevaluaciones.
Las causas de posibles falsos positivos son:
- Mala administración o lectura.
- Reacciones cruzadas:
* Con micobacterias no tuberculosas. En general el número de falsos
positivos por esta causa en nuestro medio es escaso.
* Vacunación previa con BCG (suelen presentar la típica cicatriz
en el hombro).
La interpretación del Mantoux en los enfermos vacunados con BCG es
un tema especialmente difícil y debatido. No existe un método fiable que distinga las
reacciones causadas por infección natural de las causadas por la vacuna.
Como idea general se debe tener en mente que, en una persona
vacunada con un Mantoux positivo, la reacción es más probable que se deba a una
infección sí:
- La induración es grande.
- La persona fue vacunada hace mucho tiempo (parece, según algunos
estudios, que no hay diferencia entre vacunados y no vacunados a los 5 años tras la
vacunación).
- Hallazgos radiológicos compatibles con enfermedad pasada.
- La persona ha mantenido un contacto reciente con un enfermo.
- Persona procedente de una zona de alta prevalencia.
La Sociedad Americana de Enfermedades del Tórax (ATS) considera la
siguiente clasificación según la reacción de la prueba:
Una reacción de 5 mm o más de induración se considera positiva
en:
- Contactos estrechos con un caso.
- Personas VIH positivos o que se sospecha que puedan serlo.
- Personas con hallazgos radiológicos compatibles con tuberculosis
previa y que no han recibido tratamiento correcto.
Una reacción de 10 mm se considera positiva en:
- Adictos a drogas por vía parenteral.
- Personas procedentes de países con alta prevalencia.
- Residentes en instituciones cerradas.
- Personas con determinados problemas médicos (vepatogenia).
- Niños menores de 4 años.
- En instituciones sanitarias en las que se atiende a enfermos con
tuberculosis, el dintel en los trabajadores sanitarios debería ser éste.
Una reacción de 15 mm se considera positivo en el resto de la
población.
El Consenso Nacional para el control de la Tuberculosis en España,
publicado en Medicina Clínica en 1992, considera positiva para el diagnóstico de
infección una induración igual o superior a 5 mm, excepto entre los vacunados con BCG,
en los que la induración se considera positiva por encima de los 14 mm.
Especial importancia en esta búsqueda activa de casos de infección
y enfermedad tiene el estudio de contactos de enfermos con tuberculosis, actividad
clásicamente mal realizada en nuestro país por considerarla como algo secundario en la
lucha contra la tuberculosis. A este respecto ha sido publicado recientemente un Documento
de Consenso por el Grupo de Estudio de Contactos de la Unidad de Investigación en
Tuberculosis de Barcelona (UITB), en el que se especifica a quién debe realizarse este
estudio, quién debe llevarlo a cabo, y cómo debe hacerse.
En los países con recursos sanitarios suficientes se podría
plantear en todos los contactos de los enfermos con tuberculosis (tanto pulmonar como
extrapulmonar), los contactos de los menores de 15 años PPD positivos en busca del caso
fuente, y en los contactos de los convertidores recientes. Pero hay que tener en cuenta
que la prioridad, en países con recursos más limitados, es el estudio de los contactos
de pacientes bacilíferos.
El estudio, según este consenso, debería llevarse a cabo por:
- Hospitales, que deberían disponer de una unidad de tuberculosis.
- Instituciones penitenciarias.
- Centros de prevención y control de la tuberculosis.
- Mutuas laborales.
- Centros de drogodependencia.
- Centros de atención primaria. Éstos deberían colaborar según
las posibilidades de su infraestructura, contar con un médico de referencia que
implantase, siguiese y evaluase el programa.
Hay que indagar no sólo en los contactos en el hogar, sino también
en los centros de trabajo, escuela en caso de los niños, y en los centros de recreo.
Establecer que es un contacto íntimo es fácil a veces, en otras no lo es tanto. En
general, se considera que un contacto es íntimo si supone más de 6 horas diarias,
contacto frecuente si es diario pero menos tiempo, y esporádico si no es diario.
La urgencia con la que iniciar el estudio y hasta donde ampliarlo va
a depender tanto de las características del paciente (estado bacteriológico, intensidad
de la tos, características radiológicas, antecedentes de quimioterapia, tipo de
relación mantenida con los contactos) como de las de los contactos (duración del
contacto, manifestaciones clínicas, edad, infección por el VIH, antecedentes de
vacunación).
Una vez conocidas las características del enfermo y contactos, el
siguiente paso es la realización del PPD, salvo que tengan una prueba positiva previa. En
los contactos mayores de 65 años con una respuesta negativa, en los que se considere que
la posibilidad de profilaxis pudiera ser muy importante, debido a la posibilidad de
atenuación con el tiempo de la hipersensibilidad retardada, se podría realizar una
segunda prueba pasadas una o dos semanas desde la primera (efecto booster, ya comentado).
El resultado del PPD en los contactos debe interpretarse según
diversas situaciones recogidas en la siguiente tabla: (ver tabla III.)
TABLA
III.
DISTINTAS SITUACIONES EN LA INFECCIÓN TUBERCULOSA |
| Situación |
Infección tuberculosa |
No vacunados
con BCG |
5 mm o más |
Vacunados con
BCG que son
contactos íntimos
o frecuentes de
paciente bacilífero |
5 mm o más |
Vacunados con
BCG que son
contactos
esporádicos de
paciente bacilífero
o contactos
íntimos y frecuentes
de paciente no
bacilífero |
15 mm o más
(entre 5 y 15 mm,
a más induración,
más probabilidades
de infección) |
Infectados por
el VIH |
Cualquier induración |
| Virajes tuberculínicos |
5 mm o más |
|
Es importante destacar que los contactos de enfermos bacilíferos
tienen prioridad, y, como refleja el esquema, en ellos no se tiene en cuenta el
antecedente de vacunación previa. En estos enfermos es positiva cualquier reacción de 5
mm o más.
Se debe repetir el PPD en 8-12 semanas en los enfermos tuberculín
negativos contacto íntimo de un enfermo bacilífero, para cubrir el efecto ventana.
Se debe realizar un estudio radiológico con radiografía de tórax
PA y lateral, para descartar enfermedad, a todos los enfermos tuberculín positivos, así
como a los negativos contacto de un enfermo bacilífero (a veces los cambios radiológicos
se producen antes que la conversión, durante el período ventana).
Los contactos se clasificarán como no infectados, infectados y
enfermos.
Las indicaciones de profilaxis primaria y secundaria, así como de
tratamiento, se comentan en el siguiente apartado.
Este estudio de contactos debe cumplimentarse con un programa de
control de estos contactos (cumplimiento), y de recuperación de los incumplidores.
Tratamiento de la infección.
Quimioprofilaxis
Se basa en la administración de medicación
para prevenir la infección tuberculosa en personas con PPD negativo que han estado en
contacto con un enfermo bacilífero (profilaxis primaria), o para evitar que un enfermo ya
infectado desarrolle la enfermedad (profilaxis secundaria).
La profilaxis reduce de forma significativa el progreso hacia
enfermedad en las personas infectadas. El efecto protector puede ser hasta del 90 por
ciento si la medicación se toma de forma correcta. Cifras entre el 60 y el 70 por ciento
se pueden observar en grandes poblaciones cuando no hay un tratamiento directamente
observado, es decir, el individuo es responsable de su automedicación. Esta protección
puede durar al menos 20 años, probablemente, toda la vida.
Como hemos mencionado ya, es importante el descartar la enfermedad
antes de iniciar la quimioprofilaxis mediante una anamnesis correcta y una radiografía de
tórax. Si ésta presenta alteraciones, habrá que realizar una baciloscopia. Esto
evitará incurrir en un subtratamiento con monoterapia. En última instancia, si existen
dudas sobre si estamos ante una infección o una enfermedad tuberculosa, es preferible
iniciar tratamiento con una asociación de fármacos hasta que tengamos los resultados de
los cultivos.
Como en la interpretación de la positividad del Mantoux, hay
ligeras diferencias entre las distintas organizaciones y países sobre cuando hay
indicación de profilaxis. Pero hay una serie de prioridades, basadas en el mayor riesgo
de desarrollar la enfermedad, que todo médico debería tener claras. Estas prioridades
son:
1- Convivientes y contactos próximos al caso índice
En el ya mencionado documento de consenso del Grupo de Estudio de
Contactos de la UITB se establece las indicaciones prioritarias de profilaxis tras un
estudio de contactos, y su duración (ver tabla IV):
TABLA
IV.
INDICACIONES PRIORITARIAS DE PROFILAXIS Y DURACIÓN |
Tipo de quimioprofilaxis
(QP) |
Situación
clinicoepidemiológica |
Duracion de QP
(meses) |
| Primaria (PPD -)
Secundaria (PPD + o VIH
con PPD -)
|
Contacto íntimo o frecuente en
menores de 35 años de paciente bacilífero. (Otros autores hacen hincapié en niños e
inmunodeprimidos) Contacto íntimo de cualquier
edad con paciente con baciloscopia positiva
Contacto menor de 35 años con cualquier tuberculosis
Contacto íntimo o frecuente de cualquier edad con factores
médicos predisponetes
Viraje tuberculínico |
2-3
6
6
12
|
|
En los casos en que se inicia quimioprofilaxis
primaria (prioridad en niños y adolescentes), se ha de repetir el PPD en 2 ó 3 meses. Si
hay viraje, se mantiene el tratamiento preventivo como profilaxis secundaria. Si la prueba
sigue siendo negativa, se suspende la medicación a menos que continúe la situación de
riesgo.
Los recién nacidos que están en contacto con un caso de
tuberculosis deberían recibir quimioprofilaxis aunque el PPD sea negativo, pues pueden
ser anérgicos hasta los 6 meses de edad. Además, el riesgo de desarrollo tuberculosis es
altísimo. Si repetido a esa edad sigue siendo negativo, se puede retirar la profilaxis.
Las mujeres embarazadas que presentan un PPD positivo en un estudio
rutinario (el embarazo no contraindica la realización de la prueba, ni disminuye la
reactividad a la tuberculina) pueden esperar al final del embarazo para considerar la
profilaxis. Pero si se documenta que es una conversión reciente por un contacto, y
especialmente si tienen algún factor predisponente, como el VIH, tienen indicación de
comenzar la profilaxis. Se debe realizar preferiblemente a partir del segundo trimestre
del embarazo, aunque en caso de serología VIH positiva cabe incluso planteárselo durante
el primer trimestre. La radiografía de tórax para descartar la enfermedad se debería
hacer con protección, y de igual forma preferiblemente a partir del segundo trimestre.
2- Portadores de VIH y reacción en el PPD igual o superior a 5
mm
Como vemos, todo enfermo VIH positivo con un contacto
independientemente de su PPD, y todo enfermo VIH con un PPD mayor de 5 mm tiene una
indicación clara y prioritaria de profilaxis. Queda la duda de si los pacientes
anérgicos deben o no recibirla. El riesgo de desarrollo de tuberculosis en estos
pacientes es muy variable de unos estudios a otros y no parece que se puedan establecer
recomendaciones universales. Hoy por hoy parece sensato recomendar profilaxis a aquellos
pacientes anérgicos en los que el riesgo de estar infectados es mayor.
3- Portadores de lesiones radiológicas compatibles con
tuberculosis, no tratados previamente, sin signos de progresión radiológica, y con un
PPD igual o superior a 5 mm
4- Personas en las que se demuestra una conversión de la
respuesta a la tuberculina en los últimos dos años con una respuesta de 5 mm
Hay autores para los que el dintel estaría en 14 mm para los
vacunados con BCG.
5- Personas con factores de riesgo médico que predisponen para
enfermar (señalados en la patogenia), y que presentan un PPD mayor de 5 mm
En estos enfermos, por ejemplo, la ATS considera 10 mm como una
reacción significativa para indicar profilaxis.
6- Usuarios de drogas por vía parenteral con un PPD mayor de 5
mm
Igualmente, en este grupo, la ATS considera 10 mm como dintel.
Como vemos, en los grupos con un riesgo significativo, la edad no es
una contraindicación para la profilaxis. Esto se debe a que el riesgo de hepatitis por
isoniacida es menor que el riesgo de desarrollar una tuberculosis.
7- Personas con un tiempo de infección indeterminado, menos de
35 años, y sin ningún otro factor predisponente
Este grupo supone una prioridad menor.
La ATS distingue dos grupos:
- Personas que provienen de zonas de alta prevalencia, niños
menores de 4 años, y residentes en instituciones cerradas: 10 mm.
- El resto de la población: 15 mm.
La isoniacida es el fármaco de elección para realizar la
quimioprofilaxis.
Se administra vía oral en ayunas en una única dosis diaria. Puede
ser:
- Continua (todos los días) a dosis de 5 mg/Kg/día en adultos, sin
sobrepasar los 300 mg/día, y 10 mg/Kg/día en los niños, con dosis máxima de 300 mg.
- Dos veces por semana en los tratamientos supervisados: 15mg/Kg en
adultos. Dosis máxima 900 mg.
Como hemos dicho, cursos de 12 meses reducen el riesgo en más del
90 por ciento. Pero hay evidencia de que pautas de 6 meses confieren también un alto
grado de protección (70 por ciento), alcanzando un mayor grado de cumplimiento. Así, la
duración establecida es de 6 meses, excepto en situaciones especiales como infección por
VIH, lesiones fibróticas en la radiografía y en la silicosis, en las que se prolongará
a 12 meses. La Sociedad Americana de Pediatría recomienda 9 meses en los niños.
En personas con más de 35 años sin ningún factor de riesgo no
estaría indicada la profilaxis. Ello se debe a que el riesgo de hepatitis asociada a la
isoniacida, que varía según la edad, sobrepasa su efecto protector sobre el desarrollo
de la enfermedad.
En un estudio sobre 13.838 pacientes que recibieron isoniacida como
monoterapia para la profilaxis de tuberculosis, la incidencia de hepatitis según la edad
fue la siguiente:
20 - 34 años
0,3 por ciento
35 - 49 años
1,2 por ciento
50 - 64 años
2,3 por ciento
Más de 65 años 4,6 por ciento
Otros factores como el consumo habitual de alcohol también
incrementan este riesgo (2,6 por ciento). Así mismo, medicamentos concomitantes (ej.
rifampicina, fenitoína) que actúan induciendo el citocromo P450 aumentan el riesgo de
hepatitis.
Aproximadamente, la mitad de los casos de hepatitis asociada a la
isoniacida aparecen en los dos primeros meses de tratamiento. La sintomatología es
indistinguible de una hepatitis vírica aguda: astenia, anorexia y náuseas con o sin
vómitos. En un tercio de los casos presentan un síndrome pseudogripal. Es posible la
aparición de dolor en el hipocondrio derecho. Estos síntomas se presentan generalmente
de días a semanas antes del inicio de una ictericia clínicamente visible.
Se debe informar a los enfermos sobre las características de estos
síntomas y animarles a que consulten si aparecen.
Hasta en un 20 por ciento de los pacientes se observa una elevación
leve y asintomática de las transaminasas que tienden a remitir incluso continuando con el
tratamiento.
Otro efecto secundario a vigilar es la aparición de neuropatía
periférica, pero es poco frecuente con las dosis habitualmente utilizadas de 5 mg/Kg de
peso. En personas con mayor predisposición a padecer neuropatía (diabetes mellitus,
alcoholismo, desnutrición, insuficiencia renal, etc.), así como en embarazadas y en
personas con crisis convulsivas, se recomienda utilizar, conjuntamente con la isoniazida,
piridoxina (10-50 mg/día). Existen preparados comerciales que contienen ambos fármacos.
Se recomienda un seguimiento periódico de estos tratamientos, para
supervisar la adherencia a ellos, los posibles signos y síntomas de hepatitis y los
síntomas de neurotoxicidad. En los menores de 35 años, descartados factores de riesgo,
no se recomienda la realización sistemática de analíticas para ver las transaminasas.
En cambio, en los mayores de 35 años si se recomienda una analítica basal, y posterior
seguimiento según evolución.
Las personas consideradas de alto riesgo para desarrollar toxicidad
son:
- Alcohólicos.
- Ancianos.
- Hepatopatía crónica.
- Utilización concomitante de otros fármacos potencialmente
hepatotóxicos.
- Consumo de drogas
- Historia previa de efectos adversos por la isoniacida.
- Neuropatía periférica, o factor que predispone a ella.
Se recomienda en estas situaciones la realización de analíticas
periódicas (ej. mensualmente).
En los casos en los que las transaminasas sobrepasen 5 veces los
valores normales, o aparezcan síntomas de toxicidad, se debería considerar la retirada
de la profilaxis.
Existen una serie de contraindicaciones para la utilización de
profilaxis con isoniacida:
- Historia de reacción severa a la isoniacida: exantema, fiebre,
artritis...
- Enfermedad hepática aguda.
Hay una serie de regímenes alternativos para determinadas
circunstancias:
- En caso de silicosis y en casos en los que se observan lesiones
fibróticas en la radiografía, una alternativa es 4 meses con rifampicina más
isoniacida.
- Cuando el caso índice sea resistente a isoniacida, se puede
considerar el tratamiento con rifampicina durante 6 meses (9 meses en los niños). Es
aconsejable la consulta con especialistas que estén familiarizados con este tema.
- Cuando el caso índice es resistente a isoniacida y rifampicina,
habitualmente se recomienda observación sin profilaxis, pues sólo los regímenes con
isoniacida y rifampicina han sido evaluados para la indicación de profilaxis. Potenciales
alternativas en caso de pacientes con alto riesgo son 6 meses de pirazinamida más
etambutol o 6 meses de pirazinamida más una quinolona. Igualmente, es aconsejable la
consulta con un especialista.
La problemática asociada con el cumplimiento de la profilaxis de
tuberculosis durante 6-12 meses ha intensificado los esfuerzos para buscar regímenes más
cortos que pudieran mejorar la adherencia al tratamiento. Recientemente, se han comunicado
los resultados de un estudio prospectivo y doble ciego, en el que se incluyen gran número
de pacientes, y que demuestra la equivalencia de rifampicina y pirazinamida durante 2
meses con isoniacida durante 12 meses. Las dos pautas tuvieron una eficacia similar en
cuanto a la prevención de tuberculosis y en la aparición de efectos secundarios. Menos
pacientes abandonaron la pauta de dos meses con rifampicina y pirazinamida que la de doce
meses con isoniacida. Es posible, por tanto, que los pacientes infectados por el VIH, y
seguramente los inmunocompetentes, puedan beneficiarse de la pauta corta de
quimioprofilaxis, que puede administrarse incluso en régimen de dos días por semana
supervisado.
Otra posible pauta corta en estudio es rifampicina durante 4 meses.
Papel de la vacunación con BCG
en el momento actual
Esta vacuna utiliza el bacilo de Calmette
Guerin, una cepa viva atenuada de M. bovis. El grado de protección que confiere es
muy variable e irregular, variando en los distintos estudios entre el 0 y el 76 por
ciento. Además puede, como hemos visto, interferir en la interpretación del Mantoux, una
de las mejores armas que tenemos para el diagnóstico.
Hoy en día en nuestro país no está justificada la vacunación
masiva de la población con esta vacuna.
Quizá la única indicación clara que tenga es en niños con PPD
negativo en los que no se puede utilizar profiláxis con isoniacida y que van a estar en
contacto continuo con una persona bacilífera, o que va a estar en contacto continuo con
una persona con tuberculosis resistente a isoniacida y rifampicina.
Esta vacuna está contraindicada en personas con un sistema inmune
dañado: enfermos VIH, enfermos con leucemia o linfoma etc. También está contraindicada
en enfermos que reciben fármacos inmunosupresores.
| Sumario
|