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PROGRAMA ANUAL 2000-2001
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA |
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Neumonía
Clínica
En la NAC la validez real del diagnóstico
etiológico, basado en criterios clínicos y radiológicos entre agentes bacterianos
causantes del cuadro clínico denominado de "neumonía atípica" y aquellos
otros causantes de las manifestaciones clínicas clásicas de la "neumonía
típica", ha sido objeto de controversia. Aunque es innegable el solapamiento de las
características, en muchas ocasiones, también es cierto que existe un subgrupo de
pacientes, habitualmente más jóvenes, que cumplen de una manera casi escrupulosa los
criterios convencionales de "neumonía atípica", como clínica más subaguda,
ausencia del escalofrío inicial, tos seca persistente, disociación clinicorradiológica,
ausencia de leucocitosis y falta de respuesta a tratamientos iniciales con
betalactámicos. En cualquier caso, la "Guía para el manejo inicial de pacientes con
NAC" de la American Thoracic Society establece que la separación de los cuadros
clínicos en típicos y atípicos no es un método eficaz para predecir la etiología
microbiana.
La infección por Legionella pneumophila produce generalmente un
cuadro clínico indistinguible de otras causas habituales de "neumonía
típica". No obstante existe un subgrupo de pacientes con legionelosis en los que la
asociación de datos clínicos como diarrea y sobre todo elevación de creatinquinasa (CK)
sugiere esta etiología, si bien debe insistirse en que su ausencia es muy frecuente en la
neumonía por Legionella.
Neumonía neumocócica
("típica")
Aproximadamente la mitad de los pacientes
presentan historia de infección de vías altas. La tres manifestaciones precoces más
comunes de la neumonía neumocócica son la fiebre, la tos y el dolor torácico. La
temperatura es variable y oscila entre los 38 y 41ºC. Habitualmente los picos febriles se
producen por la tarde, aunque en ocasiones puede mantenerse con escasas variaciones
diurnas. La tos, presente en casi todos los casos, se asocia a la producción de esputo en
el 75 por ciento de los pacientes. El esputo puede tener la apariencia herrumbrosa
clásica, aunque frecuentemente es purulento. En ocasiones se acompaña de estrías
sanguinolentas. El dolor torácico suele ser pleurítico, alcanzando la máxima intensidad
con la inspiración profunda y la tos. Habitualmente los pacientes presentan escalofríos.
Aunque un escalofrío inicial es característico, no es raro que los pacientes
experimenten de 2 a 4 escalofríos en un período de 48 horas. Las mialgias son habituales
y, cuando se asocian a vómitos, sugieren fuertemente la posibilidad de bacteriemia. Un 10
por ciento de los pacientes desarrollan lesiones labiales por herpes simple.
A la exploración física, el paciente aparece agudamente enfermo.
La taquicardia es habitual en los pacientes jóvenes, pero en los ancianos la frecuencia
cardiaca suele ser normal. En la mayoría de los pacientes la exploración torácica
revela uno de los siguientes tres hallazgos. En algunos enfermos, se detectan crepitantes
húmedos y matidez a la percusión. Un segundo grupo de pacientes presentan los clásicos
signos de consolidación: matidez a la percusión, egofonía, broncofonía, pectoriloquia
áfona y respiración bronquial. En los pacientes con consolidación franca, habitualmente
no se detectan crepitantes y aparecen a medida que la neumonía se resuelve y disminuye la
consolidación. En este grupo no es raro un roce pleural en la inspiración o sólo al
final de la inspiración y de la espiración.
Si la neumonía afecta a los lóbulos inferiores, no es extraño el
dolor abdominal.
Neumonía atípica
La presentación clínica de las neumonías
atípicas tiene en común el inicio insidioso con pródromos, fiebre, tos seca y cefalea.
Con menos frecuencia aparecen mialgias, otalgias, meningismo, confusión mental, dolor
pleurítico, dolor abdominal y diarrea. Estos síntomas menos habituales son los que mejor
permiten distinguir un microorganismo de otro.
En la neumonía por Mycoplasma más del 80 por ciento de los
pacientes tienen tos típicamente no productiva y fiebre. La mayoría de los pacientes
tienen cefalea. Las mialgias son comunes y la coriza, la odinofagia y los escalofríos son
manifiestos en el 50 por ciento de los pacientes. El dolor torácico aparece en el 5 por
ciento.
A la exploración física destaca una bradicardia relativa para la
fiebre. En pacientes con afectación pulmonar extensa, la cianosis es habitual. Se
evidencian faringitis y adenopatías cervicales en el 25 por ciento de los casos y la
miringitis bullosa en el 5 por ciento de los pacientes. La neumonía por Mycoplasma se
asocia a exantema en el 11 al 25 por ciento de los casos. A la auscultación pulmonar son
frecuentes los crepitantes finos al final de la inspiración.
Las manifestaciones clínicas de la neumonía causada por C.
pneumoniae son similares a las de la causada por Mycoplasma. La fiebre y la tos son
comunes. La faringitis y la ronquera están presentes en el 40-70 por ciento de los casos.
Habitualmente la enfermedad sigue un curso bifásico; los pacientes desarrollan una
faringitis y, a las 3 semanas de la recuperación aparece la neumonía. En la exploración
física destaca la fiebre entre 38 y 39ºC y los roncus en el pulmón afecto.
Las manifestaciones clínicas de la fiebre Q se desarrollan de
manera brusca después de un período de incubación de 2 a 4 semanas. Son típicas la
fiebre alta, los escalofríos, mialgias, cefalea y rigidez de nuca. Aproximadamente el 50
por ciento de los pacientes refieren tos seca y es raro que se asocie a esputos
purulentos, hemoptisis o disnea. La bradicardia relativa no es infrecuente. La
esplenomegalia aparece en el 5-10 por ciento de los pacientes y se describen casos de
hepatomegalia, cianosis, erupción maculopapular y rigidez de nuca.
Los síntomas de la psitacosis pueden apareces bruscamente con
fiebre alta y escalofríos o lentamente simulando el desarrollo de una infección viral.
La cefalea, las artralgias y las mialgias son manifestaciones destacadas. La tos es un
hallazgo común, bien seca o bien con producción de esputo mucoide. El dolor torácico y
la disnea aparecen cuando la afectación pulmonar es extensa. Suele haber fiebre de 38 a
40ºC pero existe bradicardia relativa para la magnitud de la fiebre en el 13 por ciento
de los casos. Algunos hallazgos exploratorios son característicos de los pacientes con
psitacosis, especialmente la presencia de esplenomegalia (10-30 por ciento) o de una
erupción macular pálida (manchas de Horder).
Neumonía por Legionella
Varía en su presentación desde una
enfermedad gripal autolimitada (fiebre de Pontiac) a una neumonía fulminante. Los
síntomas iniciales de la enfermedad de Pontiac consisten en malestar, mialgias, cefalea y
tos seca.
El período de incubación de la neumonía por Legionella es de 2 a
10 días. El paciente típico presenta una neumonía lo suficientemente severa como para
requerir hospitalización. Tras un comienzo de astenia y cefalea, la temperatura alcanza
los 40ºC en la mitad de los pacientes. Después de unos días la tos produce esputos
mucopurulentos y a veces hemoptoicos. Cerca de la cuarta parte de los enfermos muestran
síntomas gastrointestinales. La bradicardia relativa puede ser enormemente útil en la
valoración diagnóstica. El enfermo aparece postrado y en ocasiones con alteraciones
mentales.
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