Neumonía
Patogenia
Mecanismos de defensa del aparato respiratorio
En el tracto respiratorio inferior existen diversos
mecanismos defensivos frente a la infección bacteriana.
Defensas físicas
Las vías aéreas superiores, gracias a su estructura y las
características de su epitelio, filtran las partículas inhaladas en función de su
tamaño, densidad y características físicas. Aunque en teoría las partículas menores a
10 micras (como la mayoría de los gérmenes patógenos) pueden pasar esta defensa
física, ello no suele ocurrir en condiciones de normalidad ya que al nivel de la
nasofaringe se encuentran formaciones como las amígdalas y las adenoides con capacidad
para activar mecanismos inmunológicos de defensa.
Mecanismos reflejos
El estornudo y la tos permiten la eliminación de gran
cantidad de secreciones y microorganismos depositados en la nasofaringe.
Sistema mucociliar
Este sistema está formado por el epitelio ciliar que tapiza
la vía aérea desde la nariz hasta los bronquiolos y por una delgada capa de moco que
recubre a los cilios y que es secretada por las células caliciformes y las células
submucosas que se encuentran en el epitelio de la vía aérea. Los cilios transportan al
moco que contiene las partículas inertes o biológicas atrapadas hacia la laringe para su
deglución, exhalación o expectoración.
Escalera mucociliar e infección
Las bacterias pueden quedar atrapadas en el moco que impide
su adherencia al epitelio bronquial, pero también es un medio favorable para su
multiplicación. Cuando el epitelio pulmonar está indemne, las bacterias como S.
pneumoniae, H. influenzae y S. aureus se unen más al moco que al epitelio, mientras que
otras bacterias como M. pneumoniae y P. aeruginosas sólo se unen a él si está
previamente dañado.
La disfunción de cualquiera de los componentes del sistema
mucociliar origina un enlentecimiento en el aclaramiento del moco y permite que las
bacterias contenidas en él incrementen el tiempo de contacto con el epitelio
respiratorio; de esta manera pueden crearse las condiciones favorables para la
colonización bacteriana de las vías aéreas que, en condiciones normales, son
estériles.
Defensas humorales y celulares
Los microorganismos que alcanzan el tracto respiratorio
inferior deben ser inicialmente reconocidos para la fagocitosis por los mecanismos de
defensa celulares, principalmente por los macrófagos alveolares, como primer paso para el
desarrollo de la respuesta inflamatoria frente a la invasión bacteriana. Sin embargo,
cuando se produce un inóculo bacteriano muy elevado o muy virulento, el macrófago actúa
reclutando otras células, como los neutrófilos, de la circulación pulmonar. Las
citocinas actúan como mediadores de comunicación intercelular. La producción de
citocinas por el macrófago es estimulada por diversas sustancias bacterianas, como la
endotoxina o lipopolisacárido (LPS) en el caso de gramnegativos, o por exotoxinas o
componentes de pared celular en el caso de los gérmenes grampositivos. Dichas citocinas
están implicadas en el reclutamiento de neutrófilos desde la circulación pulmonar que
actuarán frente a la infección bacteriana mediante la fagocitosis, así como en la
regulación de la respuesta inmune de los linfocitos B y T. Sin embargo, una producción
excesiva de citocinas puede tener efectos perjudiciales, con la aparición de una
respuesta inflamatoria sistémica (sepsis) que conduzca al fallo multiorgánico y a la
muerte.
Papel del factor de necrosis tumoral alfa
El TNF-alfa es producido principalmente por monocitos y
macrófagos. Es el principal factor favorecedor del reclutamiento de los neutrófilos
desde la circulación hasta el pulmón.
Existen claras evidencias de que el TNF-alfa es el mediador
clave de la respuesta inflamatoria frente a varios patógenos respiratorios como los
bacilos gramnegativos, cocos grampositivos, Legionella pneumophila, Pneumocystis carinii y
Mycobacterium tuberculosis.
Algunos estudios previos realizados en pacientes con
neumonía comunitaria han hallado valores plasmáticos detectables de TNF-alfa y han
corroborado la compartimentalización de la respuesta inflamatoria, al observar
concentraciones mayores en el lavado broncoalveolar del pulmón afecto con respecto al
pulmón sano en la neumonía unilateral. Finalmente, algunos autores han observado una
correlación significativa entre los valores plasmáticos y la puntuación en la escala de
gravedad APACHE-II en pacientes con neumonía extrahospitalaria grave, concluyendo que
esta citocina puede ser un marcador de gravedad en la neumonía.
Papel de la interleucina 1-beta
Sus acciones son muy similares a las del TNF-alfa. Esta
citocina actúa básicamente a nivel local y no como mediador circulante en la respuesta
inflamatoria inducida por LPS.
Papel de la interleucina 6
La IL-6 es producida por monocitos, macrófagos, linfocitos y
fibroblastos y actúa estimulando la producción de inmunoglobulinas por los linfocitos B,
la proliferación de los linfocitos T y la activación de las células natural killer.
También interviene en el aumento de la temperatura corporal. La IL-6 actúa, no sólo a
nivel local, sino también a nivel sistémico y sus niveles se relacionan con el
pronóstico de los pacientes.
Papel de la interleucina 8
Es producida por una gran variedad de células en respuesta a
diferentes estímulos. Actúa como factor quimiotáctico y activador de neutrófilos.
El aumento de IL-8 en la neumonía es probablemente
inespecífico en comparación con otras enfermedades inflamatorias pulmonares, como el
síndrome de distrés respiratorio del adulto (SDRA), aunque la característica de la
compartimentalización es probablemente un rasgo diferencial entre ambas entidades.
Finalmente, los valores de IL-8 en el lavado broncoalveolar (LBA) parecen ser buen
marcador de gravedad y de mortalidad en los pacientes con neumonía, particularmente en
aquellos con neumonía por Pneumocystis carinii.
Papel de otras citocinas
La IL-10 tiene un importante papel en la protección del
huésped frente al fallo multiorgánico y la muerte en la sepsis por gramnegativos. Su
efecto protector tiene lugar a través de la inhibición de diversos mediadores
inflamatorios como son TNF-alfa, IL-1 beta, IL-6, IL-8, interferón gamma, óxido nítrico
y metabolitos de las prostaglandinas.
El interferón gamma es producido por linfocitos T activados
y activa macrófagos, monocitos, células endoteliales y epiteliales y fibroblastos como
mecanismo defensivo frente a la infección bacteriana.
Relación entre carga bacteriana y respuesta
inflamatoria
Diversos trabajos no han encontrado correlación entre la
carga bacteriana pulmonar y las concentraciones de citocinas en el LBA. Estos estudios
parecen indicar que, una vez se ha desencadenado la respuesta inflamatoria por el
estímulo bacteriano, existen otros factores que influyen en el mantenimiento de la misma.
Colonización bronquial
El aparato respiratorio está constantemente expuesto a los
microorganismos presentes en el ambiente que le rodea y a aquellos que forman parte de la
flora saprófita de su propia mucosa orofaríngea. Aunque los patógenos pueden alcanzar
los distintos tramos del aparato respiratorio vehiculizados por el aire inhalado, el
procedimiento más común consiste en la aspiración de pequeñas cantidades de
secreciones orofaríngeas, fenómeno que ocurre con regularidad durante el sueño. Las
defensas pulmonares antibacterianas son altamente eficaces, de modo que las bacterias
viables que penetran en el interior de los pulmones tienden a ser rápidamente eliminadas.
La colonización e infección del tracto respiratorio
inferior va a depender de la colonización bacteriana previa de la orofaringe, de la
aspiración de los gérmenes que colonizan la vía aérea y del fallo en los mecanismos de
defensa antibacterianos a nivel traqueobronquial.
Colonización de las vías aéreas superiores
Habitualmente, la superficie del epitelio orofaríngeo
permite únicamente la colonización de un número restringido de especies bacterianas, de
manera que sólo las bacterias que poseen sistemas específicos de anclaje al epitelio
pueden establecer una colonización duradera (S. aureus, S. pneumoniae, S. pyogenes, H.
influenzae), mientras que otras especies bacterianas como P. aeruginosas, precisan que el
epitelio esté previamente dañado para poder adherirse a él.
Los ingresos hospitalarios previos, el empleo de
antibióticos, la edad avanzada, las enfermedades crónicas debilitantes, la desnutrición
y el encamamiento suponen una agresión a las defensas de las vías superiores y facilitan
la colonización crónica.
Aspiración
En el individuo sano se produce de manera habitual una
aspiración controlada de bacterias orofaríngeas, especialmente durante el sueño, sin
que ello tenga repercusiones. Sin embargo, cuando la flora saprófita normal de la
orofaringe se le añaden gérmenes virulentos no habituales que la colonizan y/o se
incrementan los inóculos bacterianos introducidos por la alteración de los mecanismos de
la tos o la náusea, se produce un cambio de los gérmenes que llegan al tracto
respiratorio inferior cuya trascendencia estará en función de la cantidad y tipo de
gérmenes inoculados y del estado de los mecanismos de defensa.
Las alteraciones del nivel de conciencia que producen
disminución de la tos o la náusea, las alteraciones esofágicas y las intubaciones
pueden ser responsables de estos cambios en la aspiración fisiológica habitual.
Fallo de los mecanismos de defensa del árbol
traqueobronquial
Los mixovirus, particularmente el virus de la gripe, infectan
y destruyen las células ciliadas del árbol traquebronquial y disminuyen la actividad
bactericida de los fagocitos. En pacientes con asplenia, hipogammaglobulinemias o
disglobulinemias, son especialmente frecuentes las infecciones por microorganismos
encapsulados como S. pneumoniae o H. influenzae. En cambio, la granulocitopenia inducida
por los tratamientos antineoplásicos hace a los pacientes susceptibles de desarrollar
neumonías por gramnegativos. Existen otros factores genéticos y adquiridos que
disminuyen las defensas pulmonares y predisponen a infecciones respiratorias y entre los
que destacan la hipoxia, acidosis, edema pulmonar, azotemia, malnutrición, uso de
esteroides, inmunosupresión, hábito tabáquico, obstrucción mecánica, trastornos
inmunes hereditarios, defectos de la función ciliar y anomalías estructurales del
aparato respiratorio.
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