Neumonía
Prevención de la NAC
Aunque la mortalidad de la neumonía neumocócica ha
descendido tras el inicio del uso de antibióticos, en los últimos años permanece en
unas cifras invariables y nada despreciables. Además, es de destacar el envejecimiento de
la población con el consiguiente aumento de enfermedades crónicas debilitantes que
llevan consigo más infecciones, aumento de gastos sanitarios y menor calidad de vida. En
la población activa y sin comorbilidad las infecciones de parénquima pulmonar suponen,
como mínimo, pérdidas ocasionadas por bajas laborales. Por otro lado, es conocido el
problema actual de las altas resistencias de S. pneumoniae a distintos antibióticos, y
que complica aún más el manejo terapéutico de estas enfermedades.
La enfermedad por virus influenza, aunque es una enfermedad
respiratoria común, puede cursar con complicaciones como neumonía por influenza y
neumonía bacteriana secundaria. Esta evolución con complicaciones es más frecuente en
ancianos y personas con enfermedades crónicas.
Todos estos argumentos apoyan y estimulan la necesidad de
plantear estrategias preventivas de la NAC y hacen especialmente atractiva la necesidad de
utilizar vacunas por su potencial impacto en la reducción de infecciones pulmonares y en
sus consecuencias sanitarias y sociolaborales.
Vacunación antineumocócica
Está indicada en mayores de 65 años en presencia de OCFA,
cardiopatías, hepatopatías, diabetes mellitus, asplenia y alcoholismo. El asma no se
incluye salvo que lleve tratamiento con esteroides sistémicos. También se considera en
población de riesgo en la que existe una reducción en la respuesta a antígenos
polisacáridos como inmunodeprimidos, leucemias, linfomas, trasplantados, nefrópatas o
síndrome nefrótico.
Las contraindicaciones son pacientes sometidos a terapia
inmunosupresora y tampoco se recomienda a mujeres embarazadas.
La necesidad de revacunación a los 5-6 años ha constituido
motivo de controversia. Las normativas americanas la recomiendan formalmente en mayores de
65 años. En el grupo de riesgo deben incluirse los asplénicos y el síndrome nefrótico.
La vía habitual de administración es la intramuscular o
subcutánea. Puede administrarse de forma simultánea con la vacuna antigripal con la
precaución de utilizar dos vías diferentes.
Con la información disponible actual la eficacia de esta
vacuna puede considerarse moderada. Disminuye la incidencia de neumonía bacteriémica,
disminuye la neumonía neumocócica bacteriémica en adultos de bajo riesgo pero no en el
grupo de pacientes de alto riesgo y es una vacuna segura con reacciones febriles en menos
del 2 por ciento de los casos. La ausencia de eficacia en el subgrupo de alto riesgo puede
explicarse por una alteración de la respuesta inmune a la vacuna en estas personas. Por
el contrario puede no haberse detectado un beneficio porque los estudios carezcan de
suficiente poder estadístico para identificar a aquellos que más se beneficiarían de la
vacuna.
Las investigaciones actuales se dirigen a desarrollar una
vacunada conjugada antineumocócica. Su papel sería entonces beneficioso, no sólo para
prevenir la enfermedad por neumococo, sino también para reducir portadores sanos de este
microorganismo.
Vacunación antigripal
Está indicada en mayores de 65 años, residentes de asilos,
cardiópatas, enfermedades respiratoria crónicas, incluyendo el asma, inmunosupresión y
pacientes con enfermedades crónicas que requieran ingresos frecuentes. También está
indicada en los trabajadores de hospitales y residencias.
Está contraindicada en personas con alergia a las proteínas
del huevo y en los menores de 6 meses. En el embarazo, se recomienda administrarla tras el
primer trimestre.
La administración de esta vacuna puede realizarse aunque el
paciente tenga pequeños síntomas siempre que no tenga fiebre, y cuando la hay se
recomienda esperar a la resolución de los síntomas. El período óptimo de vacunación
está entre Septiembre y mediados de Noviembre.
Para finalizar, es importante delimitar el papel primordial
del médico en la prevención de la neumonía y otras infecciones. Se deben mejorar las
vacunas para conseguir una respuesta inmunológica más eficaz, delimitar la población
diana y buscar estrategias para su implantación.
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