Aula Acreditada:

Información General | Temario | Boletín de inscripción | Area de Evaluación


 
numero.gif (1368 bytes)


Acceso web cardiovascular Roche 

Acceso Ficha Técnica 


 

PROGRAMA ANUAL
2000-2001
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA

  

Neumonía

Prevención de la NAC

Aunque la mortalidad de la neumonía neumocócica ha descendido tras el inicio del uso de antibióticos, en los últimos años permanece en unas cifras invariables y nada despreciables. Además, es de destacar el envejecimiento de la población con el consiguiente aumento de enfermedades crónicas debilitantes que llevan consigo más infecciones, aumento de gastos sanitarios y menor calidad de vida. En la población activa y sin comorbilidad las infecciones de parénquima pulmonar suponen, como mínimo, pérdidas ocasionadas por bajas laborales. Por otro lado, es conocido el problema actual de las altas resistencias de S. pneumoniae a distintos antibióticos, y que complica aún más el manejo terapéutico de estas enfermedades.

La enfermedad por virus influenza, aunque es una enfermedad respiratoria común, puede cursar con complicaciones como neumonía por influenza y neumonía bacteriana secundaria. Esta evolución con complicaciones es más frecuente en ancianos y personas con enfermedades crónicas.

Todos estos argumentos apoyan y estimulan la necesidad de plantear estrategias preventivas de la NAC y hacen especialmente atractiva la necesidad de utilizar vacunas por su potencial impacto en la reducción de infecciones pulmonares y en sus consecuencias sanitarias y sociolaborales.

Vacunación antineumocócica

Está indicada en mayores de 65 años en presencia de OCFA, cardiopatías, hepatopatías, diabetes mellitus, asplenia y alcoholismo. El asma no se incluye salvo que lleve tratamiento con esteroides sistémicos. También se considera en población de riesgo en la que existe una reducción en la respuesta a antígenos polisacáridos como inmunodeprimidos, leucemias, linfomas, trasplantados, nefrópatas o síndrome nefrótico.

Las contraindicaciones son pacientes sometidos a terapia inmunosupresora y tampoco se recomienda a mujeres embarazadas.

La necesidad de revacunación a los 5-6 años ha constituido motivo de controversia. Las normativas americanas la recomiendan formalmente en mayores de 65 años. En el grupo de riesgo deben incluirse los asplénicos y el síndrome nefrótico.

La vía habitual de administración es la intramuscular o subcutánea. Puede administrarse de forma simultánea con la vacuna antigripal con la precaución de utilizar dos vías diferentes.

Con la información disponible actual la eficacia de esta vacuna puede considerarse moderada. Disminuye la incidencia de neumonía bacteriémica, disminuye la neumonía neumocócica bacteriémica en adultos de bajo riesgo pero no en el grupo de pacientes de alto riesgo y es una vacuna segura con reacciones febriles en menos del 2 por ciento de los casos. La ausencia de eficacia en el subgrupo de alto riesgo puede explicarse por una alteración de la respuesta inmune a la vacuna en estas personas. Por el contrario puede no haberse detectado un beneficio porque los estudios carezcan de suficiente poder estadístico para identificar a aquellos que más se beneficiarían de la vacuna.

Las investigaciones actuales se dirigen a desarrollar una vacunada conjugada antineumocócica. Su papel sería entonces beneficioso, no sólo para prevenir la enfermedad por neumococo, sino también para reducir portadores sanos de este microorganismo.

Vacunación antigripal

Está indicada en mayores de 65 años, residentes de asilos, cardiópatas, enfermedades respiratoria crónicas, incluyendo el asma, inmunosupresión y pacientes con enfermedades crónicas que requieran ingresos frecuentes. También está indicada en los trabajadores de hospitales y residencias.

Está contraindicada en personas con alergia a las proteínas del huevo y en los menores de 6 meses. En el embarazo, se recomienda administrarla tras el primer trimestre.

La administración de esta vacuna puede realizarse aunque el paciente tenga pequeños síntomas siempre que no tenga fiebre, y cuando la hay se recomienda esperar a la resolución de los síntomas. El período óptimo de vacunación está entre Septiembre y mediados de Noviembre.

Para finalizar, es importante delimitar el papel primordial del médico en la prevención de la neumonía y otras infecciones. Se deben mejorar las vacunas para conseguir una respuesta inmunológica más eficaz, delimitar la población diana y buscar estrategias para su implantación.

| Sumario