Insuficiencia cardíaca
Tratamiento
El objetivo del tratamiento de la IC tiene una doble
finalidad:
1) Alargar la supervivencia. En la última década,
gracias a los avances logrados en el control farmacológico de la hiperactividad
neurohormonal de los pacientes con IC (IECAS, b-bloqueantes...), se ha conseguido reducir
la mortalidad, fundamentalmente en las muertes por disfunción ventricular irreversible.
Sin embargo, a pesar de los avances realizados en el campo de la electrofisiología y los
resultados prometedores con técnicas como el desfibrilador automático implantable (DAI),
no se han producido cambios en la incidencia de muertes súbitas, generalmente producidas
por arritmias ventriculares.
2) Mejorar la calidad de vida de los pacientes a través
del control de los síntomas, aumentando la capacidad funcional y permitiendo una mayor
integración en las actividades laborales y sociales, con reducción del número de
hospitalizaciones.
En el caso de la disfunción ventricular asintomática, el
objetivo es prolongar al máximo esta fase subclínica, previniendo la aparición de
síntomas y evitando la progresión de la enfermedad.
Planificación del Tratamiento. Evaluación sistemática
inicial
Para un correcto tratamiento se exige una
evaluación adecuada de los pacientes con IC. Es aconsejable seguir la siguiente
sistemática:
Establecer con seguridad el diagnóstico sindrómico
La disnea y la fatigabilidad son los factores limitantes
de la capacidad funcional de los pacientes con IC. No obstante hay que tener en cuenta que
estos síntomas son inespecíficos e incluso pueden aparecer en sujetos sanos si alcanzan
un nivel de esfuerzo suficiente. La diferenciacion entre normalidad y patología es
incluso más difícil de determinar en sujetos ancianos y obesos. La presencia de disnea
puede ser causada por una amplia gama de procesos como EPOC, infecciones respiratorias,
tromboembolismo pulmonar, o neumopatías intersticiales. Además hay que tener en cuenta
que, en pacientes con IC, puede ser debida parcial o totalmente a otras patologías
asociadas como enfermedad pulmonar obstructiva, ansiedad, obesidad, sobrecarga de
volumen....
La presencia de edemas puede estar relacionada con causas
gravitacionales e insuficiencia venosa. Es preciso también descartar que sea secundaria a
enfermedades renales, hipoalbuminemia o enfermedades hepáticas asociadas a hipertensión
portal.
Por ello es necesario destacar que una anamnesis y una
exploración física minuciosa son los pilares fundamentales para el diagnóstico
sindrómico de IC.
Identificar la etiología (Diagnóstico etiológico)
La identificación correcta de la causa permitirá un
tratamiento más seguro y efectivo. Sin embargo hay que tener en cuenta que a menudo la
cardiopatía causal no será subsidiaria de tratamiento definitivo, por lo que en muchos
casos el tratamiento tendrá una finalidad paliativa.
Identificar el tipo de disfunción ventricular
(diagnóstico fisiopatológico)
Se ha podido determinar que hasta el 40 por ciento,
especialmente en pacientes de edad avanzada, de los ingresos hospitalarios por IC son
debidos a disfunción diastólica pura o coexistiendo con disfunción sistólica.
La radiología de torax y, sobre todo, el ecocardiograma
son las dos exploraciones que nos permiten definir este diagnóstico. Esta diferenciación
es de gran importancia en la práctica clínica ya que modifica/matiza el tratamiento y el
pronóstico de estos pacientes.
La gravedad de la disfunción sistólica se mide según la
importancia de la depresión de la FE. Se considera extrema si es menor del 15 por ciento,
grave si es inferior al 20-30 por ciento, moderada si es inferior al 35 por ciento y
ligera si es superior al 35 por ciento.
Identificar los factores agravantes o precipitantes
La corrección de estos factores es de de vital
importancia en la prevención posterior de nuevos episodios de descompensación y
hospitalización, o como coadyuvante en el tratamiento de la IC ya instaurada.
Las causas precipitantes o agravantes podemos
clasificarlas en:
a) Relacionadas con el paciente o su enfermedad:
Incumplimiento terapéutico, ingesta excesiva de alcohol, arritmias, hipertensión
arterial, fiebre e infección, TEP, insuficiencia renal, embarazo, temperatura ambiental
elevada, anemia, estados carenciales, hipertiroidismo, fístula AV, alteraciones
endocrinas.
b) Relacionados con el médico: Pautas terapéuticas
incorrectas o a dosis ineficaces, sobrecarga de líquidos, intoxicación digitálica,
educación insuficiente del paciente en relación a la dieta y el ejercicio.
c) Administración de fármacos: Que producen retención
hídrica o inhiben la síntesis de prostaglandinas (AINES, estrógenos, corticoides,
andrógenos, minoxidil) o deprimen la contractilidad miocárdica (B- bloqueantes,
calcioantagonistas, antiarrítmicos, antidepresivos tricíclicos.)
Valoración funcional
Es preciso valorar la capacidad funcional de forma
subjetiva, a partir de los datos del interrogatorio, basándonos en la clasificación de
la New York Heart Association (NYHA). Según ésta, clasificamos a los pacientes con IC en
cuatro grados funcionales: Grado I; actividad ordinaria sin síntomas ni limitación
física. Grado II; actividad ordinaria, con ligera limitación física. Grado III,
actividad inferior a la ordinaria con notable limitación física. Grado IV; síntomas
ante mínimos esfuerzos o en reposo, con incapacidad de realizar cualquier actividad
física.
A la hora de realizar esta valoración es preciso
determinar cuál es la situación basal y el grado de deterioro que el paciente ha sufrido
tras la descompensación en relación con la actividad física que el paciente realiza de
forma habitual.
Cuando sea necesario en casos de duda o esta valoración
tenga importancia en la toma de decisiones clínicas (indicación de trasplante
cardíaco), se realizará una medición más objetiva mediante el estudio ergométrico con
análisis de gases respiratorios.
Valoración pronóstica
Entre los factores que se han identificado como de valor
pronóstico en diferentes estudios destacan:
a) Criterios clínicos: edad avanzada, grado funcional,
coexistencia con diabetes, historia prolongada de síntomas, rápido deterioro clínico
(sobre todo si no se acompaña de factores agravantes o precipitantes), presencia de 3º
ruido, etiología, indice cardiotorácico en la radiología de tórax, arritmias
ventriculares y fibrilación auricular, intolerancia a vasodilatadores.
b) Criterios hemodinámicos: Mala fracción de eyección,
alteraciones hemodinámicas con elevación importante de las presiones de llenado
ventricular y reducción del gasto cardíaco.
c) Criterios de laboratorio: Hiponatremia severa, niveles
plasmáticos elevados de norepinefrina y dopamina, aldosterona, (en centros
especializados) y disminución del consumo máximo de oxígeno mediante estudios
ergométricos.
d) Otros: Disminución de la reserva inotrópica.
Objetivos fundamentales del tratamiento
Los objetivos fundamentales del tratamiento son:
a) Suprimir los síntomas y mejorar la calidad de vida
funcional de los pacientes.
b) Prevenir la progresión de la disfunción miocárdica o
retrasar la aparición de síntomas de IC en pacientes con disfunción ventricular
asintomática.
c) Prevenir las complicaciones evitando los ingresos
hospitalarios.
d) Reducir la mortalidad.
Tratamiento no farmacológico
Los pilares básicos del tratamiento no farmacológico son
control dietético, fomentar el ejercicio físico aeróbico regular y proporcionar una
asistencia psicológica adecuada.
Medidas dietéticas
a) Reducción de la ingesta de sal. El uso de diuréticos,
incluso a altas dosis, no excusa la limitación dietética de sal. En los pacientes
estables se recomienda reducir la ingesta de sal a la mitad, eliminando los alimentos
ricos en sal y la sal de la mesa (ingesta 3 gr/día). En pacientes con IC grave, la
ingesta de sal debe reducirse a 500-1000 mg/día siendo recomendable restringir alimentos
como la leche, queso, verduras, fiambres o determinados vegetales frescos. La ingesta
hídrica no debe restringirse salvo en los casos más graves de IC o si la concentración
de sodio es inferior a 130 meq/l. En estos casos la ingesta hídrica diaria no debe
superar 1.5 litros/día.
b) Otras medidas dietéticas. Restricción de la ingesta
de alcohol a menos de 30 gr/día, supresión del tabaco, limitación de la ingesta de
grasas saturadas y reducción de peso en pacientes obesos. El mantenimiento de un balance
energético calórico adecuado en pacientes con caquexia cardíaca mediante la
administración de suplementos dietéticos adecuados. Puede ser aconsejable la
administración de suplementos vitamínicos en pacientes con tratamiento diurético a
altas dosis, debido a la pérdida de vitaminas liposolubles por la diuresis forzada o
derivada de una disminución de la absorción intestinal preferentemente en pacientes con
insuficiencia cardíaca derecha.
Ejercicio
En todos los pacientes con IC estable I-III debe
recomendarse el ejercicio aeróbico regular (pasear o andar en bicicleta) durante media
hora 3-4 veces a la semana. Si bien el ejercicio no ha demostrado una mejoría apreciable
de la función ventricular, con la realización de ejercicio regular se objetiva una
mejoría de la tolerancia al esfuerzo, proporcionando la percepción de bienestar y
seguridad, y una disminución de la activación neurohormonal. El programa de ejercicio
debe ser supervisado con una intensidad inicial moderada, con períodos de descanso e
incremento de forma gradual.
La restricción de la actividad física dependerá del
grado de IC. En pacientes en clase funcional I debe restringirse la actividad deportiva.
Si se encuentran en clase funcional II - III se restringirá la actividad profesional. La
restricción absoluta de la actividad recomendada hasta fechas recientes de forma
rutinaria, sólo debe recomendarse en paciente en clase funcional IV.
Asesoramiento psicológico
Es preciso por último iniciar un programa de educación y
asesoramiento del paciente y de la familia, explicando al paciente el significado de la
enfermedad y los síntomas esperables, plan de cuidados generales, la estrategia de
tratamiento y las implicaciones pronósticas. También es importante informar sobre la
influencia de los medicamentos en la calidad de vida, y los posibles efectos colaterales.
Es importante insistir en la importancia del cumplimiento terapéutico, ya que una de las
causas más frecuente de recaídas y reingresos es la falta de adherencia al mismo. Es
necesario recalcar la importancia del seguimiento periódico ambulatorio.
Durante las revisiones ambulatorias, en cada visita
médica se reforzarán los hábitos de vida saludables, asegurando el cumplimiento
terapéutico y el seguimiento de la dieta con restricción de sal y garantizando la
estabilidad del peso. Según la situación clínica se procederá al ajuste de la
dosificación de diuréticos y otros fármacos. Es preciso realizar educación sanitaria y
asesoramiento no sólo del paciente, sino también de sus familiares.
Otras medidas
a) Contracepción. En pacientes con IC avanzada en clase
funcional III-IV, el riesgo de morbimortalidad materna es alto, por lo que el embarazo
debe ser evitado. Por ello es necesario explicar a las pacientes los potenciales efectos
adversos del embarazo. En estos casos, los métodos de contracepción hormonal son
seguros. Se debe recomendar anticonceptivos que combinen dosis bajas de estrógenos con
progestágenos de 3º generación, con la finalidad de reducir el potencial trombogénico
o la posible aparición de hipertensión arterial o sobrecarga hídrica.
b) Vacunación. Es conveniente además recomendar a los
pacientes que se vacunen anualmente frente a la gripe y cada 3-5 años contra las
enfermedades neumocócicas.
Tratamiento farmacológico
(ver tabla V)
TABLA V. INSUFICIENCIA CARDÍACA. TRATAMIENTO |
| Farmacológico: |
Otras medidas: |
Diuréticos
IECAs/ARA II
Digoxina
Vasodilatadores
b-bloqueantes
Inotrópicos
Anticoagulante
Antiarrítmicos |
Cirugía valvular
Revascularización
Marcapasos/DAI
Hemofiltración
Dispositivos de asistencia ventricular
Trasplante cardíaco |
Diuréticos
Los diuréticos, habitualmente asociados a IECAs, son la
base del tratamiento inicial de pacientes sintomáticos con sobrecarga de líquidos, que
se manifiesta generalmente con signos de congestión pulmonar y edema periférico. En
general, producen una mejoría rápida ya que corrigen la retención compensadora de sodio
y agua, pero a la larga estimulan el sistema renina-angiotensina-aldosterona con posibles
consecuencias desfavorables.
Se desconoce cuál es el efecto del tratamiento diurético
sobre la mortalidad, por ello se recomienda que la dosis y duración del tratamiento
diurético debe limitarse al mínimo eficaz. Por ello, los pacientes con IC cardíaca,
debido a disfunción sistólica, sin manifestaciones clínicas de sobrecarga de volumen,
no deben ser tratados con diuréticos.
Los diuréticos de clasifican según el lugar de
actuación a nivel renal en:
Diuréticos de asa: (Furosemida, Torasemida, Bumetanida).
Actúan a nivel de la porción ascendente del asa de Henle. Son potentes y de acción
rápida. La furosemida y la torasemida pueden emplearse por vía IV, siendo fármacos de
elección en la IC aguda. Administrados por esta vía tienen, además, una intensa acción
venodilatadora.
Diuréticos tiacídicos: (Hidroclorotiacida,
clortalidona). Actúan a nivel del túbulo distal, por su moderada potencia están
indicados en pacientes con IC leve moderada.
Diuréticos ahorradores de potasio: (espironolactona,
triamtereno y amiloride). Actúan a nivel del túbulo colector. Actúan a largo plazo, por
lo que no deben utilizarse aisladamente en la fase aguda.
Elección del tratamiento diurético
En fase inicial están indicados los diuréticos
tiacídicos generalmente asociados a IECAs. Cuando la situación empeora o el paciente
presenta edema persistente a pesar de tratamiento tiacídico, por su potencia y rapidez de
acción, están indicados los diuréticos de asa. Estos últimos también son de elección
inicialmente en los pacientes con una tasa de filtración glomerular por debajo de 30
ml/mn.
En pacientes con IC severa la asociación de diuréticos
de asa y tiacidas tiene efecto sinérgico consiguiendo de forma rápida balances hídricos
negativos. En algunas circunstancias, por la gravedad o refractariedad del proceso, será
necesaria la administración intravenosa de diuréticos de asa.
Los diuréticos ahorradores de potasio por su acción
tardía no se consideran de elección en las reagudizaciones. En general no se recomienda
la administración de diuréticos ahorradores de potasio concomitante con IECAs por el
riesgo de hiperpotasemia.
Sin embargo estudios recientes indican que dosis bajas de
espironolactona (< 50 mg /día) en combinación con IECAs y diuréticos de asa son
seguros y eficaces, no habiendose observado una mayor incidencia de hipercaliemia.
Estudios experimentales en animales han mostrado la acción favorable de la
espironolactona sobre la hipertrofia y la fibrosis miocárdica, al bloquear los receptores
miocárdicos de aldosterona. Basado en estos hechos, se ha postulado que la posible
acción favorable no vendría determinada por sus propiedades diuréticas, sino por su
efecto a nivel neurohormonal. De confirmarse esta hipótesis, cabría plantearse su
indicación incluso en la fase de disfunción ventricular izquierda asintomática.
Recientemente, el estudio RALES ha demostrado que la
asociación de espironolactona a bajas dosis a pacientes con disfunción ventricular
severa (FE < de 35 por ciento), bajo tratamiento habitual con IECAs, diuréticos de asa
y digoxina en la mayoría de los casos, se asociaba a una reducción sustancial de la
morbimortalidad.
En pacientes en clase funcional III-IV es habitual
también la asociación de diuréticos ahorradores de potasio junto a diuréticos de asa y
tiacidas, con la finalidad de ejercer un efecto sinérgico actuando a varios niveles del
túbulo renal y evitar la deplección de potasio y magnesio inducida por los diuréticos
de asa.
Los efectos secundarios mas importantes del tratamiento
diurético son las alteraciones hidroelectrolíticas (hipocaliemia, hipomagnesemia,
hiponatremia e hipercaliemia, en el caso de los ahorradores de potasio) con la posibilidad
de desencadenar arritmias cardíacas. Otros efectos se incluyen: hiperuricemia,
intolerancia hidrocarbonada, aumento de LDL colesterol y ginecomastia (espironolactona).
Más infrecuentes son la aparición de ototoxicidad, exantemas cutáneos, nefritis
intersticial y alteraciones hematológicas
En todos los pacientes bajo tratamiento diurético es
preciso la determinación de niveles séricos de creatinina e iones cada 5-7 días durante
el inicio del tratamiento, hasta conseguir valores estables y controlar los síntomas.
Posteriormente es recomendable repetir la determinación cada 3 meses y eventualmente a
intervalos de 6 meses. El esquema general de tratamiento escalonado con diuréticos en la
IC puede concretarse en los siguientes pasos a seguir:
1) Tratamiento diurético inicial. Tiacidas o duiréticos
de asa siempre combinados con IECAs. En pacientes con insuficiencia renal comenzar con
diuréticos de asa.
2) En caso de respuestas insuficientes. Combinar
diuréticos de asa y tiacidas. Incrementar la dosis. En pacientes con signos de retención
hídrica administrar diuréticos de asa dos veces al día o por vía intravenosa. En
pacientes con IC severa: combinar diuréticos de asa a dosis altas con metolazona y dosis
bajas de espironolactona (25-50 mg.).
Inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina
Los IECAs están indicados en todos los estadios de IC
sintomática en pacientes con disfunción sistólica, independientemente de la presencia o
ausencia de signos de sobrecarga de volumen. En la actualidad se considera que todo
paciente ambulatorio con disfunción ventricular izquierda (FE < 35 por ciento)
sintomático o no (esté o no esté en IC) debe ser tratado con IECAs, siempre y cuando no
estén contraindicados, a las dosis adecuadas, con la finalidad de prolongar la
supervivencia. La indicación es extensiva a cualquier paciente con disfunción
ventricular, sea cual sea su etiología, edad, sexo, o clase funcional de la NYHA.
Los IECAs pueden considerarse terapia única en el
subgrupo de pacientes con IC que presentan síntomas de fatiga y disnea ligera de
esfuerzo, sin signos de sobrecarga de volumen. Se añadirán diuréticos si persisten
dichos síntomas.
a) IECAs en pacientes con disfunción ventricular
asintomáticos.
Los IECAs están indicados en pacientes asintomáticos con
disfunción ventricular sistólica izquierda moderada-severa. (FE < 35 por ciento) ya
que está demostrado que su administración a largo plazo reduce la progresión a IC y las
posibilidades de hospitalización comparada con placebo.
b) IECAs en pacientes con IC sintomáticos.
El tratamiento con IECAs en estos pacientes determina
alivio de los síntomas, con mejoría de la capacidad funcional y la tolerancia al
esfuerzo, reduciendo además las tasas de hospitalizaciones por fallo cardiaco y la
mortalidad. Los efectos sobre la supervivencia son mayores que los obtenidos con la
combinación de hidralazina y dinitrato de isosorbide. También están recomendados en los
pacientes con fallo cardíaco en la fase aguda del infarto agudo de miocardio ya que
disminuyen en la evolución la tasa de reinfartos y de angina inestable.
Existen múltiples ensayos clínicos de prevención o
tratamiento de la IC: V-Heft II, CONSENSUS, SOLVD (enalapril) SAVE (captopril) AIRE
(ramipril), TRACE (trandolapril) que han confirmado que estos fármacos son eficaces en la
reducción de la mortalidad, la prevención de la dilatación ventricular (remodelado)
prevención de las recaídas y reducción de la tasa de hospitalización por IC.
Dentro de los efectos secundarios de estos fármacos se
incluyen: hipotensión, síncope, insuficiencia renal, hipercaliemia, angioedema,
erupción cutánea, disgeusia y tos. Este último efecto secundario obliga a la
suspensión del tratamiento en aproximadamente un 10-15 por ciento de los pacientes.
Es posible la aparición de "hipotensión de primera
dosis"(sobre todo en pacientes con disfunción sistólica grave o con presión
sistolica arterial < 100 mm/Hg. o sodio sérico menor de 135 meq/l). En estos casos y
en pacientes mayores de 75 años debe administrarse una sóla dosis preferentemente por la
noche o en decúbito supino al comienzo del tratamiento, titulando posteriormente la dosis
en función de la tolerancia.
Son contraindicaciones específicas: 1) antecedentes de
intolerancia o reacciones adversas 2) potasio sérico superior a 5.5 mEq/l que no pueda
reducirse 3) hipotensión sintomática 4) estenosis bilateral de la arteria renal 5)
antecedentes de angioedema.
Es preciso realizar una supervisión estricta en pacientes
con cifras de creatinina sérica mayor de 3 mg/dl o un aclaramiento estimado de creatinina
< de 30 ml/min. Se recomienda comenzar el tratamiento con la mitad de la dosis
habitual. También se extremarán las precauciones en pacientes tratados con diuréticos
ahorradores de potasio, evitándose siempre que sea posible la asociación de ambos. Deben
suspenderse los suplementos de potasio a no ser que el paciente muestre niveles séricos
bajos basalmente (< 4 meq/l.).
La aparición de tos como efecto secundario no constituye
una contraindicación absoluta para la suspensión del tratamiento. La decisión se debe
tomar de forma individualizada, en función de los síntomas y del posible beneficio
obtenido por la administración de la medicación. En todo caso conviene siempre descartar
previamente si la tos es consecuencia de congestión pulmonar.
El tratamiento debe iniciarse a dosis bajas con incremento
gradual y supervisado, valorando clínicamente al paciente para descartar deplección de
volumen (hipotensión ortostática, azotemia prerrenal, alcalosis metabólica). Si ésta
es evidente y el paciente está estable, deben suspenderse los diuréticos durante un
breve período (24 -48 h.) hasta que los síntomas se resuelvan. Las dosis iniciales deben
reajustarse al alza cada 2-3 semanas con el objetivo de alcanzar la dosis diaria utilizada
en los ensayos a gran escala que han demostrado el beneficio clínico en estos pacientes.
Conviene realizar controles analíticos de iones y función renal sobre todo al inicio y
en pacientes con tratamiento diurético asociado. También se recomienda la
monitorización clínica y analítica siempre que se añadan vasodilatadores o se
intensifique el tratamiento diurético.
Los datos actuales son insuficientes para recomendar un
fármaco específico sobre otro de la misma familia. Es probable que todos los IECAs sean
eficaces para tratar la IC. La elección dependerá de la tolerancia, experiencia y coste
económico.
Es recomendable que el inicio del tratamiento con IECAs
sea iniciado o supervisado por el especialista en las siguientes situaciones: pacientes
con IC de causa desconocida, presión arterial sistólica menor de 100 mm Hg, creatinina
sérica superior a 3 mg/dl, sodio menor de 130 meq/l, insuficiencia cardíaca severa,
pacientes con enfermedades valvulares.
En pacientes que no toleran los IECAs, basado en el
estudio V-Heft I, se utiliza como alternativa la combinación de hidralazina y dinitrato
de isosorbide. Estudios recientes recomiendan el empleo de antagonistas de los receptores
de angiotensina II (ARA II) en estos casos, ya que han demostrado eficacia en la
reducción de la mortalidad en pacientes con IC y son mejor tolerados que la combinacion
de hidralazina y dinitrato de isosorbide. También están indicados en pacientes con tos
inducida por IECAs ya que su incidencia es mucho menor.
Antagonistas de receptores de angiotensina II (ARA II)
Los conocimientos fisiopatológicos de los efectos
deletéreos de la activación neurohormonal del sistema simpático y del eje renina
angiotensina aldosterona sobre la evolución de la IC, y el papel beneficioso de los IECAs
demostrado en diversos estudios, ha despertado gran interés en la utilización de
fármacos bloqueadores del sistema renina angiotensina que actúen, no a nivel de la vía
de síntesis, sino de manera específica en los receptores de la membrana AT1 de la
angiotensina II. El prototipo de esta nueva clase de fármacos es el losartan. Basado en
los resultados del estudio ELITE, se ha aprobado en nuestro país para el tratamiento de
la IC, aportando la ventaja sobre los IECAs de su mejor perfil toxicológico y su efecto
favorable sobre la hiperuricemia.
Los datos del estudio ELITE demuestran una reducción de
la mortalidad en pacientes con IC de clase funcional II-III (con reducción del riesgo
relativo del 62 por ciento en clase fucional II y del 46 por ciento en pacientes mayores
de 65 años a los 48 meses), no existiendo en la actualidad ensayos comparativos frente a
IECAs.
Agentes bloqueantes de los canales del calcio
Los agentes calcioantagonistas de primera generación,
entre los que se incluyen diltiazem, verapamilo, y nifedipino, son útiles en el control
de la hipertensión arterial y en el tratamiento de la angina. Sin embargo, no se
recomiendan en pacientes con disfunción sistólica ventricular asintomática, por su
inotropismo negativo y por sus efectos en la respuesta neurohormonal con acción
taquicardizante, ya que pueden precipitar o agravar la IC.
Por el contrario, los calcioantagonistas de 2ª
generación como amlodipino y felodipino no han demostrado estos efectos deletéreos,
considerando su indicación en pacientes con IC con angina o hipertensión arterial
concomitante. Recientemente el estudio PRAISE ha demostrado que amlodipino puede disminuir
la mortalidad en el subgrupo de pacientes con IC de origen no isquémico, por lo que este
fármaco puede utilizarse con seguridad en pacientes con IC.
Los efectos secundarios mas frecuentes observados con la
administración de calcioantagonistas son: cefalea, sofocos, mareo, edema periférico (mas
frecuentes con dihidropiridinas), estreñimiento (especialmente verapamilo), hiperplasia
gingival, bloqueo auriculoventricular y bradicardia (verapamilo).
Otros fármacos vasodilatadores
La finalidad del tratamiento vasodilatador en pacientes
con IC es la reducción de la precarga y de la postcarga. Dentro de estos, los más
utilizados son la combinación de hidralazina y dinitrato de isosorbide.
Los resultados del estudio V-Heft I demostraron que la
asociación de hidralazina y dinitrato de isosorbide al tratamiento con diuréticos y
digitálicos en pacientes con IC crónica reducían la mortalidad con respecto a placebo,
si bien ésta no alcanzaba la significación estadística a partir de los 3 años. Tampoco
han demostrado mejoría de la tolerancia al esfuerzo a largo plazo ni en la reducción de
la tasa de reingresos. Constituyen una alternativa en los casos en que los IECAs están
contraindicados o no son tolerados a las dosis habituales. Sin embargo en la actualidad,
por su menor eficacia y aparición frecuente de efectos secundarios a las dosis
recomendadas (entre el 18-33 por ciento de los pacientes abandona una o ambas medicaciones
por efectos colaterales) son considerados de 2ª elección, ganando terreno los ARA II
como alternativa a los IECAs.
Esta combinación también está indicada en pacientes con
regurgitación mitral o aórtica con el fin de reducir la sobrecarga de volumen y retrasar
la evolución.
Bloqueantes beta adrenérgicos
Los fármacos beta-bloqueantes deben utilizarse como
tratamiento suplementario asociado a diuréticos e IECAs (con o sin digoxina) en IC de
origen isquémico o portadores de miocardiopatía dilatada idiopática en clase funcional
II-III en situación clínica estable (con una presión arterial > de 90 mm/ Hg y una
frecuencia > de 70/min y que no han requerido ninguna modificación en el tratamiento
en el último mes, pero que continúan sintomáticos a pesar del tratamiento estandar) y
no existan contraindicaciones para su administración.
En general los betabloqueantes ensayados con éxito en el
tratamiento de la IC (carvedilol, metoprolol, bisoprolol), aumentan la fracción de
eyección del ventrículo izquierdo mejoran la tolerancia al esfuerzo y la calidad de
vida, enlentecen la progresión de la enfermedad, reducen la tasa de reingresos
hospitalarios y disminuyen la mortalidad
Son contraindicaciones para el empleo de beta bloqueantes
las siguientes situaciones: hipotensión, bradicardia, bloqueos auriculoventriculares
avanzados grado II-III, asma o EPOC e insuficiencia vascular periférica. Por la
posibilidad de enmascarar la aparición de hipoglucemias, debe administrarse de forma
individualizada en pacientes con diabetes mellitus. También se consideran contraindicados
en pacientes con IC en situación clínica inestable o en clase funcional IV.
Entre otros efectos secundarios derivados de la
administración de beta bloqueantes se incluyen: astenia, depresión, insomnio,
impotencia, hipertrigliceridemia y efecto de rebote con exacerbación de la isquemia si se
suspenden bruscamente.
Existen dos grupos de fármacos b-bloqueantes que se han
ensayado con efectos favorables en pacientes con IC:
1) Bloqueantes b1 selectivos
Estudios con metoprolol (MCD trial) y bisoprolol (CIBIS
II) han demostrado que la administración de agente bloqueantes B-1 selectivos disminuyen
la morbilidad en pacientes con miocardiopatía dilatada idiopática o isquémica. El
efecto favorable de estos fármacos se correlaciona con la reducción del tono simpático
cardíaco, la disminución de la frecuencia cardíaca y el consecuente alargamiento del
periodo diastólico.
Se recomienda comenzar el tratamiento con dosis de 5 mg de
metoprolol y 1.25 mg de bisoprolol con incrementos progresivos de dosis a lo largo de 8 y
15 semanas respectivamente, hasta alcanzar dosis de 100-150 mg de metoprolol y 10 mg de
bisoprolol.
En general es recomendable el uso de estos fármacos en
pacientes con miocardiopatia dilatada idiopática, fundamentalmente en pacientes con
taquicardia basal, situación clínica en la que existe más experiencia, siempre bajo
control médico cuidadoso y titulación periódica de la dosis.
Se debe iniciar el tratamiento en pacientes en situación
estable, y siempre teniendo en cuenta los efectos a nivel del sistema de conducción, así
como la posibilidad de desencadenar episodios de broncoespasmo en pacientes con EPOC o
hiperrreactividad bronquial e inducir vasoconstricción periférica con empeoramiento
clínico de pacientes con insuficiencia arterial crónica.
2) Vasodilatadores beta bloqueantes
Se ha demostrado que el empleo de carvedilol (un fármaco
beta bloqueante no selectivo con acción bloqueante alfa 1 y potente efecto antioxidante)
en pacientes con IC moderada-severa, sea cual sea la etiología, produce efectos
favorables en la reducción de la morbimortalidad (estudio US carvedilol). Carvedilol
puede ser preferible a los bloqueantes b-1 selectivos debido a sus propiedades
alfa-vasodilatadoras, sin embargo es preciso esperar a los resultados del ensayo COMET
(Carvedilol or metoprolol European Trial) para confirmar estas hipotéticas ventajas.
El tratamiento debe iniciarse con el paciente estable,
generalmente en situación ambulatoria y a dosis bajas, comenzando en el caso del
carvedilol con 6.25 mg/día repartido en dos dosis durante 2 semanas como mínimo,
aumentando posteriormente de forma gradual, muy lentamente, con modificación de dosis
cada 2 semanas hasta llegar a una dosis de 25 mg cada 12 h o a la máxima dosis tolerada.
Inicialmente se puede producir un empeoramiento clínico debido al efecto depresor.
Habitualmente los efectos positivos se objetivan a partir de la 4-6 semanas de
tratamiento.
Fármacos inotrópicos positivos
Digoxina
Los digitálicos se han utilizado para tratar la
insuficiencia cardíaca desde hace más de doscientos años. Está especialmente indicada
en paciente con IC sintomática debida a disfunción sistólica y fibrilación auricular
con respuesta rápida. En pacientes con disfunción ventricular asintomática en
fibrilación auricular, los digitálicos se utilizan para controlar la frecuencia
cardiaca. Sin embargo su papel en pacientes con IC en ritmo sinusal se ha considerado
controvertido.
Clásicamente se ha postulado que el efecto favorable
viene determinado por su acción inotrópica positiva (a través de la inhibición de la
enzima ATPasa Na/K acoplada al transporte enzimático del catión monovalente). Sin
embargo recientemente se ha postulado su posible acción a nivel arterial periférico
modulando los baroreceptores del sistema simpático y del eje
renina-angiotensina-aldosterona.
Basándose en los resultados del estudio DIG, la
administración de digoxina tiene indudables beneficios en pacientes sintomáticos en
clase funcional III-IV con cardiomegalia (preferentemente en pacientes con miocardiopatía
dilatada con disfunción sistólica y fracción de eyección inferior al 25 por ciento).
También se objetiva mejoría en pacientes en clase funcional II con síntomas moderados y
disfunción sistólica (FE 25-45 por ciento) en ritmo sinusal, y en pacientes con
cardiopatía isquémica.
Este estudio confirmó los resultados inicialmente
beneficiosos obtenidos en los ensayos RADIANCE y PROVED en términos de mejoría de los
síntomas y de la capacidad funcional. Además se apreció una reducción en la tasa de
hospitalización por reagudización y prevención del deterioro clínico sintomático, sin
mejoría en la supervivencia.
Por tanto, debe añadirse digoxina al tratamiento con
diuréticos e IECAs (triple terapia) para reforzar la eficacia, cuando la respuesta es
subóptima en pacientes con IC sistólica. La digoxina en estas situaciones puede mejorar
los síntomas y prevenir el deterioro clínico, por lo que debería emplearse de forma
rutinaria en pacientes con IC grave y añadirse al tratamiento en pacientes con IC
moderada que permanecen sintomáticos después de un tratamiento óptimo con diuréticos e
IECAs.
Por el contrario, la digoxina está empíricamente
contraindicada en pacientes con IC con disfunción diastólica de ventriculo izquierdo,
(aunque en el análisis por subgrupos de paciente del ensayo DIG no se demuestra que su
uso en estos pacientes aumente la mortalidad). Dado que no existen datos que demuestren
que la digoxina reduce la mortalidad, no está indicada el tratamiento de pacientes
asintomáticos que estén tomando diuréticos e IECAs.
Aunque están disponibles en el mercado diversos
glucósidos cardíacos, la digoxina suele considerarse el agente de elección. La digoxina
tiene una hemivida de 1.6 días y se excreta en el 85 por ciento por la orina. La
administración de la mayoría de los diuréticos no altera significativamente la
excrección de digoxina, pero la espironolactona puede inhibir la secreción tubular del
fármaco promoviendo una acumulación significativa del mismo.
Se administra en dosis de 0.25-0.375 mg/día en pacientes
con función renal normal. Debe de reducirse la dosis, comenzando con dosis de 0.125
mg/día, en pacientes pediátricos o geriátricos y en aquellos con alteraciones de la
función renal o trastornos de la conducción. En ausencia de toxicidad pueden tolerarse
niveles séricos de digoxina de hasta 2.5 ng/ml, aunque los niveles terapéuticos
considerados normales oscilan entre 0.7-1.5 ng/ml.
Dada la posible aparición de arritmias, la utilización
de digital estaría contraindicada en pacientes con bradicardia sinusal, bloqueos
auriculoventriculares de II-III grado, síndrome del seno enfermo, enfermedad de Wolff
-Parkinson -White, hipocaliemia e hipercalcemia.
Una vez conseguida la fase estable de digitalización es
necesario examinar al paciente en busca de signos de toxicidad, realizar un ECG, y
determinar los niveles séricos de digoxina, electrolitos y creatinina. No esta clara la
conveniencia de monitorizar los niveles séricos de digoxina de forma rutinaria, pero
parece razonable su determinación una vez al año, después de alcanzado el estado
estable. Además conviene determinar niveles en las siguientes situaciones:
1) Empeoramiento de los síntomas de IC.
2) Deterioro de la función renal.
3) Cambios en el tratamiento añadiendo fármacos que
interactúan con el metabolismo de la digoxina. (quinidina, verapamil, amiodarona,
antibióticos, resinas de intercambio, anticolinérgicos...)
4) Desarrollo de síntomas o signos de intoxicación
digitálica.
Entre ellos se incluyen: anorexia, náuseas, vómitos
acompañadas de alteraciones del ritmo cardíaco (extrasístoles ventriculares,
bigeminismo, parada sinusal y bloqueos sinoauriculares, taquicardia auriculoventricular de
la unión, bloqueos A-V de grado variable, y taquicardias ventriculares multifocales)
siendo característica la aparición de taquicardia auricular no paroxística con bloqueo
A-V variable. La intoxicación crónica puede ser muy poco expresiva, manifestándose por
agravamiento de la IC, pérdida de apetito, ginecomastia, delirio y visión amarilla.
Son factores que contribuyen a su aparición: la edad
avanzada, isquemia miocárdica aguda, hipoxemia, hipocaliemia, hipomagnesemia,
hipercalcemia, insuficiencia renal, EPOC, hipotiroidismo, cardioversión, asociación con
antiarrítmicos y verapamil.
Deberá suspenderse la toma de digoxina (con posibilidad
de reintroducción a dosis inferiores al cabo de 3-4 días) en pacientes con síntomas de
intoxicación, niveles séricos elevados, reducción significativa de la función renal,
anomalías significativas de la conducción o aumento del automatismo ventricular.
En casos de intoxicación es preciso suspender el fármaco
y corregir los niveles de potasio. En paciente con bradiarritmias graves puede ser
necesaria la colocación de un marcapasos temporal, y en caso de arritmias ventriculares
severas está indicada la administración de lidocaína o cardioversión en pacientes con
fibrilación ventricular. Los fragmentos fab de anticuerpos antidigoxina representan una
medida potencialmente salvadora de la vida en pacientes con intoxicación grave.
Otros fármacos inotrópicos
A pesar de los múltiples fármacos con efecto inotrópico
positivo ensayados en el tratamiento de la IC, agonistas adrenérgicos (como el xamoterol
y la ibopamida)o inhibidores de la fosfodiesteras (amrinona, milrrinona...) los resultados
a largo plazo han sido decepcionantes. A pesar de haberse demostrado sus efectos
beneficiosos en términos hemodinámicos, acompañados incluso de mejoría clínica en
algunos casos, han producido un incremento en la mortalidad frente a placebo. Los efectos
deletéreos se han relacionado con la posible toxicidad miocárdica directa o con un
aumento de la activación de los mecanismos neurohormonales puestos en marcha en la IC.
Por ello se considera actualmente que la digoxina es el
único fármaco con efecto inotrópico positivo de administración oral que no empeora la
supervivencia.
Excepto la administración de digital, todos los agentes
inotrópicos positivos se reservan para tratamiento parenteral en pacientes en estadio
final de IC, como puente al trasplante cardíaco o en pacientes con reagudización aguda
severa refractaria al tratamiento médico habitual.
De forma sucinta se clasifican en:
a) Inotrópicos B-agonistas. En este grupo se incluyen la
dobutamina (con efecto predominate beta -1) y dopexamina (con efecto predominante beta 2).
Además la dobutamina tiene acción alfa adrenérgica mientras que la dopexamina tiene
acción dopaminergica. La dobutamina, actuando sobre receptores b1, b2, y alfa, tiene una
potente acción inotrópica con un efecto cardioacelerador moderado. Aunque disminuyen las
resistencias vasculares periféricas, al aumentar el gasto cardíaco apenas tiene efecto
sobre la presión arterial. Desgraciadamente, estos efectos hemodinámicos favorables son
de corta duración, y tras varios días de infusión se desarrolla tolerancia,
reduciendose la respuesta de receptores B cardíacos. Por ello está indicada en pauta de
administración parenteral intermitente en pacientes con IC severa reversible que
requieren un soporte inotrópico transitorio.
b) Inhibidores de fosfodiesterasa. El efecto favorable
viene determinado por sus propiedades inotrópicas y vasodilatadoras. Tras su
administración parenteral, mejoran los parámetros hemodinámicos a corto plazo en
pacientes con IC con exacerbación aguda. En muchas ocasiones, especialmente en pacientes
con hipotensión sistólica, es necesaria la administración concomitante de inotropos
B-adrenérgicos. Administrado en infusión continua en 3 semanas o en infusiones
intermitentes es útil en pacientes con IC terminal como puente al trasplante cardíaco.
Antiagregación y anticoagulación
1. Aspirina. No se ha demostrado efecto beneficioso con la
administración rutinaria de aspirina en pacientes con IC. Sin embargo está claramente
indicado su uso en pacientes con IC de origen isquémico.
2. Anticoagulantes orales. No existen evidencias de que la
administración a largo plazo de anticoagulantes orales en pacientes con dilatación de
cavidades sea beneficiosa. Sin embargo, un subgrupo de pacientes con miocardiopatía
dilatada con deterioro severo de la fracción de eyección o con dilatación
aneurismática si se beneficiaría del tratamiento anticoagulante a largo plazo.
Además de las indicaciones derivadas del tipo de
cardiopatía subyacente (ej. estenosis mitral), el tratamiento anticoagulante a largo
plazo para prevenir complicaciones embólicas está indicado en las siguientes
situaciones:
1) Pacientes con fibrilación auricular paroxística o
crónica. Está indicada en todos los pacientes con FA con sustrato cardiológico de base
y en aquellos pacientes con fibrilación auricular aislada con factores de riesgo
embolígeno (edad superior a 60 años, historia de hipertensión o diabetes, antecedentes
previos de embolismo o hallazgos ecocardiográficos anormales).
2) Pacientes con IC y antecedentes de embolismo pulmonar o
sistémico.
3) Pacientes con evidencia ecocardiográfica de trombo
mural.
4) Pacientes con disfunción ventricular sistólica severa
(FE < 25 por ciento).
3. Heparina. Está indicada la admistración de heparina
subcutánea como profilaxis de trombosis venosa profunda en pacientes con IC, sobre todo
si es necesario que guarden reposo en cama o están sometidos a tratamiento diurético
intensivo. También estaría indicada en pacientes con angina inestable.
Tratamiento médico escalonado de la insuficiencia
cardíaca por disfunción sistólica
La elección del tratamiento farmacológico varía en
función del estadio de IC. Hasta la década de los 80 se consideraba que una vez
optimizadas la medidas no farmacológicas y descartados los factores precipitantes, el
tratamiento debía iniciarse con la administración de digoxina y diuréticos
añadiéndose posteriormente vasodilatadores. En el momento actual esta situación ha
cambiado considerándose de elección el tratamiento con IECAs en estadios iniciales y
añadiendo diuréticos cuando aparecen síntomas congestivos. De una manera esquemática
el tratamiento escalonado vendría definido por las siguientes pautas de actuación:
1) Pacientes con disfunción sistólica de VI
asintomática:
Los pacientes asintomáticos con fracción de eyección
reducida tienen mayor riesgo de desarrollar insuficiencia cardíaca. En estos pacientes
con FE menor del 35 por ciento está indicado iniciar tratamiento con IECAs sin esperar al
desarrollo de los síntomas.
2) Pacientes sintomáticos con IC en clase funcional II
(NYHA):
a) Sin signos de retención hídrica:
Se iniciará tratamiento con IECAs. Si después de 6
semanas no se produce mejoría evidente de los síntomas se deben consideran las
siguientes posibilidades:
Ajustar al alza el tratamiento con IECAS.
Considerar otros diagnósticos.
Añadir tratamiento diurético.
Valorar añadir al tratamiento nitratos o beta
bloqueantes, si se sospecha causa isquémica subyacente, e iniciar estudios para plantear
la posibilidad de revascularización coronaria.
b) IC con signos de sobrecarga hídrica:
Asociar a los IECAs diuréticos. En general en estos casos
debe omitirse la administración de diuréticos ahorradores de potasio por el riesgo de
hipercaliemia. En pacientes con hipocalemia debe añadirse tratamiento con diuréticos
ahorradores de potasio.
Los pacientes en ritmo sinusal, en los que se haya
iniciado el tratamiento con digoxina por haber presentado previamente episodios de
descompensación y que hayan mejorado, se debe mantener la digitalización.
3) Pacientes con empeoramiento clínico o progresión de
su clase funcional:
En los pacientes que empeoran a pesar del tratamiento con
diuréticos e IECAs debe añadirse digoxina. Además deberá incrementarse el tratamiento
con diuréticos de asa o asociar diuréticos de asa con tiacidas. En algunos casos se
añadirá espironolactona, un ahorrador de potasio, para potenciar el efecto diurético
bajo control estricto de los niveles de potasio sérico.
Si el paciente presenta signos de refractariedad debe
valorarse al paciente como posible candidato futuro a trasplante, o reconsiderar la
posibilidad de indicación de cirugía de recambio valvular, aneurismectomía, o de
revascularización coronaria
4) Pacientes con IC en estadios finales, con persistencia
en clase funcional IV (NYHA) a pesar de tratamiento médico intensivo adecuado:
En estos pacientes debe considerarse su inclusión en
programa de trasplante cardíaco. Además del tratamiento de las fases previas estará
indicado el soporte inotrópico intermitente con infusión intravenosa de agonistas B
adrenérgicos, agonistas dopaminergicos y/ o inhibidores de fosfodiesterasas.
En general se recomienda evitar la utilización de
procedimiento considerados de "puente"en espera de trasplante. No obstante, en
muchas situaciones será necesario la utilización de soporte circulatorio con bomba de
contrapulsación aórtica, los dispositivos de asistencia ventricular, o la
hemofiltración.
Otras medidas terapéuticas en pacientes con IC
Cirugía valvular
La mejora de las técnicas quirúrgicas permite ofrecer la
posibilidad de una intervención quirúrgica valvular con resultados aceptables a
pacientes con patología valvular mitrotricuspídea y/o aórtica en clase funcional muy
severa o en pacientes de edad avanzada.
Revascularización miocárdica
La disminución crónica del flujo miocárdico puede
determinar la aparición de disfunción ventricular sin necrosis introduciendo el concepto
de "miocardio hibernado". Este concepto juega un papel clave en el desarrollo de
la IC de origen isquémico, asimilando el término de hibernación con el de viabilidad
miocárdica, e implica la propiedad de ser posible la reversibilidad de la función
miocárdica si se restaura el flujo coronario adecuado.
El concepto de hibernación presupone que una reducción
del flujo sanguíneo se seguirá de una regulación "hacia abajo" de la función
ventricular contractil. El limitado aporte de oxigeno es capaz de mantener la función
bioquímica del miocito que permanece viable pero hipo-aquinético.
Es conocido desde los estudios de Cohen los efectos
favorables de la angioplastia sobre la función ventricular regional y global en pacientes
con miocardiopatía dilatada de origen isquémico.
En pacientes con miocardiopatía dilatada con fracción de
eyección menor de 25 por ciento, el pronóstico es muy desfavorable. A pesar de la
optimización del tratamiento médico, la mortalidad anual alcanza cifras del 25-30 por
ciento y la mortalidad tardía de un 80-90 por ciento a cinco años. En estos pacientes si
se detecta un origen isquémico, la cirugía de revascularización constituye un
alternativa terapéutica conveniente. Si bien la mortalidad operatoria se estima alrededor
del 10-15 por ciento, la supervivencia al año y a 5 años es del 75 y 57 por ciento
respectivamente, con resultados equiparables al trasplante cardíaco y significativamente
mejores que bajo tratamiento médico.
A la hora de seleccionar los pacientes candidatos a
revascularización hay que tener en cuenta una serie de factores predictivos, que auguran
un mal resultado quirúrgico. Estos son: enfermedad vascular sintomática, hipertensión,
presión telediastólica del ventrículo izquierdo elevada, e índice cardíaco reducido.
Los pacientes con viabilidad miocárdica demostrada con PET o con estudio con
Talio-reinyección presentan mayor porcentaje de éxitos en la revascularización. La
reducción severa de la fracción de eyección no debe ser una contraindicación absoluta
para la cirugía en pacientes con coronarias anatómicamente favorables.
En conclusión podemos afirmar que es muy difícil
distinguir por clínica o con métodos no invasivos la miocardiopatía isquémica en fase
dilatada de la miocardiopatía dilatada idiopática. La coronariografía sigue siendo el
método de confirmación diagnóstica en estos casos. No obstante, la realización de
estudios de isquemia no invasivos son un método de inestimable ayuda para la selección
de los pacientes.
Implantación de marcapasos
Pacientes con bradicardia en IC pueden beneficiarse con la
implantación de un marcapasos. La corrección de las bradiarritmias y la optimización
del intervalo auriculoventricular pueden tener efectos claramente beneficiosos sobre el
gasto cardíaco Estudios retrospectivos han demostrado que la implantación de marcapasos
en paciente con IC y bloqueo auriculoventriclar avanzado o con enfermedad del seno enfermo
disminuyen la morbilidad y prolongan la supervivencia.
Ultrafiltración
La ultrafiltración tiene indicación en pacientes con
edema agudo de pulmón o con IC refractaria severa.
En la mayoría de los pacientes con enfermedad severa la
mejoría suele ser temporal. Puede ser una medida transitoria para ganar tiempo mientras
se prepara al paciente para un trasplante cardíaco.
Trasplante cardíaco
El trasplante cardíaco es en la actualidad una técnica
aceptada e incorporada con éxito en el armamentario terapéutico de los pacientes con IC
grave en la fase terminal. Si se realiza una adecuada selección de los pacientes se ha
comprobado que el trasplante proporciona frente al tratamiento convencional, en estos
estadios, indudables ventajas en términos de mejoría de la supervivencia, capacidad de
ejercicio, calidad de vida, y retorno a las actividades laborales y sociales. Un análisis
de los resultados globales del trasplante indican una supervivencia del 80 por ciento en
el primer año y del 61 por ciento a los 5 años, con reincorporación a las actividades
laborales del 60 por ciento de los pacientes transcurrido 1 año.
Indicaciones
El trasplante cardíaco constituye el último recurso
terapéutico que puede ofrecerse a los pacientes con IC refractaria e irreversible cuando:
1. La calidad de vida y/ o el pronóstico son
inaceptables.
2. Se han descartado todos los factores etiológicos
corregibles.
3. Se han agotado todas las medidas terapéuticas
posibles, incluyendo el tratamiento médico intensivo y las técnicas de
revascularización coronaria.
Por tanto, en la actualidad, se considera indicación de
trasplante cardíaco: insuficiencia cardíaca grave refractaria tanto al tratamiento
médico como al quirúrgico convencional; pacientes en clase funcional IV; en
pacientes en clase funcional III, valorando los siguientes datos: ingresos hospitalarios
repetidos por progresión de los síntomas; deterioro inicial de la función hepática y
renal; presencia de factores de riesgo asociados a mortalidad: FE < 25 por ciento,
presión en capilar pulmonar > 20 mm Hg, índice cardíaco < 2.5 l/min/m2, arritmias
ventriculares malignas, y consumo de O2 máximo < 14 ml/kg/min durante la prueba de
esfuerzo
Los pacientes candidatos a trasplante se encuentran en IC
grave e irreversible con expectativas de vida muy limitadas (mortalidad estimada a 1 año
superior al 50 por ciento), fijándose el límite de edad en los 65 años. Se exige
además estabilidad emocional y disciplina en el cumplimiento terapéutico. La indicación
más frecuente suele ser la miocardiopatía dilatada con enfermedad coronaria subyacente.
Aparte de las dificultades en la obtención de donantes, y
a pesar de los progresos realizados en las pautas de immunosupresión, el rechazo sigue
siendo responsable de un considerable porcentaje de muertes en el primer año.
Posteriormente, la supervivencia a largo plazo viene limitada por las consecuencias de la
immunosupresión a medio y largo plazo (infección, hipertensión, insuficiencia renal,
aparición de neoplasias y progresión acelerada de la enfermedad vascular
arterioesclerótica) y desarrollo de enfermedad coronaria en el órgano trasplantado.
Los pacientes van a requerir un seguimiento periódico muy
estricto ya que generalmente van a estar sometidos a triple tratamiento immunosupresor con
corticoides, ciclosporina y azatioprina. Las crisis agudas de rechazo requieren
tratamiento con altas dosis de esteroides o anticuerpos antilinfocíticos monoclonales,
como el OKT3 o globulina antilinfocítica de caballo.
Otras medidas
Otras medidas no farmacológicas de utilidad en pacientes
con IC son la cardiomioplastia y los dispositivos de asistencia circulatoria.
La cardiomioplastia consiste en rodear al corazón de un
músculo esquelético (habitualmente dorsal ancho), preparado previamente mediante
estimulación eléctrica mantenida para adaptarlo a las características del músculo
cardíaco, con el objetivo de que su contracción, estimulada mediante un marcapasos,
ayude a la contracción ventricular.
Los dispositivos de asistencia circulatoria van desde el
simple balón de contrapulsación aórtica hasta el corazón artificial total. Sin
embargo, los más utilizados y eficaces son los de asistencia univentricular o
biventricular. El objetivo de estos últimos es descargar el ventrículo insuficiente,
extrayendo la sangre en la diástole y bombeándola a la aorta (en el caso del VI) en
sístole, con el objetivo habitualmente de mantener temporalmente a un paciente en
situación crítica como puente al trasplante cardíaco.
En los últimos años se observa una menor
utilización de estos dispositivos de asistencia. Gracias a los grandes avances
desarrollados en este campo, con la aparición de dispositivos permanentes y modelos
implantables, es posible que esta tendencia cambie en un futuro no muy lejano.
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