Son síntomas sugestivos de IC la presencia de disnea paroxística
nocturna (DPN) y ortopnea, disnea de esfuerzo con disminución de la tolerancia al
ejercicio y la aparición de edemas en extremidades inferiores. Otros síntomas que
acompañan a la IC son: la aparición de confusión inexplicada con alteración del estado
mental, la presencia de síntomas abdominales asociados con ascitis o congestión
hepática.
Hay que tener en cuenta que muchos pacientes con un deterioro severo
de la función ventricular no presentan síntomas de IC. En un estudio se objetivó que el
20 por ciento de los pacientes con una fracción de eyección inferior al 40 por ciento no
cumplían criterios diagnósticos de IC. También se encontró que sólo el 42 por ciento
de los pacientes con una fracción de eyección ventricular izquierda inferior al 30 por
ciento presentaban disnea de esfuerzo. Estos pacientes no presentan IC, sino que es mas
propio hablar de disfunción ventricular asintomática.
Dado que la causa más frecuente de disfunción ventricular es el
infarto agudo de miocardio, se recomienda la determinación de la fracción de eyección
del ventrículo izquierdo mediante ecocardiografía en todo paciente que ha sufrido un
infarto.
La detección precoz de disfunción ventricular asintomática
responde a la necesidad de identificar a los pacientes que pueden beneficiarse de
tratamiento preventivo con IECAs con mejoría en el pronóstico, en el control de la
progresión de la IC y en la reducción de los ingresos hospitalarios.
Cuando se desarrolla IC, la disnea de esfuerzo es el síntoma más
frecuente y precoz. La aparición de ortopnea suele ser más tardía que la disnea de
esfuerzo. Es debida a la redistribución del volumen intravascular desde el abdomen y las
extremidades inferiores al torax en la posición de decúbito, lo que determina un aumento
de la presión hidrostática capilar pulmonar. Los pacientes con ortopnea tienen que
elevar la cabeza con varias almohadas en la posición de decúbito y con frecuencia se
despiertan con sensación de disnea y tos nocturna. A medida que progresa la ortopnea
puede ser tan grave que el paciente no pueda acostarse y tenga que pasar la noche sentado.
El tercer síntoma en importancia es la disnea paroxística
nocturna. Consiste en la aparición de crisis graves de disnea por la noche, que
despiertan al paciente y que va acompañada de sudoración y angustia. Suele ceder al
sentarse erguido al borde de la cama con los pies colgando y va acompañada de tos y
sibilancias (situación clínica que se define como asma cardial). Se desencadena con el
decúbito nocturno, ya que en esta situación se produce un aumento de la precarga, con
una reducción de la estimulación adrenérgica y una depresión fisiológica del centro
respiratorio durante el sueño.
El edema agudo de pulmón sería una forma grave de asma cardial
derivada de un aumento brusco de la presión capilar pulmonar, que conduce la aparición
de edema alveolar. Se manifiesta con disnea importante acompañada de signos de
vasoconstricción periférica, estertores crepitantes pulmonares y expectoración rosada.
Otros síntomas de IC son edemas en miembros inferiores debidos a la
congestión circulatoria, fatigabilidad y debilidad muscular mediada por el bajo gasto
cardíaco, lo que determina una redistribución del flujo sanguíneo con disminución de
la perfusión del músculo esquelético.
La aparición de síntomas abdominales con nauseas, anorexia,
plenitud abdominal y dolor difuso está relacionado con congestión venosa hepática y
portal.
La disminución del gasto cardíaco origina una reducción del flujo
sanguíneo cerebral con la consiguiente aparición de confusión, apatía, alteración del
estado mental, pérdida de memoria y dificultad para la concentración.
Los hallazgos físicos anormales que más respaldan el diagnóstico
de insuficiencia cardíaca son: elevación de la presión venosa yugular, desplazamiento
lateral del impulso apical, auscultación del 3º ruido cardíaco, estertores pulmonares
que no desaparecen con la tos, y edema periférico no relacionado con insuficiencia
venosa.
La elevación de la presión venosa yugular y el 3º ruido cardíaco
son los signos más específicos para el diagnóstico de insuficiencia cardíaca. En
pacientes con síntomas compatibles, sin enfermedad pulmonar conocida, los estertores
crepitantes son altamente sugestivos de IC. Por el contrario, es poco probable que la
presencia de edema de miembros inferiores esté relacionado con IC si no existe elevación
de la presión venosa yugular, disnea ni ortopnea.
Es importante reconocer que la disnea puede estar causada por una
gama importante de situaciones clínicas entre las que cabe destacar enfermedades
pulmonares, obesidad, sobrecarga de volumen secundaria a síndrome nefrótico o
insuficiencia renal, infecciones agudas de las vías respiratorias, tromboembolismo
pulmonar, mala condición física y ansiedad.
Otros signos físicos que pueden acompañar a la IC son la presencia
de hidrotorax de predominio derecho, ascitis, ictericia secundaria a congestión hepática
e hipoxia hepatocelular y la caquexia cardíaca asociada a IC grave.