Insuficiencia cardíaca
Errores frecuentes que hay que evitar
en la práctica clínica
Errores diagnósticos
Los pacientes con síntomas sugestivos de IC a menudo no
son evaluados de manera exhaustiva para descartar causas no cardíacas antes de instaurar
tratamiento. No se evaluan adecuadamente los factores agravantes o precipitantes, lo que
determina una tasa de reingresos elevada.
Los síntomas de IC son atribuidos a EPOC, y se inicia un
tratamiento inadecuado. Se interpreta la presencia de edema periférico como síntoma de
IC, cuando no se encuentra una causa clara.
No siempre se realiza una valoración inicial de la
función ventricular, ni se realiza un diagnóstico fisiopatológico (disfunción
sistólica vs diastólica).
No siempre se evalúa de forma apropiada la presencia de
isquemia concomitante.
Errores en la evaluación y en las exploraciones
complementarias
Para controlar la evolución de los pacientes se emplean
de forma rutinaria la radiología de tórax, ECG, ecocardiografía y estudios de medicina
nuclear, en vez de utilizar mediciones basadas en los síntomas clínicos y en la
actividad que el paciente realiza.
Se sobreutiliza la monitorización con Holter lo que
conduce al tratamiento injustificado de arritmias ventriculares asintomáticas.
Errores en el tratamiento
La hipertensión asociada no se trata con la suficiente
agresividad.
La educación sanitaria y los consejos en los cambios de
estilo de vida al paciente y a la familia tienden a ser inadecuados.
Si no se realiza un diagnostico fisiopatológico, puede
tratarse de forma incorrecta a los pacientes con disfunción diastólica.
Se inicia un tratamiento, en función del diagnóstico
síndromico, sin profundizar en el diagnóstico etiológico.
No siempre se instruye a los pacientes en las medidas del
tratamiento no farmacológico.
No se reconoce ni se aborda adecuadamente el
incumplimiento terapéutico ni sus causas.
Se infrautiliza la prescripción del ejercicio moderado.
Con frecuencia se prescriben dosis inadecuadas de
diuréticos en pacientes que siguen presentando síntomas de sobrecarga hídrica, con
dosis bajas de tales fármacos.
Es frecuente la prescripción de dosis subóptimas de
IECAs.
No se siguen correctamente las normas de utilización de
los B-bloqueantes.
No se inicia el tratamiento de forma suficientemente
escalonada o se prescriben en fase de reagudización.
A menudo no se considera la posibilidad de
revascularización en pacientes con enfermedad coronaria avanzada con disfunción
sistólica ventricular severa.
No se reconocen los efectos secundarios (ej. cefalea y
edemas en relación con bloqueantes de canales del calcio, tos y angioedema por IECAs,
astenia depresión e impotencia por beta-bloqueantes, cefalea por nitratos y
calcioantagonistas...).
No se valoran las interacciones medicamentosas (ej.
digoxina - antiarritmicos: potenciación de arritmias e intoxicación digitálica; IECAs -
ahorradores de potasio: desarrollo de hiperpotasemia; Beta bloqueantes - antagonistas del
calcio: alteraciones de la conducción A-V...).
Se administran fármacos que agravan el estado clínico
(ej. inhaladores B-agonistas, corticoides, AINES, calcioantagonistas, antidepresivos
triciclicos...).
Se infravalora la indicación de tratamiento
anticoagulante.
No se estratifica el riesgo ni se detecta la presencia de
intoxicación digitálica.
No se determina un seguimiento adecuado de la respuesta
clínica, ni se realizan controles analíticos en pacientes con tratamiento diurético
intensivo.
Es frecuente que los pacientes con IC grave
sean remitidos demasiado tarde para su inclusión en programa de trasplante.
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