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PROGRAMA ANUAL
2000-2001
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA

  

Insuficiencia cardíaca

Errores frecuentes que hay que evitar en la práctica clínica

Errores diagnósticos

Los pacientes con síntomas sugestivos de IC a menudo no son evaluados de manera exhaustiva para descartar causas no cardíacas antes de instaurar tratamiento. No se evaluan adecuadamente los factores agravantes o precipitantes, lo que determina una tasa de reingresos elevada.

Los síntomas de IC son atribuidos a EPOC, y se inicia un tratamiento inadecuado. Se interpreta la presencia de edema periférico como síntoma de IC, cuando no se encuentra una causa clara.

No siempre se realiza una valoración inicial de la función ventricular, ni se realiza un diagnóstico fisiopatológico (disfunción sistólica vs diastólica).

No siempre se evalúa de forma apropiada la presencia de isquemia concomitante.

 

Errores en la evaluación y en las exploraciones complementarias

Para controlar la evolución de los pacientes se emplean de forma rutinaria la radiología de tórax, ECG, ecocardiografía y estudios de medicina nuclear, en vez de utilizar mediciones basadas en los síntomas clínicos y en la actividad que el paciente realiza.

Se sobreutiliza la monitorización con Holter lo que conduce al tratamiento injustificado de arritmias ventriculares asintomáticas.

 

Errores en el tratamiento

La hipertensión asociada no se trata con la suficiente agresividad.

La educación sanitaria y los consejos en los cambios de estilo de vida al paciente y a la familia tienden a ser inadecuados.

Si no se realiza un diagnostico fisiopatológico, puede tratarse de forma incorrecta a los pacientes con disfunción diastólica.

Se inicia un tratamiento, en función del diagnóstico síndromico, sin profundizar en el diagnóstico etiológico.

No siempre se instruye a los pacientes en las medidas del tratamiento no farmacológico.

No se reconoce ni se aborda adecuadamente el incumplimiento terapéutico ni sus causas.

Se infrautiliza la prescripción del ejercicio moderado.

Con frecuencia se prescriben dosis inadecuadas de diuréticos en pacientes que siguen presentando síntomas de sobrecarga hídrica, con dosis bajas de tales fármacos.

Es frecuente la prescripción de dosis subóptimas de IECAs.

No se siguen correctamente las normas de utilización de los B-bloqueantes. 

No se inicia el tratamiento de forma suficientemente escalonada o se prescriben en fase de reagudización.

A menudo no se considera la posibilidad de revascularización en pacientes con enfermedad coronaria avanzada con disfunción sistólica ventricular severa.

No se reconocen los efectos secundarios (ej. cefalea y edemas en relación con bloqueantes de canales del calcio, tos y angioedema por IECAs, astenia depresión e impotencia por beta-bloqueantes, cefalea por nitratos y calcioantagonistas...).

No se valoran las interacciones medicamentosas (ej. digoxina - antiarritmicos: potenciación de arritmias e intoxicación digitálica; IECAs - ahorradores de potasio: desarrollo de hiperpotasemia; Beta bloqueantes - antagonistas del calcio: alteraciones de la conducción A-V...).

Se administran fármacos que agravan el estado clínico (ej. inhaladores B-agonistas, corticoides, AINES, calcioantagonistas, antidepresivos triciclicos...).

Se infravalora la indicación de tratamiento anticoagulante.

No se estratifica el riesgo ni se detecta la presencia de intoxicación digitálica.

No se determina un seguimiento adecuado de la respuesta clínica, ni se realizan controles analíticos en pacientes con tratamiento diurético intensivo.

Es frecuente que los pacientes con IC grave sean remitidos demasiado tarde para su inclusión en programa de trasplante.

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