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PROGRAMA ANUAL 2000-2001
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA
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DEPRESIÓN
D iagnóstico de la depresión en Atención Primaria
Para el médico de atención primaria, el reconocimiento de los
pacientes que acuden a su consulta por un cuadro depresivo o la detección de aquellos en
los que la depresión es una complicación de otra enfermedad constituye a menudo un
verdadero desafío. La tarea diagnóstica puede ser complicada debido, entre otros, a
distintos factores:
1) La falta de tiempo: En el Libro Blanco de la depresión de 1997
se ha constatado que un 65 por ciento de los médicos de atención primaria dedican menos
de 16 minutos en la primera visita (visita de diagnóstico) de estos pacientes. Esto
contrasta con los 45 minutos que suele emplear el 42,4 por ciento de los psiquiatras.
2) El enmascaramiento de la depresión con otra enfermedad o
sintomatología: En el Libro Blanco de la depresión el 77 por ciento de los médicos de
atención primaria señalan que este es el mayor problema para el diagnóstico.
3) La inexistencia de pruebas complementarias o tests de detección
de laboratorio que sean lo suficientemente sensibles, específicos o con una buena
relación coste-eficacia, para realizar el diagnóstico.
Por tanto, el diagnóstico de la depresión se apoya en
consideraciones clínicas:
La historia clínica: Realización de una anamnesis completa
que incluya los datos de los antecedentes familiares, personales, rasgos de personalidad y
curva vital.
Exploración física y psíquica.
Pruebas complementarias para descartar otros procesos.
La clínica inicial puede estar incluida en las alteraciones
descritas previamente en el apartado de la semiologia de la depresión: alteraciones del
estado de ánimo (humor depresivo, anergia, ansiedad, irritabilidad), alteraciones
somáticas (insomnio, fatiga, anorexia, etc) o en alteraciones relacionadas con la
situación vital, tales como la incapacidad para afrontar las situaciones profesionales,
familiares o problemas de otra índole.
En relación con este último punto (alteraciones de la situación
vital) hay que señalar que por lo general la depresión mayor suele ser la causa de los
problemas vitales, y no la consecuencia de los mismos. No obstante, cada día es más
frecuente que tanto pacientes como médicos encuentren en estos problemas una
"razón" para sufrir depresión. La consecuencia de esto puede ser que, al
existir una "razón para estar deprimido", no se trate una posible depresión.
Más que centrarse en estos aspectos se debe atender a la clínica propiamente dicha o a
las conductas que sugieran la posibilidad de una depresión. El hecho de que exista una
"razón" para sufrir depresión mayor no altera su evolución, no reduce su
gravedad y consecuencias, y tampoco cambia su respuesta al tratamiento.
Algoritmo para el diagnóstico de la
depresión en pacientes con estado de ánimo depresivo: diagnóstico "paso a
paso" de acuerdo con los planteamientos del DSM-IV-AP
En este apartado seguiremos las indicaciones
que se plantean en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales para
atención primaria (DSM-IV-AP) en relación con los pasos a seguir ante un paciente que
presenta un estado de ánimo depresivo (incluye los síntomas de falta de energía,
insomnio, pérdida de peso, o síntomas de enfermedad médica inespecífica tales como
dolor crónico, malestar gastrointestinal y vértigo):
ALGORITMO DIAGNÓSTICO DEL ESTADO DE ÁNIMO DEPRESIVO
PASO 1
En primer lugar se debe considerar el papel de una
enfermedad médica o el consumo de sustancias y tener en cuenta si el estado de ánimo
depresivo se explica mejor por la presencia de otro trastorno mental, 1A, 1B Y 1C.
PASO 1A
Se debe considerar el papel de las enfermedades médicas. Si existe una relación
etiológica, el diagnóstico será:
F06.xx Trastorno del estado de ánimo debido a
una enfermedad médica
Se debe tipificar el nombre de la enfermedad médica. Por ejemplo, si se trata de
hipotiroidismo: trastorno del estado de ánimo debido a hipotiroidismo.
Otras especificaciones:
Con síntomas depresivos (animo depresivo pero no cumple criterios de EDM)
Con episodio similar al EDM (cumple criterios de EDM)
PASO 1B
Si el individuo consume una sustancia de abuso o está tomando una
medicación, considerar:
Trastorno de estado de ánimo inducido por
sustancias (incluyendo el nombre de la medicación)
Ejemplos: alcohol (Ver en Tabla II las medicaciones causantes de depresión)
PASO 1C
Se debe considerar el papel de otros trastornos mentales:
Otros trastornos mentales
En este apartado se debe considerar si los síntomas forman parte de otros trastornos: por
ejemplo, síntomas somáticos como parte de un trastorno por somatización; insomnio o
fatiga excesiva como parte de insomnio primario.
PASO 2
Si el estado de ánimo depresivo o la pérdida
de interés o del placer persiste durante un período de al menos dos semanas, considerar:
EPISODIO DEPRESIVO MAYOR
(Nota: ver criterios para el diagnóstico de EDM en el apartado Criterios diagnósticos
para el episodio depresivo mayor)
Especificaciones: TDM, Episodio único (leve, moderado, grave)
TDM, Episodio recidivante (leve, moderado, grave)
PASO 3
Si el estado de ánimo depresivo ha durado al menos 2 años en adultos (1 año en niños),
considerar:
F34.1 TRASTORNO DISTÍMICO
PASO 4
Si el estado de ánimo depresivo está asociado a la muerte de una persona querida y dura
menos de 2 meses, considerar:
Z63.4 DUELO
PASO 5
Si el estado de ánimo depresivo se da en respuesta a un estresante psicosocial
identificable y no cumple los criterios para ninguno de los trastornos anteriores,
considerar:
F43.20 TRASTORNO ADAPTATIVO CON ESTADO DE ÁNIMO DEPRESIVO
F43.22 TRASTORNO ADAPTATIVO MIXTO, CON ANSIEDAD Y ESTADO DE ANIMO DEPRESIVO
PASO 6
Si los síntomas depresivos son clínicamente significativos pero no cumplen los criterios
para ninguno de los trastornos descritos anteriormente, considerar:
F32.9 TRASTORNO DEPRESIVO NO ESPECIFICADO
Se han descrito algunos procesos llamados subumbrales que son muy frecuentes en el marco
de la atención primaria:
TRASTORNO DEPRESIVO MENOR
TRASTORNO DEPRESIVO BREVE RECIDIVANTE
TRASTORNO MIXTO ANSIEDAD-DEPRESIÓN
TRASTORNO DISFÓRICO PREMENSTRUAL
DEPRESIÓN SOSPECHADA O ENMASCARADA
PASO 7
Si se ha determinado que no existe un trastorno, pero necesita indicar la presencia de
síntomas, considerar:
TRISTEZA
DISMINUCIÓN DE ENERGIA
INSOMNIO
Exploración del paciente con
depresión
Antes de describir los signos habituales que
presentan los pacientes con depresión, es conveniente señalar que en el marco de la
atención primaria, dadas las características de los pacientes (presentación clínica de
la depresión con quejas somáticas o asociación con enfermedades médicas), la
exploración física convencional es de gran ayuda para valorar las posibles causas
médicas de la depresión.
Exploración fìsica
Aspecto y actitud del paciente con depresión
El paciente con depresión muestra típicamente los siguientes
hallazgos:
Expresión facial característica, con el ceño fruncido y
las comisuras bucales caídas; la mirada es apagada y la expresión en su conjunto está
falta de vitalidad.
La postura es más o menos estática, con cierta tendencia a
inclinarse.
El aspecto suele reflejar el descuido de su aseo personal o
de sus ropas.
Los movimientos son lentos, como si escatimaran el menor
esfuerzo.
Disminución de la velocidad y el ritmo del habla.
Aumento de la latencia en las respuestas.
Con menos frecuencia, el paciente puede mostrar:
Irritabilidad
Inquietud psicomotora
Todos estos signos pueden apreciarse de forma gradual; menos
manifiestos en las formas menores y más evidentes en los casos más severos.
Exploración psíquica o
psicopatológica
En la actualidad existen numerosos
cuestionarios, escalas e instrumentos diseñados específicamente para orientar el
diagnóstico de depresión en atención primaria. En general, esos instrumentos tienen
validez para fines de investigación y su utilización en la práctica clínica cotidiana,
teniendo en cuenta el tiempo habitual de consulta, no parece la más adecuada. A
continuación exponemos un instrumento sencillo que puede permitir, mediante unas pocas
cuestiones, recoger la información clave de los síntomas depresivos:
Cuestionario básico para orientar la sospecha diagnóstica de la
depresión (Saiz, 1989):
¿QUÉ TAL SE ENCUENTRA..
De ánimo (humor)
De fuerzas (energía)
De apetito
Respecto al sueño (¿qué tal duerme?)
Su interés por las cosas
De memoria
De sus preocupaciones
Su ilusión por la vida
Por último, señalar que en términos generales se recomienda
comenzar la exploración por los aspectos físicos (apetito, sueño, energía) para más
adelante pasar a los aspectos emocionales (ánimo, interés, ilusión).
Evaluación de las
conductas suicidas en el paciente con depresión
Con frecuencia la evaluación de la ideación
suicida provoca cierta incomodidad en algunos médicos; en algunos por temor a la
respuesta del paciente, en otros porque pueden creer que eso conlleva "sembrar la
semilla", y aún en otros, porque puede que no quieran conocer la respuesta. En
cambio, la mayoría de pacientes probablemente se sentirán agradecidos y aliviados de que
el médico se haya preocupado como para preguntar, evidentemente si se realizó la
pregunta con el tacto adecuado.
Durante la entrevista con un paciente con depresión, el paciente
describirá lo que le pasa. Sus palabras pueden servir para empezar a explorar la
posibilidad de la ideación suicida, diciendo por ejemplo: "Dice que se siente
abatido (hundido, triste, apagado) ¿Ha pensado en algún momento que no merece la pena
vivir?". Tras esa pregunta, casi todos los pacientes entrarán en el tema del
suicidio, y pueden decir si o no tienen pensamientos de suicidio. Si el paciente reconoce
que sería mejor estar muerto, pero no afirma explícitamente que haya pensado sobre la
posibilidad del suicidio, se puede seguir preguntando: "Dice usted que no merece la
pena vivir ¿Ha pensado usted alguna vez en hacer algo al respecto?". Si el paciente
reconoce que lo ha pensado, se debe seguir explorando: ¿Ha pensado algún plan?¿Qué
haría?¿Hasta donde ha llegado en la realización de ese plan?¿Ha actuado recientemente
siguiendo ese plan?¿Cuáles son sus pensamientos actuales respecto a todo eso?.
En el caso de que exista un plan, que se dispone de los medios e
incluso ha actuado en relación con el mismo, el paciente debe ser ingresado. Si no está
clara la situación, se debe valorar el grado de impulsividad del paciente y si se puede
confiar en que acuda al médico en caso de que las ideas de suicidio sean intrusivas,
persistentes o compulsivas. Dependiendo de la valoración de estas variables, el médico
debe decidir si remitir al paciente a un servicio de urgencias con atención especializada
o iniciar tratamiento ambulatorio.
Además de la evaluación durante la entrevista se debe tener en
cuenta los factores de riesgo para el suicidio de las personas con ánimo depresivo:
Sexo: Se suicidan 4 varones por cada mujer.
Edad: Las personas de más edad (ancianos, viejos)
se suicidan más que los jóvenes.
Depresión: En el 70 por ciento de las personas que
se suicidan se encuentra un episodio depresivo previo.
Intentos previos: La mayoría de los que fallecen
por suicidio lo hacen en el primer o segundo intento. Pero los que hacen múltiples
intentos tienen mayor riesgo de intentos futuros que de suicidio real. No obstante, se
debe considerar la gravedad de los intentos previos.
Consumo de sustancias y/o alcohol: El comienzo
reciente del consumo de alcohol u otras sustancias sedantes-hipnóticas puede ser una
forma de automedicación.
Alteración de la capacidad de juicio o importante
alteración del razonamiento: Enlentecimiento cognitivo, depresión psicótica,
lesiones cerebrales previas, sobre todo de lóbulos frontales.
Apoyo social insuficiente: Puede ser secundario a la
enfermedad, que da lugar a retraimiento social y pérdida del puesto de trabajo.
Planificación del acto suicida
Falta de cónyuge: Ser soltero, divorciado o por
haber perdido recientemente a su cónyuge.
Enfermedad concomitante.
Diagnóstico diferencial
El diagnóstico diferencial de la depresión
debe establecerse fundamentalmente con otros trastornos psíquicos y con las condiciones
médicas que pueden acompañarse de síntomas afectivos.
Diagnóstico diferencial
con otros trastornos psíquicos
El trastorno depresivo mayor debe
diferenciarse de otros trastornos del estado de ánimo (trastornos bipolares, distimia, y
otros), cuyas características clínicas han sido expuestas previamente en otros
apartados. Por tanto, en este apartado nos centraremos en otras condiciones que no hemos
descrito anteriormente. En la Tabla III se expone las características diferenciales entre
ansiedad y depresión. En el marco de la atención primaria estos son los trastornos más
frecuentes y, con frecuencia, la clínica que provoca mayor confusión en el diagnóstico
de la depresión.
El duelo se considera un proceso normal tras la muerte de una
persona querida. Como parte de su reacción ante la pérdida, las personas pueden
presentar síntomas característicos de un EDM (p.ej.; sentimientos de tristeza y
síntomas asociados como pérdida de intereses o del placer, insomnio, pérdida de apetito
y problemas para concentrarse). La persona con duelo valora el estado de ánimo depresivo
como normal, aunque puede buscar ayuda profesional para aliviar algunos de los síntomas.
El diagnóstico de TDM en vez de duelo no está indicado a menos que el síndrome
depresivo completo se mantenga todavía 2 meses después de la pérdida. Sin embargo, la
presencia de ciertos síntomas que no son característicos de una reacción de duelo
normal puede ser de gran utilidad para establecer la diferencia entre los dos trastornos.
Estos síntomas son: a) la culpa por las cosas más que por las acciones, recibidas o no
recibidas por el superviviente en el momento de morir la persona querida; b) pensamientos
de muerte más que voluntad de vivir, con el sentimiento de que el superviviente debería
haber muerto con la persona fallecida; c) preocupación mórbida con sentimientos de
inutilidad; d) inhibición psicomotora acusada; e) deterioro funcional acusado y
prolongado; y f) experiencias alucinatorias distintas de las de escuchar la voz o ver la
imagen fugaz de la persona querida.
Aunque el DSM-IV establece un límite de 2 meses en la duración del
duelo, probablemente este es un criterio demasiado arbitrario y no aplicable a todas las
culturas. En general, el duelo suele remitir con el tiempo y se afirma que se resuelve en
el período de 1 año.
El trastorno adaptativo con estado de ánimo depresivo se
caracteriza por una clínica de depresión moderada en respuesta a un factor de estrés
claramente identificable (dentro de los 3 meses siguientes a la presencia estresante), que
se resuelve a medida que el estrés disminuye. Se considera como una respuesta inadaptada
que se expresa con un malestar mayor de lo esperable en respuesta al estresante o como un
deterioro significativo de la actividad social o laboral. Los síntomas no persisten más
de 6 meses después del cese del estresante. Un episodio depresivo mayor que se presente
en respuesta al estrés psicosocial se distinguirá de un trastorno adaptativo con estado
de ánimo depresivo por el hecho de que en este último no se cumplen totalmente los
criterios para un episodio depresivo mayor.
En las personas ancianas suele ser difícil determinar si los
síntomas cognoscitivos (p. ej., desorientación, apatía, dificultades para concentrarse,
pérdida de memoria) son atribuibles a una demencia o a un episodio depresivo mayor. Para
aclararlo es útil la evaluación médica completa y una valoración del comienzo de la
alteración, la secuencia temporal de los síntomas depresivos y cognoscitivos, el curso
de la enfermedad y la respuesta al tratamiento. El estado premórbido del sujeto puede
ayudar a diferenciar un episodio depresivo mayor de una demencia. En la demencia suele
haber una historia de deterioro de las funciones cognoscitivas, mientras que el sujeto con
un episodio depresivo mayor es mucho más probable que tenga un estado premórbido
relativamente normal y un deterioro cognoscitivo brusco asociado a la depresión.
TABLA III
Diagnóstico diferencial entre ansiedad y depresión |
| Síntomas |
Depresión |
Ansiedad |
| Humor |
Humor depresivo, tristeza o
pérdida del tono afectivo
Anhedonia (incapacidad para anticiparse y consumar las conductas apetitivas) |
Normal o disfórico
Tono afectivo incrementado o ansioso
Actividad hedónica conservada |
| Cognición |
Alteraciones de la
concentración y de la memoria
Rumiación obsesivoide
Enlentecimiento del pensamiento
Lenguaje reducido
Autodesvalorización
Tendencia a centrar el pensamiento en el pasado |
Distraibilidad
Dismnesia subjetiva
Rumiación fóbica
Pensamiento normal o girando en torno a la ansiedad
Ideación hipocondríaca en función de las molestias físicas
Tendencia a centrar el pensamiento y sus preocupaciones en el futuro |
| Conducta
motora |
Pérdida de la motivación
Enlentecimiento motor
Pérdida del interés sexual, alimentario, social y personal |
Fóbica o de evitación |
Manifestaciones
somáticas |
Fatiga persistente
Anorexia
Estreñimiento
Pérdida de peso
Alteración ritmos biológicos
Insomnio tardio |
Fatiga ocasional
Anorexia ocasional
Estreñimiento/diarrea
Peso sin cambios
No alteración ritmos biológicos
Sueño superficial, tendencia a insomnio de conciliación
Palpitaciones, sensación de mareo |
| Apariencia |
Piel pálida
Aspecto preocupado, inhibido, facies poco expresiva o variable
Postura inmóvil |
Inquietud
Aumento de la expresividad al hablar de la ansiedad |
| Otras |
Comienzo insidioso
Personalidad previa adecuada
Curso fásico
Respuesta a TSD generalmente anormal
Acortamiento del período de latencia REM
Sin mejoría con tranquilizantes |
Comienzo habitualmente precoz
Rasgos de personalidad generalmente neurótica
Curso con frecuentes agravaciones
Respuesta a TSD generalmente normal
Latencia REM normal
Mejoría con tranquilizantes |
Los episodios depresivos mayores con un estado de
ánimo muy irritable pueden ser difíciles de distinguir de los episodios maníacos con
estado de ánimo irritable o de los episodios mixtos. Esta distinción requiere una
evaluación clínica concienzuda de la presencia de síntomas maníacos. Si se cumplen los
criterios tanto para un episodio maníaco como para un episodio depresivo mayor
(exceptuando la duración de 2 semanas) casi cada día durante al menos un período de 1
semana, entonces se trata de un episodio mixto.
La distraibilidad y la baja tolerancia a la frustración pueden
darse tanto en un trastorno por déficit de atención con hiperactividad como en un
episodio depresivo mayor; si se cumplen los criterios para ambos, puede diagnosticarse el
trastorno por déficit de atención con hiperactividad además del trastorno del estado de
ánimo. No obstante, el clínico tiene que ser cuidadoso para no sobrediagnosticar
episodios depresivos mayores en niños con trastorno por déficit de atención con
hiperactividad, en los que la alteración del estado de ánimo se caracteriza por la
irritabilidad más que por la tristeza o la pérdida de interés.
Finalmente, hay que señalar que los períodos de tristeza son
aspectos inherentes de la experiencia humana. Estos períodos no se deben diagnosticar
como un episodio depresivo mayor a no ser que se cumplan los criterios de gravedad (p.
ej., cinco de entre nueve síntomas), duración (p. ej., la mayor parte del día, casi
cada día durante al menos 2 semanas) y malestar o deterioro clínicamente significativos.
El diagnóstico de trastorno depresivo no especificado puede ser apropiado para los
cuadros de estado de ánimo depresivo con incapacitación clínica significativa que no
cumplen los criterios de duración o gravedad.
Diagnóstico diferencial con
enfermedades y otras condiciones médicas
El trastorno depresivo mayor debe
diferenciarse de otros trastornos del estado de ánimo (trastornos bipolares, distimia, y
otros), cuyas características clínicas han sido expuestas previamente en otros
apartados. Por tanto, en este apartado nos centraremos en otras condiciones que no hemos
descrito anteriormente. En la Tabla III se expone las características diferenciales entre
ansiedad y depresión. En el marco de la atención primaria estos son los trastornos más
frecuentes y, con frecuencia, la clínica que provoca mayor confusión en el diagnóstico
de la depresión.
El duelo se considera un proceso normal tras la muerte de una
persona querida. Como parte de su reacción ante la pérdida, las personas pueden
presentar síntomas característicos de un EDM (p.ej.; sentimientos de tristeza y
síntomas asociados como pérdida de intereses o del placer, insomnio, pérdida de apetito
y problemas para concentrarse). La persona con duelo valora el estado de ánimo depresivo
como normal, aunque puede buscar ayuda profesional para aliviar algunos de los síntomas.
El diagnóstico de TDM en vez de duelo no está indicado a menos que el síndrome
depresivo completo se mantenga todavía 2 meses después de la pérdida. Sin embargo, la
presencia de ciertos síntomas que no son característicos de una reacción de duelo
normal puede ser de gran utilidad para establecer la diferencia entre los dos trastornos.
Estos síntomas son: a) la culpa por las cosas más que por las acciones, recibidas o no
recibidas por el superviviente en el momento de morir la persona querida; b) pensamientos
de muerte más que voluntad de vivir, con el sentimiento de que el superviviente debería
haber muerto con la persona fallecida; c) preocupación mórbida con sentimientos de
inutilidad; d) inhibición psicomotora acusada; e) deterioro funcional acusado y
prolongado; y f) experiencias alucinatorias distintas de las de escuchar la voz o ver la
imagen fugaz de la persona querida.
Aunque el DSM-IV establece un límite de 2 meses en la duración del
duelo, probablemente este es un criterio demasiado arbitrario y no aplicable a todas las
culturas. En general, el duelo suele remitir con el tiempo y se afirma que se resuelve en
el período de 1 año.
El trastorno adaptativo con estado de ánimo depresivo se
caracteriza por una clínica de depresión moderada en respuesta a un factor de estrés
claramente identificable (dentro de los 3 meses siguientes a la presencia estresante), que
se resuelve a medida que el estrés disminuye. Se considera como una respuesta inadaptada
que se expresa con un malestar mayor de lo esperable en respuesta al estresante o como un
deterioro significativo de la actividad social o laboral. Los síntomas no persisten más
de 6 meses después del cese del estresante. Un episodio depresivo mayor que se presente
en respuesta al estrés psicosocial se distinguirá de un trastorno adaptativo con estado
de ánimo depresivo por el hecho de que en este último no se cumplen totalmente los
criterios para un episodio depresivo mayor.
En las personas ancianas suele ser difícil determinar si los
síntomas cognoscitivos (p. ej., desorientación, apatía, dificultades para concentrarse,
pérdida de memoria) son atribuibles a una demencia o a un episodio depresivo mayor. Para
aclararlo es útil la evaluación médica completa y una valoración del comienzo de la
alteración, la secuencia temporal de los síntomas depresivos y cognoscitivos, el curso
de la enfermedad y la respuesta al tratamiento. El estado premórbido del sujeto puede
ayudar a diferenciar un episodio depresivo mayor de una demencia. En la demencia suele
haber una historia de deterioro de las funciones cognoscitivas, mientras que el sujeto con
un episodio depresivo mayor es mucho más probable que tenga un estado premórbido
relativamente normal y un deterioro cognoscitivo brusco asociado a la depresión.
Los episodios depresivos mayores con un estado de ánimo muy
irritable pueden ser difíciles de distinguir de los episodios maníacos con estado de
ánimo irritable o de los episodios mixtos. Esta distinción requiere una evaluación
clínica concienzuda de la presencia de síntomas maníacos. Si se cumplen los criterios
tanto para un episodio maníaco como para un episodio depresivo mayor (exceptuando la
duración de 2 semanas) casi cada día durante al menos un período de 1 semana, entonces
se trata de un episodio mixto.
La distraibilidad y la baja tolerancia a la frustración pueden
darse tanto en un trastorno por déficit de atención con hiperactividad como en un
episodio depresivo mayor; si se cumplen los criterios para ambos, puede diagnosticarse el
trastorno por déficit de atención con hiperactividad además del trastorno del estado de
ánimo. No obstante, el clínico tiene que ser cuidadoso para no sobrediagnosticar
episodios depresivos mayores en niños con trastorno por déficit de atención con
hiperactividad, en los que la alteración del estado de ánimo se caracteriza por la
irritabilidad más que por la tristeza o la pérdida de interés.
Finalmente, hay que señalar que los períodos de tristeza son
aspectos inherentes de la experiencia humana. Estos períodos no se deben diagnosticar
como un episodio depresivo mayor a no ser que se cumplan los criterios de gravedad (p.
ej., cinco de entre nueve síntomas), duración (p. ej., la mayor parte del día, casi
cada día durante al menos 2 semanas) y malestar o deterioro clínicamente significativos.
El diagnóstico de trastorno depresivo no especificado puede ser apropiado para los
cuadros de estado de ánimo depresivo con incapacitación clínica significativa que no
cumplen los criterios de duración o gravedad.
Diagnóstico diferencial
con enfermedades y otras condiciones médicas
Un episodio depresivo mayor debe distinguirse
de un trastorno del estado de ánimo debido a enfermedad médica. El diagnóstico
apropiado es trastorno del estado de ánimo debido a enfermedad médica si la alteración
del estado de ánimo se considera un efecto fisiológico directo de una enfermedad médica
específica (p. ej., esclerosis múltiple, accidente vascular cerebral, hipotiroidismo).
Esto se determina según la historia clínica, los hallazgos de laboratorio o la
exploración física. Si hay un episodio depresivo mayor y una enfermedad médica, pero se
considera que los síntomas depresivos no son un efecto fisiológico directo de la
enfermedad médica, entonces el trastorno del estado de ánimo se considera primario y se
registra como un TDM.
Un trastorno del estado de ánimo inducido por sustancias se
distingue del episodio depresivo mayor por el hecho de que una sustancia (una droga, un
medicamento o un tóxico) se considera etiológicamente relacionada con la alteración del
estado de ánimo. Por ejemplo, el estado de ánimo depresivo que se presenta sólo en el
contexto de la abstinencia de cocaína se diagnosticará como trastorno del estado de
ánimo inducido por cocaína, con síntomas depresivos, de inicio durante la abstinencia
(Ver Tabla II).
| Sumario
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