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PROGRAMA ANUAL 2000-2001
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA |
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DEPRESIÓN
Clínica de la depresión
Aunque de modo algo artificial, y a fin de obtener una mayor
claridad en la descripción, los síntomas de la depresión tienden a ser divididos en las
siguientes áreas o dimensiones clínicas: afectiva (también llamada por algunos
emocional, y que agrupa a los síntomas relacionados con el cambio de estado de ánimo o
del humor depresivo), cognitiva (que engloba a las alteraciones de atención,
concentración, memoria, curso y contenido del pensamiento), conductual (volitiva, y en la
que se describe los cambios de la motricidad) y somática (centrada en la descripción de
los síntomas somatopsíquicos o vegetativos, o las alteraciones de los ritmos
biológicos).
Semiología descriptiva básica de la depresión
Síntomas afectivos
a) La tristeza patológica, también
denominada tristeza vital, humor depresivo o humor disfórico, es el síntoma nuclear del
síndrome depresivo. Se caracteriza por su cualidad negativa, desagradable, displacentera,
difícil de expresar y a veces difícil de percibir, y que envuelve al sujeto y a todo su
mundo relacional intra e interpersonal. En ocasiones la tristeza aparece muy atenuada o no
es evidente; es la llamada depressio sine depressione, que formaría parte del grupo de
las depresiones enmascaradas o equivalentes depresivos. En éstas, el síndrome depresivo
se caracteriza por manifestarse más en el plano somático que en el psíquico.
En las formas más leves, o en fases iniciales, el humor
depresivo puede aparecer en forma de aplanamiento afectivo y una inadecuación del mismo
para sintonizar con el ambiente, con ausencia de respuesta emocional adecuada ante
noticias agradables.
En los cuadros clínicos de mayor intensidad, o más
evolucionados, el humor depresivo se acompaña de intenso pesimismo, desesperanza, ideas o
sentimientos de inferioridad, incapacidad, deficiencia, indignidad, penuria y/o
enfermedad.
b) La ansiedad, estado de alerta que se experimenta
como un miedo intenso sin causa conocida, que puede manifestarse en la impresión
subjetiva del paciente como si estuviese esperando algún acontecimiento terrible,
acompañándose de fenómenos de inquietud, intranquilidad, desasosiego, desesperación y
necesidad urgente de alivio o ayuda.
c) La irritabilidad se suele caracterizar por la
reacción desproporcionada e injustificada ante cualquier estímulo, de forma violenta,
denotando una hipersensibilidad morbosa, y a menudo con una actitud huraña por parte de
los pacientes y tratando de evitar el contacto con los demás.
d) La anestesia del sentimiento o la incapacidad de
expresar otros sentimientos u otras preocupaciones por su entorno. Los pacientes suelen
estar invadidos por una sensación de vacío interior que les impide experimentar interés
por las personas que les rodean.
e) La apatía se ha definido como un estado
generalizado de indiferencia que envuelve todo el impulso vital y que se manifiesta por el
desinterés en todas las actividades del sujeto.
Algunos autores hablan de la anhedonia o la pérdida de
experimentar placer, anticipatorio y consumatorio, y que está en relación con la
reactividad al medio, como un dato clínico relevante del síndrome depresivo.
Síntomas cognitivos
En general, el curso del pensamiento de los pacientes
con depresión se caracteriza por su tendencia al enlentecimiento, que se traduce en las
pausas durante la entrevista. También es frecuente la dificultad de ideación o de
generar ideas (que puede referirse como un estado de confusión), la pérdida de vivacidad
y una disminución general para discurrir, pensar y concentrarse (inhibición del
pensamiento), y a menudo la indecisión, las dudas, los escrúpulos morales y la
monotonía de las ideas.
El contenido del pensamiento de los enfermos con depresión
se caracteriza por una tonalidad pesimista, desagradable y que puede abarcar un amplio
abanico de preocupaciones, rumiaciones negativas, penalidades, sufrimientos que disgustan
al paciente y que le hacen sufrir moralmente. A menudo suelen expresar una tendencia a
autodesvalorizarse, a considerarse como una persona indigna, culpable, responsable de
cuantas desgracias puedan sobrevenirle a él y a sus seres más cercanos.
Frecuentemente el pensamiento se centra en el pasado,
atormentándose con acusaciones por faltas, o por pecados de acción o de omisión; todo
esto, a menudo, en relación con sucesos de hace tiempo. Son también frecuentes los
autorreproches y la valoración negativa de su persona y sus bienes.
En la semiología actual se describe dos formas de actividad
delirante en los trastornos del humor: los delirios congruentes con el estado del ánimo
(culpa, ruina e hipocondríacos) y los delirios incongruentes (persecutorios). En este
punto conviene señalar que una idea delirante, tal como se define en el DSM-IV, es:
"una creencia falsa basada en una inferencia incorrecta relativa a la realidad
externa que es firmemente sostenida, a pesar de lo que casi todo el mundo cree y a pesar
de cuanto constituye una prueba o evidencia incontrovertible y obvia de lo contrario. La
creencia no está aceptada ordinariamente por otros miembros de la subcultura o cultura a
la que pertenece el sujeto (p. ej., no es un artículo de fe religiosa). Cuando una
creencia errónea implica un juicio de valor, sólo se considera idea delirante cuando el
juicio es tan extremo que desafía toda credibilidad. La convicción delirante se produce
a lo largo de un continuum y a veces puede inferirse del comportamiento del
individuo".
La idea delirante debe diferenciarse de una idea
sobrevalorada (en cuyo caso el individuo tiene una creencia o idea no razonable, pero no
la sostiene tan firmemente como en el caso de una idea delirante).
Síntomas conductuales
El cambio en la conducta
habitual del paciente suele ser algo evidente tanto para el paciente como para las
personas de su entorno. Clásicamente se han descrito síndromes clínicos en los que
predomina la inhibición y otros en los que predomina la agitación. Sin embargo, en un
mismo paciente pueden coexistir ambos síntomas. En ocasiones, fundamentalmente en los
síndromes con características endógenas, los pacientes pueden presentar un estado de
estupor.
Habitualmente, la inhibición motora se traduce en una
disminución de la actividad, con lentitud para realizar cualquier tipo de tarea y que,
además, el paciente ejecuta con desgana y con la sensación de tener menos habilidad que
antes de la enfermedad. En consecuencia, aparece una disminución progresiva del
rendimiento paralela a la apatía y a la abulia. En algunos casos, esto puede alcanzar el
grado límite o la incapacidad absoluta para realizar cualquier actividad. En ningún
caso, esta reducción de la actividad de los pacientes con depresión debe interpretarse
como indolencia, negativismo o fatiga física.
Síntomas
somáticos
En la constelación de síntomas
somáticos que clásicamente son descritos en los síndromes depresivos destaca la
alteración del ritmo circadiano del humor por su especificidad en relación con las
características endógenas de la depresión. Esta alteración se caracteriza por la
variación diurna del estado de ánimo en forma de un empeoramiento matutino y una
mejoría vespertina. Así pues, por las mañanas, el paciente se encuentra inhibido,
apático y, en general, con menos vitalidad, y a medida que transcurre el día va
mejorando.
La alteración del sueño es uno de los síntomas que con
frecuencia forman parte de las quejas de los pacientes con depresión. Puede ser referido
como insomnio de conciliación (dificultar para iniciar el sueño), medio (dificultad para
mantener el sueño, con frecuentes despertares nocturnos) y como despertar precoz (el
paciente se despierta antes de lo habitual y ya no puede volver a conciliar el sueño).
Otras alteraciones que pueden ser frecuentes son la percepción de un sueño no reparador
o la presencia de frecuentes pesadillas.
Además, junto a la astenia y fatigabilidad, que suele ser
más intensa durante las primeras horas del día, entre los síntomas vegetativos que
pueden formar parte de la clínica de la depresión se encuentran, entre otros, los
siguientes:
Cefaleas o dolores de cabeza con
características atípicas y con frecuencia difíciles de encuadrar etiológicamente.
Otros dolores: Algias musculares
generalizadas y poliartralgias atípicas.
Síntomas gastrointestinales: La disminución
del apetito suele ser el síntoma gastrointestinal más precoz. A veces se acompaña de
mal sabor de boca y, también, de la pérdida del gusto por las comidas. La disminución
de la ingesta se asocia a la pérdida de peso. Aunque menos habitual, puede existir un
aumento del apetito junto con ganancia de peso; esto suele relacionarse con la presencia
de ansiedad y es más frecuente en mujeres. Puede estar presente la sequedad de boca por
disminución de la salivación. En general, es frecuente que el ánimo depresivo modifique
la actividad de todo el transito gastrointestinal, fundamentalmente en forma de
reducción, contribuyendo a la presentación de gastralgias, dispepsias y estreñimiento.
En muchas ocasiones, y en relación con las máscaras de la depresión, estos síntomas
son la queja principal de los enfermos.
Pérdida de la libido: La disminución del
impulso sexual puede traducirse, en los hombres, en una simple pérdida de interés por el
sexo, en una dificultad para la erección, en la incapacidad para eyacular o en una
impotencia completa; en las mujeres, en la disminución del deseo sexual o en frigidez. En
general, la pérdida de la libido es uno de los primeros síntomas que aparecen en las
etapas iniciales de la depresión, y suele ser uno de los últimos en recuperarse con la
mejoría clínica.
Trastornos del equilibrio: No es infrecuente
que los pacientes manifiesten quejas de sensación de mareo o de trastornos semejantes al
vértigo. Suelen caracterizarse por la sensación de inseguridad en la marcha, pero sin
caída, ni vómitos, ni sensación de giro, características del vértigo periférico.
Otros síntomas: Sudoración, palpitaciones
y/o parestesias.
Clasificación y subtipos clínicos de la depresión en la CIE-10
y DSM-IV
Consideraciones generales
A lo largo de la historia de
la Psiquiatría, la clasificación de los trastornos del humor ha sido hecha desde
diferentes perspectivas. Desde cada una de ellas se han descrito distintas formas
clínicas dependiendo de los criterios de clasificación. No obstante, existen tres
amplios enfoques, aunque no son los únicos, cuya influencia ha sido determinante en el
establecimiento de las clasificaciones de estos trastornos. Estos enfoques son: el
patogénico, basado en supuestos criterios etiológicos, el sintomático, basado en la
agrupación de síntomas, y el sindromático, basado también en la agrupación de
síntomas pero añadiendo criterios de evolución clínica.
Dependiendo de la perspectiva elegida, se plantearon las
clásicas dicotomías, oponiendo grupos de pacientes con características clínicas que se
estimaron definitorias y suficientes para distinguir grupos homogéneos. Así se hablaba,
entre muchas otras, de depresiones endógenas y reactivas, psicóticas y neuróticas,
primarias y secundarias, unipolares y bipolares.
Estas distinciones, que aún siguen usándose en el lenguaje
cotidiano de algunos clínicos, sólo tienen valor explicativo o de comunicación entre
los psiquiatras. En las clasificaciones modernas, basadas en estudios científicos y no en
el fruto de la experiencia o reflexión de un autor o escuela, muchos de estos términos
que pretenden describir subgrupos de depresiones, no han sido mantenidos ya que los
estudios no han demostrado su validez clínica. Sin embargo, a fin de evitar algunas
confusiones en la utilización de los términos repasaremos brevemente estos conceptos
clásicos.
La dicotomía depresión endógena vs
reactiva
Bajo esta dicotomía subyace el
criterio que vincula lo reactivo a un acontecimiento externo y lo endógeno a factores
biológicos internos. En general, lo endógeno ha sido definido por una serie de factores
clínicos: (a) ausencia de un factor precipitante; (b) presencia de despertar precoz; (c)
comienzo brusco; (d) curso autónomo del humor (ausencia de reactividad a factores
externos y no se alivia con circunstancias placenteras); (e) cualidad diferente de la
experiencia; (f) inhibición (Puede afectar a diversas áreas, cognitiva, motora y
motivacional); (g) personalidad premórbida con bajo nivel de neuroticismo.
El diagnóstico de Depresión endógena se establecería, por
tanto, en aquellos cuadros clínicos en las que estas características están presentes.
La melancolía era el cuadro clínico endógeno por excelencia.
En el polo opuesto de esta dicotomía se situaron las
depresiones reactivas, donde aparecía un factor psicosocial estresante asociado a su
comienzo, o el paciente presentaba una conflictividad premórbida evidente; eran menos
severas y no respondían tan bien a los tratamientos biológicos.
Estos conceptos demostraron no tener validez. Un cuadro
depresivo reactivo a una circunstancia concreta puede ser tan grave, responder a la
medicación en forma completa y presentar las mismas alteraciones biológicas y evolución
que un cuadro endógeno.
La dicotomía depresión primaria
vs secundaria
Se considera un trastorno afectivo primario cuando se
presenta en un paciente sin historia psiquiátrica previa de otras enfermedades
psiquiátricas, excepto episodios de depresión o manía, y en ausencia de una alteración
somática que preceda o evolucione paralelamente al trastorno afectivo. Cuando el
trastorno afectivo no cumple estas condiciones o es el resultado de otros trastornos
somáticos o psiquiátricos se considera entonces como secundario. Este término no se
considera como equivalente de sintomático, y no establece necesariamente una relación
causa-efecto con otro trastorno psíquico o somático, implicando únicamente que el
trastorno afectivo está condicionado por la historia personal y la presencia de
trastornos psíquicos y/o somáticos.
Los estudios realizados mediante la utilización de técnicas
de análisis estadístico de los síntomas o mediante criterios fenomenológicos
cuestionan los resultados de los trabajos que apoyan esta distinción.
La dicotomía depresión psicótica vs neurótica
Bajo esta distinción, que
comienza a utilizarse a finales del siglo XIX y principios del XX, subyace el criterio de
gravedad de los síntomas. Por entonces se entendía por psicótico como un
"trastorno de las funciones mentales superiores" y tras la obra de Freud como
una "pérdida del contacto con la realidad".
Las depresiones psicóticas fueron descritas como cuadros
clínicos severos o muy severos en su gravedad, incapacitantes, endógenos (los términos
psicótico y endógeno fueron usados como sinónimos para la descripción de cuadros
depresivos), y frecuentemente asociados con la presencia de una alteración del
pensamiento (delirio) y alucinaciones.
Las depresiones neuróticas fueron descritas como aquellos
cuadros clínicos de intensidad leve a moderada, sin características de endogenicidad y
que sucedían en un contexto de conflictividad premórbida personal y psicosocial.
En la actualidad estos conceptos han cambiado y los estudios
epidemiológicos recientes muestran que algunas de las depresiones antiguamente
clasificadas como depresiones neuróticas tienen un alto riesgo de suicidio y a su vez
responden terapéuticamente a un correcto tratamiento con antidepresivos.
La dicotomía depresión unipolar vs
bipolar
Esta distinción fue propuesta por
Kleist en 1947, pero fue su discípulo Leonhard quien la revitalizó en 1957. Este autor,
además de criterios fenomenológicos y evolutivos, añadió el criterio de polaridad como
el factor decisorio para la diferenciación entre las psicosis afectivas. Leonhard aplicó
el concepto unipolar a las depresiones endógenas que hubieran presentado tres episodios
previos, mientras que aquellos con un episodio maníaco previo constituirían el grupo
bipolar.
Elaborada posteriormente por otros autores, esta división
goza de una buena y amplia aceptación, ya que tiene una delimitación clínica precisa y,
por otra parte, existe un número importante de estudios experimentales que ha apoyado tal
distinción. En general, distingue a los pacientes con depresiones y episodios maníacos
de los que presentan sólo depresiones recurrentes y los correlaciona con variables
genéticas, clínicas y terapéuticas.
Estos conceptos se han conservado en las clasificaciones
actuales diferenciando cuadros depresivos con importante significación clínica.
En suma, las depresiones unipolares son cuadros clínicos que
se dan en sujetos que no tienen historia personal de hipomanía o manía. Las depresiones
bipolares (la forma llamada antiguamente psicosis maníaco depresiva) son aquellos cuadros
clínicos que se dan en sujetos con una historia personal de episodios maníacos
(Bipolares I), hipomaníacos (Bipolares II), o tienen historia familiar de manía
(Bipolares III).
Base conceptual de las clasificaciones y
criterios diagnósticos actuales
Las clasificaciones actuales de los trastornos
mentales más utilizadas en todo el mundo son las últimas versiones de la Clasificación
Internacional de las Enfermedades (Capítulo F) versión 10 (CIE-10, 1993) de la
Organización Mundial de la Salud, y el Manual Diagnóstico y Estadístico versión 4
(DSM-IV, 1994) de la Asociación Psiquiátrica Americana.
Las dos clasificaciones han sido desarrolladas después de
numerosos estudios y reuniones de expertos por áreas, además de ser contrastadas en
investigaciones de campo para evaluar la validez de los criterios diagnósticos
propuestos.
Estos criterios diagnósticos están organizados
operacionalmente en categorías que se constituyen siguiendo principios similares. Primero
se dan elementos definitorios e identificatorios del estado a diagnosticar. Por ejemplo,
humor depresivo o disfórico para el diagnóstico del episodio depresivo. Segundo, una
lista de síntomas que acompañan al humor depresivo o disfórico; de esta lista los
diferentes subtipos tendrán un umbral para el diagnóstico de acuerdo al número de ellos
exigido. Tercero, se define un umbral temporal, es decir, un tiempo mínimo de duración
en el cuál los síntomas deben estar presentes. Cuarto, se determinan criterios de
exclusión, es decir, en qué casos el diagnostico no podrá establecerse aunque se cumpla
con los criterios 1 a 3. Quinto, se definen criterios para subclasificar el trastorno en
cuestión, es decir se determinan subtipos con valor clínico. Sexto, se definen criterios
de severidad o gravedad del trastorno. Y por último, séptimo, se definen criterios de
evolución para poder determinar en qué etapa evolutiva se encuentra el trastorno.
Clasificación y diagnóstico de los trastornos depresivos
según criterios del DSM-IV y de la CIE-10
Los trastornos depresivos se organizan bajo el
epígrafe de trastornos del estado de ánimo o trastornos del humor, de acuerdo al
siguiente esquema:
Trastornos depresivos
1. Trastorno depresivo mayor
2. Trastorno distímico
3. Trastorno depresivo no especificado
Trastornos bipolares
4. Trastorno Bipolar I
5. Trastorno Bipolar II
6. Trastorno Ciclotímico
Otros trastornos del humor
7. Trastornos del humor debido a una condición médica
8. Trastornos del humor inducidos por sustancias
Trastorno depresivo mayor (TDM)
El TDM es uno de los
trastornos psíquicos más frecuentes, siendo a su vez el trastorno depresivo con mayor
prevalencia (porcentaje de sujetos que presentan la condición en estudio en un período
determinado). Según diversos estudios, la prevalencia anual oscila entre el 4 por ciento
y el 10 por ciento de la población general. La probabilidad de desarrollar un TDM en
cualquier momento de la vida en la población general varia entre el 6 por ciento y el 18
por ciento, dependiendo de los estudios.
La edad media de comienzo del trastorno es de 27 años,
pudiendo comenzar en la infancia o adolescencia o en etapas más tardías de la vida. En
estos datos destaca que es un trastorno que comienza en las edades de mayor productividad
del individuo, y no como se creía antes, en edades por encima de los cuarenta. Además,
en la prevalencia por sexos se encuentra que es dos veces más frecuente en mujeres que en
hombres, al menos en las edades medias de la vida.
Un dato relevante desde el punto de vista científico, y muy
importante para la salud pública, es que este trastorno está aumentando su prevalencia y
la edad de comienzo es cada vez más temprana. Dado que el TDM muestra una gran tendencia
a la cronicidad, si no se trata correctamente, el hecho que sea cada vez más frecuente y
que comience más temprano, conduce a situaciones de un enorme coste personal, familiar y
social.
El curso de los TDM se caracteriza por su recurrencia, es
decir, por una tendencia a repetirse en el tiempo. Un sujeto con un episodio depresivo
mayor sin antecedentes familiares de trastorno del humor, tiene un 50 por ciento de
probabilidad de desarrollar otro episodio en cualquier momento de su vida. La probabilidad
de nuevos episodios aumenta a medida que la persona ha tenido más episodios; así, en un
sujeto que ha tenido tres episodios o más, la probabilidad de hacer un nuevo episodio es
casi del 100 por ciento. Si el sujeto tiene antecedentes familiares o personales de
episodios similares, la probabilidad es casi de un 100 por ciento ya después del primer
episodio depresivo.
Según datos de algunos estudios, el 21 por ciento de los
pacientes con TDM no se han recobrado a los dos años del comienzo del episodio depresivo.
Estos datos, sin embargo, pueden mejorar si se establece un tratamiento correcto.
Otro hecho muy importante es que el TDM frecuentemente
coexiste (comorbilidad) con otro trastorno mental. Los pacientes con distimia presentan en
su evolución episodios depresivos mayores hasta en un 68 por ciento, es decir, la
prevalencia es diez veces mayor que en la población general. En las personas con
dependencia de alcohol la probabilidad es cinco veces mayor. En pacientes con trastornos
de ansiedad la probabilidad es también mayor, llegando en algunos estudios a diez veces
la de la población general. Esta situación es muy importante, ya que a veces confunde el
diagnóstico y puede influir, aunque el diagnóstico y tratamiento sean adecuados, en el
pronóstico.
Finalmente, señalar que los factores de riesgo para padecer
una depresión mayor incluyen:
Sexo: La probabilidad de padecer un TDM es
dos veces mayor en las mujeres que en los hombres. Además, el riesgo de cronicidad
también es mayor en las mujeres.
Edad: La aparición es más frecuente entre
los 20 y 40 años.
Estado civil: El TDM presenta mayor
incidencia en personas separadas y divorciadas. No se conoce cual es la causa y cuál es
el efecto, ya que el TDM podría ser la causa de estas situaciones. Además, es más
frecuente en varones solteros que en casados. También es más probable en mujeres casadas
que en solteras.
Historia familiar: El riesgo es de 1,3 a 1,5
veces mayor cuando existe una historia familiar positiva.
Postparto: Existe un riesgo mayor durante el
último trimestre del embarazo, los primeros tres meses después del parto y durante el
inicio de la menopausia. Se ha sugerido la influencia de las fluctuaciones de los niveles
de estrógenos como desencadenantes fisiopatológicos de la expresión de la enfermedad.
Acontecimientos vitales negativos: Posible
asociación.
Muerte temprana de los progenitores: Posible
asociación.
Criterios diagnósticos para el
episodio depresivo mayor
El paciente debe presentar
cinco o más de los siguientes síntomas en las últimas dos semanas, casi cada día, y
representan un cambio respecto a la actividad o el funcionamiento global previo; uno de
los síntomas debe ser humor depresivo (1) o pérdida de interés o placer (2):
1) Estado de ánimo depresivo o tristeza la mayor parte del
día, casi todos los días (en los niños y adolescentes puede ser irritable).
2) Marcada disminución del interés o la capacidad de placer
en todas o casi todas las actividades la mayor parte del día, casi todos los días.
3) Disminución (anorexia) o aumento (hiperorexia) del
apetito, o pérdida o ganancia significativa del peso corporal (mayor al 5 por ciento del
peso en un mes).
4) Dificultad para dormir (insomnio) o necesidad aumentada de
dormir (hipersomnia).
5) Inhibición (enlentecimiento) o agitación motora, casi
todos los días.
6) Fatiga o pérdida de energía.
7) Sentimientos de inutilidad o culpa excesivos e
inapropiados.
8) Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse,
dificultad para tomar decisiones, casi todos los días.
9) Ideas recurrentes de muerte o suicidio, con o sin planes
para cometer suicidio o intento de suicidio.
Los síntomas provocan malestar clínicamente significativo o
deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.
Debe poder establecerse que los síntomas no son debidos a
los efectos fiosiológicos de una enfermedad orgánica (hipotiroidismo, cáncer) o una
sustancia (ej. droga de abuso o medicamento), ni son debidos a una situación de duelo
(reacción normal a la muerte de un ser querido).
Además, los síntomas no se explican mejor por un trastorno
psicótico (p.ej.; trastorno esquizoafectivo).
Criterios para determinar la gravedad de
un TDM
En grado creciente de gravedad, un
episodio depresivo mayor puede ser leve, moderado o severo.
Episodio depresivo mayor leve: Un paciente cumple
con los criterios diagnósticos para depresión mayor, sin embargo, puede no presentar
todos los síntomas, o su presencia es irregular, o el episodio no le impide seguir con
sus actividades habituales. Será entonces un episodio depresivo mayor leve si presenta
por lo menos dos de los síntomas 1, 2 o 3 y tres síntomas adicionales de la lista, para
llegar a por lo menos un total de cinco sumados.
Episodio depresivo mayor moderado: Un paciente con
un episodio depresivo de este nivel de gravedad presentará dificultades para continuar
con sus actividades habituales (laborales, sociales o domésticas) y la mayoría de los
síntomas adicionales de la lista hasta por lo menos un total de seis.
Episodio depresivo mayor severo: Un paciente con
este nivel de gravedad tendrá importantes alteraciones en su funcionamiento,
destacándose la inhibición o agitación marcada, prominentes sentimientos de inutilidad
y/o culpa y alto riesgo de suicidio. Los síntomas neurovegetativos como pérdida de peso
y disminución marcada de la capacidad para dormir están presentes. Presentarán los tres
síntomas 1, 2 y 3 y síntomas adicionales de la lista (ver criterios diagnósticos) por
lo menos en un total de ocho.
Subtipos de episodio depresivo mayor (EDM)
De acuerdo a las características clínicas se pueden
delinear diferentes subtipos de episodio depresivo mayor. Esta diferenciación tiene
importancia clínica para el pronóstico y el tratamiento.
Episodio depresivo mayor con síntomas melancólicos:
En las clasificaciones actuales la melancolía no existe como una entidad aislada, sino
que es un subtipo de EDM. Un mismo paciente puede presentar diversos EDM en su vida. A
veces pueden tener las características de un EDM melancólico y otras no, de ahí, entre
otros factores, que se lo considere como una forma de expresión de la severidad y no como
una entidad separada.
Se considera que un EDM es melancólico si presenta las
siguientes características clínicas:
A. Presencia de uno de los siguientes síntomas durante el
período más grave del episodio actual:
1) pérdida de placer en todas o casi todas las actividades
2) falta de reactividad a los estímulos habitualmente
placenteros (no se siente mejor, ni siquiera temporalmente, cuando sucede algo bueno)
B. Tres (o más) de los siguientes:
1) una cualidad distintiva del estado de ánimo depresivo (p.
ej., el estado de ánimo depresivo se experimenta de forma distinta del tipo de
sentimiento experimentado tras la muerte de un ser querido)
2) la depresión es habitualmente peor por la mañana
3) despertar precoz (al menos 2 horas antes de la hora
habitual de despertarse)
4) enlentecimiento o agitación psicomotores
5) anorexia significativa o pérdida de peso
6) culpabilidad excesiva o inapropiada
Episodio depresivo mayor con síntomas psicóticos: Este
subtipo de EDM se caracteriza por la presencia de ideas delirantes, alucinaciones y/o gran
inhibición motora (estupor). Los síntomas psicóticos pueden ser:
a) congruentes con el estado de ánimo: Ideas
delirantes y alucinaciones cuyo contenido es enteramente consistente con los temas
depresivos típicos de inutilidad, culpa, enfermedad, nihilismo, o de ser merecedor de un
castigo;
b) no congruentes con el estado de ánimo: Ideas
delirantes y alucinaciones cuyo contenido no consiste en los temas depresivos típicos de
inutilidad, culpa, enfermedad, nihilismo o de ser merecedor de castigo. Se incluyen
síntomas como las ideas delirantes de persecución (sin relación directa con los temas
depresivos), inserción del pensamiento, difusión del pensamiento e ideas delirantes de
control.
Episodio depresivo mayor crónico: Se denomina así
a un EDM que dura más de dos años y en el que el paciente cumple siempre con los
criterios para EDM durante ese tiempo.
Episodio depresivo mayor con síntomas atípicos:
Con este diagnostico se denomina a un EDM que presenta las siguientes características:
1) reactividad del estado de ánimo. La reactividad del
estado de ánimo es la capacidad para alegrarse en situaciones positivas (p. ej.; una
visita de los hijos, recibir cumplidos). El estado de ánimo puede volverse normal (no
triste) incluso durante largos períodos de tiempo, si las circunstancias externas siguen
siendo favorables;
2) dos (o más) de los siguientes hechos: aumento
significativo del apetito o de peso; hipersomnia o aumento del sueño (más de diez horas
por día); abatimiento (pesadez en piernas y brazos); y patrón de larga duración de
sensibilidad al rechazo interpersonal (no limitado a episodios de alteración del estado
de ánimo) que provoca un deterioro social o laboral significativo.
Episodio depresivo mayor de inicio en el post-parto: Se
denomina EDM de comienzo post-parto a toda depresión que cumpla con los criterios de
depresión mayor y que comience en las cuatro semanas que siguen al parto.
Los episodios afectivos post-parto con síntomas psicóticos
se producen aproximadamente en 1 de cada 500 a 1000 partos, siendo más frecuentes en el
primer parto. El riesgo de recurrencia en otro parto es del 30 al 50 por ciento.
En general, la sintomatología de los episodios depresivos
mayores pos-parto no difiere de la sintomatología de los episodios afectivos que no se
producen tras el parto y puede incluir la presencia de síntomas psicóticos. En los
episodios posparto puede ser más frecuente el curso fluctuante y la labilidad del estado
de ánimo. Cuando hay ideas delirantes, es frecuente que se refieran al recién nacido (p.
ej., que el recién nacido esté poseído por el demonio, que tenga poderes especiales, o
que esté condenado a un destino fatal). Tanto en la presentación psicótica como en la
no psicótica, puede haber ideación suicida, pensamientos obsesivos de agresión al
niño, falta de concentración y agitación psicomotora. Es frecuente que las mujeres con
episodios depresivos mayores posparto presenten una gran ansiedad, crisis de angustia,
llanto espontáneo mucho después de lo que suele durar la tristeza posparto ("baby
blues") (3-7 días posparto), desinterés por el nuevo hijo e insomnio (que es más
probable que se manifieste como dificultad para conciliar el sueño que como despertar
precoz). Los episodios posparto deben diferenciarse del delirium que se presenta en el
período posparto, que se caracteriza por un descenso del nivel de alerta o atención.
Episodio depresivo mayor con síntomas catatónicos:
La especificación con síntomas catatónicos es apropiada cuando el cuadro clínico está
caracterizado por una marcada alteración psicomotora que puede consistir en inmovilidad
motora, actividad motora excesiva, negativismo extremo, mutismo, peculiaridades del
movimiento voluntario, ecolalia o ecopraxia. La inmovilidad motora puede manifestarse por
catalepsia (flexibilidad cérea) o por estupor. Aparentemente, la actividad motora
excesiva carece de propósito y no está influida por estímulos externos. Puede
presentarse un negativismo extremo que se manifiesta por mantener una postura rígida
contra todo intento de ser movido, o por la resistencia ante cualquier tipo de órdenes.
Las peculiaridades del movimiento voluntario se manifiestan por la adopción de posturas
extrañas o inapropiadas, o por una gesticulación exagerada. Suele haber ecolalia (la
repetición patológica, tipo "loro", y aparentemente carente de sentido, de una
palabra o frase que acaba de pronunciar otra persona) y ecopraxia (la imitación
repetitiva de los movimientos de otra persona). Las características asociadas pueden
consistir en estereotipias, manierismos y obediencia o imitación automáticas. Durante el
estupor o la excitación catatónica graves, el sujeto puede necesitar una supervisión
muy cuidadosa para evitar que se cause daño a sí mismo o a los demás. Las consecuencias
potenciales incluyen malnutrición, agotamiento, hiperpirexia y autolesiones. El
diagnóstico se establece cuando el paciente cumple los criterios de EDM y presenta al
menos dos de las características descritas previamente.
Trastorno distímico o distimia
La distimia es un cuadro depresivo crónico de
severidad leve a moderada que se observa entre el 3 el 5 por ciento de la población
general. Es más común en las mujeres, entre 1.5 y 3 veces más en relación con el
hombre. El comienzo de este trastorno depresivo es impreciso y generalmente temprano,
pudiendo comenzar en la niñez y más frecuentemente en la adolescencia. En más del 50
por ciento de los casos, en algún momento de la evolución, el sujeto con distimia
desarrolla un EDM. Esta situación clínica se denomina depresión doble, y aparte de la
enorme repercusión sobre el paciente, presenta un riesgo de suicidio aumentado.
La característica esencial del trastorno distímico es un estado de
ánimo crónicamente depresivo que está presente la mayor parte del día de la mayoría
de los días durante al menos 2 años. Los sujetos con trastorno distímico describen su
estado de ánimo como triste o "desanimado". En los niños, el estado de ánimo
puede ser irritable más que depresivo y la duración mínima exigida para su diagnóstico
es sólo de 1 año. Como este trastorno se presenta desde los primeros años de vida, la
persona frecuentemente está resignada a vivir así, como si esta enfermedad fuera una
parte constitucional de su forma de ser. Pero hoy sabemos, y de ahí la importancia de
estar informados, que este trastorno, al que antes se denominaba depresión neurótica y
se trataba con poco éxito con técnicas psicoterapéuticas, responde en forma a veces
espectacular a los antidepresivos.
La cronicidad de este cuadro hace que la persona busque alivio de
diversas formas; una que conlleva a gran riesgo es el abuso de alcohol o psicofármacos,
típicamente ansiolíticos (benzodiazepinas).
Criterios diagnósticos para la
distimia
Se considera que una persona padece un trastorno
distímico o una distimia cuando presenta las siguientes características clínicas:
A. Estado de ánimo crónicamente depresivo la mayor parte del día
de la mayoría de los días, manifestado por el sujeto u observado por los demás, durante
al menos 2 años. En los niños y adolescentes el estado de ánimo puede ser irritable y
la duración debe ser de al menos 1 año.
B. Presencia, mientras está deprimido, de dos (o más) de los
siguientes síntomas:
1) pérdida o aumento de apetito
2) insomnio o hipersomnia
3) falta de energía o fatiga
4) baja autoestima
5) dificultades para concentrarse o para tomar decisiones
6) sentimientos de desesperanza
C. Durante el período de 2 años (1 año en niños y adolescentes)
de la alteración, el sujeto no ha estado sin síntomas de los Criterios A y B durante
más de 2 meses seguidos.
D. No ha habido ningún episodio depresivo mayor durante los
primeros 2 años de la alteración (1 año para niños y adolescentes); por ejemplo, la
alteración no se explica mejor por la presencia de un trastorno depresivo mayor crónico
o un trastorno depresivo mayor, en remisión parcial.
Antes de la aparición del episodio distímico pudo haber un
episodio depresivo mayor previo que ha remitido totalmente (ningún signo o síntoma
significativos durante 2 meses). Además, tras los primeros 2 años (1 año en niños y
adolescentes) de trastorno distímico, puede haber episodios de trastorno depresivo mayor
superpuestos, en cuyo caso cabe realizar ambos diagnósticos si se cumplen los criterios
para un episodio depresivo mayor.
E. Nunca ha habido un episodio maníaco, un episodio mixto o un
episodio hipomaniaco y nunca se han cumplido los criterios para el trastorno ciclotímico.
F. La alteración no aparece exclusivamente en el transcurso de un
trastorno psicótico crónico, como son la esquizofrenia o el trastorno delirante.
G. Los síntomas no son debidos a los efectos fisiológicos directos
de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento) o a enfermedad médica (p. ej.,
hipotiroidismo).
H. Los síntomas causan un malestar clínicamente significativo o
deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.
Se denomina distimia de comienzo temprano si comenzó antes de los
21 años y de comienzo tardío si lo hizo después de esa edad.
Trastorno depresivo no especificado
La categoría del trastorno depresivo no especificado
incluye los trastornos con síntomas depresivos que no cumplen los criterios para
trastorno depresivo mayor, trastorno distímico, trastorno adaptativo con estado de ánimo
depresivo o trastorno adaptativo con estado de ánimo mixto ansioso y depresivo. Algunas
veces los síntomas depresivos se presentan como parte de un trastorno de ansiedad no
especificado. En esta categoría se incluyen una serie de procesos llamados subumbrales
que son muy frecuentes en el contexto de la atención primaria, pero que, sin embargo,
aún no están bien definidos los criterios diagnósticos y, por tanto, aún están en
fase de investigación. Los ejemplos del trastorno depresivo no especificado incluyen:
1. Trastorno disfórico premenstrual: los síntomas (p.
ej., estado de ánimo acusadamente deprimido, ansiedad importante, marcada labilidad
afectiva, pérdida de interés en las actividades) se presentaron con regularidad durante
la última semana de la fase luteínica (y remitieron a los pocos días del inicio de las
menstruaciones) en la mayoría de los ciclos menstruales del último año. Estos síntomas
tienen que ser de la suficiente gravedad como para interferir notablemente en el trabajo,
los estudios o las actividades habituales y estar completamente ausentes durante al menos
1 semana después de las menstruaciones.
2. Trastorno depresivo menor: episodios de al menos 2
semanas de síntomas depresivos, pero con menos de los cinco síntomas exigidos para el
trastorno depresivo mayor.
3. Trastorno depresivo breve recidivante: episodios
depresivos con una duración de 2 días a 2 semanas, que se presentan al menos una vez al
mes durante 12 meses (no asociados con los ciclos menstruales).
4. Trastorno mixto ansioso-depresivo: estado de ánimo
disfórico persistente o recurrente que dura por lo menos 1 mes, que se acompaña al menos
durante 1 mes de otros síntomas depresivos y ansiosos como problemas para concentrarse o
tener la mente en blanco, trastornos del sueño, fatiga o falta de energía,
irritabilidad, preocupación, llanto fácil, hipervigilancia, anticipación del peligro,
desesperanza y baja autoestima o sentimientos de inutilidad. Los síntomas deben provocar
un deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.
5. Depresión sospechada o enmascarada: Muchos pacientes
acuden a los médicos de atención primaria con un grupo de síntomas que suelen incluir
fatiga, pérdida de energía, problemas para dormir y uno o más síntomas somáticos que
no siguen el curso esperado de ninguna enfermedad médica subyacente, que no responden al
tratamiento, o se presentan nuevos síntomas cuando se resuelven los síntomas iniciales.
Estos pacientes suelen negar un estado de ánimo depresivo o tristeza o falta de interés
en las actividades diarias, pero otras personas observan que parecen tristes o depresivos.
Trastorno Bipolar I
Estos trastornos se caracterizan por un curso clínico que asocia uno o
más EDM con uno o más episodios maníacos (período de una semana o menos en el cual el
sujeto presenta un humor irritable, expansivo, con alegría desmedida, euforia, con
aumento de la autoestima, insomnio marcado y agitación psicomotora). Antiguamente se
denominaba a este trastorno como psicosis maníaco-depresiva.
Trastorno Bipolar II
El hecho clínico central en este trastorno es un cuadro con uno o más
EDM acompañado por uno o más episodios hipomaníacos (similar al episodio maníaco pero
de menor intensidad, a veces pueden pasar inadvertidos).
Trastorno ciclotímico
Este trastorno se caracteriza por un curso crónico donde hay
perturbaciones del humor alternando períodos con síntomas hipomaníacos y depresivos. En
estos períodos los síntomas no cumplen los criterios diagnósticos para un episodio
hipomaniaco o depresivo mayor. El diagnóstico se establece si en los dos primeros años
en ningún momento el paciente cumple los criterios diagnósticos para hipomanía o
depresión mayor, y los intervalos libres de síntomas no superan los dos meses. Este
trastorno comienza en los primeros años de vida, teniendo un inicio insidioso y curso
crónico. Su frecuencia en la población general es aproximadamente del 1 por ciento. La
probabilidad de que un paciente con trastorno ciclotímico desarrolle un Trastorno Bipolar
I o II se estima en torno al 50 por ciento de los casos.
Trastornos del estado de ánimo debidos a una condición
médica
El hecho clínico central es que la aparición del trastorno del estado
de ánimo o del humor está directamente relacionado con alteraciones fisiológicas
producidas por una condición médica. Una enorme variedad de condiciones médicas pueden
producir trastornos del estado de ánimo o del humor, tanto depresivos como maníacos.
Entre ellas, las enfermedades neurológicas como el Parkinson; enfermedades
metabólico-endócrinas como la diabetes o el hipotiroidismo; infecciones virales como
hepatitis, mononucleosis, SIDA; algunos tipos de cáncer; y enfermedades reumatológicas
(Ver Tabla II). En enfermedades médicas crónicas la prevalencia de depresión mayor
está aumentada, llegando a varias veces la frecuencia observada en la población general.
Esta comorbilidad conlleva riesgos y consecuencias clínicas importantes.
Trastornos del humor inducidos por
sustancias
En estos cuadros el hecho clínico característico es
que el trastorno del humor está directamente vinculado al uso de una sustancia; esta
puede ser un medicamento o una sustancia de abuso como alcohol, benzodiazepinas o drogas
como la cocaína o éxtasis. El cuadro puede observarse en el curso de la intoxicación o
durante el síndrome de abandono en las drogas de abuso (Ver tabla II las sustancias y/o
medicamentos que pueden inducir una clínica depresiva).
Historia y curso natural de la depresión
La historia natural del TDM es variable. Aunque la
media de edad de aparición es después de los 20 años, el trastorno puede comenzar a
cualquier edad. Los síntomas del TDM suelen desarrollarse en el transcurso de días a
semanas. Durante los meses previos pueden estar presentes un conjunto de síntomas
prodrómicos como ansiedad generalizada, ataques de pánico, fobias o síntomas depresivos
que no alcanzan el umbral diagnóstico. En algunos casos, el TDM aparece de forma brusca,
a menudo en asociación con un factor de tensión psicosocial grave.
La duración de un EDM también es variable. Se estima que sin
tratamiento, el episodio suele durar entre 6 y 12 meses o más.
En la valoración del curso longitudinal de la depresión es
necesario definir ciertos términos como mejoría, remisión, recaída y recurrencia. Las
diferencias en las definiciones de éstos y otros términos similares han sido
problemáticas para los investigadores. Recientemente, se han propuestos criterios
operacionales para estandarizar el significado de estos términos:
Un episodio se define como el período de tiempo durante el que el
paciente presenta los síntomas que satisfacen los criterios diagnósticos.
La remisión completa se refiere a un período relativamente breve
durante el cual se observa una mejoría de magnitud suficiente que nos hace ver al
individuo como asintomático.
La remisión parcial es el período durante el cual un individuo
presenta algo más que una sintomatología mínima, aunque estos síntomas ya no cumplen
los criterios de depresión mayor.
La recuperación es el período asintomático suficientemente
duradero como para considerar que el episodio ha terminado (suele establecerse entre 4 y 6
meses). La mejoría se refiere a una remisión completa de una duración determinada
(aunque no está fijada).
Una recaída representa el retorno de los síntomas de un episodio
que aún continúa pero en el cual ya se había suprimido la sintomatología, es decir,
una reagudización de la sintomatología que aparece durante la remisión pero antes de la
recuperación.
La recurrencia es la presentación de un nuevo episodio de
depresión mayor después de haberse producido la recuperación. La distinción entre
recaída y recurrencia es a veces difícil y frecuentemente arbitraria. Estos conceptos
son importantes para los médicos que deben tratar un episodio agudo y que deben
asegurarse de que se ha conseguido una remisión completa cuando se suspende el
tratamiento (sin recaídas) y que también debe decidir si debe iniciar un tratamiento de
mantenimiento a largo plazo para prevenir nuevos episodios (recurrencias).
Recurrencia
Mientras algunas personas sólo presentan un único
episodio de DM, con una restauración completa del funcionamiento premórbido, se estima
que más del 50 por ciento de los pacientes que padecen dicho episodio eventualmente
presentarán otro episodio, momento en el cual se cumplirán los criterios diagnósticos
de TDM recurrente. Las personas con un EDM superpuesto a la distimia tienen un mayor
riesgo de presentar una recurrencia de un EDM que las personas sin distimia.
El curso del TDM recurrente es variable. Algunos pacientes presentan
episodios separados por intervalos de muchos años de funcionamiento normal, otros
presentan episodios agrupados y hay otros que tienen episodios cada vez más frecuentes a
medida que envejecen.
Estado interepisodio
Entre los episodios, el funcionamiento psicosocial
global generalmente vuelve al estado premórbido. En el 20-35 por ciento de los casos se
observan síntomas residuales persistentes y deterioro laboral o social. Los pacientes que
siguen satisfaciendo los criterios de un EDM a lo largo de todo el curso del trastorno
presentan una forma de tipo crónico, mientras que aquellos que presentan síntomas pero
no cumplen dichos criterios se considera que están en una fase de remisión parcial.
Patrón estacional
El patrón de depresión estacional se caracteriza
por una relación temporal regular entre la aparición y remisión de los síntomas y
períodos concretos del año (p.ej.; en el hemisferio norte, la aparición regular de
síntomas entre principios de octubre y finales de noviembre, y la remisión regular a
partir de mediados de febrero hasta mediados de abril). Si existe un efecto claramente
definido de factores de estrés psicosocial relacionados con las estaciones (p.ej; el
desempleo estacional) no se debe aplicar este diagnóstico.
Complicaciones
Las complicaciones más graves de un EDM son el
suicidio y otros actos violentos. Otras complicaciones incluyen dificultades familiares
(conyugales y/o parentales) sociales y laborales, tal como ya se han señalado en el
impacto de la depresión. La enfermedad, sobre todo en sus formas recurrente y crónica,
pueden provocar angustia en otros individuos del entorno sociofamiliar.
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