DEPRESIÓN
Fisiopatología de los
trastornos depresivos
Se ha formulado que distintas circunstancias de
naturaleza fisiológica pueden influir sobre los pacientes y, a través de la
modificación del funcionalismo neurofisiológico y bioquímico, son capaces de determinar
cambios que darán lugar a la manifestación de síntomas depresivos. De hecho, existe un
volumen importante de hallazgos que han sido implicados en la fisiopatología de la
depresión. Sin embargo, y al igual que ocurre con el tema de la etiopatogenia, no hay una
definición clara de la situación. Además, muchos de los hallazgos han sido definidos
como causas más que modificaciones derivadas de esta y por las que podría explicarse la
presencia de un síntoma.
De todos modos, durante las tres últimas décadas se ha
prestado una importante atención al estudio de los aspectos biológicos de la depresión.
Históricamente, existen varias líneas de evidencia que
sugieren que las alteraciones biológicas desempeñan un papel importante en la aparición
de los estados depresivos severos:
1) la constatación de un curso longitudinal marcado por
episodios autónomos de depresión y/o manía que sugieren que es una enfermedad
episódica o fásica. La severidad e intensidad de estos episodios difieren claramente de
una reacción normal.
2) La presencia de un patrón distintivo de síntomas y
signos (alteraciones del sueño, apetito, disminución de la libido, etc.) que sugieren
que estos síntomas neurovegetativos pueden ser debidos a una alteración de la función
en el cortex prefrontal, diencéfalo, y del sistema límbico.
3) La frecuente historia familiar de depresión
4) La respuesta a los tratamientos somáticos tales como
antidepresivos (AD) y terapia electroconvulsiva (TEC), así como las observaciones de que
la enfermedad (depresión y/o manía) puede ser inducida por medicaciones.
De todos modos, conviene señalar que la identificación de
una alteración biológica no prueba necesariamente que exista una relación causal con la
depresión. Esto puede reflejar simplemente que puede ser valorada objetivamente, tal como
una cuantificación de un cambio en la actividad psicomotora, o un epifenómeno que
resulta de alguna otra alteración como la deprivación del sueño o la pérdida de peso.
Aunque estos epifenómenos pueden ser todavía de valor en la
evaluación de la severidad de la depresión, no hay garantía de que esta información
explique los mecanismos subyacentes de la patofisiología de la enfermedad. Solo con el
desarrollo de un mayor conocimiento de los mecanismos de regulación neuronal y
neurofisiológicos, tanto de la salud como de los estados de enfermedad, se podrá
establecer algún tipo de conclusión acerca del significado etiopatológico de las
alteraciones biológicas.
Por otra parte, al considerar el papel de los procesos
biológicos en la depresión es útil distinguir entre alteraciones dependientes del
estado (marcadores de estado) y las alteraciones más persistentes (marcadores de rasgo).
Una alteración completamente dependiente del estado está presente solamente durante la
fase activa de la enfermedad, y puede reflejar por tanto un correlato patofisiológico de
un episodio agudo de la misma. En cambio, los marcadores de rasgo pueden ser detectados
antes, durante y después de la fase aguda. Estos últimos pueden ser particularmente
útiles como marcadores en estudios familiares (si son innatos) o como factores que pueden
predecir la vulnerabilidad a la enfermedad. Evidentemente, los resultados obtenidos
mediante los estudios longitudinales ofrecerán datos importantes para diferenciar estas
alteraciones. En la actualidad, la escasez de este tipo de estudios, aparte de otros
problemas metodológicos, hace difícil diferenciar la naturaleza de muchos hallazgos.
Hallazgos bioquímicos
Neurotransmisores
Las hipótesis bioquímicas evolucionaron a partir de
las observaciones clínicas que relacionaron la aparición de síntomas depresivos en
ciertos pacientes tras la utilización de la reserpina - un deplector de noradrenalina,
serotonina (5-hidroxitriptamina; 5-HT) y dopamina. Posteriormente, la investigación en
este campo se desarrolló de forma importante tras el hallazgo de que ciertos fármacos,
que inhiben la captación neuronal y aumentan la disponibilidad sináptica de estos
transmisores o que inhiben su metabolismo, son tratamientos efectivos de la depresión.
Como ya se mencionó previamente en otros apartados, los
investigadores se centraron en las hipótesis del déficit de monoaminas durante largo
tiempo. Los esfuerzos realizados para identificar anomalías bioquímicas consistentes en
los pacientes con trastornos del estado de ánimo sólo han tenido un éxito parcial.
Entre estos esfuerzos están la determinación de los niveles urinarios, sanguíneos,
cerebral y en el líquido cefalorraquídeo (LCR) de 3-metoxi-4-hidroxifenilglicol (MHPG),
dopamina, ácido homovanillínico (HVA), 5-HT y ácido 5-hidroxiindolacético (5-HIAA).
Más recientemente la investigación se centró en el estudio
de la densidad de receptores en los cerebros de víctimas de suicidio, en los cuales se
hallaron aumentos de la densidad de los receptores 5-HT2 y alfa2 , lo que sugirió que
estos sistemas estaban "sobrerregulados" en la depresión.
La observación de que los antidepresivos tricíclicos (ADT)
inhiben la captación neuronal de noradrenalina y 5-HT sentó la base de una teoría de
captación (también llamada recaptación) en el mecanismo de acción de estos agentes y
proporcionó más pruebas sobre el papel de estos neurotransmisores en la etiología de
los trastornos del estado de ánimo.
Sin embargo, existen algunas evidencias que han mostrado las
imperfecciones de esta teoría: (1) la inhibición de la recaptación se produce a las
pocas horas, mientras que la mejoría del estado de ánimo se produce varias semanas
después; (2) los inhibidores de la recaptación, como la anfetamina y la cocaína, no son
"antidepresivos" efectivos; y (3) algunos antidepresivos efectivos (p. ej.,
trimipramina, bupropión, tianeptina) poseen efectos prácticamente nulos sobre la
inhibición de la recaptación.
A pesar de estas importantes incoherencias, el reciente
influjo de los antidepresivos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina
(ISRS) como la fluoxetina, fluvoxamina, paroxetina, sertralina y citalopram sigue
manteniendo en vanguardia esta explicación.
A medida que se ha prestado una mayor atención a los
receptores y los subtipos de éstos, se han desarrollado nuevas teorías que incorporan
las alteraciones observadas en la sensibilidad de los receptores. El tiempo necesario para
que se produzca una "hiporregulación" (es decir, una disminución de la
densidad de los receptores) de los receptores beta-adrenérgicos inducida por
antidepresivos está estrechamente relacionado con el tiempo de aparición de una mejoría
clínica. Además, los ADT y los IMAOs, así como la TEC "hiporregulan" los
receptores beta.
Pero también se han encontrado imperfecciones en esta
teoría; algunos antidepresivos no "hiporregulan" los receptores beta, y ciertas
maniobras farmacológicas que reducen el tiempo de "hiporregulación" no
aceleran el tiempo hasta la aparición de una mejoría clínica.
Posteriormente, el interés se centró en el receptor 5-HT2,
el cual parecía estar "hiperregulado" en la depresión e
"hiporregulado" por los antidepresivos. Esta teoría también tiene fallos, ya
que los neurolépticos y la dietilamida del ácido lisérgico (LSD) también
"hiporregulan" el receptor, mientras que la TEC lo "hiperregula". El
estudio de los registros de la actividad neuronal en células únicas tras la aplicación
microiontoforética de 5-HT sugiere que la vía común y final de la eficacia de los
antidepresivos puede ser a través de la estimulación de la neurotransmisión de la 5-HT.
A través de una serie de mecanismos (sensibilización de los receptores post-sinápticos,
desensibilización de los autorreceptores somatodendríticos presinápticos y terminales),
se ha podido observar que los antidepresivos tricíclicos, tetracíclicos, ISRS, IMAO y la
TEC facilitan la neurotransmisión de la 5-HT, pero no de la noradrenalina. No obstante,
los sistemas de los neurotransmisores cerebrales no están aislados en pequeños
compartimientos estancos, sino que actúan de forma interdependiente. Estas
interrelaciones producen confusión tanto en las teorías existentes como en las actuales
complejidades que continúan retando e intrigando a los investigadores. Por ejemplo, la
"hiporregulación" de los receptores beta inducida por los antidepresivos se
produce únicamente si el sistema serotoninérgico está intacto; del mismo modo, la
integridad del sistema noradrenérgico debe estar conservada para que pueda producirse una
"hiporregulación" del receptor 5-HT2 . Se ha observado que existen
interdependencias similares entre la 5-HT y la dopamina y entre la noradrenalina y la
dopamina.
Finalmente, la serotonina y la noradrenalina son dos de los
muchos neurotransmisores y neuromoduladores que existen en el cerebro. El hecho de que
estas dos sustancias hayan compartido el centro de atención de las investigaciones
neurofarmacológicas durante tres décadas puede ser debido más a un artefacto histórico
que a su papel causal en la etiopatogenia de los trastornos del estado de ánimo.
Hallazgos neuroendocrinológicos
Eje
hipotalámico-hipofisario-suprarrenal
En la depresión se hallan frecuentemente anomalías
del eje hipotalámico-hipofisario-suprarrenal (HHS). La liberación del factor liberador
de corticotropina (CRF) por parte del hipotálamo está parcialmente regulada por
neurotransmisores como la 5-HT, noradrenalina, acetilcolina y el ácido
gamma-aminobutírico (GABA). La CRF, a su vez, estimula la liberación hipofisaria de
corticotropina (ACTH), lo cual produce un aumento de la producción suprarrenal de
cortisol. Se ha observado que en la depresión mayor existe una hipersecreción de
cortisol, y más recientemente, se han observado niveles elevados de CRF en el LCR de los
pacientes deprimidos. Actualmente se dispone del soporte anatómico de un eje HHS
hiperactivo gracias a estudios que han hallado un crecimiento de la hipófisis y de las
glándulas suprarrenales en los pacientes con una depresión mayor. Estas observaciones
han sido citadas para poder postular el papel de una "hiperactividad del CRF" en
la patogénesis de la depresión. Otra prueba a favor de la relación entre las anomalías
del eje HHS y la depresión procede de la observación de que la administración por vía
oral de un esteroide potente, la dexametasona, no produce la esperada supresión por
retroalimentación del cortisol que se observa habitualmente en individuos normales.
Aproximadamente entre el 40 y el 50 por ciento de los pacientes con una depresión
endógena mantienen unos niveles plasmáticos anormalmente elevados de cortisol tras una
dosis de 1 mg de dexametasona.
Desde principios de los años 80 se pretendió utilizar la
prueba de supresión con dexametasona (PSD) con una finalidad diagnóstica, en lugar de
como un instrumento en la investigación neuroendocrina de la depresión. La PSD estuvo de
moda entre los médicos durante varios años antes de que las investigaciones demostraran
que esta prueba daba un gran número de falsos positivos en pacientes no deprimidos que
presentaban otro tipo de trastornos psicológicos y orgánicos. Además, se observaron
diferencias interindividuales importantes en relación con la biodisponibilidad de la
dexametasona, lo cual sugería que la supresión o la falta de supresión del cortisol
plasmático estaba parcialmente relacionada con los niveles plasmáticos de dexametasona.
Eje
hipotalámico-hipofisario-tiroideo
Desde hace muchos años, las anomalías de la función
tiroidea se han relacionado con los trastornos del estado de ánimo, ya que el
hipotiroidismo a veces se presenta como un síndrome depresivo y el hipertiroidismo es a
veces la causa secundaria de una hipomanía. Una pequeña minoría de pacientes con
depresión muestra una respuesta aplanada de la hormona estimulante del tiroides (TSH), de
origen hipofisario, tras la infusión de hormona liberadora de tirotropina (TRH). Se han
observado unos hallazgos similares en la manía. El trastorno bipolar de ciclo rápido se
ha asociado frecuentemente con alteraciones de la función tiroidea, existiendo pruebas
experimentales preliminares de que este trastorno puede tratarse con dosis
hipermetabólicas de L-tiroxina (T4 ). Durante varios años los médicos han utilizado la
triodotironina (T3) para potenciar a los antidepresivos en la depresión resistente al
tratamiento. Aunque las investigaciones no han confirmado de forma concluyente la eficacia
de esta técnica, existen suficientes pruebas médicas para seguir manteniendo su uso.
Las pruebas de funcionalismo tiroideo poseen un papel bien
establecido dentro de la psiquiatría clínica, pero aún no se ha podido establecer el
significado de las alteraciones leves del eje hipotalámico-hipofisario-tiroideo (HHT) en
la patogénesis de la depresión mayor.
Neuropéptidos
La cantidad de neuropéptidos existentes en el
sistema nervioso central es incontable. Se ha observado que estos péptidos de pocos
aminoácidos poseen funciones neurotransmisoras y neuromoduladoras, así como que
coexisten con los neurotrans- misores más tradicionales. Las investigaciones que intentan
relacionar los neuropéptidos con los trastornos del estado de ánimo aún están en fase
de desarrollo, pero cada vez se centran más las investigaciones en sustancias como la
colecistoquinina, la somatostatina, el péptido intestinal vasoactivo, vasopresina,
oxitocina, las endorfinas, encefalinas y neurotensina.
Finalmente, tanto la CRF como la TSH son mediadores entre los
neuropéptidos y el sistema neuroendocrino.
Hallazgos neurofisiológicos
Los trastornos del sueño son característicos de los trastornos
del estado de ánimo, estando la depresión asociada con el insomnio o la hipersomnia y la
manía con la disminución de la necesidad de sueño. Los estudios
electroencefalográficos durante el sueño en la depresión han hallado una alteración en
la continuidad del sueño, reducción del tiempo total de sueño, disminución de la
latencia de los movimientos oculares rápidos (REM) (es decir, el tiempo entre quedarse
dormido y la aparición del primer período REM), aumento de la densidad REM y reducción
del sueño no REM. Se ha propuesto que la disminución de la latencia REM es un marcador
biológico de la depresión endógena. No obstante, los estudios del sueño en la
depresión no están faltos de controversias, ya que se ha mencionado que las anomalías
anteriormente citadas no son específicas de la depresión y que además, éstas no
siempre están presentes en los individuos deprimidos. No obstante, los trastornos del
sueño y de otros aspectos del ritmo circadiano continúan siendo áreas prometedoras de
la investigación. Por ejemplo, la privación del sueño posee un efecto antidepresivo
transitorio y se ha utilizado para potenciar la respuesta de los fármacos antidepresivos,
para acelerar el momento de inicio de su acción, para prevenir episodios recurrentes de
alteración del estado de ánimo, y para predecir la respuesta al tratamiento con
fármacos antidepresivos o con TEC. La deprivación del sueño también se ha relacionado
con la precipitación o el aumento de la gravedad de la manía. Se propuso que parte de la
eficacia de los fármacos antidepresivos era debida a que son supresores del sueño REM.
No obstante, esta teoría ha tenido que ser descartada a partir de la observación de que
la trimipramina, un antidepresivo tricíclico, no suprime el sueño REM pero en cambio sí
que posee un buen efecto antidepresivo.
Hallazgos neurorradiológicos
Estudios anatómicos/estructurales
La introducción en la practica clínica de la
tomografía axial computarizada (TAC) y la Resonancia Magnetica Nuclear (RMN) despertó un
gran interés para investigar los correlatos estructurales de disfunción del SNC en
varios trastornos psíquicos. Se ha informado de este modo hallazgos de atrofia cortical
en síndromes afectivos severos unipolares y bipolares. No se encontró que estos
hallazgos tuvieran relación con cualquier tratamiento somático. En cambio, estos
hallazgos han sido relacionados con la edad, la severidad de la enfermedad, la cronicidad
de la misma, y los niveles elevados de cortisol.
Mediante el estudio con RM, algunos investigadores han
informado del hallazgo de lesiones subcorticales en los trastornos afectivos; en concreto,
se ha informado de la presencia de pequeñas lesiones intensidad aumentada en regiones
paraventriculares en pacientes con trastornos unipolares y bipolares. Estas lesiones,
similares a las placas vistas en la esclerosis múltiple, han sido valoradas por algunos
investigadores como posibles secuelas neurobiológicas de enfermedades afectivas severas.
Más recientemente, también se ha encontrado una reducción
bilateral en el volumen del núcleo caudado de pacientes con depresión.
Aunque se desconoce las implicaciones de la atrofia cerebral
y otras lesiones documentadas en diferentes estudios, tales cambios son probablemente más
características de pacientes que sufren de trastornos afectivos refractarios o de curso
crónico.
Estudios de neuroimagen funcional
Las modernas técnicas de neuroimagen funcional, la
tomografía por emisión de positrones (PET) y la tomografía por emisión de fotones
(SPECT), están contribuyendo de modo importante en la investigación de la
fisiopatología de los trastornos afectivos. Las alteraciones encontradas con estas
técnicas en pacientes con depresión mayor, sin embargo, aún no han resuelto si se trata
de marcadores de estado o de rasgo.
Las alteraciones del metabolismo cerebral y del flujo
sanguíneo cerebral halladas en pacientes con trastornos afectivos, con la PET y la SPECT
respectivamente, se encuentran localizadas principalmente en la región prefrontal, en
estructuras paralímbicas (como el cortex orbitofrontal y temporal anterior), en
estructuras límbicas (como el cíngulo anterior y la amígdala), y de forma más
inconsistente en regiones subcorticales (ganglios básales y el tálamo).
Las alteraciones en múltiples localizaciones sugiere que,
más que la alteración de una región cerebral concreta, en la fisiopatología de la
depresión están implicados circuitos neuronales complejos que incluyen numerosas
estructuras cerebrales. Basándose en esos hallazgos se ha sugerido la alteración en
circuitos límbico-talámico-cortical y límbico-estriotalámico en los trastornos
afectivos. Por otra parte, la localización de las alteraciones funcionales en regiones
cerebrales anteriores facilita el diagnóstico diferencial mediante PET y SPECT entre la
pseudodemencia depresiva y la demencia tipo Alzheimer, en la que característicamente se
encuentran afectadas las regiones cerebrales posteriores. En la actualidad, esta es la
única indicación clínica aceptada del SPECT para los trastornos del estado de ánimo.
Finalmente, conviene señalar que, aunque existe cierto
consenso en la localización de las alteraciones, el tipo de alteración (aumento o
disminución de la actividad) en estas regiones es un tema de controversia. En los
pacientes con depresión se han descrito tanto aumentos como disminuciones, e incluso
ausencia de cambios en el metabolismo cerebral y del flujo sanguíneo en estas regiones.
Hallazgos inmunológicos
En los últimos veinte años
también se ha constatado un creciente interés por el estudio de relación entre el
sistema inmune y los trastornos afectivos. El tema se ha enfocado, principalmente, desde
tres puntos de vista:
Las alteraciones de la afectividad como cofactores en
el desencadenamiento, curso y pronóstico de la enfermedad del sistema inmune.
La consideración de la depresión como una enfermedad
neuroinmune.
La depresión como un modelo de interacción
neuroendocrina.
A pesar del interés que despertó la investigación en este
campo, son pocos los datos claramente definidos acerca de esta relación. Por esta razón,
se ha planteado, desde una perspectiva de integración, que quizá esta relación debería
considerarse como una alteración del network SNC-sistema endocrino-sistema inmune.
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