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PROGRAMA ANUAL 2000-2001
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA

 

DEPRESIÓN

Etiopatogenia

Actualmente se desconocen las causas de los trastornos depresivos, así como falta una explicación completamente satisfactoria sobre la efectividad de los tratamientos. Se han realizado grandes esfuerzos para integrar múltiples perspectivas, y aunque las teorías son abundantes, el apoyo científico que pueda convertirlas en hechos avanza con lentitud.

De todos modos, en la actualidad se considera que la etiopatogenia de los trastornos depresivos es fundamentalmente multifactorial. Una gran variedad de factores, tanto biológicos como psicosociales, interaccionando entre si o no, parecen intervenir en la etiopatogenia de la depresión. La importancia y el peso de cada uno de ellos probablemente difieren según el tipo de depresión. En este sentido conviene subrayar que la depresión es un síndrome presente en varias enfermedades.

Antes de repasar por separado los diferentes factores etiológicos, las hipótesis y los modelos planteados acerca de la etiopatogenia de la depresión, hay que señalar que en la actualidad existe una tendencia a intentar integrar todos los conocimientos. De ahí surgen planteamientos como la Hipótesis psicobiológica de vía final común. Desde este tipo de perspectivas se considera que la participación conjunta de las siguientes condiciones determina la aparición de los trastornos depresivos:

1. Vulnerabilidad biológica

2. Historia personal del paciente

3. Desencadenantes psicosociales

4. Condición fisiológica general

5. Rasgos y organización de la personalidad

A continuación resumimos los aspectos más relevantes de la etiopatogenia, dividiendo esta entre los diversos factores (genéticos, biológicos y psicosociales) que parecen estar implicados en la misma.

 

Factores genéticos

En términos generales, los resultados de diversos estudios muestran que los familiares de los pacientes con depresión padecen la enfermedad con una frecuencia hasta tres veces superior a la de los familiares de los controles sanos. Tanto en pacientes con depresión unipolar como en aquellos con un trastorno bipolar el riesgo de morbilidad familiar es mucho más alto que el esperado para la población general.

Hasta hace relativamente poco tiempo, los datos relativos a la implicación de los factores genéticos en los trastornos del estado de ánimo venían definidos por los estudios de gemelos, los estudios de adopción (en los que se separaban los factores genéticos y los ambientales) y por estudios familiares de segregación (determinan hasta que punto un trastorno tiene carácter familiar y el modo de transmisión de la enfermedad). Los resultados de estos estudios establecen una predisposición genética hacia el trastorno depresivo mayor y hacia el trastorno bipolar. Existe una mayor tasa de concordancia entre los gemelos idénticos (monocigóticos) que entre los fraternales (dicigóticos). La concordancia entre los pares de hermanos monocigotos es mayor para el trastorno bipolar que para el trastorno depresivo mayor, lo cual sugiere una mayor base genética para el trastorno bipolar. De acuerdo con un estudio con gemelos realizado en Dinamarca, los probandos bipolares poseen una concordancia homocigótica del 69 por ciento y una concordancia dicigótica del 19 por ciento (un índice de 2,3 a 1). Aunque los cogemelos tienden a desarrollar el mismo trastorno, éste no es siempre el caso, por lo que en un par de gemelos pueden coexistir los trastornos unipolares y los bipolares. Los pocos estudios sobre gemelos idénticos criados por separado también apoyan la presencia de una base genética para los trastornos mayores del estado de ánimo. Aunque existen numerosos defectos en sus diseños, la mayoría de estudios de adopción proporcionan un apoyo adicional con respecto a la base genética de los trastornos unipolares y bipolares. En resumen, los padres biológicos de niños adoptados con un trastorno mayor del estado de ánimo presentan una mayor incidencia de trastornos del estado de ánimo que los padres adoptivos.

Los estudios familiares han examinado los índices de los trastornos del estado de ánimo en los familiares de primer grado de los pacientes con trastornos unipolares y bipolares. Aunque los resultados varían considerablemente entre los estudios, se han formulado las siguientes generalizaciones:

(1) los trastornos afectivos son familiares, ya que el índice entre los familiares de los pacientes es de dos a tres veces superior que entre los familiares de los controles apropiadamente elegidos;

(2) el trastorno afectivo más frecuente entre los familiares de los pacientes con un trastorno bipolar no es el trastorno bipolar sino el trastorno unipolar; el trastorno bipolar es el siguiente más frecuente;

(3) entre los familiares de un paciente con un trastorno unipolar, se observa una tendencia, aunque no siempre significativa, a que la presencia de un trastorno bipolar sea más frecuente que en los controles.

Estos hallazgos sugieren que existe una relación genética entre el trastorno depresivo mayor y el trastorno bipolar, y que estos trastornos, más que ser independientes, comparten una predisposición genética común. La naturaleza hereditaria de los trastornos mayores del estado de ánimo indica la necesidad del asesoramiento genético. De acuerdo con Gershon (1990), en la descendencia adulta de 300 progenitores con un trastorno bipolar (el otro progenitor no presentaba ninguna enfermedad), se observó que existía un riesgo del 29,5 por ciento (13 por ciento bipolares I o II, 15 por ciento unipolares y 1 por ciento esquizoafectivos). Cuando ambos progenitores presentaban un trastorno afectivo, siendo uno de ellos bipolar, el riesgo de trastorno afectivo mayor fue del 74 por ciento entre los 28 descendientes observados.

Otro estudio halló un riesgo del 50 por ciento entre la descendencia de los individuos que tenían un progenitor con un trastorno bipolar y el otro con un trastorno afectivo. Hasta la fecha, sin embargo, no ha sido posible identificar un modo específico de transmisión genética de los trastornos del estado de ánimo.

Durante los últimos años, con el avance de la genética molecular, se han realizado importantes investigaciones, fundamentalmente mediante el análisis de linkage (ligamiento), que estudia la cosegregación de la enfermedad y de los marcadores genéticos biológicos o de polimorfismos del ADN ya localizados sobre el genoma.

Los estudios de ligamiento cromosómico se han centrado sobre el cromosoma X, el cromosoma 11 y varios ligamientos sobre los antígenos leucocitarios humanos (HLA), pero los resultados no han sido consistentes si se comparan los datos de los diferentes estudios.

 

Factores bioquímicos

Alteraciones de los neurotransmisores

A lo largo de los años, se han formulado diferentes hipótesis para intentar explicar la génesis de la depresión desde una perspectiva neurobioquímica. Al principio, las investigaciones se centraron en la hipótesis catecolamínica (noradrenalina, NA) y la indolamínica (serotonina, 5-HT). Basándose en los hallazgos de diferentes investigaciones, estas teorías postulan que una concentración baja de transmisores produce depresión y que una concentración elevada de éstos produce manía. Pero estas teorías por déficit y exceso eran imperfectas y dieron paso poco a poco a los conceptos de desajuste y la desregulación, las cuales a su vez, se han ampliado y reformulado con arreglo a los nuevos descubrimientos. Entre las hipótesis que se han planteado durante estos últimos años se encuentran, a modo de resumen, las siguientes:

a) Hipótesis catecolaminérgica

Esta hipótesis se apoyó en la observación de mejoría clínica de la depresión con antidepresivos Inhibidores de la monoaminooxidasa y tricíclicos y la capacidad que tienen, junto con estimulantes de inducir estados maníacos. Tanto estimulantes como antidepresivos de este tipo influyen en la función de los neurotransmisores conocidos como catecolaminas (adrenalina, noradrenalina, dopamina). A partir de estas observaciones se ha pensado que la depresión es causada por una disminución de las catecolaminas, en particular de la norepinefrina.

Sin embargo en la actualidad hay algunas evidencias en contra de esta hipótesis:

1. La administración de L-dopa, precursor de Dopamina y Noradrenalina no mejora los estados depresivos.

2. No se ha demostrado, midiendo los niveles de metabolitos (substancias inactivas en que se transforman los neurotransmisores) en líquido cefalorraquídeo, sangre u orina, que haya un bajo nivel de noradrenalina en todos los pacientes con depresión.

b) Hipótesis del balance Adrenérgico-colinérgico

Esta hipótesis supone un balance en las áreas cerebrales entre los dos neurotransmisores, y su desequilibrio provocaría depresión si predomina la acetilcolina y manía si predominara a la noradrenalina.

c) Hipótesis de la Serotonina

Esta supone una disminución en la actividad de la serotonina (5-HT) cerebral, sin embargo el uso de precursores de la Serotonina no alivia los síntomas depresivos.

d) Hipótesis de la dicotomía Norepinefrina/Serotonina

Supone la existencia de dos tipos de depresión, una causada por la deficiencia de serotonina y la otra por deficiencia de la norepinefrina.

Esta hipótesis no ha sido sustentada por estudios de laboratorio, además es sabido que la mayoría de los antidepresivos tienen efecto tanto sobre norepinefrina como sobre serotonina.

e) Hipótesis de los opioides

Esta postula que la depresión es causada por la disminución cerebral de substancias semejantes al opio, producidas de manera natural por el propio sistema nervioso. El uso de agonistas o antagonistas no ha podido corroborar ésta hipótesis.

Existen otras hipótesis que han implicado a otros neurotransmisores y neuropéptidos en la génesis de la depresión. Así, entre otros, también han sido implicados la fenietilamina y el ácido gamma-amino butírico (GABA).

En la actualidad se ha demostrado que estas hipótesis son, en general, y sobre todo aquellas que implican un solo neurotransmisor, demasiado simples, fáciles de entender, pero que no tienen nada que ver con la realidad. No obstante, se formula que estas alteraciones pudieran estar correlacionadas con síntomas concretos o, todo lo más, con síndromes depresivos circunscritos. Así, la 5-HT estaría relacionada con la autoagresión y la disminución del humor; la NA se relacionaría con los síntomas neurovegetativos, la ansiedad, la disminución de la activación (arousal); y la DA con la actividad motora.

 

Alteraciones de los receptores

Se ha planteado que la depresión podría ser debida a la existencia de una hipersensibilidad de los receptores postsinápticos ante niveles bajos de serotonina o noradrenalina. Entre los hallazgos más importantes en relación con los receptores neuronales de la depresión se señalan:

• La alteración de la sensibilidad de los receptores ß-adrenérgicos postsinápticos, los cuales son los efectores postsinápticos de la neurotransmisión.

• El aumento de los receptores alfa2 presinápticos: estos receptores se encargan fundamentalmente de la inhibición de la liberación de neurotransmisores.

 

Alteraciones neuroendocrinológicas

Las alteraciones más relevantes en esta área han sido detectadas en relación con las llamadas depresiones endógenas. Se han descrito alteraciones en distintos ejes endocrinológicos:

a) Eje hipotalámico-hipofisario-suprarrenal.

• Hipersecreción del cortisol plasmático con una alteración del perfil circadiano normal

• Disminución de respuesta del cortisol a la hipoglucemia

• Respuesta no supresora con el test de supresión de la dexametasona

• Alteraciones del CRF

b) Eje hipotalámico-hipofisario-tiroideo

• Disminución de la elevación nocturna de los niveles de hormona tiroidea

• El pico nocturno se amortigua más en personas con depresión que presentan hipercortisolemia

• Alteración en el test TRH-TSH

c) Eje somatotropo

• Hipersecreción de GH durante el día ligada a la disminución del aporte calórico

• La secreción nocturna de GH es menor o desaparece

d) Glándula pineal

• Los niveles nocturnos de melatonina son menores que en los sujetos normales

e) Eje lactotropo

• El perfil secretor de la prolactina está adelantado, produciéndose la elevación nocturna desde el final de la tarde

• La elevación nocturna es de menor amplitud que en el sujeto normal

 

Alteraciones neurofisiológicas

La investigación en esta área se ha centrado en los hallazgos observados mediante técnicas como el EEG tradicional o el EEG computarizado, los estudios de las fases del sueño y los estudios de potenciales evocados.

Las alteraciones detectadas en relación con el sueño en la depresión se han utilizado para estudios clínicos y terapéuticos. Por una parte, se han empleado como técnicas diagnósticas (p.ej.; la disminución de latencia de los movimientos oculares rápidos (LREM) se ha utilizado como marcador de depresión endógena) y, por otra, como técnicas terapéuticas (p.ej.; la deprivación del sueño ha sido empleada en el tratamiento de la depresión).

El estudio de las funciones neurofisiológicas ha aportado algunos datos de interés en la investigación de los correlatos clínico-neuropatológicos en presencia de lesiones del SNC. En diversos estudios se ha encontrado que las lesiones del hemisferio izquierdo tienen tendencia a producir trastornos de tipo depresivo. En cambio, las lesiones del lado derecho han sido asociadas con el desarrollo de trastornos bipolares. Estos hallazgos están en la línea de la hipótesis sobre lateralidad en la génesis de la depresión. Sin embargo, hay otros estudios en los que no se han encontrado evidencias de lateralidad y los síntomas depresivos se han relacionado con lesiones localizadas en la región frontal.

 

Factores psicológicos y/o psicosociales

Son numerosos los factores psicológicos que han sido implicados en la etiopatogenia de la depresión, bien como factores precipitantes, bien como factores de predisposición, bien como factores determinantes en sujetos con vulnerabilidad, o bien como factores causales directos. Asimismo, se han formulado teorías y modelos de depresión en función de muchos de estos factores.

 

La pérdida objetal y el modelo psicoanalítico

En 1912, Abraham publicó la primera explicación psicoanalítica de la depresión, relacionándola con la represión de los instintos (agresión dirigida hacia uno mismo).

En "Duelo y melancolía" (1917), Freud sugirió que las pérdidas sufridas durante la primera infancia producen una introyección sobre el objeto perdido. Según las palabras de Bemporad, autor que ha revisado ampliamente las teorías psicoanalíticas, el proceso se resume del siguiente modo: "Cuando la pérdida se produce en la edad adulta, la pérdida anterior y su correspondiente odio hacia el objeto amado perdido durante la infancia se reactivan: no obstante, el objeto perdido se ha convertido en parte de uno mismo, por lo cual el odio se dirige hacia uno mismo que contiene lo introyectado. Este odio retrodirigido, junto al sentimiento de pérdida, se manifiesta como una depresión".

A pesar del hecho de que Freud argumentó que esta teoría tenía una aplicabilidad limitada y posteriormente la abandonó, este modelo sirvió de base a muchos médicos, los cuales la generalizaron durante varias décadas. Otros autores expandieron el modelo de depresión por la pérdida objetal recalcando la importancia de la estrecha relación entre la madre y su hijo (u otra de similar importancia), donde su ruptura establece el origen de las pérdidas "depresógenas" de los adultos.

En términos generales, los modelos psicodinámicos de la depresión presentan muchos temas comunes, entre los que destacan: (1) relaciones ambivalentes; (2) relaciones narcisistas; (3) impotencia y desesperanza; y (4) pérdida o amenaza de pérdida durante la infancia.

 

Modelos cognitivos

En estos modelos se parte del supuesto básico que ciertos procesos cognitivos desempeñan un papel fundamental en el desarrollo de los trastornos depresivos. Se han distinguido tres grupos de modelos: (1) Modelos que se basan en el paradigma del procesamiento de la información; (2) Modelos cognitivos-sociales; y (3) Modelos cognitivos-conductuales.

Dentro del primer grupo el más conocido es el de Beck. Este autor propuso que el defecto primario en la depresión estaba relacionado con la cognición y que un estado de ánimo deprimido es una consecuencia, más que una causa, de la alteración cognitiva que se produce en la depresión. La tríada cognitiva de Beck del individuo deprimido son las visiones negativas de uno mismo, del entorno y del futuro. Uno mismo se observa como inadecuado y defectuoso, y por lo tanto, inútil. Los individuos deprimidos también interpretan de forma negativa las experiencias vitales y observan el futuro como algo que no ofrece nada excepto fracaso y frustración. El modelo cognitivo propone que las experiencias adversas precoces establecen conceptos negativos que se retienen como "esquemas" que se reactivan mediante experiencias vitales adversas, por lo cual producen depresión. Aunque Beck y sus colaboradores presentaron "un apoyo empírico sustancial al modelo cognitivo de la depresión", todavía es sólo un modelo. De una importancia práctica mayor es un tratamiento efectivo de la depresión que se originó a partir de este modelo.

Los modelos cognitivos-sociales se desarrollaron en el ámbito de la psicología social y han constituido los planteamientos teóricos que más investigación han desarrollado.

Seligman (1975) observó que los perros expuestos repetidamente a una serie de descargas eléctricas inevitables no escapaban posteriormente de otra serie de descargas eléctricas aún cuando pudieran escapar. La incapacidad de controlar la situación dolorosa conduce a un estado de retraimiento y abandono por indefensión. Basándose en esas observaciones surgió el modelo depresivo por indefensión aprendida, el cual postula que las experiencias pasadas de impotencia real conducen a que el individuo se convenza de que las situaciones futuras no placenteras también serán incontrolables, y por lo tanto, se responde a estas situaciones con pasividad, resignación y aceptación depresiva.

Los modelos cognitivos-conductuales se centran en la interacción persona-situación. El modelo de Rehm (1977) integra conceptos planteados por Beck y Seligman y en el que un déficit en las conductas de autocontrol (factor de vulnerabilidad) interactúa con la pérdida o ausencia de reforzadores externos (factor de estrés) desencadenándose un episodio depresivo. Estos déficit surgen, según el autor, del proceso de socialización de una persona y serian rasgos estables que podrían detectarse previamente a la aparición del episodio depresivo.

 

Sucesos vitales

La mayoría de las teorías sobre la depresión incorporan la presencia de sucesos vitales estresantes como factores que predisponen a la depresión o a la manía o como episodios iniciadores por sí solos. Paykel (1982) revisó exhaustivamente la presencia de pruebas que demostraban las asociaciones entre los sucesos vitales y la depresión. Muchos estudios están repletos de fallos de diseño como criterios diagnósticos imprecisos, imprecisiones en los estudios retrospectivos (especialmente distorsionados por la misma depresión) y por la incapacidad para determinar si los sucesos producen la enfermedad o si la enfermedad produce los sucesos.

Sucesos vitales recientes

La mayoría de estudios que utilizan individuos sanos, pacientes con trastornos orgánicos o pacientes psiquiátricos con otros tipos de trastornos como controles, han hallado que los pacientes deprimidos refieren un mayor número de sucesos vitales o más estrés vital durante períodos variables de tiempo antes del desarrollo de los episodios depresivos. No obstante, se ha constatado que el aumento de los sucesos vitales antes del inicio de la enfermedad no estaba sólo confinado a la depresión, sino que también estaba presente en otros trastornos psiquiátricos como en otros tipos de patología orgánica. En general, se piensa que los sucesos vitales tienen un papel importante pero no decisivo en la causa de la depresión. En los estudios que intentaron identificar qué tipos de sucesos se asocian de un modo particular con la depresión, los resultados obtenidos señalaron, aunque de forma poco consistente, el aumento de "muertes y separaciones interpersonales", "fracasos y decepciones" y "argumentos y discordias con varias figuras interpersonales importantes". No se halló una relación entre los sucesos vitales positivos y la depresión. Globalmente, tal como Paykel (1982) observó: "la relación más fuerte con la depresión se produce con una amplia gama de situaciones estresantes".

Los factores precipitantes de tipo psicosocial parecen tener un gran impacto durante los primeros momentos del curso de un trastorno del estado de ánimo. La mayoría de estudios, normalmente retrospectivos, han hallado que "o bien se detectan más factores precipitantes psicosociales implicados durante el primer episodio que en los posteriores episodios de un trastorno afectivo, o bien que él o los factores precipitantes psicosociales tienen menor impacto sobre los episodios que se produzcan con posterioridad a lo largo del curso de la enfermedad, tras muchas recurrencias, que durante el episodio inicial".

Sucesos vitales tempranos o precoces

Las pérdidas durante la infancia se han relacionado con un aumento de la vulnerabilidad a la depresión. Cuando se examinó esta relación mediante estudios controlados sobre la desaparición precoz de un progenitor a causa de su muerte, en cuatro de siete estudios se halló esta hipotética relación al utilizar sujetos control obtenidos de la población general, en uno de cuatro estudios que utilizaron como sujetos controles pacientes con enfermedades orgánicas y en dos de nueve estudios que utilizaron pacientes psiquiátricos como sujetos control. Se obtuvieron hallazgos similares en estudios controlados sobre la pérdida precoz de un progenitor que no estuviese causada por la muerte de éste. Sin embargo, el papel de la pérdida precoz como factor de riesgo para el desarrollo de una depresión posterior parece estar menos establecido de lo que sugieren las creencias populares. Paykel (1982) llegó a la conclusión de que "todos los hallazgos indican probablemente la presencia de un efecto, pero aun en los estudios positivos, las diferencias son menores y mucho menos impresionantes de lo que sugieren algunos trabajos de ciertos psicoanalistas o que la magnitud de los efectos que se hallan en los estudios de los sucesos vitales recientes". En contraste con los estudios realizados sobre los humanos, los estudios sobre primates en marcos controlados han observado una repuesta de tipo depresivo más consistente cuando se separa a las crías de sus madres. De forma característica, la separación va seguida inicialmente por un estado de "protesta" agitada y posteriormente por un estado de desesperación asociado con evitación social, reducción del nivel de actividad y reducción de la ingesta de líquidos y de alimentos. En cualquier caso, se ha señalado que la relación entre la separación y la "depresión" en los animales de laboratorio es mucho más predecible que en los experimentos naturalistas con humanos y se presta más a la realización de manipulaciones conductuales y farmacológicas dirigidas a comprender la reacción y su respuesta al tratamiento.

 

Personalidad y depresión

A lo largo de los años, muchos autores han estudiado la relación entre la depresión y las características especiales de la personalidad o rasgos del temperamento de las personas que padecen la enfermedad. En este sentido se ha planteado que algunos pacientes presentan rasgos de personalidad premórbida que en sentido amplio puede ser denominada personalidad predepresiva.

Tellenbach (1976) fue el autor que más detenidamente se ocupó de esta cuestión; definió el llamado "Tipo melancólico" como "aquel que, según nuestra experiencia demuestra, está constituido por una estructura anímica especial con posibilidades de evolucionar hacia el campo gravitatorio de la melancolía". Entre los rasgos que caracterizan a estos individuos destacó el exagerado afán de orden: "La personalidad melancólica está firmemente fijada a una actitud caracterizada por el orden, que no siempre se manifiesta en todos los sectores de la existencia, pero si al menos en alguno que es esencial. Los que rodean al sujeto, tanto en su hogar como en el ambiente profesional, aprecian dicho afán". Además, según dice: "La vida laboral está completamente determinada por el hacer las cosas a conciencia, el sentimiento del deber y la formalidad. El orden predomina también en cuanto a las relaciones con los demás, sobre todo en la escrupulosidad, en ocasiones incluso angustiosa con que se procura mantener el ambiente libre de perturbaciones, roces, conflictos y, sobre todo, de lo culpable en todas sus modalidades"

Otro de los rasgos, según Tellenbach, que caracterizan a este tipo de personalidad lo constituye el "ser-para-otros", entendiendo por ello como el establecimiento de relaciones interpersonales en las que predomina el deseo de ayudar, de servir y sacrificarse por los demás: "En las relaciones con respecto a los superiores y los colegas prevalece la fidelidad, la voluntad de servicio y la disposición a ayudar. Se respetan la autoridad y la jerarquía. La familia está ordenada con arreglo a un modelo patriarcal. El ser-para-otros tiene aquí el carácter de apego, de afán de sacrificarse y cuidar, de firme vinculación al cónyuge y especialmente a los hijos".

Las características del tipo melancólico de Tellenbach pueden resumirse en las siguientes: afán de orden, hiperadaptación, perfeccionismo, obsesividad, moral estricta, inflexibilidad, inseguridad, influenciable, rigidez e intolerancia, gran sentido del deber e hiperresponsabilidad, autoexigencia, devoción al trabajo, pesimismo y dependencia de los demás.

Entre los rasgos premórbidos de la personalidad de los sujetos que padecen depresión, Kraus (1977) destaca la exagerada adaptación a las normas sociales, y que él denomina como hipernomia. La dependencia sumisa a los demás seria lo más característico de la personalidad predepresiva según Pilowsky (1979). Para Forbes (1972) las personalidades predepresivas se caracterizan por la tendencia a ser más tristes, pesimistas, prudentes y conservadores.

Beck y cols. (1983) distinguen dos tipos de personalidad: la "autónoma" y la "sociotrópica". En la primera existe una gran independencia en todos los sentidos, pero sobre todo en cuanto a los lazos sociales, y la tendencia a la autovaloración mediante sus propios logros, es decir, más basándose en su propio criterio que en los demás. En la segunda, sin embargo, hay una elevada dependencia de la opinión de los demás y la necesidad de un estrecho contacto social por el que establecen importantes lazos de dependencia. La decantación del individuo hacia uno u otro tipo, según este modelo, facilitaría la instauración de un trastorno depresivo.

De todos modos, hay que señalar que tanto en el ámbito de la investigación como en la práctica clínica, las relaciones entre personalidad y depresión no han sido resueltas de forma definitiva.

 

Enfermedades médicas y/o físicas y depresión

La relación entre un trastorno depresivo y las enfermedades somáticas pueden establecerse en función de los siguientes modelos:

Reacción normal: La aparición de síntomas depresivos en pacientes con una enfermedad somática grave como una reacción normal. Los síntomas aparecen después de la enfermedad física y fluctúan de acuerdo con la fase de gravedad de dicha enfermedad.

Coincidencia: La depresión puede preceder al inicio de la enfermedad somática. Ambas, tanto la depresión como la enfermedad física pueden empezar después de un grave suceso vital, tal como una pérdida familiar o laboral. En estos casos hay que constatar que el trastorno psíquico no parece tener relación con el trastorno somático, aunque complican el tratamiento de este último.

• El trastorno psíquico puede ser responsable o puede causar una enfermedad física: Aunque esta es una idea controvertida se ha señalado que la supresión de la función inmune seria el mecanismo que podría explicar esta situación. En cualquier caso, no hay evidencias convincentes para pensar que la depresión puede desempeñar este papel etiológico en el desarrollo de una enfermedad física.

La enfermedad física puede causar un trastorno depresivo: Este tipo de relación es la que nos interesa en este apartado. En la Tabla II se enumeran las enfermedades que más frecuentemente han sido asociadas como causas de depresión.

Por lo general, se acepta que algunas condiciones médicas pueden ser factores de riesgo e incluso factores etiológicos en el desarrollo de la depresión. El significado de tales factores y su interrelación con otras variables etiológicas permanece incierto.

 

Fármacos y/o sustancias y depresión

Del mismo modo que se ha asociado la presencia de un trastorno depresivo con diferentes condiciones médicas, también se ha encontrado que determinados tratamientos y la utilización de algunas sustancias pueden ocasionar estos trastornos (Tabla II).

Tabla II
Enfermedades y medicamentos que pueden causar y/o inducir depresión

Enfermedades médicas

Medicaciones y/o sustancias.

Neurológicas
  Demencia tipo Alzheimer
  Enfermedad de Parkinson
  Enfermedad de Wilson
  Enfermedad de Huntington
  Esclerosis Múltiple
  ACVA
  Hematoma subdural crónico
  Lesiones ocupantes de espacio

Endocrinológicas y Alteraciones Metabólicas
 
Hipo/hipertiroidismo
  Hipo/hiperparatiroidismo
  Hiponatremia
  Hipopotasemia
  Anemia perniciosa
  Pelagra
  Enfermedad de Cushing
  Enfermedad de Addison
  Hipogonadismo
  Hipoglucemia y Diabetes Mellitus
  Uremia
  Síndrome de Wernicke-Korsakoff
  Déficit de niacina, piridoxina, vitamina B12
  y/o Acido fólico

Reumatológicas
  Enfermedades colágenas con afectación
  vascular
  Lupus Eritematoso sistémico
(Lupus
  cerebritis)
  Artritis reumatoide

Infecciosas
  Infección por VIH-1 (SIDA)
  Encefalitis
  Estados postencefalíticos
  Tuberculosis
  Mononucleosis infecciosa
  Neurosifilis
  Neumonía viral (fase postaguda)

Oncológicas
  Carcinoma de páncreas
  Tumores cerebrales

Otras
  Encefalopatía hepática
  Hipoxia

  Enfermedades que producen
  productos paraendocrinos: 
  broncogénicas
 (ACTH), linfoma (PTH), hepatoma (insulina) y
  de pulmon (IADH)

Fármacos antihipertensivos
 
Propanolol
  Reserpina
  Alfametildopa

Antagonistas receptores H2
  Cimetidina
  Ranitidina

Agentes quimioterapicos/Antineoplásicos
  Vincristina
   Vinblastina
   Procarbazina
   Interferon

Psicofármacos
  Barbituricos
  Neurolépticos
  Benzodiacepinas

Sustancias de abuso
 
Alcohol
  Anfetaminas
  Cocaina
  Opiaceos

Otros
 
Anticonceptivos orales
  Antiepilépticos
  Inhibidores de las prostaglandinas


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