DEPRESIÓN
Etiopatogenia
Actualmente se
desconocen las causas de los trastornos depresivos, así como falta una explicación
completamente satisfactoria sobre la efectividad de los tratamientos. Se han realizado
grandes esfuerzos para integrar múltiples perspectivas, y aunque las teorías son
abundantes, el apoyo científico que pueda convertirlas en hechos avanza con lentitud.
De todos modos, en la actualidad se considera que la
etiopatogenia de los trastornos depresivos es fundamentalmente multifactorial. Una gran
variedad de factores, tanto biológicos como psicosociales, interaccionando entre si o no,
parecen intervenir en la etiopatogenia de la depresión. La importancia y el peso de cada
uno de ellos probablemente difieren según el tipo de depresión. En este sentido conviene
subrayar que la depresión es un síndrome presente en varias enfermedades.
Antes de repasar por separado los diferentes factores
etiológicos, las hipótesis y los modelos planteados acerca de la etiopatogenia de la
depresión, hay que señalar que en la actualidad existe una tendencia a intentar integrar
todos los conocimientos. De ahí surgen planteamientos como la Hipótesis psicobiológica
de vía final común. Desde este tipo de perspectivas se considera que la participación
conjunta de las siguientes condiciones determina la aparición de los trastornos
depresivos:
1. Vulnerabilidad biológica
2. Historia personal del paciente
3. Desencadenantes psicosociales
4. Condición fisiológica general
5. Rasgos y organización de la personalidad
A continuación resumimos los aspectos más relevantes de la
etiopatogenia, dividiendo esta entre los diversos factores (genéticos, biológicos y
psicosociales) que parecen estar implicados en la misma.
Factores genéticos
En términos generales, los resultados de
diversos estudios muestran que los familiares de los pacientes con depresión padecen la
enfermedad con una frecuencia hasta tres veces superior a la de los familiares de los
controles sanos. Tanto en pacientes con depresión unipolar como en aquellos con un
trastorno bipolar el riesgo de morbilidad familiar es mucho más alto que el esperado para
la población general.
Hasta hace relativamente poco tiempo, los datos relativos a
la implicación de los factores genéticos en los trastornos del estado de ánimo venían
definidos por los estudios de gemelos, los estudios de adopción (en los que se separaban
los factores genéticos y los ambientales) y por estudios familiares de segregación
(determinan hasta que punto un trastorno tiene carácter familiar y el modo de
transmisión de la enfermedad). Los resultados de estos estudios establecen una
predisposición genética hacia el trastorno depresivo mayor y hacia el trastorno bipolar.
Existe una mayor tasa de concordancia entre los gemelos idénticos (monocigóticos) que
entre los fraternales (dicigóticos). La concordancia entre los pares de hermanos
monocigotos es mayor para el trastorno bipolar que para el trastorno depresivo mayor, lo
cual sugiere una mayor base genética para el trastorno bipolar. De acuerdo con un estudio
con gemelos realizado en Dinamarca, los probandos bipolares poseen una concordancia
homocigótica del 69 por ciento y una concordancia dicigótica del 19 por ciento (un
índice de 2,3 a 1). Aunque los cogemelos tienden a desarrollar el mismo trastorno, éste
no es siempre el caso, por lo que en un par de gemelos pueden coexistir los trastornos
unipolares y los bipolares. Los pocos estudios sobre gemelos idénticos criados por
separado también apoyan la presencia de una base genética para los trastornos mayores
del estado de ánimo. Aunque existen numerosos defectos en sus diseños, la mayoría de
estudios de adopción proporcionan un apoyo adicional con respecto a la base genética de
los trastornos unipolares y bipolares. En resumen, los padres biológicos de niños
adoptados con un trastorno mayor del estado de ánimo presentan una mayor incidencia de
trastornos del estado de ánimo que los padres adoptivos.
Los estudios familiares han examinado los índices de los
trastornos del estado de ánimo en los familiares de primer grado de los pacientes con
trastornos unipolares y bipolares. Aunque los resultados varían considerablemente entre
los estudios, se han formulado las siguientes generalizaciones:
(1) los trastornos afectivos son familiares, ya que el
índice entre los familiares de los pacientes es de dos a tres veces superior que entre
los familiares de los controles apropiadamente elegidos;
(2) el trastorno afectivo más frecuente entre los familiares
de los pacientes con un trastorno bipolar no es el trastorno bipolar sino el trastorno
unipolar; el trastorno bipolar es el siguiente más frecuente;
(3) entre los familiares de un paciente con un trastorno
unipolar, se observa una tendencia, aunque no siempre significativa, a que la presencia de
un trastorno bipolar sea más frecuente que en los controles.
Estos hallazgos sugieren que existe una relación genética
entre el trastorno depresivo mayor y el trastorno bipolar, y que estos trastornos, más
que ser independientes, comparten una predisposición genética común. La naturaleza
hereditaria de los trastornos mayores del estado de ánimo indica la necesidad del
asesoramiento genético. De acuerdo con Gershon (1990), en la descendencia adulta de 300
progenitores con un trastorno bipolar (el otro progenitor no presentaba ninguna
enfermedad), se observó que existía un riesgo del 29,5 por ciento (13 por ciento
bipolares I o II, 15 por ciento unipolares y 1 por ciento esquizoafectivos). Cuando ambos
progenitores presentaban un trastorno afectivo, siendo uno de ellos bipolar, el riesgo de
trastorno afectivo mayor fue del 74 por ciento entre los 28 descendientes observados.
Otro estudio halló un riesgo del 50 por ciento entre la
descendencia de los individuos que tenían un progenitor con un trastorno bipolar y el
otro con un trastorno afectivo. Hasta la fecha, sin embargo, no ha sido posible
identificar un modo específico de transmisión genética de los trastornos del estado de
ánimo.
Durante los últimos años, con el avance de la genética
molecular, se han realizado importantes investigaciones, fundamentalmente mediante el
análisis de linkage (ligamiento), que estudia la cosegregación de la enfermedad y de los
marcadores genéticos biológicos o de polimorfismos del ADN ya localizados sobre el
genoma.
Los estudios de ligamiento cromosómico se han centrado sobre
el cromosoma X, el cromosoma 11 y varios ligamientos sobre los antígenos leucocitarios
humanos (HLA), pero los resultados no han sido consistentes si se comparan los datos de
los diferentes estudios.
Factores bioquímicos
Alteraciones de los
neurotransmisores
A lo largo de los años, se han
formulado diferentes hipótesis para intentar explicar la génesis de la depresión desde
una perspectiva neurobioquímica. Al principio, las investigaciones se centraron en la
hipótesis catecolamínica (noradrenalina, NA) y la indolamínica (serotonina, 5-HT).
Basándose en los hallazgos de diferentes investigaciones, estas teorías postulan que una
concentración baja de transmisores produce depresión y que una concentración elevada de
éstos produce manía. Pero estas teorías por déficit y exceso eran imperfectas y dieron
paso poco a poco a los conceptos de desajuste y la desregulación, las cuales a su vez, se
han ampliado y reformulado con arreglo a los nuevos descubrimientos. Entre las hipótesis
que se han planteado durante estos últimos años se encuentran, a modo de resumen, las
siguientes:
a) Hipótesis catecolaminérgica
Esta hipótesis se apoyó en la observación de mejoría
clínica de la depresión con antidepresivos Inhibidores de la monoaminooxidasa y
tricíclicos y la capacidad que tienen, junto con estimulantes de inducir estados
maníacos. Tanto estimulantes como antidepresivos de este tipo influyen en la función de
los neurotransmisores conocidos como catecolaminas (adrenalina, noradrenalina, dopamina).
A partir de estas observaciones se ha pensado que la depresión es causada por una
disminución de las catecolaminas, en particular de la norepinefrina.
Sin embargo en la actualidad hay algunas evidencias en contra
de esta hipótesis:
1. La administración de L-dopa, precursor de Dopamina y
Noradrenalina no mejora los estados depresivos.
2. No se ha demostrado, midiendo los niveles de metabolitos
(substancias inactivas en que se transforman los neurotransmisores) en líquido
cefalorraquídeo, sangre u orina, que haya un bajo nivel de noradrenalina en todos los
pacientes con depresión.
b) Hipótesis del balance Adrenérgico-colinérgico
Esta hipótesis supone un balance en las áreas cerebrales
entre los dos neurotransmisores, y su desequilibrio provocaría depresión si predomina la
acetilcolina y manía si predominara a la noradrenalina.
c) Hipótesis de la Serotonina
Esta supone una disminución en la actividad de la serotonina
(5-HT) cerebral, sin embargo el uso de precursores de la Serotonina no alivia los
síntomas depresivos.
d) Hipótesis de la dicotomía Norepinefrina/Serotonina
Supone la existencia de dos tipos de depresión, una causada
por la deficiencia de serotonina y la otra por deficiencia de la norepinefrina.
Esta hipótesis no ha sido sustentada por estudios de
laboratorio, además es sabido que la mayoría de los antidepresivos tienen efecto tanto
sobre norepinefrina como sobre serotonina.
e) Hipótesis de los opioides
Esta postula que la depresión es causada por la disminución
cerebral de substancias semejantes al opio, producidas de manera natural por el propio
sistema nervioso. El uso de agonistas o antagonistas no ha podido corroborar ésta
hipótesis.
Existen otras hipótesis que han implicado a otros
neurotransmisores y neuropéptidos en la génesis de la depresión. Así, entre otros,
también han sido implicados la fenietilamina y el ácido gamma-amino butírico (GABA).
En la actualidad se ha demostrado que estas hipótesis son,
en general, y sobre todo aquellas que implican un solo neurotransmisor, demasiado simples,
fáciles de entender, pero que no tienen nada que ver con la realidad. No obstante, se
formula que estas alteraciones pudieran estar correlacionadas con síntomas concretos o,
todo lo más, con síndromes depresivos circunscritos. Así, la 5-HT estaría relacionada
con la autoagresión y la disminución del humor; la NA se relacionaría con los síntomas
neurovegetativos, la ansiedad, la disminución de la activación (arousal); y la DA con la
actividad motora.
Alteraciones de los
receptores
Se ha planteado que la depresión
podría ser debida a la existencia de una hipersensibilidad de los receptores
postsinápticos ante niveles bajos de serotonina o noradrenalina. Entre los hallazgos más
importantes en relación con los receptores neuronales de la depresión se señalan:
La alteración de la sensibilidad de los receptores
ß-adrenérgicos postsinápticos, los cuales son los efectores postsinápticos de la
neurotransmisión.
El aumento de los receptores alfa2 presinápticos:
estos receptores se encargan fundamentalmente de la inhibición de la liberación de
neurotransmisores.
Alteraciones
neuroendocrinológicas
Las alteraciones más relevantes en
esta área han sido detectadas en relación con las llamadas depresiones endógenas. Se
han descrito alteraciones en distintos ejes endocrinológicos:
a) Eje hipotalámico-hipofisario-suprarrenal.
Hipersecreción del cortisol plasmático con una
alteración del perfil circadiano normal
Disminución de respuesta del cortisol a la
hipoglucemia
Respuesta no supresora con el test de supresión de la
dexametasona
Alteraciones del CRF
b) Eje hipotalámico-hipofisario-tiroideo
Disminución de la elevación nocturna de los niveles
de hormona tiroidea
El pico nocturno se amortigua más en personas con
depresión que presentan hipercortisolemia
Alteración en el test TRH-TSH
c) Eje somatotropo
Hipersecreción de GH durante el día ligada a la
disminución del aporte calórico
La secreción nocturna de GH es menor o desaparece
d) Glándula pineal
Los niveles nocturnos de melatonina son menores que en
los sujetos normales
e) Eje lactotropo
El perfil secretor de la prolactina está adelantado,
produciéndose la elevación nocturna desde el final de la tarde
La elevación nocturna es de menor amplitud que en el
sujeto normal
Alteraciones
neurofisiológicas
La investigación en esta área se
ha centrado en los hallazgos observados mediante técnicas como el EEG tradicional o el
EEG computarizado, los estudios de las fases del sueño y los estudios de potenciales
evocados.
Las alteraciones detectadas en relación con el sueño en la
depresión se han utilizado para estudios clínicos y terapéuticos. Por una parte, se han
empleado como técnicas diagnósticas (p.ej.; la disminución de latencia de los
movimientos oculares rápidos (LREM) se ha utilizado como marcador de depresión
endógena) y, por otra, como técnicas terapéuticas (p.ej.; la deprivación del sueño ha
sido empleada en el tratamiento de la depresión).
El estudio de las funciones neurofisiológicas ha aportado
algunos datos de interés en la investigación de los correlatos
clínico-neuropatológicos en presencia de lesiones del SNC. En diversos estudios se ha
encontrado que las lesiones del hemisferio izquierdo tienen tendencia a producir
trastornos de tipo depresivo. En cambio, las lesiones del lado derecho han sido asociadas
con el desarrollo de trastornos bipolares. Estos hallazgos están en la línea de la
hipótesis sobre lateralidad en la génesis de la depresión. Sin embargo, hay otros
estudios en los que no se han encontrado evidencias de lateralidad y los síntomas
depresivos se han relacionado con lesiones localizadas en la región frontal.
Factores psicológicos y/o psicosociales
Son numerosos los factores
psicológicos que han sido implicados en la etiopatogenia de la depresión, bien como
factores precipitantes, bien como factores de predisposición, bien como factores
determinantes en sujetos con vulnerabilidad, o bien como factores causales directos.
Asimismo, se han formulado teorías y modelos de depresión en función de muchos de estos
factores.
La pérdida objetal y el modelo
psicoanalítico
En 1912, Abraham publicó la
primera explicación psicoanalítica de la depresión, relacionándola con la represión
de los instintos (agresión dirigida hacia uno mismo).
En "Duelo y melancolía" (1917), Freud sugirió que
las pérdidas sufridas durante la primera infancia producen una introyección sobre el
objeto perdido. Según las palabras de Bemporad, autor que ha revisado ampliamente las
teorías psicoanalíticas, el proceso se resume del siguiente modo: "Cuando la
pérdida se produce en la edad adulta, la pérdida anterior y su correspondiente odio
hacia el objeto amado perdido durante la infancia se reactivan: no obstante, el objeto
perdido se ha convertido en parte de uno mismo, por lo cual el odio se dirige hacia uno
mismo que contiene lo introyectado. Este odio retrodirigido, junto al sentimiento de
pérdida, se manifiesta como una depresión".
A pesar del hecho de que Freud argumentó que esta teoría
tenía una aplicabilidad limitada y posteriormente la abandonó, este modelo sirvió de
base a muchos médicos, los cuales la generalizaron durante varias décadas. Otros autores
expandieron el modelo de depresión por la pérdida objetal recalcando la importancia de
la estrecha relación entre la madre y su hijo (u otra de similar importancia), donde su
ruptura establece el origen de las pérdidas "depresógenas" de los adultos.
En términos generales, los modelos psicodinámicos de la
depresión presentan muchos temas comunes, entre los que destacan: (1) relaciones
ambivalentes; (2) relaciones narcisistas; (3) impotencia y desesperanza; y (4) pérdida o
amenaza de pérdida durante la infancia.
Modelos cognitivos
En estos modelos se parte del
supuesto básico que ciertos procesos cognitivos desempeñan un papel fundamental en el
desarrollo de los trastornos depresivos. Se han distinguido tres grupos de modelos: (1)
Modelos que se basan en el paradigma del procesamiento de la información; (2) Modelos
cognitivos-sociales; y (3) Modelos cognitivos-conductuales.
Dentro del primer grupo el más conocido es el de Beck. Este
autor propuso que el defecto primario en la depresión estaba relacionado con la
cognición y que un estado de ánimo deprimido es una consecuencia, más que una causa, de
la alteración cognitiva que se produce en la depresión. La tríada cognitiva de Beck del
individuo deprimido son las visiones negativas de uno mismo, del entorno y del futuro. Uno
mismo se observa como inadecuado y defectuoso, y por lo tanto, inútil. Los individuos
deprimidos también interpretan de forma negativa las experiencias vitales y observan el
futuro como algo que no ofrece nada excepto fracaso y frustración. El modelo cognitivo
propone que las experiencias adversas precoces establecen conceptos negativos que se
retienen como "esquemas" que se reactivan mediante experiencias vitales
adversas, por lo cual producen depresión. Aunque Beck y sus colaboradores presentaron
"un apoyo empírico sustancial al modelo cognitivo de la depresión", todavía
es sólo un modelo. De una importancia práctica mayor es un tratamiento efectivo de la
depresión que se originó a partir de este modelo.
Los modelos cognitivos-sociales se desarrollaron en el
ámbito de la psicología social y han constituido los planteamientos teóricos que más
investigación han desarrollado.
Seligman (1975) observó que los perros expuestos
repetidamente a una serie de descargas eléctricas inevitables no escapaban posteriormente
de otra serie de descargas eléctricas aún cuando pudieran escapar. La incapacidad de
controlar la situación dolorosa conduce a un estado de retraimiento y abandono por
indefensión. Basándose en esas observaciones surgió el modelo depresivo por
indefensión aprendida, el cual postula que las experiencias pasadas de impotencia real
conducen a que el individuo se convenza de que las situaciones futuras no placenteras
también serán incontrolables, y por lo tanto, se responde a estas situaciones con
pasividad, resignación y aceptación depresiva.
Los modelos cognitivos-conductuales se centran en la
interacción persona-situación. El modelo de Rehm (1977) integra conceptos planteados por
Beck y Seligman y en el que un déficit en las conductas de autocontrol (factor de
vulnerabilidad) interactúa con la pérdida o ausencia de reforzadores externos (factor de
estrés) desencadenándose un episodio depresivo. Estos déficit surgen, según el autor,
del proceso de socialización de una persona y serian rasgos estables que podrían
detectarse previamente a la aparición del episodio depresivo.
Sucesos vitales
La mayoría de las teorías sobre
la depresión incorporan la presencia de sucesos vitales estresantes como factores que
predisponen a la depresión o a la manía o como episodios iniciadores por sí solos.
Paykel (1982) revisó exhaustivamente la presencia de pruebas que demostraban las
asociaciones entre los sucesos vitales y la depresión. Muchos estudios están repletos de
fallos de diseño como criterios diagnósticos imprecisos, imprecisiones en los estudios
retrospectivos (especialmente distorsionados por la misma depresión) y por la incapacidad
para determinar si los sucesos producen la enfermedad o si la enfermedad produce los
sucesos.
Sucesos vitales recientes
La mayoría de estudios que utilizan individuos sanos,
pacientes con trastornos orgánicos o pacientes psiquiátricos con otros tipos de
trastornos como controles, han hallado que los pacientes deprimidos refieren un mayor
número de sucesos vitales o más estrés vital durante períodos variables de tiempo
antes del desarrollo de los episodios depresivos. No obstante, se ha constatado que el
aumento de los sucesos vitales antes del inicio de la enfermedad no estaba sólo confinado
a la depresión, sino que también estaba presente en otros trastornos psiquiátricos como
en otros tipos de patología orgánica. En general, se piensa que los sucesos vitales
tienen un papel importante pero no decisivo en la causa de la depresión. En los estudios
que intentaron identificar qué tipos de sucesos se asocian de un modo particular con la
depresión, los resultados obtenidos señalaron, aunque de forma poco consistente, el
aumento de "muertes y separaciones interpersonales", "fracasos y
decepciones" y "argumentos y discordias con varias figuras interpersonales
importantes". No se halló una relación entre los sucesos vitales positivos y la
depresión. Globalmente, tal como Paykel (1982) observó: "la relación más fuerte
con la depresión se produce con una amplia gama de situaciones estresantes".
Los factores precipitantes de tipo psicosocial parecen tener
un gran impacto durante los primeros momentos del curso de un trastorno del estado de
ánimo. La mayoría de estudios, normalmente retrospectivos, han hallado que "o bien
se detectan más factores precipitantes psicosociales implicados durante el primer
episodio que en los posteriores episodios de un trastorno afectivo, o bien que él o los
factores precipitantes psicosociales tienen menor impacto sobre los episodios que se
produzcan con posterioridad a lo largo del curso de la enfermedad, tras muchas
recurrencias, que durante el episodio inicial".
Sucesos vitales tempranos o precoces
Las pérdidas durante la infancia
se han relacionado con un aumento de la vulnerabilidad a la depresión. Cuando se examinó
esta relación mediante estudios controlados sobre la desaparición precoz de un
progenitor a causa de su muerte, en cuatro de siete estudios se halló esta hipotética
relación al utilizar sujetos control obtenidos de la población general, en uno de cuatro
estudios que utilizaron como sujetos controles pacientes con enfermedades orgánicas y en
dos de nueve estudios que utilizaron pacientes psiquiátricos como sujetos control. Se
obtuvieron hallazgos similares en estudios controlados sobre la pérdida precoz de un
progenitor que no estuviese causada por la muerte de éste. Sin embargo, el papel de la
pérdida precoz como factor de riesgo para el desarrollo de una depresión posterior
parece estar menos establecido de lo que sugieren las creencias populares. Paykel (1982)
llegó a la conclusión de que "todos los hallazgos indican probablemente la
presencia de un efecto, pero aun en los estudios positivos, las diferencias son menores y
mucho menos impresionantes de lo que sugieren algunos trabajos de ciertos psicoanalistas o
que la magnitud de los efectos que se hallan en los estudios de los sucesos vitales
recientes". En contraste con los estudios realizados sobre los humanos, los estudios
sobre primates en marcos controlados han observado una repuesta de tipo depresivo más
consistente cuando se separa a las crías de sus madres. De forma característica, la
separación va seguida inicialmente por un estado de "protesta" agitada y
posteriormente por un estado de desesperación asociado con evitación social, reducción
del nivel de actividad y reducción de la ingesta de líquidos y de alimentos. En
cualquier caso, se ha señalado que la relación entre la separación y la
"depresión" en los animales de laboratorio es mucho más predecible que en los
experimentos naturalistas con humanos y se presta más a la realización de manipulaciones
conductuales y farmacológicas dirigidas a comprender la reacción y su respuesta al
tratamiento.
Personalidad y depresión
A lo largo de los años, muchos
autores han estudiado la relación entre la depresión y las características especiales
de la personalidad o rasgos del temperamento de las personas que padecen la enfermedad. En
este sentido se ha planteado que algunos pacientes presentan rasgos de personalidad
premórbida que en sentido amplio puede ser denominada personalidad predepresiva.
Tellenbach (1976) fue el autor que más detenidamente se
ocupó de esta cuestión; definió el llamado "Tipo melancólico" como
"aquel que, según nuestra experiencia demuestra, está constituido por una
estructura anímica especial con posibilidades de evolucionar hacia el campo gravitatorio
de la melancolía". Entre los rasgos que caracterizan a estos individuos destacó el
exagerado afán de orden: "La personalidad melancólica está firmemente fijada a una
actitud caracterizada por el orden, que no siempre se manifiesta en todos los sectores de
la existencia, pero si al menos en alguno que es esencial. Los que rodean al sujeto, tanto
en su hogar como en el ambiente profesional, aprecian dicho afán". Además, según
dice: "La vida laboral está completamente determinada por el hacer las cosas a
conciencia, el sentimiento del deber y la formalidad. El orden predomina también en
cuanto a las relaciones con los demás, sobre todo en la escrupulosidad, en ocasiones
incluso angustiosa con que se procura mantener el ambiente libre de perturbaciones, roces,
conflictos y, sobre todo, de lo culpable en todas sus modalidades"
Otro de los rasgos, según Tellenbach, que caracterizan a
este tipo de personalidad lo constituye el "ser-para-otros", entendiendo por
ello como el establecimiento de relaciones interpersonales en las que predomina el deseo
de ayudar, de servir y sacrificarse por los demás: "En las relaciones con respecto a
los superiores y los colegas prevalece la fidelidad, la voluntad de servicio y la
disposición a ayudar. Se respetan la autoridad y la jerarquía. La familia está ordenada
con arreglo a un modelo patriarcal. El ser-para-otros tiene aquí el carácter de apego,
de afán de sacrificarse y cuidar, de firme vinculación al cónyuge y especialmente a los
hijos".
Las características del tipo melancólico de Tellenbach
pueden resumirse en las siguientes: afán de orden, hiperadaptación, perfeccionismo,
obsesividad, moral estricta, inflexibilidad, inseguridad, influenciable, rigidez e
intolerancia, gran sentido del deber e hiperresponsabilidad, autoexigencia, devoción al
trabajo, pesimismo y dependencia de los demás.
Entre los rasgos premórbidos de la personalidad de los
sujetos que padecen depresión, Kraus (1977) destaca la exagerada adaptación a las normas
sociales, y que él denomina como hipernomia. La dependencia sumisa a los demás seria lo
más característico de la personalidad predepresiva según Pilowsky (1979). Para Forbes
(1972) las personalidades predepresivas se caracterizan por la tendencia a ser más
tristes, pesimistas, prudentes y conservadores.
Beck y cols. (1983) distinguen dos tipos de personalidad: la
"autónoma" y la "sociotrópica". En la primera existe una gran
independencia en todos los sentidos, pero sobre todo en cuanto a los lazos sociales, y la
tendencia a la autovaloración mediante sus propios logros, es decir, más basándose en
su propio criterio que en los demás. En la segunda, sin embargo, hay una elevada
dependencia de la opinión de los demás y la necesidad de un estrecho contacto social por
el que establecen importantes lazos de dependencia. La decantación del individuo hacia
uno u otro tipo, según este modelo, facilitaría la instauración de un trastorno
depresivo.
De todos modos, hay que señalar que tanto en el ámbito de
la investigación como en la práctica clínica, las relaciones entre personalidad y
depresión no han sido resueltas de forma definitiva.
Enfermedades médicas y/o físicas y depresión
La relación entre un trastorno
depresivo y las enfermedades somáticas pueden establecerse en función de los siguientes
modelos:
Reacción normal: La aparición de síntomas
depresivos en pacientes con una enfermedad somática grave como una reacción normal. Los
síntomas aparecen después de la enfermedad física y fluctúan de acuerdo con la fase de
gravedad de dicha enfermedad.
Coincidencia: La depresión puede preceder al
inicio de la enfermedad somática. Ambas, tanto la depresión como la enfermedad física
pueden empezar después de un grave suceso vital, tal como una pérdida familiar o
laboral. En estos casos hay que constatar que el trastorno psíquico no parece tener
relación con el trastorno somático, aunque complican el tratamiento de este último.
El trastorno psíquico puede ser responsable o
puede causar una enfermedad física: Aunque esta es una idea controvertida se ha
señalado que la supresión de la función inmune seria el mecanismo que podría explicar
esta situación. En cualquier caso, no hay evidencias convincentes para pensar que la
depresión puede desempeñar este papel etiológico en el desarrollo de una enfermedad
física.
La enfermedad física puede causar un trastorno
depresivo: Este tipo de relación es la que nos interesa en este apartado. En la
Tabla II se enumeran las enfermedades que más frecuentemente han sido asociadas como
causas de depresión.
Por lo general, se acepta que algunas condiciones médicas
pueden ser factores de riesgo e incluso factores etiológicos en el desarrollo de la
depresión. El significado de tales factores y su interrelación con otras variables
etiológicas permanece incierto.
Fármacos y/o sustancias y depresión
Del mismo modo que se ha
asociado la presencia de un trastorno depresivo con diferentes condiciones médicas,
también se ha encontrado que determinados tratamientos y la utilización de algunas
sustancias pueden ocasionar estos trastornos (Tabla II).
Tabla II
Enfermedades y medicamentos que pueden causar y/o inducir depresión |
Enfermedades
médicas |
Medicaciones y/o sustancias. |
Neurológicas
Demencia tipo Alzheimer
Enfermedad de Parkinson
Enfermedad de Wilson
Enfermedad de Huntington
Esclerosis Múltiple
ACVA
Hematoma subdural crónico
Lesiones ocupantes de espacio
Endocrinológicas
y Alteraciones Metabólicas
Hipo/hipertiroidismo
Hipo/hiperparatiroidismo
Hiponatremia
Hipopotasemia
Anemia perniciosa
Pelagra
Enfermedad de Cushing
Enfermedad de Addison
Hipogonadismo
Hipoglucemia y Diabetes Mellitus
Uremia
Síndrome de Wernicke-Korsakoff
Déficit de niacina, piridoxina, vitamina B12
y/o Acido fólico
Reumatológicas
Enfermedades
colágenas con afectación
vascular
Lupus Eritematoso sistémico (Lupus
cerebritis)
Artritis reumatoide
Infecciosas
Infección por VIH-1 (SIDA)
Encefalitis
Estados postencefalíticos
Tuberculosis
Mononucleosis infecciosa
Neurosifilis
Neumonía viral (fase postaguda)
Oncológicas
Carcinoma de páncreas
Tumores cerebrales
Otras
Encefalopatía hepática
Hipoxia
Enfermedades que producen
productos paraendocrinos:
broncogénicas
(ACTH), linfoma (PTH), hepatoma (insulina) y
de pulmon (IADH) |
Fármacos antihipertensivos
Propanolol
Reserpina
Alfametildopa
Antagonistas receptores H2
Cimetidina
Ranitidina
Agentes
quimioterapicos/Antineoplásicos
Vincristina
Vinblastina
Procarbazina
Interferon
Psicofármacos
Barbituricos
Neurolépticos
Benzodiacepinas
Sustancias de abuso
Alcohol
Anfetaminas
Cocaina
Opiaceos
Otros
Anticonceptivos orales
Antiepilépticos
Inhibidores de las prostaglandinas |
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