MENINGITIS
Exploraciones complementarias
Las exploraciones complementarias en esta patología
son fundamentales para confirmar la sospecha clínica de meningitis y para poder averiguar
su etiología. Estas pruebas pueden darnos estos dos datos de un modo rápido y sencillo,
como en el caso de que veamos las bacterias en el Gram de LCR, o bien puede ser que
establezcan el diagnóstico de meningitis pero debamos realizar muchas determinaciones
analíticas para poder saber su etiología como puede ocurrir en las meningitis crónicas.
Los diferentes tipos de meningitis van a tener una serie de
alteraciones diferentes según las distintas etiologías. Sin embargo, como su propio
nombre indica, meningitis significa inflamación de las cubiertas meníngeas y esto se
traduce en que existe un LCR inflamatorio. Por ello, la prueba fundamental para el
diagnóstico de una meningitis es el análisis bioquímico, microbiológico, citológico y
serológico del LCR (ver Tabla V). El resto de pruebas complementarias van a contribuir al
diagnóstico etiológico del proceso. Por ello hablaremos en primer lugar del modo de
obtención del LCR.
Punción lumbar
La actual técnica de punción lumbar (PL) no
difiere mucho de la originalmente descrita por Quincke en 1891. La función fundamental de
esta técnica es diagnóstica. Sin embargo, en la actualidad, también tiene indicaciones
terapéuticas como es la administración de quimioterapia o baclofén (tratamiento de la
espasticidad) intratecal, extracción de LCR en las hidrocefalias normotensivas o en el
pseudotumor cerebri y también se usa para la raquianestesia. En las meningitis, durante
la era preantibiótica, se realizaban extracciones de LCR para aliviar la hipertensión
intracraneal y los primeros intentos terapéuticos se realizaron mediante la infusión
intratecal de suero de caballo antimeningocócico (1913). La PL también se emplea como
complemento a las técnicas de neuroimagen. Así, se utilizó para la realización de
neumoencefalografías, ventriculografías, cisternografías isotópicas y mielografías.
Con la aparición de la tomografía axial computadorizada (TAC) y fundamentalmente de la
resonancia magnética (RM), la PL ha quedado relegada a determinadas técnicas como es la
Mielo-TAC o la mielografía. Ésta se utiliza casi exclusivamente en determinadas
situaciones urgentes de mielopatía aguda donde no se puede realizar una RM y la
mielografía puede diagnosticar un proceso compresivo medular que requiera una
intervención neuroquirúrgica urgente.
Indicaciones. Hoy en día la PL tiene como indicación
fundamental el estudio del LCR como método diagnóstico en diversas enfermedades
neurológicas. Entre éstas, las meningitis constituyen su indicación principal con el
importante factor sobreañadido de que la vida de un paciente puede depender de la
precocidad con que se realice esta técnica. La especificidad y sensibilidad de la
técnica varía con las diferentes patologías. Así, sabemos que tiene una alta
sensibilidad y especificidad en las meningitis bacterianas, tuberculosas y fúngicas.
Entre las patologías en que el estudio del LCR tiene una alta sensibilidad pero una
moderada especificidad figuran la esclerosis múltiple, meningitis virales, abscesos
paraespinales y polirradiculopatías inflamatorias. En cambio, las meningitis
carcinomatosas tienen una alta especificidad pero una baja sensibilidad. Otra de las
indicaciones importantes de la PL es la hemorragia subaracnoidea. Hoy en día, este
proceso se diagnostica en la sala de urgencias con la TAC. Sin embargo, entre un 5-10 por
ciento de las hemorragias subaracnoideas pueden no verse en la TAC y sí las detectaremos
con el estudio de LCR, que será hemático o xantocrómico.
TABLA 5
VALORES DEL LCR NORMAL Y EN LAS MENINGITIS |
| |
NORMAL |
BACTERIANA |
VIRAL |
TBC/HONGOS |
| LEUCOCITOS (CELS/MM3) |
0-5 |
>1000 |
50-1000 |
100-500 |
| PMN (%) |
0-45
|
90 |
<50 |
<50 |
| GLUCOSA (mg/dl) |
45-65 |
<40 |
45-65 |
30-45 |
| PROTEÍNAS (mg/dl) |
20-45 |
>150 |
50-100 |
100-500 |
Técnica. En primer lugar, se debe explicar
al paciente en qué consiste la técnica, para que se hace y los posibles riesgos. El
paciente o la familia deberán firmar un consentimiento informado especialmente en
aquellos casos donde la PL tenga mayor riesgo como pueden ser todas aquéllas que se
realizan en situaciones de urgencia. En primer lugar, debemos realizar una determinación
de la glucemia para posteriormente poder hacer una interpretación correcta de la
glucorraquia. Debemos colocar al paciente en decúbito lateral, con las rodillas
flexionadas sobre el pecho y la espalda perfectamente cuadrada. La cabeza debe flexionarse
ligeramente. Los médicos diestros deberán colocar al paciente sobre su lado izquierdo y
los zurdos sobre el derecho. Es importante que se realice sobre un plano duro con el fin
de evitar que la columna vertebral esté arqueada. Si no podemos tumbar al paciente
también se puede realizar sentada, que es la posición habitual en los niños. Sin
embargo, esta posición presenta dificultades para interpretar las medidas de presión.
Una vez colocado el paciente, procederemos a la desinfección con
povidona iodada en círculos concéntricos y, posteriormente, esa área será limpiada con
alcohol, quitando todo la povidona iodada que es un irritante meningeo. A continuación,
usaremos un trocar específico para PL del número 20, o en su defecto del 22. Si vamos a
medir presión de salida de LCR, deberemos tener preparado un manómetro que se conecte a
la aguja de PL. Todo el proceso se deberá realizar en condiciones de asepsia.
Con todo ya preparado, deberemos introducir la aguja en el espacio
intervertebral L3-L4, pudiendo también utilizarse L4-L5 o L5-S1 (siendo éste más
difícil). La médula espinal acaba en un 90 por ciento de individuos en L1, pero en
algunos puede llegar a extenderse hasta L3. Como referencias óseas para poder saber donde
está el espacio adecuado, deberemos palpar la cresta iliaca que nos indica la altura
aproximada del espacio L3-L4. La aguja se debe introducir entre las dos apófisis
espinosas, generalmente inmediatamente por debajo de la apófisis espinosa de la vértebra
superior, paralela al suelo y con una dirección aproximada que apunte hacia el ombligo
del paciente. Es importante fijarse en cómo introducimos el bisel de la aguja, que
deberá estar mirando hacia arriba con el fin de separar las fibras de la duramadre y no
desgarrarlas, con lo que disminuirá la incidencia de cefalea postpunción. La aguja debe
introducirse lentamente, parando cada 3-4 mm y extrayendo el fiador para comprobar que no
hemos entrado en el espacio subaracnoideo. Una vez atravesado el ligamento amarillo,
procederemos a la medición de la presión de salida del LCR, posteriormente, obtendremos
las muestras de LCR en diferentes tubos estériles y finalmente mediremos la presión de
cierre. Luego, retiraremos la aguja de un modo más o menos rápido y procederemos a la
aplicación de antisépticos locales. Si la PL no ha tenido éxito en el primer intento se
deberá retirar la aguja despacio hasta prácticamente la superficie cutánea y desde
allí redirigirla. La causa más frecuente de PL traumática es la introducción demasiado
profunda de la aguja que entonces pinchará el plexo venoso que hay anterior a la médula.
Actualmente, en los servicios de Urgencias y en las plantas de
hospitalización trabajan equipos de facultativos compuestos por médicos de plantillas y
residentes. La PL es una técnica relativamente sencilla en manos expertas y bastante
complicada en médicos sin experiencia. Por ello, debe seleccionarse qué punciones tienen
una importancia fundamental de aquéllas otras que tienen un papel menos importante en el
diagnóstico del proceso. Así, aquellas PL que vayan a descartar una infección meníngea
o una hemorragia subaracnoidea deberán realizarse por el médico que mayor experiencia o
destreza tenga en ese momento en el hospital o en el servicio. No es infrecuente que se
obtenga un LCR hemático que no se sabe si es procedente de una punción traumática o es
una verdadera hemorragia. Además, es una técnica dolorosa que requiere la colaboración
del paciente y tras varios intentos fallidos es frecuente que el paciente no colabore lo
necesario y ponga las cosas todavía más difíciles. Por ello las PL menos importantes de
cara a un diagnóstico son las que deben usarse para el aprendizaje en dicha técnica.
Contraindicaciones. La única contraindicación absoluta
que existe es la infección cutánea y de tejidos profundos de la región lumbar. Aunque
hay casos descritos de meningitis producidas por una PL durante una bacteriemia esto es
altamente infrecuente y no debe ser considerado como una contraindicación. Existen una
serie de contraindicaciones relativas:
- Hipertensión intracraneal: la presencia de papiledema u otros
signos que sugieran que hay un aumento de la presión intracraneal, especialmente si
además hay signos focales, obligan a la realización de un TAC craneal previo. Con ello
podremos descartar la presencia de lesiones ocupantes de espacio o fenómenos obstructivos
del LCR que puedan desencadenar una herniación transtentorial o a través del foramen
magno si realizamos la PL. En general, con la amplia difusión del TAC en nuestros
hospitales, esta técnica se ha convertido en rutinaria y probablemente debería
realizarse previo a una PL en todo paciente con sospecha de patología intracraneal
siempre que no demore en exceso la PL.
- Alteraciones de la coagulación: la plaquetopenia inferior a
50.000 o la toma de anticoagulantes pueden hacer que se produzca un sangrado en el LCR o
un hematoma epidural espinal tras una PL en un 20 por ciento de los casos. Por ello, si la
PL es necesaria, y tenemos alguna de estas alteraciones hematológicas, debemos
corregirlas antes de la realización de la PL. Este punto es especialmente importante en
la meningitis meningocócica, ya que puede cursar como una sepsis con coagulopatía de
consumo.
Complicaciones. El riesgo estimado de síntomas permanentes
tras una PL está entre el 0.19 y el 0.43 por ciento. La mayoría de las complicaciones
graves como infecciones o enclavamientos se pueden evitar fácilmente si se tienen en
cuenta las indicaciones y las contraindicaciones ya reseñadas.
La complicación más frecuente es la presencia de cefalea
postpunción. Su incidencia varia según las series, pero se estima que oscila entre el
15-30 por ciento. Esta complicación se debe a la fuga de LCR por el agujero de la PL que
conduce a un estado de hipotensión licuoral. Por ello, cuando el paciente se sienta o se
pone de píe se produce un descenso del encéfalo que a su vez estira estructuras
vasculares y durales que tienen receptores nociceptivos. La cefalea aparece entre dos
días y 10 días después de la PL. Tiene un carácter sordo y típicamente aparece con la
bipedestación, desapareciendo con el decúbito. Se localiza en la zona frontal u
occipital y puede acompañarse de náuseas, vómitos, visión borrosa y dolores cervicales
y en otros lugares del raquis. Suele desaparecer en 3-4 días tras guardar reposo en cama,
procurando mantener una ingesta hídrica abundante. En ocasiones, se prolonga más y puede
ser necesario el uso de parches de sangre que cierren la fístula creada con la aguja de
punción. Es importante tener en cuenta esta complicación para no confundirla con un
empeoramiento clínico en una meningitis.
Otras complicaciones son la presencia de dolor radicular secundario
a la irritación de alguna raíz y dolor lumbar. La implantación de tumores epidérmicos
como consecuencia de PL es una rara complicación (14).
Como ya hemos referido anteriormente las meningitis se pueden
clasificar atendiendo a su curso temporal en agudas y subagudas/crónicas. Seguiremos esta
clasificación para el estudio de las pruebas complementarias
Meningitis Agudas
LCR
A) Presión de apertura: éste debe
ser el primer paso en el análisis del LCR, pues la presencia de hipertensión
intracraneal es importante en el manejo del paciente. La presión normal es inferior a 180
mm de agua. En las meningitis bacterianas la presión oscila entre 200-500 mm de agua. Las
meningitis virales suelen tener una presión normal.
B) Aspecto del LCR: se dice clásicamente que el LCR es
claro como el agua de roca. Toda alteración del color es patológica. Así el LCR aparece
turbio cuando tenemos más de 200 leucocitos/mm3, más de 400 hematíes/ mm3 o aumento de
proteínas mayor de 150 mg/dl. En las meningitis virales el LCR suele tener un aspecto
normal o ligeramente turbio. En cambio, en las meningitis bacterianas el aspecto es turbio
por el importante aumento de células y proteínas. Cuando el número de leucocitos es muy
alto el LCR puede parecerse al pus.
C) Glucosa: la glucorraquia normal es mayor de 45 mg/dl
aunque siempre debemos tener en cuenta la glucemia. Así, la relación glucosaLCR/glucosa
suero debe ser 0.6 aproximadamente. Las meningitis virales no producen descenso de la
glucosa. Las bacterianas cursan con hipoglucorraquia en el 70 por ciento de los casos y no
es infrecuente ver casos donde la glucorraquia es de 0 mg/dl.
D) Proteinorraquia: los niveles de proteínas en LCR
aumentan en todas las patologías que producen una ruptura de la barrera
hematoencefálica. Este fenómeno se produce en todas las meningitis dado que se produce
una inflamación del espacio subaracnoideo con paso de leucocitos y proteínas del suero
al LCR. En las meningitis virales el aumento de proteínas suele ser discreto y en raras
ocasiones supera los 100 mg/dl. Por ello, cifras de proteínas mayores de 100 mg/dl en LCR
deben hacernos desconfiar del diagnóstico de meningitis aguda viral. Las meningitis
bacterianas producen un importante daño de la barrera hematoencefálica con cifras de
proteínas de hasta varios gramos.
E) Leucocitos: en condiciones normales el LCR tiene entre
0-5 células mononucleares por mm3 (linfocitos o monocitos). Las meningitis virales
producen una pleocitosis moderada de claro predominio mononuclear y que raramente superan
la cifra de 1000 cels/ mm3. Al principio puede haber un predominio de polimorfonucleares
que en pocas horas pasa hacia linfocitos. En el 90 por ciento de las meningitis
bacterianas hay una pleocitosis mayor de 100 céls/ mm3 y en el 65-70 por ciento de los
casos es mayor de 1000 céls/ mm3. Existe un claro predominio de polimorfonucleares aunque
en algún caso predominan los linfocitos al principio y en especial en aquellos casos con
pleocitosis inferior a 1.000 céls/mm3.
F) Tinción de Gram: esta tinción nos permite tener un
rápido diagnóstico en las meningitis bacterianas. Su positividad depende del número de
bacterias que existan en el LCR. En general, tiene una sensibilidad del 60-70 por ciento
en casos no tratados. Si es positiva podremos orientar el diagnóstico etiológico
teniendo en cuenta la edad del paciente y los factores epidemiológicos:
- Cocos Gram +: neumococo.
- Diplococos Gram -: meningococo.
- Bacilos Gram -: Haemophilus influenzae.
Lógicamente las meningitis virales siempre tienen una tinción de
Gram negativa.
G) Cultivo en aerobiosis: una correcta identificación del
germen requiere al menos 48 horas de incubación. El cultivo es positivo en el 80 por
ciento de las meningitis bacterianas. Estos cultivos en las fases iniciales de la
meningococemia pueden ser positivos aunque el resto de parámetros bioquímicos del LCR
sean normales. Los cultivos pueden ser negativos en las llamadas meningitis decapitadas
donde el paciente ha recibido antibióticos en los días previos a la PL. Este hecho es
muy importante antes de poder decir que una meningitis es aséptica.
H) Cultivos virales: se realizan en tejidos y tienen una
sensibilidad baja. Así, para los enterovirus la sensibilidad es del 65 por ciento.
Además, se tarda de 7 a 9 días en tener los resultados, lo que hace que sea una técnica
cada vez menos utilizada.
J) Reacción en cadena de la polimerasa (PCR): es la
técnica que está desplazando a la anterior. Consiste en la detección del RNA o DNA
viral en el LCR. Su sensibilidad se acerca al 95 por ciento.
Analítica
A) Elemental: podemos detectar leucocitosis
con desviación izquierda en las bacterianas. Las meningitis virales no suelen tener
alteraciones en la forma leucocitaria. No suele haber alteraciones en los parámetros
bioquímicos. La hemostasia debe vigilarse antes de realizar la PL, sobre todo si estamos
pensando en una meningitis bacteriana, ya que la meningitis meningocócica puede cursar
con una coagulación intravascular diseminada.
B) Estudios microbiológicos: los hemocultivos obtenidos de un modo
seriado antes del inicio del tratamiento antibiótico pueden dar el diagnóstico
etiológico si falla el cultivo del LCR.
Neuroimagen
La TAC craneal en la fase inicial puede
mostrar ciertas alteraciones como son captación de contraste de las meninges, aumento de
tamaño de las cisternas basales secundario al cúmulo de exudado purulento en las
cisternas basales y sobre la convexidad. Sin embargo, estos datos contribuyen muy poco al
diagnóstico. Su función es más bien descartar otros procesos y posteriormente vigilar
posibles complicaciones que surjan en la evolución de la enfermedad.
Las causas más frecuentes de fiebre prolongada en pacientes con
meningitis bacterianas son efusiones subdurales, fiebre medicamentosa, arteritis o
neumonía concomitante. Hasta un 10 por ciento de las meningitis bacterianas tienen fiebre
hasta más de 10 días después de haberse iniciado el tratamiento antibiótico apropiado.
En un 25 por ciento de los casos la fiebre se ha atribuido a efusiones subdurales. Ésta
es una complicación relativamente frecuente, habiendo sido descrita en un 30-50 por
ciento de los casos en niños. Pero sólo una minoría son clínicamente significativos.
En la mayoría de los casos el líquido del espacio subdural es estéril y se reabsorbe
cuando desaparecen los fenómenos inflamatorios. Cuando esta efusión subdural es visible
en la TAC en un paciente con fiebre prolongada, existe la posibilidad de que se haya
formado un absceso subdural. Éstos se ven como una colección hipodensa respecto al
parénquima nervioso e isodenso respecto al LCR y que tiene una forma de semiluna. Pueden
ser bilaterales y tienen efecto masa pudiendo desplazar estructuras. Los abscesos
subdurales captan contraste, hecho infrecuente si sólo se trata de una efusión subdural.
Otra complicación habitual es la presencia de alteración del nivel
de conciencia prolongada o progresiva. Entonces debemos considerar la existencia de
hipertensión intracraneal secundaria a edema cerebral difuso o bien a hidrocefalia
comunicante. El edema cerebral tiene una serie de características en la TAC:
- Pérdida de la diferenciación entre sustancia gris y blanca.
- Disminución del tamaño ventricular.
- Pérdida de los surcos corticales.
- Desaparición de las cisternas perimesencefálicas, supraselar o
cuadrigeminales.
La hidrocefalia comunicante consiste en un aumento del tamaño de
todo el sistema ventricular, incluyendo el cuarto ventrículo. Se ven hipodensidades
periventriculares en las astas frontales que traducen paso transependimario de LCR desde
los ventrículos al parénquima cerebral. Se debe a un bloqueo de los mecanismos de
reabsorción del LCR.
La presencia de signos focales o el desarrollo de crisis comiciales
durante la evolución constituyen indicación de hacer una TAC. La causa de estos hechos
puede ser una cerebritis, infarto cortical, absceso cerebral o absceso subdural. Las
áreas de cerebritis pueden no verse en la TAC. Cuando se ven, son zonas hipodensas que
captan contraste de modo poco homogéneo. Según se desarrolla el absceso cerebral veremos
una zona central hipodensa formada por tejido necrótico rodeado por una cápsula que
capta contraste de modo intenso en anillo, rodeado de una zona de edema.
Los infartos corticales son consecuencia de la presencia de
vasculitis de pequeñas arterias corticales. Veremos una zona hipodensa cortical en cuña
que corresponde a un determinado territorio vascular y que capta contraste. Si afecta a
las arterias perforantes veremos lesiones isquémicas en los ganglios basales. La TAC
puede ser inicialmente normal.
La Resonancia Magnética (RM) es también útil en el diagnóstico
de las complicaciones bacterianas. Es bastante más sensible en muchas de estas
complicaciones como en la cerebritis, infartos corticales o empiemas subdurales. Sin
embargo, su utilización viene limitada por las grandes dificultades que presenta su
realización en pacientes críticos.
Las meningitis virales cursan sin anomalías en las técnicas de
neuroimagen, salvo en aquéllas en las que coexista cierto componente encefalítico. En
esos casos, veremos en la RM zonas hiperintensas en T2. En la meningoencefalitis
herpética las áreas que se afectan son los lóbulos temporales y la porción orbitaria
del lóbulo frontal.
Meningitis subagudas/crónicas
Como ya mencionamos anteriormente éste es un
grupo heterogéneo de procesos que comparten las características de cursar con
inflamación meningea como manifestación principal del proceso y que se instaura en un
plazo de pocas semanas a varios meses. En ellas, debemos incluir tanto procesos
infecciosos como no infecciosos. Por todo ello, las exploraciones complementarias son
fundamentales para el diagnóstico y tratamiento del proceso. Dada la amplia variedad de
patologías describiremos las alteraciones en las pruebas complementarias en cada una de
ellas por separado.
Meningitis tuberculosa
LCR
Cursa con hipertensión intracraneal en el 50 por ciento de los
adultos y entre el 40-75 por ciento en niños. Si existe un bloqueo espinal la medición
de la presión puede estar artefactada y dar anormalmente baja. El LCR tiene un aspecto
claro, turbio o xantocrómico si la hiperproteinorraquia es importante. La glucorraquia
suele estar ligeramente descendida, con valores en torno a 40 mg/dl. Además, su valor se
correlaciona con el estadio de la enfermedad, cuanto más baja esté, más tiempo de
evolución lleva el proceso. Las proteínas están casi siempre elevadas con unos valores
que suelen oscilar entre 150-200 mg/dl. Existe una moderada pleocitosis que suele oscilar
entre 200-300 células de predominio mononuclear. Al inicio del proceso las células
pueden ser polimorfonucleares y mononucleares, para posteriormente sólo existir
linfocitos. Pueden verse eosinófilos. Es raro que haya más de 1000 células/mm3.
La identificación del bacilo tuberculoso en el LCR siempre ha sido
muy complicado. Esto es debido al escaso número de micobacterias que produce la
enfermedad. En la mayoría de las series sólo se consigue identificar las micobacterias
en un 25 por ciento de los casos. Para aumentar este porcentaje se recomienda enviar entre
3 y 4 muestras de LCR por paciente. El cultivo positivo establece el diagnóstico, sin
embargo, el número de falsos negativos es muy importante acercándose al 50 por ciento.
Por ello, el diagnóstico de una meningitis tuberculosa se suele hacer cuando tenemos unos
datos clínicos y unos datos del LCR compatibles, un PPD positivo, evidencia de
tuberculosis en otro sitio del organismo y una buena respuesta terapéutica. Otro gran
inconveniente es que el tiempo mínimo de incubación del cultivo es de varias semanas,
para poder decir si ha sido negativo o positivo. Por ello, los clínicos suelen comenzar
tratamiento empírico precoz, lo que dificulta el envío de muestra seriadas de LCR que
aumentarían el número de cultivos positivos.
La determinación de la enzima Adenosín Deaminasa (ADA) en LCR es
importante. Está aumentada de modo considerable en las meningitis tuberculosas. También
aumenta en otros fluidos corporales como líquido ascítico, pleural o pericárdico cuando
hay infección tuberculosa en dichos lugares. El ADA también aumenta en meningitis
bacterianas y en algunas virales en niños.
La última técnica que ha aparecido en el diagnóstico de las
meningitis tuberculosas es la PCR en LCR. Esta técnica tiene una buena sensibilidad pero
el número de falsos positivos se acerca 3-20 por ciento según diversos laboratorios.
Neuroimagen
TAC.- solamente un 25 por ciento de las TAC realizadas al inicio de
la enfermedad son normales. Previo a la administración de contraste podemos ver
dilatación ventricular por hidrocefalia o hipodensidades por infartos cerebrales por
vasculitis. Tras la administración de contraste intravenoso es frecuente ver captación
meningea a nivel de cisternas basales, cisura de Silvio y alrededor del tronco. Estos
datos también pueden verse en otras meningitis como las bacterianas o fúngicas y en la
sarcoidosis.
RM.- es más sensible que la anterior con lo que podemos ver todas
las alteraciones anteriores con una mejor resolución. Además, se puede ver como los
pares craneales afectados están engrosados y captan contraste. La angioresonancia permite
ver zonas de vasculitis y en ocasiones puede detectar la rara complicación de la
presencia de un aneurisma en una arteria afectada.
Meningitis por espiroquetas
Meningitis sifilítica
La infección por sífilis produce unas alteraciones bioquímicas
del LCR inespecíficas como son una pleocitosis linfocitaria entre 100-300 cels/mm3 y una
hiperproteinorraquia (60-200 mg/dl). Podemos encontrar producción intratecal de IgG con
aumento de su cantidad y con la presencia de bandas oligoclonales.
El diagnóstico de neurosífilis se establece con las pruebas
serológicas en LCR. Es importante que la PL no sea traumática para evitar la
contaminación con anticuerpos del suero que puedan dar falsos positivos. Estos tests son
de dos tipos:
1- Reagínicos o no treponémicos: el más utilizado es el VDRL
aunque también puede usarse el RPR. El VDRL en LCR tiene una alta especificidad con una
tasa muy baja de falsos positivos. En cambio la sensibilidad es menor, detectándose en
algunas series un tercio de falsos negativos. Si es positivo en LCR es prácticamente
diagnóstico de neurosífilis, si sólo es positivo en suero indica exposición al
treponema palidum en el pasado, pero no es diagnóstico de neurosífilis.
2- No reagínicos o treponémicos: el más utilizado es el FTA.
Estos tests son más sensibles que los anteriores y deben realizarse en aquellos casos que
sospechemos un falso negativo del VDRL.
El cultivo de la espiroqueta sifilítica no es posible. Por ello,
durante mucho tiempo se ha usado la técnica de inoculación de LCR en testículo de
conejo. Esta técnica es cara y tarda tres meses en dar evidencia de infección. En
laboratorios especializados se puede realizar PCR para detectar material genético en LCR
que pueda dar el diagnóstico precoz.
Enfermedad de Lyme
El diagnóstico de esta enfermedad se realiza con los tests
serológicos en suero y LCR, dado que los hallazgo bioquímicos del LCR son
inespecíficos.
- Tests en suero: la mayoría de los pacientes con manifestaciones
neurológicas tienen anticuerpos específicos frente a Borrelia burgdorferi. Actualmente,
se utiliza para la detección de estos anticuerpos técnicas de ELISA que son más
sensibles y específicas que las de inmunofluorescencia. Se puede detectar IgM entre las
2-4 semanas desde el comienzo de la infección, el pico aparece entre las 3-6 semanas para
posteriormente ir desapareciendo lentamente, pudiendo permanecer elevados meses o años.
Las IgG comienzan a parecer entre 3-6 semanas desde iniciado el proceso, alcanzan el pico
unos meses después y permanecen elevados durante mucho tiempo. Conociendo el curso
temporal de la enfermedad, cuando un paciente tiene sintomatología neurológica los
títulos de IgG están elevados mientras que los de IgM puede que si lo estén, pero lo
más frecuente es que estén normales. Existen falsos positivos como ocurre en aquellos
pacientes con infecciones por otras espiroquetas, artritis reumatoíde, endocarditis
bacteriana, meningitis tuberculosa o con fiebre de las Montañas Rocosas.
- Tests serológicos en LCR: podemos detectar anticuerpos
específicos frente a Borrelia en LCR, incluso con tests en sueros negativos. Estos
anticuerpos son positivos hasta en un 90 por ciento de los pacientes con manifestaciones
neurológicas.
Meningitis por hongos
La mayoría tienen una pleocitosis de
predominio mononuclear que suele oscilar entre 20-500 células /mm3. Puede haber
polimorfonucleares pero es muy raro que superen el 50 por ciento. Algunos pacientes con
meningitis criptocócica y con sida o en tratamiento con altas dosis de corticoides pueden
tener una mínima pleocitosis en LCR o incluso ser normal. Las proteínas generalmente
están elevadas (en torno a 100 mg/dl) y la glucosa descendida aunque puede ser normal.
El estudio microbiológico del LCR debe iniciarse con la tinción de
la tinta china que puede detectar hasta un 50 por ciento de las meningitis criptocócicas.
Los cultivos para hongos en LCR no siempre son positivos. El hongo que mejor crece es el
criptococo neoformans que lo hace en torno al 75 por ciento de las veces, subiendo hasta
el 95 por ciento en pacientes con sida. Es importante mandar grandes cantidades de LCR
para cultivo dado el bajo número de hongos existente. La cándida puede detectarse en
unos pocos días desde que se procesó la muestra. El criptococo puede tardar entre 3-10
días en crecer.
La detección del antígeno criptocócico en suero y LCR es una
prueba de gran utilidad en la meningitis criptocócica. Tiene una alta sensibilidad y
especificidad además de ser una técnica rápida.
Meningitis
carcinomatosas
El examen citológico del LCR es el método
fundamental para el diagnóstico. Se estima que tiene una sensibilidad del 50 por ciento
para el primer análisis del líquido, aumentando al 75 por ciento y 85 por ciento con una
segunda y tercera muestra respectivamente. Las proteínas pueden llegar a estar muy
aumentadas, incluso produciendo un bloqueo espinal. La glucosa puede ser normal o más
frecuentemente puede descender por consumo de la misma por las células neoplásicas. Sin
embargo, las técnicas de imagen constituyen una importante ayuda para el diagnóstico
así como para el seguimiento y la exclusión de otras patologías. Entre un 33 y un 66
por ciento de los pacientes con meningitis carcinomatosa demostrada, tienen hallazgos
anormales en la RM. A pesar de la mayor sensibilidad de la RM con gadolinio, la TAC es
útil para evidenciar la afectación meningea, siendo hallazgos típicos la presencia de
hidrocefalia comunicante y la captación anómala de contraste en las paredes
ventriculares, cisuras silvianas, surcos corticales y cisternas subaracnoideas y tentorio.
En la cola de caballo la RM con gadolinio puede detectar implantes nodulares en las
diversas raíces.
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