MENINGITIS
Clínica
Las manifestaciones clínicas más frecuentes de una
meningitis son cefalea asociada a síndrome meníngeo y fiebre. La cefalea que es bastante
intensa es frecuentemente frontal o retroorbitaria. Esta triada se puede acompañar de
fotofobia, náuseas o sensación de malestar general. La presencia de fiebre sugiere causa
infecciosa. Los síntomas de afectación grave sugieren infección bacteriana más que
viral. Las características clínicas son más acusadas en las formas agudas de meningitis
que en las formas crónicas. Sin embargo, la edad del paciente, los factores
predisponentes y la etiología de la meningitis condicionan la forma de presentación y la
evolución de esta enfermedad.
Desde el punto de vista clínico las meningitis pueden clasificarse
en:
Meningitis agudas
El tiempo de evolución varía de unas horas a un máximo de 7
días. Se dividen en:
Meningitis aguda bacteriana.
Meningitis aguda aséptica.
Meningitis subagudas-crónicas
Los episodios duran más de siete días (subagudas) o de cuatro
semanas (crónicas). Se clasifican en:
Meningitis infecciosas (tuberculosis, hongos, lúes
)
Meningitis no infecciosas: (sarcoidosis, carcinomatosa,
vasculitis
).
Meningitis recurrentes
Se las incluye frecuentemente también en el grupo de las meningitis
crónicas por ser episodios recidivantes de meningitis. En el intervalo intercrisis los
pacientes están asintomáticos.
Meningitis agudas
Meningitis bacteriana
aguda
Aunque potencialmente cualquier bacteria puede
ser un patógeno meningeo, más del 80 por ciento de las meningitis purulentas son
causadas por tres especies: Neisseriae meningitidis, Streptococcus pneumoniae y
Haemophilus influenzae.
La mayoría de los pacientes con meningitis causada por uno de estos
gérmenes tiene un curso agudo de su enfermedad, con instauración rápida de cefalea,
síndrome meníngeo y fiebre. Estas manifestaciones ocurren en el 85 por ciento de los
casos.
Los pacientes, al principio, suelen presentar síntomas y signos de
infección del tracto respiratorio superior con astenia o artromialgias pero, a
continuación, se hacen patentes los signos y síntomas de la infección meningea:
La cefalea es muy intensa, holocraneal o localizada, aumenta
con los movimientos y suele asociar náuseas, vómitos, foto y fonofobia.
La rigidez de nuca (rigidez pasiva a la flexión del cuello)
y los signos meníngeos se hacen manifiestos en un tiempo que varía de una hora a varios
días. Los signos meníngeos más frecuentes son el signo de Kernig (flexión espontánea
de la rodilla al intentar extender la rodilla con el paciente tumbado) y el signo de
Brudzinski: (flexión involuntaria de las rodillas al intentar flexionar el cuello). Sin
embargo, estos signos pueden estar ausentes hasta en un 50 por ciento de los casos.
La fiebre es un hallazgo casi constante.
Además puede haber:
Trastornos del nivel de conciencia (80 por ciento de los
casos), incluso desde el comienzo de los síntomas, que en ocasiones evoluciona hasta el
coma.
Signos neurológicos focales por inflamación y trombosis de
vasos en el espacio subaracnoideo.
Crisis epilépticas debidas casi siempre a isquemia cerebral.
Ocurren en el 40 por ciento de los casos.
La afectación de pares craneales aparece en el 10-20 por
ciento de los pacientes. Se produce por inflamación del espacio subaracnoideo o como
signo de hipertensión intracraneal.
El papiledema es raro (<1 por ciento) sobre todo en fases
iniciales y debe sugerir un diagnóstico alternativo.
La sospecha clínica de meningitis es relativamente fácil (6)
cuando están presentes varios o todos estos signos y síntomas, pero en algunos casos,
las manifestaciones clínicas son atípicas y muy poco sugestivas de afectación
meníngea. Esto es particularmente importante en las edades extremas de la vida y en
pacientes inmunodeprimidos. En cualquier caso, la meningitis aguda bacteriana es una
urgencia médica y, por lo tanto, es fundamental reconocer posibles manifestaciones de la
enfermedad que ayuden a hacer un diagnóstico precoz.
La edad es un factor muy importante a la hora de evaluar los
síntomas y signos de una meningitis bacteriana, por lo que repasaremos las
manifestaciones más frecuentes por grupos de edad.
Recién nacidos y niños menores de seis años
En recién nacidos las meningitis se producen asociadas a sepsis
neonatal y las manifestaciones típicas de la meningitis pueden ser muy larvadas o,
incluso, inaparentes, apareciendo sólo irritabilidad, rechazo del alimento o apatía. Son
factores de riesgo la prematuridad, la ruptura prematura de membranas o la infección
materna. Casi todas las meningitis purulentas se manifiestan de forma similar sea cual sea
su etiología. El cuadro clínico aparece, habitualmente, de manera muy brusca. Cuando la
meningitis se ha constituido plenamente aparecen diferentes signos y síntomas que pueden
ser esquematizados como:
a) Síndrome infeccioso general: fiebre elevada con escalofríos,
afectación del estado general, anorexia
b) Signos y síntomas de hipertensión intracraneal: cefalea,
vómitos en escopetazo y menos constantemente estreñimiento y taquicardia. Esta
hipertensión intracraneal es determinante de un signo clínico de gran importancia
diagnóstica que es el abombamiento de la fontanela. Cuando el abombamiento de la
fontanela coincide con vómitos adquiere aún mayor importancia ya que, normalmente,
cuando un lactante vomita, la fontanela se deprime o permanece normotensa por la
deshidratación que puede originar. En las meningitis ocurre lo contrario: la fontanela se
abomba por el aumento de presión intracraneal.
c) Síndrome meníngeo: en los niños casi siempre hay rigidez de
nuca y positividad de signos meníngeos pero en los neonatos el meningismo casi siempre
está ausente.
d) Alteraciones neurológicas: alteración del nivel de conciencia
con somnolencia y tendencia al sueño, las convulsiones generalizadas o no, son un
acontecimiento frecuente. La parálisis de pares craneales es un hallazgo excepcional.
e) Afectación cutánea: el síntoma más frecuente es el
dermografismo. Sin embargo, hay que recordar las petequias y las subfusiones hemorrágicas
que aparecen en la mayor parte de las meningococemias.
No obstante, hay que tener siempre presente que en recién nacidos y
niños, (sobre todo en los recién nacidos) la exploración física, a veces, no es tan
florida como se ha descrito y la rigidez de nuca y la fiebre están frecuentemente
ausentes (a veces, incluso, existe hipotermia) y el abombamiento de la fontanela puede ser
un signo tardío.
En recién nacidos, las únicas manifestaciones evidentes pueden ser
apatía, irritabilidad, rechazo del alimento, llanto fuerte, vómitos o convulsiones por
ello es importante considerar la posibilidad de meningitis en neonatos con aspecto de
enfermedad grave y sin focalidad neurológica.
Siempre hay que tener en cuenta que puede haber otras
manifestaciones dependientes del foco primario de infección como otitis,
mastoiditis
Niños mayores de seis años y jóvenes
Presentación clínica similar a la de los adultos.
Adultos (30-65 años)
La causa más frecuente de meningitis bacteriana aguda es la causada
por Streptococo pneumoniae. Su presentación es algo diferente a la de la meningitis
causada por el meningococo o el haemophilus influenza (1) por lo que nos referiremos a
continuación a ellas.
Meningitis neumocócica
Los enfermos tienen frecuentemente alteración
del nivel de conciencia ya en el ingreso, que progresa rápidamente al estupor y al coma.
Clínicamente puede asociarse a neumonía (presente en el 25-50 por ciento de los casos
cuando son ingresados), foco ORL, y menos frecuentemente artritis séptica y endocarditis.
Las crisis comiciales (56 por ciento) y los déficits neurológicos
focales son más frecuentes, incluso, en las fases iniciales de la enfermedad, que en la
meningitis causada por el meningococo o el Haemophilus influenzae. Puede producir infartos
cerebrales y sordera neurosensorial permanente. Éstos y otros factores pueden contribuir
a la alta tasa de mortalidad de la meningitis neumocócica (la más alta de los 3
principales patógenos, siendo superior a un 30 por ciento en mayores de 50 años). La
muerte ocurre con más probabilidad en pacientes de edad avanzada, sin meningismo, con
neumonía u otras complicaciones extraneurológicas o con una duración de la enfermedad
previa al comienzo del tratamiento mayor de 7 días. Sin embargo, parece que la mayoría
de las muertes ocurren tardíamente en la evolución de la enfermedad y como consecuencia
de insuficiencia cardiorespiratoria.
La otitis media, aguda o crónica, y la neumonía son factores
predisponentes para la meningitis neumocócica; si no está presente ninguna de estas dos
patologías hay que considerar la posibilidad de que exista una fístula del seno dural.
La meningitis neumocócica es también la causa más frecuente de meningitis después de
un traumatismo cráneo-encefálico o cuando existe un defecto estructural (congénito o
no) que crea una comunicación entre los senos paranasales, nasofaringe u oído medio y el
espacio subaracnoideo. En los pacientes adultos hay que sospechar meningitis neumocócica
si existen factores predisponentes como neoplasias, alcoholismo, anemia de células
falciformes, transplante de órganos, esplenectomía, tratamiento con altas dosis de
corticoides y diálisis. En estos casos, los síntomas de meningitis pueden incluir
alteración del nivel de conciencia, cefalea persistente o crisis de nuevo comienzo.
La meningitis neumocócica se asocia con mucha frecuencia a
complicaciones neurológicas como crisis, empiema subdural e infartos cerebrales.
Meningitis por H. influenzae
Es mucho más frecuente en niños menores de
dos años. El comienzo suele ser insidioso presentando únicamente fiebre e irritabilidad.
Puede tener importantes complicaciones como la efusión subdural, frecuentemente
bilateral, asintomática o no, que puede producir síntomas compresivos, convulsiones o
abombamiento de la fontanela. Es frecuente la sordera neurosensorial.
En un adulto, la clínica es la típica de una meningitis bacteriana
e incluye cefalea, fiebre, alteración del estado mental y rigidez de nuca. La presencia
de una meningitis por H. influenzae debe alertar sobre la presencia de otitis media,
sinusitis de senos paranasales u otro foco de infección parameníngea, fístula de LCR,
neumonía, faringitis concomitante o inmunodepresión, ya que la meningitis se produce
porque la nasofaringe adquiere un organismo que llega a producir una invasión sistémica.
El número de casos por H. influenzae tipo B ha disminuido más del
90 por ciento desde la introducción de la vacuna. Sin embargo, en países en desarrollo
el descenso no ha sido tan importante. Se produce casi siempre por el tipo B (90 por
ciento). Es mucho más frecuente en niños de 4 meses a 6 años (sólo representa el 0.5
por ciento de los aislamientos que se realizan en el LCR en mayores de 6 años de edad).
Es el agente etiológico más habitual en pacientes que han sufrido fractura de la base
del cráneo con pérdida de LCR. Su mortalidad oscila en general entre el 19-26 por
ciento.
Meningitis meningocócica
Ocurre en el mundo occidental de forma
endémica, con pequeños brotes epidémicos a intervalos variables, más frecuentes en
invierno o inicio de la primavera.
La meningitis se asocia frecuentemente a meningococemia. En los
pacientes con enfermedad sistémica subyacente, el inicio de los síntomas suele pasar
desapercibido. No obstante, la mayor parte de los pacientes con meningitis desarrollan en
poco tiempo síntomas de inflamación meníngea, con cefalea intensa, confusión, letargia
y vómitos. La irritación meníngea es un signo frecuente, pero, en general, los signos y
síntomas no son diferenciables de los de otras meningitis. En cerca de la mitad de los
casos se produce odinofagia por faringoamigdalitis meningocócica. Un 60 por ciento de los
pacientes presentan lesiones cutáneas, principalmente, en las extremidades (7). En una
fase precoz de la enfermedad, la erupción suele ser eritematosa y macular aunque
evoluciona rápidamente a una fase petequial, confluyendo las lesiones en grandes manchas
purpúricas que presentan una necrosis gris metálica en su centro. La erupción progresa,
a menudo, muy rápidamente, apareciendo nuevas lesiones petequiales, incluso, durante la
exploración física. Una erupción similar puede verse en otras formas de meningitis como
son las producidas por echovirus tipo 9, S. aureus o algunas especies de Acinetobacter.
Esta erupción aparece en contadas ocasiones en otros procesos como son meningitis por S.
pneumoniae o H. influenzae, en la fiebre manchada de las Montañas Rocosas u otras
rickettsiosis, en la endocarditis por S. aureus, en la sepsis fulminante en pacientes
esplenectomizadas por bacterias encapsuladas o en trastornos no infecciosos como
vasculitis o púrpura trombótica trombocitopénica.
Un 10 por ciento de los casos se presentan como sepsis
meningocócica fulminante, con shock endotóxico y coagulación intravascular diseminada
con hemorragias cutáneas y suprarrenales (síndrome de Waterhouse-Friederischen).
Los pacientes con defectos del complemento sobre todo de las
fracciones C5, C6, C7, C8 y quizás C9 (el complejo de ataque de membrana) tienen una
incidencia muy marcada de infecciones por Neisseriae. La mortalidad de la meningitis
meningocócica es del 3-13 por ciento.
Pacientes mayores de 65 años
Los signos de meningitis suelen manifestarse como deterioro del
nivel de conciencia o síndrome confusional sin otros signos de irritación meníngea.
La fiebre, la cefalea y el meningismo están ausentes, con
frecuencia, especialmente, cuando hay enfermedades concomitantes asociadas. Según
estudios retrospectivos, sólo el 57 por ciento de los pacientes tienen meningismo y la
cefalea aparece en el 21 por ciento de los casos. La fiebre, en ancianos sanos, es un
signo bastante constante.
Estudios comparativos han demostrado que en este grupo de edad, la
neumonía concomitante y la alteración del estado mental secundaria a la meningitis, son
más frecuentes que en la edad adulta.
La mayoría de los pacientes ancianos con meningitis tienen rigidez
nucal, es decir, resistencia pasiva a la flexión del cuello. Sin embargo, la rigidez de
nuca es un signo frecuente en la exploración física de los ancianos debido a la
presencia de espondilosis cervical, por lo cual, es importante distinguir entre la rigidez
cervical por espondilosis y la rigidez de nuca de las meningitis. En la rigidez nucal de
las meningitis, el cuello opone resistencia a la flexión pero puede ser rotado
pasivamente de lado a lado. En la rigidez consecuencia de enfermedad espinal cervical,
tanto la rotación lateral, como la flexión y la extensión del cuello ofrecen
resistencia. De igual manera, la hipertonía de los músculos del cuello debida a
parkinsonismo u otras enfermedades de los ganglios basales también debe ser diferenciada
de la rigidez de nuca real.
En los ancianos hay que considerar con especial atención las
meningitis por bacilos gram-negativos porque son más frecuentes. En el inicio del
proceso, los síntomas y signos pueden ser inespecíficos y larvados, manifestándose con
fiebre leve y alteración del nivel de conciencia sin cefalea o rigidez de nuca. Sin
embargo, los pacientes con meningitis espontánea por gram-negativos tienden a tener un
curso fulminante rápidamente progresivo asociado a bacteriemia, shock y coma. Una vez que
se desarrolla el coma, la rigidez de nuca puede estar ausente, ya que este signo se pierde
durante el coma.
Además, en pacientes mayores de 50 años (al menos, en mayores de
65 años) hay que tener en cuenta la meningitis por Listeria monocytogenes. La
presentación clínica es indiferenciable de otras meningitis. Suele aparecer de forma
aguda aunque también se han descrito presentaciones subagudas-crónicas. Los síntomas
más frecuentes son fiebre (92 por ciento), alteración del nivel de conciencia y cefalea.
La rigidez de nuca está presente sólo en algunos casos. Más frecuentemente que en otras
meningitis se han descrito casos de rombencefalitis, produciendo signos y síntomas de
tronco (parálisis asimétricas de pares craneales, alteración del nivel de conciencia,
signos cerebelosos y déficits motores o sensitivos), así como casos de temblor y crisis
comiciales tanto focales como generalizadas. Su mortalidad es del 15-25 por ciento.
Meningitis post-traumática
Generalmente, los signos de la exploración física indican que
existe una fractura del cráneo con potencial para el desarrollo de una fístula dural.
Así, podremos observar equímosis periorbitaria, soplo retroauricular (signo de Battle),
hemotímpano y/o sangre en el conducto auditivo externo. En la mayoría de los casos que
presentan licuorrea, ésta cede espontáneamente.
Meningitis post-neurocirugía
La meningitis suele ser de comienzo insidioso y habitualmente
difícil de diferenciar de los déficits neurológicos que pueden quedar tras la Cirugía.
Aunque después de ésta, se espera encontrar alteración del nivel de conciencia e
irritación meníngea, la presencia de fiebre y obnubilación prolongada obligan a
descartar una meningitis.
Las infecciones de shunts ventrículo-peritoneales cursan
inicialmente con síntomas inespecíficos que incluyen fiebre, náuseas, vómitos y
letargia. La fiebre es la manifestación más común de la infección del shunt
ventrículo-auricular mientras que en infecciones del shunt ventrículo-peritoneal la
presentación más frecuente es la de signos de disfunción del shunt, así como signos de
inflamación alrededor del reservorio. Los signos y síntomas de disfunción del shunt son
secundarios a hidrocefalia progresiva y, en niños, producen, incluso, agrandamiento de la
circunferencia craneal, fontanela a tensión no pulsátil y papiledema.
Meningitis en pacientes inmunodeprimidos
Las diferentes causas de inmunosupresión de los pacientes son muy
importantes a la hora de evaluar los diferentes agentes etiológicos y las manifestaciones
clínicas de la enfermedad.
1) Déficit de la inmunidad celular.
El germen más frecuente suele ser L. monocytogenes. La
presentación clínica incluye fiebre, cefalea y una tendencia importante a la aparición
de déficits neurológicos focales, crisis y en ocasiones datos de afectación
troncoencefálica (ataxia, disfagia
)
2) Déficit de la inmunidad humoral.
Frecuentemente, se presenta como una enfermedad fulminante que causa
la muerte en pocas horas.
3) Neutropenia.
La presentación puede ser larvada con febrícula- fiebre leve,
letargia
Los signos de irritación meníngea son, frecuentemente, muy leves, ya que
éstos dependen de la capacidad del huésped de desarrollar una respuesta inflamatoria y
en estos pacientes está muy disminuida
Meningitis aguda aséptica
Por meningitis aguda aséptica se entiende
cualquier meningitis (infecciosa o no) particularmente aquéllas que tienen pleocitosis
linfocitaria y en las que después de una evaluación inicial y de hacer las tinciones y
cultivos de rutina del LCR no se encuentra una causa aparente (8). Este término implica,
además, un curso benigno de la enfermedad, así como ausencia de signos de afectación
del parénquima cerebral (encefalitis) o de la médula (mielitis).
La mayoría de las meningitis agudas asépticas son producidas por
virus, pero no hay que olvidar que ciertos agentes infecciosos e, incluso, enfermedades
autoinmunes y fármacos pueden producir la misma sintomatología. Ciertos agentes producen
con más frecuencia meningitis o encefalitis "puras", sin embargo, hay algunos
agentes que producen síntomas clínicos más larvados que son descritos como
meningoencefalitis.
Meningitis aguda aséptica vírica
En primer lugar, nos referiremos de forma global a la presentación
de las meningitis linfocitarias en niños y recién nacidos y a continuación estudiaremos
las manifestaciones clínicas de los distintos tipos de virus en general (enterovirus,
herpes, VIH, parotiditis, virus de la coriomeningitis linfocitaria y arbovirus).
Recién nacidos y niños pequeños.
El cuadro clínico es similar sea cual sea la causa. El comienzo es
variable, en ocasiones de forma insidiosa y en otras de forma muy brusca. Habitualmente,
existe un síndrome febril con malestar general, cansancio, anorexia o decaimiento y
signos de hipertensión intracraneal con cefalea y vómitos. Los signos meníngeos y la
participación neurológica son muy poco manifiestos. El nivel de conciencia casi siempre
está conservado.
Enterovirus.
Producen del 85-95 por ciento de todos los casos de meningitis
aséptica en los que se identifica un patógeno. La meningitis por enterovirus tiene un
ciclo estacional en zonas de clima templado (sobre todo verano y otoño). Es más
frecuente en niños, sobre todo si son menores de un año (219/100000 frente a 19/100000
entre 1-4 años) con otro pico de incidencia en la edad escolar.
Producen una enfermedad muy grave en neonatos de las que la
meningitis /meningoencefalitis es frecuentemente una manifestación. En menores de dos
semanas de edad suele manifestarse con fiebre, vómitos, anorexia, signos de infección
del tracto respiratorio superior y rash. En neonatos puede verse una forma grave de
meningoencefalitis, que parece tener mayor riesgo de morbimortalidad sobre todo si los
síntomas y signos se desarrollan durante el primer día de vida (después de una supuesta
transmisión placentaria del virus). Cuando progresa la enfermedad, puede desarrollarse
necrosis hepática, miocarditis y enterocolitis necrotizante. Los hallazgos neurológicos
son los de una meningitis asociada a crisis comiciales y signos neurológicos focales.
En mayores de dos semanas de edad, la enfermedad raramente tiene un
mal pronóstico. Se caracteriza por tener un comienzo bastante agudo con fiebre alta
(38º-40º) en el 76-100 por cien de los casos, con un curso bifásico de la fiebre.
Inicialmente, se asocia con síntomas inespecíficos de malestar general, vómitos,
anorexia, que se resuelven y posteriormente la fiebre reaparece coincidiendo con el
comienzo de la meningitis. Además, suele existir cefalea (casi siempre frontal e intensa
y presente casi siempre en adultos), fotofobia, rigidez de nuca (80 por ciento) y dolor al
movimiento ocular de forma aguda. Pueden estar presentes otras manifestaciones sistémicas
que sugieren infección enteroviral como vómitos, anorexia, mialgias, diarrea,
faringitis, pleurodinia, miocarditis o herpangina que también pueden tener un curso
bifásico. Puede haber alteración del estado mental pero los signos neurológicos focales
son raros.
Ciertos tipos de infección por enterovirus se caracterizan por
síntomas o signos relativamente específicos:
Síndrome boca-mano-pie: Enterovirus 71.
Rash maculo-papular: Echo-virus-9.
Pleurodinia: Coxackie grupo B.
Poliomielitis: Algunos Echovirus y Coxackie.
Herpangina: (Especialmente la presencia de vesículas
dolorosas en la orofaringe posterior): Coxackie A.
La presencia de signos neurológicos anormales se ha descrito en
menos de un 5 por ciento de casos.
La meningitis aséptica viral en pacientes mayores de dos semanas de
edad tiene un curso benigno, con una duración habitualmente inferior a una semana, y
frecuentemente, mejoría clínica después de la realización de una punción lumbar,
probablemente relacionado con una reducción de la presión intracraneal. El pronóstico a
corto plazo en niños pequeños con meningitis por enterovirus es bueno, pero ha existido
gran controversia por las posibles secuelas neurológicas.
En los adultos hay síntomas que pueden durar varias semanas pero
las manifestaciones clínicas son similares con cefalea holocraneal, fotofobia, rigidez de
nuca en más del 50 por ciento y síntomas generales inespecíficos que pueden acompañar
o preceder a la cefalea. No es infrecuente obtener historia familiar de síntomas
similares.
La meningitis por enterovirus es especialmente importante en
pacientes con déficit de la inmunidad humoral, ya que pueden desarrollar meningitis
crónica o meningoencefalitis durante años, frecuentemente con un desenlace fatal.
Aproximadamente, el 50 por ciento de estos pacientes desarrollan un síndrome
reumatológico, habitualmente una dermatomiositis.
Herpesvirus.
La meningitis viral aséptica está más frecuentemente asociada con
una infección genital primaria por el VHS-2, es menos frecuente en la infección genital
por VHS-1 o en las recurrencias del herpes genital. También, aunque con menos frecuencia,
la meningits se asocia a la infección concomitante por otros Herpesvirus.
La meningitis asociada a infección por VHS-2 se caracteriza,
habitualmente, por rigidez de nuca, cefalea y fiebre. Las complicaciones neurológicas
aparecen en un 37 por ciento de los casos. Se han descrito casos de retención urinaria,
disestesias, parestesias, neuralgia, debilidad motora, paraparesia, dificultad para la
concentración, incluso, de tres meses de evolución y alteraciones de la audición. Todo
ello desaparece en un plazo de 6 meses. Es de especial importancia recordar que, en
ocasiones, la presentación como una meningitis aséptica de una infección del SNC por
herpes puede ser la manifestación inicial de una meningoencefalitis herpética (9). En un
estudio de 1.224 muestras de LCR de pacientes con sospecha de encefalitis herpética
comprobaron que en el 20 por ciento de los casos la encefalitis herpética se presentaban
de una forma atípica cursando inicialmente de forma larvada como una meningitis aséptica
viral sin datos de focalidad neurológica o deterioro del nivel de conciencia, que en el
plazo de días evoluciona a una meningoencefalitis. Esto parece ser aún más frecuente si
la infección es debida al VHS-2.
La meningitis asociada al virus Varicela-Zóster, Citomegalovirus y
Virus de Ebstein Barr (EBV) es muy rara. Sin embargo, la presencia de faringitis,
linfadenopatías y esplenomegalia debe hacer sospechar infección por EBV; la meningitis
por VVZ debe sospecharse en presencia de varicela o herpes zóster concurrente con o sin
lesiones cutáneas.
Algunos pacientes con meningitis herpética presentan un síndrome
característico de ataxia cerebelosa aguda, esto ocurre sobre todo en niños y se
manifiesta por ataxia de comienzo brusco de las extremidades y del tronco.
El virus herpes 6 también se ha relacionado con casos de
meningitis, sin embargo, este virus puede permanecer en el SNC y detectarse en el LCR de
pacientes asintomáticos.
La meningitis recurrente de Mollaret ha sido habitualmente asociada
a infección por herpes simple tipo 2 sin lesiones genitales, más raramente VHS-1 y EBV.
VIH.
La meningitis aséptica es una manifestación frecuente del primer
contacto con el VIH y aparece en el 5-10 por ciento de los casos. Ocurre, durante o
después del síndrome "mononucleosis-like". Los pacientes pueden sufrir
cefalea, fotofobia, náuseas
e, incluso, en ocasiones se manifiesta como una
meningoencefalitis. La parálisis de pares craneales es más frecuente en las meningitis
por VIH que en otras infecciones virales, afectando con mayor frecuencia a los pares V,
VII y VIII. Este síndrome suele desaparecer de forma espontánea en 2 a 4 semanas, pero
en algunos casos, los síntomas y signos persisten de forma crónica. Estos pacientes
pueden presentar una meningitis aséptica atípica, crónica, habitualmente, con tendencia
a la recurrencia y que incluye más frecuentemente neuropatías craneales (V, VII y VIII)
o alteraciones de vías largas. La meningitis aséptica se puede observar en cualquier
estadio, pero es raro que aparezca una vez desarrollado el sida, lo que sugiere que la
meningitis aséptica de la infección por VIH es un proceso mediado inmunitariamente.
V. de la parotiditis.
Es más frecuente a finales de invierno o principios de primavera y
en varones (3:1). La meningitis aséptica es la complicación neurológica más frecuente
de las parotiditis. Las manifestaciones clínicas de la meningitis son similares a las de
otras meningitis asépticas, salvo que tiene ciertas peculiaridades. La fiebre es
constante y elevada, con una duración aproximada de 72-96 horas. También se asocia
letargia, somnolencia, dolor abdominal y más raramente bradicardia, mareo, y anemia. La
mayoría de los pacientes tienen signos de meningitis pero no hay evidencia de disfunción
cortical. Se han comunicado síntomas de meningitis en un rango de 0 por ciento a 30 por
ciento de casos de parotiditis con 4-10 días de evolución, pero los casos de meningitis
también pueden preceder a una parotiditis, incluso, en 7 días y, en ocasiones, hay
meningitis producidas por el virus de la parotiditis sin parotiditis. La hipertrofia
parotídea aparece sólo en el 50 por ciento de las meningitis.
La pleocitosis en LCR ocurre casi en el 50 por ciento de los casos
de parotiditis, sin embargo, en la mayoría de las ocasiones es asintomática. La
enfermedad no complicada dura aproximadamente 7-10 días. Muy raramente puede producirse
encefalitis, crisis, poliradiculitis, polineuritis
Virus de la coriomeningitis linfocitaria.
El curso y la recuperación de la meningitis en estos pacientes es
frecuentemente prolongado. La infección comienza con síntomas virales inespecíficos.
Después de un breve período de mejoría aparece la cefalea habitualmente intensa y con
fotofobia. Las mialgias y la faringitis aparecen en un 15 por ciento de los casos. La
orquitis, artritis, miopericarditis y la alopecia pueden ser vistas ocasionalmente como
manifestaciones tardías de la enfermedad, pero en general, los síntomas de una
meningitis por el virus de la coriomeningitis linfocitaria son similares a los descritos
para otras meningitis virales.
Arbovirus.
Ocurre típicamente en verano, con clara localización geográfica y
en forma de epidemias. La encefalitis es la manifestación neurológica más
significativa, sin embargo, algunos desarrollan también meningitis aséptica. El que más
frecuentemente produce meningitis es el virus de la encefalitis de San Luis.
Meningitis asépticas no virales
1) Infecciosas
Borrelia bugdorferi/ Enfermedad de Lyme.
Aproximadamente, 4 semanas después del inicio de la enfermedad,
muchos pacientes desarrollan una meningitis aséptica asociada o no a neuritis craneal y/o
polirradiculoneuritis. Debido a que muchos pacientes cursan con ataques recurrentes de
síntomas meníngeos que duran varias semanas alternando con períodos en que los
síntomas son más leves, la meningitis en la enfermedad de Lyme se expresa con más
detalle en el apartado de las meningitis crónicas.
Hongos.
Los hongos son una causa poco frecuente de meningitis aguda. En el
caso de Cándida albicans las complicaciones neurológicas se presentan en el curso de una
candidiasis diseminada y suelen pasar desapercibidas debido a la gravedad de la enfermedad
(10). La presentación de una infección por Cándida albicans casi siempre es aguda; el
organismo causa microabscesos cerebrales durante el curso de la enfermedad diseminada que
son responsables de la afectación neurológica en gran medida. Los factores de riesgo
para la meningitis son similares a los de la candidemia: terapia antimicrobiana
prolongada, catéteres venosos, corticoides o inmunodepresión. Los recién nacidos y los
prematuros tienen un riesgo aumentado de meningits por cándida.
Protozoos.
Amebas: en la forma de meningoencefalitis aguda, el período de
incubación es de 3-8 días, el comienzo suele ser súbito con fiebre, fotofobia, cefalea
y progresión al estupor y al coma. El área olfatoria se afecta de forma precoz, además
existe confusión, irritabilidad
Son muy importantes los antecedentes
epidemiológicos. La muerte sin tratamiento ocurre en un plazo de 2-3 días.
2) No infecciosas
Los pacientes con enfermedades inmunes y/o terapia inmunomoduladora
pueden desarrollar una meningitis aséptica, caracterizada frecuentemente por episodios
recurrentes de meningitis. Así ocurre con el lupus eritematoso sistémico. A veces, la
meningitis ha sido la manifestación inicial del lupus, pero es más frecuente que
aparezca en la evolución de la enfermedad. Los anti-inflamatorios-no-esteroideos también
han sido implicados en ocasiones en pacientes con lupus o bien ellos aisladamente como
causantes de meningitis. Parece que los AINE originan una reacción de hipersensibilidad
celular específica de fármaco que produce la meningitis.
Otros fármacos como las inmunoglobulinas intravenosas, interferón,
carbamacepina, contrastes intratecales
también han sido identificados como agentes
etiológicos de una meningitis aguda. Clínicamente, los pacientes presentan los signos
clásicos de una meningitis, incluyendo la fiebre. En la mayoría de los casos, esta
reacción ocurre en un plazo de horas o un día desde la exposición y es reproducible
exponiendo al paciente al fármaco de nuevo.
Meningitis subaguda-crónica
En general, se dice que la meningitis subaguda
es aquélla en la que los síntomas duran más de siete días, y la crónica, en la que
los síntomas y signos de meningitis y las alteraciones del LCR persisten más de 4
semanas. En algunos pacientes, la confirmación de una enfermedad sistémica subyacente
orienta a el diagnóstico de una meningitis subaguda-crónica. Cuando la causa es de
origen infeccioso, el cuadro suele cursar con fiebre, malestar general, anorexia y signos
de infección diseminada o localizada fuera del SNC.
Muchos pacientes con meningitis crónica solicitan atención médica
antes de que los síntomas y signos de la meningitis estén presentes más de cuatro
semanas, por ello es importante hacer el diagnóstico diferencial con casos de meningitis
agudas, encefalitis y meningitis recurrentes.
Los síntomas más frecuentes de las meningitis subaguda-crónicas
son cefalea crónica con o sin papiledema, positividad de los signos de irritación
meníngea, cambios de personalidad, incluso, con alteración del nivel de conciencia,
somnolencia, desorientación, pérdida de memoria y falta de atención, parálisis de
pares craneales y si la meningitis afecta a la médula espinal, datos de mielopatía o
radiculopatía con paresia de miembros, alteraciones esfinterianas, torpeza de
miembros
La exploración neurológica es muy importante pero la información
que nos proporciona es limitada para el diagnóstico de meningitis crónica, así como
para diferenciar posibles agentes etiológicos porque la alteración del estado mental, el
meningismo, las parálisis oculomotoras y menos frecuentemente los signos focales se
presentan en la mayoría de estos procesos. Además, los signos neurológicos focales,
habitualmente, reflejan masas parenquimatosas como abscesos o granulomas.
La causa más frecuente de meningitis subaguda es la meningitis
tuberculosa, mucho menos frecuente es la producida por hongos.
Existe una forma especial de meningitis crónica habitualmente
englobada en el nombre de meningitis recurrentes, por ser episodios meníngeos discretos
pero recurrentes de enfermedad de la que nos ocuparemos al final.
Meningitis
subagudas/crónicas de estirpe infecciosa
Meningitis tuberculosa
Su presentación clínica es bastante variable (depende
fundamentalmente de la edad del paciente) e, incluso, en algunos casos (15 por ciento de
adultos y 40 por ciento de niños) su presentación es indiferenciable de una meningitis
aguda bacteriana. En 1947 se introdujo una clasificación de la enfermedad en fases, con
una fase prodrómica, seguida de una fase en 2-3 semanas de signos neurológicos más
prominentes y, finalmente, una fase con afectación clínica muy severa. Estas fases, se
resumen en:
Fase I (precoz): el paciente está alerta. Los síntomas y signos
son inespecíficos.
Fase II (intermedia): el paciente está confuso, estuporoso, puede
tener alteración del comportamiento, hay signos de irritación meníngea, y los déficits
neurológicos son leves.
Fase III (tardía): puede haber coma, movimientos anormales,
convulsiones, déficits neurológicos severos (plejias).
Sin embargo, en algunos pacientes, no se puede observar esta
progresión lineal de la enfermedad.
Meningitis tuberculosa en niños.
Habitualmente, sólo el 50 por ciento de los niños tienen historia
previa de tuberculosis.
En la mayoría de los niños, el curso de la enfermedad es
relativamente rápido con una duración de la enfermedad, previa a requerir atención
sanitaria inferior a 3 semanas.
Suele manifestarse de manera inespecífica, con náuseas, vómitos y
cambios de comportamiento (irritabilidad, apatía
) como datos más destacables. El
dolor abdominal, el estreñimiento y la anorexia son quejas frecuentes en los niños.
La cefalea aparece en menos del 25 por ciento de los casos y casi
nunca se manifiesta en niños menores de 3 años. Otros síntomas y signos neurológicos
también están presentes aunque con una frecuencia baja. Las crisis comiciales sólo
están presentes en el 10-20 por ciento de los casos antes de la hospitalización, sin
embargo, más del 50 por ciento tienen crisis durante la evolución de la enfermedad. La
fiebre y los datos de irritación meníngea en la exploración no son un hallazgo
constante en estos enfermos.
Meningitis tuberculosa en adultos.
La enfermedad se presenta de manera más larvada que en niños, con
una duración media de los síntomas de 2-3 semanas, aunque en algunos casos, se han
descrito casos con una evolución de meses. Es muy infrecuente una historia previa de
tuberculosis (menos del 20 por ciento de los casos) aunque, en ocasiones, se encuentran en
la radiografía de tórax datos de tuberculosis pulmonar pasada, sin haber sido
diagnosticada.
Los síntomas neurológicos son más específicos que en niños. La
presentación más frecuente es como un cuadro subagudo de cefalea (síntoma muy
constante, afectando al 50-75 por ciento de los casos) y cambios del comportamiento en
forma de apatía, confusión, depresión
(registrados según las series en el 30-70
por ciento de los casos) con febrícula o sin fiebre. Las náuseas son muy poco
frecuentes.
Existen unos signos neurológicos focales, típicos de la fase II,
muy importantes consistentes habitualmente en:
1) Parálisis de pares craneales: es un hallazgo frecuente en la
meningitis tuberculosa (30 por ciento). Habitualmente es unilateral, aunque en ocasiones,
la afectación es bilateral. Se produce por inflamación del espacio subaracnoideo a nivel
de las cisternas basales. El nervio que se afecta más frecuentemente es el VI par
craneal, seguido por el III, el IV y el VII. La afectación de los otros pares craneales
ocurre raramente.
2) Hemiparesia y movimientos anormales (corea, hemibalismo,
atetosis
): se producen como consecuencia de infartos isquémicos cerebrales,
fundamentalmente, por arteritis de las ramas penetrantes de las grandes arterias del
polígono de Willis, especialmente de las arterias lenticuloestriadas mediales y
tálamoperforantes, con afectación de ganglios basales. En ocasiones, existe también
ataxia cerebelosa. Los movimientos anormales son mucho más frecuentes en niños. No
obstante, hay que recordar también que los signos neurológicos focales pueden ser
debidos a la existencia de tuberculomas cerebrales.
3) Meningorradiculitis lumbosacra: la infección del sistema
nervioso central por micobacterias tuberculosas, en ocasiones, se manifiesta como una
meningorradiculitis lumbosacra, produciendo paraparesia fláccida. A nivel espinal,
también se puede producir un intenso conglomerado inflamatorio que rodea la médula
produciendo alteraciones en el parénquima medular: edema, vasculitis, fibrosis, trombosis
arteriales ocasionando clínica de afectación medular.
En la exploración física hay que prestar especial atención a los
siguientes datos pues pueden ser útiles para el diagnóstico de sospecha de la
enfermedad.
a) Fiebre y meningismo: Son los hallazgos más frecuentes en la
exploración física. (Pero pueden estar ausentes en el 20-40 por ciento de los casos).
b) Fondo de ojo:
- Presencia de tubérculos coroideos: son lesiones retininas,
frecuentemente, se disponen en grupos, cerca del disco óptico. Inicialmente, son
amarillos con bordes indiferenciables, pero con la edad, se van pigmentando en la
periferia. Son mucho más frecuentes en los pacientes con meningitis asociada a
tuberculosis miliar 50 por ciento versus 10 por ciento de pacientes sin tuberculosis
miliar.
Papiledema: traduce la presencia de hipertensión
intracraneal.
Los datos de hipertensión intracraneal secundarios a hidrocefalia
(suceso relativamente frecuente en la meningitis tuberculosa) pueden estar presentes en el
inicio de la enfermedad, pero es mucho más frecuente su aparición tardía. Se debe casi
siempre a hidrocefalia comunicante por obstrucción de flujo de LCR en las cisternas
basales. Se manifiesta como alteración del nivel de conciencia, diplopia y en niños por
abombamiento de la fontanela.
En las últimas décadas se han descrito con mayor frecuencia casos
atípicos de meningitis tuberculosa. Aproximadamente, el 15 por ciento de los adultos y el
40 por ciento de los niños presentan una enfermedad de comienzo agudo que puede simular
una meningitis bacteriana o vírica, debutar con convulsiones, focalidad neurológica o
signos de hipertensión intracraneal. Incluso, se han descrito casos de demencia
lentamente progresiva durante meses o años caracterizados por cambios de personalidad,
déficits de memoria, pérdida de la líbido
A medida que la enfermedad progresa aumentan los signos de
disfunción cerebral. Sin tratamiento, la muerte se produce a las 4-8 semanas del inicio
de los síntomas.
Meningitis por hongos
La mayoría de las infecciones por hongos se producen en pacientes
con algún defecto de la inmunidad o con una enfermedad subyacente que permite el paso de
hongos al SNC, especialmente, el sida en fases avanzadas. La presentación clínica de las
meningitis fúngicas es menos estereotipada que la de las meningitis bacterianas. Los
pacientes casi siempre tienen un síndrome meníngeo crónico, caracterizado por una
progresión clínica de más de 4 semanas o una ausencia de mejoría en este mismo
período de evaluación.
Los hallazgos clínicos son inespecíficos, pudiendo haber debilidad
generalizada, distintas combinaciones de fiebre, cefalea, confusión, náuseas, vómitos,
rigidez de nuca o signos neurológicos focales. Frecuentemente, sólo una o dos de las
manifestaciones cardinales estarán presentes al principio. En algunas ocasiones, también
puede verse parálisis de pares craneales y crisis comiciales.
El aumento de presión intracraneal ocurre durante la progresión de
la enfermedad. Nos referiremos en los siguientes apartados a algunas de las
manifestaciones clínicas de las meningitis fúngicas.
Meningitis criptocócica
En la actualidad, es la causa más común de meningitis por hongos.
Es el hongo que afecta más frecuentemente al sistema nervioso central y ha adquirido gran
importancia desde la aparición del sida por su alta incidencia en la fase avanzada de
esta enfermedad. Puede presentarse de forma subaguda o crónica y en algunos casos
presenta un curso fluctuante con mejorías y recaídas espontáneas. En una persona
previamente sana, la meningits criptocócica puede tener un curso extremadamente indolente
con una gradual progresión a la demencia, pero más comúnmente el curso es subagudo, a
veces simulando un tumor cerebral.
Merece una consideración especial por ser una causa frecuente de
meningitis en pacientes con sida; hace unos años, su incidencia era aún mayor, pero
desde la introducción de los antiretrovirales, la meningitis criptocócica afecta casi
exclusivamente a pacientes con enfermedad avanzada. La meningitis criptocócica es
especialmente frecuente en enfermos con sida africanos (aproximadamente 20 por ciento), de
hecho, fue la primera enfermedad que sugirió que se estaba produciendo una nueva epidemia
de inmunodeficiencia en África. La mayoría de los pacientes muestran un cuadro de
meningoencefalitis subaguda. Suelen presentar síntomas durante varias semanas o meses
antes del diagnóstico, por lo que para efectuar el diagnóstico precoz se requiere un
alto grado de sospecha.
La puerta de entrada es el pulmón, siendo frecuente en pacientes
inmunocomprometidos el desarrollo de una neumonitis intersticial. La enfermedad pulmonar
con fiebre, tos, disnea, hemoptisis
aparece en un 40 por ciento de los enfermos y el
90 por ciento de ellos, sufre además, una infección del SNC, ya que el hongo desde el
pulmón y los ganglios linfáticos pasa a la sangre, pudiendo causar infección a
distancia, siendo, el lugar más frecuente el SNC. El criptococo tiene predilección por
el espacio subaracnoideo desarrollando una meningitis. Entre los síntomas más frecuentes
se encuentran la fiebre, presente casi en el 100 por cien de los casos, náuseas y
vómitos (40 por ciento), alteraciones del nivel de conciencia, cefalea, fotofobia y
signos meníngeos que se dan en un 25 por ciento de los casos. A medida que la enfermedad
evoluciona, se asocian crisis convulsivas, signos focales de inicio súbito (por infartos
cerebrales), alteración en nervios craneales, disminución de la visión e hipertensión
endocraneana debido a hidrocefalia (el papiledema está presente en el 50 por ciento de
los casos). Sin embargo, hay casos en los que se presenta como cuadro confusional,
demencia, ataxia cerebelosa o paraparesia espástica habitualmente sin otros signos
neurológicos focales.
Los torulomas o criptococomas pueden presentarse en pacientes con
meningitis como única evidencia de enfermedad. Son lesiones únicas o múltiples,
localizadas en cualquier parte del sistema nervioso. Cursan con signos neurológicos
focales o hipertensión endocraneal. La mayoría de los pacientes con torulomas son
inmunocompetentes a diferencia de los pacientes con meningitis, quienes habitualmente
presentan alteraciones de la inmunidad celular.
Más de la mitad de los enfermos con una meningitis criptocócica
presentan una fungemia caracterizada por fiebre, malestar general y fatiga. Habitualmente,
el curso es progresivo durante semanas o meses, pero en algunos casos puede evolucionar
durante años. Es mortal sin tratamiento.
Meningitis candidiásica
Los casos de meningitis crónica producidos por Cándida son poco
frecuentes. Los síntomas más frecuentes son la cefalea con un empeoramiento progresivo
durante semanas o meses, rigidez de nuca, confusión, cambios de personalidad y menos
frecuentemente náuseas, vómitos y diplopia. La fiebre es el signo más frecuente,
seguido de rigidez de nuca, afectación de pares craneales y deterioro del nivel de
conciencia. La media de evolución de la enfermedad desde el comienzo de los síntomas
hasta el diagnóstico de la enfermedad es de 5.3 ± 1.2 meses (11). La mayoría de los
pacientes tienen una presentación clínica similar a la de la meningitis tuberculosa o a
otras meningitis micóticas. Sin embargo, parece que la mayoría de los pacientes con
meningitis tuberculosa tienen un curso más rápido que la meningitis candidiásica.
Meningitis por histoplasma
Las manifestaciones neurológicas son muy poco frecuentes, incluso,
en pacientes con histoplasmosis diseminada. La forma más común de presentación es la de
una meningitis crónica con fiebre (presente casi en el 100 por ciento), rigidez de nuca,
crisis convulsivas y deterioro del nivel de conciencia. Ocasionalmente, existen lesiones
que pueden ser diagnósticas en mucosa oral (16 por ciento) o cutáneas. Pueden aparecer
signos focales de inicio súbito, relacionados con infartos cerebrales secundarios a
oclusión inflamatoria de arterias de mediano calibre consecuencia de una endocarditis.
Endémica en América y África.
Meningitis por coccidioides inmitis
Las infecciones por este hongo sólo ocurren en algunas zonas de
América. La mayoría de los pacientes son sanos, se disemina solamente en el 0.2 por
ciento de los casos fuera del tracto respiratorio y de éstos en un tercio se manifiesta
como meningitis. Un hecho relativamente típico de este hongo es la frecuencia con que
produce una meningitis eosinofílica (70 por ciento).
Meningitis brucelar
La meningitis brucelar suele presentarse como una meningitis
crónica o recidivante. La brucelosis es una patología relativamente frecuente aún en
España y en otras regiones mediterráneas. La brucelosis sistémica con fiebre,
sudoración nocturna, anorexia, orquitis, linfadenopatía y hepatoesplenomegalia precede
frecuentemente a la afectación del sistema nervioso. Menos del 5 por ciento de las
brucelosis en el área mediterránea producen afectación del sistema nervioso.
En la fase aguda de la brucelosis, la cefalea y las nucalgias son
frecuentes y a veces importantes, aunque la verdadera invasión meníngea no se produce
hasta las fases más avanzadas de la enfermedad, no obstante, se han descrito meningitis
agudas. Los síntomas y signos suelen evolucionar en algunas semanas y, a menudo, se
asocian a otras manifestaciones neurológicas (meningoencefalitis, abscesos cerebrales,
mielitis, lesiones de pares craneales
).
La meningoencefalitis por Brucela suele aparecer después de las
manifestaciones iniciales de una brucelosis en un plazo de 2 meses a 2 años. La
exposición a leche sin pasteurizar o el contacto con ganado vacuno deben orientar el
diagnóstico. El paciente puede tener síntomas actuales o pasados de brucelosis
sistémica, en casos crónicos puede haber focos calcificados en el hígado y el bazo.
Puede existir edema de papila, neuritis retrobulbar, atrofia óptica, y oftalmopejia
debida a lesiones de los pares craneales III, IV y VI. Los episodios transitorios de
hemihipoestesia o parestesias pueden ser llamativos en la neurobrucelosis.
Meningitis por espiroquetas
Meningitis sifilítica
Los síntomas de la meningitis sifilítica pueden ocurrir en
cualquier momento después de la inoculación del germen, pero ocurren más frecuentemente
en los dos primeros años después de la infección. Los síntomas más comunes son
cefalea intensa, náuseas, y vómitos, presentes en el 80 por ciento de los pacientes, el
meningismo aparece en el 59 por ciento de los casos, y la fiebre aparece en menos del 50
por ciento de los casos (a diferencia de la meningitis tuberculosa). También pueden
aparecer signos neurológicos focales como crisis comiciales (17 por ciento), parálisis
de pares craneales (45 por ciento) sobre todo del VII y VIII par y afasia o hemiplejia por
lesiones isquémicas por arteritis.
Basándose en estos signos y síntomas adicionales se ha subdividido
la meningitis sifilítica en tres variantes según la zona del cerebro predominantemente
afectada:
Hidrocefalia aguda: los síntomas y signos suelen ser
no-focales con cefalea, náuseas, vómitos y papiledema debidos a la presencia de
hipertensión intracraneal.
Meningitis sifilítica vertical aguda: se añade además
crisis comiciales, déficits neurológicos focales como hemiplejia y afasia, delirio y
confusión.
Meningitis basilar aguda: afectación de pares craneales
fundamentalmente el VII y VIII.
Esta clasificación proporciona una orientación de las múltiples
manifestaciones de la enfermedad pero desde el punto de vista clínico sólo se utiliza de
forma ocasional. Se diferencia de la meningitis meningovascular por el tiempo de
evolución y la presencia de signos neurológicos focales.
Borrelia burgdorferi
La meningitis es la alteración neurológica más importante en la
enfermedad de Lyme aguda diseminada, frecuentemente sigue al eritema migratorio en 2-10
semanas. Suele manifestarse como una meningoencefalitis fluctuante con neuritis craneal o
periférica, que dura meses. Cuando aparecen las manifestaciones neurológicas, los
síntomas sistémicos y las manifestaciones cutáneas habitualmente han cedido.
La afectación neurológica se manifiesta por cefalea que aparece en
el 30-90 por ciento de los casos, rigidez de nuca que aparece en el 10-20 por ciento,
náuseas y vómitos. Un 65 por ciento de los pacientes tienen síntomas sistémicos como
fatiga, mialgias, artralgias y pérdida de peso que fluctúan durante un período de
semanas a meses. Los pacientes típicamente tienen ataques recurrentes de síntomas
meníngeos que duran varias semanas alternando con períodos similares de síntomas más
leves. Estos síntomas se han relacionado fundamentalmente con la meningitis mientras que
las crisis comiciales, los movimientos coreicos, la depresión, la ataxia cerebelosa y los
cambios de comportamiento han sido interpretados como signos de encefalitis, sin embargo,
es muy difícil establecer cuál es el límite entre la meningitis y la encefalitis por
ello frecuentemente se habla de meningoencefalitis. En casi el 50 por ciento de los casos
de pacientes con enfermedad de Lyme, se ha descrito una neuropatía craneal, la más
frecuente (80-90 por ciento) es la parálisis facial uni o bilateral, pero también se ha
descrito afectación del resto de pares craneales, incluyendo el nervio óptico, asociado
habitualmente a meningitis. El comienzo de la parálisis facial suele ser rápido (1-2
días) acompañado frecuentemente de dolor de oído o mandibular ipsilateral. En los casos
en que la parálisis facial es bilateral (30-70 por ciento) la afectación suele ser
asíncrona. Entre el 30 y el 50 por ciento de los pacientes con meningitis tienen asociado
lesiones nerviosas o radiculares periféricas.
Cisticerco
La cisticercosis se produce por el enquistamiento en los tejidos de
la larva de Taenia solium. La neurocisticercosis es la infección parasitaria más
frecuente del sistema nervioso central. Puede manifestarse de formas diferentes siendo una
de ellas la aracnoiditis. Se presenta con signos de meningitis y de aumento de presión
intracraneal. La cefalea es un síntoma inicial frecuente, al que se pueden añadir
papiledema, atrofia del nervio óptico, coma, demencia, y déficits de pares craneales. La
hidrocefalia es una complicación frecuente (26 por ciento) y grave. La afectación de las
cisternas basales es una complicación grave y frecuentemente fatal, que se debe casi
siempre a la forma en racimos del cisticerco.
Meningitis
subagudo-crónicas no infecciosas
Meningitis carcinomatosa
Los síntomas y signos más frecuentes son cefalea subaguda,
progresiva, intensa y resistente al tratamiento analgésico, afectación de nervios
craneales (50 por ciento), dolor de espalda, debilidad focal o crisis comiciales. La
afectación de pares craneales puede producir diplopia, pérdida de visión y audición,
parestesias faciales, disfagia
habitualmente estos datos de afectación de pares
craneales ocurren de manera precoz. Hay signos meníngeos sólo en el 20 por ciento de los
casos. A diferencia de la mayoría de las otras formas de meningitis crónicas, en la
meningitis carcinomatosa están afectadas las raíces nerviosas, incluyendo la cauda
equina (el síndrome de cauda equina se ve con relativa frecuencia) porque se producen
implantes nodulares en las raíces lumbosacras. La fiebre suele estar ausente (12).
Tumores primarios (glioblastomas, astrocitomas, pinealomas
) y
metastásicos, tumores sólidos (carcinoma de pulmón
) y hematológicos (linfomas,
leucemia
) pueden afectar las meninges de forma difusa, produciendo todos ellos un
síndrome clínico similar. Incluso casi en el 75 por ciento de las ocasiones, no existen
datos de tumor primario cuando se diagnostica la meningitis carcinomatosa. Este tipo de
meningitis debe ser diferenciado de los síntomas propios del cáncer y de la toxicidad de
fármacos, ya que el pronóstico, la evolución y el tratamiento son muy diferente para
estas tres entidades.
Enfermedades granulomatosas
Sarcoidosis
La afectación neurológica ocurre en el 5 por ciento de los casos
con sarcoidosis, sin embargo, en estos casos puede ser la presentación inicial en el 33
por ciento. Puede producir tanto una meningitis aséptica crónica con cefalea y signos
meníngeos sin otras alteraciones o una meningitis recurrente. La manifestación
neurológica más frecuente es la infiltración granulomatosa de las meninges sobre todo
basales. Esto causa atrapamiento y parálisis de nervios craneales, sobre todo del nervio
facial que puede ser bilateral (la parálisis facial bilateral y la pérdida de audición
son bastante típicas de la sarcoidosis), es también frecuente la afectación del VIII y
del nervio óptico. Sin embargo, la parálisis del VII par es la presentación más común
de la neurosarcoidosis. La afectación meníngea basilar, además, puede ocasionar
afectación hipotalámica que ocasiona diabetes insípida en el 14-30 por ciento de los
casos, esto es de gran importancia clínica porque raramente ocurre en otras formas de
meningitis crónica excepto en la enfermedad de Lyme. La hemianopsia bitemporal (y la
diabetes insípida) son típicas de la afectación selar de la sarcoidosis (13).
La afectación meníngea puede ocurrir en cualquier zona del SNC y
puede conducir a una hidrocefalia obstructiva. La afectación sarcoidea de la superficie
cerebral puede funcionar como un foco epileptógeno, produciendo crisis en el 15 por
ciento de los casos, o dar lugar a la aparición de signos neurológicos focales, mientras
que si la afectación es generalizada puede presentarse como una meningitis.
Vogt-Koyanagi-Harada (Síndrome uveo-meningo-encefalítico)
Se caracteriza por uveitis, depigmentación retiniana, hipoacusia y
poliosis con alopecia y vitíligo.
La afectación meníngea puede conducir a encefalopatía, crisis,
mielopatía u otros signos neurológicos focales. El síndrome meníngeo aparece de forma
aguda o subaguda en relación temporal con la uveitis y está presente en el 60 por ciento
de los casos. Esta fase meníngea puede ser leve o fluctuante y puede estar seguida por la
fase oftálmica.
En algunos casos, la meningitis es subclínica.
Granulomatosis linfomatoide
Afecta, frecuentemente, a las meninges, provocando múltiples
parálisis de nervios craneales, con la clínica de una meningitis crónica aséptica.
Enfermedad de Behçet
Entre el 10-49 por ciento de pacientes con enfermedad de Behçet
tienen afectación del sistema nervioso central, frecuentemente en forma de cefalea,
fiebre y signos de meningitis aséptica. Los signos de afectación piramidal, la
parálisis pseudobulbar y la ataxia cerebelosa acompañan frecuentemente la meningitis. En
la enfermedad de Behçet también se han descrito síntomas de afectación
troncoencefálica, crisis, delirio, demencia, hemiparesia y signos extrapiramidales. La
afasia, encefalitis, coma, neuropatía periférica, y la hemorragia subaracnoidea son
menos frecuentes.
El comienzo de los síntomas puede ser brusco pero también puede
ser gradual, con fluctuación de los signos de afectación del SNC durante días. Aunque
puede haber períodos de mejoría, la afectación neurológica es frecuentemente
progresiva y los déficits son persistentes. La afectación neurológica puede aumentar la
mortalidad de la enfermedad de Behçet. A estos síntomas suelen acompañarles los propios
de la enfermedad (úlceras orales
).
Meningitis crónica benigna linfocitaria
Se caracteriza por cefalea con leve pleocitosis linfocitaria,
aumento ligero de proteínas y glucosa normal en LCR. Puede mejorar espontáneamente en
semanas o meses. En ocasiones, la pleocitosis linfocitaria permanece en LCR durante años,
sin deterioro clínico.
Vasculitis que afectan al sistema
nervioso central
La meningitis crónica o la meningoencefalitis también pueden ser
una característica de las vasculitis del sistema nervioso central. La vasculitis puede
ser sistémica o no.
La vasculitis aislada del sistema nervioso central comienza
frecuentemente con cefalea y origina encefalopatía, demencia, ictus o crisis,
Meningitis recurrentes
Este término implica episodios recurrentes de
meningitis con resolución de la pleocitosis del LCR y recuperación clínica entre los
episodios. Debe realizarse una historia clínica detallada, exploración física y
neurológica con el fin de detectar datos que sugieran exposición a fármacos, lesiones
estructurales, enfermedades sistémicas asociadas
Nos referiremos únicamente a la
meningitis de Mollaret porque en las otras causas de meningitis recurrente las
manifestaciones clínicas son las de una meningitis aguda bacteriana o una meningitis
viral, por lo que será fundamental hacer una adecuada anamnesis y exploración.
Meningitis de Mollaret
Se caracteriza por episodios de fiebre y
mialgias asociados a signos y síntomas de irritación meníngea sin afectación de otros
órganos, de forma recurrente. Los síntomas son autolimitados, se resuelven sin secuelas
en 2-7 días y están separados por intervalos asintomáticos que duran semanas o meses.
Habitualmente, la exploración neurológica durante los ataques es normal, aunque en muy
raras ocasiones se ha descrito parálisis del nervio facial, crisis, anisocoria y signo de
Babinski. La enfermedad habitualmente dura de 3 a 5 años, pero los ataques meníngeos son
variables en intensidad y frecuencia. La enfermedad remite espontáneamente. Es rara en
niños pero se han visto casos en niños mayores de 1 año. No se ha observado
predilección por ningún sexo.
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