El paciente con demencia senil va a padecer un
deterioro de su memoria, capacidad de juicio, reconocimiento de personas, y otras
capacidades cognitivas que le impedirán la correcta toma de decisiones sobre su persona,
lo que hace necesario en muchos casos su incapacitación legal y el nombramiento de un
tutor legal y administrador de los bienes del paciente. Los cuidadores del paciente
deberán ser informados sobre la necesidad de la incapacitación del paciente, que al
llevar una tramitación, debe realizarse con tiempo y no en el momento que surge la
necesidad de ésta. El trámite de la incapacitación generalmente es a través de una
declaración judicial de incapacidad, para lo cual es necesario iniciar una demanda
mediante abogado y procurador. Las asociaciones de familiares de pacientes con Enfermedad
de Alzheimer pueden servir para aconsejar a los familiares sobre este aspecto y los
trámites a seguir.
Otro de los aspectos éticos que plantea el cuidado de estos
pacientes es el uso de limitadores de movilidad, pestillos en las puertas, alarmas en las
salidas de las casas que eviten que el paciente pueda salir a la calle en un descuido de
sus cuidadores, o incluso el uso en ocasiones de ataduras. El uso de estas últimas se ha
justificado en la prevención de caidas, autolesiones o simplemente la imposibilidad de
cuidado permanente. Sin embargo, deben aclararse a este respecto ciertos puntos. En primer
lugar la capacidad de prevenir caidas mediante ataduras es escasa, incluso en ocasiones
las caidas pueden disminuir si se sigue una política de evitar el uso de ataduras.
Además, es preciso contraponer a los posibles beneficios del uso de ataduras el que
éstas distan mucho de ser inocuas, produciendo lesiones por inmovilidad como pérdida de
masa muscular, debilidad muscular, alteraciones del equilibrio, hipotensión ortostática
y desmineralización ósea con riesgo de fracturas. Además puede producirse trombosis
venosas, estreñimiento y favorecerse la aparición de infecciones respiratorias por
disminución de la movilidad torácica. Finalmente, incluso debe desmentirse que el uso de
ataduras permita desahogar al cuidador, pues se ha estimado que un paciente con ataduras
precisa de 4,5 horas por día de cuidados, mientras que ese mismo paciente libre de sus
ataduras necesita de 2,7 horas de cuidador. Por todo ello, se debe estimular a todos los
niveles, tanto en familiares como en cuidadores institucionales el evitar al máximo el
uso de ataduras en el cuidado de estos pacientes.