A medida que avanza la enfermedad el paciente con
demencia senil es incapaz de recordar hechos recientes como si ha desayunado, pierde la
iniciativa como la capacidad de llevar sus asuntos económicos, no conoce el lugar donde
se encuentra o la época del año, precisando de otra persona para su cuidado. En fases
avanzadas de la enfermedad presenta alteraciones en la capacidad de vestirse, control de
esfínteres, marcha, etc. No es infrecuente que a estas alteraciones se añadan
alteraciones en el comportamiento, sueño o ideas delirantes, que dificultan aún más el
cuidado y la convivencia de estos pacientes con los otros miembros de su familia. La
duración de esta devastadora enfermedad puede llegar a los 20 años, con un estadío
incipiente y leve que comprende los primeros nueve años, un estadío moderado y
moderado-severo los siguientes cinco años y un estadío final que puede durar hasta seis
años.
Aunque este deterioro progresivo no siempre es con las mismas
características y rapidez, el enfermo no será capaz de valerse por si solo después de 2
años de evolución y es seguro que a los 5 años requiera un cuidador permanente a su
lado.
La normal convivencia entre los diversos miembros de la familia con
un paciente va a sufrir debido a la necesidad de un cuidador permanente, la alteración
del sueño, los problemas en la conducta y la pérdida del control de esfínteres.
Al mismo tiempo es preciso considerar que en los propios ancianos
existen una serie de cambios socioculturales como:
Estado de salud: el tratamiento de las enfermedades crónicas
ha conseguido un alargamiento de la supervivencia
Nivel de instrucción: existe un aumento en la proporción de
ancianos instruidos, con un 45 por ciento con estudios primarios en 1990 a un 53 por
ciento con estudios primarios en 2010.
y sobre todo una mayor cultura económica, con iniciación en
el conocimiento de los mecanismos de ahorro y social con mayor uso de los mecanismos de
movilización social.
Todo esto ha llevado a un cambio en las posibilidades de asistencia
del paciente con demencia senil. Hasta hace unos años existían 2 posibilidades :
fallecer en casa con los hijos o en la indigencia social en el hospicio.
Hoy en día el abanico de posibilidades se ha ampliado a :
Asociaciones de pacientes
Asistencia domiciliaria en su propio domicilio
Alojamiento temporal en residencia asistida
Acogida en centro de día
Viviendas individuales con infraestructura asistencial compartida
Alquiler de estancia individual en residencia
Utilización de medios técnicos (ascensor, tele-alarma)
Asociaciones de pacientes
Las asociaciones de pacientes son entidades privadas formadas por
los pacientes y sus familiares, con la finalidad de unirse para estimular el conocimiento
de la sociedad sobre la problemática de esta enfermedad y defender los derechos de estos
pacientes. A esto se añade que asesoran y mejoran la información sobre la enfermedad de
los pacientes, estimulan los lazos de solidaridad entre los asociados y promueven
iniciativas como salidas a excursiones o ayudas mediante voluntarios.
Asistencia social del Ayuntamiento
Las juntas municipales de distrito disponen de asistentes sociales
que vehiculan las ayudas municipales desde las instituciones a los pacientes.
Centros de día
Son centros de ingreso durante el día de pacientes con demencia
senil, para pacientes que pueden permanecer en su domicilio durante la noche. Generalmente
indicados para pacientes con demencia senil en fase moderada, con cuidadores que trabajan
o que precisan disponer de algunas horas libres a lo largo del día. Permiten retrasar o
reducir el ingreso en instituciones cerradas.
Instituciones cerradas
Son las llamadas residencias, con mayor o menor grado de capacidad
de asistencia a pacientes con demencia senil.
En los últimos años se han producido una serie de cambios sociales
que han modificado notablemente el problema de la atención sociosanitaria de los ancianos
con demencia senil que ha generado un aumento en el número de ellos que ingresan en
instituciones cerradas. Los cambios sociales que generan este incremento son:
El aumento de la edad media de la población, de forma que
más del 13 por ciento superan los 65 años y sobre todo el aumento considerable de las
personas con más de 80 años.
La incorporación de la mujer al mundo laboral.
La separación geográfica entre ancianos y sus hijos.
La mayor individualización de la sociedad, con la
consecuente pérdida de lazos familiares.
La escasa adaptación arquitectónica de las viviendas
actuales a las necesidades de la vejez.
Los cambios en la religiosidad y la estructura familiar como
por ejemplo el aumento de rupturas familiares.