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PROGRAMA ANUA 2000-2001
DE FORMACIÓN CONTINUADA ACREDITADA
PARA MÉDICOS DE ATENCIÓN PRIMARIA
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ALZHEIMER
Tratamiento22,23
La actitud terapéutica ante la Enfermedad de
Alzheimer era hasta hace pocos años, con mucha frecuencia nihilista o se limitaba al
control sintomático de las alteraciones de conducta, algo sorprendente para una
enfermedad de consecuencias tan devastadoras. Esta actitud ha cambiado de forma
importante, siendo la corriente actual la de considerar que aunque la enfermedad no tiene
por el momento cura, no quiere decir que no tenga tratamiento. Debido a las devastadoras
consecuencias personales y familiares de esta enfermedad, su abordaje terapéutico es de
importancia fundamental no solo para el paciente y sus familiares, sino también para el
conjunto de la sociedad. El tratamiento de la Enfermedad de Alzheimer puede ser dividido
en primario o preventivo, secundario y terciario o paliativo. En este momento no existen
tratamiento primarios capaces de evitar con éxito la aparición de la enfermedad. Los
tratamientos terciarios son ciertamente útiles para disminuir la carga familiar y social
que genera la enfermedad, pero con certeza es el tratamiento secundario, para reducir la
progresión de la enfermedad o/y disminuir las alteraciones clínicas que ésta produce,
el más desarrollado. Este tratamiento está basado principalmente en el uso de fármacos
con propiedades anticolinesterásicas, que se ha demostrado que son capaces de revertir en
menor o mayor grado los déficits cognitivos y conductales de la Enfermedad de Alzheimer,
retrasar el tiempo de ingreso en instituciones de estos pacientes y posiblemente reducir
la velocidad de progresión de la enfermedad.
El paciente y sus familiares deben ser informados de que
desgraciadamente, en el momento actual, no hay un tratamiento capaz de curar la Enfermedad
de Alzheimer. Sin embargo, la ausencia de tratamiento curativo no quiere decir que no haya
tratamiento para la enfermedad, existiendo tratamientos que mejoran los síntomas
cognitivos y las alteraciones de conducta, así como terapias que posiblemente disminuyan
la progresión de la enfermedad. Diversos compuestos están actualmente en fase de ensayo
clínico y ótros van a aparecer en los próximos años, por lo que es necesario un
actualización periódica en los nuevos tratamientos de esta enfermedad. Para una mayor
información sobre las drogas en fase de ensayo clínico puede visitarse la web
http://www.alzheimers.org/trials/index.html.
Dado que se conoce que los pacientes con "deterioro cognitivo
leve" presentan un riesgo alto de desarrollar Enfermedad de Alzheimer y que los
estudios sobre esta enfermedad parecen indicar mejores resultados si se interviene
precozmente, estos sujetos están siendo objeto de diferentes ensayos clínicos sobre la
capacidad de prevenir la evolución a Enfermedad de Alzheimer.
Tratamiento de las alteraciones
cognitivas
Debido a que el déficit colinérgico es la
alteración en los neurotransmisores predominante en la Enfermedad de Alzheimer, el
tratamiento de las alteraciones cognitivas se realiza mediante fármacos que reviertan
este déficit colinérgico. Muchos años antes ya se estaba usando la terapia de reemplazo
de un neurotransmisor en la enfermedad de Parkinson. Utilizando esta enfermedad como
modelo, el aumento en la acción de un neurotransmisor se consigue mediante un aumento en
su síntesis, una disminución en su degradación y finalmente la sustitución del
neurotransmisor por un compuesto análogo agonista. Para que esta acción sea posible es
necesario una acción más prominente a nivel del sistema nervioso central que a nivel
periférico, porque si no los efectos secundarios hacen inviable esta terapia. Esto
último puede conseguirse mediante la disminución de la acción periférica por un
compuesto inhibidor asociado. Una aproximación terapéutica similar en la Enfermedad de
Alzheimer incluiría el uso de precursores de acetilcolina, inhibidores de la
acetilcolinesterasa y finalmente agonistas de los receptores postsinápticos muscarínicos
y de los receptores presinápticos nicotínicos. El método de terapia colinérgica más
desarrollado y con mejores resultados hasta la fecha es el tratamiento con agentes
inhibidores de la acetilcolinesterasa o fármacos anticolinesterásicos, el enzima
encargado de lisar la acetilcolina y cuya inhibición aumenta los niveles de este
neurotransmisor.
Tabla
V.
Características clínicas de las demencias |
| TIPO DE DEMENCIA |
CLÍNICA |
EXPLORACIÓN |
TAC/RM |
EEG |
Enfermedad de
Alzheimer |
Disminución de memoria
Desorientación
Alt. Del lenguaje
Apraxias, agnosias |
Exp. Neurológica básica:
normal
MME <24-26
Articulación del lenguaje:
normal |
Atrofia
corticosubcortical |
Enlentecimiento difuso |
| Demencia frontal |
Transtorno de conducta y
planificación prominente |
Orientación y memoria normal
Alt. en planificación (test torre
de Londres, test Wisconsin);
alteraciones en el lenguaje |
Atrofia frontal
frontotemporal |
Normal |
| Enfermedad por cuerpos de Lewy |
Fluctuacion
Alucinaciones visuales
Intolerancia a neurolépticos |
Parkinsonismo |
Atrofia
corticosubcortical |
Enlentecimiento difuso |
| Demencia vascular |
Factores de riesgo vascular
Antecedentes de ictus
Deterioro motor |
Hemiparesias
Alteración del habla
Transtorno de la marcha |
Lesiones vasculares
en la TAC o RM focal
(infartos cerebrales,
lesiones isquémicas
en sustancia blanca) |
Enlentecimiento total |
Encefalopatía
espongiforme |
Deterioro de funciones
cognitivas. Mioclonias |
Ataxia, parkinsonismo |
Atrofia
corticosubcortical.
En RM aumento de
densidad en ganglios
basales en T2 |
Complejos periódicos focales |
Farmacologia de los anticolinesterásicos
La intervención farmacológica con
anticolinesterásicos antecede los trabajos de Dale y Hunt, en los inicios del siglo sobre
la capacidad de la acetilcolina y otros ésteres de la colina como neurotransmisores. El
primer organofosforado se sintetizó en 1850, y el alcaloide fisostigmina se utiliza por
primera vez en 1870 en el tratamiento del glaucoma. En 1930 se comienzan a usar
anticolinesterásicos por sus propiedades sobre el músculo esquelético, pero su
utilización como tratamiento de las demencias es relativamente reciente. La tacrina se
utiliza por primera vez en la Enfermedad de Alzheimer en 1986 y es posible usarla como
tratamiento de esta enfermedad desde 1993.
Los inhibidores actualmente disponibles en nuestro país para el
tratamiento de la Enfermedad de Alzheimer son la tacrina, el donepezilo, la rivastigmina y
la galantamina. Otros agentes actualmente están en periodo de aprobación o de
desarrollo, como el metrifonato, la eptastigmina y la fisostigmina de liberación
controlada.
La acetilcolinesterasa es una proteína codificada por un solo gen
localizado en el cromosoma 7, con tres isoformas debido a procesamientos alternativos
durante la formación del mRNA. Estas difieren en su región terminal consistente en 3-28
aminoácidos. Los 547 aminoácidos restantes son comunes, siendo esta región donde está
el centro y el lugar donde se unen los compuestos inhibidores. Las diferentes isoformas
van a presentar una capacidad catalítica y de unión a inhibidores similar, difiriendo
unicamente en la localización. Por ello, la acción de un inhibidor va a depender solo de
la capacidad de acceso a estos lugares.
Es preciso tener en cuenta además que la butirilcolinesterasa, un
enzima con una función no conocida en la actualidad, producido en el hígado y presente
sobre todo en el plasma, aunque también se ha detectado en el sistema nervioso, tiene una
capacidad de unirse a los inhibidores de las colinesterasas, disminuyendo en parte la
acción de éstos por esta vía. Se cree además que gran parte de la toxicidad
periférica de los anticolinesterásicos va a depender de su afinidad por la
butirilcolinesterasa.
La principal función biológica de la acetilcolinesterasa es la
terminación de la neurotransmisión en las sinapsis colinérgicas por hidrólisis de la
acetilcolina. Estudios realizados en el Torpedo y posteriormente en mamíferos, han
revelado que el centro activo de la acetilcolinesterasa reside en la base de una cavidad
de 18-20 Å, formada sobre todo por aminoácidos aromáticos. La distribución de las
cargas del enzima es tal, que los campos electrostáticos dirigen los sustratos
catiónicos a la base de la cavidad. Las sustancias anticolinesterásicas deben ser
moléculas hidrofóbicas para atravesar la barrera hematoencefálica, difiriendo su
mecanismo de acción. Según este mecanismo de acción, los inhibidores de la
colinesterasa se dividen en reversibles, carbamilantes o pseudoirreversibles y por último
irreversibles. La tacrina, donepezilo, galantamina y huperzine-A son inhibidores
reversibles, de alta afinidad, no covalentes. Como el compuesto polar edofronio, se unen
al centro activo ocupando el lugar de unión de la colina y compitiendo con ésta. Aunque
la disociación de los inhibidores reversibles es relativamente rápido, su alta afinidad
y retención en el sistema nervioso central promueve su unión y inhibición repetida. La
heptylphysostigmine (eptastigmina) y la rivastigmina son agentes carbamílicos o
pseudoirreversibles, que reaccionan con la serina del centro activo para formar un enzima
carbamílada, que no es capaz de hidrolizar el substrato. Esta unión es de estabilidad
moderada, con una vida media de varios minutos. Además el compuesto carbamílico puede
actuar como un substrato alternativo, cuyas especies intermedías pueden actuar como
inhibidores. Por último, los compuestos organofosforados, agentes fosforilantes o
irreversibles, como el 2,2,-diclorovinyl dimetil fosfato (DDVP), inhibidor activo derivado
del metrifonato, también reaccionan de forma covalente con el enzima para formar un
enzima fosforilado inactivo. Como la defosforilización tiene una vida media de varias
horas o días, más lenta que la decarbamilación, estos agentes puede considerarse
hemisustratos. El DDVP forma un enzima dimetoxifosforil, con el fosfato conjugado a la
serina 203 del centro activo, con una vida media extraordinariamente larga (52 días).
Aplicación clínica del
los anticolinesterásicos
Inhibidores de la colinesterasa de primera
generación
La tacrina (Cognex®) fue el primer anticolinesterásico usado para
el tratamiento de la Enfermedad de Alzheimer. Se une de forma no selectiva a la
acetilcolinesterasa y a la butirilcolinesterasa. El primer ensayo doble ciego controlado
contra placebo con tacrina se llevó a cabo en 1986, describiéndose una llamativa
mejoría con escasa evidencia de efectos adversos en 17 pacientes con Enfermedad de
Alzheimer leve o moderada. Los estudios subsiguientes llevados a cabo encontraron
mejorías más modestas, de alrededor 1-2,5 puntos, sin que esté claro si esta mejoría
tiene significación clínica. Un estudio multicéntrico doble ciego controlado con
placebo mostró un cambio medio en el ADAS-cog de 4.1 en 27 por ciento de pacientes que
tomando 160 mg/día de tacrina y completaron el estudio. La alta tasa de abandonos se
debió a los efectos secundarios anticolinérgicos y sobre todo a la hepatotoxicidad.
Estos hechos, junto con la vida media corta que obliga a tomar la medicación cada seis
horas son los factores que han llevado al prácticamente generalizado rechazo de este
tratamiento.
Inhibidores de la colinesterasa de segunda generación
Con el donepezilo (Aricept®) se inicia la segunda generación de
agentes anticolinesterásicos, de vida media más larga y menores efectos secundarios. Se
une más selectivamente a la acetilcolinesterasa que a la butirilcolinesterasa y su vida
media de 70 horas permite su ingesta en una dosis diaria. Se utiliza a dosis de 5 mg
inicialmente, incrementándose si hay buena tolerancia a 10 mg/día en dosis única
nocturna. Dos grandes estudios multicéntricos doble ciego controlados con placebo, con
seguimiento durante 12 y 24 semanas mostraron un efecto significativo, aunque modesto, de
esta medicación. La tasa de abandonos fue de 15 por ciento en pacientes tomando 5 mg/día
y 32 por ciento en los que tomaban 10 mg/día, sin evidenciarse hepatotoxicidad. La
mejoría en puntuación del ADAS-cog fue de 3.1 puntos.
La rivastigmina (Exelon®, Prometax®) es un inhibidor de la
acetilcolinesterasa que ha sido comercializado recientemente. Presenta una relativa
especificidad por un subtipo de acetilcolinesterasa conocido como G1 está presente en
mayor concentración en pacientes con Enfermedad de Alzheimer y en el hipocampo, con lo
que podría existir una mayor selectividad en su acción. Se utiliza en dosis iniciales de
1,5 mg/12 horas, incrementándolo cada 2 semanas 1,5 mg/12 horas hasta la aparición de
efectos secundarios o hasta conseguir una dosis máxima de 6 mg/12 horas. Un ensayo
multicéntrico doble ciego controlado con placebo ha demostrado un efecto positivo en el
grupo de tratamiento a dosis altas entre 6 y 12 mg/día, con una mejoría de 4.6 puntos al
final de las 26 semanas del ensayo. Un 65 por ciento de los pacientes completaron el
estudio.
La galantamina (Reminyl®) es un anticolinesterásico de origen
natural, derivado de un alcaloide de la flor Galanthus nivalis. Es un inhibidor selectivo
de la acetilcolinesterasa, reversible y de larga duración. Ha sido comercializado en
nuestro país recientemente, presentando unas indicaciones, tolerancia y perfil de
eficacia similar a los anticolinesterásicos anteriormente señalados.
El metrifonato se trata de una prodroga con una vida media corta,
pero su metabolito, el 2,2,-dimetil diclorovinil fosfato (DDVP) forma complejos estables
con la acetilcolinesterasa, con el resultado de una inhibición de larga duración,
administrándose una dosis al día. El resultado de un ensayo clínico, mostró un efecto
de 2,8 puntos en el ADAS-cog, con una excelente tolerancia (79 por ciento de pacientes que
completaron el ensayo). Incluso en un ensayo posterior, han completado el estudio el 89
por ciento de los pacientes, lo que ha llevado a sugerir su uso de dosis más altas. Sin
embargo, en los estudios en fase III algunos pacientes han desarrollado debilidad
muscular, lo que ha retrasado su comercialización.
Los cuatro inhibidores de la acetilcolinesterasa de los que existe
mayor experiencia hasta la fecha han demostrado una mejoría en los síntomas cognitivos
en un grupo de pacientes con Enfermedad de Alzheimer moderado o leve. Hay que tener en
cuenta que dada la capacidad de reserva cerebral, es preciso tener importantes lesiones
para desarrollar síntomas de demencia, lo que hace que cuando los síntomas están
instaurados la capacidad de estos tratamientos de revertirlos sea menor. Todos estos
fármacos operan dentro de una ventana terapéutica definida como el rango de inhibición
de la acetilcolinesterasa asociada con eficacia. Esta ventana se ha establecido entre un
40 a un 90 por ciento de inhibición. El máximo nivel de inhibición que puede alcanzarse
sin efectos secundarios periféricos probablemente difiera entre ellos.
Metodológicamente, no es posible comparar los resultados de los ensayos clínicos con
estas cuatro drogas entre ellos, por diferencias en el diseño del estudio, selección de
los pacientes, dosis, etc. Por el momento, la eficacia debe considerarse similar, así
como la incidencia de efectos secundarios, a excepción de la tacrina por la
hepatotoxicidad. Además posiblemente existan una diferente tolerancia y eficacia en un
paciente individual. El modo de utilización habitual de estos tratamientos es comenzar
con una dosis baja para minimizar los efectos secundarios y luego ir aumentando hasta un
máximo tolerado en dos meses aproximadamente. Los efectos secundarios más habituales
suelen ser náusea, vómitos y dispepsia, enrojecimiento facial y diarrea generalmente
transitorios y durante la fase de escalada. A dosis establecidas, puede aparecer anorexia
y bradicardia, que no suelen ser los suficientemente relevantes para exigir la retirada de
la medicación. A largo plazo, se ha descrito descarga nasal, síntomas parkinsonianos,
mareo y debilidad muscular. Estos efectos adversos suelen corregirse con disminución de
la dosis. Sin embargo algunos pacientes no van a tolerar dosis terapéuticas por vómitos
severos desencadenados por la medicación o por nerviosismo.
Todos los ensayos clínicos han encontrado eficacia en el periodo de
seguimiento, que como máximo ha sido de 6 meses, existiendo pocos estudios a largo plazo.
Aparte de su efecto de mejoría de los síntomas cognitivos, existen ensayos clínicos que
han encontrado una mejoría de los transtornos de conducta en pacientes con Enfermedad de
Alzheimer severa. Además, se ha señalado que los anticolinesterásicos podrían tener
además una capacidad de disminuir el deterioro clínico, apoyándose en la acción de la
tacrina de inhibir la formación de Ab. Existe un estudio con pacientes en tratamiento con
tacrina durante dos años, que ha encontrado una disminución de la tasa de ingreso en
instituciones en pacientes tratados, si bien se trata de un estudio retrospectivo y no
puede descartarse la existencia de un sesgo de selección. Finalmente, no está claro
cuando debe retirarse esta medicación en un paciente con Enfermedad de Alzheimer en que
la enfermedad progrese, siendo esto una decisión individualizada, que se tomará en el
momento en que el médico y su cuidador no objetiven beneficio de continuar con la ingesta
de medicación.
Otros fármacos colinérgicos
El resto de las posibilidades terapéuticas presentan menor eficacia
o se encuentran menos desarrolladas. Los precursores colina y lecitina se han ensayado
como tratamiento de la Enfermedad de Alzheimer en pequeños ensayos clínicos sin que se
haya evidenciado eficacia por lo que actualmente esta aproximación se ha abandonado.
Los receptores nicotínicos son presinápticos y se encuentran
reducidos en pacientes con Enfermedad de Alzheimer. En estudios con nicotina en roedores y
primates se ha visto que aumenta la liberación de acetilcolina, previene la degeneración
de neuronas corticales y mejora el aprendizaje y la memoria. Además in vitro inhibe la
formación de proteína Ab. Diversos estudios epidemiológicos han señalado una relación
inversa entre el hábito tabáquico y la Enfermedad de Alzheimer, aunque esto ha sido
rebatido en un estudio reciente sobre el tema. Asimismo se han realizado dos ensayos sobre
el efecto de parches de nicotínica en pacientes con Enfermedad de Alzheimer,
encontrándose en uno de ellos leve efecto positivo sobre el aprendizaje pero no sobre la
memoria o la alteración cognitiva global y no viéndose efectos positivos en el segundo
estudio.
Los agonistas muscarínicos colinérgicos permiten una aproximación
terapéutica diferente a la Enfermedad de Alzheimer. Los receptores muscarínicos,
especialmente los receptores M1, están relativamente preservados, comparativamente con la
pérdida de la inervación colinérgica presináptica. Dado que el receptor M1 es el
subtipo más abundante en hipocampo y cortex, su activación es una opción atractiva en
el tratamiento de estos pacientes. Además hay evidencias experimentales de disminución
de la secreción de Ab por la activación de estos receptores así como de aumento de la
síntesis de factores de crecimiento neuronal. El más conocido agonista M1, la
xamomelina, demostró eficacia clínica en un estudio doble ciego controlado de 343
pacientes con Enfermedad de Alzheimer leve o moderada. Como dato de interés, aparte de la
mejoría cognitiva evidenciada mediante el ADAS-cog, se encontró una disminución en la
sintomatología delirante, alucinaciones y agitación en los pacientes tratados, lo que
abre la vía de utilización de estos agentes para reducir las alteraciones de
comportamiento de los pacientes con Enfermedad de Alzheimer. Otros agonistas M1 como la
milamelina y el SB 202026 actualmente están en fase de ensayo clínico. Otro tratamiento
potencial relacionado es el uso de NGF intraventricular, dado que durante el desarrollo de
las neuronas colinérgicas de los núcleos basales, estas expresan receptores para NGF. En
la vida adulta estas neuronas todavía responden al NGF que es capaz de prevenir la
lesión inducida de estas neuronas. Una aproximación diferente es el trasplante de
tejidos fetales ricos en acetilcolina, que se ha visto disminuye las alteraciones
cognitivas en primates con lesiones de los núcleos basales.
Tratamiento de las alteraciones de conducta
y depresión17,24
Tratamiento de la
agitación
Previamente ya se ha hablado de la importancia
que la agitación tiene en el curso de la Enfermedad de Alzheimer por su alta prevalencia
y por los transtornos que genera al paciente y a sus cuidadores. Además, la agitación de
los pacientes con Enfermedad de Alzheimer, tiene unas particularidades que la diferencian
de la agitación por otras causas. Se da habitualmente en individuos seniles, con déficit
de memoria y otras alteraciones cognitivas y tiene unos desencadenantes particulares.
Habitualmente ocurre de forma crónica y se mantiene durante largo tiempo. Por ello su
tratamiento difiere del tratamiento de la agitación por otras causas.
En general, todo el mundo coincide en que la primera aproximación
al paciente con Enfermedad de Alzheimer agitado debe ser conductal, mediante
modificaciones del entorno del paciente. Se buscarán causas orgánicas que puedan
desencadenarlas como disconfort secundario a infección urinaria, deshidratación,
desnutrición o estreñimiento, otras enfermedades intercurrentes, alteraciones del
entorno, alteración del ritmo de sueño, etc. El tratamiento no farmacológico se
mantendrá en agitación leve o en cuadros de agitación no agresiva. Sin embargo, en
cuadros de agitación moderada o severa o cuando existe agresividad es preciso introducir
el tratamiento farmacológico por el riesgo de lesión física del propio paciente o de
sus cuidadores o para permitir hábitos necesarios de cuidado del paciente como el baño o
incluso la alimentación. Finalmente, dado el papel fundamental del cuidador y su
implicación en el control de la agitación de estos pacientes, en casos de agitación es
importante la valoración de éste, a fin de detectar alteraciones como depresión,
ansiedad, tensión o simplemente cansancio e intentar una corrección de estos
transtornos.
El tratamiento de la agitación del paciente con demencia debe
hacerse de un modo mixto mediante tratamiento farmacológico y mediante tratamientos
conductistas no farmacológicos, en una pauta que sigue la clasificación de la agitación
que se refiere en el apartado de clínica. La agitación agresiva puede ser dividida en
relacionada o no con ciertos acontecimientos como el baño o la comida. Las primeras,
responden a la disminución del estimulo ambiental causal apoyada con tratamientos
farmacológicos como el uso de benzodiazepinas unos minutos previos al evento que origina
la alteración. Las segundas son subsidiarias de terapia conductal y si no hay mejoría,
de tratamiento con antidepresivos o neurolépticos sedantes. En general se preferirán los
antidepresivos sedantes a los neurolépticos por su menor toxicidad. Sin embargo su
eficacia es menor, por lo que en caso de agitación importante en los que no pueda
esperarse varios días para ver la respuesta o en ausencia de respuesta se utilizarán los
neurolepticos aislados o asociados a antidepresivos.
Las conductas de agitación verbales y la agitación no agresiva no
tienen que considerarse patológicas en todos los casos, sino que a veces son solo la
expresión de una alteración ambiental, una infección urinaria u otra molestia
orgánica, que deberá investigarse y tratarse. Sólo si no hay respuesta al tratamiento o
no se encuentra la alteración causal, puede utilizarse una de estas medicaciones. Según
lo anteriormente expuesto para el tratamiento de las alteraciones conductales se seguirán
los siguientes principios:
1. Examinar el tipo de alteración presente.
2. Eliminar fármacos que puedan causar, contribuir o precipitar
estos síntomas.
3. Eliminar la polifarmacia, evitar el uso de sedantes o
interacciones medicamentosas.
4. Identificar factores médicos (dolor, deshidratación,..) o
ambientales.
5. Establecer una jerarquía de síntomas basado en la clínica y el
impacto que generan.
6. Identificar el fármaco apropiado según el diagrama de la Figura
4.
7. Usar la dosis más baja posible inicialmente.
8. Verificar el seguimiento del tratamiento.
9. Cambiar un solo fármaco cada vez.
10. Evaluar periódicamente la necesidad de tratamiento y su
reducción o retirada.

Figura 4.
Esquema de tratamiento de la agitación |
Neurolépticos
Los neurolépticos son los fármacos más usados para el tratamiento
de la agitación en pacientes seniles y diferentes ensayos clínicos han encontrado que
producen una mejoría, si bien incompleta, en las alteraciones de conducta. Salzman, en
una revisión de 69 trabajos sobre este tema, la mitad de ellos, estudios controlados, y
en el 48 por ciento de los casos realizados en pacientes con demencia, concluye que
"los neurolépticos tienen un efecto consistente y reproducible en el control de la
agitación de pacientes con demencia", pero este efecto es modesto y sin que exista
un neuroléptico de elección24 Pese a lo anterior, el principal inconveniente para el uso
de neurolépticos en pacientes con demencia, son los efectos secundarios que su
administración crónica invariablemente produce. Pueden generar deterioro cognitivo y
motor, secundario a excesiva sedación, perdiendo el paciente habilidades como comer,
control de esfínteres o generan la aparición de babeo. Pero son sobre todo los síntomas
extrapiramidales, los que impiden su uso generalizado. Su uso crónico genera después de
un tiempo variable, desde uno o dos meses a años, parkinsonismo con temblor, rigidez y
alteraciones posturales, que empeoran la movilidad y puede favorecer las caídas. Además,
hay que tener en cuenta que los neurolépticos tienen un efecto anticolinérgico, lo que
agrava los déficits de memoria de pacientes con demencia, o incluso pueden llevar a tener
un efecto paradójico de incremento de la agitación.
Neurolépticos atípicos
Los neurolépticos atípicos presentan un efecto antipsicótico,
pero un perfil distinto de efectos secundarios, lo que ha hecho que se esté extendiendo
su uso entre pacientes con lesiones neurológicas. La clozapina (Leponex®) a dosis bajas
no presenta efectos adversos de tipo extrapiramidal, lo que ha llevado a utilizarse en
cuadros de delirio, alucinaciones y agitación en pacientes con enfermedad de Parkinson.
Sin embargo, por la mayor probabilidad de producir agranulocitosis que otros
neurolépticos, su uso está actualmente muy restringido, exigiendo realizar analíticas
de sangre mensuales, lo que impide su aplicación a pacientes con demencias. Otros dos
neurolépticos atípicos, la olanzapina (Zyprexa®) y la risperidona (Risperdal®), no
presentan riesgo de agranulocitosis y tienen menos efectos secundarios extrapiramidales
que otros neurolépticos. La olanzapina es poco sedativa, pero puede estar indicada en el
control del paciente agitado con delirio. La risperidona, aún cuando no esta exenta de
efectos secundarios de tipo parkinsonismo y tener menor efecto anticolinérgico, es útil
para el control de la agitación, siendo posiblemente el neuroléptico más utilizado en
nuestro entorno para este fin. Produce sedación a dosis bajas y tiene menos efecto
parkinsonizante que otros neuroléptico como el haloperidol®. En sujetos con agitación
importante, puede comenzarse con 2 a 3 mg/día en 2 tomas y reducirse en 1 ó 2 semanas si
se comienzan a controlarse los síntomas. En agitación moderada o nocturna puede bastar
con 1 ó 2 mg en dosis única nocturna. En general, en cualquier tratamiento contra la
agitación, debe valorarse de forma periódica la utilidad de este tratamiento y la
aparición de efectos secundarios, evitándose su uso prolongado si se ha corregido la
agitación. En caso de que aparezca empeoramiento cognitivo o motor al introducirlo o tras
un tiempo de tratamiento, se valorará retirarlo o disminuir la dosis.
Benzodiazepinas
Existe una gran experiencia en el uso de benzodiazepinas en el
tratamiento de la agitación en pacientes con demencia, con los que generalmente se
obtienen unos resultados inferiores a los neurolépticos. Los síntomas que mejor
responden a estos fármacos son la ansiedad, tensión, irritabilidad e insomnio. El efecto
secundario más importante es la sedación excesiva, especialmente al introducirlos, por
existir una susceptibilidad individual. Otros efectos adversos que deben tenerse en cuenta
es que pueden empeorar la atención y la memoria, y favorecer la inestabilidad y por tanto
las caídas, en pacientes ya predispuestos por su patología de base.
Se recomienda su uso en periodos cortos, para evitar el fenómeno de
habituación y están especialmente indicados en pacientes con conductas agresivas
relacionadas con estímulos específicos (conducta catastrófica), como por ejemplo el
baño, administrados 45 minutos antes del episodio.
Drogas que actúan sobre el sistema serotoninérgico
Trazodona (Deprax®). Antidepresivo que puede utilizarse por su
efecto sedante. Exento de efectos adversos extrapiramidales o de causar agravamiento del
deterioro cognitivo, es una alternativa al uso de neurolépticos o benzodiazepinas para
control de agitación moderada o alteraciones de sueño.
Buspirona. La buspirona es un agonista 5-HT1A parcial que disminuye
la agresividad en animales y la ansiedad en humanos. Aunque la experiencia en pacientes
con demencia es limitada, puede usarse como medicación coadyuvante en casos de agitación
no controlada con los fármacos clásicos o de forma aislada en caso de mala tolerancia a
los neurolépticos.
Otros fármacos
Betabloqueantes. Aún cuando hay base teórica para su uso
y existen descripciones de pacientes con conductas repetitivas como palmoteo o con
acatisia que se han beneficiado de tratamiento con betabloqueantes, a dosis de tratamiento
presenta importantes efectos secundarios como hipotensión con síncopes, bradicardia o
depresión, que hace que se utilicen excepcionalmente.
Inhibidores de la colinesterasa. En los ensayos clínicos
con inhibidores de la colinesterasa se han encontrado no solo mejoraría las alteraciones
cognitivas, sino también de los síntomas conductales, por lo que en algunas ocasiones
también puede utilizarse estos fármacos en este contexto.
Anticonvulsivantes. La carbamazepina (Tegretol®) o el
Valproato (Depakine®) se han utilizado ocasionalmente para el control de agitación en
pacientes con demencia. Aún cuando existen datos positivos en algunos ensayos clínicos,
en la práctica diaria su uso esta muy limitado por los efectos secundarios que presentan,
no compensados por la escasa eficacia que tienen en la mayoría de los casos.
Terapias no farmacologicas del
paciente con Enfermedad de Alzheimer
El uso de terapias no farmacológicas presenta
dos indicaciones fundamentales: por una parte el cuidado diario de pacientes con demencia
y la intención de una reversión parcial de la sintomatología y por otro lado el control
de la agitación mediante terapias de modificación de conductas.
A continuación se describirán algunas de estas terapias y sus
posibles usos y resultados.
Terapia de orientación
Las terapias de orientación comenzaron a usarse en los Estados
Unidos a principio de los años 60, siendo la forma básica de rehabilitación de personas
con ciertos déficits de memoria, confusión y desorientación en tiempo y espacio. Estas
terapias tienen dos formatos: terapia de 24 horas o tratamientos puntuales. La terapia
puntual es un programa de entrenamiento intensivo sobre orientación realizado diariamente
durante media hora al día. La terapia de 24 horas requiere orientación activa y aporte
de pistas de orientación en cualquier momento del dia. Este tipo de terapia puede ser
útil en pacientes que retienen todavía cierto grado de capacidad para orientarse, pero
debe evitarse si los déficits son más severos, por cuanto pueden inducir la aparición
de agitación.
Terapia de validación
La terapia de validación consiste en la focalización sobre el
contenido emocional de los actos y verbalizaciones respecto al contenido objetivo de
estos. El terapeuta valida lo que la persona dice mediante la evaluación de la emoción
que lleve asociada, lo que se ha llamado la realidad subjetiva.
Reminiscencias y revisión biográfica
La revisión de la propia vida puede constituir una forma de terapia
cognitiva, en muchas ocasiones placentera, para pacientes con demencia. En estos pacientes
se aprovecha la mayor capacidad de retener hechos pasados, sobre la memoria reciente,
obteniéndose en muchos casos una reducción de la ansiedad y la depresión y un aumento
de la autoestima. Esta terapia puede realizarse de forma aislada o en grupos, y asociarse
a otros tratamientos no farmacológicos como musicoterapia.
Terapia de artes creativas
Se incluyen en este apartado la música, artes plásticos, drama y
biblioterapia (literatura y pintura), para la rehabilitación, educación y terapia de
alteraciones emocionales. La música puede utilizarse de forma ambiental, en uso aislado o
en uso asociado a otras terapias como las que se han referido anteriormente, con lo que se
ha descrito la reducción de la agitación, emisión de gritos o ansiedad.
Terapia de aproximación ambiental a la conducta
Consiste en examinar el ambiente que rodea el paciente agitado en
busca de factores que estén agravando la agitación que presenta. Este tipo de terapia
conlleva el examen cuidadoso del ambiente habitual y la conducta del paciente con
Enfermedad de Alzheimer. Esto lleva implícito el examen de personas que interaccionan con
el paciente de un modo regular, como familiares, amigos y cuidadores. Por ejemplo, un
ambiente en casa con un alto nivel de estimulación (ej. televisión, radio, luces,
mobiliario excesivo, animales, etc.) puede producir aumento de la agitación a individuos
predispuestos. Otro ejemplo es un cuidador inexperto que origine una reacción
catastrófica a un individuo con Enfermedad de Alzheimer, por demandarle una capacidad
excesiva para la alteración funcional que presenta. Una terapia de aproximación
ambiental consistiría en eliminar estímulos ambientales excesivos innecesarios o
entrenar al cuidador sobre las capacidades exigibles al paciente. El extremo de este tipo
de terapia llega a considerar que los comportamiento agresivos del paciente no son actos
aleatorios, sino que están determinados por elementos ambientales que desencadenan,
mantienen o extinguen conductas de agitación. Estos elementos varían de unos individuos
a otros, así como en un mismo individuo de una conducta a ótras.
Tratamientos preventivos y la
progresión de la enfermedad
El aumento del número de individuos con
riesgo de padecer Enfermedad de Alzheimer implica una enorme importancia en el desarrollo
de tratamientos preventivos. Al ser tratamientos preventivos, esto implica que tienen que
ser tratamientos seguros, que puedan utilizarse en un gran número de individuos en
riesgo, algunos de los cuales nunca dearrollarían la enfermedad. Estos tratamientos
preventivos son potencialmente aplicables a pacientes con Enfermedad de Alzheimer ya
desarrollada, si bien en este caso la reversión de los déficits establecidos es más
problemática, siendo entonces el objetivo evitar la progresión de la enfermedad. De
acuerdo con los conocimientos de la etiopatogenia de la enfermedad que se disponen, los
tratamientos preventivos existentes en la actualidad incluyen la terapia con estrógenos
sustitutivos, los antioxidantes y los antinflamatorios. A esto se añaden tratamientos de
reciente aparición como los factores neurotróficos o la vacuna contra el péptido Ab.
Sin embargo, hasta la fecha no hay estudios que permitan la indicación de estos
tratamientos, por no estar clara la eficacia, su seguridad y el cumplimiento del
tratamiento durante años.
Estrógenos
Como ya se ha señalado en el apartado de
etiopatogenia, los estrógenos parecen prevenir la aparición de la Enfermedad de
Alzheimer, según los resultados de los estudios epidemiológicos. Sin embargo su
capacidad de mejorar o prevenir el deterioro de pacientes con Enfermedad de Alzheimer no
ha sido demostrada, quedando todavía importantes cuestiones por aclarar. Por ello, la
decisión de tratar a una paciente con Enfermedad de Alzheimer deberá considerarse
individualmente, valorando los posibles riesgos y sobre todo teniendo en cuenta la
posibilidad de beneficios en otras áreas como las anomalías vasculares o la
osteoporosis.
Antiinflamatorios
Debido al componente inflamatorio que se
encuentra en las placas seniles y a los resultados de los estudios de casos y controles,
que mostraron una menor incidencia de Enfermedad de Alzheimer entre sujetos que ingieren
de forma crónica AINEs, se han realizado ensayos clínicos en pacientes con Enfermedad de
Alzheimer leve con tratamientos con aspirina o indometacina. Los resultados de estos
ensayos no han sido capaces de contrarestar las complicaciones que aparecen por la ingesta
crónica de esto medicamentos, especialmente hemorragia digestiva alta. Esto ha llevado a
iniciar ensayos con los nuevos inhibidores de la COX-2 como el rofecoxib, que están
exentos de este riesgo.
Antioxidantes
El a-tocoferol (vitamina E) limita la
formación de radicales libres, el stress oxidativo y la peroxidación de los lípidos y
es capaz de aumentar la supervivencia de las neuronas en medios de cultivos que contienen
Ab. La selegilina es un inhibidor de la monoaminooxidasa que tiene propiedades
antioxidantes. Existe un ensayo clínico con 341 pacientes con Enfermedad de Alzheimer,
que se randomizaron para seguir tratamiento con vitamina E (2000 UI/día), selegilina (10
mg/día), ambas drogas o placebo, examinándose como variable el tiempo hasta el ingreso
en institución o fallecimiento. El tiempo hasta que el 50 por ciento de los pacientes
llegaron a este punto fue de 440 días en el grupo placebo, 670 días en el grupo de
vitamina E, 670 en el grupo de selegilina y 581 días, en el grupo con ambos medicamentos.
Sin embargo, no hubo diferencias entre los grupos en el ADAS-cog y los pacientes tratados
tuvieron una incidencia mayor de caídas o síncopes que los del grupo con placebo, lo que
obliga a realizar más estudios sobre estos tratamientos.
Factores neurotróficos
El factor de crecimiento nervioso (NGF) está
muy relacionado con el mantenimiento de la función del sistema colinérgico basal. Las
neuronas colinérgicas de los núcleos basales son las únicas células del cerebro del
adulto que expresan el receptor p75 del NGF. El NGF aumenta los niveles de acetilcolina
del hipocampo y previene la pérdida de células colinérgicas que se produce tras lesión
del fornix lo que apunta a un papel protector del NGF.
La vía de administración del NGF más usual es la
intraventricular, lo que impide su uso habitual. Se ha ensayado la vía intranasal, pero
con resultado poco satisfactorios. Ello ha llevado a desarrollar fármacos NGF-miméticos,
como el Neotrofin (AIT08, NeoTherapeutics) un compuesto activo por vía oral actualmente
en fase de ensayo, que incrementa diversos factores neurotróficos como NGF, factor
neurotrófico ciliar y neurotropina-3.
AN-1792 (Vacuna)25
Recientemente ha aparecido publicado en Nature
un trabajo dirigido por D.Schenk, en el que se describe la acción beneficiosa de la
inmunización con el péptido Ab en ratones transgénicos. El estudio está dividido en
dos partes. Por un lado se examinó la capacidad de la inmunización para prevenir la
aparición de placas, administrando el péptido Ab con un coadyuvante, con la subsecuente
producción de anticuerpos contra éste, a ratones transgénicos antes de que
desarrollaran placas seniles, con 6 semanas de edad. El examen de estos ratones a los 13
meses mostró una ausencia de placas a diferencia de los controles. Además, la
progresión de las neuritas distróficas (un marcador de daño neuronal) y de astrocitosis
(un marcador de inflamación) se encontraba disminuida respecto a los controles.
La segunda parte del estudio examinó la capacidad de la vacuna de
disminuir las placas ya formadas, inmunizando ratones de 13 meses de edad que ya presentan
lesiones y examinándolos a los 15 meses. En este caso, también se ha encontrado una
significativa reducción de los depósitos. Según los resultados publicados parece que la
reducción de las placas es por fagocitosis mediada por la Fc, estando un procentaje de
las placas que permanecen tras el tratamiento ligadas a la IgG. Desde el punto de vista
funcional, existen estudios que examinan la memoria en ratones mediante experimento del
laberinto de agua, que también mostraron mejor función en ratones inmunizados. Los
ratones tratados no han evidenciado ningún síntoma de toxicidad de este tratamiento,
como puede ser nefrotoxicidad.
Todos estos resultados han estimulado el inicio de estudios en
humanos. Actualmente se están llevando a cabo dos ensayos clínicos, uno en EEUU con 8
pacientes y otro en el Reino Unido con 24 pacientes, sobre toxicidad y dosificación, sin
que hasta el momento hayan aparecido efectos adversos reseñables.
En los próximos años se evaluarán nuevos variantes de este
tratamiento, como son el uso de coadyuvantes más inmunógenos, o incluso con el uso de un
anticuerpo monoclonal contra el Ab.
Apoyo y educación de los cuidadores
Los familiares cuidadores han sido objeto de
diversos estudios por su importancia en el cuidado integral del paciente con demencia. La
actividad de cuidado de estos pacientes constituye una causa de stress con repercusiones
físicas y psicológicas. Con frecuencia van a presentar depresión, ansiedad, tensión o
simplemente fatiga. La intervención sobre el cuidador va a depender del estadio en que se
encuentre el paciente con demencia. En las primeras fases, la intervención puede
limitarse a la psicoterapia y la educación sobre la enfermedad. La psicoterapia
individual o en grupo puede reducir el stress del cuidador. Diferentes estudios han
confirmado que la institucionalización puede diferirse mediante un programa de
intervención familiar que incluya asistencia domiciliaria, educación sobre la enfermedad
y terapia de grupo. Grupos de apoyo a cuidadores existen en todo el país, generalmente a
través de las asociaciones de pacientes. En fases más avanzadas, el paciente comienza
con alteraciones de conducta, transtornos del sueño, etc. En esta fase hay que considerar
las ayudas al cuidador, la introducción de períodos vacionales bien semanales o
estacionales, mediante ayudas puntales o ingresos periódicos. En muchas ocasiones la
conducta problemática del paciente con Enfermedad de Alzheimer proviene de una dificultad
de comunicarse y comprender a un enfermo que está perdiendo capacidades de lenguaje y
razonamiento.
Por último, cuando el paciente presenta una demencia avanzada, con
severa alteración del lenguaje, alteraciones de esfínteres, transtorno de la marcha y de
la nutrición, se require ayuda de más nivel y suele ser necesaria la
institucionalización cerrada.
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